25707(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25707  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

          Aprobado Acta No.  102   

Bogotá  D.  C., veinte (20) de junio de dos  mil siete (2007)   

La  Embajada  de  los  Estados  Unidos  de  América  solicitó  la  extradición  de  la ciudadana colombiana MARÍA ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,  para  que  comparezca  en  juicio  por delitos federales de  narcotráfico y lavado de dinero.   

Surtido  el  traslado  que  establece  el  artículo  500  del  Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, la Sala de  Casación Penal rinde el concepto que en  derecho corresponde.   

ANTECEDENTES   

1.  Con  la  Nota Verbal No. 0926 del 18 de  abril  de  2006,  la  Embajada  de  los  Estados Unidos de América solicitó la  detención  provisional  con  fines  de extradición, de la ciudadana colombiana  MARÍA   ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,  para  comparecer  en  juicio  por  delitos  federales de lavado de dinero y narcóticos.   

2. Recibida la Nota Verbal, el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  remitió  copia  a  la  Fiscalía General de la Nación,  entidad  que  ordenó  la  captura  con  fines  de extradición de la requerida,  mediante  resolución  de abril 24 de 2006 y, ésta se materializó en la ciudad  de  Bogotá, el 25 de abril de 2006,  por funcionarios de policía judicial  adscritos al grupo de Extinción de Dominio y Lavado de Activos.   

3.  Con  la  Nota Verbal No. 1530 del 22 de  junio  de  2006,  la  Embajada  de  los Estados Unidos de América formalizó la  solicitud  de extradición, en la cual se extractan los hechos y las pruebas que  fundamentan  las  imputaciones delictivas contenidas en la Acusación No. 1 : 06  – CR – 136, dictada el 15  de  marzo  de 2006, en la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  Septentrional  de Georgia, indicando que la requerida es socia de un testigo del  gobierno,  participa  en  una  operación  internacional  de  lavado de dinero y  está  ubicada en Colombia.   

Se  indica  que desde el 9 de septiembre de  2003  y  continuando  de  ahí  en adelante hasta el 15 de marzo de 2006, MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA  participó en una operación internacional de lavado  de dinero.   

Específicamente  se señala como socia  de   un  testigo  del  gobierno  que  trabaja  con  “corredores  de  pesos  en  Colombia”(sic),  lava  las  utilidades provenientes de la venta de narcóticos  y,   por  ello,  recibe  grandes  cantidades  de  moneda  corriente  en  Estados  Unidos,   el  testigo  se  queda  con los dólares y a cambio entrega pesos  para  lograr  que se recojan y se entreguen a “los corredores de pesos”(sic)  y a sus socios.   

Agrega  que  en  una  reunión  con agentes  encubiertos  en  Atlanta,  Georgia,  MARÍA   ISABEL BARBOSA PEÑALOZA  admitió,  en  lenguaje  clave,  que  estaba  enterada del origen ilícito de la  moneda  recogida  en  los  Estados Unidos. En dicha reunión y posteriormente en  conversaciones  y correos electrónicos con un agente encubierto, ella discutió  la   entrega   de   sesenta   kilogramos   de   una   sustancia   controlada  al  agente,       para     transportarla    y    venderla    en    Estados  Unidos.   

Afirma,  que  todas  las  acciones  fueron  ejecutadas  por  la  acusada  con posterioridad al 17 de diciembre de 1997 y que  las  violaciones  relacionadas con narcóticos también son delitos en Colombia,  tal como lo contemplan los artículos 375 a 385 del C  Penal.   

En  relación  con  la  identidad de MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,  dice  que  es ciudadana de Colombia, nacida el 8 de  noviembre   de   1974,   en   Colombia   y   portadora   de   la   cédula   No.  52.156.676.   

Con  la  nota diplomática fueron remitidos  los  siguientes  documentos,  autenticados  y  traducidos  al  castellano,  para  sustentar la solicitud de extradición:   

3.1.  Declaración  jurada rendida el 16 de  mayo  de  2006,  por Sandra E. Strippoli, Fiscal Auxiliar de los Estados Unidos,  Sección  Antinarcóticos  para el Distrito Septentrional de Georgia. Se refiere  al    procedimiento    cumplido    por    el    Gran  Jurado  para  dictar  la  acusación,  presenta  una  síntesis  de  los  hechos  que  dieron  lugar  a  la solicitud de extradición,  concreta   los  cargos  formulados  contra MARÍA ISABEL BARBOSA PEÑALOZA,  precisa  los elementos integrantes de cada delito y aporta los datos allegados a  la   investigación   sobre   la   identidad   de   la  requerida.  (fls. 94 y ss. cdno. anexo)   

3.2  Transcripción  de  las  disposiciones  penales   sustantivas   supuestamente   transgredidas   por   el   requerido  en  extradición  con  las  conductas  que  se le endilgan.  (fls. 104 y ss.  cdno. anexo)   

3.3. Acusación No. 1:06-CR-136, dictada el  15  de  marzo  de 2006, en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el  Distrito Septentrional de Georgia, División de Atlanta.    

3.4.  Copia de la orden de captura expedida  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos.  Distrito Septentrional  de  Georgia  (fls. 128 cdno  anexo).   

3.5.  Declaración  jurada rendida el 16 de  mayo   de   2006,   por                 Paul          D.          O’Brien,  agente especial de la Oficina  de  Inmigración  y  Aduanas  de  los  Estados  Unidos, en la que informa que ha  estado  a  cargo  de  la  investigación  que  se  adelanta contra MARÍA ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,   señala  los  antecedentes de la investigación y las  pruebas  que  comprometen  a  la  solicitada,  como:  información de un testigo  colaborador,  interceptaciones telefónicas autorizadas por “los Tribunales de  Colombia”(sic)  y  grabaciones  de  una reunión secreta que sostuvo un agente  encubierto   del   ICE   con   MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,  en  Atlanta,  Georgia,   donde  ésta  admite  que  conocía  el  orígen ilícito de los  dineros   y   su  participación  en  el  tráfico  de  narcóticos.    (fls.   130   y   ss.    cdno.  anexo)   

3.6.   Fotografías  de  MARÍA ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA. (fl. 138  cdno anexo)   

4. El Ministerio del Interior y de Justicia  estimó  que el expediente se encontraba completo y la solicitud de extradición  formalizada,  por  lo cual, lo envió a la Sala de Casación Penal para lo de su  competencia.   Adjuntó   el   concepto rendido por el Jefe de la  Oficina  Jurídica  del  Ministerio Relaciones Exteriores, en el sentido que por  no  existir  tratado  de extradición aplicable entre Estados Unidos y Colombia,  es  procedente  obrar  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  ordenamiento  jurídico penal colombiano.   

5.    La    requerida  designó  defensora  de confianza, la cual elevó solicitud de pruebas, que fueron negadas  mediante  providencia  de  marzo  21  de  2007  y luego se corrió traslado para  alegar.   De  este término hicieron uso tanto el Ministerio Público, como  la defensa.   

ALEGATO DE LA DEFENSA  

La  defensa   solicitó  que  se emita  concepto  negativo  para  la  extradición de MARÍA ISABEL BARBOSA PEÑALOZA y,  tras   efectuar   un  breve  recuento  de  lo  actuado,   señaló  que  ha  prevalecido   el   derecho   procesal  sobre  el  sustancial;   por  tanto,  anuncia   que se limitará a presentar un alegato sólo para satisfacer las  formas propias del debido proceso.   

Hizo  referencia a la Convención Americana  sobre  Derechos Humanos y transcribió los artículos 7, 8 y 9, relacionados con  la  libertad  personal,  las  garantías  judiciales  y   el  principio  de  legalidad  y retroactividad.  Seguidamente manifestó que no le fue posible  poner  en  acción  la  controversia litigiosa, no se accedió a la solicitud de  pruebas,  ni   pudo  controvertir  el  acervo  probatorio, e indicó que su  representada  nunca  ha  sido  oída,  con  lo  cual  se viola flagrantemente el  artículo 8, numeral 1 del estatuto internacional citado.   

Insiste  en  que su representada no ha sido  escuchada  y  transcribe  el artículo 35 de la Constitución, para concluir que  aquella  no puede ser extraditada a la luz del precepto citado, pues asegura que  no  ha  cometido  delitos  en el exterior y que no se le han dado las garantías  necesarias.   

Seguidamente  transcribe  en  negrilla  el  artículo  19 de la Convención Americana de Derechos Humanos, en la que se hace  referencia  a  los  Derechos del niño y señala que antes de emitir el concepto  es  necesario cerciorarse de la existencia de dos hijos menores de MARÍA ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA  y  de  la vulneración de los derechos de éstos a la luz de  los  Tratados  Internacionales y la Constitución Política.  Manifiesta su  preocupación  por  la  atención  de  los menores y la afectación a la familia  como  institución  básica de la sociedad, la cual se encuentra desprotegida si  se emite un concepto positivo de extradición.   

También  transcribe  el artículo 29 de la  Constitución  Política  y  sostiene  que  siendo  el debido proceso un derecho  fundamental  en el que se tiene la garantía de presentar y controvertir prueba,  la  acusación no se ha podido refutar y ello daría lugar a pedir la concesión  de  la  tutela  y  protección  de  dicho  derecho;  además,  se pregunta si la  petición de un país prima sobre el debido proceso   

Concluye  solicitando que se de aplicación  al  principio  de  territorialidad,  para  la investigación y juzgamiento de su  poderdante,   en  el  evento  de  que  dicha  ciudadana  haya  realizado  algún  quebrantamiento  del  ordenamiento  penal,  pues  ésta  ha  sido víctima de un  montaje   

ALEGATO DEL PROCURADOR  

1.     La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la Casación Penal, efectuó un recuento de los antecedentes del  trámite   de   extradición   y   de  la  situación  fáctica,  para  ocuparse  posteriormente de analizar los presupuestos legales, así:   

1.1.   Validez  de  la documentación:  Relaciona  la  documentación  allegada  con  la  solicitud  de  extradición  y  sostiene  que  el  Gobierno de los Estados Unidos de América solicitó por vía  diplomática,  la extradición de MARÍA ISABEL BARBOSA PEÑALOZA.  Agregó  que  las firmas de quienes suscriben la documentación fueron autenticadas en el  país  de  origen  por las autoridades respectivas y finalmente por la autoridad  consular  colombiana  en  el  mismo  país.   Por tanto, puede inferirse su  autenticidad  e  idoneidad  para  tenerse  como  medio  de prueba, conforme a lo  dispuesto  en  el  artículo  259 del Código de Procedimiento Civil, modificado  por el Decreto 2282 de 1989, artículo 1, numeral 118.   

1.2.  Identificación  de  María  Isabel  Barbosa  Peñaloza:   En  la  nota  verbal  1530  del  22 de junio de 2006,  aportada  por  los  Estados  Unidos,  se  señaló  que  MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA   es   ciudadana  colombiana,  nacida  el  8  de  noviembre  de  1974,  identificado  con la cédula No. 52.156.676, lo cual ofrece certeza  de que  la  persona  capturada  corresponde a la ciudadana colombiana reclamada y al ser  aprehendida  se  identificó  con  los  mismos  datos  que obran en la solicitud  verbal,  tal  como  consta en el acta de derechos del capturado, buen trato y en  la diligencia de notificación de la captura.    

1.3.    Principio   de   la   doble  incriminación:    Conforme  al  numeral  1 del artículo 511 del C.P.  P.,   la  extradición procede cuando el hecho que la motiva también está  previsto  como  delito en Colombia y reprimido con pena privativa de la libertad  cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Luego  de  transcribir los cargos que se le  endilgan  a  la  requerida,   señala  que  se  refieren  a  los delitos de  concierto  para  delinquir,  regulado  en  el  artículo  340 del Código Penal,  modificado  por  la Ley 733 de 2002, sancionado con pena de prisión de seis (6)  a  doce (12) años y  lavado de activos previsto en el artículo 323 ídem,  modificado  por la Ley 747 de 2002, artículo 8, sancionado con pena de prisión  de seis (6) a quince (15) años.   

Concluye   que   las   conductas   están  tipificadas  en  la legislación penal colombiana y sancionada con pena mayor de  cuatro    (4)    años,    por    tanto,    también    se    satisface    éste  presupuesto.   

1.4.     Equivalencia    de    la  providencia:   El  Gobierno de los Estados Unidos aportó copia certificada  de   la   acusación  dictada  contra  MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,   decisión  que  guarda correspondencia con la resolución de acusación prevista  en  el  artículo 398 del C. de P. Penal, pues allí se precisa el lugar y fecha  de  los hechos, los nombres de las personas que participaron, su identidad, y la  calificación   jurídica   de   la   conducta,   además   de  la  normatividad  violada.   

Sobre  la equivalencia de la resolución de  acusación   colombiana   y   la  providencia  de  acusación  proferida  en  el  extranjero,  existe  reiterado  pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia,  Sala  Penal  y concretamente, transcribe aparte de la decisión radicada bajo el  No. 23341 de junio 8 de 2005.   

1.5.  Otros aspectos: La Constitución  Política  de  Colombia  en  su  artículo 35 dispone que la extradición de los  ciudadanos  colombianos  se  concederá  por  delitos  cometidos en el exterior,  exigencia  que  se  cumple en esta oportunidad, pues a la requerida se le imputa  la  comisión de delitos cometidos en los Estados Unidos.  En consecuencia,  solicita que se emita concepto favorable.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Debido   a   que  no  existe  tratado  de  extradición  aplicable  entre los Estados Unidos y Colombia, según lo informó  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores, y porque los hechos ocurrieron hasta  marzo  15  de  2006,  como  se  afirma  en  la  acusación,  el  concepto que le  corresponde   emitir   a  la  Sala  de  Casación  Penal  en  este  trámite  de  extradición  se  rige  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  906 de  2004).   

De  conformidad  con  el  artículo 502 del  Código  de  Procedimiento  Penal, la Corte Suprema de Justicia fundamentará su  concepto  en:  (i)  la  validez  formal  de  la  documentación presentada, (ii)  demostración  plena  de  la  identidad del solicitado, (iii) el principio de la  doble  incriminación,  (iv)  la  equivalencia  de  la providencia dictada en el  extranjero  y,  (v)  cuando  fuere el caso, en el cumplimiento de lo previsto en  los tratados públicos.   

Tal  como  lo  advierte  la  Delegada  del  Ministerio  Público,  convergen  los  anteriores  requisitos,  por  lo  cual se  emitirá  concepto  favorable  a  la  solicitud  de extradición de la ciudadana  colombiana,  MARÍA  ISABEL  BARBOSA PEÑALOZA, previo análisis de los tópicos  legales enunciados en precedencia:   

1.  VALIDEZ  FORMAL  DE  LA  DOCUMENTACIÓN  PRESENTADA.   

1.1.  El Código de Procedimiento Penal  (Ley  906 de 2004), artículo 495, dispone que la solicitud de extradición debe  ser  presentada por vía diplomática o en casos excepcionales por la consular o  de  gobierno  a gobierno, adjuntando: i) copia o transcripción auténtica de la  sentencia,  de  la  resolución  de acusación o su equivalente; ii) indicación  exacta  de  los  actos  que determinaron la solicitud  de extradición y el  lugar  y la fecha en que fueron ejecutados; iii) todos los datos que se posean y  que  sirvan  para  establecer  la plena identidad de la persona reclamada; y iv)  copia   auténtica   de   las   disposiciones   penales   aplicables   para   el  caso.   

Tales  documentos  deben  ser  expedidos de  acuerdo  con  la  forma señalada por la legislación del Estado requirente y se  traducirán al castellano, si fuere necesario.   

1.2.  El  artículo  259  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  modificado  por el artículo 1º, numeral 118 del Decreto  2282   de   1989,   estipula   que   “Los  documentos  públicos  otorgados  en  el  país extranjero por  funcionario  de  éste  o con su intervención, deberán presentarse debidamente  autenticados  por  el  cónsul  o  agente diplomático de la República, y en su  defecto  por  el  de  una  nación amiga, lo cual hace presumir que se otorgaron  conforme  a  la  ley  del  respectivo  país.  La  firma  del  cónsul  o agente  diplomático  se  abonará  por  el  Ministerio de Relaciones Exteriores de  Colombia,   y  si  se  trata  de  agentes  consulares  de  un  país  amigo,  se  autenticará  previamente por el funcionario competente del mismo y los de éste  por el Cónsul colombiano.”   

1.3.    Aquellas    exigencias   fueron  adecuadamente  observadas  por  el  Gobierno  de los Estados Unidos de América,  pues,  por vía diplomática presentó la solicitud, a través de su Embajada en  Colombia,  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  y  a  dicha  solicitud se  anexaron  copias de la Resolución de Acusación No. 1:06-CR- 136, dictada el 15  de  marzo  de 2006, en la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  Septentrional  de  Georgia  y  de  las  declaraciones  rendidas  por  Sandra  E.  Strippoli,  Fiscal Auxiliar de los Estados Unidos, Sección Antinarcóticos para  el    Distrito    Septentrional    de    Georgia   y   Paul   D.   O’brien,  agente especial de la Oficina  de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos.    

Dichos documentos fueron autenticados según  lo  dispuesto  en  el  artículo  259 del Código de Procedimiento Civil, por lo  cual  se  presume que fueron otorgados conforme con el ordenamiento jurídico de  los  Estados  Unidos;  siendo,  por  tanto,  factible  admitirlos como medios de  prueba en este trámite.   

En  efecto,  el  Director  Asociado  de  la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales,  División  de  lo Penal, Departamento de  Justicia  de los Estados Unidos de América, certificó que copias fieles de los  testimonios  rendidos  por  Sandra  E. Strippoli, Fiscal Auxiliar de los Estados  Unidos,  Sección  Antinarcóticos  para  el Distrito Septentrional de Georgia y  Paul  D.  O’brien, agente  especial  de  la  Oficina  de  Inmigración  y Aduanas de los Estados Unidos, se  mantienen  en  los archivos oficiales del Departamento de Justicia de Washington  D.C.  de  los  Estados  Unidos de América. (fl.   40  cdno  anexo)   

El Procurador de los Estados Unidos, Alberto  R.  Gonzales, hizo constar que para ese entonces Jason E. Carter desempeñaba el  cargo  de  Director  Asociado,  de  la Oficina de Asuntos Internacionales, de la  División  de  lo  Penal, del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, en  Washington   D.C.,   quien  con  ese  propósito  hizo  estampar  el  sello  del  Departamento   de   Justicia.   (fl.  39   cdno.  anexo)   

La  Secretaria de Estado, Condoleezza Rice,  certificó  que  al  documento  anexo  se  le fijó el sello del Departamento de  Estado  y  que  el  Funcionario  Auxiliar de Autenticaciones del Departamento de  Estado,  Sonya  N. Johnson, suscribió su nombre. (fl.  37  cdno. anexo)   

La Cónsul de Colombia en Washington, María  de  los  Ángeles  Barraza,  certificó  que  es auténtica la firma de Sonya N.  Johnson (fl. 36  cdno. anexo)   

Los mencionados documentos fueron traducidos  al  castellano  por  la Embajada de los Estados Unidos de América y en conjunto  con  las  Notas Verbales permiten establecer claramente las conductas imputadas,  el  lugar  y  la fecha de su ejecución y se acreditan los hechos que sucedieron  en  el  país  requirente,  cumpliendo  así  la  exigencia  de la Constitución  Política,  artículo  35,  según  la  cual  se  concederá  la extradición de  colombianos de nacimiento por delitos cometidos en el exterior.   

En   consecuencia,  se  verifica  que  se  encuentran   reunidas   las   exigencias   del  artículo  495  del  Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 906 de 2004), con lo cual se satisface el requisito de  la   validez  formal  de  la  documentación  presentada  con  la  solicitud  de  extradición.   

2.  DEMOSTRACIÓN PLENA DE LA IDENTIDAD  DEL SOLICITADO   

La   información   que   contiene   la  documentación  aportada para el presente trámite permite a la Sala deducir que  MARÍA   ISABEL   BARBOSA  PEÑALOZA,  privada  de  la  libertad  con  fines  de  extradición,  es  la  misma  persona  requerida  por el Gobierno de los Estados  Unidos de América.   

Los  datos  suministrados  por  el  país  requirente  en  las  notas diplomáticas, en los testimonios rendidos como apoyo  de  la  solicitud  de  extradición  y  lo  consignado  en  la orden de captura,  señalan  que   MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA es ciudadana colombiana,  nacida  el  8 de noviembre de 1974 y portadora de la cédula No. 52.156.676. Por  otra  parte,  la  Policía  Nacional de Colombia, Dirección Central de Policía  Judicial  efectuó  un cotejo dactiloscópico en el que se confirmó y verificó  la   identidad  de  la  requerida,  con  base  en  el  reporte  allegado  de  la  Registraduría   Nacional   del  Estado  Civil;   de  ahí  que  los  datos  correspondan  a la persona capturada con fines de extradición y así se plasmó  en  el  acta  de  notificación personal de dicha orden y en el acta de derechos  del    capturado;    además   no   ha   existido   discusión   sobre   el  tema.   

Se  evidencia  así que MARÍA ISABEL   BARBOSA  PEÑALOZA,  persona  que  permanece privada de la libertad con fines de  extradición,  es  la  misma  que  reclama  el Gobierno de los Estados Unidos de  Norte América.   

3.     PRINCIPIO    DE    LA    DOBLE  INCRIMINACIÓN.   

Establece  el numeral 1° del artículo 493  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  906  de 2004), que para conceder u  ofrecer  la  extradición es necesario que el hecho que la motive también esté  previsto  en  Colombia  como delito y reprimido con una sanción privativa de la  libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

3.1.  En la Acusación No. 1:06-CR-136,  dictada  el 15 de marzo de 2006 en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos  para  el  Distrito Septentrional de Georgia, División de Atlanta, se formularon  los siguientes cargos:   

“ CARGO UNO   

A  partir  de una fecha desconocida para el  gran  jurado, pero al menos  por  el  9  de septiembre de 2003 o alrededor de esta fecha, y con continuación  hasta  o  aproximadamente  la fecha en que se dictó esta acusación, dentro del  Distrito  Septentrional  de  Georgia; Bogotá, Colombia, América del Sur; Nueva  York,  Nueva  York(sic) y en  otras partes, la acusada,   

MARÍA ISABEL BARBOSA PENALOZA  

junto  con  otros,  tanto  conocidos  como  desconocidos     para    el    gran    jurado,  con  conocimiento  de  causa  e  intencionadamente  se  combinaron,  concertaron,  se confederaron, concordaron y  llegaron  a  un acuerdo tácito entre sí para cometer  infracciones  a  las  leyes  de  los  Estados Unidos de América, a saber;      de      la      Sección  1956(a)(1)(A)(i),           (a)(1)(B)(i), y 1957 del Título 18 del Código de  los  Estados  Unidos, de la siguiente manera: realizar  e  intentar  realizar  una  operación  financiera  que  afecta  el comercio   interestatal   y   con  el  extranjero,  (1)  que  dicha  operación  involucra  el  producto  de  una actividad  ilícita  especificada,  esto es, la importación, ocultamiento, compra, venta y  otras   negociaciones  con  sustancias  controladas,  conminada   con   bajo   las   leyes  de  los  Estados  Unidos  de  América,  con  la  intención  de  promover la realización de tal  actividad  ilícita  especificada;  y  (2)  ocultar y  disfrazar  la  naturaleza, la ubicación, el origen, la titularidad y el control  del    producto    de   dicha   actividad   ilícita  especificada,   sabiendo   que   la   propiedad  involucrada  en  la  operación  financiera  representaba  el producto de alguna forma  de    actividad   ilícita;   y   (3)   a   sabiendas   realizó,   intentó  realizar  y  causó  y ayudó e instigó a otros para que  realizaran   operaciones   monetarias  con  propiedad  derivada  ilícitamente  con  un valor mayor de US$ 1 0.000, en violación de la  Sección  1957  del  Título  18  del  Código de los  Estados Unidos;   

(…)  

CARGO DOS  

Desde  una  fecha  desconocida para el gran  jurado,  pero  al menos por el 9 de septiembre de 2003  o  alrededor  de  esa  fecha,  con continuación hasta la fecha en que se dictó  esta  acusación o aproximadamente en esa fecha, en el  Distrito Septentrional de Georgia y en otros lugares, la acusada,   

MARÍA ISABEL BARBOSA PENALOZA,  

junto  con  otros,  tanto  conocidos  como  desconocidos  para  el  gran  jurado,  con  conocimiento  de  causa e  intencionadamente  se  combinaron, concertaron, se confederaron,  concordaron  y llegaron a un acuerdo tácito entre sí  para   cometer   infracciones   a   la  Sección  841  (a)(1)  del  Título  21  del Código de los   Estados   Unidos,  esto  es,  intencionadamente  instigar  la  distribución  de al menos cinco (5) kilogramos de una  mezcla  que  contenía  la  cocaína,  una  sustancia  controlada  de  la  Tabla  II,  y  otras sustancias  controladas  por  y a través del “lavado” del producto  de   la   venta   de   cocaína  y  otras  sustancias  controladas.   

Todo     ello    en    violación  a  las  Secciones 841(b)(1)(A),  841(b)(1)(C)  y  846  del  Título  21  del  Código  de los Estados Unidos y la  Sección 2 del Título 18 del Código de los Estados Unidos.   

CARGOS   DEL   TRES   AL   CINCUENTA   Y  SEIS   

En  las fechas indicadas a continuación, o  alrededor     de     esas     fechas,     en     el     Distrito    Septentrional    de    Georgia    y    en    otros    lugares,   la  acusada,   

MARÍA ISABEL BARBOSA PENALOZA,  

ayudada  e  instigada  por  otros,  tanto  conocidos   como   desconocidos   para   el   gran   jurado,   con  conocimiento  de  causa  realizó  e  intentó realizar operaciones  financieras  que  afectaron el comercio interestatal y  con  el  extranjero,  (1)  operaciones  que  involucraron  el  producto  de  una  actividad   ilícita   especificada,   esto  es,  la  importación,   ocultamiento,   compra,   venta   y   otras   negociaciones  con  sustancias  controladas,  conminada bajo las leyes de  los  Estados  Unidos de América, con la intención de  promover  la  realización de tal actividad ilícita especificada; y (2) ocultar  y  disfrazar  la naturaleza, la ubicación, el origen,  la   titularidad   y   el   control  del  producto  de  tal  actividad  ilícita  especificada,  a  sabiendas  que  la  propiedad  involucrada  en las operaciones  financieras  consistía  del  producto de alguna forma  de actividad ilícita:   

(…)  

Todo ello en violación a las Secciones 1956  (a)(1)(A)(i),  1956(a)(1)(B)(i)  y  2 del Título 18 del Código de  los       Estados       Unidos.”(fls.     67     y  ss. cdno anexo)   

3.2.   El  delito de concierto para el  tráfico  de  estupefacientes,  endilgado  a MARÍA ISABEL BARBOSA PEÑALOZA, es  también  punible  en  Colombia,  pues  configura  el  injusto  de  concierto  para  delinquir previsto en el  artículo  340,  inciso  2 del Código Penal, Ley 599 de 2000, modificado por la  Ley  1121  de  2006,  artículo  19, que sanciona con prisión de 8 a 18 años a  quienes   se   concierten   con  el  fin  de  cometer  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes.    A   su   vez,    el   ilícito   de   tráfico  de  estupefacientes  se  encuentra  definido  y  sancionado  con una pena mínima de  cuatro   (4)   años   de   prisión   en   el  Código  Penal,   artículo  376.   

También  el  ilícito de lavado de activos  previsto  en el Código Penal, artículo 323, modificado por la Ley 747 de 2002,  artículo  8  y por la Ley 1121 de 2006, artículo 17, está sancionado con pena  privativa de la libertad de ocho (8) a veintidós (22) años.   

Resulta  evidente  que  se  cumple  con  el  principio  de  la  doble  incriminación,   dado que los citados delitos se  encuentran  tipificados  en  Colombia  y  la  sanción prevista no es inferior a  cuatro (4) años de prisión.   

4.   EQUIVALENCIA  DE  LA  PROVIDENCIA  PROFERIDA EN EL EXTRANJERO   

Por  disposición  del  numeral  2°  del  artículo  493  del  Código de Procedimiento Penal (Ley 9066 de 2004), para que  pueda  ofrecerse  o  concederse  la  extradición,  es  necesario  que  el país  reclamante  haya  proferido en contra del requerido, resolución de acusación o  su equivalente.   

Tal exigencia se cumple también frente a la  solicitud  de  extradición  de  la  ciudadana  colombiana MARÍA ISABEL BARBOSA  PEÑALOZA,  formalizada  por el Gobierno de los Estados Unidos de América, toda  vez  que la Resolución de Acusación No. 1:06-CR-136, dictada el 15 de marzo de  2006,  en  el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados  Unidos para el Distrito  Septentrional  de Georgia, es  equivalente   al  escrito  de  acusación   establecido   en  los  artículos  336  y  337  del  Código  de  Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004).   

En efecto, la Resolución de Acusación, en  conjunto   con  las  declaraciones  y  documentos  que  se  acompañan,  permite  establecer   las   conductas   endilgadas   a   la   ciudadana   requerida,  las  circunstancias   de   tiempo,   modo  y  lugar  en  que  fueron  ejecutadas,  la  individualización  concreta  de  la  acusada,  las  pruebas  que  le  sirven de  sustento  y, las disposiciones jurídicamente relevantes.  Por tanto,   da  lugar  a  la  fase  del  juicio,   en  la  cual tendrá la procesada la  oportunidad  de  ejercer  el  derecho  de  defensa y contradicción frente a los  cargos a ella atribuidos.   

La  Sala  ha  sostenido  que  a pesar de no  existir  coincidencia  exacta entre los sistemas procesales del Estado requerido  y    el    Estado    peticionario,    existen   similitudes   que   las   tornan  equivalentes:   

     

a. Es  un  escrito de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra de la acusada para que se defienda de ellos en el juicio.   

b. Formulada  la  acusación se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.   

c. Se  señalan  los  hechos, con especificación de las circunstancia  de  tiempo  modo  y  lugar en que ocurrieron y la calificación jurídica de las  conductas,     con     indicación    de    las    disposiciones    sustanciales  aplicables.1     

Por  lo  tanto,  puede  concluirse que esta  exigencia legal también se satisface   

    

1. SOBRE       EL      ALEGATO      DE      LA  DEFENSA     

La defensa  cuestiona el debido proceso  penal,  confundiendo  el  trámite que se surte ante la Sala en relación con la  extradición  y  el  que  se  adelanta  ante la autoridad judicial que conoce la  investigación  penal  en  país  extranjero,  donde  se le deben garantizar los  derechos  de defensa y contradicción a su representada.  Dicha aclaración  se  efectuó  de  manera amplia al resolver la solicitud de pruebas en la que se  negaron  entre  otras  las  que  pretendían  establecer  la condición de madre  cabeza  de  familia  de MARÍA  ISABEL BARBOSA PEÑALOZA, al considerar que  las   condiciones   personales   y  familiares  de  la  solicitada,  no  podían  convertirse  en  obstáculo  para  que el Estado y sus organismos ejercieran sus  funciones   en  el  marco  de  las  competencias;  además,   contra  dicha  providencia  no  se interpuso recurso alguno, por ello, resulta  totalmente  improcedente  volver  sobre  los argumentos que se analizaron en dicha ocasión,  pues  la oportunidad procesal para ello ya feneció.    

Al  tenor  de  lo  expuesto,  no  es  en el  trámite  de extradición que se debe controvertir la resolución de acusación,  según  lo  echa de menos la defensa, ya que el  análisis de la Corte debe  centrarse  en  verificar  la  equivalencia  entre  la  providencia  proferida en  Estados  Unidos  y la resolución de acusación que se profiere en Colombia, tal  como  se hizo en precedencia.   

Ahora,  en  relación  con el aspecto de la  territorialidad,  debe  advertirse  que  la  solicitud  de  extradición  y  los  documentos  que  la  sustentan  indican  que  a  la  requerida se le atribuye un  concierto  para  enviar  cocaína  a  los  Estados  Unidos  y  para lavar dinero  producto  del  narcotráfico, dado que pertenece a una organización criminal de  carácter  internacional;  es  decir  que  se  trata  de  un  comportamiento que  trasciende las fronteras nacionales.   

De   tiempo  atrás  la  Sala  ha  venido  sosteniendo  que el presupuesto del artículo 35 de la Constitución Nacional se  agota  cuando  los hechos han ocurrido, así sea parcialmente en el exterior, ya  que  debe  efectuarse  una  interpretación  sistemática  con  el  principio de  territorialidad  y  la  excepción  de  extraterritorialidad  de  la  ley  penal  (artículo  15 y 16 del Código Penal), por funcionar ésta en doble sentido, es  decir,  que  si  bien  legitima  a  las  autoridades colombianas para aplicar el  ordenamiento  jurídico interno a hechos o situaciones ocurridas parcialmente en  otro  Estado, también permite a las autoridades extranjeras la persecución por  los   delitos   ejecutados   parcialmente   en  nuestro  territorio.2   

En  este  caso, es evidente que los delitos  atribuidos  a  MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA  tuvieron  lugar,  así  fuera  parcialmente,  en  el  país  requirente;  por  tanto, el argumento defensivo no  está llamado a prosperar.     

1. CONCLUSIONES     

Los   anteriores  razonamientos  permiten  concluir  a  la  Sala que están dadas las exigencias legales para conceptuar de  manera  favorable  respecto  de  los  cargos  a  que  se refiere la solicitud de  extradición    de    la    ciudadana    colombiana    MARÍA   ISABEL   BARBOSA  PEÑALOZA.   

Finalmente, pese al sentido de la decisión  que  se  anuncia,  atendiendo  lo  dispuesto  en el artículo 494 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  906 de 2004), se advertirá que el Gobierno Nacional  puede  subordinar  la  concesión  de  la  extradición  a  las  condiciones que  considere  oportunas,  así  como  exigir  que  el solicitado no sea juzgado por  hechos  anteriores,  diversos de los que motivaron la solicitud de extradición,  ni  sometido  a  sanciones  distintas  de  las que se le hubieren impuesto en la  eventual  condena, ni sometido a penas de muerte, destierro, prisión perpetua o  confiscación,   ni   desaparición   forzada,  por  el  país  solicitante,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por  los artículos 12 y 34 de la Constitución  Política de Colombia.   

Además,  la  Sala  ha  de  indicar que en  virtud  de lo dispuesto por el numeral 2º del artículo 189 de la Constitución  Política,  corresponde  al  señor  Presidente  de  la  República como supremo  director  de la política exterior y de las relaciones internacionales, realizar  el  respectivo  seguimiento  a  los  condicionamientos  que  se  impongan  a  la  concesión  de la extradición y determinar las consecuencias que se derivarían  de su eventual incumplimiento.   

Cabe     subrayar    que  el  tiempo  durante  el  cual  MARÍA  ISABEL     BARBOSA     PEÑALOZA     ha  permanecido privado de la libertad  (25   de   abril   de  2006),  debe tenerse como  parte   de   la   pena   que  podría  llegar  a  imponerse   en  el  país  requirente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a  la  extradición de MARÍA ISABEL BARBOSA PEÑALOZA, ciudadana  colombiana,  nacida  el  8  de  noviembre  de 1974 y portadora de la cédula No.  52.156.676,   solicitada   por  los  cargos  atribuidos  en  la  Resolución  de  Acusación  No.  1:06-CR-136,  dictada el 15 de marzo de 2006, en el Tribunal de  Distrito   de   los   Estados   Unidos   para   el   Distrito  Septentrional  de  Georgia.   

Hágasele  conocer  el  presente concepto a  MARÍA  ISABEL  BARBOSA  PEÑALOZA,  a  su  defensora,  al Agente del Ministerio  Público  y al Fiscal General de la Nación.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia para lo de su competencia.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                                 ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

        Aclaración de voto   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre   ellos   el  fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos y deberes consagrados en la  Carta;  defender  la  independencia  nacional  y  proteger  a todas las personas  residentes  en  Colombia  en  su  vida,  honra,  bienes,  creencias,  derechos y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes3   para   que  se  solicite,  conceda  u  ofrezca, que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es  preciso  comentar  que  como no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que  ligue  a Colombia con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para  evaluar   la   procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u  ofrecimiento  de  extradición   entre   los   dos   países   es   el  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo  508  y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito  de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal  mínimo  en  el  exterior  –artículo  510 y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro, prisión  perpetua      y      confiscación’,  a  las  cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas,  no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica  que  igualmente  en  ese  sentido  habrá  de condicionarse la exequibilidad del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”4   

Sin  embargo,  esas  no  son  las únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El  gobierno  podrá subordinar el ofrecimiento o  la   concesión   de   la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce5,  y  con  los  derechos y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten   al   extraditado   –como  a  cualquier  otro nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente,  el gobierno debe condicionar  la  entrega  a que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre  la   materia,   le  ofrezca  posibilidades  racionales  y  reales  para  que  el  extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con  sus familiares más cercanos,  habida  cuenta  que  la Constitución de 1991, en su artículo 42, reconoce a la  familia  como  núcleo  esencial  de  la  sociedad,  garantiza  su protección y  reconoce  su honra, dignidad e intimidad, lo cual se refuerza con la protección  adicional  que  a ese núcleo le otorgan la Convención Americana sobre Derechos  Humanos   (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado  mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1  Concepto de Extradición de marzo 27 de 2007, radicado 25431.   

2  Concepto de junio 4 de 2002, radicado 18544   

3  Corte Constitucional, sentencia C-740/00.   

4  Sentencia C-1106/00.   

5  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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