26332(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26332  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 28  

Bogotá,  D.  C., febrero veintiocho (28) de  dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisión o no  de    las    demandas   presentadas   por   los   defensores   de   RODRIGO   ESTEBAN   BENAVIDES  OSPINA  y  ARTURO  ALEXÁNDER  PINEDO  RIVADENEIRA,  para  sustentar  el recurso de casación  que   interpusieron  contra  la  sentencia  condenatoria  de  segunda  instancia  proferida  el  8  de marzo de 2006 por el Tribunal Superior de Barranquilla, por  cuyo  medio  confirmó integralmente la sentencia adoptada por el Juzgado Octavo  Penal  del  Circuito  de  la misma sede, donde se condenó a los procesados como  coautores  de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego  y municiones de defensa personal.   

HECHOS  

El 21 de septiembre de 2003, cuando conducía  el  vehículo taxi de placas UVY-116 por el sector del barrio Olaya de la ciudad  de   Barranquilla,   Wilson   Rafael  Peluffo  Arroyo  recibió  un impacto de bala que le produjo la muerte.  Alertadas  las  autoridades  de  lo sucedido, rápidamente acudieron al lugar, y  con  ayuda  de algunos vecinos del sector y de varios taxistas, lograron minutos  después  la  aprehensión de RODRIGO ESTEBAN BENAVIDES  OSPINA,  a  quien descubrieron oculto en la terraza de  una  de las viviendas aledañas. En poder del capturado, quien resultó ser Cabo  Tercero  del  Ejército Nacional, se halló un estuche para portar arma de fuego  y 12 cartuchos calibre 7.65 mm.   

ACTUACION PROCESAL  

1. La investigación la inició la Fiscalía  Octava   Seccional   de   Barranquilla   y  la  continuó  la  Fiscalía  Cuarta  Especializada,  despacho  judicial  este  último  que oportunamente escuchó en  indagatoria  al  capturado,  y  el  24  de  septiembre  de  2003 le resolvió la  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  excarcelación,  por  los  delitos  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado,  concierto   para  delinquir  y  porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal.   

2.  Con  fundamento  en  las manifestaciones  suministradas  por  BENAVIDES  OSPINA,  quien  expresó  que la persona que disparó en desmedro de la víctima  fue  ARTURO  ALEXÁNDER PINEDO RIVADENEIRA,  también  Cabo  Tercero  del  Ejército  Nacional,  se ordenó su  vinculación  a  la  actuación,  para  lo  cual se libró en su contra orden de  captura,  cumplida  la  cual  se  le escuchó en indagatoria, y el 28 de octubre  siguiente   el   instructor  le  resolvió  la  situación  jurídica,  a  quien  igualmente  le  impuso  medida de aseguramiento de detención preventiva por los  delitos antes mencionados, excepto concierto para delinquir.   

3. El 12 de diciembre de la anualidad que se  viene  citando  el  Fiscal  de  la  investigación  decretó  su clausura, y con  providencia  del 24 de febrero de 2004 calificó el mérito del sumario mediante  resolución   de   acusación   que   profirió   en   contra   de  BENAVIDES    OSPINA    y    PINEDO  RIVADENEIRA,  como coautores de los  punibles  de  homicidio  agravado, hurto calificado y agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego  y  municiones  de  defensa  personal.  En  la  misma decisión  precluyó  la  instrucción  a  favor  del  primero  de  los  prenombrados en lo  relativo al concierto para delinquir.   

4. Por apelación interpuesta por la defensa  y  el  representante  del  Ministerio  Público,  la  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla confirmó la acusación únicamente por los  atentados  contra  la  vida  y  seguridad pública, en tanto decretó la nulidad  parcial  a  partir  de  la  decisión  que dispuso el cierre de la instrucción,  ordenando  retrotraer la actuación con respecto al punible contra el patrimonio  económico imputado.   

5. Correspondió tramitar la fase del juicio  al  Juez  Octavo Penal del Circuito de la ciudad entes referida, funcionario que  en  varias  sesiones  celebró  la  audiencia  preparatoria y en otras tantas la  pública  de  juzgamiento,  a  cuyo término puso fin a la instancia mediante la  sentencia  del  17  de  agosto  de 2005, que impugnada por los defensores de los  acusados,  obtuvo confirmación a través del fallo que es objeto del recurso de  casación.    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La  demanda de casación no es un escrito de  libre  elaboración.  No  resulta  suficiente, para acceder a ese extraordinario  medio   de   impugnación,   la   presentación   de   un  alegato  de    aquellos    que   se   suelen   allegar   ante   las        instancias.  Es  necesario que el libelo, además de  los  presupuestos  de  oportunidad  y  procedibilidad,  satisfaga  unos  requisitos mínimos de coherencia y lógica argumentativa,  donde  aparezca  expresada la causal y la formulación del  cargo  o  cargos aducidos en contra de la sentencia cuestionada, con indicación  en  forma  clara  y precisa de sus fundamentos, según así lo tiene establecido  el  artículo  212, numeral  3º  de  la  Ley  600  de  2000.    

Sólo si se cumplen esas exigencias mínimas  tendrá  la  demanda idoneidad para desvirtuar la doble presunción de legalidad  y   acierto   de   que   está  revestida  la  sentencia  atacada  y  demostrar,  consecuencialmente,  que  la  decisión  judicial quebranta de manera   frontal   el   derecho  sustancial  o  vulnera  las  garantías  constitucionales  de  los  sujetos procesales.   

Pues  bien,  entrará  la  Sala  a examinar  por     separado     las     dos     demandas  de casación formuladas contra la sentencia proferida por  el  Tribunal Superior de Barranquilla, para determinar  si  cumplen  esos  requisitos a que se hizo referencia  anteriormente.    El    análisis,    por   razones  metodológicos,  se  realizará  conjuntamente  con  la mención de los  argumentos                expresados por  los demandantes para sustentar los cargos que proponen.   

1)   Demanda  presentada  a  nombre  de  RODRIGO  ESTEBAN BENAVIDES  OSPINA.   

Dos  cargos,  ambos  al amparo de la causal  primera  de  casación (art. 207, numeral 1º  de la Ley  600   de   2000),   dirige   la   defensora  contra  la  sentencia.  El  primero  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  y  el  segundo  por violación indirecta en la  modalidad de error de hecho.   

Sobre  el  primer  cargo, aduce que el fallador imprimió al numeral 2º  del  artículo  29 del estatuto punitivo un sentido que no le corresponde, error  de  interpretación  que  condujo  a  dar  por demostrado que los dos procesados  obraron en coautoría.   

Cuando se acude al  cuerpo   primero   de   la   causal   primera  de  casación  para  predicar  la  violación  directa  de  la ley sustancial,  lo  ha  dicho  la  Corte  hasta  la  saciedad,  le  está  vedado  al actor desconocer los  hechos  que  los  juzgadores  declararon  probados,  así  como  controvertir la  valoración   probatoria   efectuada   por   éstos.   Debe   aceptar   unos   y  otra, sin pretender reabrir  el  debate  que  en  esos  tópicos quedó definido en  la sentencia de segunda instancia.   

La   demandante,   empero,   desatiende  tan  elemental  regla  de  casación, pues se dedicó  a  censurar  la  sentencia  del Tribunal por  dar  por  demostrada  la  coautoría a partir, según dijo, de  simples  conjeturas  y   deducciones.  Es  así  como  empezó por     señalar:     “…el  Tribunal  se limitó… a hacer una serie de deducciones sin  soporte  probatorio,  plasmó  una  serie  de  circunstancias  como  creyó  que  ocurrieron  los  hechos  y  los dio por cierto, y con base en ello argumentó el  problema     de     la     responsabilidad     por     coautoría…”     

Y  más  adelante añadió: “…  no  hay  una  sola  prueba  que demuestre que la intención de  BENAVIDES   OSPINO  (sic)  era…  la  de  cometer  un  homicidio…”.  Y  para  concluir expresó: “…  jamás  los procesados actuaron con una (sic) acuerdo  previo  como  en una empresa criminal, y además no se probó… el rol que cada  uno  desempeñaría  o su grado de participación, basta con leer la ampliación  de indagatoria de mi representado…”.   

Pero  la  demanda,  en el aparte examinado,  acusa     también     el     grave    defecto    de    postular    reparos     incoherentes,  pues  a pesar de ofrecerse  allí  argumentos  encaminados  a  poner de presente la inocencia  de      BENAVIDES  OSPINA,  simultáneamente  se  acepta que éste pudo  participar  en  el  homicidio  a título de cómplice al encubrir a PINEDO   RIVADENEIRA,   con  lo  cual  tácitamente               cuestiona  el  fallo  por  omitir aplicar el artículo 30 del estatuto punitivo.       Este       modo       de       proceder       desatiende         de  manera  palmar  la previsión contenida en el inciso final del  artículo  212  del  estatuto  procesal  penal  de  2000,  conforme  al  cual es  permitido  formular  cargos  excluyentes,  pero de manera subsidiaria, lo que se  conoce,  en  el  rigor  argumentativo  de  la  casación,  como  principio de no  contradicción.   

Se  reitera: en  la  violación  directa de la ley sustancial el error  es  puramente  jurídico, como cuando –para  hacer  referencia  a la temática  aludida    por    la    demandante-   el  fallador  da  por cierto en la motivación de su decisión que  el  procesado  prestó una colaboración meramente secundaria en la realización  del   punible,  pero  termina  formulándole  juicio  de  reproche  a  título  de coautoría. Lejos      estuvo      la     casacionista     de     explicar   y  muchos  menos  acreditar  un  error  de esa naturaleza, pues, como se dijo, se  dedicó  a  cuestionar la realidad fáctica dada por demostrada por el Tribunal,  así  como  la  apreciación  probatoria que efectuó  esa corporación para obtener aquélla.   

El   segundo  cargo que, como se expresó, se encamina a demostrar  la  violación  indirecta  de  la  ley por error de hecho, lo intitula la actora  “violación   a   la   sana  crítica”  y  lo  fundamenta, señalando que el sentenciador no apreció  las pruebas en su conjunto y de acuerdo con la sana crítica.   

De  entrada,  detecta  la Sala  la  falencia de no precisarse la clase de error de hecho al cual  se  vincula la violación indirecta de la ley, pues no se expresa si se trata de  un  falso  juicio  de existencia o de un falso juicio de identidad o de un falso  raciocinio.     Pareciera     que     cuando    la    demandante    reprocha  al  Tribunal  no  apreciar  las  pruebas en su conjunto,  estuviera  denunciando  la  incursión  en  un  falso  juicio de existencia, por  omitir el fallador la valoración de algunas determinadas pruebas.   

No obstante, se observa que la defensora    en    ningún   momento  mencionó  cuál  medio  probatorio  en  concreto se  dejó   de   apreciar   en  la  sentencia.  Por  el  contrario,  refirió que  el   Tribunal   valoró  pruebas    como   los  dictámenes        rendidos       sobre  la  trayectoria  del  disparo y  embriaguez     de  BENAVIDES   OSPINA  que  resultó   negativo,  lo  mismo    que    la    declaración    injurada  brindada  por el prenombrado;  es     más,    acepta    que    con    fundamento    en    los    experticios  desestimó parcialmente la  credibilidad  de  la  exposición ofrecida por el procesado, cuando dijo  ser  ajeno a la acción delictiva  desarrollada   por   PINEDO  RIVADENEIRA.   

Sólo      que      exteriorizó   inconformidad  con  el  alcance   demostrativo   que   el  fallador  otorgó  a  dichos medios probatorios, y para el efecto adujo  que   éste   efectuó   una  valoración  tergiversada  de  la  indagatoria  de  BENAVIDES,  “desfigurando      la      prueba”,  con  lo  cual se trasladó de los  terrenos   del   falso   juicio   de  existencia  al  campo  del  falso  juicio  de identidad, que tampoco  fundamentó         adecuadamente,   pues  se  limitó  a  señalar  que  el Tribunal atribuyó al  procesado    la    manifestación    de   dormirse  “profundamente”  cuando           éste          solamente  afirmó  que  se  quedó  dormido,  sin  explicar la  incidencia    de   esa   conclusión   en   la   decisión   adoptada   por   el  juzgador.   

Y en relación  con    lo   anterior,   necesario   resulta   precisar   que   la   aducida     alteración   nunca   se   presentó,   pues  el  sentenciador   en   ningún   momento   dio   por   probado   que   BENAVIDES   estuviese  dormido,  así  fuese  mediante un sueño  ligero,   porque,   adversamente,  lo  que  dio  por  establecido  es  que  éste  permaneció despierto   durante   el  desarrollo  de  los  hechos.    

A  su turno, al indicar que el Tribunal no  realizó  una  valoración  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la sana crítica,  la   demandante  deja  entrever  entonces  que  esa  colegiatura    incurrió    en    un   falso    raciocinio.   Sin   embargo,  no  expresó  exactamente  cuál  principio  de  ese  método  de apreciación probatoria fue el que quebrantó el juzgador, es decir,  si  los  postulados  de  la lógica, las máximas de la experiencia  o bien  los principios científicos.   

En  realidad,  los  argumentos  expuestos  en   la   demanda  para  sustentar  el  segundo  cargo  se orientan,    en    general,    a   cuestionar   la   valoración   probatoria  efectuada  por  el  Tribunal   y  a  querer  hacer  prevalecer el particular análisis que de las  pruebas    realiza    la   casacionista,  para  que  de  esa forma la Corte declare la ausencia de prueba  demostrativa     de     la     responsabilidad    del    acusado    BENAVIDES   OSPINA.  Ello  se  aprecia  cuando reflexiona de la siguiente manera:   

“….  si  el  plan  acordado  por  los  sentenciados  hubiese sido el delinquir simplemente optan por preparar de común  acuerdo   el   plan   criminal  para  que  nada  les  faltara  v.gr.  (sic),  toman  el  taxi lo  conducen  a  un lugar menos poblado y solitario, se prepara la  manera  de  huir  luego  de cometido el punible, muy seguramente RODRIGO ESTEBAN  había  corrido para ocultarse donde nadie lo pudiese  reconocer,  y  de  igual manera no hubiese dejado en su poder las municiones que  le  fueron  encontradas en su poder que bien pudo haberlas botado…”   

Olvida   la  demandante   que   por  regla  general  la  forma  de  apreciar  las  pruebas por parte del fallador no es  denunciable   por   vía  de  casación.  Para que  un    ataque   de   esa   naturaleza   resulte   exitoso   en   esta   sede   es  necesario  demostrar  la  existencia  de  errores  manifiestos,   lo   cual   no   hace   la  actora  y, antes bien, incurre  en  confusiones  conceptuales  que  impiden  la comprensión del cargo, pues sugiere  primero   la   presencia  de  un  falso  juicio  de  existencia,       pero      lo      procura       explicar  con  argumentaciones  propias de un  falso juicio de identidad.   

La  indebida  confección  de  la  demanda  objeto  de  examen,  en  cuanto  en  ella  no  se satisfacen los presupuestos de  coherencia  y  lógica argumentativa que son inherentes al recurso de casación,  conduce  sin  remedio  a  su  inadmisión,  como  en  efecto  lo  dispondrá  la  Sala.   

2)  Demanda  a  nombre     de     ARTURO     ALEXÁNDER    PINEDO  RIVADENEIRA.   

Cuatro       cargos,  el  primero  con  sustento  en  la  causal      tercera      de     casación     y     los     restantes bajo la égida de la causal primera,  cuerpo  segundo, formula el representante judicial de  PINEDO   RIVADENEIRA.   

En  el  primer  cargo  el  actor  empieza  por  referir acerca  de  la  naturaleza distinta de  las  exigencias  requeridas  en  orden  a  acusar  y  condenar,  en  tanto  para  adoptar  la  primera  de  esas  decisiones  se  permite  probabilidad de responsabilidad, mientras para la  segunda  es  necesario que obre certeza; después se  ocupa  de  señalar  que una vez cerrada la investigación, la competencia de la  Fiscalía  se  circunscribe  a  calificar,  sin  que pueda seguir en función de  instrucción;  finalmente, comenta que las pruebas al  amparo  de  las  cuales  se edifica el juicio probable de responsabilidad tienen  que pasar por el rito de la controversia en un plano de igualdad.   

Y  con sustento  aparente  en lo      anterior      predica que  la  sentencia se produjo en un juicio viciado de nulidad, porque “no   sólo   la   defensa  no  tuvo  la  oportunidad  en  igualdad  (sic)  con  la acusadora  sino  que  además  las pruebas que solicitó fueron  denegadas”.     De    esa    manera  solicitó  a  la  Corte invalidar la  actuación    a    partir    de   la   “audiencia  preliminar”.     

El  reproche,  ciertamente,  es  incomprensible.  Los enunciados de  los   cuales   parte  para  preconizar  la   existencia   de   nulidad   no   se  corresponden,    en    general,   con   la   conclusión  que  postula  relacionada  con  la  falta  de  “oportunidad     en     igualdad     con     la  acusadora”  y  con  la  afirmada  negación de las  pruebas    que    solicitó.    Porque,  salvo  la  tercera          de          esas         premisas,   ninguna   relación   hay   entre  las     supuestas  irregularidades     que    afirma    y  la  distinción  que comenta sobre los requisitos exigidos para  acusar  y  condenar,  como  tampoco  con  la  práctica  de  pruebas después de  decretada  la  clausura  de  la  instrucción.    

Pero,  además,  no             confronta  los  cuestionamientos  que  en  ese  sentido le  formula  a  la  sentencia  con  la  actuación  procesal, quedándose sus afirmaciones en  simples   enunciados   generales.  Es  así  como  en  ningún  momento  precisa  sobre    cuáles    pruebas    no    tuvo  la oportunidad de controversia ni  cuáles  le fueron denegadas. Tampoco, en qué etapa  del     proceso     se    presentaron  esos supuestos vicios. Mucho menos la  forma  como  influyeron en  el   ejercicio  del  derecho  de  defensa  y  en  la  declaratoria    de    responsabilidad   pronunciada  por          el         fallador.    

La  demanda  de  casación,  se insiste en  ello,  debe  contener  una  fundamentación donde el  reparo  que  se  formule  sea      sustentado      con    logicidad    y    adecuada   argumentación,   sin  que sea  permitido    efectuar   afirmaciones   confusas   o  dejar    vacíos   de  sustentación  que  impidan  su  cabal  comprensión,  porque  por  razón del  principio   de  limitación  no  puede  la      Corte      completar     el  libelo  para desentrañar  la  posible intención      del     demandante.   

En          el    segundo   cargo   predica  un  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia, al  ignorar  el sentenciador “el dictamen médico legal  que  establece  que  el  proyectil  penetró  por  el  pómulo  derecho, con una  trayectoria  de  derecha  a izquierda, de arriba abajo (sic), con alojamiento en  la     parte     súpero     posterior    del    hombro    izquierdo”.   Según  el  actor,  ese  medio  probatorio  demuestra  que el arma se disparó del lado derecho y de frente a la  víctima,  lo  cual  impedía dar credibilidad a los distintos relatos dados por  RODRIGO ESTEBAN BENAVIDES  OSPINA,   en   cuanto  señaló  a  ARTURO  ALEXÁNDER  PINEDO  RIVADENEIRA  de  ser  quien  accionó  el  arma  contra  el  hoy  occiso.   

Cuando  se  formula  un  falso  juicio  de  existencia  es  necesario que el demandante no sólo indique cuál fue la prueba  omitida,  sino que efectúe una nueva valoración del  conjunto    probatorio,    incorporando    en    ese    análisis   el  medio  ignorado,  para demostrarle  de  esa  forma a la Corte  cómo   la  estimación  de  éste  conduce  a  una conclusión distinta a la  postulada  por  el  fallador.  El  actor,  empero,  se  limitó  a señalar  genéricamente  que  si el fallador hubiese apreciado el  dictamen  que  refiere la trayectoria del proyectil no hubiese dado credibilidad  a  lo  declarado  por  BENAVIDES  OSPINA,  sin  expresar  qué  dijo  éste ni  cuáles   las   razones   que   llevaron   a  darle  crédito.   

Aparte   de  lo  anterior,  es  inexacto  que  el  Tribunal  hubiese  dejado  de  apreciar  el  comentado  dictamen. Por el contrario, tan lo estimó  que,  precisamente,  el contenido de esa probanza fue uno de los fundamentos que  le  sirvieron  de  cimiento para desechar    parcialmente   la   versión   de  BENAVIDES    OSPINA,  concretamente  en  cuanto  ubicó  a su compañero de  proceso  al  interior  del  taxi  y  en  la parte izquierda trasera.    

En  el  tercer  cargo  reprocha al fallador incurrir en falso juicio  de  identidad “al referirse a las pruebas técnicas  de  balística  y  necropsia, para desfigurar el hecho que revelan las pruebas y  es  que  la  persona  que  produjo el disparo estaba a la derecha del conductor,  queriendo  darle  el alcance que no tiene, creyendo las declaraciones de RODRIGO  ESTEBAN BENAVIDES OSPINA”.   

El  falso  juicio de identidad,  según  jurisprudencia  consolidada  de esta Corte,  se presenta cuando se distorsiona un  medio  probatorio en su expresión fáctica, atribuyéndole contenidos que no le  pertenecen  o cercenando los que le corresponde; en otras palabras, se altera la  prueba, haciéndole decir lo que no expresa.   

En   tal   caso  –ha  precisado  la Sala-  debe   el  impugnante  señalar  mediante  el  cotejo  objetivo  de  lo  dicho  en  el  medio probatorio y lo asumido en el fallo, qué  aparte  fue  omitido o añadido a la prueba, qué efectos se produjeron a partir  de  ello  y,  lo  más  importante,  cuál  es  la trascendencia del yerro en la  declaración  de  justicia  contenida  en  la  parte  resolutiva de la sentencia  atacada,  tópico  que  no puede ser demostrado con la exposición subjetiva del  criterio  del  actor  acerca  del  valor  que corresponde al medio de prueba que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta que materialmente acredite que el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el yerro, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto  con las demás modifica sustancialmente el sentido de la  decisión         reprochada,…”1.   

Visto  lo  anterior,  sin  dificultad  se  concluye      la     impropiedad     con     la     cual    el  actor  sustenta  este cargo. Porque  la  desfiguración  que  aduce  no  la predica de un  determinado  medio  probatorio  sino  del  supuesto  desconocimiento de un hecho  que,  para él, es incontrastable, cual es que quien  disparó  estaba  a  la derecha del conductor. Lo que  el casacionista cuestiona al fallador no es entonces  alteración  de  un medio probatorio, sino el mérito  suasorio que el  juzgador  asignó  a  las  pruebas  técnicas  que,  por  lo  demás,   es   coincidente   con   la   conclusión  de  aquél,  a tal punto  que  la  trayectoria  del proyectil, dibujada por el  experto  en  balística,  fue uno de los fundamentos con los cuales, conforme se  anotó  en  precedencia,  el  Tribunal  desestimó  parcialmente la credibilidad  de     lo     declarado     por     BENAVIDES OSPINA.   

Es evidente así que el actor estuvo     lejos     de     cumplir    la    carga    argumentativa propia de este reproche.   

En el cuarto y  último  cargo se aduce la  existencia  de  un  error  de  hecho  “por error de  apreciación”,   al  inobservarse  las  reglas  de  la  sana  crítica. El  demandante   refiere   que   el   fallador  no  aplicó  la  lógica,   conforme   a   la   cual  “quien  afirma haber estado presente en unos hechos no puede  producir     actos    absurdos”,    como          enviarle    razones    a    Pinedo  para  que  le  conservaran  el  arma,   no   obstante   que   la   misma   presuntamente  fue  utilizada  en  un  homicidio.   

Y   agregó  que  tampoco  estimó  las reglas de la experiencia,  porque         quienes        “trajinan  en  estas  lides  saben  que  lo  primero  que hacen los  homicidas    es    desprenderse    del    arma,    para    romper    la   cadena  probatoria”.              Adicionalmente,       le       atribuye       al      Tribunal  ignorar conjuntamente las reglas de la experiencia y los  conocimientos  de  la ciencia, cuando inadvirtió que  PINEDO  RIVADENEIRA  no  presentó   en   sus   manos   los   graves   desgarramientos  que  le  hubieran  producido   apoyarse,  como  se  afirma,  en  una  pared  surcada,  según  su  expresión,   por   “ofendículas”  de   vidrio   para   huir   de  la  escena  de  los  acontecimientos.   

Al  respecto,  impera  puntualizar  que  no  resulta  suficiente,  para  demostrar  la  existencia de un error de hecho  por    falso    raciocinio,    con    afirmar   que  el  fallador  dejó  de  apreciar  unos  determinados  principios  de  la  sana  crítica,  sino  que  es  necesario  que  el  actor  examine  cada  uno de los  fundamentos  probatorios  con  sustento  en  los  cuales se adoptó la  decisión, enseñando a la Corte en  cuál   de  ellos  se  quebrantaron  de  manera  ostensible  las  reglas  de  la  experiencia,  los postulados lógicos o los conocimientos científicos y en qué  medida  ese yerro influyó  en el sentido de la determinación.   

El demandante,  como   queda   visto,   se   sustrajo  a  cumplir  tales  exigencias.     Simplemente,     se    limitó  a indicar que el Tribunal  no  apreció  algunos  elementos  a  los  cuales  les  asigna  la  categoría de  principios  de  la  sana  crítica, pretendiendo con  ellos    que    la   Sala   acepte   las  conclusiones  probatorias    que    postula    con  fundamento  en  ellos y desestime,  consecuencialmente,  las  expresadas   por   el  fallador,   y   ya   está   dicho  que  ese  modo  de  actuar  es  improcedente     en     sede     de  casación.   

       La  demanda,  por  lo  visto,  presentada  a nombre de   PINEDO   RIVADENEIRA  también  debe inadmitirse.   

         Al  margen  de  lo  analizado,  es  preciso  anotar que la revisión  integral  de  la actuación procesal no evidenció la vulneración de garantías  fundamentales  que  impongan  la intervención oficiosa de la Sala en orden a su  restablecimiento.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR         las          demandas        de        casación   interpuestas   por   los   defensores   de  RODRIGO   ESTEBAN   BENAVIDES  OSPINA  y  ARTURO  ALEXÁNDER  PINEDO  RIVADENEIRA,  por las razones expuestas en la anterior  motivación.   

        De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 del Código  de   Procedimiento   Penal,   contra   este   proveído   no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO  DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                 JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Providencia del 23 de noviembre de 2006. Rad. 26357.     

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