26417(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26417  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 25  

Bogotá, D. C., febrero veintiuno (21) de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación instaurada por la Fiscal Tercera Especializada de  Tunja  contra  la sentencia de segunda instancia proferida, bajo las previsiones  contenidas  en  la  Ley  906  de  2004,  el  25 de julio de 2006 por el Tribunal  Superior  de  la  mencionada  ciudad,  por  cuyo  medio absolvió a CARLOS   ALBERTO   SÁNCHEZ,  EDWIN  FABIÁN  SANDOVAL  CARO,  JOHAN  MAURICIO  SANDOVAL  MARTÍNEZ  y  LUIS  ÁNGEL  RODRÍGUEZ  MOLINA, respecto  de  los  cargos  por razón de los cuales la Fiscalía les  formuló  acusación,  al  primero por el delito de porte ilegal de armas de uso  privativo  y  a  los  restantes  por  porte ilegal de armas de defensa personal.   

HECHOS  

El  9  de  febrero de 2006 autoridades de la  policía    dieron    captura    a   CARLOS   ALBERTO  SÁNCHEZ,   EDWIN  FABIÁN  SANDOVAL  CARO,  JOHAN  MAURICIO  SANDOVAL  MARTÍNEZ  y  LUIS ÁNGEL RODRÍGUEZ  MOLINA, por encontrárseles en su poder los siguientes  elementos    bélicos:    a   SÁNCHEZ   una  granada  de fragmentación, a SANDOVAL  CARO   un   revólver  calibre  .38,  a  SANDOVAL   MARTÍNEZ   una   escopeta  de  fabricación  casera, y a RODRÍGUEZ MOLINA un revólver calibre .32.   

La  aprehensión  se  produjo  en  el barrio  Cooservicios  de  la  ciudad  de Tunja, luego de una corta persecución iniciada  cuando   los  uniformados  escucharon  una  detonación  y  quisieron  por  ello  interceptar  a SÁNCHEZ y otro  sujeto  en  momentos  en  que  conversaban  con los ocupantes del vehículo taxi  UQY-090,  en cuyo interior se movilizaban los otros retenidos.    

ACTUACION PROCESAL  

1.  A  solicitud  de  la  Fiscalía  Tercera  Especializada,  el  10  de  febrero de 2006 se realizó audiencia preliminar, en  cuyo  desarrollo  se  declaró  la  legalidad  de  la  captura,  así como de la  incautación  de  las  armas,  se  formuló imputación a los indiciados por los  delitos  de porte ilegal de armas de uso privativo de la fuerza pública y porte  ilegal  de armas de defensa personal, y se les profirió medida de aseguramiento  de detención preventiva por los mismos ilícitos.   

2.  El  9 de marzo siguiente se presentó el  escrito  de  acusación,  y  con  fundamento en éste posteriormente se celebró  ante  el  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de Tunja la audiencia  de formulación de acusación.   

3. El juez de la causa celebró la audiencia  preparatoria  el  7  de  abril, y el 10 de mayo llevó a cabo el juicio oral, al  término  del  cual  anunció  el  sentido  del  fallo,  profiriéndolo  al día  siguiente,  decisión  en  la  cual  condenó  a CARLOS  ALBERTO  SÁNCHEZ  por  el  delito  de porte ilegal de  armas   de   uso   privativo   de   las   fuerzas   armadas,  y  a  EDWIN  FABIÁN  SANDOVAL  CARO,  JOHAN MAURICIO SANDOVAL MARTÍNEZ y  LUIS  ÁNGEL  RODRÍGUEZ MOLINA por el punible de porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal; a estos últimos, adicionalmente,  los absolvió respecto del primero de los ilícitos en mención.   

4.   Al  desatar  la  apelación  que  los  defensores      de      SÁNCHEZ      y  SANDOVAL CARO,  y     de     RODRÍGUEZ     MOLINA     interpusieron  contra la sentencia de primera instancia, el Tribunal  Superior  de Tunja la revocó para, en su lugar, absolver a los cuatro acusados,  pronunciamiento    del    ad    quem    que  fue  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación por la  Fiscal Tercera Especializada.   

LA  DEMANDA   

          Un  único  cargo,  según  dijo  y  al  amparo  de la causal 3º de  casación,  formula  la  demandante  contra  la  sentencia  de segundo grado. Su  sustentación,  empero, la divide en dos capítulos que denomina “primer    motivo”   y   “segundo motivo”   

          En   ese   “primer   motivo”  acusa  el  fallo  de incurrir en falso juicio de existencia que  condujo  a  desconocer  el principio de la libertad probatoria contemplado en el  artículo  373  de  la  Ley  906 de 2004, norma que proscribe la tarifa legal de  prueba.  Explica  su afirmación, señalando que el Tribunal creó una tarifa de  esa      naturaleza     al     exigir     como     requisito     “sinequanon”    (sic)   la   respectiva  certificación  expedida por el Ministerio de Defensa para demostrar el elemento  normativo  inmerso  en  los  tipos penales previstos en los artículos 365 y 366  del   estatuto   punitivo,   esto  es,  la  ausencia  de  permiso  de  autoridad  competente.    

          Con  tal  propósito, añadió la impugnante, el fallador estimó no  válidas  las  manifestaciones  efectuadas  por los acusados a los policiales al  momento  de  ser  capturados,  en  cuanto allí admitieron no contar con permiso  para  portar las armas, manifestaciones respecto de las cuales dieron cuenta los  uniformados  al  momento  de  rendir  testimonio  en  el juicio oral. Esa prueba  testimonial,  según  adujo,  la  desconoció  entonces el Tribunal, pasando por  alto  además  que  el  respeto  a  las  libertades  y garantías legales quedó  constatado  en  el  juicio  y en las audiencias preliminares de legalización de  captura y medida de aseguramiento.   

          En    criterio    de    la   casacionista,   sostener   –como   lo   hizo   el   ad  quem  para  considerarlas  carentes  de validez- que dichas manifestaciones son consecuencia  de  un  procedimiento  ilegal  porque  surgieron  antes de la imposición de los  derechos  del  capturado, sería tanto como afirmar que hasta cuando no se tenga  en  poder  la  certificación  expedida  por el Ministerio de Defensa no podría  aprehenderse  a  ningún ciudadano, o “al encontrarse  un  arma  de  fuego  o  cualquier artefacto explosivo proceder primero a imponer  derechos  de  captura sin saber si se está frente a la comisión de un delito y  posteriormente  preguntar  por el correspondiente permiso para el porte, lo cual  resulta  ilógico  y  no  razonable  aparte  de  que  dejaría a los miembros de  policía  judicial  y  quien hiciere sus veces  frente a un delito de abuso  de autoridad”.   

          Por  su  parte,  en el “segundo motivo”  aduce  la  presencia de un falso juicio de convicción  “a la inversa”, porque el  sentenciador  de  segunda  instancia  dejó  de  apreciar  la prueba testimonial  practicada  en el juicio oral, con el argumento de que con esa clase de elemento  de  convicción  no  puede demostrarse el porte ilegal de armas, modo de razonar  que,  en  su  criterio,  conllevaría  a  la  ilegalidad  de  la  captura  y del  procedimiento posterior.   

De la anterior forma, insistió, la autoridad  policial  quedaría  “imposibilitada  para adelantar  procedimientos  de  captura  en  casos  similares,  si se exige la confirmación  escrita  por  parte  del Ministerio de Defensa de la no expedición de permiso a  quien  se  le  encuentra  un arma de fuego o una granada de fragmentación, esta  última  de  uso  privativo de las Fuerzas Militares, lo que implica que ningún  ciudadano      común      y      corriente      pueda      poseerla”.   

          Para  la  demandante, de otra parte, no corresponde a la realidad la  afirmada   violación  al  principio  de  no  auto  incriminación,  por  cuanto  “los   policiales  nunca  interrogaron  a  los  por  capturar  por  procedencia  (sic)  del arma u otras circunstancias, tan solo por  procedimiento  (sic)  se indaga por la existencia o más bien, la justificación  legal  de  poseer  y portar consigo un permiso expedido por autoridad competente  en  aras  de  dar  cumplimiento  con  lo  consagrado  en  Decreto  (sic) 2535 de  1993”.    

          Con  sustento en lo anterior, solicitó casar el fallo atacado y, en  su  lugar,  mantener  la  decisión  adoptada  por  el  Juzgado Único Penal del  Circuito Especializado de Tunja.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Tiene ya precisado la Corte que el estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004 no supuso la modificación  de  las  exigencias  de  lógica  y adecuada argumentación que tradicionalmente  se   han  requerido  de  la  demanda  de  casación,  de  suerte  que  las  mismas se mantienen,  si bien no  con   el   rigor   técnico-formal   de   codificaciones   que  rigieron  en  el  pasado,  sí con un mínimo  de  coherencia  y  precisión  conceptual que permita  establecer  sin  dificultad  cuál  es el error atribuido al sentenciador y cuya  realización  ha generado la  violación  de  la  constitución  o  la  ley o la afectación de las garantías  fundamentales de las partes.   

Tales exigencias, de acuerdo con lo previsto  en  el  inciso  segundo del  artículo   184   de  la  precitada  Ley  906 de 2004,  giran     en     torno     a    la    correcta   selección  de  la  causal  invocada  y  al debido     desarrollo    de  los cargos  formulados   a  la  sentencia  atacada,  para  lo  cual  se  requiere  que  cada reproche se sustente   de   manera   separada   y  que  las  razones  aducidas  se  correspondan   con   el  yerro  denunciado,  sin  que  sea    dable   entonces  incluir en una misma censura conceptos que se opongan  entre  sí  ni  incurrir en  inconsistencias  de argumentación, pues ello  atentaría  contra  los  principios  de  no  contradicción y  autonomía    que    son   inherentes   al     recurso     extraordinario     de     casación.    

En  el  caso que concita la atención de la  Sala,  la  demandante  anuncia  la formulación de un  único  cargo  con  sustento  en la causal 3ª de casación, pero a renglón   seguido   emprende   su  desarrollo  a  través  de  dos  “motivos”, con lo cual  pareciera  indicar  que,  en verdad, su intención es  cuestionar la sentencia mediante dos reproches.   

Sin  embargo, ese  entendimiento  del libelo se  desvanece  cuando se repasan  los    fundamentos    expuestos    en   cada   uno   de   esos   “motivos”,    pues    entonces    se  evidencia que las razones ofrecidas en uno y otro son  casi  idénticas,  con  la  diferencia     consistente     en     que,    de    una   parte,  en el primero se aduce un falso juicio de existencia, mientras en  el  segundo  un  falso  juicio  de convicción “a la  inversa”  y,  de  otra,  que  en el “segundo  motivo”  se añaden argumentos  propios   de   un   sentido   de  error  diverso  e,  incluso,  de  una   causal  distinta   a   la   invocada,  como  se  verá  más  adelante.   

Por     lo    pronto,    importa  puntualizar que aducir simultáneamente la presencia de un  falso  juicio  de  existencia  y de un falso juicio de  convicción    frente    a    una   misma   prueba,   constituye   postulación   evidentemente  contradictoria,  porque  una  cosa  es  pretender  demostrar  que el fallador omitió valorar  un  medio  probatorio  o  lo  supuso  para  con  fundamento  en él sustentar su  decisión,  casos  en  los  cuales  se  presenta  el  falso  juicio  de  existencia,  y otra muy distinta es  argumentar  que  el  Tribunal desconoció  el  valor prefijado a la prueba en la ley o la eficacia que ésta  le   asigna,   eventualidades  propias  del    falso   juicio   de   convicción  y   que   suponen   la  apreciación  efectiva  de  un  medio probatorio que  realmente  existe  en el  proceso,  sólo  que se repudia su poder suasorio    por    un    error    de  derecho,  situación  diversa  al  falso  juicio de existencia donde, por un  error  de  hecho,  la  prueba  se  deja  de  apreciar  o  es  inventada  por  el  fallador.   

Pero      es      más;  observa  la  Corte  que las razones  planteadas  por  la  impugnante  ni  tienen relación  con un falso juicio    de    existencia    ni   se  corresponden    con    un    falso    juicio    de  convicción.     En     efecto,     se  aduce en la demanda que el Tribunal  no  tuvo en cuenta la prueba testimonial practicada en el juicio, proveniente la  misma  de  los efectivos policiales que realizaron el procedimiento de captura y  conforme  a la cual los procesados, en el momento de su aprehensión, admitieron  no  contar  con  el  respectivo  permiso  para  portar  las armas halladas en su  poder,  omisión  con la cual estableció una tarifa  legal  de  prueba, al exigir para la demostración de  ese   elemento  normativo  del  tipo  la  certificación  expedida  con  tal  propósito  por el Ministerio  de Defensa.   

No obstante, inmediatamente después admite  la  casacionista  que  el  fallador  de  segundo  grado  desestimó las  manifestaciones  hechas  por  los acusados, por considerarlas  carentes  de  validez  al  ser  expresadas  por  éstos  antes  de darles  a  conocer  los  derechos  del  capturado.   

Como    queda   visto,   con  base  en  la  misma  exposición  argumentativa  efectuada por  la   demandante   refulge  claro  que  el  Tribunal  ni   omitió   valorar   los   testimonios  de  los  uniformados,   ni  los  rechazó  so  pretexto de  que  la  ausencia  del  permiso  para  el  porte  del  arma  sólo  es   demostrable   a  través  de  la  certificación  expedida  al respecto por el Ministerio de Defensa. Otro  muy  diverso fue el cimiento  de  su decisión,   esto   es,   que   las   manifestaciones  de  los  procesados,  introducidas   al   juicio   a   través  de  los  testimonios  de  los  policiales,  no  revestían  eficacia probatoria por contener  vicios de legalidad.   

Si    se    lee   la   sentencia   del  Tribunal   sin   dificultad   se   concluye   que,  ciertamente,  en ningún momento esa corporación dejó de apreciar los aludidos  testimonios     ni    mucho    menos    pretendió    establecer    allí   una   tarifa  legal.  Por  el  contrario,  el  fallador  partió en su análisis de  reconocer   el  principio  de  libertad  probatoria  para  la  demostración  de  cualquiera  de  los  elementos  del  delito,  y luego  pasó   a  valorar  los  testimonios   de   los   guardianes   del   orden,  sin       que      atribuyera      mérito      probatorio  alguno  al  segmento  donde declararon haber escuchado a los  procesados  cuando  admitieron  no  contar  con los salvoconductos, manifestaciones  que,  por  tanto,  el  fallador   consideró   jurídicamente   ineficaces  por  desconocer  a  los  indiciados     en    su    momento    los   derechos   a   guardar   silencio   y   no  auto-incriminarse.   

Es   evidente  que  si  lo  pretendido     por     la    demandante    fue    cuestionar     la     decisión     del     Tribunal,     en    cuanto  consideró            carentes    de    validez    las        manifestaciones          hechas   por   los   acusados  al  momento  de su captura, la vía de  ataque    a    la    cual    debió   acudir   corresponde  a  un  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad, conforme      lo      ha   precisado  la  Sala  en     tratándose     de     casos  donde,     como    acontece    en    el         presente,   el   elemento  de  prueba  excluido  por    el   fallador   tiene   como   fuente  un  procedimiento policial  frente  al cual el  juzgador  arribó a la conclusión  que  se  llevó  a  cabo sin sujeción a los requisitos legales, en cuanto no se  hizo   saber   a   los   implicados   el   derecho   a  guardar  silencio  y  no  auto-incriminarse1.   

        De  la  anterior forma, es de aclarar, la Sala mantiene la postura  que  venía  prohijando  sobre  el  tema,  recogiendo  entonces  expresamente el  criterio  en  contrario  que tangencialmente se expuso en la sentencia proferida  el    13   de   septiembre   de   20062,  en cuyo texto se estimó incorrecto  denunciar la presencia de  un  error  de  la  naturaleza analizada por vía del  falso juicio de legalidad.   

Ahora bien, así  se   quisieran  superar  los  defectos  que  acusa  la demanda, y ello sólo  con  el  fin de hacer prevalecer los fines de la casación por sobre las formas,  según  los  dictados  del  inciso  tercero  del  artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  lo  cierto es que  la   forma   confusa  e  incoherente   como  se  sustenta  el  libelo,  en  donde se entremezclan sin  ningún  rigor  argumentativo  variedad de reproches,  no  abre  paso  a  dicha  posibilidad,  en  cuanto  de esa manera no se alcanza  a   establecer   cuál   es  el  propósito  de  la  demandante.   

Porque   es   que   aparte  de  plantear  simultáneamente   los  falsos  juicios de  existencia   y   de   convicción   ya  comentados,  cuestionó   también   al  Tribunal  por  dar  por  establecido  que  los  policiales  testificaron haber interrogado a los acusados  sobre   la   procedencia   del   arma,   lo   cual,   según  afirma,     no     corresponde    a    la  realidad,   predicando  de esa forma la presencia  de  un  falso  juicio de  identidad,    en   la   medida   que   atribuye   al   fallador  alterar  el  contenido  de  los  testimonios  de  los uniformados,  para  hacerles  decir que  sometieron        a        interrogatorio        a        los       capturados.   

Recuérdese   que  el  falso  juicio  de  identidad  se  estructura  cuando  se distorsiona el  medio  de  convicción  en  su  expresión  fáctica,  en  cuanto  se  le asigna  contenidos    que    no    le    pertenecen,   o   se   cercena   los   que   le  corresponden, haciéndole  decir lo que no expresa.   

Pero,  con  todo, se tiene que      en      la      sustentación  de  esa  censura  incurre  la  casacionista  en una  contradicción interna, pues a pesar de afirmar  que  los  policiales  no  testificaron  haber interrogado  a los aprehendidos por la  procedencia    del    arma,    inmediatamente   después   admite   que   los  uniformados,  según  sus  testimonios,  sí los indagaron sobre “la   justificación   legal   de   poseer   y  portar  consigo  un  permiso”.   

Por si lo anterior fuera poco, adicionalmente   afirmó  escuetamente  que  las  armas  de  uso  privativo  de  la fuerza pública no pueden ser objeto de posesión por parte de  ningún   ciudadano,   con  lo  cual  pareciera  que  reprochara  al  sentenciador  violar  la  ley  de  manera  directa, trasladándose  ya,  aunque  sin  decirlo,  a  los  terrenos de la  causal  1ª  de casación, según la estructura legal  diseñada en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  pero  ni  expresó  qué  norma  el Tribunal aplicó  indebidamente,  interpretó  erróneamente  o  dejó  de  aplicar, y mucho menos  demostró el error en que  a ese respecto habría incurrido el sentenciador de segundo grado.   

        Así,  pues, como la demanda acusa las graves falencias que se han  precisado,  se impone de plano su inadmisión, sin que,  por  lo  demás, se advierta en la actuación o en el  fallo  reprochado  violación  de  garantías  que impusieran el ejercicio de la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el legislador a la Sala, con el fin de procurar su restablecimiento.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  fiscalía procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  – siempre que el recurso de  casación  no  hubiera  sido interpuesto por un Procurador Judicial –,   el   Magistrado   disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda de casación  interpuesta por la Fiscal Tercera Especializada de Tunja,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

        De    conformidad    con   lo   dispuesto   en   el   inciso    segundo    del    artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,   contra   la   misma  procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN                       

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cfr.  Sentencia  del  22  de  agosto  de  2002, rad. 14616. En el mismo sentido,  sentencia del 10 de octubre de 2002, rad. 15906.   

2  Rad. 23251.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005, rad. 24322.     

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