27167(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27167   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta No.  073   

Bogotá,    D.    C.,    dieciséis   de   mayo  del   año   dos  mil  siete.   

Se  pronuncia  la  Corte   sobre  la admisibilidad de la demanda de  casación        discrecional       presentada  por  la Fiscal Doce Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito, contra la  sentencia   proferida  en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva,  mediante  la  cual  absolvió  a  los  procesados JORGE LORENZO ESCANDÓN  OSPINA,  TOBÍAS  RENGIFO  RENGIFO,  CARLOS JULIO GUTIÉRREZ ROA y GERARDO VIDAL  ARIAS,  del  delito de peculado por apropiación “como autor el primero y como  cómplices    los    segundos”    a   ellos   imputado   en   la   resolución  acusatoria.   

Antecedentes.-   

1.-  La cuestión fáctica fue declarada por  el Juzgador de la manera siguiente:   

“El  informe  confidencial  de un investigador del CTI, de fecha 29  de  septiembre  de  1999, (…) da a conocer las posibles irregularidades, tanto  del  alcalde  de  Neiva,  Jorge  Lorenzo  Escandón  Ospina  y el secretario del  Despacho,  TOBÍAS  RENGIFO RENGIFO, quienes con el visto bueno de Gerardo Vidal  Arias,  Jefe  de la Oficina Jurídica, se les autorizó el pago de un Post Grado  en  Derecho  Administrativo,  en la Universidad Externado de Colombia, al que se  dice  no  tenían  derecho  por  no  ser funcionarios de carrera, acomodando las  normas  para  lograr  su  fin. El costo de la mencionada especialización fue de  $4.950.000= por cada discente.   

“Por  estos  hechos  también  resultó  acusado  Carlos  Julio  Gutiérrez  Roa,  en  calidad de Secretario de Servicios  Administrativos  del  Municipio  de  Neiva,  quien  emitió  la  resolución que  autorizó  el pago de matrícula del Secretario de Educación Municipal, Tobías  Rengifo Rengifo”.   

2.-  Adelantada la fase correspondiente a la  instrucción  y previa clausura de ésta (fl. 120 cno.  5)   el  doce de enero  de  dos  mil  uno seis de septiembre de dos mil uno la  Fiscalía         Séptima        Seccional  adscrita  a la Unidad Nacional  Especializada  en  Investigaciones de Delitos contra la Administración Pública  con  sede en Bogotá, calificó el mérito probatorio  del   sumario   con   resolución   de   acusación   en  contra  de  los  procesados  JORGE  LORENZO ESCANDÓN OSPINA, TOBÍAS RENGIFO  RENGIFO,  GERARDO  VIDAL  ARIAS y CARLOS JULIO GUTIÉRREZ ROA, “como presuntos  responsables   de   un   delito   de   peculado  por  apropiación,    en    calidad    de   autor   el   primero   y   cómplices        los        tres  restantes”,    al   tiempo   que   precluyó   la  investigación   respecto  de  la  procesada  GLORIA  CONSTANZA   VANEGAS   GUTIÉRREZ  (fls.  147  y ss.-5), mediante determinación que  cobró   ejecutoria   el  diecinueve de febrero   de  dos  mil  uno  al no haber sido objeto de recurso  alguno por los sujetos procesales (fl. 186 Ib.).   

3.-  El  trámite  del  juicio  inicialmente  fue asumido por el Juzgado  Primero  Penal del Circuito  de  Neiva (fl. 190        cno.       5)    y  posteriormente,   ante   el   impedimento   manifestado   por   el  Titular  del  Despacho,     por   el   Segundo   de      la      misma      especialidad      (fl.     230)  en donde  se     llevó     a    cabo    la    vista    pública    (fls.    50   y   ss.-6),   y   el   diecinueve  de agosto de dos mil cinco se  puso  fin a la instancia condenando al procesado JORGE  LORENZO  ESCANDÓN  OSPINA  a  la  pena  principal  de  dieciocho  (18) meses de  prisión,  multa en cuantía de $4.950.000.oo e interdicción en el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por término igual al de la pena privativa de la  libertad,  a consecuencia de hallarlo autor penalmente responsable del delito de  peculado  por  apropiación  de  que trata el inciso  segundo  del  artículo  133  del  Decreto  100  de  1980,  con la modificación  introducida  por  el  artículo  19 de la Ley 190 de 1995.   

En  esa  misma  determinación,  resolvió  condenar  a  TOBÍAS  RENGIFO  RENGIFO,  GERARDO  VIDAL  ARIAS  y  CARLOS  JULIO  GUTIÉRREZ   ROA   a   las   penas  principales  de  nueve   (9)  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía      de     $222.475.000.oo,   y  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad, entre otras  decisiones,  a  consecuencia de hallarlos      cómplices      penalmente   responsables    del   delito   de   peculado  por apropiación definido por  el    artículo    133  del     Decreto     100    de    1980.     

Contra    este   fallo,   los      defensores      y      los     procesados     interpusieron  recurso  de  apelación  y el Tribunal Superior del  Distrito     Judicial     de     Neiva,     mediante     sentencia     proferida     el     primero    de    noviembre    de   dos   mil   seis   resolvió  revocarlo  y absolver a los  procesados    de   los   cargos   que   les   fueron   formulados   (fls.  51 y  ss. cno. Trib.).    

4.-   Contra   la  sentencia  de  segunda  instancia,     oportunamente    la    Fiscalía  Doce  Delegada  ante  los Juzgados Penales del Circuito  con    sede    en    Neiva   (fls.   25),   el  cual,  fue  concedido por el ad quem (fl. 88) y días  más  tarde dentro de la oportunidad legal, invocando  al   efecto   lo   dispuesto   por   el   artículo   205   de   la   Ley   600   de   2000  presentó    la   correspondiente   demanda   (fls.   113    y   ss.   cno.   Trib.),  sobre  cuya  admisibilidad  se  pronuncia  la Corte.   

La  demanda.-   

El  casacionista  comienza por manifestar  que  la  Corte  debe  revisar  la  sentencia objeto de  recurso,   “en   razón   a   que  es  necesaria  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, pues el caso que nos ocupa, esto es,  el   estudio   de  la  Ley  443  de  1998  contiene  las  normas  sobre  carrera  administrativa…”  y  los procesados Escandón Ospina y Rengifo Rengifo “no  eran  funcionarios  de carrera en la administración Municipal, lo eran de libre  nombramiento  y  remoción teniendo en cuenta los cargos que ocupan, pero éstos  buscaron  por  todos  los medios tener unos derechos que la ley no les otorgaba,  atropellando a quienes sí los tenían y que le fueron negados”.   

Después  de  aludir  a  lo  normado por el  Decreto  1567  de  1998,  por  medio  del  cual  se  crea el sistema nacional de  capacitación   y   estímulos  para  los  empleados  del  Estado,  considera  que  “no  se  compadece  el  hecho  de  que el Estado  realice  un  gran  esfuerzo  no  sólo económico sino intelectual con el fin de  adelantar  un proceso penal cumpliendo con la Constitución y la ley para que el  funcionario  de  segunda  instancia,  de  un  solo brochazo y sin realizar mayor  análisis  sustente  su decisión en una presunta duda que no se evidencia en la  actuación”.   

A continuación, bajo el acápite “causal  invocada”  aduce  la  primera de casación, para denunciar que en la sentencia  se    incurrió    en  violación  directa  de la ley “por existir una interpretación incorrecta del  sentido  de  la  norma,  al  argumentar que del hecho cometido por Jorge Lorenzo  Escandón,  Tobías Rengifo Rengifo, Carlos Julio Gutiérrez Roa y Gerardo Vidal  Arias  no  existe certeza que demuestre la responsabilidad de los sindicados. En  consecuencia  considera  la  Fiscalía  que  la norma violada directamente es el  artículo  238 del Código de Procedimiento Penal, por existir falsos juicios de  apreciación de la prueba”.   

Y  después  de hacer un recuento de lo que  considera  se  establece  de  algunos medios de convicción, precisa que en este  caso  “todos  los  sindicados  tienen  la  calidad de servidores públicos, el  Alcalde  quien  era  el  ordenador  del gasto dispuso de dineros de la Alcaldía  Municipal,  del Estado, sin que tuviera derecho a beneficiarse y aprovechando el  cargo  que  ostentaba,  acomodando  la  normatividad  para  su beneficio y el de  Rengifo  Rengifo,  sin  importar  que otras personas que sí tenían derecho les  fuera  desconocido y vulnerando las normas nacionales y municipales que hasta el  momento existían”.   

Concluye  manifestando  que  el Tribunal Superior “incurrió en error de hecho por falso  raciocinio,  al  transgredir  el  principio de la sana crítica” razón por la  cual    solicita    a    la    Corte   casar  la  sentencia  recurrida  y,  en consecuencia, confirmar el  fallo de primera instancia (fls. 93 y ss.).   

Alegato de no recurrente.  

          

Durante  el  término  de  traslado  a  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  el defensor de  los  procesados  solicita de la Corte no admitir  la  demanda tras sostener que  el  casacionista  se  aparta  de los lineamientos establecidos para la casación  discrecional   para   el   desarrollo   de  la  jurisprudencia,  e  incurrir  en  contradicción  al  invocar la causal primera por violación directa de la ley y  a   renglón  seguido  justificar  la  causal  por  existir  falsos  juicios  de  apreciación   de   la   prueba,   lo   cual   resulta  excluyente  (fls.  107 y  ss. cno. Trib.).   

        SE CONSIDERA:   

1.-  Respecto de  la   casación   discrecional,   la   Corte  tiene  establecido  como  exigencia  consustancial  a  la naturaleza excepcional del instrumento, la necesidad de que  el  actor presente la fundamentación debida frente a los motivos que determinan  la  viabilidad  de  la  admisión, relacionada con las posibilidades que para su  interposición  la  ley  otorga,  ya  sea  para  perseguir,  por  dicha vía, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  un derecho fundamental  presuntamente  transgredido  en  las instancias ordinarias del proceso, debiendo  precisar  clara  y  nítidamente,  la razón o razones por las cuales el Juez de  casación   debe  intervenir  en  un  asunto  sobre  el  que  no  concurren  los  presupuestos  para la impugnación por la vía común.   

De  manera  que  si  lo  perseguido  es  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad en relación con determinado punto  jurídico  que  por oscuro merezca ser clarificado, resulta indispensable que en  la  demanda  se  indique  si  lo  que  se  pide es la unificación de posiciones  encontradas  sobre  el  particular,  la  actualización  de la doctrina hasta el  momento  imperante  o  el  pronunciamiento  sobre  un tema aún no desarrollado,  debiéndose  señalar,  además,  de  qué  manera  la decisión demandada de la  Corte  tiene  el  doble  efecto  de solucionar adecuadamente el caso y servir de  guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

Y si el motivo de inconformidad con el fallo  de  segundo  grado estriba en aducir la violación de un derecho fundamental, el  casacionista  está obligado a desarrollar una argumentación lógica dirigida a  patentizar   la   transgresión,   siendo   de   su  cargo  indicar  las  normas  constitucionales  que  consagran  y  protegen  el derecho invocado y su concreto  conculcamiento con la sentencia ameritada.      

Compete  al actor, además, cumplir con los  requisitos  establecidos  en  el  artículo 212 de la ley 600 de 2000, entre los  que  se  incluye la necesidad de enunciar el motivo de casación en que se apoya  la  demanda,  e  indicar  clara  y  precisamente  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  del  cargo  o cargos que se formulen, los cuales inexorablemente han  de  corresponder  al  desarrollo  de las razones en que se funda la solicitud de  admisión de la vía discrecional.   

En  todo  caso,  atendiendo la normativa al  efecto  establecida  en  el  estatuto  procesal  es  competencia exclusiva de la  Corte,   en  ejercicio  de  su  discrecionalidad,  ponderar  la  fundamentación  expuesta  por  la  parte  que  acude  a dicho instrumento, y decidir si admite o  rechaza el trámite de la casación excepcional.   

2.- En el evento  sub  examine,  se  observa  que  si  bien  la  sentencia proviene de un Tribunal  Superior, por haber sido  proferida  por  delito  que  tiene  señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo  no  alcanza ocho años de prisión (peculado  por      apropiación      -art.     133.     inc.    2º    del   Decreto   100   de   1980,   modificado   por   el  artículo  19  de  la  ley  190 de  1995-),  no  admite  la  casación  común; que el sujeto procesal quien invoca la discrecionalidad de la  Corte    tiene   legitimidad   para   hacerlo   (la  Fiscalía),  y  que  además  ejerció  este derecho  dentro  de la oportunidad legalmente prevista, con lo  cual  tales aspectos pueden entenderse cumplidos, no  acontece  igual  en  lo  referente  a la obligación de fundamentar la solicitud  frente  a  uno  de los motivos que invoca, de manera  específica  al  referido  a  la  necesidad de desarrollar la jurisprudencia, lo  cual   torna  ineludible  tener  que  inadmitir  la  censura  que con  dicho  fundamento presenta, de conformidad con las previsiones  que al respecto trae el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Aunque sugiere la  necesidad   de   intervención   discrecional  de  la  Corte  para  que  se  pronuncie  en relación con la  Ley  443  de  1998, que contiene normas sobre carrera administrativa, y respecto  del  Decreto Reglamentario 1567 de 1998, con el cual se crea el sistema nacional  de  capacitación  y estímulos para los empleados del Estado,  tras aducir  que   esta   disposición  fue  trasgredida  por  los  procesados,  y  sostener  seguidamente que la norma directamente violada fue el  artículo  238 del Código de Procedimiento Penal, no  hace  otra  cosa  que  incurrir en una petición de principio, pues nada dice en  torno  al  entendimiento  que jurídicamente corresponde a las disposiciones que  en  su  criterio  fueron  indebidamente  dejadas  de  aplicar  por  el  juzgador  en  el  fallo, en orden a  demostrar,  de  una parte, el equivocado raciocinio del juzgador, y, de otra, la  necesidad  de  que  la  Corte fije un derrotero con criterio de autoridad,   que    no    sólo    resulte    útil    a    la   actividad   jurisdicente    sino    que    solucione  adecuadamente el caso específico.   

Se   observa,   por   el  contrario,  que  pretextando   la   necesidad   de   un   desarrollo  jurisprudencial    sobre    normas    de    carrera    administrativa,      la      censora  deja  de  indicar  cuál es el estado actual de la discusión en  torno  a  la  definición  típica  que sustentó la  acusación  y  de  la  que  se ocupó el juicio,          y   sin  ninguna  coherencia  lógica  incursiona  en  el  ámbito  de  los errores de apreciación probatoria pero sin  llegar  a  controvertir  las conclusiones probatorias  a    que    arribó   el   juzgador   de  segunda instancia para sustentar la  decisión  absolutoria, lo  que  hace  que la demanda sea formalmente incompleta y sustancialmente inidónea  para   desquiciar   los   fundamentos  fácticos  y  jurídicos en que se cimentó el fallo.       

No  se  percata  que  por  la  senda  de  la  casación  discrecional  no  resulta  posible  denunciar errores de apreciación  probatoria,  a  menos  que éstos constituyan defectos protuberantes que incidan  en  la  debida  motivación  de  la  sentencia, y que en tal medida la  Corte  se  ha  orientado por sostener que “en principio, las  posibilidades  reconocidas  en  la  jurisprudencia  para  acceder a la casación  discrecional  no  se  extienden  a  las  hipótesis planteadas en la demanda, es  decir,  a  discutir  la  valoración  judicial  de los elementos de convicción,  porque  en  esa  labor  los  jueces  cuentan  con  la  relativa  libertad que se  desprende  de la sana crítica, a no ser que se proponga que sus deducciones son  producto   de   una   motivación   aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,   en   caso  de  que  se  demuestre  y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en cuanto obedecerían tales  deducciones   a   la  arbitrariedad  –ajena  a un estado democrático y constitucional- y no a la razón  y  a  la  justicia” (auto cas. febrero 9/05. Rad. 23055), pero es claro que en  este     caso     la  censora  no  plantea  la  nulidad   de  la  sentencia  por  defectos  de  motivación,  sino  lo  que a su juicio constituyen errores  en la apreciación probatoria.   

Esto es lo que se establece de la     manifestación     según     la     cual    “considera  la  Fiscalía  que  la norma violada directamente es el  artículo  238 del Código de Procedimiento Penal, por existir falsos juicios de  apreciación    de    la    prueba”,  lo  que  patentiza  que  la  discrepancia  con  el  fallo  no es  en    manera   alguna  con     relación  al  alcance dado al tipo  objetivo  por el que se profirió la acusación y se  absolvió      a      los     procesados.     

Ahora,  si  lo que pretende  es que la  Corte  fije  el  sentido  y alcance de las normas que  establecen  la  carrera  administrativa  en  el  sector  público y aquellas que  prevén  el  sistema  nacional  de capacitación y estímulos para los empleados  del   Estado,   resulta   manifiesto   el         desatino,   toda  vez  que  una  tal  actividad  ninguna  relación  guarda con las funciones que en  materia  penal constitucionalmente le compete cumplir a esta Corporación y ello  nada  tiene  que  ver con la prueba de la eventual realización de los supuestos  fácticos  de  las  normas  sustanciales  que  definen  las  conductas  por  las  que  fueron acusados los procesados, lo cual  torna  improcedente la casación discrecional por el aludido  aspecto.   

Y  si  como  ha sido precisado en ocasiones  anteriores  por  la  jurisprudencia,  fundamentar  la  solicitud  del recurso de  casación  en  esa  simple circunstancia, sin precisar a dónde quiere llevar la  discusión,  torna  inadmisible  la  casación discrecional. Pensar o sugerir lo  contrario,  conllevaría  admitir que la casación excepcional fue concebida por  el  legislador  a  fin de que la Corte, a manera de órgano consultivo, emita su  concepto  sobre  temas que las partes estimen poco estudiados o sobre los cuales  no  hubiere  tenido  la  oportunidad de pronunciarse (cfr. por todos, cas. junio  15/05. Rad. 23130).      

Se  advierte,  además,  sin mayor esfuerzo, que la controversia que  propone  la recurrente, no  radica  en  el  entendimiento  que  los  juzgadores  dieron al tipo objetivo que  define     el     delito     de    peculado    por  apropiación   de   que  trataba      el      artículo      133     del     Decreto    100    de  1980,  y  hoy  en  día  el  artículo  397   del  nuevo  Código  penal,  ni  siquiera  se  funda en la necesidad de que la Corte fije derroteros que   con   criterio   de   autoridad  sirvan  de  guía  a  la  actividad   judicial  en  torno  al  alcance  de  la  conducta  de  apropiarse  en  provecho  propio  o  ajeno  de bienes del   Estado,  como  habría  sido  lo  correcto, sino en relación con el tipo subjetivo, a  través   de   presentar   una  visión  particular  de  los  hechos  y  sostener  que “el propósito era  el  beneficio  personal de los mencionados, porque nada importaba para ellos que  se  diseñaran  programas de bienestar social dirigidos a todos los funcionarios  que      laboraban      en      el      municipio      de      Neiva”, con lo  cual  deja  sin  fundamento  la  pretensión  porque  se   admita la casación discrecional, se case la sentencia ameritada, y se  profiera  una condenatoria  de reemplazo.   

Quedando entonces patentizado que no resulta  procedente  el  ejercicio  de la discrecionalidad con apoyo en la pretensión de  desarrollar  la  jurisprudencia   -menos  si  se la utiliza con el evidente  propósito  de  que  la  Corte trate aspectos que no  guardan   relación   con   su   función   en  materia  penal,  y  discutir  el  mérito  persuasivo  conferido  a  los medios por el  fallador  de  segunda  instancia-,  sin  dificultad  alguna  cabe  concluir  que  el   cargo  formulado  en  la  demanda  no tiene ninguna posibilidad de ser  admitido a su estudio de fondo por la Sala.   

Como  quiera  entonces  que la casacionista  omite   fundamentar   clara   y   precisamente  los  motivos  que  la  llevan a invocar el ejercicio de la  discrecionalidad  por  la  Corte,  y  el  cargo  que  formula  no  sólo resulta  desconectado  de  la motivación que expone sino que acusa inocultables defectos  de   orden   técnico,   al  punto  de  entremezclar  indebidamente  argumentos  relacionados  con  la  vía directa y la indirecta de  violación  a  la  ley,  resulta inexorable tener que  inadmitir  la demanda y disponer la devolución del diligenciamiento al Tribunal  de origen.   

Esto  último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda   de  casación  discrecional  presentada  por la Fiscal Doce Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del Circuito de Neiva, en el proceso que se sigue en  contra  de  los  procesados  JORGE  LORENZO  ESCANDÓN  OSPINA,  TOBÍAS RENGIFO  RENGIFO,  CARLOS  JULIO  GUTIÉRREZ  ROA  y  GERARDO  VIDAL  ARIAS, por   las   razones   consignadas   en   la  motivación  de  este  proveído.   

Contra  esta  providencia   no procede  recurso  alguno.   

Notifíquese, cúmplase  y devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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