27142(11-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27142   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 049.  

          Bogotá D.C., abril once (11) de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la colisión negativa de competencia  suscitada  entre  los  Juzgados  Penal  del  Circuito  Especializado  de Yopal y  Promiscuo  del  Circuito de Monterrey, en virtud de la cual rehúsan conocer del  juicio   adelantado  en  contra  del  procesado  JOSÉ  GUILLERMO      GUTIÉRREZ      VARGAS.    

HECHOS     Y  ANTECEDENTES   

El día 10 de agosto de 2004, integrantes de  la  SIJIN  del Departamento de Policía del Casanare, capturaron en el municipio  de  Monterrey  al  mencionado,  en  compañía  de Luis  Ernesto  Mendoza  Ibáñez,  Carlos  Rivas  Rodríguez,  Eladio  Arias  Núñez,  Nelson Humberto Páez Torres,  Javier  Solís  Moreno,  Nilson Humberto Rodríguez Lozano, Dairo Rafael Morales  Bacca  y  César Iván Uribe  Cifuentes,   con   base   en  informaciones  que  los  señalaban   de  formar  parte  de  las  Autodefensas  Campesinas  del  Casanare  (ACC).          

Por  los  anteriores  hechos,  se dispuso la  apertura  de  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  se  escuchó en diligencia de  indagatoria  a  JOSÉ GUILLERMO GUTIÉRREZ VARGAS, Luis  Ernesto  Mendoza  Ibáñez,  Eladio  Arias  Núñez  y  Carlos  Rivas  Rodríguez, a  quienes  se  resolvió  su  situación  jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  como  probables  coautores del delito de concierto para  delinquir agravado.   

Clausurada  la etapa instructiva, el mérito  del  sumario  fue  calificado  el  22  de  agosto  de  2005  con  resolución de  acusación  contra  los  referidos como presuntos coautores del mismo delito que  sustentó   la   medida   de  aseguramiento  “en  su  modalidad  agravada,  conforme a lo señalado en el inciso 2° y 3° del código  penal  en concordancia con el 342 del mismo código”.   

Impugnada  la  anterior  determinación,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de Santa Rosa de Viterbo y Yopal el 5 de  diciembre  siguiente  la  confirmó,  con  la  modificación  consistente en que  GUTIÉRREZ     VARGAS  “debe ser citado a juicio oral como autor del delito  de  sedición,  de  que  trata el artículo 468 del Código Penal”,  en  virtud  a  lo establecido en el artículo 71 de la Ley 975 de  2005,  motivo  por  el  cual  también  dispuso la ruptura de la unidad procesal  “de donde surge que en cuanto hace a JOSÉ GUILLERMO  GUTIÉRREZ  VARGAS  la  etapa  del  juzgamiento debe ser adelantada ante el Juez  Penal del Circuito de Yopal (reparto)”.   

Remitida  la actuación al Juzgado Promiscuo  del   Circuito  de  Monterrey  con  el  objeto  de  que  surtiera  la  etapa  de  juzgamiento,  mediante  auto  del  27  de  marzo  de 2006, decidió enviarla por  competencia al Penal del Circuito de Yopal.   

Asignadas las diligencias al Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Yopal,  adujo  carecer  de  competencia para asumir su  conocimiento  en  razón  al  factor  territorial, motivo por el cual ordenó su  devolución  al Juzgado Promiscuo del Circuito de Monterrey, despacho que avocó  competencia el 9 de junio siguiente.   

Surtido el traslado previsto en el artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000 y citados los sujetos procesales para diligencia de  audiencia  preparatoria,  el mismo Juzgado, mediante auto de fecha septiembre 11  de  2006,  pretextó  no ser competente para conocer del presente asunto, por lo  que  ordenó su envío al  Penal del Circuito Especializado de Yopal.    

Este  último  juzgado,  por  auto del 18 de  diciembre   posterior,  aceptó  la  colisión  propuesta  y,  en  consecuencia,  remitió  la  actuación  a  esta  Sala  para que fuera dirimido el conflicto de  competencia trabado.   

RAZONES DEL CONFLICTO  

          El    Juez    Promiscuo   del   Circuito   de   Monterrey   sostiene  que   

la  conducta  por  la  cual se acusa en esta  causa  es  la  de  concierto para delinquir sancionada en el artículo 340 de la  Ley  599  de  2000,  cuya competencia, de acuerdo con el artículo 5º de la Ley  504   de   1999,   radica   en  “la  Justicia  Penal  Especializada”.   

Puntualiza  que  en  virtud  de la sentencia  C-370  de 2006 la Corte Constitucional declaró la inexequibilidad del artículo  71  de  la  Ley  795  de  2005, por cuyo medio se adicionó al artículo 468 del  estatuto  penal  un  parágrafo,  según  el cual, las personas organizadas como  grupos  al  margen  de  la  ley  que  cometieran  la  conducta de concierto para  delinquir  incurrían en el punible de sedición, cuyo conocimiento radica en la  jurisdicción ordinaria.   

          Con  fundamento  en  tal declaratoria de inexequibilidad, agrega, la  justicia  ordinaria  no  puede  continuar conociendo de los delitos de concierto  para delinquir.   

          De  esa  forma,  concluye que ha perdido competencia para seguir con  la  fase  del  juicio  en  este  asunto, razón por la cual remite el proceso al  Juzgado   Penal  del  Circuito  Especializado  de  Yopal  proponiendo  colisión  negativa    de    competencia    en    caso    de   no   ser   compartidos   sus  argumentos.   

A  su  turno,  el Juzgado Penal del Circuito  Especializado  de Yopal acepta la colisión propuesta, para lo cual sostiene que  si  bien  no  existe  duda  alguna  en  el sentido de que la inexequibilidad del  artículo  71  de  la Ley 975 de 2005, deja la pertenencia a grupos al margen de  la  ley  como concierto para delinquir, no lo es menos que a través de la misma  sentencia  C-370  de  2006  se  precisó que dicha decisión carecía de efectos  retroactivos,  de  modo  que las calificaciones posteriores a esa determinación  competen  a  ese  juzgado  especializado, “pero casos  como  el  que ocupa nuestra atención, donde si bien se calificó como concierto  para  delinquir, la conducta investigada es la pertenencia a grupos al margen de  la  ley  que  en vigencia del art. 71 de la ley 975/2005 denominó sedición, de  competencia    del    Juzgado    del    Circuito   de   Monterrey”.   

En  su  criterio, es de importancia resaltar  que  aun  cuando  en  principio  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Yopal  discutió  la  competencia  territorial y de esa manera ordenó el envío de las  diligencias   al   Juzgado  Promiscuo  de  Circuito  de  Monterrey,  proponiendo  colisión  negativa  de competencias, “ninguno de los  dos   despachos   mencionados   discutieron   lo   correspondiente   al   factor  funcional”, aspecto que pone de manifiesto que sobre  la  denominación  del  delito  no  hay  discrepancia,  de ahí que “la  conducta  del  acusado está descrita en el desaparecido Art.  71  de  la  ley  975/05 y en virtud del principio de favorabilidad debe dársele  aplicación,   por   parte   del   despacho   que   venía   conociendo  de  las  diligencias”.   

Lo  anterior,  amén  de  que  esta  Sala, a  través  de  los  últimos  pronunciamientos  que  resuelven casos similares, ha  asignado  la  competencia  a  los Juzgados del Circuito, con el argumento de que  “la  declaratoria  de  inexequibilidad  del  citado  precepto   no   permea   las   situaciones   consolidadas  bajo  su  vigencia”  (rad. 26514).   

Por  tanto,  como  se  está  frente a casos  similares,  concluye  que  la  competencia  en  este caso corresponde al Juzgado  Promiscuo del Circuito de Monterrey.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Es  competente la Corte para conocer de este  asunto,  habida  cuenta que el artículo 18 transitorio de la Ley 600 de 2000 le  asigna  el  conocimiento  de los conflictos de competencia que se susciten entre  jueces  penales  de  circuito especializado y penales de circuito, circunstancia  que impone acometer el estudio de fondo de la colisión trabada.   

En  el  caso  que concita la atención de la  Sala,  en  el cual, según se advirtió, fue proferida resolución de acusación  contra  el  incriminado  como  presunto autor del delito de sedición el 5 de de  diciembre  de  2005  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Santa Rosa de  Viterbo  y  Yopal, esto es, con posterioridad a la entrada en vigencia de la Ley  975 de 20051   

y  antes  de  que  la Corte Constitucional  declarara  inexequible  el  artículo 71 de la referida legislación2,  según  el  cual,   “también   incurrirán  en  el  delito  de  sedición   quienes  conformen  o  hagan  parte  de  grupos  guerrilleros  o  de  autodefensa  cuyo  accionar  interfiera  con  el normal funcionamiento del orden  constitucional  y  legal”,  el  Juzgado  de Circuito  asume  que  la conducta por la que se procede es la de concierto para delinquir,  mientras  que el Juzgado de Circuito Especializado plantea que se configuró una  situación  consolidada  en vigencia de la Ley 975 de 2005 que no se afectó por  la   inconstitucionalidad   sobreviviente,   en   tanto   no   dispuso   efectos  retroactivos.    

En  procura de dirimir el conflicto, como ya  lo   hizo   en   situación   precedente   en  la  que  se  presentó  idéntica  problemática3, resulta oportuno efectuar las siguientes precisiones:   

Cuando  la  Sala con antelación al referido  fallo  de  constitucionalidad  se  pronunció  en  punto  de  la  definición de  colisiones  de  competencia  por  el factor funcional en razón de la preceptiva  del  artículo  71  de  la  Ley  975  de 2005, asignó el conocimiento de dichos  asuntos  a los Jueces Penales del Circuito ordinario, pues consideró que si las  conductas  constitutivas  del  delito de concierto para delinquir configuraban a  partir  de  la  vigencia  de  la  Ley  975  de 2005 la conducta de sedición, de  conformidad  con  las  reglas  del  artículo  77  de  la  Ley  600  de 2000, la  competencia radicaba en los referidos despachos judiciales.   

Se  reitera ahora que una tal postura con el  fallo  de inexequibilidad del citado artículo 71 de la Ley 975 de 2005 no sufre  modificación  alguna pues, como lo puntualizó la Sala en situaciones similares  a la que ahora convoca su atención:   

“La declaratoria  de  inexequibilidad  del  citado precepto no permea las situaciones consolidadas  bajo  su  vigencia,  y  por  ende,  que  el  motivo  que determinó el cambio de  competencia  en  el  presente  caso (que la conducta dejó de ser concierto para  erigirse  en  sedición),  se  mantiene inalterable. De  suerte  que  las decisiones que se tomaron en materia procesal, relacionadas con  la  definición  de  la  competencia por el factor funcional, no pueden menos de  conservar  su validez jurídica, siendo los juzgados a  los  cuales  se  les  atribuyó en su oportunidad la competencia por el referido  motivo,    los    llamados    a    seguir    conociendo    de    los    procesos  adjudicados,  a  menos,  desde  luego, que sobrevengan  situaciones   nuevas,   diferentes   de  las  estudiadas,  que  determinaron  su  variación”4    (subrayas    fuera    de  texto).   

Así las cosas, como la situación que ahora  es  sometida al estudio de la Sala es sustancialmente idéntica a la ya abordada  y  resuelta,  la  conclusión  que  sin dificultad se impone es la de dirimir el  conflicto  asignando  el  conocimiento  del  asunto  al  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Monterrey,  en  atención  a   que ya venía conociendo de la  presente   causa  con  antelación  a  la  decisión  de  constitucionalidad  ya  referida.   

         

Una  vez  definido  lo  anterior,  la  Sala  considera  oportuno señalar que con la entrada en vigencia de la Ley 1121 de 29  de   diciembre   de   2006,   se  ha  suscitado,  entre  otras,  una  importante  modificación  típica  de  algunas  conductas  sancionadas  en  el Título XII,  Capítulo  I  del  Código  Penal,  bajo  la  denominación general “Del    concierto,    el    terrorismo,    las   amenazas   y   la  instigación”,   motivo  por  el  cual,  ha  tenido  oportunidad de efectuar las siguientes precisiones:   

“El legislador al  expedir  la  Ley 1121 de 29 de diciembre de 2006, publicada al día siguiente en  el  Diario  Oficial  N°  46497,  lo  que  quiso  fue regular de una manera más  técnica  los  comportamientos  que  tienen  que  ver  con  la financiación del  terrorismo,  con  el fin de adaptarlos a las nuevas necesidades y requerimientos  surgidos  con  ocasión  de los compromisos internacionales adquiridos a través  de  la  aprobación  de  tratados  internacionales  como  el  Convenio  para  la  Represión  de  la  Financiación  del  Terrorismo, aprobado mediante Ley 808 de  2003,  operándose  así  un  tránsito  legislativo  hacia nuevas disposiciones  modificativas  de  las  ya  existentes, pero nunca una  despenalización  de  alguna  de las conductas consagradas en el citado apartado  de la Ley 599 de 2000.   

Al cumplimiento de ese cometido, y partiendo  de  la  premisa de que en la Ley 599 de 2000 no existe un delito que penalice de  manera   autónoma  la  conducta  de  ‘organizar,  promover,  armar o financiar grupos armados al margen de  la  ley’, el legislador de  2006  quiso  tipificar  ese  comportamiento  como tal, conducta que entonces fue  recogida  en  el  artículo  16,  modificatorio  del  artículo 345 del estatuto  represor    del    año    2000,   en   los   siguientes   términos:   

‘Financiación  del  terrorismo  y  administración  de  recursos  relacionados  con actividades  terroristas.  El  que directa o indirectamente provea  recolecte,  entregue, reciba administre aporte, custodie o guarde fondos, bienes  o   recursos,  o  realice  cualquier  otro  acto  que  promueva,  organice,  apoye,  mantenga,  financie  o  sostenga económicamente a  grupos  armados  al margen de la ley o a sus integrantes, o a grupos terroristas  nacionales    o    extranjeros,    o   a   actividades   terroristas,  incurrirá  en  prisión de trece (13) a veintidós (22) años y  multa  de mil trescientos (1300) a quince mil (15.000) salarios mínimos legales  mensuales            vigentes’.   

Del mismo modo, con el fin de que el hecho de  concertar  la  comisión  de  esta  específica  conducta  quedara incluido como  agravante  del  tipo  penal  descrito  en el artículo 340 de la Ley 599 de 2000  -concierto  para  delinquir-,  se  reformó el inciso 2º del referido precepto,  reemplazando    las    alocuciones   ‘o  para  organizar,  promover,  armar  o financiar grupos armados al  margen  de  la ley’, por la  modalidad   conductual  relativa  al  ‘financiamiento   del   terrorismo   y  administración  de  recursos  relacionados   con   actividades   terroristas.    

Resumiendo,  lo  que  antes  se  denominaba  ‘Administración   de  recursos      relacionadas      con      actividades     terroristas’,  en  la  nueva  normatividad pasó a  denominarse  ‘Financiación  del  terrorismo  y  administración  de  recursos  relacionados  con actividades  terroristas’, para incluir  en   el  tipo  de  una  manera  que  resulte  omnicomprensiva,  otras  conductas  compatibles  o  relacionadas  con  la  actividad  del  financiamiento  de  actos  terroristas  que  anteriormente no estaban descritas como delito autónomo, sino  como  circunstancias  de  agravación  del concierto para delinquir, tal como se  reconoce  en  la  exposición  de motivos al proyecto de Ley No. 208 de 2005 del  Senado  de  la  República,  antecedente  de  la  Ley  que se examina, cuando al  referirse al punto, expresó:   

‘Resulta  necesario  introducir  un cambio en las agravantes del artículo 340 del Código  Penal,  que tipifica la conducta del concierto para delinquir, para ajustarlo al  nuevo  tipo  de  financiamiento  del  terrorismo  y  administración de recursos  relacionados  con  actividades  terroristas,  toda  vez  que en la actualidad no  existe     el     delito     de     ‘…organizar,  promover, armar o financiar grupos armados al margen  de  la  ley…’ Por ello  esta  expresión  se debe modificar por la del tipo penal que se contempla en el  artículo 345 del Código Penal en los siguientes términos:   

Artículo  XXXX            

Modifícase el inciso segundo del artículo  340  de  la  Ley  599  de 2000, modificado por el artículo 8º de la Ley 733 de  2002, el cual quedará así:   

Artículo  340.  Concierto  para  delinquir  (…)   

‘Cuando  el  concierto  sea  para  cometer  delitos  de  genocidio,  desaparición forzada de  personas,  tortura,  desplazamiento  forzado, homicidio, terrorismo, tráfico de  drogas   tóxicas,   estupefacientes   o  sustancias  sicotrópicas,  secuestro,  secuestro  extorsivo,  extorsión, enriquecimiento ilícito, lavado de activos o  testaferrato  o  conexos,  financiamiento  del  terrorismo  y administración de  recursos  relacionados con actividades terroristas, la pena será de prisión de  ocho  (8)  a  dieciocho  (18) años y multa de dos mil setecientos (2.700) hasta  treinta  mil  (30.000)  salarios mínimos legales mensuales vigentes’.    

En el marco de estas consideraciones resulta  evidente  que el concierto para organizar, promover, o  financiar  grupos armados al margen de la ley, no fue suprimido del catálogo de  delitos  que  contempla  la  nueva  ley;  todo  lo  contrario,  esa conducta fue  readecuada   como  comportamiento  punible  autónomo  en  el  citado  artículo  345,  como  con  antelación  se dijo, y su concierto,  técnicamente  calificado  como  circunstancia de agravación del concierto para  delinquir  en  el  artículo 19 de la Ley 1121 del 29 de diciembre 2006, con una  pena  mayor  a la que señalaba el inciso 2º del artículo 340 de la Ley 599 de  2000, modificado por la Ley 733 de 2002.   

Como   se   puede   observar,   la   nueva  disposición,  conservando  la  esencia  de lo prohibido, resulta inclusive más  rígida,   pues   la   conducta   de  ‘organizar,  promover,  o  financiar  grupos  armados al margen de la  ley’ no sólo se tipifica  como  delito  autónomo,  sino  que  su  concierto,  bajo  la  denominación del  financiamiento  del  terrorismo  y  administración de recursos relacionados con  actividades  terroristas,  se  mantiene  como  circunstancia  agravante del tipo  señalado   en   el   artículo   340  del  Código  Penal  con  una  pena  más  severa.   

Este fue el resultado que dentro del sistema  produjo  la  reforma  introducida  a los artículos 340 y 345 del Código Penal,  con  la  salvedad  -aclara  la  Sala-  que  si bien el verbo rector ‘armar’   incluido   en   la   disposición  modificada  del  Art.  340,  no  se  contempló  expresamente en la descripción  comportamental  del  Art. 16 de la nueva Ley 1121/06, modificatorio del Art. 345  de  la  Ley  599/00,  esa  conducta  queda subsumida en las acciones de proveer,  entregar   o   aportar  bienes  a  la  organización  armada  ilegal”5 (subrayas fuera de texto).   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE   

1.             DIRIMIR   la  colisión  de  competencia  legalmente  trabada,  asignando  el conocimiento del  presente  asunto  al  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Monterrey, despacho a  donde  se  remitirá  el  expediente  para lo de su cargo de conformidad con las  razones expuestas en la anterior motivación.   

2.            COMUNICAR  lo  aquí   decidido   al   Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Yopal,  remitiéndole copia de la presente decisión.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Permiso  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1De  conformidad  con lo establecido en el artículo 75 de la Ley 975 de 2005, entró  a   regir   “a   partir   de   la   fecha   de  su  promulgación”,   acto   que  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  52  de la Ley 4ª  de 1913, se produjo con su  publicación  en  el  Diario  Oficial  No.  45.980  del  25  de  julio del mismo  año.   

2  Sentencia C 370 del 18 de mayo de 2006   

3 Auto  de fecha noviembre 30 de 2006, rad. 26514.   

4  Colisión de competencias 25797   

5 Auto  del 7 de marzo de 2007. Rad. 26922.     

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