21144(12-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21144  

CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado      acta     Nº             170   

Bogotá,   D.   C.,    doce (12) de septiembre de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte resuelve el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto por el defensor de LEONARDO  CAMACHO  REYES  contra  la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, el 17 de febrero de 2003 que, al confirmar  la  decisión  emitida  por el Juzgado 2° Penal del Circuito de Facatativá, el  26  de  agosto  de  2002,  lo  condenó  a  las penas principales de 15 años de  prisión  y  multa equivalente a 17 salarios mínimos legales mensuales vigentes  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por un  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de la libertad como coautor de las  conductas    punibles    de    homicidio, lesiones personales y hurto calificado.   H   E   C   H   O  S   

El  Tribunal  Superior  de Cundinamarca los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Surge  de  la  actuación  procesal  que  los hechos objeto del proceso sucedieron el 21 de  octubre  de  2001,  a  eso de las 3:30 A.M. cuando Walter Ferney Chaparro, Lenin  Tamayo  Calderón y Leonardo Camacho Reyes  y  las hermanas Leidy Jazmín y Paola Andrea Caballero quienes se  encontraban      consumiendo     licor     en     el     parque     ‘Santa         Rita’  de  Facatativá,  al ver que por el  lugar  pasaban  Álvaro  Pedraza  Lara  y  Abel  de  Jesús  García  Ochoa, les  preguntaron  si  tenían  bazuca  y como les contestaron que no y continuaron la  marcha,  fueron  seguidos  por  los 3 inicialmente nombrados quienes les dijeron  que  los  iban  a  robar,  los  esculcaron  y  los despojaron del dinero y otros  elementos,   como  cachuchas  y  bufanda.  A  raíz  de  ello  se  presentó  un  enfrentamiento  en  el  que los agresores utilizando armas blancas, lesionaron a  los   señores   Pedraza   y   García,   habiendo   fallecido   el  último  de  ellos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Luego  de una investigación preliminar, el  Fiscal  adscrito  a la Unidad Delegada de Policía Judicial, el 22 de octubre de  2002, declaró la apertura de la instrucción.   

Escuchados  en  indagatoria,  entre  otros,  Leonardo  Camacho Reyes, la  situación  jurídica  le fue resuelta, el 1 de noviembre de 2001, con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva por los delitos de homicidio, lesiones  personales y hurto.   

Débese aclarar que los coprocesados Walter  Ferney  Chaparro  y Lenin Tamayo Calderón se acogieron al trámite de sentencia  anticipada,   motivo   por   el   cual,  hubo   ruptura  de  la  actuación  procesal.   

La  investigación  se  clausuró  el 15 de  marzo  de  2002 y, el 22 de abril siguiente, se calificó el mérito del sumario  con  resolución  de  acusación en contra de Leonardo  Camacho  Reyes por los delitos de homicidio, lesiones  personales  y  hurto agravado, providencia que cobró ejecutoria el 4 de mayo de  ese mismo año.   

La  etapa del juicio la tramitó el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Facatativá que, luego de tramitar el juicio,  dictó  sentencia  de  primera  instancia,  el  26  de agosto de 2002, en la que  condenó   a   Leonardo   Camacho  Reyes   a  la  penas  principales  de  15  años  de  prisión  y  multa  equivalente  a  17  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes  y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por   un   tiempo   igual   al   de   la   pena   privativa   de  la  libertad.   

Apelado el fallo por la defensa, el Tribunal  Superior de Cundinamarca, lo confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del  acusado, con base en las  causales  tercera  y  primera  de  casación,  presenta  tres  cargos  contra la  sentencia  de  segunda instancia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente  manera:   

Primer cargo  

Acusa  al  juzgador de segunda instancia de  dictar  sentencia  en  un  juicio  viciado  de nulidad por violación del debido  proceso  y  del  derecho de defensa, yerro que condujo al quebrantamiento de los  artículos  6°  del  Código  Penal  y  6°,  8°,  13  y  20  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Destaca  que  en  la  etapa de instrucción  solicitó  que  se  le  permitiera  contrainterrogar al coprocesado Lenin Tamayo  Calderón,  petición  que le fue negada en virtud de la calidad de imputado que  éste  ostentaba,  lo  que  condujo  al  desconocimiento  de  lo  reglado en los  artículos 234, 235 y 237 del Código de Procedimiento Penal.   

Agrega  que  en  la  etapa  del  juicio  se  solicitó,  nuevamente, que se le permitiera contrainterrogar al citado acusado,  con  los  mismos  resultados,  lo  que,  también, condujo a que se vulnerara el  contenido del artículo 242 del mismo estatuto procesal.   

Así mismo, anota que en el juicio también  deprecó  contrainterrogar  al  coprocesado  Walter  Ferney  Chaparro  y a Leidy  Yazmín  Caballero  Ángel.  Respecto  del  primero  se negó con los argumentos  citados  en  precedencia  y,  en cuanto a la segunda, porque ya había declarado  dentro  de  la  actuación  y  su  conocimiento  se  encontraba  plasmado  en su  declaración.   

Anota que las pruebas en precedencia citadas  resultaban  trascendentes, en la medida en que los coacusados elevaron cargos en  contra   de  su  defendido,  “y  a  través  de  su  práctica  se  perseguía despojar de credibilidad sus aseveraciones; y frente a  la  declarante  Caballero  Ángel  buscaba  despejar  dudas y contradicciones en  relación   con   la   responsabilidad   que   le  atribuyó  en  el  delito  de  homicidio”,  máxime  cuando,  agrega,  fueron  el  fundamento de la condena de su representado.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia impugnada y, en su lugar, decretar la nulidad de todo lo actuado a  partir del auto del 24 de junio de 2002.   

Segundo cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  violar,  de manera  indirecta,  la  ley  sustancial por error de hecho por falso juicio de identidad  por  errada  apreciación  de  la  prueba  de  cargo,  desatino que condujo a la  aplicación  indebida del artículo 29 de la Constitución Política, 29, inciso  2°, del Código Penal y 232 del Código de Procedimiento Penal.   

Manifiesta  que  la sentencia se construyó  sobre  los  testimonios  de Álvaro Pedraza Lara, Lenin Tamayo Calderón, Walter  Ferney  Chaparro  Sánchez,  Leidy  Yazmín  y  Paola  Andrea  Caballero Ángel,  “pero  omitió  apartes  de  su  contenido y de esa  forma los tergiversó”.   

Dice que Pedraza Lara declaró no saber que  a  Abel  le  habían  hurtado  algunas  de sus pertinencias. De la misma manera,  anotó  que  a  él  también le arrebataron una gorra de color café y $20.000,  para  lo  cual  transcribe  la  citada  versión  y  la  confronta  con el fallo  impugnado.   

Así   mismo,  pasa  a  referirse  a  las  explicaciones  dadas  por Tamayo Calderón, Chaparro Sánchez y Caballero Ángel  y dice que la sentencia las tergiversó.   

Anota  que  si  el  sentenciador  hubiese  considerado  las  explicaciones  de los anteriores deponentes, necesariamente el  proceso  habría  culminado  de  otra  manera,  máxime  cuando  los  mismos son  contestes  en  afirmar  que  Camacho Reyes no propinó a la víctima ninguna puñalada.   

De  esa  manera,  advierte  que  el estudio  correcto  de  los citados medios de convicción habría llevado a la conclusión  que  el dicho de su defendido era creíble y que no intervino en la comisión de  la conducta punible de homicidio.   

Por     manera     que,   continúa,    no   comparte   que   el   Tribunal   hubiese  concluido   en   la   coautoría  de  su   representado  en  el  delito de homicidio.   

Dice  que  el  juzgador  debió apreciar la  prueba  en  su  conjunto,  es  decir,  el  acta  de  inspección al cadáver, el  protocolo   de  necropsia  y  el  dictamen  médico,  elementos  de  juicio  que  demostraban  el  objeto  material  del  delito,  en  tanto  que evidenciaban las  lesiones que sufrió la víctima.   

Estima  que la necropsia evidenciaba que la  víctima  presentaba,  entre otras cosas, tres heridas, dentro de las cuales dos  de  ellas  estaban suturadas, razón por la cual, concluye, no se causaron en el  día en que ocurrieron los hechos.   

Destaca  que la imputación que hizo Tamayo  Calderón  pierde  su  vigencia  cuando el acusado reconoce que le propinó a la  víctima  dos  o  tres  puñaladas  y  confirma  lo  aseverado por Pedraza Lara,  Chaparro  Sánchez  y  las  hermanas  Caballero  Ángel, en lo atinente a que su  representado no propinó puñalada alguna a García Ochoa.   

Finalmente,  asevera  que las explicaciones  dadas  por  su  defendido  corrobora  las de Tamayo Calderón cuando aceptó que  hizo  dos  lances  pero que sólo asestó uno; también  corrobora lo dicho  por  Paola Caballero Ángel al anotar que como a los cinco minutos llegó aquél  diciendo    que    le   había   pegado   dos   puñaladas   a   “Abel”,  mostrándole  la navaja con la  que lo hirió.   

Así  mismo,  manifiesta  no  compartir las  consideraciones  del  juzgador  en  torno  a  que  en  el proceso obran indicios  (presencia  y  uso  del  arma)  que  llevan  a  colegir en la responsabilidad de  Camacho Reyes, en la medida  en  que  no  está  demostrado que cuando la víctima recibió las puñaladas se  encontraba  enfrentado  con su defendido, toda vez que sólo el diligenciamiento  arroja  que el hoy occiso estaba con Chaparro Sánchez y Tamayo Calderón, y que  este último lo persiguió y le propino una o dos puñaladas.   

Además,  acota  que  el  hecho  indicador  consistente  en  que  Camacho  Reyes  empleó arma en contra de García Ochoa no  está debidamente probado.   

De  ahí  que  concluya  que  el  juzgador  desconoció  lo  reglado  por  el artículo 29 de la Constitución Política, en  tanto   que   se   omitió   parcialmente  el  contenido  de  las  declaraciones  anteriormente  citadas, concluyéndose de manera desatinada, en la coautoría de  Camacho Reyes en los hechos  objeto del proceso.   

En   fin,   dice   que   en   el   trámite   no   se  demostró  que   su   representado  tuvo   el  dominio  del  hecho   para     consumar     la     conducta     punible    de  homicidio.   

Agrega     que     el   acuerdo      para      consumar      el      homicidio   resultaba    un   imposible   temporal   y   espacial,   máxime   cuando   la   reyerta   se   produjo en   forma    imprevisible.   Así,   anota   que   en   el    proceso    no   hay   prueba  que   indique   la   responsabilidad  de  Camacho   Reyes,  solicitando  a  la Corte   casar   la  sentencia  impugnada  y  que  se   profiera  la  sustitutiva.   

Tercer cargo   

Finalmente,  el  defensor  de  Camacho  Reyes,  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado,  de  manera  indirecta, la ley sustancial por error de hecho por  falso raciocinio.   

Luego de transcribir un fragmento del fallo  del  Tribunal,  de  criticar  las versiones de su representado, de Walter Ferney  Chaparro  Sánchez  y  de Lenin Tamayo Calderón, estima que, apoyado en la sana  crítica,  resultaba  creíble  la  manifestación  de  Lenin  en  cuanto  a que  admitió  su  participación  en  los  hechos,  aspecto  fáctico que encontraba  correspondencia con la dada por el segundo de los citados.   

Así,  dice que el análisis probatorio que  realizó  el  sentenciador,  en  el  que  rechazó  la existencia de la duda, lo  condujo  a  incurrir  en  un  error de hecho por falso raciocinio, puesto que se  tergiversó el contenido fáctico de los medios de prueba.   

Insiste  que  los  testimonios  de  Álvaro  Pedraza  Lara,  Lenín  Tamayo Calderón, Walter Ferney Chaparro Sánchez, Paola  Andrea   y   Leidy   Yazmín   Caballero  Ángel  y  el  dicho  de  Leonardo    Camacho   Reyes   no   eran  suficientes  para  predicar,  en  grado  de  certeza, la responsabilidad de este  último,  en  tanto  que  resultaban  contradictorias  la explicaciones dadas en  torno     a    las    lesiones    que    presuntamente    causó    Camacho           Reyes  a García Ochoa, dado el lugar en  que   se   encontraban   los  citados  deponentes  al  momento  de  percibir  el  hecho.   

Para  su  concepto el análisis conjunto de  las pruebas llevaban al grado de conocimiento de la duda.   

En cuanto a los indicios de oportunidad y el  empleo  del  arma,  estima  que el Tribunal se equivocó, en la medida en que si  bien  Camacho Reyes aceptó  que  portaba  el  arma,  de  todos  modos  no  hay  prueba en torno a que él se  regresó para apuñalar al occiso.   

Concluye  que  si  el  juzgador no hubiese  incurrido  en  el  invocado  error  en  la  apreciación de las pruebas, habría  reconocido la duda a favor de su representado.   

CONCEPTO  DE  LA  PROCURADURÍA  SEGUNDA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Primer cargo  

Luego   de   destacar  las  deficiencias  técnicas  en  la construcción del cargo,  acota que la censura no está llamada  a   prosperar,   en   tanto   que   el   derecho  de  contradicción  no  se protege únicamente con el acto  de   contrainterrogar,   sino   que   existen  otros  medios    para   materializarlo,   como,  por ejemplo, solicitando pruebas para  desvirtuar   las   de   cargo,   criticándola            en  si  misma,  etc.   

Frente    al    punto    en  discusión  reconoce que el defensor  solicitó  al  instructor  que  señalara el día y la  hora  para  ejercitar  el  derecho   de  contrainterrogar  al  imputado  Tamayo  Calderón  y  a  Álvaro  Pedraza  Lara, petición que  fue    rechazada    por   los   siguiente   motivos:  en  cuanto al primero, en virtud a que dicha facultad  estaba    reservada   al  instructor  y,  respecto  del  segundo,  en tanto que  resultaba   inútil   para   con   el   objeto   del  proceso.   

Considera  que  es cierto que el   coprocesado   Tamayo  Calderón  le  imputó  a  Camacho  Reyes  haber   propinado   una   puñalada   a  la  víctima  y  que,  por  tal  motivo,  el   acusado   recurrente   tenía   el  derecho  de  contrainterrogar.  Empero,  tal  circunstancia no lleva necesariamente a colegir  que   le   asista   razón   al   censor,  en  tanto  que  dichas  pruebas  no  fueron  el  sustento  de la  acusación.   

Además,  dice que la defensa frente a las  citadas      pruebas      pudo      ejercer     el  contradictorio,  situación  que realizó,   por   ejemplo,  recurriendo  la  providencia  mediante  la cual  resolvió   la   situación   jurídica   de  Camacho  Reyes,  cuestionando  la  versión   de   Tamayo  Calderón,  situación  que  reiteró  a lo largo del  proceso.   

Por lo anterior, el cargo no está llamado  a prosperar.   

Segundo cargo  

Después  de  reseñar   los   yerros  técnicos     en     la     elaboración    de    la    censura,    argumenta  que  el  fallo  contiene  todos  los datos en  que  se  soportó  el razonamiento,  del cual se evidencia que  los    yerros    de    apreciación   no  tienen  la  contundencia que les  otorga el casacionista.   

Así, procede a conceptuar que el error de  apreciación  atribuido  a  la  versión de Pedraza Lara no resulta trascendente,     en    la    medida    en    que    no    tiene   relevancia   si   a           la          víctima          le          sustrajeron  $150.000,  el  reloj, una  bufanda   negra   y   la   billetera,   como   equivocadamente   lo   dedujo  el  Tribunal,  por  cuanto  “está  demostrado con otros medios de prueba que se cometió el hurto y  que  en  él  participó  Camacho              Reyes”.   

Respecto de las versiones de Lenin Tamayo  Calderón     y     Walter     Ferney    Chaparro  Sánchez  el juzgador no se apartó de su tenor  literal,  en  tanto  que hizo la reconstrucción del  acontecer  fáctico  de  acuerdo  con  los datos por  ellos comunicados.   

Manifiesta     que     los         testimonios        de        Leidy        Yasmín   y  Paola  Andrea  Caballero  Ángel  fueron valorados  en  su  integridad,  concluyéndose  que no merecían  credibilidad   “por  incongruentes  e  ir  en  contravía  con  lo  dicho  por  el  propio  procesado  Camacho Reyes, al punto que la última dejó a salvo  de  cualquier compromiso a Camacho Reyes y  atribuyó a Tamayo Calderón haber lesionado a la víctima,   y  manifestó  no  haberse  percatado  de  que  al acompañante  del occiso  –Pedraza   Lara-  lo  golpearan.  Y  en  esto  contradice  al  mismo  Camacho  Reyes,  quien  aceptó  que lo había lesionado,  cuando  dijo:  ‘…las  lesiones     si     de     pronto     si     herí    al    muchacho”.   

En lo atinente al protocolo de necropsia,  asevera  que  resulta una  apreciación  personal del  casacionista  que sostenga  que  dos  de  las heridas  que  presentaba la víctima eran antiguas, pues dicha  conclusión     no     se     advierte    de    dicho    instrumento.   

Además,    dice   que   la   prueba  que  obra  en  el  proceso  lleva  a  colegir  en  la  coautoría     del  acusado    en   el   hecho   criminoso,  para  lo  cual  procede  a realizar un recuento de la actividad  probatoria,  concluyendo “que el procesado Leonardo  Camacho   Reyes  sí  tuvo  el  dominio  funcional  del  hecho  al  intervenir  en su ejecución de manera significativa, al punto que  agredió  a  la  víctima  para que cayera y ya en el piso le propinó junto con  Tamayo   las   puñaladas  que  lo  ocasionaron  la  muerte”.   

Tercer cargo  

Como   una   constante   de    la    Delegada    inicia  el  concepto  anunciando los  defectos   técnicos   presentados   en   la   formulación   del   cargo,  para  seguidamente informar que  las        contradicciones        presuntamente  existentes   entre  las  distintas    versiones  de  Álvaro Pedraza Lara,  Lenin  Tamayo Calderón,  Walter  Chaparro  Sánchez y las hermanas   Caballero   Ángel   fueron   observadas   por  los  juzgadores  y  apreciadas conforme a  la    sana    crítica,    concluyendo    que    las    mismas   “coincidían   en  aspectos sustanciales, como la presencia del procesado en el  lugar  de  los  hechos  con  un arma corto punzante, la agresión de la víctima  junto      con      sus      otros     compañeros     de     riña.”   

Por   lo   expuesto        y           contrario        a        lo           alegado        por          el           casacionista,     manifiesta   que    el   trámite               contiene        los          medios         de           prueba         para          concluir        en  la  existencia              del          hecho         y           en           la   responsabilidad   del                 acusado        en       grado         de certeza.   

Así, estima que el cargo no está llamado  a prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Acotación previa  

Como  quiera  que  la Sala advierte que la  acción  penal  respecto  de las conductas punibles de hurto agravado y lesiones  personales   se   ha   extinguido  por  razón  de  la  prescripción,  así  lo  declarará.   

Recuérdese  que  la  Fiscalía,  mediante  providencia  del  22 de abril de 2002, acusó, entre otros,  a Leonardo  Camacho  Reyes de las conductas  punibles  de  homicidio,  hurto calificado y lesiones personales, de acuerdo con  lo  preceptuado  por  los artículos  239, 241  y 112 de la Ley 599 de  2000,   respectivamente,   providencia  que  cobró  ejecutoria  el  4  de  mayo  siguiente.   

En  esas  condiciones, se sabe que la pena  máxima  para la conducta punible de hurto agravado es de 9 años. Por su parte,  la de lesiones personales de 5 años.   

Por  manera  que  teniendo  en  cuenta  lo  reglado  por los artículos 83 y 86 de la Ley 599 de 2000, la Corte advierte que  la  acción penal por las citadas conductas punibles se ha extinguido por razón  de  la  prescripción, en la medida en que han trascurrido más de los cinco (5)  años  contados  a  partir  de la ejecutoria del pliego de cargos, lapso máximo  para  estos delitos, en el entendido de que no puede ser inferior a esta última  cifra.   

En   consecuencia,   se   declarará  la  extinción  de  la  acción  penal  y se procederá a cesar todo procedimiento a  favor    del   acusado   Camacho   Reyes.   Así  mismo,  se   redosificará  nuevamente la pena, respetando los criterios tenidos  en cuenta por el sentenciador.   

Aclarado  lo  anterior  se  procederá  a  resolver el recurso de casación de la siguiente manera:   

Primer cargo  

1.   El   defensor   de   Leonardo  Camacho  Reyes, al amparo de la  causal  tercera de casación, acusa al Tribunal de haber dictado sentencia en un  juicio  viciado  de  nulidad,  por  trasgresión  del  derecho de defensa, en lo  atinente  al  postulado  de  contradicción  de la prueba, habida cuenta que los  distintos  funcionarios  judiciales  que conocieron del asunto impidieron que se  contrainterrogara  a  los  coprocesados  Lenin  Tamayo Calderón y Walter Ferney  Chaparro y a la testigo Leidy Yazmín Caballero Ángel.   

2. Como lo ha dicho la jurisprudencia de la  Corte,  el  derecho  de  contradicción en la actividad probatoria no se protege  únicamente  dando la posibilidad que los sujetos procesales contrainterroguen a  los   declarantes,   sino  que  dicho  postulado  también  se  puede  ejercitar  deprecando  otras  probanzas  a  fin de contraprobar, criticándolas entre sí y  confrontándolas con los demás medios de pruebas.   

Dicho  de  otra  manera, de acuerdo con el  sistema  de  procesamiento  contemplado  en  la  Ley  600 de 2000, el derecho de  contradicción  no solo se protege con que los sujetos procesales intervinientes  participen  en  el  proceso  de producción y aducción de las pruebas, sino que  dicha  garantía  también  se  puede  ejercitar  de  otras formas, entre ellas,  presentando personales opiniones en cuanto a su mérito.   

3. Ahora bien, en el supuesto que ocupa la  atención  de  la  Corte, teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, el vicio  aducido  por  el censor no tiene la trascendencia que imponga la casación de la  sentencia.   

En  primer  término, vale destacar que el  artículo  388  de  la Ley 600 de 2000, dispone que el interrogatorio en el acto  de  la  diligencia  de  indagatoria  sólo  lo  puede  realizar  el  funcionario  instructor.   

Es  verdad  que  la  Corte  Constitucional  mediante  sentencia  C-760  de 2001 declaró la inexequibilidad de la expresión  “únicamente   podrá  interrogar  el  funcionario  judicial”; sin embargo, de dicho pronunciamiento no  se  puede colegir que los sujetos procesales intervinientes quedaran habilitados  para  elaborar  el  correspondiente  interrogatorio  en pro de los intereses que  representan,  máxime  cuando  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha sido clara al  respecto,  es  decir,  que  sólo  en  dicha diligencia interroga el fiscal o el  magistrado, según el caso.   

En  decisión del 11 de diciembre de 2003,  la Corte dijo:   

“Tanto  en el  Código   de  Procedimiento  Penal  derogado,  como  en  el  actual,  el  único  autorizado  para  interrogar  al  sindicado es el Fiscal y que la actuación del  defensor  está  limitada por la ley a ‘objetar  al  funcionario las preguntas que no haga en forma legal y  correcta’,  regla que no  varió   para  nada  con  la  inexequibilidad  del  apartado  que  enfatiza  que  ‘únicamente  podrá  interrogar   el  funcionario  judicial’,  pues  lo  fue  por  defecto de forma, pero sin desconocer que la  intención  del  legislador  fue  precisamente abroquelar la prohibición de que  alguien  distinto  del  Fiscal  o  Magistrado,  según el caso, interrogue en la  indagatoria”.   

No  obstante,  en  el  evento que ocupa la  atención  de  la  Corte  resulta fácil colegir que la inconformidad del censor  frente  a  la  negativa de los funcionarios judiciales fue puntual, en la medida  en  que  los  coprocesados Lenin Tamayo Calderón y Walter Ferney Chaparro en la  indagatoria  realizaron  cargos  en contra de Leonardo  Camacho  Reyes, motivo por el cual, de acuerdo con las  normas  vigentes  fueron  juramentados  e  interrogados al respecto, aspecto que  necesariamente  daba  el  derecho  de  contrainterrogar a la defensa del acusado  recurrente en casación sobre tal situación en particular.   

Los coacusados Tamayo Calderón y Chaparro  Sánchez  en  la  indagatoria le atribuyeron a Camacho  Reyes  haber  propinado  puñaladas  a  la  víctima,  siendo  juramentado  el segundo de los citados inicialmente sobre ese particular  cargo.   

Frente  a  la legislación vigente para la  época  en  que  sucedieron los hechos, el artículo 337 de la citada Ley 600 de  2000,  reglaba,  en  su  inciso  primero,  que  en  el evento en que el imputado  declarara  contra  otra  persona,  “se le volverá a  interrogar  sobre  aquél  punto  bajo  juramento,  como  si  se  tratara  de un  testigo”.   

Por  manera que cuando un imputado realiza  cargos  contra  otras  personas  y  se le toma juramento en torno a tal aspecto,  surge   claro   que   la  defensa  de  esas  “otras  personas”,  si  se  encuentran  presentes  en dicho  acto,  pueden  ejercer  el  contradictorio repreguntando sobre dicha imputación  realizada bajo la gravedad del juramento.   

La  anterior  afirmación  encuentra total  correspondencia  con  lo  reglado  por  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,   en   lo  atinente  a  que  quien  sea  sindicado  tiene  derecho  a  controvertir las pruebas que se alleguen en su contra.   

En  el  mismo  sentido,  los  instrumentos  internaciones  estatuyen  la  facultad  que  tiene  toda persona “de  interrogar  a los testigos presentes en el tribunal y a obtener  la  comparecencia, como testigos o peritos, de otras personas que puedan arrojar  luz   sobre   los  hechos”,  artículo  8°  de  la  Convención   Americana   sobre   Derechos   Humanos,   y   “el  derecho  de la defensa a interrogar a los testigos presentes en  el  tribunal  y  de  obtener la comparecencia, como testigos o peritos, de otras  personas  que  puedan arrojar luz sobre los hechos”,  artículo   14  del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  preceptivas   que  al  tenor del artículo 93 de la Constitución Política  prevalecen en el orden interno.   

Del mismo modo, no puede perderse de vista  que  la  indagatoria  tiene  la  doble  connotación  de  medio  de defensa y de  elemento  de  juicio,  circunstancia  última  que  impone  el  cumplimiento del  principio  de  contradicción,  sobre  todos  aquellos  aspectos que constituyan  atribución  de  cargos  contra  otras personas, interrogatorio que lógicamente  deberá  versar  sobre  esta  puntual  situación  y  que  no vaya a lesionar el  derecho a la no autoincriminación.   

De  ahí  que  si  bien  es  cierto que el  interrogatorio  en  el  acto  de  la  indagatoria  lo  hace  el  correspondiente  funcionario  judicial,  también lo es que los sujetos procesales intervinientes  en  tal  acto  pueden  repreguntar  cuando  el imputado haga cargos contra otras  personas, como claro desarrollo del postulado de contradicción.   

En  tales  condiciones,  en  la hipótesis  casacional  planteada  por  el  defensor  de  Camacho  Reyes,  resultaba  claro  que  el procesado tenía el  derecho  a  contrainterrogar  a  los  indagados  sobre  los  cargos  que bajo la  gravedad del juramento le atribuyeron.   

Empero,   como  se  anotó   anteriormente,   tal   situación   no   comporta   que  le   asista   razón   al   censor   y,  por   lo   mismo,   se  imponga  la  casación  de   la   sentencia   por   la   presunta   violación   del    derecho    de   defensa,   en  tanto   que   el    postulado   de   contradicción   no   solo   se   salvaguarda   con  la   eventual   participación   de   los   sujetos  procesales  en  el  acto   de  producción   y  aducción  del  elemento  de   juicio,   sino   que  también puede  ser  objeto   la    probanza    de   la   critica   testimonial   como  en  efecto aquí  sucedió.   

Revisado  el  diligenciamiento se advierte  que  el  censor  ejerció  el  contradictorio  sobre  los  citados  elementos de  juicios. Veamos:   

Vinculados   los   procesados   a   la  investigación,  esto  es,  Tamayo  Calderón,  Chaparro Sánchez y Camacho  Reyes,  el     instructor  les  resolvió  la  situación  jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención preventiva, providencia contra la cual el defensor  de  este último  interpuso recurso de apelación, en tanto que estimó que  la  versión  de  Tamayo Calderón se encontraba en abierta discrepancia con las  versiones dadas por Leidy Yasmín y Paola Andrea Ángel.   

Así  mismo, sostuvo que las explicaciones  dadas  por  Walter  Chaparro  Sánchez  en  cuanto a los cargos que adujo contra  Camacho    Reyes    no  encontraban sustento en los demás elementos de juicio.   

Como   lo   recuerda   la   Procuradora  Delegada,   el  defensor  con  el  ánimo  de  controvertir  las anteriores  probanzas  deprecó  la  ampliación  del  testimonio de Leidy Yasmín Caballero  Ángel,  medio  de  convicción que fue ordenado  por resolución del 15 de  noviembre de 2001.   

Cerrada  la  investigación  y  dentro del  término  para  presentar  alegatos  de conclusión, el defensor de Camacho  Reyes en su escrito criticó las  pruebas  allegadas  al  trámite,  en  la medida en que calificó la versión de  Tamayo  Calderón  como  inverosímil,  motivo  por  el cual no se le debía dar  credibilidad.  De  la  misma  manera, estimó que de las explicaciones dadas por  Chaparro  Sánchez  se  advertía que su defendido no participó en la comisión  de la conducta punible de homicidio.   

Finalmente,  anotó  que del testimonio de  Leidy    Yasmín    Caballero    Ángel    se    infería    que    Camacho  Reyes  no propinó ninguna  lesión a la víctima.   

Ahora  bien,  en  el  acto de la audiencia  pública  el  citado  profesional  del derecho construyó la defensa del acusado  sobre  la base de que el dicho de Tamayo Calderón era mendaz, así como que las  versiones  de Chaparro Sánchez, Pedraza Lara y las hermanas Caballero Ángel no  tenían     la     fuerza     persuasiva    para    edificar    una    sentencia  condenatoria.   

De  acuerdo con lo anteriormente expuesto,  para   la   Sala   resulta   fácil  colegir  que  la  defensa  de  Camacho  Reyes  ejerció  el  derecho de  contradicción  sobre  los medios de convicción que cita, razón por la cual no  se  advierte  la  irregularidad  alegada,  en  la  medida en que, se repite, tal  postulado  no  se  garantiza  únicamente  con  que  las partes participen en el  proceso  de  producción  y aducción de los elementos de juicio, sino que dicho  postulado  también se resguarda controvirtiendo la prueba de cargo a través de  la  interposición  de recursos, criticándola en si misma y confrontándola con  los demás medios de convicción.   

Si  bien  es  cierto  que los funcionarios  judiciales  negaron  a  la  defensa  el derecho que tenían de repreguntar a los  coprocesados  Tamayo  Calderón  y  Chaparro  Sánchez  respecto  de  los cargos  atribuidos  a Camacho Reyes,  también  lo es que dicho sujeto procesal pudo ejercer el contradictorio durante  toda la actuación, tal como se reseñó en precedencia.   

Que  los  funcionarios judiciales hubiesen  negado  la  práctica  de  ampliación del testimonio de Leidy Yazmín Caballero  Ángel,  la  Sala  no  advierte  ninguna arbitrariedad en dicha decisión, en la  medida  en  que  la  misma  resultaba  inútil,  habida  cuenta  que  ya  había  comparecido   a   rendir   versión   juramentada  sobre  los  hechos  por  ella  percibidos.   

En consecuencia, el cargo no está llamado  a prosperar.   

Segundo cargo  

1.   El   defensor   de   Camacho  Reyes,  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado,  de  manera  indirecta, la ley sustancial por error de hecho por  falso  juicio  de  identidad  cometido  en  la  apreciación de las versiones de  Álvaro  Pedraza Lara, Lenin Tamayo Calderón, Walter Ferney Chaparro Sánchez y  las  hermanas Leidy Yasmín y Paola Andrea Caballero Ángel, yerro que condujo a  que  se aplicara indebidamente el artículo 29 de la Constitución Política, el  artículo  29,  inciso  2°, del Código Penal y el artículo 232 del Código de  Procedimiento Penal.   

2. Como  lo  ha  dicho   la     jurisprudencia    de    la    Corte,    el   error    de    hecho   por    falso   juicio   de   identidad   se   configura   cuando  el  juzgador   en    el   acto    de    apreciación    de    la   prueba   se  aparta  de  su  contenido   objetivo,  al  punto  que  lo  lleva  a  declarar  una  verdad  que  no  se  revela  de  su  contenido.   

En la labor demostrativa de la censura, el  censor  está en la obligación de enseñarle a la Sala en qué consistieron las  tergiversaciones  de la prueba y cómo la misma incidió en la parte dispositiva  de la sentencia.   

Por  manera  que si la censura se diseñó  con  el  objeto  de  atacar  la  credibilidad  dada  a los medios de convicción  sustento  del  juicio  de  credibilidad, como de manera incasable lo ha dicho la  jurisprudencia,  tal  disparidad de criterios no constituye motivo para recurrir  en  esta  sede,  en tanto que el juzgador goza de libertad para justipreciar los  distintos  medios de convicción, sólo limitado por los postulados que informan  la  sana  crítica  y, además, el fallo llega amparado por la doble presunción  de  acierto  y  legalidad,  es  decir, que los hechos que fueron declarados como  probados   encuentran  total  correspondencia  con  los  medios  de  convicción  allegados  validamente  a  la  actuación, y que la norma jurídica seleccionada  era la llamada a gobernar el asunto.   

En  lo  atinente  a la prueba de indicios,  también  la  jurisprudencia de la Corte ha sido clara en sostener que cuando la  inconformidad  está  sobre  la  inferencia lógica que lleva a colegir el hecho  indicado,  el ataque debe postularse a través de la causal primera de casación  por  vía  del  error  de  hecho por falso raciocinio, indicándose cuál fue la  regla  de  la  lógica,  de  la  ciencia  y de la experiencia vulnerada, de qué  manera   lo   fue   y   su   incidencia   en   la   parte   dispositiva   de  la  sentencia.   

De  la  misma  manera,  cuando se pretende  censurar  su  fuerza  persuasiva, concordancia y convergencia, también el cargo  se  debe  fundar  por  los  senderos  del  error  de hecho por falso raciocinio,  señalando  el  censor  cuál  fue  la  regla de la sana crítica vulnerada y su  incidencia en las decisiones adoptadas en el fallo.   

3. Cabe señalar que del contexto del cargo  se  puede  advertir  cuál es la inconformidad del censor, razón por la cual la  Sala abordará su estudio.   

En  tales  condiciones  si  se  revisa  el  contenido  de  las  versiones  que  estima  el  censor  como  tergiversadas,  se  concluirá  que  el  juzgador  para arribar a la citada construcción indiciaria  contó  con  los correspondientes elementos de juicio, los que fueron apreciados  en su tenor literal.   

En efecto, en lo que respecta al testimonio  de  Álvaro  Pedraza  fue estimado de acuerdo con los datos que suministró a la  investigación,  esto es, que Tamayo Calderón, Chaparro Sánchez y Camacho  Reyes  cogieron y patearon a su  amigo  Abel  y  que no supo que le sustrajeron. Sin embargo, anotó que a él le  fue hurtado un reloj, una bufanda negra y la billetera.   

En  posterior  ampliación,  acotó  que  Leonardo  fue  la  persona  que  se  apoderó de los $20.000 y que agredió a la  víctima.   

Las   anteriores   explicaciones  fueron  apreciadas  por  el  juzgador  en  su real contenido, que confrontadas con otras  probanzas,  concluyó  en  la  coautoría  de  Camacho  Reyes  en  la  comisión  de  la  conducta punible de  homicidio.   

Ahora  bien, como lo recuerda la Delegada,  si  bien  es  cierto  que  el Tribunal anotó en sus consideraciones que Pedraza  Lara   declaró  que  a la víctima le habían quitado la suma de $150.000,  el  reloj,  una  bufanda  de  color  negra y la billetera, tal desatino no tiene  relevancia,  en  la medida en que está demostrado con otros medios de prueba el  delito  de  hurto  y  la  participación  de  Camacho  Reyes en el mismo.   

De acuerdo con las explicaciones dadas por  Lenin  Tamayo  Calderón  se  sabe que la bufanda la tomó el coacusado Chaparro  Sánchez   y   la   gorra  Camacho  Reyes.   

En  lo  que atañe a la versión de Tamayo  Calderón,  también  fue  apreciada  en su real contenido, esto es, las razones  que    llevaron    a    la   iniciación   de   la   riña,   que   Camacho   Reyes   les  indicó  que  se  apoderaran  de la citada gorra, que en la reyerta éste le dijo a su compañeros  de  andazas  que   no  se dejaran y que apuñaló a uno y, luego, junto con  Chaparro  Reyes,  lo  atacaron  y  como  el acompañante había huido el acusado  recurrente los persiguió.   

Así  mismo, también fue apreciada por el  juzgador  su ampliación de indagatoria, en donde el citado narró a la justicia  que  cuando  se suscitó la riña sacó una navaja y que ante las agresiones con  un  objeto  contundente  agredió al muchacho y que una vez caído, Camacho  Reyes  lo golpeó en la espalda  con las rodillas y lo apuñaló.   

El sentenciador de segundo grado en el acto  de  apreciación  probatoria  estimó,  de  acuerdo  con  su  tenor  literal, la  versión  de  Walter  Ferney Chaparro, en torno a que fue Tamayo Calderón quien  pateó  a  la  víctima  y  lo agredió con la puñaleta. En el mismo sentido se  valoró   con   credibilidad  su  ampliación  de  indagatoria  referida  a  que  Camacho Reyes al devolverse  fue  la  persona que agredió a la víctima también con un puntapié  y en  el   momento  que  cayó  éste,  junto  Tamayo  Calderón,  le  asestó  varias  puñaladas.   

Finalmente las versiones de Leidy Yasmín y  Paola   Andrea  Caballero  Ángel  fueron  apreciadas  de  manera  individual  y  mancomunada,  concluyéndose que no merecían credibilidad por ser incongruentes  y    contrarias    a   lo   expuesto   por   Camacho  Reyes,   esto  es,  que  él  no  participó  en  el  homicidio,  atribuyendo  tal  conducta  a Tamayo Calderón, máxime cuando éste  aceptó haber herido al acompañante del hoy occiso.   

Por  manera  que la Sala no observa que el  juzgador  hubiese  incurrido  en  los  yerros  de apreciación probatoria que le  enrostra  al  juzgador, en la medida en que los testimonios fueron apreciados de  acuerdo  con  las  reglas  de  sana  crítica  y de los cuales se infirió en la  coautoría  de Camacho Reyes  en la conducta punible de homicidio.   

En  lo  atinente  a  las presuntas heridas  reseñadas  en el protocolo de necropsia y que a juicio del casacionista, varias  de  ellas,  no  fueron  ocasionadas en el momento de los hechos, se erige en una  afirmación  personal,  en  tanto  que  si  bien  en  dicho  instrumento se hace  referencia  que  dos se encontraban saturadas, tal aspecto no lleva fatalmente a  concluir   que   eran   antiguas,   sino   que   fue  como  consecuencia  de  la  reyerta.   

De  otro  lado,  la  prueba  allegada  al  trámite  permite  colegir que el acusado debe responder a título de coautor en  la  conducta  punible  de  homicidio, habida cuenta que como lo manifestaron los  otros  acusados  si bien existió un plan expreso para dar muerte al señor Abel  de  Jesús  García  Ochoa,  también  lo  es  que  en  el momento en que éstos  atacaron  a  Pedraza  Lara  y  a  García  Ochoa, como lo dice la Procuraduría,  “hubo  un  acuerdo  tácito de agresión creando un  riesgo  jurídicamente  desaprobado  y asumieron las consecuencias dentro de las  cuales  podía  surgir  la  muerte  porque los dos agresores tenían en su poder  navajas,  armas  de naturaleza letal, que fueron las que precisamente utilizaron  para   herir   a   García   Ochoa   y   lesionar   a  Pedraza  Lara”.   

Además,  el  coprocesado Tamayo Calderón  fue  claro  en  afirmar  que  todos  los coacusados participaron en el acontecer  fáctico.  Por  ejemplo,  en  una  de  sus  intervenciones anotó  que hizo  “…dos  lances  pero sólo le di uno… y Leonardo  Camacho  lo  golpeó  por  la espalda con las rodillas y al hacer el muchacho lo  apuñaló”.   

Por su parte, Álvaro Pedraza Lara contó a  la  justicia  que  entre  los  tres  procesados  estaban  golpeando a una de las  víctimas  en  la  mitad  de  la  cuadra.  Y,  Chaparro Sánchez, manifestó que  Camacho Reyes al devolverse  le  propinó  una  patada  al  muchacho  y  una  vez  en el suelo los procesados  procedieron  a  agredirlo  con el arma blanca que portaban “…el muchacho   se   paró   y  dijo  no  más  y  se  paró  y  se  fue  corriendo…”.   

En  consecuencia,  de  acuerdo  con  las  probanzas  que  obran  en  el informativo, resulta claro y evidente para la Sala  que  Leonardo Camacho Reyes  debe   responder   a  título  de  coautor   por  la  conducta  punible  de  homicidio.   

Así,   el  cargo  no  está  llamado  a  prosperar.   

Tercer cargo  

1. Finalmente, el defensor de Leonardo  Camacho  Reyes,  basado  en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la ley sustancial por error de hecho por falso raciocinio, yerro que  condujo   a  que  no  se  reconociera  la  duda  a  favor  de  Leonardo  Camacho  Reyes.   

2.   Contrario  a  lo  afirmado  por  el  casacionista,  las  contradicciones  en  que  incurrieron los citados deponentes  fueron  objeto  de estudio por parte del sentenciador, de acuerdo con las reglas  de  la  sana  crítica,  concluyendo que el relato que éstos suministraron a la  justicia  coincidían  en  los  aspectos  sustanciales,  como,  por  ejemplo, la  presencia  del Camacho Reyes  en  el  lugar de los hechos armado de un arma corto punzante, motivo por el cual  debía dárseles crédito en dichos aspectos.   

Frente  al punto en discusión el Tribunal  anotó:   

“  En  primer  término,  si  bien  es  cierto  que las diversas personas vinculadas al proceso  incurrieron  en  contradicciones  como  lo  destaca  la  defensa,  pues mientras  LEONARDO  niega  haber  lesionado  al  hoy  occiso,  WALTER FERNEY afirma que su  compañero  sí  utilizó  el  arma  blanca  que portaba para herirlo y LENIN es  claro  en  sostener  que  LEONARDO  lesionó  tanto  al  hoy  occiso  como  a su  compañero,  lo  cierto  es  que  no puede perderse de vista que tales versiones  debe  analizarse  bajo  el  tamiz  de  la  sana crítica y luego de efectuar tal  tarea,  la Sala llega a la convicción de que la manifestación de LENIN resulta  creíble,  en primer lugar, porque admitió su participación en los hechos y en  segundo  lugar,  porque encuentra respaldo en otro elemento de juicio como es la  versión  de  WALTER  FERNEY  quien  en  ampliación  de  injurada  refirió que  LEONARDO   al devolverse le pegó una patada al muchacho y cuando cayó él  y LENIN lo apuñalaron”.   

Dicho     de     otra   manera,   la   pretendida   irregularidad  cometida en el acto de  apreciación  de  las  pruebas  por  trasgresión de los postulados que informan  la   sana   crítica,   se   erige   en   un   supuesto   de   censor   para   oponerse    a  las  conclusiones  del  juzgador,  en cuanto a que Leonardo  Camacho  Reyes  sí  participo  en la comisión de la  conducta punible de homicidio.   

En tales condiciones, ante la inexistencia  del yerro demandado el cargo no está llamado a prosperar.   

DETERMINACIÓN DE LA PENA  

La Sala procederá nuevamente a determinar  las  penas,  en  tanto  que  deberá  excluirse  las regladas para las conductas  punibles  de  hurto  agravado  y  lesiones  personales,  como consecuencia de la  declaratoria   de   extinción   de   la   acción   penal   por  razón  de  la  prescripción.   

De  esa  manera,  se cumplirá dicha labor  respetando  los  parámetros  fijados por los jueces de instancia, con el objeto  de  no  desconocer el principio de no reforma peor consagrado en el artículo 31  de la Constitución Política.   

Así,  recuérdese  que  el  juzgador  de  primera   instancia,   por  tratarse  de  un  concurso  de  conductas  punibles,  inicialmente,  con  estrictez en lo reglado por el artículo 31 de la Ley 599 de  2000,   procedió  a  determinar  la  pena  más  grave  según  su  naturaleza,  concluyendo   que  dicha condición la ostentaba el delito de homicidio, la  que fijó en 14 años de prisión.   

Con respeto en el principio de congruencia,  y  toda  vez  que  al  acusado no se le atribuyó ninguna circunstancia de mayor  punibilidad,  acertadamente  consideró  que  en  este evento, de acuerdo con lo  preceptuado  por  el  inciso  segundo  del artículo 61 del Código Penal, sólo  podía  partirse  del  primer cuarto del ámbito de movilidad, el que determinó  previamente entre 13 años y 16 años.   

Sin  embargo, no partió del mínimo de 13  años,  en  tanto  que  estimó, con apego en el inciso 3° del citado artículo  61   de  la  Ley  599  de  2000,  que  dada la gravedad de la conducta y la  intensidad   del  dolo  a  dicho  mínimo  se  le  debía  incrementar  un  año  más.   

Por   manera  que  concluyó  como  pena  privativa  de  la  libertad para el delito homicidio la de 14 años de prisión.  Cumplido  lo anterior, procedió a incrementar dicha sanción, como consecuencia  del  concurso  de  conductas  punibles,  de la siguiente manera: “un  año  más  por  las  lesiones  personales  y  el hurto y se le  agregan  diecisiete  (17) salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa,  en    virtud    de   la   pecuniaria   que   también   tiene   señaladas   las  lesiones…”.   

En  consecuencia, como quiera que el marco  de  la  determinación de la pena se deben excluir las que corresponderían para  las  conductas punibles de hurto agravado y lesiones personales por razón de la  extinción    de    la    acción    penal,   se   condenará   a   Leonardo   Camacho   Reyes  a  la  pena  principal de catorce (14) años de prisión.   

Respecto  de  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas se fijará  por  el  mismo  tiempo  de  la  pena  privativa  de la libertad, es decir, en 14  años.   

En lo demás, el fallo no sufrirá ninguna  modificación.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1. No  casar  la  sentencia  con  base en los cargos formulados en la  demanda.   

2. Declarar   la   extinción   de   la  acción  penal  respecto  de  las      conductas      punibles      de      hurto      agravado  y  lesiones  personales,  de  acuerdo  con  lo  expuesto en la parte motiva de esta  providencia    y,    por    lo   mismo,  se  cesa todo procedimiento a favor  de     Leonardo     Camacho     Reyes.   

3.  Como  consecuencia de lo  anterior,     se     condena    a    Leonardo   Camacho  Reyes  a  la  pena  principal  de  14 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación apara el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como coautor de  la conducta punible de homicidio.   

4.  En  lo  demás, el fallo no sufre ninguna modificación.   

5. Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,   comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN                                         JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                 Permiso   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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