26428(05-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26428   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 012.  

Bogotá  D.C.,  febrero  cinco (5) de dos mil  siete.    

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  del  libelo de casación presentado por la Fiscal 27 Seccional de  Medellín,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  la  misma ciudad el 25 de julio de 2006, por cuyo medio revocó en  todas  sus  partes  la dictada por el Juzgado 8° Penal del Circuito también de  la  capital  antioqueña  que  había  condenado a JUAN  EUGENIO   LÓPEZ   AVENDAÑO  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  acceso  carnal en persona puesta en incapacidad de  resistir,  para  en su lugar absolverlo de dicho cargo, por el cual se le acusó  previamente.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El supuesto fáctico que motivó el presente  diligenciamiento,  fue  declarado  por el Tribunal, en el fallo impugnado, de la  siguiente manera:   

“La  dama LEYDI LILIANA VILLA GONZÁLEZ se  acercó  a la Fiscalía para enterarla de lo que ella consideró un agravio a su  libertad  sexual.   Dijo,  en  efecto,  que  el  viernes 13 de enero pasado  salió  con  un amigo JUAN EUGENIO LÓPEZ AVENDAÑO en actitud lúdica.  En  el  centro de la ciudad  compraron algo de comer y además una caja de ron,  con  todo lo cual ingresaron ya de noche a la alcoba que habita en la residencia  ubicada  sobre  la  carrera  50  en  el  sector  de Prado Centro en esta ciudad,  demarcada con el número 63-59.   

Al día siguiente se despertó completamente  desnuda  y apareció ahí junto a ella, en el mismo lecho, dormido y semidesnudo  su  amigo.   Lo  despachó  sin  consideración para luego, horas después,  recriminarlo    telefónicamente    por    lo    que    hizo   sexualmente   con  ella”.               

Con fundamento en los hechos anteriores, el 3  de  marzo  siguiente  se  llevó  a cabo audiencia preliminar ante el Juzgado 30  Penal  Municipal  con función de Control de Garantías de Medellín, durante la  cual  la  Fiscalía  27 Seccional formuló imputación en contra de JUAN   EUGENIO  LÓPEZ  AVENDAÑO  por  el  delito  de acceso carnal en persona puesta en incapacidad de resistir, en contra  de  quien,  también  a  solicitud  de  la  Fiscalía,  se  decretó  medida  de  aseguramiento de detención preventiva.   

Ante el Juzgado 8° Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  la Fiscalía presentó escrito de acusación por el mismo delito  que  sustentó la imputación, motivo por el cual dicho despacho judicial, el 23  de  junio  siguiente,  profirió  sentencia  de  primer  grado,  por  cuyo medio  condenó  a  JUAN EUGENIO LÓPEZ AVENDAÑO  a la pena principal de ciento veintiocho (128) meses de prisión y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa de la libertad, al  encontrarlo  autor penalmente responsable del delito por el cual fue acusado. En  la  misma  decisión, le negó la suspensión condicional de la ejecución de la  pena, así como la prisión domiciliaria.   

          Impugnada   la  sentencia  de  primer  grado  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  24  de julio posterior la  revocó  en su integridad, para en su lugar absolverlo del cargo por el cual fue  acusado,  decisión contra la cual la Fiscal 27 Seccional de Medellín interpuso  recurso  extraordinario  de casación, mediante demanda sobre cuya admisibilidad  en   punto   del   cumplimiento  de  los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación se pronuncia ahora la Sala.   

LA  DEMANDA   

Previo  a  desarrollar  el  ataque contra el  fallo   recurrido,   en   acápite   especial  la  casacionista  se  refiere  al  “agravio  a  las garantías y derechos fundamentales  producidos  con  la  sentencia  opugnada  y  la demostración de los fines de la  casación en el sublite”.   

Al  respecto,  señala  que  la impugnación  tiene  por objeto la reivindicación de los derechos de la víctima “en  tanto,  la  argumentación  expuesta  por  la dilecta Sala de  decisión  termina  siendo  oprobiosa  para  la  honra de la joven LEIDY LILIANA  VILLA  GONZÁLEZ”  y  desconoce  la  aplicación del  derecho  material “en virtud de que existiendo prueba  suficiente  para  declarar  la  responsabilidad  penal  del  señor JUAN EUGENIO  LÓPEZ  AVENDAÑO,  la sentencia discurrió por caminos absolutamente erráticos  en  la  apreciación  probatoria,  marginándose  de  la verdad acreditada en la  foliatura    y    de   contera   desconociendo   la   vigencia   de   un   orden  justo”.         

Luego del anterior preámbulo, la demandante  formula  un  único cargo con sustento en la causal tercera del artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004, por violación indirecta de la ley sustancial, pues a su  juicio  se  incurrió  “en ostensibles errores en la  apreciación  de  las pruebas (de hecho)”, los cuales  generaron  aplicación  indebida  de  los  artículos  7°  y 381 de la referida  normatividad  y  falta  de  aplicación  del  artículo  207  de  la  Ley 599 de  2000.   

En orden a sustentar su pretensión, señala  la  actora  que el primer aspecto sobre el cual recayó el yerro fue en cuanto a  la  existencia  del  hecho  punible,  al  considerar  el  Tribunal que no estaba  demostrado  más  allá  de  toda  duda  que efectivamente se realizó el acceso  carnal  en  la persona de Leidy Liliana Villa González  cuando  quiera  que  la  prueba  acopiada demuestra lo  contrario.   

Sobre el particular, sostiene que en el fallo  impugnado se incurre en los siguientes errores:   

En   primer  lugar,  en  falso  juicio  de  existencia     por     pretermisión     del    testimonio    de    Francisco  Javier  Jaramillo  Ochoa y de la  pericia  No.  2006  C  030115000574  suscrita por el mismo, pruebas introducidas  durante    la    audiencia    del    juicio    oral    y    cuya    validez   es  incuestionable.     

Agrega  que si el Tribunal hubiera apreciado  estas  probanzas  “inevitablemente habría concluido  en  la  existencia  del  acceso  carnal  que  a su juicio se halla dudoso y ello  porque  esa  era  la única hipótesis científicamente posible para explicar la  existencia   de   los   hallazgos”;   sin  embargo,  desatendió   tales   elementos   cognoscitivos  con  el  objeto  de  evidenciar  “un  estado  de  incertidumbre acerca de la supuesta  presencia  de  un  estado  infeccioso”,  el  cual se  encuentra infirmado con estos elementos de juicio.   

En  segundo  lugar, a consecuencia del falso  juicio  de  existencia  que  se  configuró  “por la  pretermisión   de  un  indicio”,  originado  en  la  omisión    valorativa    del    testimonio    de   la   víctima   Leidy  Liliana Villa González recepcionada  durante  la  audiencia  del  juicio  oral, a través del cual expuso que al día  siguiente  de  haber  compartido unos tragos con el procesado en su habitación,  se  sorprendió  al  verse  desnuda  y,  además, de encontrarse a su lado y sin  camisa   JUAN  EUGENIO  LÓPEZ  AVENDAÑO, por lo que le reclamó que se fuera del lugar.   

Sobre  el  particular,  aduce la censora que  “es un hecho incuestionable porque basta apelar a la  experiencia,     de     que    (sic)    quien  se despierta desnudo en una habitación en compañía de otra  persona,  que  también  se encuentra semidesnuda, muestra que existió con alta  probabilidad   un  previo  trato  carnal”,  además,  porque     no     existe     otra     razonable     explicación    para    este  hecho.          

Estima  que este yerro es trascendente, como  quiera  que    el fallador desconoció un hecho indicador “de  suma  importancia para inferir el trato sexual que el acusado  tuvo  con  la víctima”;  pues es incuestionable  que  la  desnudez de esta última, quien no estaba acostumbrada a dormir en esas  condiciones  y  menos  en  presencia  de  una  persona  que  siempre vio como su  padre,    se   torna   en  “un  medio  inexpugnable para dar por acreditada por  vía   circunstancial,   indirecta   o  inferencial  la  ocurrencia  del  acceso  carnal”.   

Acto  seguido, la casacionista abre un nuevo  acápite      que      intitula      “de      la  responsabilidad”,  a  través  del cual comienza por  hacer  referencia  a las dudas que consignó el fallador de segunda instancia en  relación  con  este  aspecto, incurriendo, en su sentir, en variados vicios por  errores  de hecho “que de no concurrir en la mente de  los  falladores  habrían derivado en una declaración de condena”.   

Así,     alude     al    “falso  juicio  de  raciocinio frente al indicio de comportamiento  previo  al  acceso carnal” en que recayó el fallador  con  el  fin  de “crear un estado de cosas artificial  para   inducir-deducir  de  él  un  supuesto  consentimiento  al  acto  sexual,  razonamiento  que  a  más  de  equívoco  resulta contrario a la dignidad de la  víctima”.   

Se  refiere  específicamente  al  episodio  consistente  en    haber  compartido  la víctima varios tragos con el  procesado  en  su  habitación,  cuya valoración “se  margina     de     la     discrecionalidad    judicial    y    raya    con    la  arbitrariedad”,  pues tal hecho debió apreciarse de  acuerdo  con la lógica de la experiencia común “sin  llegar   a   apriorismos”   para  inferir  de  ahí  erróneamente  una supuesta tolerancia de Leidy Liliana  en    la    conducta    sexual    y    “fundar     veladamente     un     consentimiento,     de     suyo  inexistente”.   

Con  lo anterior, a juicio de la censora, se  desatendió   la   regla   de   la   experiencia  según  la  cual  “en  el  giro  normal  de  las  relaciones  de amistad, así estas  alcancen  cierto  grado de intimidad, los límites le son consustanciales, y por  lo  mismo,  la  máxima  de  la experiencia es que quien acepta departir algunos  tragos  de licor con su amigo, no por ello admite sostener una relación sexual,  especialmente, sino existe una mutua atracción física”.   

De  esta manera, califica como desafortunada  la  glosa  del  juzgador de segunda instancia al pretender otorgar relevancia al  hecho  de que el procesado y Leidy Liliana hubieran  compartido  algunos  tragos,  pues  ello  no  auspicia  la  intromisión  a  la  libertad  sexual,  “entre otras  cosas  porque  este  espacio  era  celosamente  reservado  por la víctima a una  compañera del mismo sexo”.   

La  trascendencia  de  este error, según la  libelista,  radica  en  que  el  Tribunal generó un estado de duda acerca de la  responsabilidad  penal  frente  a un acto sexual no consentido que contrasta con  la regla de experiencia expuesta.   

Acto  seguido,  la  censora  refiere  a  los  errores  del  juzgador    en punto “de  la  existencia  de  la  sustancia  empleada  para  colocar en inconsciencia a la  víctima”.    Al   respecto,  señala  que  se  incurrió  en  “error  de  hecho por falso juicio de  identidad  respecto  de  los  testimonios  de  la  señora  Leidy  Liliana Villa  González  y  Andrés Felipe Velasco, quienes por deponer sobre el mismo tópico  reexaminan        conjuntamente       bajo       este       cargo”.   

En  cuanto  al  primero  de  los medios de  convicción   referidos,  advierte  que  se  cercenó  la  manifestación  allí  contenida  en  el sentido de que la víctima tan solo se tomó seis copas de ron  y,   respecto   del  segundo,  estos  es,  el  testimonio  del  médico  legista  Andrés  Felipe  Velasco, al  sostener  que los efectos que una tal dosis de licor produce en el organismo, es  incompatible  con la sintomatología expuesta por Leidy  Liliana   y   más   cercana   a  una  sedación  con  escopolamina o benzodiacepinas.   

El efecto de este yerro valorativo, según la  representante  de  la  Fiscalía,  radicó  en  que  no se dio por acreditado el  estado  de inconsciencia en que fue puesta la víctima a efectos de facilitar el  acceso carnal.   

Sobre  el mismo punto, añade la recurrente,  también  se  incurrió  en  falso  juicio de existencia por pretermisión de un  indicio  y,  particularmente,  del  testimonio  rendido durante la audiencia del  juicio  oral por la joven Leidy Liliana Villa González  al  advertir  que no le atraen los hombres y que hasta  hace  poco  más  de un año tuvo una pareja del sexo femenino, lo cual descarta  la existencia de una relación consentida con el procesado.   

Por  último, precisa, también se incurrió  en  otro  yerro  por falso juicio de existencia al pretermitir el indicio basado  en   el   testimonio   de   la   víctima   y  en  el  del  señor  Héctor  William  Sepúlveda  Benítez, en  cuanto  fueron  unánimes  al  señalar que entre Leidy  Liliana  y el procesado sólo existía un relación de  amistad y que ella siempre lo veía como un padre.   

Dicho  error,  para  la  demandante, reviste  trascendencia   porque   si  el  ad-quem  hubiera  reparado  en  tales circunstancias habría concluido que en  momento  alguno  era  admisible que Leidy Liliana Villa  González   hubiera  accedido  a  sostener  relaciones  sexuales  “con quien para ella representaba más que  un padre”.    

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  el    fallo,   para   en   su   lugar   condenar   al   procesado   LÓPEZ  AVENDAÑO,  por la conducta por la  cual fue acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  De conformidad con el artículo 181  de  la  Ley  906  de  2004,  normatividad  mediante  la  cual se adopta en forma  progresiva  y  gradual en el territorio nacional el sistema penal acusatorio, el  recurso  extraordinario  de  casación  se concibe como control constitucional y  legal  de las sentencias proferidas en segunda instancia en procesos adelantados  por  delitos  cuando  quiera  que  concurra  alguna de las causales expresamente  previstas  en la misma disposición, siempre que propenda por la realización de  los  fines  para  los cuales está previsto, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, los  cuales están contemplados en el artículo 180 del mismo estatuto.   

Por lo anterior, razonable se impone colegir  que  el  medio  extraordinario  de impugnación introducido en el nuevo estatuto  procesal  penal no ha sufrido trasformación sustancial que permita considerarlo  como  una  instancia más del proceso, a la cual se pueda acudir para cuestionar  libremente  el  fallo  de  segundo  grado  por cuyo medio se clausuró el debate  probatorio,  ni  para reprochar la valoración que de las pruebas efectuaron los  falladores,    a    partir   de   simples   discrepancias   sobre   su   mérito  suasorio.   

Esta  afirmación  encuentra  asidero  en el  texto  del inciso segundo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, a través del  cual  se  señalan  las  exigencias que debe reunir el libelo casacional para su  admisión, al prescribir lo siguiente:   

“No   será   seleccionada,   por   auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación, o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

Por  consiguiente,  del  contenido  de dicha  normatividad,  se  deduce que los cargos contenidos en  la    demanda    de    casación   deben exponerse de  manera    lógica    y  acompañados          de         adecuada           argumentación,       requisitos  que  básicamente  coinciden  con  los que venían exigiéndose en las legislaciones procesales más recientes  (artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, 225 del Decreto 2700 de 1991 y 224 del  Decreto  0050  de  1987)  pero,  a  más de ello, es preciso que se evidencie la  necesidad  de  proferir pronunciamiento de fondo con el objeto de cumplir alguno  o  algunos  de  los  fines para los cuales se ha previsto, aspecto que se yergue  prácticamente  en  el  presupuesto  fundamental  del  libelo  casacional.    

Por ello, la jurisprudencia ha sido clara en  señalar   que   con   el   objeto  de  lograr  alguno o algunos de los  fines  previstos  para  el  recurso  de  casación,      la     Corte     emitirá         fallo         de         fondo        superando      los      defectos  lógicos  y  argumentativos que  exhiba la demanda.   

Es  más,  la  Sala incluso puede inadmitir  el libelo a pesar de reunir  los  presupuestos  formales  cuando de su contexto no se infiera la necesidad de  proferir  fallo  de  fondo  o  tampoco surja esa posibilidad de la revisión del  trámite     cumplido     y     del    fallo    que    al    mismo    le    puso  fin.            

Bajo  tal  entendimiento  del  recurso,  se  procede  a  analizar  el único reparo contenido en la demanda presentada por la  Fiscal  27  Seccional  de  Medellín  contra  el fallo proferido por el Tribunal  Superior de la misma ciudad el 25 de julio de 2006.   

2.   En ese  sentido,  bien está comenzar por precisar que como la  casacionista   al   interior   de   la  única  censura  que propone postula  varios  errores  de  apreciación  probatoria  en  los que  habría     incurrido     el     fallo     impugnado,     se    acometerá      su      estudio  de  manera individual, aunque ello no obsta para abordarlos,  cuando  sea  indispensable, de forma conjunta frente a  algunos       aspectos       comunes.   

Así,  en  relación  con  los  supuestos  yerros   de  apreciación  probatoria  que   formula  la  casacionista  en  que  habría  incurrido  el juzgador de segundo grado y que  lo   condujeron   a   admitir   la   existencia       de       duda   en   punto   de  la  realización  material   del   acceso   carnal   en   la  persona  de   Leidy  Liliana Villa,  por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  respecto  del testimonio del médico legista  Francisco Javier Jaramillo Ochoa  y  de  la pericia que este mismo profesional rindió,  a  través de los cuales se  descartó   que  la  sintomatología  de  la  mencionada  se  originó    en    una   simple   infección,  precisa  señalar  que  si  bien  es  cierto  tales  medios  de  persuasión  no  fueron  analizados  por el  sentenciador,  no  lo  es  menos  que  su apreciación  no  tiene  la  suficiente trascendencia para mutar la  decisión impugnada.   

En  efecto,  en el acápite de  la  incidencia  de  este  yerro  la  demandante es enfática en sostener que tales medios de prueba están  orientados  a demostrar que efectivamente se realizó  acceso    carnal   en  Leidy     Liliana  Villa,    lo    cual  se  corrobora,  además,  con  la  versión  de esta  última,  respecto  de  la  cual, añade,   también  se  incurrió  en  falso  juicio  de  existencia  por  omisión.   

Este  aspecto,  a  juicio  de  la Sala, se  reitera,    no    tiene    la   suficiente   trascendencia   para   trastocar     el     sentido    del  fallo   en   la   forma   como   lo   pretende   la  casacionista,  esto  es,  para  revocar  el  fallo  absolutorio y en    su   lugar   proferir   sentencia   condenatoria,  habida  cuenta  que,  como  incluso  lo  reconoce  la  censora,  sólo  fue  uno  de  los  puntos    considerados    por    el   ad-quem      para     sustentar         la  absolución  de  LÓPEZ  AVENDAÑO  con   fundamento   en   el  principio  in dubio pro reo.    

Ciertamente,  en las consideraciones de la  decisión   recurrida   se  plasmó  por  ad-quem lo  siguiente:   

“Y   si   se  aceptare  en  gracia  de  discusión,  que  hubo  acceso carnal, pues con algún temor por incurrir en una  petición   de   principio,   podría   decirse   que   las   condiciones    estaban   dadas   para   que   así   fuera.    Así   lo   tuvo  que  haber  intui Leidy Liliana  quien además toleró todo lo  que     con     sensatez     hay     que     reconocer     como     ‘preparatorio’,  al  menos el consumo de licor en  pareja   y  en  la  pieza  que  ella  tiene  arrendada  en  una  casa  en  Prado  Centro”.   

Significa  lo  anterior,  que  si bien las  dudas  probatorias  en  punto  de  la  realización del acceso fueron una de las  causas  en  que  se  basó  el  juzgador  para proferir fallo de absolución, el  principal  soporte de tal  decisión           lo          constituyó        el    mismo    estado    mental    de  incertidumbre   que   a  juicio  del  Tribunal  se  presentó   frente   a   la   supuesta   falta  de  consentimiento  de       Leidy       Liliana          para      consumar     el     acto  sexual,   por  razón  de  que  existieron  algunos  “actos preparatorios”  que  así  lo  indican y que además conducen a dudar  sobre     el     despliegue     de    comportamiento   alguno  por  parte  del  sindicado  tendiente a  poner    en   estado   de   incapacidad      de      resistir     a     la  mencionada,   puntos   que   abordará   la   Sala  posteriormente,   en   cuanto   también   fueron   objeto   de  ataque  por  la  casacionista.   

Por    lo    pronto,    conviene   señalar  que  la   libelista   incurre  en  evidente  desatino                 lógico  cuando   señala   que   se   valoró   ilegalmente   la   prueba   que  edificó  el  hecho  indicador, al  dejar  de  apreciar  el  testimonio  de la      joven     Leidy  Liliana,  cuando  sin  dificultad  alguna  se  advierte, y sin pretender a través de esta  decisión  emitir un pronunciamiento de fondo, que fue apreciado en el fallo, en  cuanto   se   trata   de   la  versión  fundamental  contentiva    de   la  hipótesis        delictiva,       respecto  de  la  cual  no  se  podía  sustraer      el  sentenciador,     y     en     efecto    no    se  sustrajo,  situación que  permite     colegir     la     inviabilidad del yerro que la casacionista propone.   

A  lo  expuesto  se  suma,  amén  de  que  se  trata  de  una  falencia  en  la  que  recae  frecuentemente  la  casacionista, que respecto de esta  misma   prueba   también   se  alega  más  adelante  error  de  hecho por falso juicio de identidad, lo  cual    denota   nueva   afrenta   a   la  lógica que preside este medio extraordinario de impugnación,  cuando  quiera  que,  como  en  forma pacífica lo ha  reiterado  la  Sala,  no  es  posible  tergiversar o  distorsionar  un  medio de  prueba que no ha sido apreciado.   

3.  Ahora  bien,  la  Corte  se  ocupará  del siguiente grupo de errores formulados por la  demandante     en     relación     con     “la  responsabilidad”            demostrada  del procesado frente     a     la    conducta  imputada,    empezando    precisamente   con   los  que,     en     su  criterio,  se produjeron  cuando  el  fallador dedujo estado de duda en torno a  este aspecto, consecuente  con    la   existencia   de   actos   “preparatorios”         que  permiten  evidenciar que  Leidy Liliana   prestó   consentimiento  al  acto  sexual.     

En    ese    sentido,   inicia   la  casacionista  por         plantear   un   error  de  hecho  por  falso  raciocinio  “frente  al indicio del comportamiento  previo    al    acceso  carnal”,  pues estima que el hecho de que la joven  hubiera   libado   bebida  alcohólica  con  el  procesado  no es unívoco para  inferir  la intención de  prestar consentimiento   al   acto   sexual.    

Sin  embargo,  con  el propósito de demostrar que se  vulneraron  las  reglas de la sana crítica con dicha  valoración               probatoria,   trae   a  colación  el  quebrantamiento   de   una   regla  de    de  la  experiencia  que  en  realidad no tiene una tal  connotación.   

Al     respecto,     señala  la  censora  que se desatendió la regla de la experiencia  según  la  cual  “quien  acepta  departir algunos  tragos  de  licor  con  su  amigo,  no por ello le admite sostener una relación  sexual,      especialmente,     sino     existe     una     mutua     atracción  física”.    

Ha  dicho  la Sala, en punto de lo que se  puede   admitir  como  máxima  de  la  experiencia,  a  través  de  reciente  decisión que sobre lo pertinente bien está traer a  referencia, lo siguiente:   

“La  experiencia  es  una  forma  específica de conocimiento que se  origina  por  la  recepción inmediata de una impresión. Es experiencia todo lo  que  llega  o  se  percibe  a  través  de  los  sentidos, lo cual supone que lo  experimentado     no     sea     un     fenómeno  transitorio,  sino  un hecho que amplía y enriquece  el pensamiento de manera estable.   

Del  mismo  modo,  si  se  entiende  la  experiencia  como  el  conjunto  de  sensaciones  a las que se reducen todas las  ideas  o  pensamientos  de  la  mente,  o bien, en un segundo sentido, que versa  sobre  el pasado, el conjunto de las percepciones habituales que tiene su origen  en  la  costumbre;  la  base de todo conocimiento corresponderá y habrá de ser  vertido  en  dos  tipos  de  juicio,  las  cuestiones de hecho, que versan sobre  acontecimientos  existentes  y  que son conocidos a través de la experiencia, y  las  cuestiones de sentido, que son reflexiones y análisis sobre el significado  que se da a los hechos.   

Así,   las  proposiciones  analíticas  que  dejan  traslucir  el  conocimiento  se  reducen  siempre  a  una generalización sobre lo aportado por la experiencia,  entendida  como  el único criterio posible de verificación de  un  enunciado  o  de  un  conjunto de enunciados, elaboradas aquéllas desde una  perspectiva  de  racionalidad  que las apoya y que llevan a la fijación de unas  reglas  sobre  la  gnoseología,  en  cuanto el sujeto toma conciencia de lo que  aprehende,  y  de  la  ontología,  porque lo pone en contacto con el ser cuando  exterioriza lo conocido.   

(…)   

Atrás  se  dijo que la experiencia forma  conocimiento  y  que los enunciados basados en ésta conllevan generalizaciones,  las  cuales  deben  ser  expresadas  en  términos racionales para fijar ciertas  reglas  con pretensión de universalidad,  por cuanto, se agrega, comunican determinado grado de validez y  facticidad, en un contexto socio histórico específico.   

En   ese   sentido,  para  que  ofrezca  fiabilidad  una  premisa elaborada a partir de un dato o regla de la experiencia  ha  de  ser  expuesta,  a  modo  de operador lógico, así:  siempre o casi  siempre  que   se  da  A,  entonces  sucede B”1  (subrayas  fuera  de texto)  .   

Desde la  perspectiva expuesta por la  Sala,  la  conclusión  a  la  que  razonablemente  se  llega  es a la de que la  presunta  regla  de  la  experiencia  referida  por  la  casacionista con el objeto de sustentar el falso  raciocinio     que    enfila    contra    el    análisis    del    Tribunal,    no    posee    un   tal  carácter.   

En  efecto, si como quedó visto es de la  esencia  del  grado  de  conocimiento  derivado de la  experiencia  no surgir de  un      fenómeno      meramente     transitorio    y    que,    por    el    contrario,   debe  tener  visos de generalización,  al  punto  de  que  ante  el  cumplimiento de una premisa o supuesto determinado  siempre,   o   casi   siempre,   se   produce  la  misma      conclusión,     ello     descarta  postulados  que  carecen  de  universalidad  tales como  el  que  plantea la libelista, en el entendido de que  no   en   todos   los  casos  en  que  algunas  personas comparten unos tragos  de            licor           persiguen  un    encuentro    sexual,    pues    tal   hipótesis   parte   de  la  exploración  subjetiva  de  un  propósito   individual  que  no  resulta  válido  para  la construcción de  máximas    de    la  experiencia.   

Irrumpe  con  mayor  fuerza  la  anterior  conclusión  si  se  tiene  en  cuenta que la censora  agrega   a  la  pretendida  máxima  que  ella   se verifica especialmente  cuando  no  existe  atracción  física  entre  las  personas  que  acceden  a  compartir unos tragos, con lo cual se aleja aún más  del  carácter general de  este  tipo  de postulados, para constituir, a cambio,  una   invitación   a   explorar   terrenos  de  la  psiquis individual que no  constituyen el  tipo  de  conocimiento  necesario  para  edificar la        experiencia,     según     lo     señalado    por    la    Sala.     

Si  ello  es  sí,  como en efecto lo es,  surge    evidente   que   la   casacionista   omite  el   deber         inherente        a        la        proposición   de  un   error   de   hecho  por  falso  raciocinio  de  señalar   que   la   apreciación  del    juzgador   desconoce   una   regla   de   la   sana  crítica;     por    lo    tanto,    es    de  claridad meridiana que no  desarrolla   adecuadamente   el   error   formulado.   

Respecto  del  mismo  punto atinente a la  responsabilidad  del procesado, pero ya en relación con la comprobación de que  el  procesado  empleó  una  sustancia  con  el  objeto  de colocar en estado de  inconsciencia  a la víctima y así facilitar el acceso carnal, la representante  de  la  Fiscalía  aduce  que se incurrió en error de hecho por falso juicio de  identidad  en  razón  del   cercenamiento de los testimonios de        Leidy       Liliana  Villa  González y del rendido  por    el    medico    legista    Andrés   Felipe  Velasco,  en  cuanto  no  se  tuvo  en cuenta que la  primera  señaló  que  sólo  se  tomó  seis copas de ron, luego de lo cual se  sumió  en  un  estado  de inconsciencia, mientras el segundo pone de manifiesto  que  los síntomas y signos que según la primera presentó al día siguiente de  los  hechos,  no  son  compatibles  con  el consumo de tal clase y en la aludida  cantidad de licor, sino de otra sustancia.   

En  lo  que  concierne  al  primer  yerro  referido  por la censora, como se señaló con antelación, resulta evidente que  su  propuesta  no  se  aviene con los presupuestos lógicos que regulan el medio  extraordinario  de impugnación, toda vez que respecto de esta misma probanza ya  había  planteado  error  de  hecho  por falso juicio de existencia, incurriendo  así en contradicción insalvable.   

Además,  lo que se advierte de este reparo  es  que  la  casacionista  pretende  suscitar una discusión subjetiva frente al  mérito  otorgado por el fallador de segundo grado a tales probanzas, propósito  que  dista de la verdadera esencia del yerro invocado, orientado a demostrar que  se  tergiversó  o  distorsionó  el  medio  de  convicción,  por lo que estaba  compelida  a  demostrar  cómo fue apreciada la prueba por el fallador y de qué  forma esa valoración alteró su contenido material.   

Contrario     sensu    a   la  naturaleza  de  este  tipo  de  yerro,      la      demandante      persigue           simplemente   sacar  avante  su  criterio  subjetivo  orientado      a      que   es   indiscutible  que  Leidy  Liliana   Villa  González  sólo  ingirió seis  copas  del  referido licor y que, por tanto, adquiere  importancia  lo  manifestado  por  el  galeno Andrés  Felipe  Velasco, al señalar que ante tal dosis no es  posible  que  haya entrado en un estado de inconsciencia, aseveración que surge  exclusivamente   de  lo  narrado    por   Leidy  Liliana  y  que     tan    sólo    constituye   una   mera  opinión  profesional  que  no brinda claridad sobre la forma como  ocurrieron los hechos.   

Lo  misma  situación  se  constata  en  relación  con  los  dos  últimos  yerros  de  apreciación  probatoria  que  la casacionista atribuye al  fallo  impugnado  por  falso  juicio  de  existencia  nuevamente  del testimonio  de  Leidy  Liliana          Villa       González,  en  cuanto señaló que en   estado   consciente  no  hubiera  accedido   a  sostener  relaciones   sexuales   con   un   hombre,   dado   que   su   inclinación   es  homosexual  y mucho menos  cuando  se trataba de una persona en quien veía como  a  un  padre, esto último ratificado por el testigo  Héctor      William      Sepúlveda,     cuyo    dicho,    según    la  actora,  también  fue  ignorado incurriéndose, por  consiguiente, en la misma modalidad de error.   

Pues  bien,  a más de recaer en la misma  falencia   lógica  señalada  en  precedencia  al  referir  que  el  testimonio  de  Leidy  Liliana  fue omitido por el fallador y  tergiversado  a  la  vez,  también  se advierte que  su   estructura   obedece   más   a   un  falso  juicio  de  identidad que al  falso       juicio      de      existencia       invocado,       por       supuesta       supresión   de  algunos  contenidos  de  su  versión.   

Sin   embargo,   a   través  de  estos  cuestionamientos  realmente  lo  que  subyace  es la intención de confrontar el  criterio   que   le   merecen   estos  medios  de  prueba  con  el  que  a su  vez plasmó el juzgador  de   segunda  instancia,  mas  no  porque  hayan  sido  dejados  de  apreciar  o  tergiversados  sus  contenidos materiales, sino porque se les otorgó un mérito  distinto  al  que  pretende,  a  partir  del  cual  se  consideró  que  no eran  suficientes  para  eliminar el estado de duda insalvable que en relación con la  responsabilidad  del  procesado  en la conducta imputada surgía y que condujo a  su absolución.     

De  lo expuesto en precedencia surge como  conclusión  razonable  que  el  único cargo contenido en la demanda presentada  por  la  Fiscal  27 Seccional de Medellín no reúne los presupuestos lógicos y  de   adecuada   argumentación   exigidos  legalmente,  de  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  inciso  segundo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, al  señalar  que  el libelo “no será seleccionada por  auto  debidamente  motivado…  si  el  demandante…  no desarrolla el cargo de  sustentación…”,   en   armonía   con  el  183  ibídem,  según el cual  dicho  escrito  debe  contener “de manera precisa y  concisa” las causales invocadas y sus fundamentos,  situación  que,  consecuentemente,  torna ineludible  su   inadmisión.   

Resta  señalar  que  la  Sala no encuentra  procedente  en  este  caso  la  necesidad  de superar los defectos que exhibe el  libelo  en  procura  de  cumplir  alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos  en  el  artículo  180  ejusdem,  en  particular  el  respeto de las garantías de la víctima y la  efectividad  del derecho material que según la demandante se vieron conculcados  con la decisión impugnada.    

         

         Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre  que el recurso  de  casación no hubiera sido interpuesto por un Procurador Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)          El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por la  Fiscal  27  Seccional  de  Medellín, por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN            

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                             JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Sentencia del 21 de noviembre de 2002, radicación N° 16.472.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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