26903(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26903  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta No. 73                                          Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  dieciséis de mayo de  dos mil siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada contra las sentencias dictadas por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Facatativá y el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  de   29  de  marzo  y  29 de junio de 2006, respectivamente,  mediante  las  cuales  condenaron  a José Mario Alonso  Martínez  a la pena principal de 13 años de prisión,  como  autor  responsable  del  delito  de  acceso  carnal  violento agravado, en  concurso homogéneo.   

Antecedentes.   

1.  El  5  de febrero de 2004, la menor A. O.  M.1,  de  15  años  de  edad, compareció a la Comisaría de Familia del Municipio de  Chía  (Cundinamarca),  para  denunciar que cuando tenía entre 11 y 12 años de  edad,    su    padrastro    José    Mario    Alonso  Martínez   abusó  sexualmente  de  ella,  a  la  fuerza,  en  dos  oportunidades, y para pedir orientación sicológica. El mismo  relato  lo hizo ante el médico legista que le practicó el examen sexológico y  ante   el   funcionario  judicial  que  le  recibió  la  denuncia  penal.    

2. En diligencia de ampliación de testimonio  llevada  a  cabo  el 29 de agosto de 2005, la menor A. O. M. se retractó de las  imputaciones  hechas  a  su padrastro y explicó que la denuncia la formuló por  presión  de  su  patrona  señora María Elvira Torres  Moreno.  Varios días después, concurrió nuevamente a  la  Fiscalía  para  señalar como autor de la violación al señor José  Guillermo Albarracín Plazas, esposo  de María Elvira.   

3.  El  9  de noviembre de 2005, la Fiscalía  acusó  al  procesado  José  Mario  Alonso  Martínez  por  el  delito  de acceso carnal violento en concurso  homogéneo,  y  el  29 de marzo de 2006 el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Facatativá  lo  condenó  a  la pena principal de 13 años de prisión, por los  referidos  delitos.  El procesado y su defensora apelaron esta decisión, siendo  confirmada integralmente por el Tribunal de Cundinamarca.   

La         demanda.   

La  pretensión de revisión de los fallos de  instancia  se  sustenta  en  la  causal  tercera  del artículo 220 del estatuto  procesal  penal2,  que  autoriza  la  apertura  al  trámite  de  la  acción cuando  después  de la sentencia condenatoria aparezcan hechos nuevos o surjan pruebas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  que  establezcan  la inocencia del  condenado o su inimputabilidad.   

Argumenta  el  demandante  que  los fallos de  primera  y  segunda  instancia  desconocieron  el  principio  de  presunción de  inocencia  y  restaron  toda posibilidad de dar aplicación al in dubio pro reo,  no  obstante  aparecer  en  el  proceso  suficiente  prueba que demuestra que su  representado   no   cometió  el  delito  imputado  y  “que  fue  víctima  de  circunstancias  y  maniobras  torticeras que terminaron por perjudicarlo con una  denuncia temeraria”.   

Para  demostrar  los  hechos  básicos  de la  acción   aporta   las   declaraciones    extra   proceso  de  Luis    Fernando    Alonso    Martínez,  Hilda     Sofía    Alonso    Martínez,   Cecilia   Mazorca  Vela  y   A.  O.  M.,  quienes  informan  de  una  reunión  realizada  el  5 de octubre de 2006 en las  oficinas   del   abogado   accionante,   donde  la  víctima,  en  presencia  de  todos,   insistió  en que el procesado es inocente, y reveló que quien la  perjudicó  inicialmente fue un profesor que frecuentaba la finca que sus padres  cuidaban  en  el  Municipio  de  Turmequé  (Boyacá),  de apellido Porras.         

Sostiene  que  estos testimonios descartan la  autoría  material del sentenciado en las violaciones que se le imputan, por las  cuales  se  encuentra  purgando  una  pena  gravísima,  puesto que son claros y  rotundos  en  señalar que la retractación de la víctima no era ni ha sido una  postura  de favorecimiento gratuito para el convicto, sino la realidad de lo que  verdaderamente aconteció.    

Afirma   no   estar   controvirtiendo   las  argumentaciones  presentadas por los juzgadores para desestimar la retractación  de   la   menor,  sino  demostrando,  con  elementos  de  juicio  allegados  con  posterioridad  a  los  fallos,  la  temeridad de la denuncia formulada contra un  inocente,  bien por la proclive intención de terceros, ora por la pusilanimidad  de  la  menor,  campesina  ignorante  que  no  tuvo el carácter suficiente para  oponerse  a  la  artera  manipulación,  cuando  sabía  y  era consciente de la  inocencia de su padrastro.   

     SE  CONSIDERA:   

1.  La  causal  tercera  de revisión, que la  accionante  invoca como fundamento de la pretensión rescisoria del fallo, exige  para  su configuración tres condiciones, (i) que la sentencia contra la cual se  dirige  la  acción  sea  de  carácter  condenatorio,  (ii)  que después de su  ejecutoria  aparezcan  hechos  nuevos o pruebas nuevas no conocidas al tiempo de  los  debates,  y  (iii)  que  los  hechos que se aducen como desconocidos, o las  pruebas  que  se  postulan  como  nuevas,  tengan  aptitud para demostrar que el  procesado es inocente o que es inimputable.   

2.   Por  prueba  nueva  ha  sido entendido todo instrumento o mecanismo  probatorio  que  por  cualquier  causa  no  se  incorporó  al  proceso.  Y  por  hecho  nuevo toda situación  fáctica  no  conocida  en  las  instancias,  o  toda variante sustancial de una  situación  fáctica  conocida,  que tengan la virtualidad de desvirtuar o dejar  en  entredicho la verdad declarada en el fallo, pues solo frente a una evidencia  de  esta  naturaleza  es posible romper las caracterizaciones de inmutabilidad e  intangibilidad que amparan la res iudicata.   

    

3.  En  el caso que se estudia, el accionante  presenta  como  pruebas  nuevas los testimonios de Luis  Fernando  Alonso  Martínez, Hilda Sofía Alonso Martínez, Cecilia Mazorca Vela  y   A.  O.  M.,  para  demostrar  que  quien  accedió  inicialmente   a   la   menor   fue   un   profesor   de  apellido  Porras,  a  la  edad  de  11 años, cuando  vivían  en  Turmequé  (Boyacá),  y  que su padrastro nada tuvo que ver en los  hechos  denunciados,  según  se  desprendía  de  lo  afirmado  por ella en una  reunión  que  sostuvo  con el abogado del procesado y los referidos testigos en  el mes de octubre de 2006.   

4. Lo primero que se impone destacar de estas  pruebas  es  que  los  hechos que se pretende acreditar con ellas derivan de una  misma  fuente:  el  testimonio  de  la  menor, quien declaró varias veces en el  curso  del  proceso,  inicialmente  para  reafirmar  las  imputaciones contra su  padrastro,  y  después para retractarse de ellas, aduciendo, al igual que ahora  lo  hace,  que  éste  nada  tuvo  que  ver en los hechos. Los otros testigos se  limitan  a  reproducir  lo  afirmado  por  ella  en la reunión realizada con el  abogado, sin aportar información fáctica nueva.     

5.  En términos llanos, lo que se aduce como  prueba  para  pedir la revisión del fallo es una nueva versión de la ofendida,  en  la  que insiste en que su padrastro nada tuvo que ver en los hechos, y donde  agrega,  como aporte factual novedoso, que quien inicialmente abusó de ella fue  un   profesor   de   apellido   Porras,  en  el  Municipio de Turmequé (Boyacá), cuando promediaba los once  años  de  edad,  individuo  sobre cuya existencia, identidad y ubicación no se  aportan datos concretos.   

6.  El primer aspecto que el testimonio de la  menor  destaca  (que su padrastro nada tuvo que ver en  los  hechos  denunciados), fue ampliamente debatido en  los  fallos  de instancia, en cuanto que fue alrededor de esta misma afirmación  que  giraron  las  alegaciones  de  la  defensa,  análisis  que  llevó  a  los  juzgadores  a  concluir  que  la  testigo  solo  pretendía con su retractación  favorecer   al  procesado,  pero  que  del  contenido  de  las  narraciones  que  inicialmente  hizo  a  la  señora María Elvira Torres  Moreno  (quien  la  motivó  para  que  denunciara  el  hecho), a la sicóloga de la  Comisaría  de  Familia,  al  médico legista y a las autoridades judiciales, se  infería  que  en  estas  oportunidades  dijo  la  verdad. Las siguientes fueron  algunas de las reflexiones del ad quem:    

“No  se  requiere  mayor  raciocinio  para  colegir  que  la  adolescente  dijo la verdad en las cuatro ocasiones que narró  los  hechos  inicialmente,  pues,  fue  uniforme,  en  lo  esencial, detallada y  espontánea.  Ningún  motivo  de  animadversión la animaba para imputarle a su  padrastro  semejantes  sucesos  sin  corresponder a la verdad, por cuanto, tanto  ella  como  el  incriminado refirieron buen trato recíproco, menos si llevaba 3  meses  sin convivir con él y ya contaba con 15 años y, por tanto, su capacidad  de  discernimiento  estaba  bastante desarrollado. El motivo desencadenante para  revelar  lo  sucedido, no fue tanto la pregunta de su patrona sobre la razón de  su  estado  de  llanto,  sino  la  presencia,  en  solitario, de quien la había  sometido  a  relaciones  sexuales  y  ahora  pretendía  que  saliera  con  él,  encontrándose  lejos  de  su  hogar.  Naturalmente  temió  que  los  hechos se  repitieran”3.   

“A juicio de la Sala, A. O. M. se retractó  de  los  cargos  inicialmente  imputados a su padrastro, simple y llanamente por  favorecerlo,  una  vez  fue  capturado,  puesto  que para ese momento aquella ya  había  regresado  a  CACHIPAY, a su hogar materno, donde todo continuó como si  nada  hubiese  sucedido,  toda  vez que la mamá de la víctima, señora CECILIA  MAZORCA,  siempre  encubrió  a su compañero marital, tal como se desprende del  testimonio          que          rindió”4.    

7.   El   segundo   aspecto   (que  quien  inicialmente  la  accedió fue un profesor de apellido  Porras),  en  nada cambia la situación del procesado,  puesto  que  este  hecho,  de aceptarse que tuvo cumplimiento en la realidad, no  niega   la   existencia   del  que  determinó  la  condena,  ni  desvirtúa  la  responsabilidad   del  sentenciado  en los sucesos que se le imputan. Dicho  aporte  fáctico  solo  adquiere importancia si es apuntalado con la afirmación  adicional  que  la  menor  introduce en su declaración, en el sentido de que el  sentenciado  José Mario Alonso Martínez no  fue  quien  la accedió carnalmente, manifestación que, como ya  se   dejó   visto,   fue   objeto   de   amplio   estudio   en  los  fallos  de  instancia.      

8.  En  síntesis,  lo  que  el accionante le  propone  a  la Corte a través de la acción de revisión es que reconsidere las  argumentaciones  y  conclusiones  probatorias  de  los  juzgadores en torno a la  retractación,  y  decida  en  sentido  contrario,  es decir, que declare que la  verdad  no  está  en  las  primeras versiones de la menor sino en las últimas,  pretensión  que  ab initio debe rechazarse, por no estar sustentada en un error  de  hecho  histórico,  como  corresponde  cuando se invoca la causal tercera de  revisión,  sino  una  simple postura disonante con la valoración probatoria de  los fallos de instancia.         

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  de José  Mario Alonso Martínez.     

Contra  esta  decisión procede el recurso de  reposición.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  La  Sala  omitirá  el  nombre de la víctima para proteger su identidad (artículos  301 del Decreto 2737 de 1989 y 47 de la ley 1098 de 2006.   

2 Ley  600 de 2000.   

3  Páginas 12 y 13 del fallo de segunda instancia.   

4  Página 15 ibídem.     

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