27177(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27177   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 109   

          Bogotá,  D. C.,  veintisiete de junio  de dos mil siete.   

VISTOS  

Para  establecer  si  reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  excepcional  presentada  por  el  apoderado  de  la  Parte Civil contra la sentencia de segundo grado proferida el  29  de  septiembre  de  2006  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, que  confirmó  con modificaciones las condenas de 24 meses de prisión y 96 meses de  prisión  que,  en  su orden, el Juzgado Penal del Circuito en Descongestión de  La  Mesa  en  fallo  del  19  de mayo del mismo año le impuso a cada uno de los  procesados,    ÉDGAR   y  HEVER   AROCA  YATE,  y  a  CARLOS  JULIO BARBOSA PRADA,  los   dos  primeros  como  responsables  de  la  conducta  punible  de  lesiones  personales  agravadas,  y  el tercero en calidad de autor de homicidio culposo y  dos  tentativas  de homicidio simple, como también por fabricación, tráfico y  porte  ilegal  de  arma de fuego de defensa personal; sanciones que en relación  con    los    hermanos   AROCA   YATE   el    Ad-Quem  disminuyó a 21 meses de prisión.   

HECHOS  

En la sentencia del Tribunal, se plasmaron de  la siguiente manera:   

“El 9 de mayo de  2004,  siendo  las  10:45  de  la noche, aproximadamente, agentes de la policía  nacional  recibieron  información  telefónica  de la comunidad sobre una riña  ocurrida  en  el Barrio Puerto Monguí del Municipio de Girardot (Cundinamarca).  Al  arribar  al lugar, los uniformados encontraron una turba reunida frente a la  vivienda  ubicada  en  la  calle  16  Nº  1-01 de dicho municipio, atacando con  piedras  el  inmueble, razón por la cual una vez lograron calmar los ánimos de  los  presentes,  ingresaron  a  la  vivienda  encontrando a DIEGO ARMANDO OLARTE  BARBOSA  herido por dos proyectiles de arma de fuego y excoriaciones varias, y a  los  hermanos  EDGAR y HEVER  AROCA  YATE, quienes a su vez presentaban heridas con arma de fuego en la cara y  cuello  y  en  una  mano,  respectivamente, razón por la cual las tres personas  fueron  trasladadas  al  Hospital  San  Rafael  de Girardot, donde momentos más  tarde falleciera el señor OLARTE BARBOSA.   

“Por   los  anteriores  hechos  fueron  capturados  los hermanos AROCA YATE, por cuanto al momento de la disputa habían  sido  vistos  golpeando  al  obitado  y  se  encontraban  con  éste  dentro del  inmueble,  al  igual  que  CARLOS  JULIO BARBOSA PRADA, conocido con el alias de  ‘Chapa’, quien fue capturado posteriormente,  dado  que  según  versiones  de  la  comunidad  estos  fueron  los  autores del  homicidio de ARMANDO OLARTE BARBOSA.”   

     

Decretada    la  correspondiente  apertura  de  instrucción  y  vinculados  a  la misma mediante  indagatoria      los      hermanos     AROCA  YATE, la  Fiscalía  5ª  Seccional  de Girardot al definirles su situación jurídica les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin beneficio de  excarcelación,   como   presuntos  autores  de  homicidio  en  OLARTE  BARBOSA;  idénticas  medidas,  en  similares  condiciones y por las mismas razones, tomó  respecto  de  CARLOS  JULIO  BARBOSA   PRADA  luego  de  producida su aprehensión.   

Reconocido el padre de la  víctima  como  parte  civil y clausurada la etapa sumarial, su calificación se  produjo  el  27  de  octubre de 2004, resolución dentro de la cual la Fiscalía  adoptó  las  siguientes  determinaciones:  A  Barbosa  Prada  se  le  acusó de  homicidio  culposo  en Olarte Barbosa, de homicidio en su modalidad de tentativa  en  los  hermanos Aroca Yate, y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego  y  municiones,  en concurso; en tanto que precluyó la investigación a favor de  los Aroca Yate.   

Impugnada en reposición y  subsidiariamente  en  apelación la decisión de preclusión por el apoderado de  la  parte  civil, y a través del recurso de alzada por el agente del Ministerio  Público,       el       Fiscal       A-Quo mantuvo su  decisión.  Sin  embargo,  el  4  de enero de 2005 la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  la  revocó  y,  en  su  lugar,  acusó a los hermanos Aroca Yate como  autores  de  homicidio agravado al estimar que con su conducta impidieron que se  le   brindara   oportuna   atención  médica  a  Olarte  Barbosa,  por  lo  que  incrementaron  el  riesgo  contribuyendo de una tal manera a que se produjera el  deceso de la víctima.   

Del    juicio   le  correspondió  conocer  al  Juzgado 1º Penal del Circuito de Girardot, despacho  que  tras  evacuar  la  diligencia de audiencia pública, remitió el proceso al  Juzgado  Penal  del Circuito de La Mesa para que, por descongestión, profiriera  el  fallo del que se hizo mérito en el acápite inicial de esta providencia, el  cual  fue  recurrido  en alzada por el apoderado de la parte civil y el defensor  de los hermanos Aroca Yate.   

El   Tribunal,   por  incumplimiento  de  la  carga procesal de una adecuada sustentación, se abstuvo  de  desatar  la  alzada  incoada  por  el  apoderado de la parte civil, en tanto  confirmó  la  condena  impugnada  respecto  de  los  hermanos Aroca Yate con la  modificación     dicha,    como    igualmente    se    dejó    indicado    con  antelación.             

LA  DEMANDA   

         

Diciendo  acudir a la casación excepcional,  el  censor  invoca  “la  teoría  de  la  esfera de  protección  de  norma  por  considerarla  necesaria  para  el  desarrollo de la  jurisprudencia”,   a   efecto   de  que  todos  los  implicados  sean  condenados  por  igual  porque,  a  su juicio, “todos  participaron  en  el  delito donde se perdió una vida y por  ende se debe condenar en IGUAL FORMA.”   

Seguidamente  postula dos cargos; el primero  con  sustento  en  la  causal tercera, por haberse dictado el fallo recurrido en  juicio  viciado  de  nulidad,  por  violación al debido proceso y al derecho de  defensa  de  la  parte civil que representa; y el segundo al amparo de la causal  primera,    por    “error    judicial”.   

     

Inicialmente  se  refiere  el  demandante al  “error  judicial”  que  denuncia,  el  cual  hace  consistir  en la falta de vinculación bajo una misma  cuerda  procesal  a OLIVER RIAÑO GUZMÁN, a. “La Ardilla”, a quien también  considera  autor  del homicidio de Armando Olarte Barbosa, pues no empece que se  ordenara  la  compulsación  de copias para que se le investigara, aún no se ha  hecho,  por  lo  que  “puede haber impunidad con esa  persona ausente.”   

Luego   afirma  que  los  tres  procesados  participaron  directa e indirectamente en la acción homicida, ocasionándole la  muerte  a  la  víctima y, por igualdad, todos deben ser condenados en idéntica  forma  y en una misma “gradualidad penal” y estar privados de la libertad.   

También constituye error judicial -asegura-  la  injusticia  de  la  determinación  que  ataca,  la cual, por no ajustarse a  derecho,   de   modo   evidente   deviene   equivocada  por  la  “inapropiada”aplicación   de  las  normas  rectoras  y  garantías procesales establecidas en el C. de P. Penal. Si  inmediatamente  de  la  ocurrencia  de  los  hechos  se  hubiese  efectuado  una  inspección  judicial  al  sitio  de los acontecimientos, los resultados serían  otros,   pues   “no  se  descarta  que  todos  los  incriminados  participaron  por  odio y rencor hacia el occiso y el otro para su  protección        (Carlos        Julio        Barbosa        Prada)”.       

A renglón seguido, sostiene el actor que se  incurrió  en  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho por  falso  juicio  de  identidad,  al  distorsionarse  la  prueba testimonial de los  particulares,  y  familiares  entre  sí, cada grupo defendiendo sus respectivos  intereses.   “Ante   esa  situación  -sostiene-  lo más digno para la justicia  es  sentencia  condenatoria  por  igual  para  todos  los  participantes,  y  la  tasación de perjuicios en igual forma.”   

Después  de  interpretar  los  hechos  a su  manera,  el  actor  pide  que  se case la sentencia impugnada a efecto de que se  condene  a  “todos  y cada uno de los procesados en  igual    forma,    por    igual   delito   de   homicidio   agravado”,  y  se  expida  orden  de  captura  en  contra de OLIVER RIAÑO  GUZMÁN para que su actuación no quede impune en ese crimen.   

En  segundo término, se refiere el censor a  la necesidad de que la Corte admita su demanda de casación.   

Se  duele  de  que a pesar de sus reiteradas  solicitudes,  no  se hubiese ordenado la práctica de la inspección judicial al  lugar  de  los  hechos  a  fin  de  que  se  hubiera establecido “la   verdad   judicial”,  omisión  que  conllevó  a  la  incursión en “error de hecho y de  derecho  al  no  decretar  la nulidad constitucional”  pertinente.   

Tras  manifestar  su  inconformidad  con  la  sentencia  recurrida  que  ratificó  la  tesis  expuesta en la de primer grado,  reitera  que para acreditar la afectación de garantías fundamentales invoca la  teoría  del  deber de cuidado y la de la esfera de protección  normativa,  materia  sobre  la  cual  emprende  una  extensa  disertación  acerca de lo que  doctrinariamente  se  viene sosteniendo sobre del deber subjetivo de cuidado, el  deber  objetivo  de  cuidado, y su ubicación dentro de la estructura del delito  por  imprudencia,  para  finalmente arribar a la conclusión de que en el asunto  bajo  examen  se  presentaron  dos  riñas: Una, por fuera del inmueble donde se  encontró  al  hoy  occiso,  la  que  se  dio en “un  trayecto  largo”; y la otra, dentro de la habitación  de  la  calle  16  Nº 1-05 del barrio Puerto Monguí de Girardot, residencia de  los  hermanos  Aroca  Yate;  fue  aquí  donde se ultimó a la víctima, pues en  dicho  lugar se escucharon disparos. La distorsión de los hechos, conlleva a la  configuración  del  error  de hecho por falso juicio de identidad que denuncia,  termina                     por                    afirmar                    el  censor.             

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

         1.  Habiendo  concluido  el proceso penal  con  sentencia condenatoria,  importa  precisar  si subsiste interés en la parte civil para impugnar el fallo  con  el  propósito  de  que  se  modifique  la situación procesal del acusado,  agravándola,   acudiendo   para  ello  a  la  invocación  de  los  valores  de  verdad    y   justicia,  cuando  quiera  que  el  proceso  de  adecuación  típica  o  la  pena impuesta  no     satisfaga     las     expectativas     del  impugnante.   

          El  tema  ya  fue  abordado por la Sala,1  cuando  con  fundamento en el  estudio  de  constitucionalidad que la Corte Constitucional hizo del Art. 137 de  la  Ley  600  de  2000 en la sentencia C-228 de 2002, así como lo que acerca de  esa  misma materia examinó dicha Corporación en las Sentencias C-899 de 2003 y  C-370 de 2006, precisó que:   

“(…) pese a que  en  la  sentencia C-228 de 2002 se admitió como posible que las víctimas y los  perjudicados  concurrieran  al  proceso penal sólo para el logro de la verdad o  de  la  justicia,  mientras  que en la sentencia C-899 de 2003 se afirmó que la  doctrina  de  la Corte Constitucional “no ha evolucionado hasta considerar que  estos  -la  verdad y justicia- puedan desplazar la pretensión indemnizatoria”  (Cfr.  Sentencia C-899 de 2003), es lo cierto que ambos precedentes coinciden en  punto  a  sostener que en los eventos en los cuales la intervención de la parte  civil  está motivada en la defensa de sus derechos a la verdad o a la justicia,  debe  acreditar  un  daño  concreto  que se le haya causado, en virtud del cual se justifique la defensa de  tales valores.   

“Lo  anterior  constituye  razón suficiente para concluir que en estas materias, surge para el  juez  el  ineludible deber de ponderar, en cada caso en particular, si  frente  al  derecho  a  la verdad o a la justicia que invoca el  apoderado  de  la  parte  civil  para  legitimar  su  interés,  existe  o no un  daño   concreto,   real  y  específico,  esto  es, si está en juego su derecho a conocer lo que sucedió  y  a  precaver  que  la  conducta quede en la impunidad, como para habilitarlo a  promover     un     recurso    o    una    actuación    determinada.   

“Es bajo un tal  entendimiento,  que  esta  Sala  ha  señalado que cuando la intervención de la  parte    civil    dice    justificarse   en   la   necesidad   de   defender  la  verdad o la justicia, se requiere, para concordar con  el  contenido  y  alcance de las decisiones indicadas, que el recurrente señale  en    forma    expresa    la    fuente    de    ese  interés,  y  cuál derecho  constitucional   en   particular   le   ha   podido   ser  vulnerado,  o  lo  que  es  igual,  que acredite que como consecuencia de la  conducta   punible   objeto   de   investigación  y  juzgamiento,  sus    derechos    sufrieron   un   perjuicio   directo,   real   y  específico.   -Cfr.  Auto del 22 de junio de 2005, radicado 22102-.  Se ha destacado.   

“(…) indudable  se  ofrece  concluir  que la Corte Constitucional orientó la intelección de la  norma  revisada por vía de control constitucional a reconocer la posibilidad de  que  la  víctima  o perjudicado con el delito, puedan concurrir a la actuación  penal  en  procura  de  lograr  cualquiera  de  los intereses por los que pueden  abogar  -verdad,  justicia  o  reparación-,  aún  en  los  eventos  en  que la  reparación  pecuniaria se encuentre satisfecha o no sea objeto de reclamación,  caso  en  el  cual  no desaparece su interés, siempre que acredite ‘un    daño    concreto’  que  se  le  haya  causado  con  el  delito,  en  virtud  del  cual  se  justifique su intervención en defensa de la  verdad o la justicia.   

“(…)  

“(…)  si  la  parte  civil  apela  un  fallo  de  carácter  condenatorio  invocando la necesidad de que se ampare su derecho a la verdad o a  la  justicia, es apenas natural que precise cuál es el agravio concreto que tal  determinación  le ha causado, es decir, cómo el fallo sancionatorio afecta uno  de  aquellos derechos, puesto que, como también es de elemental rigor entender,  en  principio  una  determinación  de dicha naturaleza está llamada a realizar  esos    intereses   superiores   que   podrían   legitimar   su   intervención  procesal.   

“Lo anterior, si  se  tiene en cuenta que las expectativas de la parte civil por conocer la verdad  y  porque  la  conducta  no quede en la impunidad, en  principio  se  satisfacen  con  el  proferimiento  del fallo condenatorio, tanto  porque  constituye  un  pronunciamiento conclusivo al  que  se  arriba sólo cuando de las pruebas recaudadas a lo largo del proceso se  llega  a  la  certeza  sobre la real ocurrencia de la  conducta  punible  objeto  de reproche y de la responsabilidad del acusado, como  porque  a consecuencia de una tal declaración deviene imperativa la imposición  de la pena correspondiente.   

“Dentro de este  contexto  también  debe  decirse  que  sólo  excepcionalmente podría llegar a  considerarse  que,  pese  al  carácter  condenatorio del fallo proferido en las  instancias,  éste  podría  no  realizar  los  intereses  superiores  de  la  verdad  y  la  justicia  cuya  satisfacción  constituye  aspiración legítima de la parte civil, evento en el  cual  adquiriría pleno interés jurídico para reclamar su modificación en los  aspectos  puntuales  que  le  causan  agravio,  como  podría  suceder cuando el  fallador  ha  reconocido  la  existencia  de  alguna  circunstancia atenuante de  punibilidad   que  la  parte  civil  halla  improbada  con  la  consecuencia  de  desdibujar  la  verdad  de  lo  ocurrido  y  de  propiciar un fallo injusto, por  ejemplo,  declarando  que  el procesado realizó la conducta punible bajo estado  de  ira  o  intenso  dolor  o  por razones de marginalidad, ignorancia o pobreza  extremas,  que  en  criterio de la víctima o el perjudicado no concurren y, por  ello,   no   era   dable   reconocer  (…)”   

          2.   Pues  bien,  contrariamente  a  los  atributos  de  claridad  y  precisión  que debe informar toda demanda en forma -Art. 212, ordinal 3° de la  Ley  600 de 2000-, el censor omite expresar de manera concisa y categórica qué  es  lo  que persigue con la interposición del recurso, si obtener la verdad, la  justicia  o  la reparación. De ahí que no atine a señalar de manera concreta,  como  con  antelación  se  indicó, la fuente de su interés, y cuál garantía  fundamental  en  particular le pudo ser conculcada, es decir, acreditar que como  consecuencia  de la conducta punible objeto de investigación y juzgamiento, sus  derechos sufrieron un perjuicio directo, real y específico.   

          Apenas  sí enuncia, en forma genérica y de modo confuso, es decir,  sin  dejar  explícito en el libelo si lo que  busca es la satisfacción de  uno  cualquiera  de esos intereses, o las tres finalidades a la vez, simplemente  sostiene  reiterativamente  que:  “(…)  lo  más  digno  para  la  justicia  es  sentencia  condenatoria  por  igual para todos los participantes, y la tasación  de  perjuicios en igual forma”; o que “todos  participaron  en  el  delito donde se perdió una vida y por  ende  se  debe  condenar  en  IGUAL  FORMA (…)” por  cuanto,  a  su  juicio,  cada  uno  de  los procesados  debe  responder “por   igual   delito   de   homicidio  agravado”;  o  cuando  a  través  de  su  queja por  haberse  omitido  practicar  inspección judicial al lugar de los hechos a pesar  de  sus repetidas solicitudes, asevera que una tal situación conllevó a que no  pudiera    establecerse    “la   verdad   judicial  -sic-”; pero sin dejar en claro cuál el agravio que  como  consecuencia  de un determinación de esa naturaleza, se le pudo irrogar a  los intereses de la parte que dice representar.   

          Y,  aunque  como  soporte de uno de los reparos postulados contra la  sentencia  impugnada  aduce  la  vulneración del debido proceso y el derecho de  defensa  de su representado, sin embargo no deja establecido, y menos demuestra,  de  qué  manera  esas  garantías  resultaron  afectadas  con la determinación  cuestionada,  cuya  inconformidad meramente se hace manifiesta por la forma como  el   juzgador  valoró  la  prueba,  pero  sin  que  logre  acreditar  un  yerro  trascendente  con el cual destronar la presunción de acierto y legalidad con la  que  arriban  ungida  a  sede  del extraordinario recurso los fallos judiciales.  Valga   decir,   simplemente   enunció   el   motivo   de  ataque,  mas  no  lo  desarrolló.       

En suma, porque el censor no logra demostrar  que  le  asiste  interés  para  impugnar  en sede del extraordinario recurso, y  porque,  además, el libelo apenas se ofrece como memorial contentivo de juicios  contrapuestos  al  criterio  del  juzgador,  constituyéndose por lo tanto en un  mero  escrito  de  libre factura, deviene inepto para los fines de la casación,  razón suficiente para inadmitirlo.   

         

Finalmente,  no  se  advierte  violación de  garantía  fundamental  alguna  que  a  voces  del  Art.  216 del C. de P. Penal  conduzca    a   la   Corte   a   actuar   oficiosamente.       

         

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  con  ocasión  de  este  asunto  por el apoderado de la Parte Civil,  conforme   con   las   motivaciones   expresadas   en  el  cuerpo  del  presente  proveído.   

         

Contra  la  presente  decisión  NO  procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

         

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria   

         

1 C. S.  de  J., Sala de Casación Penal, Sentencia de 10 de agosto de 2006, Rad. 22.289.     

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