27108(03-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 27108  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 63   

Bogotá,  D.C.,  tres  de  mayo  de  dos  mil  siete.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado JOHN MARIO  ESCUDERO  OSPINA,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Manizales, el 8 de noviembre de  2006,  confirmatoria  de la emitida el 19 de enero del mismo año por el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  esa  ciudad,  en la cual se condenó al  acusado  a  la pena principal de 37 años y 4 meses de prisión y multa de 6.666  salarios  mínimos  legales  mensuales,  como  coautor  del  delito de secuestro  extorsivo  agravado.   Allí  mismo  se  decretó  la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por un  lapso  de  20 años, se ordenó el pago del equivalente a cien salarios mínimos  legales  mensuales,  a favor de la víctima, por concepto de perjuicios morales,  fue  determinado  el  comiso definitivo de la motocicleta de placas HIN 20, y se  negaron  al  procesado  los  subrogados  de  la  suspensión  condicional  de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

HECHOS  

En  el fallo atacado, se narró lo ocurrido,  de la siguiente forma:   

“Dio  a  conocer   el señor FABIO DE  (sic)  MONTOYA  RESTREPO  el  plagio  de su hija MARIBEL MONTOYA RAMÍREZ, de 13  años  de  edad,  ocurrido  en  la  noche  del  18  de mayo de 2005, en la finca  Linares,  vereda  La Clara, fracción municipal de Supía, cuando dos individuos  con  embozo y exhibiendo un revólver, intimidaron a los moradores de la finca y  alzaron  con  la menor. Exigieron ocho millones de pesos, que debían entregarse  en   el  plazo  de  dos  días,  so  pena  de  atentar  contra  la  vida  de  la  plagiada.   

“Personal  de policía del Grupo Gaula  de  Caldas,  tres días después, montó un operativo mediante el cual se logró  interceptar   a  los  dos  captores, quienes no atendieron la voz de alto y  respondieron  con  disparos,  dejando  abandonada  a  la  menor  al  pie  de  la  motocicleta  en  que  se transportaban. MARIBEL tenía los ojos vendados con una  funda  de  almohada  y  los  secuestradores  lograron  evadir  el  cerco  de los  policiales.   

“Al  día  siguiente,  un  sujeto con ropa  húmeda  y  zapatos  embarrados,  se  presentó  a reclamar la moto, y luego del  interrogatorio  que  le  formulara  el  sargento  William Gutiérrez, reconoció  haber  participado  en  el  secuestro.  Se  ofreció  incluso  para llevar a los  agentes a la finca donde había estado la niña.”   

   

DECURSO  PROCESAL   

    

         Previa  solicitud de la fiscalía,  con fecha del  22  de  mayo  de  2005, el Juzgado Promiscuo Municipal de La Merced, Caldas, con  funciones  de  control  de  garantías, adelantó las audiencias preliminares de  legalización de captura y formulación de imputación.   

         Allí,  declaró  ilegal  la captura del procesado, por entender que ella no ocurrió en  flagrancia.  A  renglón seguido, permitió la imputación, que se verificó por  el  delito  de  Secuestro  extorsivo agravado, contenido en los artículos 169 y  170  del C.P., modificados, respectivamente, por los artículos  3° y 4°,  de  la  Ley  733 de 2002,  aceptando el allanamiento a cargos efectuado por  el  imputado,  no obstante significar este y su defensor, que ello se encontraba  condicionado  a  que  se tuviese en cuenta la causal de atenuación dispuesta en  el  artículo  171  ibídem,  modificado  por  el artículo 4° de la ley 733 de  2002.   

        Concluidas  estas dos diligencias, una vez accediera a la libertad el procesado,  producto  de  la  declaratoria  de  ilegalidad  de  su  aprehensión,  el fiscal  solicitó  de  la  titular del despacho, expidiese orden de captura en contra de  JOHN MARIO ESCUDERO OSPINA.   

       Entendiendo  cubiertas  las exigencias formales y materiales que soportan lo pedido, la Jueza  de control de garantías expidió la orden de captura.   

     Obtenida la aprehensión  del  procesado,  el   23 de abril de 2005, se llevaron a cabo, ante el Juez  Segundo  Promiscuo  Municipal  de Supía, Caldas, las audiencias preliminares de  legalización     de     captura     e    imposición    de    medida    de  aseguramiento.   

      En   curso  de  estas  diligencias,  el  funcionario  declaró  legal  la  aprehensión  del procesado,  ocurrida  consecuencia  de  la  orden  librada  por  su  homóloga del municipio  de   La  Merced.  A su vez,  acepta lo solicitado por el fiscal e  impone  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento  carcelario,  en  disfavor  del  imputado,  en  decisión  que  no  fue objeto de  impugnación a través del recurso de apelación.    

      Acorde con el  allanamiento   a  cargos  operado  en  la  audiencia   de  formulación  de  imputación,  la  fiscalía  presentó escrito de acusación pare efectos de que  se  adelantase  la  correspondiente  audiencia  de  individualización de pena y  sentencia.   

      No  obstante,  en  la  audiencia  convocada  para  el  efecto  por  el  Juzgado Penal del Circuito  Especializado  de  Manizales,  Caldas,  el uno de julio de 2005, el procesado se  retractó   del   allanamiento,  en  manifestación  que  fue  aceptada  por  el  funcionario  quien,  en consecuencia, ordena devolver las diligencias al fiscal,  para efectos de que se ciña al trámite ordinario del asunto.   

      De conformidad con  lo  anterior, de nuevo el fiscal presentó escrito de acusación, pero dentro de  la   tramitación   ordinaria,   buscando   se   diera   comienzo   a   la  fase  enjuiciatoria.   

      De  esta  manera,  el   28  de  julio  de 2005, el Juzgado Penal del Circuito Especializado de  Manizales,  Caldas,  adelantó la audiencia de formulación de acusación, en la  cual   la  fiscalía  atribuyó  al  procesado participación, a título de  coautor,  en  el  delito de secuestro extorsivo agravado, de conformidad con los  cargos  que  fueran  presentados  desde  la  misma  formulación de imputación.   

    En curso de la diligencia,  el  defensor  solicitó  se  anulase  lo  actuado  a  partir  de la audiencia de  formulación  de  imputación, por entender violados el debido proceso y derecho  de  defensa.  La  solicitud  fue  resuelta  negativamente,  motivo  por  el cual  interpuso  el  profesional  del  derecho, recurso de apelación, mismo que fuera  concedido,   ordenándose  la  suspensión  de  la  audiencia,  hasta  tanto  se  obtuviese el pronunciamiento de la segunda instancia.   

        Acorde  con  ello,  el 11 de agosto de 2005, se realizó el debate en segunda instancia,  luego  del  cual,  la  correspondiente  Sala  de  Decisión  Penal  del Tribunal  Superior de Manizales, confirmó en su integridad el auto apelado.   

      El 29 de agosto de  2005, se culminó la audiencia de formulación de acusación.   

    El 10 de octubre de 2005,  tuvo  lugar la audiencia preparatoria. En ella, el defensor solicitó se negaran  algunos  testimonios   y  se  excluyeran  otros tantos elementos materiales  probatorios.  La solicitud fue denegada, interponiéndose recurso de apelación,  de  inmediato  concedido,  razón  por  la cual se decretó la suspensión de la  actuación.   

        El  3  de  noviembre  de  2005,  se  pronunció  la  Sala  de  decisión Penal del Tribunal  Superior   de   Manizales,   así:   “…confirmar  parcialmente  la  decisión  en el sentido que no se excluyen la funda y la  moto  de  placas HIN-20 de propiedad del acusado y se revoca en cuanto que tiene  que  ver  con la negativa de no excluir la sabana (sic) con impresión de flores  hallada en la finca “El Prado”, cuya exclusión se ordena.”   

       El  29  de  noviembre de 2005, se culminó la audiencia preparatoria.   

     El  22  de  diciembre de  2005,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de Manizales, resolvió  solicitud  de  libertad  por  vencimiento  de  términos incoada por la defensa,  rechazándola  por entender que la dilación operó consecuencia de los recursos  interpuestos   por   la   defensa.  Allí,  el  defensor  interpuso  recurso  de  apelación, de inmediato concedido.   

     El  Tribunal Superior de  Manizales,  Sala  de  Decisión  Penal, en audiencia celebrada el 25 de enero de  2006, confirmó lo decidido por el A quo.   

       El 4 de  enero  de  2006,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia  del  juicio oral. Allí se  practicaron  algunas  pruebas  solicitadas  por  la  fiscalía,  y  después  de  escuchar  el  alegato  de  cierre  de  la fiscalía, el Ministerio Público y la  defensa,  el  funcionario  anuncia  el  sentido del fallo, significando que este  será de carácter condenatorio.   

    El 19 de enero de 2006, se  realiza  la  audiencia  de lectura del fallo. Después de leerse la providencia,  el    defensor    interpuso    recurso   de   apelación,   el   cual   le   fue  concedido.   

     El 8 de febrero de 2006,  se  llevó  a cabo, ante la segunda instancia, la audiencia de sustentación del  recurso  de apelación.   

     Finalmente,  el  9  de  noviembre  de  2006,  se  celebró  la audiencia de lectura del fallo de segunda  instancia,     en     el     cual     decidió    el    Tribunal    “CONFIRMAR   la   sentencia   que   por  vía  de  apelación  ha  revisado”.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

Primer cargo  

Con amparo en la causal segunda, se ataca la  sentencia  de  haber  sido  proferida  en  un  proceso  viciado  de nulidad, con  desconocimiento  de  las  formas  propias del juicio y violación del derecho de  defensa.   

Al  efecto,  detalla  el  recurrente las que  estima  irregularidades  sustanciales  materializadas  a  lo  largo del proceso,  partiendo  por  advertir  cómo  el  suboficial  de  policía  ante  el  cual se  presentó  a  reclamar  la  motocicleta  el  procesado, procedió a interrogarlo  respecto  de  los  hechos, sin dotarlo previamente de defensor, pasando por alto  lo  dispuesto sobre el particular por los artículos 29 de la Carta Política, y  119 y 282 de la Ley 906 de 2004.   

De  igual  manera,  el  servidor público en  mención,  violó  lo  contemplado  en  los artículos 208 y 248 del C. de P.P.,  dado  que  no  recogió  y  embaló  los  zapatos  del  procesado, una vez se le  determinó  partícipe  en  el secuestro, ni registró adecuadamente el lugar de  los  hechos  “para  buscar huellas que coincidieran  con las de mi defendido” .   

Dentro  de  este  mismo  espectro  omisivo,  destaca  el  recurrente  cómo  al  pie  de  la  menor  rescatada, se halló una  motocicleta,  la  cual,  a  pesar  de  someterse  a  cadena  de custodia, no fue  examinada  por  peritos,  tratándose de un macroelemento, para luego fijarla en  fotografía  o  vídeo,  a  fin de presentar este en sustitución del velomotor,  durante  la  audiencia  del  juicio  oral  (arts.  205, 208, 213 y 256 del C. de  P.P.).   A  su  vez,  tampoco  se  fijaron  por  escrito  las entrevistas e  interrogatorios  realizados  a miembros de la comunidad, a través de los cuales  se  demostraba que el acusado era el propietario del aparato en cuestión (arts.  206 y 209 ibídem).    

Asevera también el recurrente, que se violó  el  artículo 237 de la Ley 906 de 2004, dado que el fiscal jamás presentó los  elementos   probatorios  ante  el  Juez  de  Control  de  Garantías,  para  que  “hiciera   revisión  de  legalidad”.   

Echa  de  menos  el  impugnante, igualmente,  actividad  efectiva del ente investigador a fin de descubrir la identidad de los  plagiarios    –huellas  digitales,  ADN,  reconocimientos  en  fila  de personas, fotografías, vídeos,  etc.-, con lo que se violan los artículos 251 y 252 del C. de P.P.   

Ello,  particularmente, debió hacerse en lo  concerniente  a  lo  declarado  por la joven Geny Johana Montoya Ramírez, quien  dijo  haber  reconocido  al acusado, a pesar de hallarse cubierto su rostro, por  las   “dinámicas”,  o  “características    morfológicas”.   

En  otro  orden  de  ideas, dentro del mismo  cargo  el  recurrente  señala  que  en  curso  de  la  audiencia  preliminar de  formulación  de  imputación,  celebrada  el  22  de mayo de 2005, se violó el  debido  proceso  y  se  desconocieron  las garantías del indiciado, dado que se  presentó  allí  como  testigo al señor William de Jesús Gutiérrez Rios, sin  que  el juez de control de garantías definiera en el interrogatorio si el mismo  “…estaba  conforme a las normas de orden público  que  rigen  la  investigación”.  Ello por cuanto la  información  entregada  por  el  fiscal  a  través del testigo fue ilegalmente  obtenida,  sin  que  pudiera,  en  consecuencia, inferirse razonablemente que el  imputado era autor o partícipe en el delito investigado.   

En igual sentido, se incurrió en violación  del  debido  proceso  porque al momento de interrogarse al imputado acerca de la  aceptación  de  los  cargos  presentados  por  el fiscal, la manifestación fue  positiva,  pero  acompañada  de  una  condición:  que  le  fuese reconocida la  atenuante  dispuesta  en  el  art.  171  de  la  Ley  599 de 2000, referida a la  liberación  voluntaria  de  la  víctima  dentro  de los 15 días siguientes al  secuestro.   

Con  la  aceptación  que  hizo  el  Juez de  Garantías,  del  allanamiento  propuesto, se violaron los artículos 293, 351 y  353  del  C.  de  P.P.  Mucho  más,  si  el  defensor  coadyuvó de viva voz el  condicionamiento introducido por su representado legal.   

Debió  el  Juez  de  Control de Garantías,  aduce  el recurrente, informar al imputado acerca de la imposibilidad de aceptar  condicionadamente  los cargos, junto con la posibilidad de realizar aceptaciones  parciales y llegar a acuerdos posteriores con la fiscalía.   

En  otro orden de ideas, también dentro del  primer   cargo   propuesto,  el  casacionista  advierte  varias  violaciones  de  garantías  fundamentales ocurridas en la audiencia del juicio oral, en desmedro  de  lo  consignado en los artículos 374, 378, 256, 276, 277, 23, 282, 359, 360,  379, 402, 437, 438 y 441 de la Ley 906 de 2004.   

La primera de ellas, sostiene, obedece a que  en  curso  de  la   audiencia del juicio oral, se presentó la declaración  jurada  y  escrita tomada a la joven Geny Johana Montoya Ramírez, hermana de la  víctima,  obviando presentarse a la declarante, con lo cual constituye el dicho  documento  una prueba de referencia prohibida, ya que la atestante se hallaba en  posibilidad de acudir a la diligencia.   

En  similar sentido, pese a que la fiscalía  significó   su  deseo  de  presentar  en  la  audiencia  del  juicio  oral,  la  motocicleta  incautada,  ello  no ocurrió, ni se fijó tampoco el macroelemento  en     fotografía     o    vídeo,    para    efectos    de    determinar    su  autenticidad.   

A  su vez, definido que el interrogatorio al  que  se sometió al acusado, previo a su captura, por parte del sargento William  Ospina,  es  nulo,  no  podía  citarse como testigo, en la audiencia del juicio  oral,  al  servidor  público  en  mención,  cuando  menos  en lo que toca a su  declaración  respecto  de lo confiado por el en ese momento indiciado, que debe  entenderse  propio  de  “conversaciones  sostenidas  entre  la  policía  judicial  y  el  imputado  en  la búsqueda de acuerdos por  aceptación   de  cargos  y  colaboración  con  la  justicia…”,  asunto  que  corresponde  a  la  prueba menesterosa de exclusión,  acorde con lo dispuesto en el art. 359 del C. de P.P.   

En  el  ítem  que  denomina  “AGRAVIO  SUFRIDO  POR EL RECURRENTE”,  el  casacionista asevera que su protegido legal fue afectado con la omisión del  juez  de control de garantías, pues, si se le informase adecuadamente sobre las  condiciones  de  la aceptación de cargos, hubiese comparado los efectos de ello  en  la pena, respecto de las posibilidades de condena en curso de   un  proceso  ordinario.  De  igual  manera, la forma ilegal en que el sargento de la  policía  obtuvo  la  inicial  información  de  intervención  en  los  hechos,  impidió  que  el  procesado  pudiese  negociar  con  la  fiscalía  en  mejores  condiciones,  con  posibilidad  de  aducir  a  su  favor  la  causal atenuatoria  establecida en el artículo 171 del C.P.   

En este sentido, lamenta el casacionista que  la  fiscalía  jamás  estuviese  dispuesta  a llegar a un acuerdo o negociar, a  pesar  de  que  prometió  al  acusado algunos beneficios por colaboración. Por  ello,  el  procesado debió retractarse en la audiencia de individualización de  pena  por  allanamiento  a cargos, buscando una nulidad que jamás se decretó y  en  consecuencia,  perdiendo  la oportunidad de obtener la sustancial rebaja por  acepta responsabilidad penal.   

A  su turno, si el fallador hubiese excluido  de  su  juicio  las  pruebas  obtenidas  ilegalmente,  la  decisión  emergería  absolutoria.   

Acorde con lo anotado, solicita el recurrente  se  case la sentencia, para efectos de decretar la nulidad desde al audiencia de  formulación de imputación, inclusive.   

SEGUNDO  CARGO   

Advirtiendo  también principal el cargo, el  recurrente  acusa  la  sentencia  de  hallarse incursa en la causal tercera, por  ocasión  de errores de derecho por “falso juicio de  legalidad    en    la    aducción    y    producción    de    la   prueba   de  referencia”.   

Al efecto, estimando que se pasaron por alto  los   artículos   6       –   principio  de  legalidad-,  7  –principio de presunción  de     inocencia-,     y     8     –derecho  de defensa-, significa el casacionista cómo en curso de la  audiencia  de juicio oral, se presentó un documento conteniendo la declaración  jurada  de  la  joven Geny Johana Montoya Ramírez, hermana de la víctima. Como  quiera  que  ese  elemento  probatorio  fue  admitido  por  ambas instancias, se  cometió  el error de derecho atrás significado, pues, se tomó por válida una  prueba  de  referencia  inadmisible,  de  conformidad con lo establecido por los  arts.  437,  438,  441, 374, 378 y 383 del C. de P.P., a más de que este no fue  un  medio  solicitado y decretado en la audiencia preparatoria. Incluso, agrega,  se  impidió  la controversia, dado que no se leyó la integridad del documento,  en curso el debate probatorio final.   

Debió  el  Tribunal,  en  seguimiento de lo  establecido  por  el  artículo  29 de la Carta Política, excluir este medio de  prueba,  que  se  entiende  haber  incidido en el fallo, pues  se le dio el  carácter  “…de  prueba  seria  y contundente que  sumada    a    los    indicios,    establecía    plena    responsabilidad   del  encartado”.  De  omitirse la prueba ilegal, advierte  el demandante, la sentencia hubiese sido absolutoria.   

En consecuencia, solicita se case totalmente  la  sentencia  recurrida  para,  en  su  lugar,  dictar nuevo fallo en el que se  absuelva al acusado.   

TERCER CARGO  

Fundado  en  la  misma causal invocada en el  cargo  anterior  y  significando  violados  los  mismos  principios rectores, el  casacionista  remite  de  nuevo  a las falencias que dice entrever en las tareas  investigativas  remitidas a la motocicleta hallada al lado de la víctima cuando  esta  fue  puesta  en libertad, esto es, que no fue objeto de examen de peritos,  tampoco  se  produjo  su  fijación  en fotografías o vídeo, ni mucho menos se  presentó  el  macroelemento en la audiencia de juicio oral, con lo cual, a más  de  obviarse  las  normas  que  regulan  el  tópico  probatorio, se impidió el  derecho   de   contradicción,   dejándose   de   lado,   igualmente,   el   de  inmediación.   

Advierte trascendente la violación, dado que  por  ocasión  de  ello  el  Tribunal,  admitió “lo  dicho  sobre  la propiedad de la moto por los testigos que declararon que era de  mi  defendido con lo cual se hizo inferencia de su participación en la conducta  punible  desplegada”.  Por virtud de ello, invoca el  recurrente,  se  case  totalmente  el fallo, para, en su lugar, emitir sentencia  absolutoria.   

CUARTO CARGO  

Inserto  igualmente  en  la  causal tercera,  falso  juicio de legalidad, el cargo, aunque en su presentación remite al mismo  elemento  probatorio  relacionado  en  el  anterior, ya después delimita que se  trata  del  valor  que se dio a lo declarado en la audiencia del juicio oral por  el  sargento  William  de  Jesús  Gutiérrez  Rios, planteando el mismo tipo de  críticas   esbozadas   en   el   desarrollo   del   primero   de   los  cargos,  fundamentalmente  basadas  en  el  hecho  de  que  este  depuso  respecto  de la  declaración  inicial que, sin la presencia de su defensor, hizo el acusado y en  razón de ello la prueba debe excluirse por su ilicitud.    

Sin referenciar el tópico concerniente a la  trascendencia  de  la  violación, el casacionista depreca se case totalmente la  sentencia   y   en   su   lugar   se   emita   fallo  absolutorio  a  favor  del  acusado.   

QUINTO CARGO  

Se  propone  como  subsidiario  “del  segundo,  tercero  y  cuarto respectivamente”  por  el  demandante,   por  entender  incurso  el fallo en la  causal  primera,  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por aplicación  indebida del art. 171 de la Ley 599 de 2000.   

Advierte el recurrente, sobre el particular,  que  se  incurrió en manifiestos errores de hecho por falso juicio de identidad  y de existencia.   

En   desarrollo   del  cargo,  asevera  el  impugnante  que  el  Tribunal, dentro del falso juicio de identidad, tergiversó  la  prueba  –no dice cuál  en  concreto-,  cuando  significó en la decisión atacada que la liberación de  la  menor  ocurrió  en  el momento en que esta era trasladada para entregarla a  cambio  del dinero exigido como rescate, agregando después que el regreso de la  víctima   al   seno   del   hogar  devino  consecuencia   de  la  efectiva  intervención policial.   

Con este mismo método argumental, el censor  referencia  que  el  Tribunal incurrió en un error de hecho por falso juicio de  existencia,  cuando  aseguró  que los captores buscaban obtener dinero a cambio  de  la liberación de la afectada, pero esta recuperó la libertad gracias a las  resultas del operativo y no por voluntad de los captores.   

A  renglón  seguido, delimita el impugnante  las  particulares  inferencias  que  hace  de la prueba recolectada, y de la que  debió  practicarse  en  su  sentir,  contrarias  a lo concluido por el Tribunal  sobre el tema específico de la liberación de la menor.   

Estima  el  impugnante  que  los  yerros  de  apreciación  probatoria  tuvieron  incidencia fundamental en lo decidido, pues,  de  no  presentares  ellos,  habría  operado  a  favor del acusado la causal de  atenuación  punitiva  regulada en el artículo 171 del C.P., en seguimiento del  principio   de   presunción   de   inocencia   y  su  correlato  In  Dubio  Pro  Reo.   

Consecuentemente con lo destacado, invoca el  casacionista,  se  case  parcialmente el fallo “para  en  su  lugar  revocar  la  sentencia de primer grado conformada (sic) por el ad  quem  en  todas sus partes, dictando nuevo fallo reconociendo las circunstancias  de atenuación punitiva  del art. 171 del Código Penal….”   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Previo  a examinar los cargos planteados por  el  casacionista  en contra de la sentencia objeto de impugnación, es necesario  destacar  cómo,  con  el  advenimiento  de  la  Ley  906 de 2004, se ha buscado  resaltar   la   naturaleza   de   la   casación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por los Tribunales, cuando quiera  que   se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado por el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

                   Precisamente,  en  aras  de  facultar efectivo el cumplimiento de tan caros propósitos, la Ley  906  de  2004,  faculta  a  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  de  la  potestad  de superar los defectos de que pueda  adolecer  la  demanda,  a efectos de que pueda emitirse pronunciamiento de fondo  –art.   184,   inciso  3°-.   

         Es  posible,  sin  embargo,  inadmitir la demanda si, como postula el inciso segundo  de  la  norma  citada:  “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Atendidos  estos  criterios, ha señalado la  Corte1:   

“De  allí  que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

“Por  lo  tanto,  sin  perjuicio  de  la  facultad  oficiosa  de  la Corte para prescindir de los defectos formales de una  demanda  cuando  advierta  la  posible  violación  de garantías de los sujetos  procesales  o de los intervinientes, de manera general, frente a las condiciones  mínimas de admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

“1.  Acreditación  del  agravio  a  los  derechos    o    garantías    fundamentales    producido   con   la   sentencia  demandada;   

“2.   Señalamiento  de  la  causal  de  casación,  a  través  de  la  cual  se  deja  evidente tal afectación, con la  consiguiente   observancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de  postulación propios del motivo casacional postulado;   

“3. Determinación de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

“De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

“a)  La  de  su  numeral 1º –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)  La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En  tal caso, debe tenerse en cuenta que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas  y  que  la  denuncia  bien sea de la  vulneración  del  debido  proceso  o  de las garantías, exige clara y precisas  pautas                 demostrativas2.   

“Del  mismo modo, bajo la orientación de  tal  causal  puede  postularse  el  desconocimiento del principio de congruencia  entre       acusación       y       sentencia3.   

“c)  Finalmente,  la  del  numeral 3º se  ocupa  de  la  denominada violación indirecta de la ley sustancial –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción4,     mientras    que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas   las  premisas  básicas  de  evaluación,  se  abordará  en  detalle la demanda de casación, de conformidad  con los cargos planteados por el casacionista.   

         

1-  Primer  cargo.  “Desconocimiento  del  debido  proceso  por  afectación  sustancial de su estructura o de la garantía  debida a cualquiera de las partes”.   

         

          Son  amplios  y  variados  los tópicos que en este apartado trajo a  colación  el  demandante,  unos  de  rango netamente procedimental, y otros con  claro acento probatorio.   

Respecto  de  los  segundos,  es  necesario  destacar   la   abierta   impropiedad    del   método   utilizado  por  el  casacionista,  pues,  sin detallar el carácter subsidiario de un cargo respecto  del  otro,  toma el mismo factor, irregularidades en la práctica o aducción de  la  prueba,  para  hacerlo  valer como generador de nulidad, dentro de la causal  segunda,  y  a  la  vez,  determinante de errores de derecho por falso juicio de  legalidad.   

Desde  luego  que  la facultad otorgada a la  Corte  para  subsanar  los defectos formales de la demanda, impone que se aborde  el  asunto, dada la reiteración y no empece la impropiedad, dentro de la causal  adecuada.   

Para  ello,  desde luego, se debe partir por  significar  que  la  consecuencia  de  la  impropiedad  en  la  aducción de las  pruebas,  de  demostrarse  efectivamente  materializada ella, no puede conducir,  como    lo   solicita   en   el   primer   cargo   postulado   el   casacionista,  a  que se decrete la nulidad de la actuación, pues,  específicamente  la  prueba  no remite a una actuación procesal que dentro del  principio  antecedente  consecuente, sirva de mecanismo de cierre de una etapa y  apertura  de  otra, a la manera de significar que, ocurrida la irregularidad, el  trámite  se  ha  viciado  y  es  necesario retrotraer la actuación para que se  subsane el yerro que irradia lo posteriormente ejecutado.    

     Y si, como postuló  el   recurrente,   se   advierte  de  algún  tipo  de  ilicitud  de   varios   de   los   elementos  suasorios,  o  ilegalidad  en  su  recolección  o  presentación, ello facultaría, como  también  tiene  establecido la Sala, que se dejara de considerar el elemento en  cuestión  para ver de verificar si con los demás se sostiene o no la sentencia  de  condena,  postulación,  reiteramos,  que  ha  de enfilarse por la senda del  error  de  derecho  y obliga del recurrente analizar la totalidad de la prueba y  los  fundamentos  concretos  del  fallo  para sustentar si  este puede o no  mantener el soporte condenatorio.   

      Esto ha dicho  la      Corte      sobre      lo      discutido5:   

      “…Como  lo ha precisado la Corte en variada jurisprudencia, los  vicios  predicables  de  la  aducción probatoria  no implican, de suyo, la  invalidación  de  todo  lo  actuado  en un determinado proceso, por más que se  invoque  como  infringido  el artículo 29 de la Carta Política, pues cuando en  esta  disposición  superior se prescribe que es nula de pleno derecho la prueba  practicada  con  violación  al debido proceso, es claro que se está refiriendo  al  fenómeno  de  la  inexistencia  de  los  actos  procesales,  cuyos  efectos  invalidantes  se  surten  sobre la prueba en sí misma, sin que fatalmente deban  trascender  al  resto  de la actuación, pues la solución político-jurídica a  este  tipo  de  irregularidades es su no apreciación como medio de convicción,  es  decir,  que  sin  que se requiera pronunciamiento judicial no puede producir  efecto  jurídico  alguno,  careciendo  de  poder  vinculante  en la actuación,  siendo,  por  tanto,  la causal primera la correcta para sustentar esta clase de  ataques,   debiéndose   demostrar  que  en  la  producción  de  la  prueba  se  desconocieron  los  requisitos  legales  para  su  validez  y  además,  que  de  descartarse para su valoración el fallo sería distinto”    

         Para  significar  la  posibilidad  de que el acopio de prueba ilícita genere  la  nulidad  del  trámite  procesal,  estableció  la Corte límites puntuales, del  siguiente  tenor6:   

“Pero además,  como  lo  sostiene la Corte Constitucional en la Sentencia C-591 de 2005, pueden  existir  ciertas pruebas ilícitas que generan como consecuencia la declaratoria  de  nulidad  de  la  actuación procesal y el desplazamiento de los funcionarios  judiciales  que  hubieren  conocido tales pruebas. A este género pertenecen las  obtenidas    mediante    tortura,    desaparición    forzada    o    ejecución  extrajudicial:   

“La  Corte  considera,  que cuando el juez de conocimiento se encuentra en el juicio con una  prueba  ilícita,  debe  en consecuencia proceder a su exclusión. Pero, deberá  siempre  declarar  la  nulidad  del  proceso  y excluir la prueba ilícita y sus  derivadas,  cuando  quiera  que  dicha prueba ha sido obtenida mediante tortura,  desaparición  forzada  o  ejecución  extrajudicial. En efecto, en estos casos,  por  tratarse  de  la  obtención  de  una prueba con violación de los derechos  humanos,  esta circunstancia por si sola hace que se rompa cualquier vinculo con  el   proceso.   En  otras  palabras,  independientemente  de  si  la  prueba  es  trascendental  o  necesaria,  el  solo hecho de que fue practicada bajo tortura,  desaparición   forzada  o  ejecución  extrajudicial,  es  decir,  mediante  la  perpetración  de un crimen de lesa humanidad imputable a agentes del Estado, se  transmite  a  todo  el  proceso  un vicio insubsanable que genera la nulidad del  proceso,  por  cuanto  se han desconocido los fines del Estado en el curso de un  proceso  penal,  cual  es  la  realización  de  los  derechos  y garantías del  individuo.  Además, como queda ya comprometida la imparcialidad del juez que ha  conocido   del   proceso,   debe   proceder   además  a  remitirlo  a  un  juez  distinto.”   

“5.2 La prueba  ilegal  se genera cuando en su producción, práctica  o  aducción  se  incumplen  los  requisitos legales esenciales, caso en el cual  debe ser excluida, como lo indica el artículo 29 Superior.   

“En  esta  eventualidad,  corresponde al  juez  determinar  si  el requisito legal pretermitido es esencial y discernir su  proyección  y  trascendencia  sobre el debido proceso, toda vez que la omisión  de  alguna  formalidad  insustancial, por sí sola no autoriza la exclusión del  medio de prueba.”   

      Evidente  que el  caso  examinado no se trata de uno de los factores que habilitan la declaratoria  de    nulidad,    el    cargo   primero    propuesto    por    el    recurrente    debe   entenderse   mal  formulado,   en  lo  que  atiende  a  la  discusión  planteada acerca de la aducción probatoria.   

         Dentro  del  mismo  cargo  primero principal, abordó el demandante un fenómeno  diferente  al de la prueba, remitido a lo sucedido en la audiencia preliminar de  formulación      de      imputación.   

         Sobre  el  particular,  debe  destacarse  cómo,  dentro  de  la  sistemática  acusatoria,  la  audiencia   de   formulación   de  imputación,  además  de  facultar  ejercer  adecuadamente  el  derecho  de  defensa,  cumple  un claro propósito de impulso  procesal,          estableciendo          términos          precisos  de prescripción y de formulación de  la  acusación,  acto  subsecuente,  además  de  los propios de allanamientos y  negociaciones,   que   demanda   siempre   de   la  existencia  del  antecedente  examinado.   

         Señala,   entonces,  el  casacionista,  dentro  de  los  yerros  detectados  en  diligencia  examinada,  que  no  existía  el suficiente soporte probatorio para  determinar   la  vinculación  o  participación  del  indiciado    en    los    hechos    –dado  que  el  testimonio  allí  presentado  para el efecto, asoma  ilícito  en  su  presentación-, y además, que luego  de  la formulación de la imputación, ofrecida la posibilidad al imputado, para  allanarse  a  los  cargos,  este  los aceptó de forma condicionada –reclamando  a  su  favor  una  causal  específica  de  atenuación-,  no  obstante  lo  cual,  el  Juez  de Control de  Garantías,  aceptó  esa  manifestación de voluntad y dio traslado para que se  llevase  a  cabo  ante  el Juez de Conocimiento, la correspondiente audiencia de  individualización  de  pena  y sentencia. Precisamente en esa diligencia,   anota,  el  procesado  se retractó del allanamiento, conducta también aceptada  por el funcionario.   

       Respecto  del  primero  de los tópicos reseñados por el recurrente, ha de significarse que la  crítica  planteada ninguna trascendencia reporta en punto del adelantamiento de  la  audiencia  de  formulación  de  imputación  y  la presunta vulneración de  derechos  planteada,  por  la  potísima razón que no es ese escenario adecuado  para  la práctica probatoria, como de manera equivocada lo  entendieron el  Juez  de control de garantías y las partes, incluso adelantando la controversia  probatoria  dentro  de  las técnicas propias del juicio oral, pasando por alto,  de  un  lado,  que en curso de la diligencia examinada no se hace descubrimiento  probatorio  alguno,  y  del  otro,  que  de  tratarse  de  exigir algún soporte  respecto  de la existencia del delito y la participación en este del indiciado,  ello  opera  a  través  de  informes o la presentación de elementos materiales  probatorios o evidencia física.   

        En    efecto,   ya   suficientemente  claro  se  tiene,  no  sólo  por  la  sistemática  acusatoria que se pretendió adoptar a través de  la Ley 906  de   2004,   sino  en  virtud  del  mismo  desarrollo  normativo  consignado  en  ella,   que  pruebas,  en estricto sentido, son sólo las practicadas en el  juicio  oral –desde  luego,  con  excepción de la prueba anticipada, contemplada  en  los  artículos  284  y  285  del C. de P.P., y la  prueba     de     referencia    admisible,    art.    438    ibídem-,   con   el   objeto  específico  de  demostrar   la   responsabilidad   del   procesado  en  los  hechos,  y  allí  sí, por su naturaleza, deben someterse a las técnicas  propias  de  su  presentación  y  controversia, dentro de los rigorismos de los  interrogatorios, contrainterrogatorios y objeciones.   

       En   sentido  contrario,  cuando  se relacionan las tareas de indagación e investigación, el  Título  II de la Ley 906 de  2004,   Capítulo  Único,  referencia  la  obtención  de  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  e  información, estableciendo un catálogo de  estos.   

           Y  precisamente,  el   soporte  de  las  postulaciones  que  haga  el  fiscal  en  las  audiencias  preliminares               –cuyo  objeto,  es necesario precisar,  no  remite  a  ningún tipo de discusión acerca de la responsabilidad penal del  indiciado   o   imputado-,  son  esos  elementos  materiales  probatorios,  evidencia física o informes, y no la presentación de  testigos  para  que dentro de las diligencias, con la técnica probatoria propia  del  juicio  oral,  viertan  allí su testimonio, entre otras razones, porque la  sistemática  acusatoria  demanda  que  el  fiscal, cuando acuda ante el Juez de  Control  de  Garantías  para  hacer las solicitudes correspondientes, ya cuente  con  esos  elementos  materiales  probatorios,  evidencia física o informes que  soportan  lo  pretendido,  dado  que no es la audiencia preliminar, el escenario  propio para hacerse a ellos.   

    Ello no significa, desde  luego,  que  los elementos materiales probatorios, evidencia física o informes,  no  puedan  ser  controvertidos  por la contraparte, o sometidos a ratificación  por  el juez de control de garantías.   

       Sobre  el  particular,  para  lo  que atañe a la audiencia de formulación de imputación,  expresamente el artículo 287 del C. de P.P., señala:   

       “Situaciones  que  determinan  la  formulación  de  imputación.  El fiscal hará la imputación fáctica  cuando  de  los  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física o de la  información  legalmente  obtenida,  se  pueda  inferir  razonablemente  que  el  imputado  es  autor  o  partícipe  del  delito  que  se investiga.  De ser  procedente,  en  los  términos de este código, el fiscal podrá solicitar ante  el  juez  de  control de garantías la imposición de la medida de aseguramiento  que corresponda.”.   

      Es  claro, así,  que  la  decisión de formular imputación en contra de una determinada persona,  radica  en  cabeza exclusiva del fiscal y corre consecuencia de que este, dentro  de   su   particular  desarrollo  del  programa  metodológico,  haya  recaudado  elementos  materiales probatorios, evidencia física o informes, a partir de los  cuales  infiere  que  el  indiciado  es  autor  o  partícipe  del delito que se  investiga.   

     Y, por ello acude  ante  el  juez  de  control  de garantías, no a practicar pruebas de autoría o  responsabilidad       penal      –que  no es este el momento ni escenario adecuados para el efecto-,  sino   a  plantear  al  imputado,  para  facultarle  adelantar  su  específica tarea defensiva, que se le  está  investigando  por  un  determinado  delito, ya que se le entiende autor o  partícipe del mismo.   

        Pero  además,  lejos  de  facultar  la diligencia, se practiquen pruebas, o mejor, se  alleguen  elementos  de juicio que ya deberían estar en poder de la Fiscalía y  por  ello,  reiteramos,  decidió  solicitar  la convocatoria de la audiencia de  formulación  de imputación, allí ni siquiera se exige del funcionario exhibir  los  elementos materiales probatorios, evidencia física o informes recopilados,  pues,  una  dicha  obligación, apenas parcial, debe anotarse, subyace necesaria  únicamente    cuando    se    solicita    la    imposición    de   medida   de  aseguramiento.   

         Así,  específicamente,  lo  contempla  el  artículo 288 de la Ley 906 de 2004, en su  numeral  segundo,  cuando  establece  para  el  fiscal la exigencia, después de  individualizar  al imputado, de hacer una:            “Relación   clara   y   sucinta   de   los  hechos  jurídicamente  relevantes,  en  lenguaje  comprensible,  lo cual no  implicará     el     descubrimiento     de     los     elementos     materiales  probatorios,             evidencia   física,   ni  de  la  información  en  poder  de  la  fiscalía,  sin  perjuicio  de  lo  requerido  para  solicitar    la    imposición   de   medida   de   aseguramiento”  (las  subrayas no pertenecen al original).   

         Debe    recordarse,    respecto    de    lo    tratado,    que   ya   la   Corte  Constitucional7    se    pronunció    acerca   de  la omisión de la fiscalía en descubrir, dentro  de  esta  diligencia,  los elementos de juicio recopilados, decretando exequible  la   norma,   bajo   el   entendido   de   que   ello  no  atenta  contra  el derecho de defensa    o    su    correlato   de  contradicción,  ni verifica alguna limitación para  que   el  imputado  pueda  allanarse  a  cargos,  ya  que  la  etapa  investigativa  de  la  fiscalía  es  preparatoria  para  el  juicio,  la  obligación  de  descubrimiento sólo opera  concreta  a partir de la formulación de acusación y  no   puede   hablarse   de   ocultamiento   de  pruebas,  cuando  es  lo  cierto  que   por  estas  sólo  se asumen las practicadas  en el juicio.   

      Mal puede,  entonces,      alegar     el      recurrente  violación  al  derecho de defensa o debido proceso,  sólo  porque  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  de  manera  indebida,  engorrosa  e  innecesaria,  se recabó el  testimonio  del  investigador al servicio del GAULA y este declaró acerca de lo  supuestamente  confesado  de  manera irregular por el  procesado,       si       se       advierte  claro  que  la  fiscalía no  tenía  obligación de hacer ningún descubrimiento probatorio en esa diligencia  y  le  bastaba  con formular la imputación aludiendo a los elementos materiales  probatorios,    evidencia    física    o   informes,   que   permitían   inferir  la  autoría  o   participación  del imputado en los hechos delictuosos.   

         La  segunda  de  las  cuestiones problemáticas planteadas por el impugnante, en  sede  de anulación por violación al debido proceso, alude a la aceptación que  hizo    el    juez    de    control    de   garantías,   del   allanamiento   a  cargos       del      imputado,     operado  en   la audiencia de  formulación  de  imputación,  una  vez se  ilustrase  al  procesado acerca de  los  cargos  que se le atribuyen, pero sometido a una  condición,  expresamente  planteada  por  el  procesado  y  coadyuvada  por  su  defensor.   

       Pues  bien,  aunque evidentemente, de la manera   planteada  por  el  demandante,  la  forma  en  que  operó  el  allanamiento,   exigía   del  juez  de  control  de  garantías  abstenerse  de  aceptarlo,  dado que no se trataba de una aceptación  unilateral  pura  y simple de los cargos presentados  por  la  fiscalía,  ello  ningún  efecto gravoso produjo para el procesado, en  tanto,  posteriormente,  cuando  se  presentó  el  escrito  de  acusación  por  allanamiento  a cargos, para efectos de que el juez de conocimiento realizase la  diligencia   de   individualización  de  pena  y  sentencia,  ese  funcionario,  también  irregularmente,  debe      anotarse,       aceptó la retractación del imputado.   

    Ya  de  forma  reiterada  y  pacífica            la            Corte8,  ha  establecido  cómo  la  aceptación  de  responsabilidad  penal  por  la  vía  del  acto  unilateral de  allanamiento  a cargos y, en general, dentro del amplio espectro de los acuerdos  y  preacuerdos,  no  es  susceptible  de retractación, una vez se ha verificado  libre,  espontánea  y  completamente  informada  la  dicha  aceptación.  Ello,  además,  ratificando  la  posición que sobre el particular también adoptó la  Corte  Constitucional,  al  examinar  la exequibilidad de las normas que regulan  esta  forma  extraordinaria  de terminación  del proceso penal, en la Sentencia C-1195 de 2005.   

         No  era factible, acorde con lo anotado, que el juez de conocimiento aceptase la  retractación   del procesado, pues, para ese momento, cuando ya el juez de  control  de  garantías,  en seguimiento de lo dispuesto por el artículo 131 de  la  Ley  906 de 2004, había interrogado, en curso de la audiencia preliminar de  formulación  de  imputación, al imputado, verificando que su manifestación de  allanarse   a   cargos  operaba  libre,  consciente,  voluntaria,  completamente  informada   y  con  la  asesoría  de  su  defensor,  asomaba  irretractable  su  manifestación.   

      Debió   sí,   el  funcionario  de conocimiento, invalidar o dejar sin efectos la manifestación en  reseña,  una  vez  advertido  de  que  no  fue  simple y pura la aceptación de  responsabilidad  penal,  pues,  cuando  el  procesado,  aupado  por su defensor,  aseveró  aceptar  los  cargos pero dentro de la causal de atenuación dispuesta  en  el  artículo 171 del C.P., por la supuesta liberación temprana de la menor  plagiada,  circunstancia  que  no  había  sido  considerada por la fiscalía al  formular  la  imputación,  ni  más  ni  menos,  abjuró  de  la aceptación de  responsabilidad   penal,   para   concluirse   que  finalmente,  jamás  asumía  intervención  en  los  hechos,  tal  cual  fueron  planteados  por el organismo  investigador.   

       Desde  luego,  los  efectos prácticos fueron los mismos, vale decir, que si el Juez de  control  de  garantías hubiese cumplido adecuadamente con su función de tutela  de  derechos  fundamentales,  pronunciándose  de manera negativa acerca de  la   inadecuada   aceptación   de  responsabilidad  penal,  o  si  el  juez  de  conocimiento,   en   lugar   de  aceptar  la  imposible  retractación,  hubiera  invalidado   la   manifestación   de   allanamiento  del  imputado,  el  asunto  terminaría  donde terminó, esto es, en la necesidad, ante la no aceptación de  cargos,   de   adelantar  la  correspondiente  investigación  por  el  trámite  ordinario,  formulando  acusación en contra del procesado y adelantando la fase  de  enjuiciamiento,  hasta  terminar,  después de la audiencia del juicio oral,  con el consecuente pronunciamiento del fallador.   

     Y no puede significar  el  casacionista,  como  de  soslayo  pretende introducirlo, que ello ha causado  perjuicio  ostensible  a  su  protegido  legal,  en el presunto interés suyo de  acceder  a  las rebajas propias de la aceptación de cargos, sea por la vía del  allanamiento   o   por  el  camino  de  los  acuerdos,  en  tanto,  lo  ocurrido,  simplemente,  es que el procesado, con la asesoría  del  profesional  del  derecho,  cabe  relevar, dejó  pasar  esa  primera  oportunidad  de  obtener sustanciales descuentos punitivos,  pero    después   de   ello   se   ofrecía   expedito   un   amplio   panorama  procesal    para  efectos  de  acordar con la fiscalía algunas ventajas, o directamente acceder a  la atenuación que regula la ley en sede de allanamientos.   

      Como ello nunca  sucedió,  apenas  puede  concluirse  que  entendió  la  defensa,  o  el  mismo  procesado,  si  se  tiene  en cuenta que en estos casos prima su voluntad, mejor  estrategia  discutir en sede de la audiencia del juicio oral, aspectos remitidos  a  la  responsabilidad,  o cuando menos, a la forma de ejecución del delito que  remite  a  la  causal  atemperatoria,  artículo 171 del C.P.,  estimada no  existir  por  la  fiscalía,  pero  anunciada  por  ellos desde la diligencia de  formulación de imputación.   

        Completamente  intrascendentes,  acorde  con  lo  visto  en precedencia, los yerros u omisiones  resaltados   por   el  casacionista  en  su  escrito,  se  impone  inadmitir  el  cargo.    

2.   Segundo   cargo.   “El  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”   

En   este   cargo,   toma  el  recurrente  exclusivamente  la  supuesta prueba de referencia presentada en la audiencia del  juicio  oral,  que  se  soporta en la declaración juramentada que por escrito y  previamente  se  tomase  a  la hermana de la víctima, GENY JOHANA MONTOYA, para  significar  que  la aducción y valoración de esa atestación, representa clara  violación  de  los  principios  de  legalidad,  presunción  de  inocencia y su  correlato  de in dubio pro reo, y derecho de defensa, incurriendo el Tribunal en  un error de derecho por falso juicio de legalidad.   

Advierte  el  impugnante  que  el  Tribunal  valoró  ese  documento,  aceptándolo  como  serio  y  contundente, no obstante  corresponder    a    una   prueba   de   referencia   inadmisible   –arts.  437  y  438  de  la  Ley 906 de  2004-,  dado  que  la  declarante  no  estaba  imposibilitada  para asistir a la  audiencia  del juicio oral, en aras de verter allí, de manera oral y sometida a  contradicción, sus dichos.     

Son  varios  los  desaciertos en los cuales  incurre  el  demandante  en  la  postulación  del  cargo, que atentan contra el  sentido  lógico  y  trascendencia  que  ha menester su postulación, en aras de  que,  de  un  lado,  pueda  advertir  la  Corte  que efectivamente se adujeron o  tuvieron  en  cuenta  pruebas  ilícitas  o  inadmisibles, y, del otro, que ello  fundamentó la sentencia de condena.     

Al efecto, si lo atacado es precisamente el  fallo  de  segunda  instancia,  debe el casacionista significar claramente cuál  fue  el  efecto  que  tuvo  el  medio  cuestionado,  relacionando  el apartado o  apartados  de la sentencia en los cuales se le tomó en consideración, el valor  particular  que  al  mismo  se  otorgó y  cómo ello se relacionó con los  demás  medios  de  prueba, en aras de soportar la decisión que se cuestiona, a  la  manera de entender que, expurgado del acopio probatorio el elemento ilícito  o ilegal, ella no se soportaría.   

Nada  de ello efectuó el demandante, quien  se  limitó  a  significar  en el acápite referido a la incidencia del presunto  error:   

“Este  error de derecho por falso juicio  de  legalidad  que  el  Ad  quem  hiciera  sobre  la  prueba  de  referencia con  fundamento   en  las  anteriores  consideraciones  dio  como  resultado  que  el  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial de Manizales concluyera que mi  defendido  era  el sujeto activo de la conducta punible desplegada por cuanto le  dio  el  carácter  de  prueba  seria  y  contundente que sumada a los indicios,  establecía                plena               responsabilidad               del  encartado”         

Se  quedó  a medio camino la censura, dado  que  jamás  se  estableció  cómo  fue  que  el  Tribunal  dio el carácter de  “prueba  seria y contundente” a la mencionada, o de qué manera trascendente  ello    se    sumó    a    los    indicios   y   configuró   el   soporte   de  responsabilidad.   

Habrá de inadmitirse, de conformidad con lo  anotado,   el   segundo   de   los   cargos   que   como  principal  propuso  el  demandante.   

3. Tercer cargo principal.  

Formulado en igual sentido que el anterior,  similares  son  también  los  yerros  y falencias contenidas en su exposición,  pues,  por  fuera  de  enunciar  que la motocicleta, acorde con sus particulares  inferencias  de  lo  que  la  normatividad  enseña,  debió  someterse a previo  estudio  pericial  para  tomar  huellas dactilares y muestras, a más de que, en  tratándose  de un macroelemento, no se fijó en fotografías o vídeo el mismo,  bien  poco  desarrolla  a  efectos  de  determinar  cómo  se tomó en cuenta el  elemento  en  cuestión  y  de  qué  manera  los  yerros u omisiones incidieron  desfavorablemente en la situación del encartado.   

En  otros  términos, no dijo el demandante  qué  debería  haber demostrado el examen de huellas y la peritación echada de  menos,  a  favor  del  acusado  o  porqué la no inclusión del velomotor, sea a  través  de  su  presentación  material  en  el  juicio  o  por  la vía de las  fotografías y huellas, atentó contra los derechos de su asistido.   

Recuérdese, el elemento sí fue sometido a  cadena  de  custodia  y  siempre  estuvo  guardado  en  las  instalaciones de la  fiscalía  disposición  de  las  partes,  como  expresamente  lo señaló en la  demanda el casacionista.   

Y,  si lo buscado es demostrar ajenidad del  acusado  con  la  motocicleta  o  introducir  que  la  decomisada no es la misma  utilizada  en  el plagio –o  que  después  del  decomiso  fue alterada, sustituida o reemplazada-, debió el  casacionista  referenciar cómo la actividad investigativa omitida o la falta de  fijación  del  macroelemento  en vídeo o fotografías y su no introducción en  el juicio, atentaron contra una dicha postura defensiva.   

Consecuencia  necesaria  de  la  falta  de  desarrollo adecuado del cargo, es su inadmisión.   

4. Cuarto cargo principal.  

Se  planteó  dentro de la misma estructura  utilizada  para  los dos cargos anteriores, pero con un yerro mayor, dado que ni  siquiera  genéricamente  significó  el  recurrente  cuál  en  concreto fue la  incidencia  de  la  presunta violación en el fallo atacado, a fin de determinar  adecuadamente   que  por  ocasión  del  error  se  soportó  la  condena  y  su  eliminación faculta absolver.   

Ni siquiera se plantea claramente el cargo,  definiendo  cuál  es  la  prueba que se busca eliminar en su consideración, en  tanto,   se   advierte   que   el   investigador  judicial  adscrito  al  GAULA,  supuestamente  interrogó de forma irregular al acusado y después relacionó en  el  testimonio  propio  de  la audiencia pública, lo confiado por el procesado,  apartado que debe ser desechado.   

Sobre   este   particular,   hallándose  completamente  claro  que  en  la  sistemática  acusatoria  ha  desaparecido la  confesión  como  medio probatorio, también se ofrece evidente que la sentencia  para  nada  ha relacionado este factor a fin efectos de fundamentar en él   la decisión de condena.   

Claramente,   la   sentencia  de  segunda  instancia  construye  a  partir  de la actuación del encartado, posterior a los  hechos,  un  indicio de incriminación, remitido a que este hizo manifestaciones  posteriores  que  lo  vinculan con los hechos, en concreto, acudir a reclamar la  motocicleta  que  se  utilizó  en  el  secuestro  y  fue  incautada  durante el  operativo  de  rescate,  y   señalar  a  los policiales el lugar donde fue  retenida la menor.   

Dejando  de  lado el cuestionamiento que se  hace  al  hecho  de  que  previamente  a la aceptación de participación, no se  dotó      de      defensa      técnica      al      procesado     –aunque   es  claro  que  el  servidor  público  se  limitó  a  hacer  un  interrogatorio  corriente a quien se decía  dueño  del  velomotor, sin que en  ese momento conociese que se trataba de  uno  de  los  implicados   en  el plagio, asunto que surgió espontáneo de  boca  del  procesado-, es lo cierto que el fundamento de la sentencia de condena  no  fue  precisamente  la  dicha  aceptación,  sino los testimonios de los tres  declarantes  que  acudieron a la audiencia del juicio oral, y lo que a partir de  allí  se  construyó  por vía inferencial, advirtiéndose que por encima de la  asunción  de participación, el hecho innegable y carente de cualquier vicio de  aducción,  es  que  efectivamente  el  procesado  acudió,  en  las condiciones  descritas                              por                               el  investigador                  –embarrado  y  mojado-  a  reclamar  la  motocicleta  utilizada por los plagiarios, confirmando ello que se  trata  de  la suya, como ya por otros medios, declaración del padre de la menor  afectada y  de esta, se había advertido probatoriamente.   

Como el demandante se abstuvo de significar  la  trascendencia  del  yerro,  e  incluso  su exacta naturaleza, en punto de lo  decidido  por  el  Tribunal,  y  la  Sala  observa que si se dejara por fuera el  apartado  específicamente  delimitado  en  la aceptación de participación del  acusado   –aunque,   se  repite,  ello  nunca  fue  tomado  como  confesión  por  el  Ad  quem-, existen  elementos  probatorios  suficientes  para  soportar la despejada responsabilidad  penal  del procesado, y a estos fue que remitió el fallo, habrá de inadmitirse  también este cuarto cargo propuesto por el casacionista.   

5.     Quinto     cargo.     Único  subsidiario.   

Recurriendo  a  la causal tercera, acusa el  recurrente  la  sentencia,  por entender que el fallador incurrió en violación  indirecta  de  la  ley sustancial, por aplicación indebida del artículo 171 de  la Ley 599 de 2000.   

En desarrollo de lo propuesto, significa el  demandante  que  el tribunal recayó en sendos errores de hecho por falso juicio  de   existencia  y  falso  juicio  de  identidad,  remitidos  ellos  a  los  testimonios  rendidos  durante la audiencia del juicio oral por la víctima y el  investigador adscrito al GAULA.   

Empero,  lejos  de  demostrar  sus asertos,  referenciando,  como  lo  propuesto  lo  exige,  qué  de  lo  expresado por los  declarantes   fue   pasado   por  alto  o  cuál  apartado  específico  sufrió  tergiversación,  y  de  qué  modo  ello  condujo  a  decisión que lesiona los  intereses  de su protegido legal, el casacionista presenta un típico alegato de  instancia,  señalando  qué,  en su muy particular óptica, debe extractarse de  lo  dicho en general por los testigos y cuál fue la conclusión a la que llegó  la sentencia.   

Ignoró el demandante, con esa forma libre y  subjetiva  de  plantear  el cargo subsidiario, que a esta sede casacional arriba  la  sentencia  prevalida  de  una  doble  condición  de  acierto  y  legalidad,  únicamente  derrumbable  a  partir de la demostración de un yerro mayúsculo y  trascendente  en  la  interpretación probatoria de los juzgados de instancia, y  no,  como  ostensible  se  observa en la demanda, anteponiendo su criterio al de  los despachos de primero y segundo grado.     

Apenas  a  título  ejemplificativo,  asoma  bastante  desafortunado, en el cometido de demostrar la violación presuntamente  materializada,    sostener    escuetamente    que    se   ignoró   “la  existencia  de  duda  razonable y manifiesta originada en el  conjunto   de   pruebas  recaudadas”,  sin  siquiera  discriminar cuáles son esas pruebas o qué dicen las mismas.   

Igual  de  inanes se verifican afirmaciones  como  aquella  de  que  el Tribunal erró al “no dar  por  demostrado,  estándolo,  que  la  parte  procesada  estaba amparada por el  principio  de  “in  dubio pro reo.””, o cuando se  consideró  “probada la intención de liberación de  la     víctima     a    cambio    de    dinero    sin    estarlo”.   

Acerca  de  ello, el demandante se limita a  sostener  que  se incurrió en los yerros planteados, sin preocuparse de abordar  la  prueba,  a  efectos  de  establecer  qué  fue  lo tergiversado o pasado por  alto.   

Tampoco habrá de admitirse, por lo anotado,  el quinto de los cargos que nutren la impugnación.   

Cuestión       final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con lo establecido en el Art. 186 de la Ley 906/04, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación9 como sigue:   

         

         a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  JOHN     MARIO     ESCUDERO     OSPINA,  conforme con  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                 

MARINA        PULIDO       DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

                                                                                      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Excusa  justificada   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

2 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

4 ib.  radicación 24.530   

5  Sentencia del 20 de abril de 1999, radicado 14143   

6   Sentencia del 7 de julio de 2006, Radicado 21.529.   

7  Sentencia C-1260 de 2005   

8  Véanse,  Sentencias  del  10  de  mayo  de  2005,  rad.  25389 y del 21 feb. de  2007,rad.26587   

9  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *