26901(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26901   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 69  

Bogotá,  D.C.,  nueve  de  mayo  de dos mil  siete.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el apoderado del tercero  civilmente  responsable,  señor  Camilo  Enrique  Perdomo  Cortés,  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  de  fecha  agosto  29  de 2006, por cuyo medio el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  confirmó  la  sentencia  proferida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Soacha, mediante la cual se condenó al  procesado  WILLIAM  ALFREDO  PIRE  GAITÁN  a  la  pena principal de 35 meses de  prisión,  multa  de 27 salarios mínimos mensuales, suspensión en el ejercicio  de  la conducción de automotores por el término de 42 meses, a la accesoria de  interdicción  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  término   de   la  pena  privativa  de  la  libertad  y,  finalmente,  a  pagar  solidariamente  con el tercero civilmente responsable los perjuicios ocasionados  con la ilicitud.   

LOS HECHOS JUZGADOS  

          De  acuerdo con lo que  se  declaró  probado en los fallos de instancia, hacia las 6:30 de la tarde del  8  de  noviembre  de  2001,  a la altura del kilómetro 83 más 900 metros de la  vía  que  de  Girardot conduce a Bogotá, la camioneta Mazda de placas CRU 528,  conducida  por  WILLIAM  ALFREDO  PIRE  GAITÁN,  colisionó  con la motocicleta  Suzuki,  de  placas  KGI  137, en la que se transportaban Pedro León Álvarez y  Luis   Roberto   Moreno,   como   conductor  y  parrillero,  respectivamente,  a  consecuencia  de  cuyo  impacto  sufrieron  graves  lesiones que determinaron la  muerte   del   primero   y  una  incapacidad  médico  legal  al  segundo.    

LA  DEMANDA   

          Un  único  cargo  al  amparo  de  la  cual  primera  de  casación  presenta  el apoderado del tercero  civilmente  responsable alegando que la sentencia en violatoria por vía directa  de  la  ley  sustancia,  por  aplicación  indebida  de la norma que tipifica la  culpa.   

          En orden a demostrar su  hipótesis,  el  demandante  se refiere a la hipótesis fáctica que defiende la  sentencia,  según  la  cual  los  factores  determinantes de la conducta fueron  deducidos  de la velocidad a la cual se desplazaba el vehículo del procesado en  una  curva  y  a  la  supuesta  invasión  del carril contrario por la el que se  desplazaba  la motocicleta, la que habría podido evitar de haberse desplazado a  la velocidad permitida.   

            A continuación dice  que  para  sostener  la  eficacia  del  exceso  de  velocidad  en  el  resultado  producido,  ha debido considerarse la violación del deber objetivo de cuidado y  la  violación  de  una  norma de tránsito específicamente determinada para el  caso en concreto, en este evento el artículo 74 del C.T.T.   

          La  sentencia,  agrega,  se  detiene a analizar la posible velocidad  del  vehículo  automotor conducido por WILLIAM ALFREDO PIRE GAITÁN, dejando de  lado  que  toda  imputación  por  la  infracción  del  deber  de cuidado ha de  erigirse  sobre una situación concreta y no abstracta, pero en el presente caso  esa  velocidad  no  está  determinada, máxime cuando se sabe que las normas de  tránsito  admiten  la  aceleración  en carretera, fuera del perímetro urbano,  hasta los 80 kilómetros por hora.   

          Dice  que  el  Tribunal  se limitó a expresar que el procesado PIRE  GAITÁN  había  tenido un comportamiento por fuera del deber de cuidado, porque  debido  al  exceso  de  velocidad  no pudo maniobrar su vehículo para evitar la  colisión.   Pero  al  endilgar  esa  ausencia  de  maniobras,  hace  exigencias  imposibles  frente a las normas que autorizan viajar hasta a ochenta kilómetros  por hora.   

          Por  lo tanto, agrega, si no existe norma de tránsito violada, pues  estas  le  permitían  viajar a la velocidad citada, la cual debía reducirse en  la  curva, la sentencia contiene una incongruencia, porque pregona que aunque la  norma  lo  disponga,  “la conducción de vehículos  exige  no  sólo  el  respeto  de  esas  normas,  sino  de  los  acontecimientos  imprevisibles”.   

          Sostiene   que   el   juzgador   hizo   una   imputación  objetiva,  “sin  analizar que la norma impone una disminución  pero   no   al   límite   preciso   reseñado   por   la  sentencia”,  pues  parte  de  la  consideración de que viajaba a cincuenta  kilómetros por hora.   

          El  fallo  impugnado,  agrega, “adelanta  una  bipartición,  partiendo  de  los  hechos,  pues  es  sabido que es posible  distinguir  entre  el  disvalor  de la acción y el disvalor del resultado, para  entender  que  en  delito  culposo existe una discrepancia entre lo querido y lo  hecho,   basados   en   los   datos  que  ofrecen  la  situación”.   

          La  infracción  al  deber  de  cuidado,   dice, no la infringe  quien  no  podía  haber  previsto la realización del tipo. Si su cliente iba a  una  velocidad de ochenta kilómetros por hora y la redujo a cincuenta, cumplió  la  norma  y  por  lo  tanto  no  puede  ser  la  velocidad  causa eficiente del  accidente.   

          Frente  al  riesgo permitido, insiste, debe admitirse que las normas  de   tránsito  no  imponen  para  carretera  velocidades  mínimas  o  máximas  concretas,  por  lo  que  se  debe  acudir  a la norma general que indica que la  velocidad puede alcanzar hasta los 80 kilómetros por hora.   

          Por   lo   tanto,   a   su   defendido   no  le  era  exigible  otro  comportamiento,  distinto  al de disminuir su velocidad hasta 50 kilómetros por  hora.  Además, la aludida invasión del carril contrario no se conecta como una  causa en la sentencia, porque todo se centra en la velocidad.   

          Por  tales  razones,  agrega,  establecido  que  hubo una deficiente  valoración  de  los  hechos que condujo a la aplicación indebida de las normas  que  regulan  la  responsabilidad  culposa  -artículo 23 del Código Penal-, el  homicidio        culposo        –artículo   109   ídem-   y   las   lesiones   personales  culposas  –artículo  120-  y de la  que       proscribe      la      responsabilidad      objetiva      –artículo  12 ídem-, pide que se case  la sentencia impugnada.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

Como  quiera  que  los  delitos de homicidio  culposo  y  lesiones  personales  culposas  objeto  de este juzgamiento tuvieron  ocurrencia  el 8 de noviembre de 2001, no se remite a duda que la procedencia de  la  impugnación  extraordinaria  se  rige por lo dispuesto en el inciso tercero  del  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, pues de acuerdo con el inciso primero  de  la  misma  preceptiva, la casación ordinaria exige que el delito por el que  se  hubiere  adelantado  el  proceso  tenga  señalada  una pena privativa de la  libertad cuyo máximo exceda los 8 años.   

          De  allí  que  aun  cuando  la impugnación se interpuso contra una  sentencia  de  segunda  instancia proferida por un tribunal superior, no procede  la  casación  ordinaria,  porque  la pena máxima prevista para los delitos por  los    cuales   se   procede   no   excede   ese   tope   mínimo   –artículos  109, 113 y 120 del Código  Penal-.   

          Ahora  bien,  el  inciso  3º  del citado artículo 205 faculta a la  Sala  Penal  de  esta  Corte  para  que  excepcionalmente  admita  la demanda de  casación   contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  de  los  tribunales  superiores  y  del  Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos adelantados por  delitos  cuya  pena máxima prevista sea igual o inferior a ocho (8) años, y de  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  sin consideración al quantum de la pena,  cuando  lo  pretendido  es  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales.   

Acorde con la disposición en cita, se tiene  dicho  que  es  imperativo cuando se acude a la casación discrecional que en un  capítulo  de  la  demanda  o en su desarrollo, el actor justifique mediante una  exposición  así  sea  breve  y  sin  ninguna  formalidad,  la  necesidad de la  intervención de la Corte Suprema de Justicia.   

Se  trata  de  dar  a  conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el demandante piensa que el recurso de casación debe  ser  admitido,  motivos  que  no siempre pueden confundirse con el desarrollo de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales contra el fallo  de  segundo grado, pues si así fuere, no existiría ninguna diferencia entre la  casación discrecional y la casación corriente.   

De  manera  que  si  lo  que  busca  es  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  es  imprescindible  que precise cuál punto  oscuro  de ella merece ser aclarado, o que existiendo decisiones contradictorias  acerca  de  un mismo aspecto de derecho se hace necesario dilucidarlas o que por  no  haber sido aún abordado el tema y dada la importancia del mismo se requiere  de  un  pronunciamiento  suyo.  Y  si  lo  que  se pretende es la salvaguarda de  garantías  fundamentales,  no  basta con señalar la norma que la consagra, los  hechos  constitutivos  de  su  violación  y el grado de su afectación, pues se  requiere  además  que  indique la forma en que se produjo y su incidencia en la  sentencia.   

En el presente caso, en la demanda presentada  por  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable,  se  omite  cualquier  argumentación   encaminada  a  demostrar  que  en  el  fallo  cuya  excepcional  impugnación  se pretende exista quebranto directo o inmediato de algún derecho  fundamental  cuya garantía deba proveer la Corte en sede de casación, o que la  intervención   de   la   Sala   se   requiere   para   el   desarrollo   de  la  jurisprudencia.   

En  efecto,  al  margen  de  los  argumentos  expuestos  en  orden a acreditar unos supuestos errores en la valoración de los  hechos,  por  parte  alguna  se aduce y menos se infiere, que en el fallo exista  quebranto  directo o inmediato de algún derecho fundamental cuya garantía deba  proveer  la Corte en sede de casación, pues todo indica que la inconformidad de  éste  recurrente  con  la  sentencia  se  manifiesta  en la discrepancia con la  valoración  de  las  pruebas,  motivo  éste que no está contemplado en la ley  como   propiciador   del   extraordinario   recurso  por  la  vía  excepcional.   

Esa  discusión, frente a la forma en que se  asumió  la  valoración de los hechos que se encontraron probados, bien podría  tener  arraigo en el único cargo formulado al amparo de la causal primera, pero  no  fundamenta la necesidad del recurso extraordinario por la vía discrecional,  pues  en  tales  casos,  dado  el  motivo  en  que  se  fundamenta  el cargo, es  indispensable  escindir  de  la censura la justificación de la discrecionalidad  del   recurso.1   

Por  lo  tanto,  era su deber acreditar a la  Sala  las  razones  por las cuales consideraba necesaria su intervención, carga  con  la  cual no cumplió, pues ni siquiera mencionó los eventuales fundamentos  que  habilitarían  dicho  conocimiento,  motivo  por el cual su demanda deviene  inepta,  y  de  ahí  que  resulte  imperativo  decretar  su  inadmisión.              

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable  señor  Camilo Enrique Perdomo Cortés, por las razones consignadas  en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                 

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

                                                                                      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Autos noviembre 14 de 2002  y octubre 22 de 2003.     

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