24146(11-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 24146  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  117   

Bogotá, D.C., once (11) de julio de dos mil  siete (2007)   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de MARTHA LUCÍA  FONSECA  RUBIANO, contra el fallo del 15 de febrero de  2005,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito    Judicial   de   Bogotá,   confirmó  la  sentencia  adoptada por el  Juez   Cuarto   Penal   del  Circuito  de  la  misma  ciudad, el 27 de julio de 2004.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1.   El  señor  SIERVO   HERNANDO  CASTAÑEDA  BOHORQUES,  mediante  apoderado  informó que el 17 de mayo de 1995 celebró  contrato  de  compraventa  con el señor JOSÉ RICARDO  CALDERON  CASTRO,  sobre  una  camioneta  Mitsubishi,  modelo  1993,  servicio  particular,  placa  BCC-273,  motor 4G54-KO5273; por un  valor   de   veintiocho   (28´000.000.)  millones  de  pesos.    

En  el  formulario  Único  Nacional número  002045776001    expedido    por   el   Ministerio   de   Transporte,  MARTHA  LUCÍA  FONSECA  RUBIANO, como  propietaria  de  la  camioneta   la  traspasó  al  comprador  SIERVO  CASTAÑEDA  BOHORQUEZ,  el  9 de  junio de 1995, firmando cada uno el respectivo documento.   

El      vendedor      CALDERON  CASTRO salió del país dejando  a  su  novia LILIBETH CALDAS  responsable  de  entregar  el  automotor, quien omitió hacerlo para en su lugar  permutarlo  a  JOSELIN  CÁRDENAS CLAVIJO,  por  un  campero;  con  la anuencia, autorización y traspaso de  MARTHA  LUCÍA,  signando  para  legalizar  el  nuevo  contrato,  el  formulario  09507025 de octubre 19 de  2005.           

2. La Fiscalía    26    Delegada    ante   el   Tribunal   Superior   de  Bogotá,  el  26  de  marzo  de  2003,  confirmó  la  resolución  de  acusación  proferida   por  el  Fiscal  109  Delegado  ante  los  Juzgados  penales  del Circuito de la mimas ciudad, el  30  de  mayo  de  2006,  contra, MARTHA LUCÍA FONSECA  RUBIANO y LILIBETH CALDAS GUZMÁN.   

El Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  el 27 de julio de  2004,    condenó    a  MARTHA  LUCÍA  y LILIBETH,  como  coautoras  responsables  del  punible  de estafa  agravada,  a  la  pena principal de veinticuatro (24)  meses  de prisión, multa de diez mil pesos cada una; la cancelación de treinta  y  cinco  (35)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes por concepto de  daños  materiales  derivados  del comportamiento ilícito y la inhabilidad para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso igual al de la pena  principal.    

Contra  el  fallo  de  primera  instancia  interpuso  recurso  de  apelación  la  defensa  técnica  de  cada  una  de las  sentenciadas  y  el  representante  de  la  parte civil, alzada que fue definida  mediante  providencia  expedida  por el Tribunal de Bogotá, el 15 de febrero de  2005, al confirmar la decisión del Juez.   

El     defensor    de    MARTHA  LUCÍA,  interpuso y sustentó el  recurso de casación.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El actor propone dos cargos contra el fallo  del  Tribunal:  uno  por  vía  directa  y  el  subsidiario  por vía indirecta.   

1.  Cargo primero  por  violación  directa  de la ley sustancial: cita y  trascribe  el  artículo  356  del  Decreto  100  de  1980,  con el que pretende  demostrar   que  la  conducta  de  estafa  por  la que se condenó a su prohijada, es atípica. Trae apartes  de  una  jurisprudencia  de  la  Sala  de  1971,  para  describir  los elementos  estructurales   del   tipo  penal  contra  el  patrimonio  económico  como  los  requisitos    de   “consecutividad   o   sucesión  causal”,        del        mismo.   

Acto  seguido,  efectúa  una  valoración  conjunta  de  toda  la  prueba  con  el  objeto de verificar que su defendida no  utilizó  ningún  artificio  o  ardid  que  suscitara error en la víctima para  lesionar  su  patrimonio;  y  que  si  lo  hubo,  el  engaño  fue anterior a la  actuación  de  su  defendida,  esto  es,  previo  a la firma del formato único  nacional  de  traspaso  al  señor  SIERVO CASTAÑEDA,  realizada   el   9   de  junio  de  1995.    

Concluye   el   cargo   afirmando   que,  “de  las  pruebas  recaudadas queda claro que en la  sucesión  causal  ente  los  artificios o engaños y el error, y ente este y el  provecho  injusto que refluye en el daño patrimonial del señor SIERVO HERNANDO  CASTAÑEDA  BOHORQUEZ  no  intervino la señora MARTHA LUCÍA FONSECA RUBIAN…,  tampoco   se  demostró…  que  ella  hubiera  percibido  provecho…  ilícito  alguno”.   

2.    Cargo  subsidiario   por   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial:  lo sustenta el libelista en los artículos 356 del Decreto 100 de  1980  y  en el 238 de la Ley 600 de 2000, “porque el  sentenciador  desconoció  hechos  que están debida y legalmente demostrados en  el  proceso,  ignorando  pruebas  válida  (sic)  y  regularmente  aportadas  al  proceso, pruebas que no fueron controvertidas”.   

El  libelista discrimina en nueve puntos el  ataque,  refiriéndose  a  una  gran  variedad  de  pruebas,  que  valoradas, en  atención  a su criterio, demuestran la inocencia de su poderdante. Por ejemplo,  afirmó  que  el  Tribunal  inaplicó una jurisprudencia de agosto 2 de 1984, en  donde     esta     Sala     al    estudiar    el    delito    de    estafa  describió  las  cualidades  del  sujeto  agente  y  en forma correlativa las del sujeto pasivo; expresándose que  los  “atributos del estafador no serían suficientes  para  el  logro  de  su propósito si no existiesen personas susceptibles de ser  influenciadas  por él, sugestionables, con poca visión objetiva de la realidad  y,  por  sobre  todo,  predispuestas  a  hacer  pequeñas  o grandes concesiones  éticas   ante   la   perspectiva   de   una   ventaja   patrimonial,  social  o  política”.  Tal  situación, según lo advierte el  actor,  no se identifica con la víctima o comprador del vehículo, toda vez que  es una persona avezada en los negocios de carros.     

Solicita,  en  consecuencia,  se  case  la  sentencia  acusada  y  se  dicte  la  que  corresponda de acuerdo con los hechos  probados  en  el proceso, “absolviendo de toda culpa  a mi defendida”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de   MARTHA  LUCÍA  FONSECA  RUBIANO,  no  reúne  los presupuestos de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la  jurisprudencia  para admitir la demanda. Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, violación de  la  ley  sustancial cuerpos primero y segundo del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  en  su  desarrollo  y  demostración incurre en graves fallas que atentan  contra la filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o hipotético del censor para asegurar la demostración de  la violación de la ley sustancial.   

En  consecuencia, como metodología, la Sala  aprehenderá el estudio por separado de las dos censuras.   

1.  El  primer  dislate  del  actor  consistió  en  sustentar  el  ataque  por vía directa con  fundamento  en  un  análisis probatorio, con tal actuar, además de mezclar las  dos  vías  directa  e indirecta de violación de la ley sustancial, antepone su  especial criterio sobre el fijado por las instancias.   

Transcribe  el  actor  una  jurisprudencia  emanada  de  la Sala en donde se estudió el delito de  estafa  en  los  años  setenta, pero sin que hubiese  tenido  el  cargo un desarrollo atinado por la casual propuesta; toda vez que si  el  yerro que se persigue es de juicio (in judicando) más no de actividad   (in  procedendo),  el  actor  debe  desquiciar la aplicación que en derecho fue  deducida  por  el  Tribunal,  proponiendo no sólo la aplicación indebida de la  norma  de  derecho  sustancial  fundamento  de  la  sentencia, sino –adicional   a   ello-  demostrar  la  trascendencia  de ese error; por cuanto la idea de atipicidad como enunciado, en  si  mismo  considerado,  no  es  motivo  de  fallo  de reemplazo. Menos aún, al  sustentarla  por valoraciones probatorias, como cuando afirmó el demandante que  el  error provino del vendedor “proceso en el que no  intervino  en  forma  alguna  mi  defendida”.    

2. El segundo cargo  por   vía   indirecta,   también   lo   distanció   de   los   requerimientos  jurisprudenciales  al  proponer un error de hecho, enunciando a renglón seguido  una   multiplicidad   de  pruebas  y  valoraciones  propias  de  instancia;  sin  distinguir  la modalidad del ataque que obligatoriamente tenía que abordar, por  ejemplo,  i) falso juicio de  identidad,  ii) falso juicio  de  existencia  o  iii) falso  raciocinio,  en  sus  diversos  sentidos;  pues cada censura tiene un fundamento  filosófico   propio,  un  desarrollo  esencial,  una  trascendencia  inmanente,  además  de puntualizar las normas de derecho sustancial aplicadas indebidamente  con  su  correlativa  falta de aplicación de las que tendrían que haber regido  el caso.    

Desprenderse de la lógica argumentativa que  viene  decantando la Sala, es concentrar la censura en un memorial de instancia,  una  alegación  sin  objetividad, claridad ni autonomía; principios que fueron  ignorados   por   el   libelista,   como   cuando   sostiene   que  “el   sentenciador   desconoció   hechos  que  están  debida  y  legalmente  demostrados  en  el  proceso,  ignorando  pruebas  válida  (sic)  y  regularmente     aportadas     al     proceso,    pruebas    que    no    fueron  controvertidas”;  con  tal motivación, unió todas  las  modalidades  de ataque: errores de hecho y de derecho con algunas nulidades  como el principio de no contradicción de la prueba.    

Se  verifica,  entonces,  que  el libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  inspira el instituto casacional.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de   MARTHA   LUCÍA   FONSECA   RUBIANO,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de los dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de MARTHA  LUCÍA   FONSECA  RUBIANO.   

Contra  la  presente providencia no procede  recurso alguno.   

         Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                       JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                 IMPEDIDO   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                   JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

        Secretaria   

    

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