27087(25-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27087   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 058.  

         

Bogotá  D.C., abril veinticinco (25) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  CARLOS  ALBERTO  TORRES BRAND  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Cali  de  fecha  octubre 27 de 2006, mediante la cual confirmó el fallo dictado  por  el  Juzgado  15  Penal  del Circuito de la misma ciudad el 6 de junio de la  misma  anualidad,  por  cuyo medio lo condenó por el delito de constreñimiento  ilegal.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El supuesto fáctico que originó la presente  actuación  fue  declarado  por  el  Tribunal,  en  el  fallo  impugnado,  de la  siguiente manera:   

“Los  hechos  materia  de  este  proceso  corresponden  a  los  denunciados  por  el señor EFRÉN PELÁEZ SANTA, quien en  queja  escrita  que  presentó  el  28  de  julio  de  1998  ante  la Fiscalía,  manifiesta  que  el  26  de  enero  de  1998  llegaron  hasta su casa del barrio  ‘El  Limonar’  de esta capital, el Gerente del Banco  Ganadero         sucursal        ‘Chipichape’,  señor  CARLOS ALBERTO TORRES BRAND, acompañado de dos agentes de la SIJIN y su  hija  Maryiory  Peláez  siendo enterado que ésta presentaba un sobregiro en su  cuenta  en  el  citado Banco, y que él debía asumir esa, dada la imposibilidad  tanto   de   su   hija   como  del  esposo  de  ésta,  Eduardo  Carvajal,  para  hacerlo.   Aduce  que mediante presiones de parte del gerente TORRES BRAND,  quien  amenazaba  con enviar a la cárcel a su hija Maryiory Peláez, consintió  trasladarse  al banco y suscribir unos pagarés respaldando las obligaciones que  tenía  su  hija, y que ascendían a la suma de treinta y tres millones de pesos  con  sus  intereses  de mora, pagaderos esos el 28 de julio de esa anualidad por  valor  de  $  16.000.000  y el otro por $ 17.000.000 para el 28 de diciembre del  mismo año”.   

Con  sustento  en  los hechos anteriores, se  decretó  la  apertura  de instrucción, en cuyo marco fue vinculado  CARLOS  ALBERTO  TORRES  BRAND, mediante  diligencia  de indagatoria, a quien se resolvió situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de  caución  prendaria,  como  posible  autor  del delito de  constreñimiento ilegal.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  el  mérito  del  sumario el 20 de agosto de 2002, con resolución de acusación  en  contra  del  procesado por la misma conducta punible que sustentó la medida  detentiva.   

El  trámite  del  juzgamiento correspondió  adelantarlo  al  Juzgado  15  Penal  del  Circuito de Cali despacho que, una vez  surtió  el  rito  legal, dictó sentencia el 6 de junio de 2006, por cuyo medio  condenó  al  procesado  a la pena principal de seis (6) meses de prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un tiempo igual al de la pena privativa de la libertad y al pago  de  perjuicios  materiales  por  la  suma  de  $ 21.899.938,42, al tiempo que le  otorgó  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional,  al  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  de  la conducta de constreñimiento  ilegal.   

Impugnada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  del  procesado, el Tribunal Superior de Cali, mediante fallo del 27 de  octubre de 2006, la confirmó.    

En  desacuerdo con el fallo del ad-quem,  la  defensa  interpuso  recurso  “excepcional     de     casación”,   el   cual   sustentó    mediante   demanda,   sobre   cuya  admisibilidad se pronuncia la Sala.      

LA DEMANDA  

          Previo   a   exponer  los  cargos  que  interpone  contra  el  fallo  impugnado,  señala  el  defensor  que  la  Sala  “de  manera    excepcional    y    discrecionalmente   podrá   admitirla   si  lo  considera  necesario  para  el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales”   

          Más     adelante,     bajo     el    acápite    de    “motivo  de  impugnación”, indica que  en  contra  del fallo impugnado invoca el cuerpo segundo de la causal primera de  casación  contemplada  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, “pues  la  sentencia  impugnada es indirectamente violatoria de la  ley  sustancial  por  error manifiesto de hecho en la apreciación de la pruebas  aportadas  al  plenario”,  bajo  cuya égida formula  tres cargos, del siguiente contenido:   

          Primer cargo:   

          Comienza  por  precisar  que  de  acuerdo  con  lo  que  se reconoce  ampliamente  en  la  doctrina,  el  tipo  penal  por  el  cual  fue condenado su  defendido  exige,  como  requisito  esencial,  que  las violencias o amenazas se  empleen  con  el  fin  de  compeler  a  otra persona a que obre en contra de sus  determinaciones,   elemento   que   no  surge  del  testimonio  del  denunciante  Efrén  Peláez  Santa, de lo  cual   deviene   que   “el  hecho  aprehendido  fue  desfigurado  por  los sentenciadores en sus dimensiones objetivas”.   

          Para  sustentar  su  pretensión,  el  actor  aduce que es necesario  revisar  lo  manifestado por el referido testigo sobre las razones que tuvo para  suscribir  los pagarés como avalista de su hija y de su yerno, sin que de allí  emane  que  la actitud de su defendido se pueda considerar encaminada a doblegar  o  dominar  la  voluntad del sujeto pasivo, de suerte que cuando el sentenciador  llega  a dicha conclusión “desfigura en su verdadera  dimensión  para  proferir una sentencia condenatoria que adecua la conducta del  imputado   a   la  figura  típica  del  constreñimiento  ilegal”.   

          Segundo cargo:   

A  partir del mismo requisito del tipo penal  imputado  a  su  defendido  referido  en  el  cargo  precedente,  señala que el  comportamiento  subsiguiente  a  los  hechos  adoptado  por  el  denunciante  no  demuestra  “una  oposición  definida  de voluntades  entre  sus  personales  determinaciones  y  la  supuesta exigencia que le hacía  CARLOS  ALBERTO  TORRES  BRAND”,  máxime  cuando el  proceso  cuenta  con  prueba  válida en el sentido de que la determinación del  denunciante  “no  fue la de oponerse definidamente a  la  suscripción  del pagaré, los sentenciadores la ignoraron incurriendo en un  manifiesto   error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia”.   

Además,   acota,   porque   “dentro  de  un  desarrollo  normal  de los hechos, lo que implica  seguir  la  lógica  y las máximas de experiencia, es de esperarse que quien se  siente  ilícitamente  constreñido,  o sus inmediatos allegados cuando también  precisamente   tienen   el  carácter  de  injustamente  compelidos,  aprovechen  cualquier  circunstancia de desatención del agresor o agente activo para acudir  inmediatamente  ante  las  autoridades  a  solicitar  su protección que así lo  exima    de    realizar    el    acto   arbitrariamente   exigido”.   

De  esa  forma, añade el actor, como ese no  fue  el  comportamiento que asumió el denunciante, ni tampoco el asumido por su  hija  o  por su yerno, teniendo la oportunidad de hacerlo, ello corrobora que la  firma  del título valor no fue bajo coacción sino en forma voluntaria.  A  igual  conclusión  se  llega  porque  si  hubiera  existido dicha coacción los  obligados  no  se  hubieran  presentado a la entidad financiera con el objeto de  buscar  fórmulas de acuerdo, como a la postre lo hicieron, y mucho menos cuando  no  comunicaron  tales amenazas a los diferentes empleados del banco, de todo lo  cual  obra  prueba testimonial que transcribe en lo pertinente y que fue omitida  por el juzgador.   

Tercer cargo:  

Estima el demandante que el fallador también  ignoró  prueba  documental que también evidencia ausencia de coacción para la  firma  del  título valor, como lo es el acta de entrevista de Maryory  Peláez  ante la SIJIN, en la cual  no hizo alusión a tal hecho.   

En  el  acápite final del libelo, el censor  solicita   casar   el   fallo   impugnado   y,  en  su  lugar,  se  “profiera  sentencia  estimatoria de sustitución, reemplazando el  fallo por uno absolutorio”.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

Dentro de la oportunidad legal prevista para  la  presentación  de  alegaciones  de  los sujetos procesales no recurrentes en  casación,  presentó  escrito  la  apodera  de  la parte civil acreditada en el  proceso,  a  través  del  cual  solicita no casar el fallo recurrido, en cuanto  encuentra  que dicha decisión fue adoptada conforme a derecho y a la prueba que  obra en la actuación.     

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Impera  precisar,  en  primer término, que el asunto que concita la  atención  de  la  Sala  sólo  permite  el  acceso  al  medio extraordinario de  casación  por  la  denominada  vía excepcional o discrecional, en virtud a que  analizadas  las diferentes normatividades procesales que han regulado el recurso  a  partir  de la fecha en que tuvo ocurrencia la conducta por la que se procede,  no permiten acudir a éste por la vía normal o tradicional.   

          En  efecto,  la conducta delictiva de constreñimiento ilegal que se  endilga  al  procesado  tuvo  ocurrencia  el  26  de  enero de 1998,          momento en el  cual  se  encontraba  vigente  el  Decreto  2700  de  1991,  cuyo artículo 218,  reformado  por  el  35  de  la  Ley  81  de 1993, restringía la procedencia del  recurso  extraordinario de casación “por los delitos  que    tengan   señalada   pena   privativa   de   la   libertad   cuyo   máximo   sea   o   exceda  de  seis  (6)  años”;   no  obstante  que en el inciso  tercero  de  la  misma  preceptiva se consagraba  la figura de la casación  discrecional  o  excepcional,  a través de la cual se otorgaba la facultad a la  Corte  Suprema  de Justicia de aceptar el recurso “en  casos      distintos      a      los      arriba      mencionados”.   

En  tales condiciones, el requisito punitivo  para  acceder  al  medio  extraordinario  de  impugnación  no  se  cumplía  en  tratándose  del  delito  en  mención,  cuya  pena  máxima,  de acuerdo con el  artículo  276  del  Decreto  Ley 100 de 1980, era de dos (2) años de prisión,  pero  tampoco  se  satisface  ahora, dado que la misma conducta, que se sanciona  actualmente  en  el  artículo  182  de  la  Ley 599 de 2000, tampoco supera ese  monto, al prever una pena máxima igual.   

          Menos  aún  resulta  viable  el  recurso extraordinario por la vía  tradicional  con las legislaciones procesales ulteriores, en tanto incrementaron  el referido requisito de la punibilidad.   

En  efecto,  la  Ley 553 de 2000 tornó más  compleja  la situación, habida cuenta que, de conformidad con su artículo 1°,  el   medio   extraordinario   de   impugnación  se  previó  para  “los   delitos   que   tengan   señalada  pena  privativa  de  la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años”  (negrillas fuera de  texto),  condicionamiento  que  se  reprodujo  en  el 205 de la Ley 600 de 2000,  manteniendo la casación discrecional.    

De  lo expuesto en precedencia, se desprende  que  en  el  asunto  objeto  de  estudio  no se cumple con los presupuestos para  acceder  a la impugnación extraordinaria mediante la vía común, de suerte que  para  ello  sólo  se  contaba  con  la  posibilidad dispuesta por la denominada  casación  discrecional  o  excepcional, pero que siempre, y en todas las normas  que  han  regido  desde el momento de comisión de la conducta, resulta viable a  condición  de  que  la  Sala “lo considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales”  y  en  la  medida en que el actor la  persuada                                  en                                 ese  sentido.             

          En  tal  evento,  la jurisprudencia de la Sala ha venido sosteniendo  que  se  hace  necesario  que  el demandante exponga, así sea de manera sucinta  pero  clara,  qué  es lo que pretende con la impugnación excepcional, debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema jurídico  sobre  el  cual  considera se hace indispensable un pronunciamiento de autoridad  por parte de esta Corporación.   

En  ese  orden  de ideas, los argumentos que  deben  sustentar  la justificación han de estar dirigidos a orientar a la Corte  en  el  sentido  de hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal  que  si  se  trata  de  reclamar  la  garantía  de  un  derecho fundamental, al  casacionista  le  corresponde  precisar  los  derechos  que fueron desconocidos,  indicar   las   normas   constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación  que debe adoptarse para su salvaguarda. Y, si el motivo invocado  es  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  tendrá  que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición o precisión, sea porque es nuevo o porque  existen posiciones opuestas que deben ser unificadas.   

Así  las  cosas,  si  bien es cierto que el  demandante  atinó  al  interponer el recurso de casación excepcional, también  lo  es  que  en  la  demanda  se  sustrajo totalmente a la obligación que se le  imponía   de   persuadir   a   la  Corte  sobre  la  necesidad  de  obtener  un  pronunciamiento  indispensable  para  el  desarrollo  de  la jurisprudencia o en  procura de la garantía de los derechos fundamentales.   

En la demanda, como se patentiza de la breve  reseña  que  se hiciera de su contenido en acápite precedente, el defensor del  procesado   CARLOS  ALBERTO  TORRES  BRAND,  a  pesar de ser consciente que la vía excepcional procede en los  eventos  señalados,  pues  así  lo plasmó al inicio del libelo, nada refirió  sobre  ese  particular,  limitándose  a formular tres cargos con sustento en la  causal  primera de casación prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial, a través de los cuales expone  supuestos  yerros en la apreciación probatoria del sentenciador, temáticas que  no  relaciona,  ni  tampoco  así se infiere, con alguno de los motivos aludidos  que  franquea el acceso al recurso extraordinario de casación por la denominada  vía excepcional o discrecional.   

Esta  actitud  asumida  por el actor deviene  inane  frente  a  los  propósitos  de  la casación excepcional, pues uno es el  cargo  que  se  formula  dentro del marco de una determinada causal y otro es el  motivo  que  justifica  la  necesidad  de  ejercer la facultad discrecional para  posibilitar el acceso a la impugnación extraordinaria.   

Lo  expuesto  se  traduce  en que la demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  el  cargo formulado contra el fallo de segundo grado atacado se ajusta a los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación  que  se  exigen  para su  admisión.   

         

          Si  ello  es  así,  como  en  efecto  lo  es,  la  conclusión  que  razonablemente   es  la   de  inadmitir  la  demanda,  de  acuerdo  con  la  consecuencia  procesal señalada por la ley en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   Además,  porque  no se advierte que dentro del presente trámite o  en  la  sentencia se hubiera incurrido en violación de garantías fundamentales  que  reclame  su  intervención  oficiosa  en  los  términos  previstos  en  el  artículo         216        ibídem.      

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de  CARLOS  ALBERTO TORRES BRAND, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión    de  servicio   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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