23515(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23515   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 14   

          Bogotá, D.C., siete de febrero de dos mil siete.   

VISTOS  

          Por  determinación del 27 de julio de 2004, el Tribunal Superior de  Neiva  confirmó  la condena de 30 años de prisión y multa equivalente a 4.300  s.m.l.m.v.  que  como  responsable  de  los  delitos  de  rebelión  y secuestro  agravado,  a  título  de  coautor,  entre otros, le impuso el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado de Descongestión de esa ciudad en fallo del 28 de enero  del  mismo  año  a  NELSON BASTIDAS MEDINA.   

Impugnada oportunamente esa decisión por los  defensores  de  los  tres procesados, presentados los correspondientes libelos y  concedida   la   casación,   las  demandas  que  se  instauraron  a  nombre  de  Alirio Macías y Dimas  Perdomo  Yagué  fueron inadmitidas  por  la  Sala  mediante auto del 8 de junio de 2005 -Fls. 5 a 29 del cuaderno de  la  Corte-,  en tanto que la atinente a BASTIDAS MEDINA  fue  declarada  ajustada a las prescripciones legales.   

Como  la  agencia del Ministerio Público en  cabeza  de  la  señora  Procuradora Tercera Delegada para la Casación Penal ha  emitido   el   concepto   de   rigor,   se   apresta   la  Sala  a  resolver  lo  pertinente.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

         

A  eso  de  las  6:30  de la tarde del 10 de  septiembre  de  2001,  fue interceptada por dos sujetos que se movilizaban en un  automotor  tipo  campero,  cerca  al puente La Angostura sobre el río Neiva, la  congresista  Consuelo González de Perdomo,  cuando  por  la  vía  que  de  Pitalito conduce a la capital del  departamento  del  Huila  se  desplazaba  en  el  vehículo  de  su propiedad en  compañía  de  su conductor, Ramón Tarcisio Luna Campo. Pronto fueron rodeados  y  privados  ilícitamente  de  su libertad por otros sujetos -se dice que entre  siete  u  ocho-,  y  tras ordenarle a Luna Ocampo que ocupara el asiento trasero  para  hacerse  al volante uno de los extraños, raudos emprendieron la marcha en  el  mismo  rodante  hasta  internarse  por la ruta de acceso al corregimiento de  Otás,  comprensión  municipal de Campoalegre. Luna Ocampo fue liberado al día  siguiente,  en  tanto  que  la parlamentaria seguía cautiva para la fecha de la  expedición de la sentencia por parte del Tribunal.   

Por  informaciones suministradas por Aquiles  Artunduaga  Cruz, antiguo militante del grupo insurgente FARC, quien desertó de  sus  filas,  se  tuvo noticia que el plagio fue dispuesto por el Secretariado de  dicha  organización  subversiva  a través de la columna “Teófilo Forero”,  secuestro  en  el  que activamente tomó parte, entre otros, el aquí procesado,  NELSON  BASTIDAS  MEDINA, a.  “Fabio  Nelson”,  cuya tarea consistía en transportar a los rebeldes en una  camioneta  de  propiedad  de  Humberto  Valbuena  Monsalve,  otro  miembro de la  guerrilla.   

Con base en el informe del grupo GAULA Rural  del  Huila  de  fecha  11  de septiembre de 2001, la Fiscalía 6ª Especializada  ante  la  citada entidad de Neiva dispuso la apertura de indagación preliminar,  en  desarrollo  de  la  cual se practicaron algunas diligencias que luego fueron  remitidas  a  la  Fiscalía  2ª  Delegada  ante los Jueces Penales del Circuito  Especializados,  despacho al que a su vez se le había enviado el informativo de  la  Unidad  Investigativa  de  Policía Judicial tendiente al esclarecimiento de  los  hechos  que  dieron  lugar  a  la ilegal retención de la congresista   González  de  Perdomo, en el  que  se  daba cuenta de las delación del desertor Artunduaga Cruz. Decretada la  correspondiente  apertura  de  instrucción  y  ordenada  la realización de las  labores   conducentes   a   la   individualización  e  identificación  de  los  plagiarios,   el   14   de   junio   de   2002   miembros   adscritos  al  Grupo  Interinstitucional  del  Ejército  y  la  Policía  de  la  Novena  Brigada del  Ejército    Nacional    capturaron    a    BASTIDAS  MEDINA  y  lo  dejaron  a disposición del funcionario  instructor,  a quien luego de escuchar en descargos se le definió su situación  jurídica  por  Resolución del 24 de esos mismos mes y año, con imposición de  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin derecho a la libertad  provisional,  en  calidad  de  coautor  de  los  delitos  de secuestro extorsivo  agravado y rebelión, en concurso.   

Dispuesta  la  clausura  parcial  del  ciclo  sumarial  respecto  de  Alirio  Macías,  Dimas  Perdomo  Yagué  y NELSON    BASTIDAS    MEDINA,   mediante  providencia  del  27 de diciembre de 2002 se calificó su mérito profiriéndose  resolución  de  acusación  contra los antes nombrados como presuntos coautores  de las conductas punibles relacionadas con antelación.   

El  trámite  del juicio le correspondió al  Juzgado  1°  Penal  del  Circuito  Especializado de Neiva, dependencia que tras  impartir  el  rito  pertinente  en  estos  asuntos y evacuada la vista pública,  expidió  el  fallo  al  que  se  hizo  alusión  en el acápite inicial de este  proveído,  cuya  confirmación  impartió  el  Tribunal  en los términos allí  indicados       por       el       suyo      objeto      del      extraordinario  recurso.                     

LA DEMANDA  

Violación indirecta de la ley sustancial es  el  fundamento  de  los dos reproches que al amparo de la causal primera, cuerpo  segundo,  plantea  el censor contra la sentencia impugnada, al considerar que el  juzgador  incurrió  en  manifiestos  errores  de hecho originados sendos falsos  juicios de existencia por omisión probatoria.   

Cargo       primero.   

El      Tribunal     “ignoró”  u      “omitió”  apreciar  abundante  prueba testimonial que objetivamente obra en el proceso, es  el  sustento  de este reparo, lo cual condujo al quebrantamiento de los Arts. 29  y  83  de  la  Constitución  Política, 7°, 232, 238 y 204 del C. de P. Penal,  negándose  inclusive  a realizar cualquier pronunciamiento sobre esos elementos  de  juicio objeto de preterición, dizque por indebida sustentación del recurso  de apelación interpuesto contra el fallo de primer grado.   

Como  objeto  de  la pretermisión argüida,  relaciona  el  censor  los  testimonios de David Chilatra Velandia, Luis Ignacio  Tapias  Serrano, Ricardo Silva Lizcano, Miller Calderón Romero, Arturo Paramero  Paramero,  Laurencio  Castaño Guevara, Reinelio Gutiérrez Losada y José Iván  Bastidas  Medina. Si el juzgador hubiese “considerado  y  valorado  en  su  real  dimensión, en forma integral y bajo la óptica de la  sana  crítica” esa prueba testimonial, la decisión  hubiera  sido  muy diferente a la que finalmente adoptó, de absolución y no de  condena.   

Además,  en contravía de lo previsto en el  Art.  238  del  C. de P. Penal, el Ad-Quem no  valoró en conjunto todo el caudal probatorio como era su deber,  por  lo  que  omitió dar una respuesta de fondo a su inconformidad con el fallo  recurrido,  pues  la  prueba  dejada  de  considerar  aduciendo  para  el efecto  ausencia  de  sustentación  expresa,  “relevaban de  responsabilidad        penal        a        mi        representado.”   

Tras  concretar  el  contenido  testimonial  preterido  y  destacar  el  fundamento  probatorio de la sentencia del Tribunal,  sostiene  el  censor  que  el  argumento  del  Tribunal  para  negarse a estimar  aquellas  pruebas  carece de veracidad, lo que es fácil constatar con la simple  observación  del escrito de sustentación de la alzada y verificar que allí la  defensa  destacó  el  contenido y sentido de los dichos que aquí dice echar de  menos.  A  manera  de  conclusión  previa a la demostración del yerro alegado,  expresa  el  actor  esa  negativa  del  Tribunal no cuenta con el debido soporte  legal  y  jurisprudencial,  porque  conforme  con  lo establecido en el Art. 204  ibidem, en la apelación, la  decisión  del  superior  se  extenderá  a  los  asuntos  que inescindiblemente  resulten    vinculados   al   objeto   de   la   impugnación,   “lo  que  obligaba  al  ad  quem en este caso a pronunciarse sobre la  totalidad  de  hechos  planteados en el recurso, entre ellos precisamente que no  se  valoró  en  la  Primera  Instancia el dicho de los declarantes que ahora se  reclama”,  argumentación que soporta con la cita de  sendos pronunciamientos de esta Corporación sobre el tema.   

Cada   uno   de   los   declarantes  cuyas  atestaciones  dejó  de  valorar el Tribunal, confirman el dicho de exculpación  de  su asistido, asegura el actor, haciendo que sea creíble todo el contexto de  su  exposición,  esencialmente  lo  referente  a la procedencia y propiedad del  automotor en el que aquél se movilizaba.   

También es un hecho cierto y probado que el  procesado  sufrió  un  aparatoso  accidente el 20 de julio de 2001 en el que se  vio  involucrado  el  referido  vehículo, circunstancia esta que dio lugar a su  inmovilización  para su reparación por espacio de tres meses -hasta finales de  octubre,  según  el  relato  de  algunos  de aquellos declarantes-. Lo anterior  conlleva  a  una clara reflexión, aduce el demandante, a la cual debieron haber  arribado  los  juzgadores  si  hubiesen  estimado  esas pruebas: “  (…)  si  para  el  día  del plagio de la parlamentaria CONSUELO  GONZÁLEZ  PERDOMO,  ocurrido  el  diez (10) de septiembre de 2001, la camioneta  del  señor  BASTIDAS  MEDINA  se  encontraba  inmovilizada en un taller por los  desperfectos  sufrido  en  el  accidente  ya  resaltado, no es posible que se le  atribuya  participación  en esos hechos, porque, hacerlo, es atentar contra los  postulados  de la lógica y el sentido común, así como contra las reglas de la  experiencia,  las  cuales enseñan en el devenir diario que un vehículo en esas  condiciones  mecánicas  no  es factible movilizarlo, y menos para un hecho como  el  que se investiga.” Si ello es así, el testigo de  cargo  Artunduaga Cruz faltó  a  la  verdad  o  percibió los hechos incorrectamente, porque lo cierto es, tal  como  se  halla  establecido,  que  el  acusado  mientras  estuvo  su  automotor  inmovilizado  se  dedicó  a  las labores del agro en la lejana región de Santa  Ramos, Caquetá, de donde es oriundo.   

Todo lo anterior amerita su reconocimiento y  declaración,  aduce  el  actor  a manera de colofón, por lo que se precisa del  proferimiento  del  fallo  de  reemplazo  con carácter absolutorio que aquí se  reclama.   

Cargo       segundo.                   

      

Error  de hecho derivado del falso juicio de  existencia  en  que  incurrió  el  juzgador  al  dejar de valorar el testimonio  rendido   por  Aquiles  Artunduaga  Cruz  el  30  de  marzo de 2002, lo cual condujo a la violación indirecta  del  Art.  238  del C. de P. Penal, es el fundamento de este segundo reparo. Esa  omisión   trascendió   al   fallo  -aduce-  porque  sin  ella  “se   distorsionó   y/o  tergiversó  la  conclusión,  resultado  o  análisis    integral    y    en    conjunto    de    las    mismas.”   

Aun   cuando   el   Tribunal  se  negó  a  pronunciarse   sobre  los  cuestionamientos  hechos  por  la  defensa  al  fallo  condenatorio   de   primera   instancia,   es  lo  cierto  que  el  Ad-Quem   deduce   la  participación  de  BASTIDAS  MEDINA en el plagio  de  la  víctima  del  dicho  del citado testigo cuando afirmó que el procesado  transportó   a   los   secuestradores  desde  la  vereda  Chía,  municipio  de  Campoalegre,  hasta la localidad de El Hobo, “lo cual  para  nada  se  encuentra  probado  en el proceso por ningún medio.”  En  apoyo de su argumento el actor cita los apartes pertinentes  de la sentencia de segundo grado.   

Sin  embargo,  no se percató el Tribunal de  las  contradicciones  existentes  en  las  distintas  versiones  rendidas por el  testigo  en  mención  -las cuales reseña-, porque en su declaración del 30 de  marzo  de  2002  en  la  cual le atribuyó responsabilidad en el plagio a varias  personas   que  se  movilizaban  en  una  motocicleta,  para  nada  mencionó  a  BASTIDAS  MEDINA; empero, con  posterioridad,  resulta  involucrándolo  al  sostener  que  el aquí acusado se  transportaba  en  un  vehículo  de  propiedad de Humberto Valbuena, atestación  esta  a  la  cual el juzgador le otorgó credibilidad y en la que fundamentó la  condena.   

Así, el Tribunal realizó de manera parcial  y  sesgada  su  estimación  probatoria, lo que le impidió observar que en cada  versión   el   declarante   en   cuestión   involucraba  a  diversas  personas  ubicándolas  en  distintas  circunstancias fácticas. Lo cierto es  que en  el  proceso  no  aparece acreditado que los plagiarios se hubiesen movilizado en  un  vehículo  de  propiedad  del  justiciable,  tal  como se afirma en el fallo  impugnado.   

Casar  parcialmente la sentencia recurrida y  en  su  lugar dictar la de reemplazo mediante la cual se absuelva a su defendido  del  delito  de secuestro extorsivo, es la petición que el censor eleva ante la  Corte.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          1.  Los defectos  de  orden  técnico  en  la  postulación  del  falso  juicio  de existencia por  omisión  que  el  censor aduce como motivo de casación en su primer reparo, le  restan  cualquier  vocación  de  éxito  a  la  censura, advierte de entrada la  Delegada,  pues  la  inconformidad del demandante se reduce a una manifestación  personal  del influjo que podrían ejercer los testimonios que reputa excluidos,  sobre  los  demás  elementos  de  juicio  en  los  que  se  sustenta  el  fallo  condenatorio  que  afecta  a  su  asistido,  presentando,  eso  sí, una visión  distinta  de  los hechos con apoyo en las versiones testimoniales que dice echar  de  menos.  Con  una  tal  posición, no logra el impugnante modificar de manera  sustancialmente  distinta  las  premisas  conclusivas  de  la  determinación de  condena finalmente adoptada por el Tribunal.   

          Tras  enseñar  de  qué manera se configura el vicio alegado por el  actor  y  cómo  cabe  demostrar el mismo, conforme con lo que la doctrina de la  Corte  tiene  decantado  sobre el error de hecho por falso juicio de existencia,  la  agencia  del  Ministerio  Público  sostiene  que  dadas  las  falencias que  presenta  la  postulación  de  la  censura,  “en la  eventualidad  de que el sentenciador hubiese prescindido de incorporar la prueba  que  se  echa  de menos, la fuerza persuasiva de la prueba testimonial de manera  definitiva   o   determinante   en   el   sentido  de  la  decisión”,  pues,  la  trascendencia  de  tales fuentes de convicción mal  puede  demostrarse  con  meras  especulaciones  como  se  hace en la demanda. No  acredita  el  libelista -reitera- que los contenidos probatorios que suministran  las  versiones  testimoniales  objeto  de  la  supuesta  preterición, tengan la  capacidad    suficiente    para    modificar    sustancialmente   la   sentencia  recurrida.       

Dentro  de la libertad que para apreciar las  pruebas  y  asignarle  su  mérito persuasivo le asiste al funcionario judicial,  los  juzgadores  de  instancia  le otorgaron credibilidad a las versiones de los  desertores   de   la  organización  subversiva  en  mención,  por  cuyo  medio  involucraron  al  procesado  en  la realización de los hechos constitutivos del  plagio  investigado,  lo que aunado a los otros elementos de prueba a través de  los  cuales  se  arribó  a  la  certeza  sobre  la responsabilidad del acusado,  ningún vicio comporta, sostiene la Delegada.   

A  esas  conclusiones,  pretende oponerse el  casacionista  con  simples  opiniones  personales,  sin  realizar,  como  estaba  obligado,   una   confrontación   directa   del  acopio  probatorio  y  de  las  motivaciones  de  la  sentencia,  porque  lo  cierto  es  que esa estimación se  efectuó  a  través de la apreciación conjunta de los elementos de convicción  que  obran  en  la  actuación,  esto  es,  con  la  inclusión  de  las pruebas  necesarias  para  dar  por  demostrada  la  participación  del procesado en los  hechos materia de juzgamiento.   

Uno  de  los  puntos de controversia para la  defensa,  lo  constituye  en  transporte  de  los  plagiarios en un vehículo de  similares  características  al  automotor que posee el justiciable, aspecto que  fue  deslindado  claramente  en  el fallo a través de la estimación que de tal  circunstancia  modal  allí  se  hizo,  tras  el  cotejo  pertinente tendiente a  elucidar  las  contradicciones que pudieran surgir entre las atestaciones de los  desertores,  y  las presentadas por los declarantes que comparecieron a expresar  otra  versión  distinta  de lo ocurrido. Tras esa confrontación y dentro de la  facultad  discrecional  que  el  asiste  al  fallador para apreciar las pruebas,  halló  verídica  la  participación  del  procesado  en  el  secuestro  de  la  parlamentaria  traducida  en  labor  de  apoyo  brindada a los plagiarios con su  transporte;   convencimiento  que  el  juzgador  reforzó  con  la  información  procedente  de la Cuarta División de la Novena Brigada del Ejército, en la que  se  da  cuenta  del  trabajo  de  seguimiento  e inteligencia que dio lugar a la  captura  de  BASTIDAS MEDINA,  pues  ya  se  tenía  conocimiento  por  parte  del Grupo Interinstitucional del  Ejército  y  la  Policía  Nacional,  que  el citado individuo en su calidad de  Miliciano   de  las  FARC  había  hecho  parte  del  grupo  de  individuos  que  perpetraron  el  hecho  delictivo  en cuestión, transportando a los plagiarios,  labor   que  desplegó  para  la  misma  organización  subversiva  en  diversas  oportunidades   en   desarrollo   de   otros   hechos   delictivos.   Agrega  la  Delegada:   

“De    la  evaluación  de  dicha  información y la apreciación conjunta de los medios de  convicción  dedujo el sentenciador las circunstancias de tiempo modo y lugar en  las  que  se  realizó  el  plagio  de la congresista, de igual manera obtuvo la  certeza  acerca  de  la  responsabilidad  de Nelson Bastidas Medina.”   

Por  consiguiente, el sustento probatorio de  la  sentencia impugnada -precedida de las presunciones de acierto y legalidad-se  mantiene  incólume,  concluye  la  Sra. Procuradora, razón por la cual pide la  desestimación  de  la censura dada la indemostración del yerro que el actor le  atribuye al juzgador.   

2. En relación con la queja del libelista en  cuanto  afirma  que  el  Tribunal  dejó  al  margen  de valoración la versión  rendida   por   Aquiles  Artunduaga  Cruz,  desertor del grupo sedicioso en cita, la Delegada es del criterio  que tampoco tiene asidero alguno.   

Desconoce el demandante que cuando se postula  yerros  de  esta  naturaleza  es menester contrastar el contenido material de la  prueba  que se dice excluido, con las demás estimaciones probatorias fijadas en  la  sentencia,  para  acreditar  que  éstas  no pueden sostenerse en virtud del  embate demostrativo del elemento ignorado.   

En el texto del fallo recurrido se expuso el  mérito  que  razonablemente  le asignó el sentenciador a los diferentes medios  de  convicción  que  obran  en la actuación, advierte la Delegada, exposición  que   cobijó   el   contenido  material  de  la  declaración  de  Artunduaga  Cruz,  cuyo dicho fue sopesado  por el sentenciador y como tal fundamento de la condena censurada.   

Con  opiniones de índole personal, al igual  que  lo  hizo  en  el  cargo  anterior,  el  demandante  pretende oponerse a los  contenidos  valorativos  del  juzgador, por lo que el yerro denunciado carece de  demostración  porque  el  actor incumplió con su deber de indicarle a la Corte  cómo  tal  falencia, de haberse presentado, tiene la virtualidad de modifica el  sentido del fallo.   

Por  si  fuera  poco,  el  ataque  deviene  contradictorio,  pues  no empece postular la censura bajo la modalidad del error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por omisión, termina por desarrollar  otra  especie  de  esa  clase  de  yerro  por el supuesto desconocimiento de las  reglas  de la sana crítica. Si el censor alega que la mentada versión se dejó  de  estimar,  mal  puede  concluir  argumentando que la  misma fue valorada  contrariando  aquellos postulados. Ello, de suyo, basta para que se desestime la  censura.   

Consecuentemente  con  sus razonamientos, la  agencia    del    Ministerio    Público   sugiere   NO   CASAR   la   sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Por  la vía de la violación indirecta, dos  censuras  plantea  el  libelista  contra  el  fallo  de segundo grado recurrido,  consistentes  en  sendos  errores  de hecho por falsos juicios de existencia por  omisión probatoria.   

Se  incurre  en  un tal desatino -enseña la  jurisprudencia  de  la Corte- cuando el sentenciador deja de apreciar una prueba  con  capacidad  para  modificar  la  decisión  impugnada, a pesar de haber sido  legalmente incorporada al proceso.   

Por lo tanto, una alegación correcta de este  tipo  de  error,  requiere  enmarcar  la censura en una argumentación lógica y  consecuente  que  parta  de  la demostración de la preterición de la prueba, y  una  vez  acreditado  tal  aspecto,  se  incursione  en  el  examen  de la nueva  situación  probatoria  que se generaría al considerar la prueba omitida, a fin  de  demostrar  si  el  yerro  acabado de evidenciar reviste idoneidad suficiente  para  modificar  el  sentido  o  el  alcance  de  la  sentencia, única forma de  justificar  el  proferimiento  del  fallo  de  sustitución que por esta vía se  solicita.   

Luego entonces, el error de hecho por falso  juicio  de  existencia  no  consiste en una ausencia de invocación formal de la  prueba  que  se  alega  como omitida en la sentencia, sino en el desconocimiento  absoluto  de  los  contenidos  probatorios  que  ellas suministran, porque puede  acontecer  que dicho material de información haya sido traído a colación, sin  identificar      formalmente      la     fuente.1   

   

En   suma,   la  pretensión  de  remover  la  presunción de acierto y  legalidad  que  reviste  el  fallo  impugnado  en  virtud  del  yerro señalado,  conlleva  a  la  confrontación  de la información excluida con la suministrada  por  los  elementos  probatorios  que  sí  fueron  valorados y con los hechos y  premisas  que  se fijaron a partir de los mismos, con el objeto de demostrar que  se  declaró  probado  un  acontecimiento  que  no corresponde a la realidad que  subyace         en         el        proceso.2   

Pues  bien, al margen de los desaciertos de  orden  técnico en la postulación de las censuras destacados en su concepto por  la  Delegada  del  Ministerio Público para la Casación Penal, es lo cierto que  al   actor   no   le   asiste  la  razón.  Véase  por  qué:      

Partiendo del señalamiento que como coautor  del  plagio en cuestión hace AQUILES ARTUNDUAGA CRUZ del procesado NELSON  BASTIDAS  MEDINA, critica el censor  al  Tribunal  por  haberle dado entero crédito al citado testigo de cargo. Como  en  verdad  éste  es  el  fundamento  de  los  reparos  del actor que en cargos  separados  postula,  la  Corte  los  examinará  en  forma  conjunta para ver de  comprobar  si  el  vicio  denunciado  efectivamente  se  halla configurado en la  presente actuación.   

Así, aduce el casacionista que el juzgador  dejó   de   apreciar   abundante   prueba  testimonial,  precisamente  las  que  “relevaban   de   responsabilidad   penal   a   mi  representado”,  afirmación  tras  la cual relaciona  las  declaraciones  supuestamente  omitidas  que  hacen  referencia  a  aspectos  relativos  a  la  procedencia  y  adquisición  de  un automotor de propiedad de  BASTIDAS  MEDINA,  vehículo  que,  a  su  juicio,  ninguna  correspondencia guarda con el rodante que bajo la  conducción  del  acusado,  de  acuerdo  con  lo  manifestado  por  Artunduaga   Cruz,   se  movilizaban  los  plagiarios.   

Del  mismo  modo  destaca  cómo  en  esas  versiones  objeto  de  preterición,  se  alude  al  aparatoso  accidente que el  implicado  tuvo  el  20  de julio de 2001 estando al volante de dicho vehículo,  viéndose  obligado a inmovilizarlo para su reparación hasta finales del mes de  octubre   de   ese  año,  así  como  las  diferentes  actividades  a  las  que  BASTIDAS MEDINA se dedicó en  ese  lapso,  las cuales ninguna relación tienen con grupos armados al margen de  la ley como lo aseguran sus detractores.   

No obstante los asertos del censor, a todos  los  aspectos en los que fundamenta el reproche se hizo expresa referencia en el  fallo  impugnado,  como  en  seguida se verá; y si bien no se revela su fuente,  ello  no  significa  que  los  medios de donde proviene la información se hayan  dejado  de  considerar,  sino  que fueron desestimados porque al juzgador no les  merece  crédito,  ya  sea  que  se  trate  de  las  propias  exculpaciones  del  infractor,  ora  de  la  confirmación  de éstas por quienes secundan su dicho.   

En  efecto,  dentro  de la reseña procesal  hecha  en  el  fallo  ahora  impugnado  en  sede  extraordinaria  respecto de la  situación     atinente     a     NELSON    BASTIDAS  MEDINA,   también   conocido   procesalmente   como  “Fabio   Nelson”,   el  Tribunal  al  examinar  lo  concerniente  a  la  responsabilidad  de otro de los  coprocesados,    Dimas   Perdomo   Yagué,  respondió  de  la  siguiente  manera  a  las  glosas  que  en su  oportunidad   la   defensa   esgrimió  contra  el  testimonio  de  Aquiles Artunduaga Cruz:   

“Ya  el  27 de  septiembre  de 2002 luego de capturado NELSON BASTIDAS MEDINA (junio 15 de 2002)  aludió  que  FABIO  NELSON  llevó  a  los muchachos en un Toyota rojo hasta la  vereda   Chía  donde  los  recogió  ‘Pollo  Malo’  y  los  llevó  para  el  lado  de Hobo, donde permanecieron hasta enterarse que  doña  CONSUELO ya había salido de Pitalito; si bien en esta declaración no se  auto-incriminó,  en ningún momento le preguntaron en qué se vino él hasta la  finca  de  Los  Cocos.  Además,  obsérvese que sí se utilizaron motos y desde  luego   debieron   ser   dejadas  en  el  sitio  donde  NELSON  BASTIDAS  MEDINA  ‘FABIO NELSON’   los   recogió  (…)”   

En  el  examen  concreto  de  la situación  procesal    de    BASTIDAS    MEDINA    en  relación  con  su  activa  participación en el secuestro de la  parlamentaria    González    de    Perdomo,    empezó    por    sostener    el  Tribunal:   

“Su  participación  en  el  secuestro de la doctora CONSUELO GONZÁLEZ DE PERDOMO se  centró  en  haber  trasladado desde la vereda Chía hasta Hobo en una camioneta  de  propiedad  de Humberto Valbuena a varias de las personas que participaron en  el  mismo;  así  como  no sólo utilizar esa camioneta sino otras de este mismo  sujeto  para  transportar  gentes  de la guerrilla; acusación que éste negó y  aseguró  que  la  camioneta  blanca  Hilux descrita, es de su propiedad, que la  compró  a la señora DERLY MILDRED PAREDES con dineros de su propio pecunio, la  misma  que  para  la  fecha  del plagio se encontraba en un taller arreglándola  pues  el  20  de  julio tuvo un accidente cuando venía con pasajeros en la ruta  Paraíso-Algeciras   y   que   duró  aproximadamente  tres  meses  y  medio  en  reparación.   

Y  tras reseñar de qué manera y bajo qué  circunstancias  se  produjo la aprehensión de BASTIDAS  MEDINA  por  los  hechos  materia  de este proceso, el  Ad-Quem sostuvo:   

“Legalizada la  captura  por  la  Fiscalía se dispuso escucharlo en indagatoria que rindió ese  mismo  17 de junio de 2002; en esa fecha, hora antes se recibió por parte de un  investigador  judicial  de  la  SIJIN  declaración  de AQUILES ARTUNDUAGA CRUZ,  según  se consignó en la misma, en cumplimiento de la orden N° 018 emanada de  la  Fiscalía  del  conocimiento  en  donde al preguntarle si conocía al citado  BASTIDAS  MEDINA  y  sobre  sus actividades delincuenciales respondió que éste  estuvo  manejándole  un  carro  a  HUMBERTO  VALBUENA  y  el día del secuestro  investigado,  le  ordenó  llevara  a  OSORIO,  MATACABALLO,  EL  BURRO,  HAIBER  QUINTERO  DESDE  Paraíso  hasta  la  vereda  Chía de Campoalegre, donde fueron  recogidos    por   otro   carro   conducido   por   EDGAR   alias   ‘Pollo         Malo’,  mientras que JUANCHO el hermano de  HUMBERTO  VALBUENA  IBA  DELANTE  DE  ‘Mosca’  en  una          moto         (…)”    

Y si bien por su enunciación genérica el  Tribunal   consideró  indebidamente  sustentada  la  glosa  presentada  por  la  defensa,  respecto  a  que  en  el proceso abunda prueba demostrativa de la real  procedencia  y  propiedad del vehículo automotor en el que se dice BASTIDAS   MEDINA   transportó   a   los  plagiarios  que  ilícitamente privaron de su libertad a la congresista, defecto  de    motivación   que   el   Ad-Quem   encontró  estructurada porque en la fundamentación de la alzada el  apelante  no  indicó  en  concreto  las  “múltiples  probanzas”  que  desdicen las manifestaciones hechas  en  sentido  contrario  por Artunduaga Cruz     y    Polanía    Lozada,    es    lo    cierto   que   seguidamente   el   juez   colegiado  apuntó:   

“Sin embargo, no  está  por  demás  advertir  que  éste procesado en su indagatoria simplemente  refirió  que  adquirió  la camioneta Hilux tantas veces referida de la señora  DERLY  MILDRED  PAREDES  en  febrero  de  2002,  de  quien  dijo  no conocía su  paradero,  y  que  para el pago de los $21.000.000 que costó, vendió una finca  por  $8’000.000, una casa  en     Algeciras,     y     un     hermano     le     prestó     $6’000.000,  pero pese a ser tan alta la  inversión,  la  camioneta  la  dejó  en  el taller más de tres meses y medio,  siendo    según   lo   dijo   la   única   fuente   de   ingresos.”   

Ahora, bien cabe precisar, como los destaca  la  agencia  del  Ministerio  Público,  que  las  inferencias  del  Tribunal en  relación   con   el   juicio  de  reproche  que  hizo  recaer  en  BASTIDAS   MEDINA   no  sólo  tiene  por  sustento    las    incriminaciones    de   Artunduaga  Cruz     y    Polanía  Lozada,  pues  en  el  fallo censurado el Ad-Quem   también   hizo  referencia  al  informe  del  15  de  junio  de  2002  suscrito  por  el  Comandante  del  Grupo  Interinstitucional  del Ejército del Batallón Tenerife por cuyo medio se dejó  a  disposición  de  la  Fiscalía  al  procesado  en  mención, “quien  fuera  retenido  el  día  anterior  en  el  casco  urbano de  Algeciras  al  tenerse  información  de su participación en el secuestro de la  congresista  CONSUELO  GONZÁLEZ  DE  PERDOMO;  así  mismo,  pertenecer  a  las  milicias  bolivarianas cumpliendo misiones como la de brindar apoyo logístico y  de  transporte  a  los  sediciosos  en  una  camioneta  Hilux  (…)”;  informe que fuera ratificado por el propio firmante, aduciendo  en  su  exposición  que “las labores de inteligencia  desarrolladas  en  relación con la vinculación de BASTIDAS MEDINA con las FARC  consistieron   en  seguimientos,  entrevistas,  testimonios  e  intercambios  de  información   con   otras   entidades   e   inteligencia   técnica   y  humana  (…)”   

De  ahí  que  tampoco  sea  de  recibo  la  afirmación  del  demandante  en  cuanto  que  el  juzgador  no  reparó  en las  contradicciones    de   Artunduaga   cruz.    

Al  efecto,  aduce  el  actor  que  dicho  declarante  en  su  primigenia  versión  para  nada  mencionó  a  BASTIDAS  MEDINA  como  integrante  de  la  cuadrilla  que  perpetró  el plagio de la mencionada congresista, por lo que, a  su  juicio,  lo excluyó de toda responsabilidad en el hecho al señalar que esa  ilícita   retención   fue   cometida   por  personas  que  se  movilizaban  en  motocicletas.   Sin  embargo,  en sus posteriores intervenciones procesales  lo  involucra  en  el  referido  secuestro  cuando  manifiesta  que el procesado  transportó  a  los  plagiarios  en  una  camioneta  de  propiedad  de  Humberto  Valbuena,   versión   esta  que  fue  a  la  que  el  sentenciador  le  otorgó  credibilidad    constituyéndose    la    misma   en   el   fundamento   de   la  condena.               

Queda  así  acreditado  que  detrás  del  discurso  del  impugnante  se  oculta  una clara oposición a la valoración del  mérito  de  la  prueba,  que,  como  ha  sido  reiteradamente  sostenido por la  doctrina  de  la  Corte,  sólo  resulta  posible  de ser planteado en casación  cuando  los  juzgadores, en el proceso de determinación de la fuerza persuasiva  del  medio,  desconocen de modo manifiesto las reglas de la sana crítica, vicio  que  si  bien  el  demandante  enunció  de  manera descontextualizada en algún  aparte  de  la demanda, en forma alguna presentó un desarrollo frente al mismo.   

Por  lo tanto, si el Tribunal otorgó a las  pruebas  reseñadas en el curso de estas consideraciones un mérito distinto del  que   pretende   el   casacionista,  se  reitera,  ello  no  constituye  censura  susceptible  de  ser  formulada  en  sede  del  recurso  extraordinario, dada la  libertad  relativa de que goza el juzgador para apreciar los medios y asignarles  su  mérito  persuasivo, limitada sólo por las reglas de la sana crítica, cuya  transgresión  no  halla  demostración en el libelo; y por pretender cuestionar  las  conclusiones derivadas de esos medios específicos de persuasión, menos se  podría  cimentar  en  tal  crítica  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia.   

La clase de error de hecho por falso juicio  de  existencia  que  propone  el  actor, el que se presenta por la exclusión de  prueba,  se  repite,  no  se consolida porque se deje de mencionar el respectivo  elemento,  sino que lo relevante es que su expresión no sea estimada de ninguna  manera.  Expresado  de otro modo, no se presenta omisión de la prueba cuando el  hecho  que  revela  es asumido en las consideraciones de la sentencia, bien para  repelerlo ya para admitirlo.   

Como queda visto, las falencias que el actor  le  atribuye al razonamiento del Tribunal por parte alguna se hacen evidentes en  la   demanda,  pues,  como  con  tino  lo  señala  la  Delegada,  su  propuesta  “se  reduce  a una manifestación personal en la que  el  censor expone el influjo que en su opinión podrían ejercer los testimonios  que  considera  excluidos,  con  lo  que  aspira  a  que los demás elementos de  convicción  en  los  que  se fundamenta el fallo condenatorio pierda su entidad  jurídica”,  para rematar diciendo que la estructura  de  las  censuras  “se hace a través de la opinión  personal  del  libelista  quien,  mediante  una manifestación escueta, pretende  oponerse   a   las   consecuencias   valorativas  que  válidamente  infiere  el  sentenciador.”     

Por manera que, a falta de la demostración  del  vicio  denunciado  no  le  queda  alternativa  diferente  a  la  Corte  que  desestimar   las  censuras  objeto  de  examen.    

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

  RESUELVE   

        NO      CASAR       el      fallo  impugnado.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

1 C. S.  de  J.,  Sala  de Casación Penal, Sentencia de 8 de junio de 2205, Rad. 20.990.   

2 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal, Sentencia de 13 de septiembre de 2006, Rad.  22.581.     

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