27590(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27590  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 109   

Bogotá, D.C., veintisiete de junio de dos mil  siete.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el defensor del procesado  GUSTAVO  JAIRO  DARÍO  RUIZ  RUIZ,  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, el   13  de diciembre de 2006, confirmatoria en todos sus apartes de la emitida el 18  de  agosto  de  2005,  por  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Puerto Boyacá,  Boyacá,  en  la  cual se condenó al acusado a la pena principal de 18 meses de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  igual  lapso,  como  autor  del delito de falsedad en  documento  privado.  Allí mismo se otorgó al procesado el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, por un periodo de prueba  de  dos  años,  y  se  dispuso   compulsar  copias  para  que la fiscalía  investigase  el  presunto  delito que pudo cometer el procesado al hacerse pasar  como   ingeniero   sin   contar   con   título   que   lo  habilitase  para  el  efecto.   

HECHOS  

En  el fallo atacado, se narró lo ocurrido,  de la siguiente forma:   

“La  secuencia  histórica procesal relata  que  en  el  mes  de  diciembre del dos mil uno, la Administración Municipal de  Puerto   Boyacá,  Boyacá,  a  través  de  la  Secretaría  General,  realizó  invitación  directa  No.  SOPM  -010-2001,  para  “Contratar  los  Estudios y  Diseños  del  Terminal  de  Transporte  del  Municipio  de  Puerto Boyacá” e  igualmente,  mediante  oficio  del  veintidós  de  diciembre de ese mismo año,  invitó   a   la   Constructora   “Ática   Estudio  Internacional  Ltda..”,  representada  legalmente  por  el Ingeniero GUSTAVO JAIRO DARÍO RUIZ RUIZ, para  que  presentara  la respectiva propuesta a más tardar el 26 de diciembre de ese  año a las nueve de la mañana.   

“Fue  así como el Ingeniero GUSTAVO JAIRO  DARÍO  RUIZ  RUIZ,  quien  dijo identificarse con la cédula de ciudadanía No.  6.774.489   de   Tuna   (sic)   Boyacá   y   con   Matrícula  profesional  No.  2570062504-cnd.,  presentó  la respectiva propuesta compuesta de ciento noventa  y  un  folios,  la  que  fue certificada por la Secretaría de Plantación (sic)  Municipal,  de  cumplir con requisitos técnicos suficientes para desarrollar el  objeto a contratar.   

“Dentro  de  dicha  propuesta,  el acusado  presentó  como especialista en Geotécnica, la hoja de vida del ingeniero José  Camilo  Alarcón Bulla y el contrato de prestación de servicios suscritos (sic)  entre  el representante legal de “Ática Estudio Internacional Ltada.”   Y  el  Ingeniero  Alarcón Bulla, con el fin de dar cumplimiento al Contrato No.  176  del  2001,  cuyo  objeto  es  el  Estudio y Diseños Técnicos para el  Terminal   de  transportes  en  el  municipio  de  Puerto  Boyacá,  Boyacá”;  documentos  que  según  información  suministrada  vía fax por el profesional  José  Camilo Alarcón Bulla, son falsos por no haber sido suscritos por él”.   

DECURSO  PROCESAL   

    

              Una  vez denunciados los hechos, el 2 de septiembre de 2002, la Fiscalía Única  Delegada  Ante  el  Circuito de Puerto Boyacá, con fecha del 2 de septiembre de  2002, ordenó la apertura formal de la investigación.   

        El  12  de  diciembre de 2002, se recabó la indagatoria del procesado GUSTAVO JAIRO  DARÍO RUIZ RUIZ.   

       El 19 de  julio  de 2004, se decretó el cierre de la instrucción. A renglón seguido, el  13   de  diciembre  de  2004,  se  calificó  el  mérito  de  la  instrucción,  emitiéndose  en  contra  del  procesado  resolución de acusación a título de  autor  del  delito  de falsedad en documento privado, consagrado en el artículo  289 del C.P.   

      Ejecutoriada  la  decisión,  el conocimiento para adelantar la fase del juicio fue asumido por el  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Puerto Boyacá, el día 8 de febrero de 2005.  De   inmediato   se   dio   traslado   para  la  preparación  de  la  audiencia  preparatoria.   

      El día 8 de marzo  de 2005, se celebró la audiencia preparatoria.   

     El  22 de junio de 2005,  tuvo  lugar  la  audiencia  de  juzgamiento,  con  presencia  del  procesado, su  defensor y el fiscal.     

    Con fecha del 18 de agosto  de  2005, se profirió la sentencia de condena en primera instancia, la cual fue  recurrida en apelación por el defensor del procesado.   

      Finalmente, el  13  de  diciembre  de  2006,  fue  expedida  la  providencia  de  segundo grado,  confirmatoria   en   su   integridad   de   la  sentencia  proferida  por  el  A  quo.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

En  primer  término,  dentro  de  escrito  independiente  el  demandante  acude  al  mecanismo  de la discrecionalidad para  solicitar  se  estudie  la demanda, dado que la pena máxima establecida para el  delito  por  el  cual  se  condenó a su prohijado legal, asciende apenas a seis  años,  incumpliéndose  la  exigencia  temporal  que  para  la  vía casacional  contempla  la  normatividad  aplicable  al caso, esto es, el artículo 205 de la  ley 600 de 2000.   

     Sustenta  su  pedimento  el  casacionista,  en  la que entiende necesidad de desarrollar la jurisprudencia de  la Corte, en los siguientes aspectos:   

“La  entidad  del  tipo  (de  falsedad en  documento  privado,  aclara  la  sala)  y  las  implicaciones que tiene sobre la  sociedad la circulación de documentos.   

“El  hecho  que  el  documento en tela de  juicio  se vio involucrado en un trámite de contratación directa donde estaban  comprometidos recursos estatales.   

“La importancia que adquiere la confianza  dentro  de  las  relaciones  interpersonales,  para determinar la concreción de  unos  resultados  que  a la luz del derecho formal pueden ser punibles, pero que  en  la  praxis  no  son  más  que  actos  que en el peor de los casos deben ser  materia  de  un  reproche  moral,  ya  que  la relación laboral y comercial que  existía  entre  mi  poderdante  y  el  profesional  del  derecho  que apareció  suscribiendo   el  contrato,  permitía  inferir  que  al  firmarlo,  no  estaba  tergiversando     la     realidad,     sino     concretándola     de     manera  anticipada.   

“La    creación  de  un  tipo  de  Responsabilidad  Objetiva cuando sin reatos el operador judicial impone sanción  penal  por  la  concurrencia formal de los requisitos descritos en la norma, sin  detenerse  a  observar  y  valorar el conjunto de variables que puede ofrecer la  conducta de las personas.”     

A renglón seguido el recurrente se ocupa de  destacar,  según  su particular perspectiva, qué fue lo ocurrido y cómo ello,  supuestamente, no produjo ningún daño.   

Único cargo  

En escrito separado, el demandante plantea un  único  cargo  en  contra de la sentencia proferida por el Tribunal, amparado en  la   causal   primera,  cuerpo  primero,  por  violación  directa  de  la  ley,  específicamente  los  artículos  9  y 289 de la ley 599 de 2000, Código Penal  Colombiano.   

     En desarrollo de su  tesis,  el  impugnante  advierte  que en nuestra legislación se halla proscrita  toda  forma  de  responsabilidad  objetiva y la definición típica de un delito  demanda    que    se    respeten    los    parámetros   establecidos   por   el  legislador.   

Ya luego sostiene que  el tipo penal de  falsedad  en  documento  privado,  reclama la efectiva mutación de la realidad,  asunto  que  no ocurrió aquí, dado que la atribución penal operó únicamente  en  razón  a  que  su  prohijado  legal  firmó  un documento en nombre de otra  persona.   

A  continuación,  reproduce  el  demandante  algunos  apartados  del  fallo  que en su sentir reflejan la forma incorrecta en  que  el  Ad quem abordó el examen del delito atribuido al procesado, en reflejo  del  tipo de responsabilidad objetiva que se critica y en la cual no se tuvieron  en  cuenta  algunos  “matices  de tipo jurídico”  que   considera   trascendentes,   referidos  al  supuesto  hecho  de que entre la persona a la cual se le suplantó la firma y su  patrocinado  legal,  existía  un  vínculo  profesional  y laboral anterior que  permitía  suponer,  el  primero  participaría  en  el contrato suscrito por el  segundo,  razón  por  la  cual  no  tiene  efectos dañosos lo ejecutado por el  acusado,    asimilable     a    lo    que    ocurre   cuando   “los  amigos,  jefes  esposos,  esposas,  secretarias  firman  en  nombre de otras personas”.   

Finalmente,  hace algunas citas doctrinarias  el  recurrente,  para  significar  que no se materializó el delito atribuido al  procesado,  aclarando  que esos hechos destacados (relación laboral y vínculos  entre  el  acusado  y  la  persona  cuya  firma  e  intervención se fingió, la  adjudicación   del   contrato,  previa  la  falsedad,  la  irrelevancia  de  la  intervención  del  ingeniero  suplantado  en  la  ejecución  de  la  obra y la  efectiva  materialización del contrato sin su presencia), sí fueron tenidos en  cuenta  por  el  Tribunal,  pero  evaluados  de manera irregular, ya que no supo  adecuarlos  en  frente  del  tipo penal violado, al cual dio una interpretación  errada,  entendiéndolo  cubierto  sólo  porque  el  documento fue suscrito por  persona distinta a la que se significaba allí.   

Acorde  con  lo  anotado  en  precedencia,  solicita el impugnante, se case la sentencia atacada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Buscando  acceder  a  la  excepcionalísima  posibilidad  de  que  se  revise  en  casación  la  sentencia  contraria  a sus  intereses  defensivos,  dentro  de  la órbita de la discrecionalidad soporta su  posición  el  demandante,  acudiendo  a  la  arista  específica de un supuesto  desarrollo jurisprudencial evidenciado necesario.   

Sin  embargo,  en la exposición argumental  del  demandante se advierte el interés, no de que se efectivamente se dinamice,  por   entenderse   útil  o  necesario  ello,  la  intervención  de               la    Corte   respecto   de   un   tema  trascendente,  sino  apenas la pretensión de cubrir formalmente la exigencia de  ley  para así facultar controvertir la decisión condenatoria emitida en contra  de su representado legal.     

Respecto   del   tópico   examinado,     tiene     dicho     la  Corte1     que     la    demanda,  aparte  de  las  exigencias  de orden  general  relacionadas  en  el artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000,  debe  reunir unos  requisitos   específicos.   Dos  son  los   propósitos  de  esta  modalidad  de  impugnación  extraordinaria:  obtener  de  la  Corte  nuevos  elementos de análisis que incidan en el desarrollo de la jurisprudencia  y,  en  concomitancia  o  alternativamente,  propiciar  la ampliación del abanico teórico y práctico de  los  mecanismos  protectores  de  los  derechos  y  garantías.  En un capítulo  separado,  debe el impugnante exponer, con suficiente sustento lógico, cuál de  esas    dos    finalidades    -o   ambas- pretende alcanzar por medio de la demanda.   

El  recurrente,  en  el  escrito  analizado, ha  preferido el primero de los tópicos  resaltados,     vale  decir, facultar  el  desarrollo de la jurisprudencia. Si  ello  es así, su planteamiento debe ser preciso  y  claro  en  dos  sentidos:  el  señalamiento   de   la   utilidad  inmediata  de  la  decisión   pedida   y   su   proyección  sobre  la  jurisprudencia.   

En  el  caso  de que su ánimo sea unificar  criterios  jurisprudenciales,  basado en que ha descubierto dentro del acervo de  pronunciamientos  de la Sala posiciones encontradas sobre un determinado aspecto  de  derecho,  así  debe  demostrarlo,  mediante  la  confrontación  objetiva y  conceptual   de   las  piezas  jurídicas  que  le  han  servido  de  objeto  de  conocimiento.   

Si        su       objetivo  es  provocar que la Sala asuma  posición  sobre  una  determinada  tesis  doctrinaria en torno de la cual no ha  tenido  oportunidad  de hacerlo, o acerca de la cual ha plasmado conceptos vagos  o  inacabados,  igualmente  debe  dejarlo  establecido,  luego  de  efectuar  un  seguimiento  minucioso  de  la  jurisprudencia  con el  objeto            de           destacar       las       carencias  señaladas.   

Y   si,   por  último,  lo  demandado  es  que la Corte actualice su  postura  frente  a un determinado problema jurídico, bien porque la doctrina ha  refinado  sus  elaboraciones  al  respecto,  o  bien  porque el devenir social y  humano  así lo reclaman, su discernimiento en orden a crear la necesidad de esa  innovación   ha  de  ser  de  más  amplio  espectro  y mayor hondura.   

Tan   precisas   directrices   las   ha  sustentado  la Sala, entre  otros   pronunciamientos,   en  decisiones  expedidas  el  30  de  junio de 2004, Rad. 21.770;  el 6 de  julio,  3 de agosto; y 30 de  noviembre de 2006, Rads. 24.810, 25.812 y 26.012, en su orden.   

Ahora  bien, nada  de    lo    anotado    adelanta    el   recurrente,  quien   de  manera   bastante   abstracta   postula  de       “suma  importancia”,   que  se  analicen  aspectos tales como el de la entidad del tipo de falsedad en documento  privado  y  “las  implicaciones  que tiene sobre la  sociedad   la   circulación  de  documentos”,  sin  siquiera  significar de soslayo por qué es necesario que la Corte haga un dicho  pronunciamiento  o  cómo los anteriores, de existir, deben ser modulados, o que  circunstancias  nuevas  obligan cambiar posturas, o, en fin, qué de necesario y  trascendente,  por  fuera de la pretensión de que se le permita controvertir el  fallo,    torna   imperioso   el   pronunciamiento  reclamado.   

Un  tal  defecto  de  postulación, que se  caracteriza  por  la  generalidad,  ambigüedad  e  intrascendencia, es común a  todos  los  factores  que se dice necesarios de desarrollo, incluso porque lejos  de  precisar  el punto específico que reclama la intervención jurisprudencial,  el  demandante  soporta  esa necesidad en la particular visión que tiene de los  argumentos  tomados  en  cuenta  por  el  Tribunal  para condenar a su prohijado  legal.   

Ahora,  si  se  tratase  de otorgar algún  sentido  a  la  solicitud de desarrollo jurisprudencial presentada en el escrito  impugnatorio,  es necesario advertir que el tema de la falsedad documental, y en  concreto  la  confección  espuria  de un cartulario privado, ha sido tratado de  manera  profusa  por  la  Corte  desde antaño, examinando todas las aristas que  componen  la  ilicitud,  incluida,  desde  luego,  la  referida  al  aspecto  de  culpabilidad y el daño que se entiende producir el delito.   

Apenas a título  ejemplificativo,  para  no  tornar  farragosa  la  respuesta,  se  destacan  los  siguientes  pronunciamientos  efectuados  en  torno  del  delito  de falsedad en  documento  privado:  radicado 19391, del 7 de agosto  de  2005; 22407, del 16 de marzo de 2005; 19601, del 25 de marzo de 2005; 17466,  del  24 de octubre de 2006; 18622, del 14 de diciembre de 2001; y, 15472, del 21  de junio de 2001.   

De   otro   lado,  tampoco  advierte  el  demandante  cuál  es  la  utilidad inmediata de la decisión solicitada y de su  proyección  sobre  la  jurisprudencia, como tampoco denuncia la coexistencia de  textos  enfrentados ni les  hace   un   seguimiento   minucioso.   Se   limita   entonces   a   decirla    necesaria,   en   una   auténtica   petición   de   principios,  sin   otros   argumentos  que  el  de  su  particular  perspectiva  jurídica sobre los hechos.   

En relación con el tema,   y  ello  es  suficiente  para  desatender  lo  solicitado por el  impugnante,   ya  lo  precisó  la  Sala2 -y ahora lo  reitera-,   que   en  tratándose  de  la  casación  discrecional  por  la  necesidad del desarrollo jurisprudencial, la admisión  del  recurso  debe  surgir de la demostración que el  peticionario     haga    de    que    la    norma  examinada    posee   vacíos   o   contradicciones  intrínsecas  o  extrínsecas,  o  en  general  que  su  sentido  no  es  claro,  para    lo   cual   le   es   preciso   poner   en  evidencia  cada  uno  de  estos  hechos,  advirtiendo su trascendencia a efectos de que la Corte entienda  necesario  intervenir,  situación  que  en  manera  alguna  se  echa de ver con  ocasión de este asunto.   

De tal suerte que, al resultar insuficientes  las   razones   esgrimidas  para  la  viabilidad  de  la  casación  excepcional  consagrada  en  el inciso 3° del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el libelo  se inadmitirá.   

No puede soslayar la Corte, a pesar de que se  han  establecido  anteladamente las falencias que imponen desatender la demanda,  cómo  comporta  esta  una  abierta deslealtad, pues, para soportar el cargo por  violación  directa  de  la ley sustancial, el profesional del derecho parte por  establecer,  en  contra  de  lo  que  la  simple  verificación  objetiva  de la  sentencia  demuestra, que el Tribunal dio por probados unos determinados hechos,  a  partir de los cuales construye la irregularidad en la aplicación de la norma  contentiva del delito de falsedad en documento privado.   

Equívoco,   e  incluso  mendaz,   se  reporta,    entonces,    advertir     que    el    Ad   quem   “tuvo  en  cuenta  los  hechos  antes  mencionados”,  esto es, que existía una relación profesional e incluso laboral  previa  entre  el  procesado  y  la  persona  cuya  firma se suplantó, pudiendo  entenderse  que  esta tácitamente refrendaba su participación en el contrato o  “lo  irrelevante  que  era  para la contratación y  cumplimiento  de  la  obra  que estuviera el ingeniero ALARCÓN BULLA dentro del  grupo de trabajo”.   

   Desde  luego,  se  cuida  el  casacionista de reproducir los apartados del fallo en los  cuales    el    Tribunal   toma   como   ciertos   estos   hechos   –en omisión que, de haberse dado paso  a  la  casación discrecional, hubiese sido suficiente para inadmitir el cargo-,  precisamente  porque  la  corporación  dijo  cosa  contraria  y ello se aprecia  ostensible de la sola lectura la sentencia.    

Apenas  para demostrar que el Tribunal   tomó  como  hecho  uno  abiertamente  contrario al postulado por el demandante,  baste citar el siguiente párrafo de la sentencia impugnada:   

“…Y  aunque  el  acusado  y  la defensa  pretenden  disfrazar  tal  realidad aduciendo que la conducta se cometió porque  creía  erradamente  que  el  ingeniero   Alarcón  Bulla  respaldaría tal  comportamiento,  dado  que  previamente  habían existido negocios entre ellos y  supuestamente   habían   hablado   de  esta  situación,  eso  quedó  superado  ampliamente  cuando  el  mismo ingeniero José Camilo se encargó de desnudar su  coartada  defensiva,  aduciendo  reiteradamente  que  antes  de  los  hechos  no  conocía  al  enjuiciado  y  que  la  única  comunicación  que  tuvo  con  él  consistió  en  que éste y su abogado trataron de convencerlo para que mintiera  y se hiciera responsable del estudio geotécnico”   

Es  claro  que  el demandante informó en su  escrito  un  hecho  objetivo  contrario  a  la  realidad,  con  el  cual, por su  trascendencia,  fundamentó  el  único  cargo propuesto en contra del fallo, en  actuación  que  no  sólo  da al traste con su pretensión casacional, sino que  debe   ser   reprochada,   pues,   cuando  menos,  busca  que  se  adelante  una  tramitación,  con  el  consecuente  desgaste  para  la  justicia,  que  ninguna  vocación  de  prosperidad  habría  de  tener,  una vez verificado, en sede del  fallo  de  casación,  que  el Tribunal  hizo manifestaciones completamente  contrarias  a  las  postuladas  por el profesional del derecho, en las cuales se  basa el ataque.   

Sobre  lo  que  se  discute, ha señalado la  Corte3:   

“La  Sala tiene  determinado  que  los  requisitos  formales  de la demanda de casación no sólo  hacen  referencia  a  su  contenido lógico armónico, es decir a su corrección  formal,  sino  que  también  deben  contener  una  corrección  material.  Ello  significa  que  entre  las  piezas  procesales  sobre las que se fundamenten los  cargos  y  la presentación que se haga de ellas en la demanda, debe existir una  relación     de     correspondencia    objetiva4,   respetando   siempre   su  realidad.    

“En  tales  eventos, ha dicho también la  Sala,  no  se trata de determinar a priori la prosperidad de la demanda, sino de  prevenir  que  la  corrección  formal  de  la  misma  no esté sustentada sobre  inexactitudes  o  mendacidades,  conscientes o  inconscientes, pero en todo  caso advertibles a simple vista.   

“Los  antecedentes  del caso debatido en  una  demanda  de  casación son vinculantes, no sólo porque la ley bajo la cual  se  rige el presente caso los incluye dentro de sus requisitos formales (numeral  2º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000), sino porque los mismos son  presupuesto  del  análisis que debe emprender la Corte cuando revisa su aspecto  formal,  pues  de  ello  dependerá  muchas  de  las veces que la Sala encuentre  correctamente demostrado un cargo en casación”.    

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  GUSTAVO  JAIRO  DARÍO  RUIZ  RUIZ,  en  seguimiento de  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

2. Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                 

MARINA        PULIDO       DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

                                                                                      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 C. S.  de   J.,   Sala   de   Casación   Penal,   5   de   diciembre   de  2002,  Rad.  19.961.   

2 C. S.  de J., Sala de Casación Penal, 24 de abril de 1996, Rad. 11.219.   

3  Auto del 28 de febrero de 2006, radicado 24783.   

4  Auto   del   25  de  abril  de  2002,  radicado  No.  15.782.     

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