26423(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26423  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 14                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C., siete de febrero de dos mil  siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Antonio  Juan  Vega  Fernández  contra la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Medellín el 16 de junio de   2006,  mediante la cual confirmó con modificaciones la proferida el 11 de enero  del  mismo  año por el Juzgado 26 Penal del Circuito de la misma ciudad, que lo  condenó  como  autor responsable de los delitos de hurto agravado y falsedad en  documento privado.       

Hechos.  

En  el  año  de  1998  se  realizaron varias  transacciones  fraudulentas  a través de la cuenta corriente No.102-01483-4 del  Banco  Tequendama  Sucursal  El  Poblado  de  la  ciudad  de Medellín, mediante  operaciones     denominadas     jineteo,  a  través  de  las  cuales  lograron  apoderarse  de  la  suma de  $177’100.000.    La  investigación  estableció  que  la  cuenta fue abierta a comienzos de ese año  por   el   señor   Antonio   Juan  Vega  Fernández,  en  calidad de propietario y representante de la firma  Limitex  Exportaciones,  sin  serlo.   Además   de   esta   defraudación  se  presentaron  otras  por  sumas  millonarias,  con  la  participación  del  Gerente  del Banco y otras personas,  algunas de las cuales se hallan hoy condenadas.   

Actuación procesal relevante.  

1.  Mediante  resolución  de  28 de abril de  2004,  la  fiscalía  acusó  al procesado Antonio Juan  Vega  Fernández  por  los delitos de hurto agravado y  varias  falsedades  en  documento  privado, de conformidad con lo establecido en  los  artículos 239, 241 numerales 2° y 10°, 267 numeral 1° y 289 del Código  Penal  de  2000,  en  calidad  de  coautor.  Esta decisión causó ejecutoria en  primera                   instancia1.   

2. Rituado el juicio, el juzgado 26 Penal del  Circuito  de  Medellín,  mediante sentencia de 11 de enero de 2006, condenó al  procesado  a la pena principal privativa de la libertad de 82 meses de prisión,  y  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  como  autor responsable de los delitos imputados en la resolución de  acusación,  pero  con arreglo a las normas sustantivas y sanciones establecidas  en      el     Código     Penal     de     19802.   

3. Este fallo fue apelado por la defensa para  discutir  fundamentalmente  la  responsabilidad  del  procesado  en  los  hechos  imputados  y  la dosificación de la pena. El Tribunal, mediante sentencia de 16  de  junio siguiente, que ahora el mismo sujeto procesal recurre en casación, la  confirmó  con  modificaciones en relación con las penas principal y accesoria,  las que fijó en 46 meses.   

La         demanda.   

Dos  cargos al amparo de la causal primera de  casación  del  artículo  207 de la ley 600 de 2000, y uno con fundamento en la  tercera, presenta el demandante contra la sentencia impugnada.   

Causal primera  

Cargo   primero.  Sostiene  que  los  fallos  de instancia violan la ley sustancial, concretamente  los  artículos  31  y 289 del Código Penal, y 89 del Código de Procedimiento,  al   juzgar  por  una  misma  cuerda  varias  conductas  que  se  cometieron  en  circunstancias  de  modo,  tiempo y lugar distintas. Las falsedades documentales  que  se  imputan  al  procesado  no  se cometieron concomitantemente o de manera  sucesiva,  pues   cada  vez  que  había  un  corte el señor Zuluaga, como  Gerente  del Banco, cubría el descubierto en  la  cuenta  de  Lumitex,  y  esto  sucedía, por lo general, cada mes. Entonces, “no podemos  aludir  a  un  concurso  delictivo  como  tal  sino que, por el contrario, estas  conductas  debieron  ser  objeto  de tantas investigaciones cuantos traslados se  hicieron internamente en el banco”.   

La postura de los juzgadores quiebra los más  elementales  principios  de la dogmática sustantiva y procesal moderna. ¿Cómo  asumir  una  defensa  racional  ante  cargos  formulados con tal naturaleza?. El  artículo  88  del  Decreto 2700 de 1991 manda que por cada conducta se adelante  una  sola actuación procesal, salvo las excepciones constitucionales o legales,  y  una de las excepciones es que exista conexidad, pero para ello no basta que a  una  persona se le reputen varias conductas, sino que es necesario que las mimas  sean    realizadas    con    unidad   de   tiempo   y  lugar.   

Cargo   segundo:  Vulneración  de  la  norma que consagra la condena domiciliaria. Afirma que los  juzgadores  negaron  este  sustituto  de la pena de prisión argumentando que el  procesado  constituye  un  peligro  para  la sociedad por sus altas calidades de  infractor  de  la  ley  penal en casos similares. También señalan en   un   claro  error  de  hecho  que  el  justiciable  fue  condenado  por  un delito similar, lo cual no es absolutamente  cierto.   

Al  momento de ser dictadas las sentencias no  se  consultaron  los  antecedentes  actualizados del procesado, lo cual impidió  establecer  que éste indemnizó y que un Juez de Ejecución de Penas ordenó la  extinción  de la acción penal en su contra. “Este fallo está en firma (sic)  y  no  se  ha  controvertido  por  sujeto  procesal  alguno”. Por tanto, si la  condena  domiciliaria le fue negada por la existencia de este antecedente, no se  ve la razón para que la decisión se mantenga.   

El procesado reúne los requisitos de ley para  el  otorgamiento  del  derecho  porque  se  presentó  voluntariamente  a rendir  indagatoria,  concurrió  a  la  Fiscalía  cada  vez  que fue requerido, de sus  antecedentes  personales, familiares y sociales se concluye que no es un peligro  para   los  ciudadanos,  y  además  es  padre  cabeza  de  familia.     

Transcribe  doctrina  constitucional sobre el  tema  y  complementa  sus  argumentaciones  afirmando que la Corte ha sentado el  precedente   judicial  de  otorgar  estos  beneficios  cuando  se  cumplen  unos  presupuestos   mínimos,  que  guardan  relación  con  los  fines  del  sistema  penitenciario  en  su  conjunto.  Se  refiere  a  los principios de proporcionalidad,  racionalidad y necesidad de la pena, y  a  los  fines de prevención especial y prevención general, para  concluir  en  la afirmación de que la retribución justa en el presente caso es  un   tratamiento   diverso   al  de  la  reclusión  en  un  centro  carcelario.   

Causal        tercera.   

Sostiene  que  la  sentencia  se dictó en un  juicio  viciado de nulidad, porque la investigación no precisó la fecha de los  distintos  apoderamientos,  ni  sus  respectivos  valores,  lo  cual  trae  como  consecuencia  que  no  logre saberse, a ciencia cierta, si se trata de delitos o  contravenciones  especiales.  Se  vulnera  el  principio de consunción, pues se  estaría  en  presencia  de  una  contravención  y  no  de  un  delito, como lo  disponían   las  normas  vigentes  para  la  época  de  la  comisión  de  los  hechos.   

En  síntesis,  como  no  existe el delito de  latrocinio,  y no habiéndose  probado  en  forma  particular cada una de las acciones en sus circunstancias de  modo,  tiempo  y  lugar,  ni  la  forma  de  apropiación,  “no  le queda otra  alternativa  al  supremo  juez  de  casación  en  aplicación  del principio de  estricta  demostración  de la tipicidad que absolver al acusado o declarar nula  esa  actuación  tal  como se solicitó en las dos instancias anteriores porque,  tampoco,  se  cumplen  las exigencias de los artículos 232 del Código Procesal  Penal en relación con el 9° y 10° del Código Penal”.   

SE        CONSIDERA:   

La  exigencia  prevista en el numeral 3° del  artículo  212  del  estatuto procesal penal de 20003,  de  indicar en forma clara y  precisa  los  fundamentos  de la causal de casación que se aduce para solicitar  la  infirmación  del  fallo,  impone  el  cumplimiento de ciertos requisitos de  lógica  y argumentación, sin los cuales no resulta posible pretender el examen  del  asunto en decisión de fondo, de acuerdo con lo establecido en el artículo  213 ejusdem.   

Cuando  se  acude  a  la  causal  primera  de  casación,  por  infracción  de una norma de derecho sustancial, lo primero que  debe  hacer  el casacionista es indicar la forma de la violación, exigencia que  consiste  en  concretar  si  el  quebrantamiento de la ley se presentó en forma  directa  o  en  forma  indirecta,  es  decir,  si  provino de un error puramente  jurídico,  o  si  tuvo origen en un desacierto de apreciación probatoria, pues  de  la vía que se escoja dependerá el desarrollo del cargo y sus conclusiones,  siendo  la  técnica  a  seguir  en uno u otro caso totalmente diferentes.    

Si se anuncia violación directa de la ley, o  lo  que  es  igual,  causal  primera cuerpo primero, no podrán desconocerse los  hechos  que  los juzgadores declararon probados en la sentencia, ni cuestionarse  la  valoración  que  hicieron  de  la prueba. Pero si lo invocado es violación  indirecta,  deberá  (i)  identificarse el medio de prueba sobre la cual recayó  el  error,  (ii)   indicarse  si  el  error  cometido es de hecho por falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso raciocinio, o de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  o falso juicio de convicción, (iii)  acreditarse  la  existencia  del  error  que  se  denuncia y (iv) demostrarse su  trascendencia en las conclusiones del fallo.   

Cuando, por su parte, se invoca como causal de  casación  la  tercera  porque  se  considera que la sentencia fue dictada en un  juicio  viciado  de nulidad, no basta indicar que se cometió una irregularidad,  sino  que es necesario demostrar que el vicio existió, que es sustancial, y que  afectó  las  garantías  de los sujetos procesales o las bases fundamentales de  la  instrucción  y  el  juzgamiento,  exigencia  casacional que expresamente se  halla  consagrada  en  el artículo 310 numeral 2° del Código de Procedimiento  Penal.    

En  el  caso analizado, el demandante plantea  dos  cargos  al  amparo  de  la causal primera casación, uno por violación del  artículo   88  del  Decreto  2700  de  1991,  que  define  la  unidad  procesal  (89  de la ley 600 de 2000),  y  otro  por  violación  de  la  norma  que  consagra  la prisión domiciliaria  (artículo  38  de  la ley 599 de 2000), sin  indicar si lo propuesto es violación directa o indirecta de la  ley, y sin demostrar error alguno de naturaleza in iudicando.   

En  el primer cargo asegura que cada falsedad  debió  ser  juzgada  en  un  proceso  distinto,  no conjuntamente como se hizo,  porque  este  procedimiento  desconoce las normas citadas, que definen la unidad  procesal.  Este  reproche,  de entrada, se advierte mal planteado, por cuanto en  los  términos  que  se  propone  no  constituiría  un  error in iudicando o de  juicio,  susceptible  de  ser  atacado por la vía de la causal primera, sino un  error  in  procedendo  o de actividad, denunciable dentro del marco de la causal  tercera de casación.        

Aparte  de esto, el casacionista no demuestra  la  existencia  del  error, ni acredita su trascendencia. No explica por qué no  se  cumplen  los  presupuestos  para  adelantar un solo proceso, ni dice de qué  manera   el  juzgamiento  conjunto  afectó  las  garantías  fundamentales  del  procesado.  Insinúa  que  no  existe  conexidad, pero no dice por qué, y si se  confronta  la  realidad  procesal,  se  establece  que  las  falsedades  estaban  encaminadas  a  cubrir  las  defraudaciones, lo cual, de suyo, sería suficiente  para  afirmar  la  existencia  de  una conexión sustancial entre los ilícitos,  aparte  de  una  de  carácter  procesal  por  homogeneidad  de circunstancias y  comunidad                 probatoria4.    

En    el    segundo   reproche,   plantea  desconocimiento  de  las  normas  que  consagran  el  instituto  de  la prisión  domiciliaria,  sin  indicar,  como  ya  se  dejó  anotado,  si la violación se  presentó  en  forma  directa  o  indirecta,   informalidad que no tendría  importancia  si  se  tiene  en  cuenta  que  en el desarrollo del cargo el actor  cuestiona  la  apreciación  que  los juzgadores hicieron de los hechos y de las  pruebas,  ubicándose,  de  esta  manera,  dentro de los marcos de la violación  indirecta.  Pero  el  reparo se queda en el plano de la simple confrontación de  criterios  con  los  juzgadores, dado que el libelista no identifica en concreto  la clase de error cometido, ni  acredita su trascendencia.   

En   el  tercer  reproche  el  casacionista  sostiene   que  el  proceso  se  encuentra  viciado  de  nulidad  porque la  investigación  no  estableció  la  fecha  de  los  distintos apoderamientos de  dinero,  ni  sus  respectivos valores, lo cual no permite saber a ciencia cierta  si  se  trata  de delitos o contravenciones especiales (ley 23 de 1991), dejando  en  estos  términos planteado el cargo, siendo evidente, por tanto, la absoluta  ausencia   de   fundamentación   del  reproche,  pues  el  impugnante  hace  la  afirmación, pero no asume el trabajo de demostrarla.    

El  procesado,  como se dejó precisado en la  reseña  que  se  hizo de la actuación procesal relevante, fue condenado por un  solo     delito     de     hurto     en     cuantía     de     $177’100.000.  Si  el actor consideraba que  ontológica   y   jurídicamente   cada   operación   fraudulenta  (las    sentencias    reconocen    que    se    realizaron   varias  operaciones)  constituía  un  delito distinto, debió  empezar  por  probar  esta  afirmación,  para  después,  sobre  la base de esa  acreditación,  demostrar  que la cuantía de cada operación no superaba los 10  salarios  mínimos  mensuales vigentes, ejercicio demostrativo que no realiza, y  que   tampoco   tenía   sentido  realizar,  por  cuanto  del  expediente  surge  incuestionable    que    cada    operación    superaba    con    creces   dicho  límite.     

Visto, entonces, que la demanda no reúne las  exigencias  mínimas  de  concreción  y  fundamentación  requeridas  para  ser  declarada  en  trámite, se la inadmitirá y se ordenará devolver el proceso al  Tribunal   de   origen,   no   advirtiéndose   violaciones   a  las  garantías  fundamentales    que    la    Corte    esté    en    el   deber   de   proteger  oficiosamente.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de Antonio  Juan Vega Fernández.      

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                 JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                   JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  Folios 1537-1563 del cuaderno 4.   

2  Folios 1695-1735 del cuaderno No.5.   

3 Ley  600.   

4  Artículo 90 de la ley 600 de 2000, numerales 3° y 4°.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *