22159(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 22159  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 181  

Bogotá D. C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007).   

V I S T O S  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  PEDRO  FRANCISCO  VALENCIA CASTRO contra la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de Cali el 5 de septiembre de 2003,  mediante  la  cual confirmó la condena impuesta al mencionado procesado el 3 de  junio   del   mismo   año   por   el   Juzgado  Trece  Penal  del  Circuito  de  Cali.   

H E C H O S  

Se resumieron por el ad quem de la siguiente  manera:   

“Dio   vida  jurídica  a  la  presente  investigación  el  informe  en el que se precisa la  captura  del señor FRANCISCO VALENCIA CASTRO, siendo policiales captores el SI.  JOSE  JULIAN  SERNA  DIAZ  y  el  agente CARLOS PALACIO RAMIREZ. Sí, lo que nos  dicen  es  que,  el  día  11  de  Agosto  del año próximo pasado (2002),  siendo  aproximadamente las 12:50  horas  pasado  el meridiano, en momentos en que cumplían labores de rutina a la  altura  de  la  calle  19  frente al inmueble demarcado con el número 30-09 del  barrio  Sante  Elena de esta comprensión municipal, pudieron observar cuando el  señor  PEDRA  FRANCISCO  VALENCIA  CASTRO,  al  notar  la  presencia  policial,  escondió  “algo” en un hueco al lado de un árbol que en esas condiciones a  lo  que  se procedió fue a verificar de qué se trataba, constatándose que era  un  paquete  pequeño  en  envoltura  de  cinta  color café en cuyo interior se  hallaron  veinte  (20)  papeletas elaboradas a base de una sustancia polvorienta  color  habano,  la  cual se identificó como bazuco en proporción de 2,5 gramos  netos, luego del cotejo realizado por perito asignado.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.-  Cumplida  la  instrucción,  mediante  resolución  del  28  de  noviembre  de 2002, la fiscalía acusó a VALENCIA   CASTRO   como  presunto  autor  responsable  de  punible  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes,  bajo   la   modalidad  de  “conservar”  droga  que  produce  dependencia, la cual quedó en firme el 12 de  diciembre siguiente.   

2.-  Rituado  el  juicio  hasta  culminar la  audiencia   pública,  el  Juzgado  Trece   Penal  del  Circuito  de  Cali,  profirió  fallo el 3 de junio de 2003, mediante el cual condenó a PEDRO  FRANCISCO  VALENCIA  CASTRO,  a las  penas  principales  de  48  meses  de  prisión  y multa de $618.000, como autor  responsable  del delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, en  la   modalidad   de  “llevar  consigo”  sustancia  estupefaciente  conocida como bazuco, a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso 50 meses, y le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

4.- La sentencia fue apelada por la defensa y  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  con  fallo  del  5  de septiembre de 2003, lo  confirmó    en    su    integridad,    decisión  ésta  que  ha  sido objeto del recurso extraordinario de  casación   por   parte   del  defensor,  cuya   admisibilidad   ocupa   a   la  Sala.       

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Dos  cargos  se  formulan  por el demandante  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente manera:   

1.- Al amparo de la  causal  primera  de  casación,  el  demandante  formula  contra la sentencia el  primer  cargo por violación  directa  de  la  ley  sustancial, por “grave falta de  imparcialidad  del  funcionario  en  la  búsqueda de la prueba”, la  cual  sustenta  en  que: i)  Se  omitió  cumplir  con  una  investigación  integral  tanto de  lo   favorable  como  de  lo  desfavorable  a  los  intereses  del  acusado  (artículo  20  ley 600 de 2000), a pesar de que ello se solicitó, y por tanto,  no  se  comprobó  la  posesión,  ni  la  declaración del testigo y tampoco se  estableció  la  forma  de  ejecución  del delito; ii)  No  se  practicó  la  inspección judicial solicitada  para  comprobar  que en el lugar de los hechos no hay ningún árbol, por lo que  aflora  la  duda  que  ha  debido  resolverse a favor del procesado (artículo 7  ibídem);  iii) No hay prueba  de  la  responsabilidad  del  acusado  y  se  omitió  valorar su buena conducta  anterior  que  debe  ser  presumida, amén de que no tiene antecedentes penales,  según   constancias   procesales;   iv)  Se   viola   el   artículo  232  del   Código   Procesal   Penal   porque   “con  un  solo  testimonio  demuestra  el  cuerpo del delito y la responsabilidad del sindicado;  no  se dan las condiciones mínimas, para decir que ese bazuco que consiguió el  policía   era   del   procesado”;   v)  La  “mentira  de  un  policía”  fue  suficiente  para dar por  demostrado  el  cuerpo  del  delito,  con  lo  cual  se  omitió estructurar los  elementos  constitutivos  del  punible y se violó el artículo 399 del C. de P.  Penal  que prescribe que la duda debe resolverse a favor del procesado, amén de  señalar  que  el  juicio es nulo porque no se dio cumplimiento al artículo 401  de  la  ley  600  de  2000  y  porque  el  juez  hizo  de fiscal en la audiencia  pública.         

Además, cuestionó el proceder de todos los  funcionarios   que   intervinieron   en   el  proceso,  a  quienes  califica  de  negligentes,  excedidos  de  poder,  apartados  de  la  ley,  de  sus  deberes y  obligaciones,  y hasta de prevaricadores; además, comenta aspectos relacionados  con  la  supuesta “expulsión” del fallador a quo, por mal comportamiento, a  quien el ad quem cubrió con su poder.   

2.-   Y   como  cargo  segundo,  plantea  el  casacionista  que  la  sentencia  se  dictó  en  un  juicio  viciado de nulidad  “derivada  de  la  total  ausencia  de DEFENSA DE MI  PATROCINADO  EN  EL  PROCESO”,  insistiendo en que no  hubo  una  investigación  integral,  ya  que la inspección judicial solicitada  para   descubrir   la   farsa   de   los   testigos  y  hacer  justicia,  no  se  decretó.   

Con  base  en  lo  anterior, solicita que se  invalide  la  sentencia  atacada  y  se ordene devolver lo actuado al juzgado de  conocimiento   o   a  la  fiscalía  para  que  “vuelva  a  empezar  desde  la  indagatoria”.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

La demanda de casación, como se sabe, no es  un  escrito  de  libre  formulación  en  el  que puedan plantearse todo tipo de  inquietudes,   perplejidades,   contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  el  actor  o  le  suscite el fallo de segunda instancia, sino que debe  cumplir  con  las exigencias de logicidad, coherencia y demostración necesarias  a  fin  de  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad con que las  sentencias  acusadas  arriban  a esta sede extraordinaria, razón por la cual la  ley  establece  los  requisitos  que  forzosamente debe cumplir el casacionista.   

Ahora,  no  se olvide que cuando se postulan  las  diversas  censuras  legalmente  establecidas para la casación, se debe dar  cumplimiento  por  el  demandante  a  los  principios de autonomía y prioridad,  según   los   cuales  cada  uno  de  los  reproches  deben  ser  presentados  y  desarrollados  en  forma  separada, teniendo en cuenta que si  uno de ellos  se  dirige  contra  la  validez  del proceso, se impone su formulación en forma  principal,  como que el alcance de esta causal, es mayor que el de las otras dos  y  esto exige que tanto su selección por el demandante como la revisión que de  ella  haga  la Corte, se realicen en primer lugar. Principio que rige así mismo  respecto  de  las  otras  censuras, pues no es viable proponerlas en igualdad de  condiciones  ni  mezclarlas simultáneamente dentro del mismo cargo, sino que se  debe  disponer  un orden de preferencia de acuerdo con la mayor cobertura que en  cada caso la eventual invalidez de la actuación implique.   

Así  las cosas, emprende la Corte el examen  del  libelo  acorde  con  los  alcances  de  los  cargos  aducidos,  en su orden  correspondiente.   

1.-           Cargo  segundo:  Nulidad  del juicio por  vulneración del derecho a la defensa.   

No   obstante   aducir,  inicialmente,  el  demandante,  que  la  nulidad  emerge  por  “la total  ausencia  de  defensa  de su patrocinado”, desarrolla  el  cargo  con  fundamento  en  que  no  se practicó la inspección judicial al  teatro  de  los  acontecimientos  a fin de desenmascarar “la mentira” en que  incurrieron  los  testigos  y hacer justicia, pese a la solicitud insistente que  en tal sentido hiciera.   

Oportuno  resulta  señalar,  que la Sala ha  puntualizado  que  si bien la acreditación de la causal tercera de casación es  menos  exigente  que  la  demostración  de las otras causales, lo cierto es que  impone  al demandante proceder con precisión, claridad y nitidez al identificar  la  clase  de  irregularidad sustancial que determina la invalidación, plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los preceptos que considera conculcados y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Las  violaciones  al  derecho  a  la defensa  pueden  tener  en  el  proceso  diversas  manifestaciones, que necesariamente se  traducen  en  un perjuicio sustancial a la situación de la persona investigada,  por  ejemplo cuando se obstaculizan los actos de defensa material o técnica por  parte  de los funcionarios judiciales, esto es, la negación de oportunidades de  defensa  dentro  de los espacios y tiempos que la ley procesal establece para su  ejercicio;  o  cuando  el  sindicado  permanece  durante  el  desarrollo  de  la  actuación  o parte importante de ella desprovisto de un abogado que se encargue  de  hacer valer sus derechos; o cuando, no obstante la designación formal de un  profesional  del  derecho,  contractual, de oficio o de la defensoría pública,  su  silencio  frente al devenir procesal no puede entenderse como una estrategia  defensiva,  fincada  en una actitud pasiva, discreta y vigilante, ninguna de las  cuales fue esgrimida ni demostrada por el casacionista.   

Es del caso resaltar que la defensa técnica  y  material  se  ejerce  a  partir  de  la  vinculación  del procesado mediante  indagatoria  o  declaratoria  de persona ausente, pues solo a partir de entonces  se  considera  sujeto procesal al vinculado, que es a quien debe garantizársele  tal  derecho fundamental (artículos 29 de la Constitución Política y 126, 127  y 129 de la Ley 600 de 2000).   

Ahora,  la  doctrina  de la Sala enseña que  solamente  la  carencia absoluta de defensa técnica da lugar a la anulación de  lo  actuado, con miras a que dicha garantía de orden constitucional y legal sea  respetada:”  la  violación  al  derecho  de  defensa  técnica  o  profesional  que  inexorablemente  conduce  a  la invalidación del  proceso  es  aquel  absoluto  estado  de  abandono  o  indefensión  material  o  sustancial  y  no  meramente  procesal  en  que  se deje a un imputado, de donde  resulta  así necesario no solamente que la falta de defensa sea efectiva, en el  sentido   señalado,  sino  además  total,  es  decir,  que  sea  ostensible  y  manifiesto  el  vacío  defensivo, que conduzca a un extremo mayor e intolerable  la  reducción  de  las  posibilidades  de defensa y que tal mengua sea la causa  determinante   de   un   perjuicio   concreto   para   quien   la   misma   debe  garantizarse.”    1   

De acuerdo con la revisión de lo actuado, se  tiene   que   desde  la  injurada  rendida  por  PEDRO  FRANCISCO  VALENCIA  CASTRO, éste designó defensor de  confianza  que lo asistió, se notificó de las resoluciones mediante las cuales  se  resolvió  la situación jurídica, se decretó el cierre de la instrucción  y  se  le  acusó,  siendo  que  ya  en  juicio  otorgó  poder  a  otro abogado  – un hermano –  que  ejerció  su defensa, inclusive  con  posterioridad  al fallo de primera instancia, al apelarlo, y luego designó  un    defensor    suplente    que    fue   quien   presentó   la   demanda   de  casación.   

Así las cosas, extraña, por decir lo menos,  la  atestación  del  demandante  al  pregonar  que  su  patrocinado ha carecido  totalmente  de defensa, pues lo que el expediente arroja es todo lo contrario, y  si  por  circunstancias  relacionadas  con  la  actitud  del  defensor principal  –  quien  abandonó  la  primera  sesión  de  la  audiencia  pública  celebrada  -,  hubo  necesidad de  reemplazar  a  éste  por  un  defensor  oficioso,  lo  cierto es que sin que el  último  hubiera  intervenido,  no  obstante  haber  asistido a la sesión de la  vista  pública  siguiente en la que le correspondía hacerlo, aquél retomó su  encargo  y  fungió  como  procurador  judicial  del  acusado,  siendo  entonces  evidente  que  jamás  el  acusado  ha  estado  huérfano  de  defensa,  como se  señala.   

Ahora,  cuando  la  nulidad  se vincula a la  vulneración  del  derecho  de  defensa,  por  desconocimiento  del principio de  investigación  integral  –  como  acontece  en  el  caso  concreto  -, porque los funcionarios judiciales no  decretaron   o   dejaron   de   practicar  algunas  pruebas,  para  la  correcta  formulación  de  la censura corresponde al demandante ocuparse de: i)  especificar  cuáles  son  aquellos  medios  probatorios cuya ausencia extraña; ii)   explicar  razonadamente  que  tales  medios de convicción eran procedentes, conducentes y  factibles     de     practicar;     iii)  advertir  el  contenido material de las  pruebas  omitidas,  en  cuanto  esté  a  su  alcance, para brindar a la Sala la  oportunidad  de  confrontar  el  aporte de aquellos elementos de convicción con  las  motivaciones  del  fallo  y  así  poder  concluir  si  en  realidad se han  vulnerado   las   garantías   fundamentales   del   procesado;  y  iv) establecer de  qué  manera  las  pruebas  dejadas  de  practicar, tenían capacidad de incidir  favorablemente en la situación del procesado.   

En  cuanto  a la  trascendencia  del  vacío  dejado  por  la prueba cuya práctica se omitió, es  preciso  recordar  que  la  posibilidad  de  declarar la nulidad no deriva de la  prueba  en  sí misma considerada, sino de su confrontación lógica con las que  sí  fueron  tenidas  en  cuenta  por  el  sentenciador  como soporte del fallo,  “para  a  partir de su contraste evidenciar que las  extrañadas,   de   haberse    practicado,   derrumbarían   la  decisión,  erigiéndose  entonces  como  único  remedio  procesal  la  invalidación de la  actuación  censurada  a  fin de que esos elementos que se echan de menos puedan  ser  tenidos  en cuenta en el proceso.” 2.   

Sobre  tal  requisito  la  demanda  resulta  infundada,  pues  apenas contiene la afirmación del libelista en el sentido que  se  ha  generado una nulidad por menoscabo del derecho a la defensa, por haberse  dejado  de  practicar  una  prueba que señala como trascendental, pero omite la  construcción  lógica  de  las  premisas  de  las  que supuestamente dimana tal  conclusión,  mucho  menos  ello se acredita al señalar que con su aducción se  haría  justicia,  porque  indudablemente  que  tal presunción en manera alguna  tiene  la  entidad  necesaria para desvirtuar el poder suasorio de los medios de  convicción  que  sirvieron  de  base  para  fundamentar  el  fallo  de  condena  cuestionado,    lo  que  evidencia  el  vacío  en  la  argumentación  del  casacionista,   en   cuanto   a   la   lógica  del  recurso  extraordinario  se  refiere.   

2.-  Cargo primero: Violación directa de la  ley sustancial.   

Bajo esta censura, el actor enfila su ataque  contra  la  sentencia  sin  aducir  el  yerro  en que supuestamente incurrió el  juzgador,  de no ser porque, según la demanda, con la sentencia se cometió una  “grave  falta de imparcialidad del funcionario en la  búsqueda   de   la   prueba”,  que  desarrolla  con  argumentaciones  relacionadas  con  la  necesidad de la práctica de una prueba,  con  improperios  acerca de la actuación de los funcionarios que conocieron del  proceso  y  con  la valoración que de las pruebas se hizo, según lo brevemente  resumido  con  antelación,  de  donde  surge evidente  el   desconocimiento  del  actor  de  los  derroteros  de coherencia,  concreción  y  logicidad  que  gobiernan  el recurso  extraordinario.   

Y  es  que  siendo  la casación el recurso  consagrado  para  cuestionar  la  constitucionalidad  y legalidad del fallo y no  para   revivir   los   debates  probatorios  de  unas  instancias  ya  superadas, todas las inquietudes del actor deben canalizarse por  causales   taxativamente   dispuestas   en  el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  sin  que  sea  suficiente  para  tal  propósito  la mera  invocación de las mismas.   

Cuando  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  se  trata, que es la vía escogida para censurar el fallo de segundo  grado,  no  resulta  posible  controvertir  la  apreciación  que los juzgadores  hicieron  de  la  prueba  en  la  sentencia,  ni  los  hechos  que se declararon  demostrados  en ella, puesto que esta forma de infracción presupone conformidad  absoluta  con  dichos  aspectos  y,  por  tanto, el debate debe ser de contenido  estrictamente  jurídico,  no  probatorio,  y  debe  necesariamente  abordarse a  partir  del  supuesto de que los juzgadores acertaron en la demostración de las  conclusiones  fácticas,  pero  se  equivocaron  al  determinar  la  valoración  jurídico  sustantiva  del  asunto,  bien porque aplicaron una norma equivocada,  porque  dejaron  de  aplicar  la  correcta,  o  porque  habiendo  acertado en su  selección,   le   dieron   un   significado   distinto   del   que   legalmente  corresponde.    

En un caso como el presente, donde los jueces  de  instancia  sopesaron el caudal probatorio y racionalmente concluyeron que el  acusado   VALENCIA   CASTRO  intervino  dolosamente  en la comisión del tráfico, fabricación  o porte  de  estupefacientes,  no  es  correcta  la postulación del cargo por violación  directa  de  la  ley sustancial dentro del cual deben aceptarse los hechos y las  pruebas  como  fueron valoradas por el ad quem, para enseguida protestar por las  inferencias  que  hizo tomando como base esos medios de convicción, por haberse  dejado   de   aplicar  el  in  dubio  pro  reo  y  por  dejar  de  realizar  una  investigación   integral   ante   la   no   práctica   de   una   prueba   que  solicitó.   

Peor aún cuando, indistintamente, dentro del  mismo  cargo amparado en una violación directa, se formula por el demandante la  nulidad  de  lo  actuado, como  aquí  se  hace  por  el  actor,  con  total  desprecio  por  los  principios de  autonomía   y   no   contradicción,   desatendiendo,   además,  la  claridad,  precisión,   coherencia  y  demostración  lógico  jurídica  que  los  yerros  atribuidos  a  la  sentencia  demandan  en  casación,  emergiendo insalvable la  inadmisión del señalado cargo.   

Ahora,  si  bien  es  cierto  la  falta  de  aplicación   del   principio   in   dubio   pro  reo  puede  formularse por la vía de la violación directa  de  la  ley  sustancial,  ello  procede  siempre  que  en  la  motivación de la  sentencia  los  jueces de instancia reconozcan la existencia de la incertidumbre  sobre  la  materialidad  del  delito  o la responsabilidad del procesado, y, sin  embargo,  en  la  parte resolutiva de la decisión condenen, asunto por completo  ajeno al caso de estudio.   

Reiteradamente  ha sido dicho por la Corte,  que  la  casación  no  es  instancia adicional en la que puedan ser presentados  informalmente   argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación  del juicio donde resulte posible  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico  propio  del  trámite regular del  proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia  y  demostración  de haber sido transgredida la ley con el fallo. Y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  establecidos por el artículo 212 del Código de procedimiento penal  a  fin  de  que  pueda  ser admitido por la Corte, entre los que se encuentra la  obligación  de  presentar  en forma clara y precisa los fundamentos fácticos y  jurídicos  del  motivo  de  casación que se aduce, pues es de  entenderse  que  cada  una  de las causales susceptibles de invocarse en sede extraordinaria  responde  a particulares características y que su configuración trae aparejada  consecuencias de diversa índole para el proceso.   

En  el  caso analizado ninguno de los cargos  propuestos  contra  la  sentencia impugnada logra cumple las exigencias básicas  para   dar  cabida  al  recurso  extraordinario,  pues  la  falta  de  claridad,  precisión  y  de  debida  sustentación,  son el elemento común en los reparos  formulados.  Las  inconsistencias  de  fundamentación  y  técnicas  son de tal  magnitud  que  impiden  establecer  el verdadero alcance de la impugnación y el  cabal  entendimiento  de  la pretensión del impugnante, lo que determina que el  libelo  no  pueda  ser  admitido  al  trámite con miras a un pronunciamiento de  fondo.   

Siendo entonces ostensibles los defectos que  acusa   la  demanda,  como  se  deja  expuesto,  y  no  siendo  del  resorte  de  la  Corte  corregirla  por  virtud  del principio de limitación que rige su actuación, lo procedente será  inadmitirla,   declarar  desierto  el  recurso  y  ordenar  la  devolución  del  expediente  al  despacho  de origen, conforme así lo establece el artículo 213  de la ley 600 de 2000.   

Esto último, por cuanto que de la revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa violación de garantías fundamentales que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la Sala.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.-  INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   en  nombre  del  procesado  PEDRO   FRANCISCO   VALENCIA  CASTRO.  En  consecuencia    se    DECLARA   DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

COMUNÍQUESE,    CÚMPLASE y devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                           JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                            JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación 15/12/2000. Rad. 15491.   

2 Auto  12/03/2001. Rad. 16463.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *