26168(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26168  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N° 139   

          Bogotá, D.C., treinta de noviembre de dos mil seis.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  Art. 212 del C. de P. Penal, examina la  Corte  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de WILSON     FERNANDO    e    ISMAEL    RINCÓN    RINCÓN,  contra  la  sentencia  de  segundo grado  proferida  el  26  de  abril  del  año  en  curso  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Santa Rosa de Viterbo, que confirmó la que dictó el 18  de  julio de 2005 el Juzgado 2° Penal del Circuito de Sogamoso, por medio de la  cual  condenó a los procesados a la pena principal de 26 años de prisión como  coautores   responsables   de   homicidio   agravado   causado  en  Domingo  Antonio  Gutiérrez  Velásquez en  las  horas  de  la  noche del 17 de abril de 2004 en la vereda Vargas, sector de  “La   Virgen”   del   municipio  de  Aquitania,  Boyacá,  cuando  con  arma  cortopunzante  lesionaron  en  el  cuello  a  la  víctima;  cargo  que desde la  resolución  acusatoria  de  26  de  julio  de  2004  se  les  endilgó, la cual  confirmó  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Superior al conocer de la  apelación interpuesta por la defensa.    

LA DEMANDA  

Violación indirecta de la ley sustancial por  haberse  incurrido  en  manifiesto  error por falso juicio de convicción, es el  sustento  de  este  único  cargo  que  el censor al amparo de la causal primera  plantea  contra  la  sentencia recurrida, “al haberse  dado  a la prueba un valor que no corresponde, por desconocimiento de las reglas  de la sana crítica (…)”   

Tras  citar  lo  que un conocido doctrinante  denominaba   como   “falsa  interpretación  en  el  derecho”,  y lo que en la década de los años 90 la  jurisprudencia   de   la   Sala   tenía   por   falso   juicio  de  convicción  identificándolo  con  la  vulneración  de  las  reglas  de  la sana crítica o  persuasión  racional,  en  aras  de  la  demostración  de  la censura luego de  referirse  a  los  presupuestos establecidos en el Art. 247 para condenar -omite  indicar  de  cuál  estatuto-, a los criterios que para fijar la pena señala el  Art.  61  del  C.  Penal,  y  a  la  definición que la ley hace de hecho   punible   y  de  la  causalidad,  el  actor  sostiene  que  no  discute  la  certeza  presente en la actuación en relación con la muerte de la  víctima,  empero “en donde surge la discordia con el  fallador  de  primera instancia, es respecto de la prueba del cargo para imputar  responsabilidad penal.”   

Seguidamente deja entrever el actor que en la  apreciación   de   la  atestación  de  Luis  Alberto  Moreno, único testigo presencial de lo acontecido, el  juzgador  inobservó  las  reglas  de la sana crítica cuando omitió reparar en  las     “diversas     contradicciones”  en  que incurrió el declarante en cuestión, tanto en la etapa  investigativa  como  en  la  del  juicio,  las cuales destaca al transcribir los  apartes  pertinentes  de  sus  exposiciones.  A  dicho testimonio, no empece sus  incongruencias,  se  le  asignó  un  valor  que no tiene en la medida en que se  constituyó  en  soporte  de  la  condena  que  aquí  censura,  al punto que se  desechó  su  petición  de  que se declarara la responsabilidad de ISMAEL  RINCÓN como autor de un homicidio  preterintencional  y  no  doloso,  solicitud  que  elevó  con  fundamento en la  declaración  del agente de la Policía, Jaime Humberto  Silva,    quien    refiere    cómo    WILSON  RINCÓN  le manifestó que si bien  con  “ese  puñal” había  agredido   a   la   víctima,   “nunca   pensó  en  matarlo.”         

Desconoció    el    sentenciador    el  “arraigo” de los jóvenes  RINCÓN  RINCÓN, campesinos  de  origen  humilde,  labradores  y carentes de antecedentes, condiciones que le  permiten  asegurar que sus defendidos no son personas agresivas; por contera, le  restó  importancia  a un hecho trascendental, que la reyerta se originó por el  alto  grado  de  alicoramiento  en  que  se hallaba la víctima, provocadora del  luctuoso  acontecimiento,  situación  desapercibida  por  el  supuesto  testigo  presencial  de  los  hechos porque en la posición en que se encontraba -iba por  delante  de  los  protagonistas  del episodio, “uno o  dos  metro  por  ahí  (…)”-,  por  lo  que le era  imposible  observar  “quién  o quiénes hirieron de  muerte a DOMINGO ANTONIO GUTIÉRREZ.”   

El    testimonio    de    Luis  Alberto  Moreno está marcado por la  parcialidad   y   su   interés  en  perjudicial  a  sus  asistidos,  afirma  el  casacionista,  lo  cual  se  infiere  de  sus diversas versiones contradictorias  “dado que la víctima era su mejor amigo”.     WILSON     RINCÓN  fue  enfático  en  sostener  que  él  le  ocasionó  la muerte a  Gutiérrez  Velásquez, pero  lo  hizo  en  razón  de  la  “embestida”   de   éste,  e  ISMAEL  en    “actitud   defensiva”  nunca  pensó  que su acción terminara con el fallecimiento de  la  víctima.  ¿Dónde está la voluntad, la reflexión para buscar o querer la  muerte?,   interroga  el  demandante.  Todo  ello  ocurrió  en  segundos,   producto  de  la beodez en que se encontraban los contrincantes. No obstante, el  fallador  le  da  otra interpretación a una tal situación afirmando el dolo en  el actuar de los procesados.   

Tampoco  el  juzgador  le  da  el  valor que  corresponde  a  la historia clínica y al protocolo de necropsia, experticias en  las  cuales se establece la poca profundidad de la herida causada en la víctima  -deja  entrever- de escaso un centímetro y causada con arma cortopunzante. Tras  citar  algunos  autores en temas de medicina legal y lo que del lesionamiento en  cuestión  se  plasma  en  las citadas pericias, para el demandante la causa del  óbito  no  fue  la  lesión  infligida  a  Gutiérrez  Velásquez,      sino      la      “complicación”    que    surgió   con  posterioridad  traducida  en  la  hemorragia  por  fracaso  en los mecanismos de  homeostática  que determinó el desangramiento de aquél, prueba esta a la cual  se  le  resta  credibilidad en el fallo, pues salta de bulto que “WILSON  con  su actuar, se excedió, solo quería asumir una actitud  defensiva  mas  no  el  conocimiento  inequívoco de extinguir una vida, si ello  hubiera  sido  así, la víctima hubiera presentado más heridas profundas en la  humanidad.”   

No  obstante,  el fallador imprimiéndole al  testimonio  de  Alberto Moreno  valor  probatorio  diferente  al  que  le corresponde, concluye que WILSON   FERNANDO   RINCÓN   RINCÓN  es  coautor       de  homicidio  agravado y no de homicidio  preterintencional,  tal  como  se  halla establecido en la actuación. Idéntica  posición   cabe   asumirse   respecto   de   la   situación   de  ISMAEL    RINCÓN,   en   tanto   resulta  inverosímil    que    éste    le    “echara   el  brazo”  a la víctima para que aquél le asestara la  mortal  puñalada  en  el  cuello,  cuando ambos llevaban asidas sus respectivas  bicicletas.   

Conforme con las reglas de la sana crítica,  claro  se  ve  que  no  existe  evidencia  suficiente  para  que  a WILSON    se    le   hubiese   declarado  responsables   de   homicidio   doloso   agravado,   mas   sí   por   homicidio  preterintencional,  es  el  parecer  del  libelista.  Y respecto de ISMAEL,  se  carece  en  la  actuación de  “prueba  nítida,  transparente,  indicativa  de  la  participación  en  dicho hecho, en el grado de coautoría, pues nunca desplegó  colaboración   delictual,   ni   la   planeó,   ni   la   ejecutó”,     por     lo     tanto    debe    exonerársele    de    toda  responsabilidad.                 

Casar  la sentencia recurrida para que en su  lugar  se  profiera  la  sustitutiva, de carácter absolutorio para ISMAEL  RINCÓN  RINCÓN, y de condena por  homicidio  preterintencional a favor de WILSON FERNANDO  de  los  mismos  apellidos,  es  la  pretensión  del  censor.   

ALEGACIONES   DEL   SUJETO   PROCESAL   NO  RECURRENTE   

          El  Ministerio  Público,  representado  en  el  Procurador Judicial  Penal  II  166, se opone a la aspiración del defensor y solicita que su demanda  sea  inadmitida,  por  cuanto  no  cumple con los requisitos formales que la ley  establece  para  que  pueda  la  Corte  asumir  su  estudio  de  fondo. No sólo  falencias  de  técnica casacional sino también de orden argumentativo, impiden  la  prosperidad  de  los  planteamientos  que el censor aduce en el único cargo  contentivo  de la demanda, al punto que por lo contradictorio, le resta claridad  y precisión a su discurso.   

          En  efecto,  el  error en que fundamenta el ataque no se corresponde  con  su  desarrollo,  pues   si  bien  aduce  como vicio un falso juicio de  convicción,  que  es  una  especie  del  error  de  derecho, termina por alegar  atentados  a  las  reglas de la sana crítica, que es una modalidad del error de  hecho,  sin  lograr  demostrar  lo  uno o lo otro. En todo caso, el discurso del  actor  gira sobre la credibilidad que el juzgador le otorgó a los medios en los  cuales  forjó  su  convicción, olvidando que la simple disparidad de criterios  respecto  de  la estimación probatoria no constituye yerro alguno demandable en  casación,  y por consiguiente será la valoración realizada por el juzgador la  que  deba  prevalecer por la doble presunción de acierto y legalidad con la que  están  amparados  sus  fallos, salvo que se demuestre que sus razonamientos son  absurdos   e   ilógicos,  cosa  que  aquí  no  sucede.       

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuando  se  aduce  la  causal  primera  de  casación,  uno  de  los  requisitos  que  por  lógica  reclama  la técnica de  casación  para  hacer  posible  la  construcción  del  juicio  sobre  el  cual  pretendan  los  censores  que  la  Corte  realice  el control de legalidad de la  sentencia   impugnada,   es   indicar   la  norma  o  normas  sobre  las  cuales  supuestamente  recayó  el  error  del  fallador, pues por el carácter rogado y  dispositivo  del  recurso extraordinario, sin tal precisión no puede el juez de  casación  determinar  en  qué consiste el quebranto a la ley sustancial objeto  de la censura.   

Una  falencia  como  ésta,  que al rompe se  advierte  en  el  libelo  sometido a revisión preliminar, pone de manifiesto la  informalidad  con que el censor pretende la casación del fallo, presentando una  demanda  sin   referente  normativo que permita elucidar, de acuerdo con el  planteamiento  de  un error de derecho por falso juicio de convicción, cuál es  el  precepto  que  da  valor  o  tarifa  probatoria a las pruebas, a las cuales,  según   el   criterio  del  censor,  el  juez  les  otorgó  un  valor  que  no  corresponde.   

Es  que  cuando  no  se  obra  dentro de los  parámetros  que  cada  causal  tiene  previstos  para  orientar  la censura, el  impugnante  termina  oponiendo su personal criterio sobre el más autorizado del  Juzgador,  incurriendo  en  el  desatino de considerar el recurso extraordinario  como  otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de que con la casación se  busca  es el estudio de la legalidad de la sentencia y no la prolongación de un  debate  probatorio  fenecido mediante el proferimiento de una sentencia amparada  con  la doble presunción de acierto y legalidad, únicamente destronable por la  presencia  de  errores predicables del fallador, y de tal magnitud que sólo con  su casación pudiera restaurarse la legalidad de la pieza procesal.   

Es  que  ninguno  de  los asertos del censor  destacan  cosa  diversa  al simple rechazo de las consideraciones que dieron pie  al  Tribunal  para  adquirir la certeza necesaria en punto de la responsabilidad  penal  de  los  procesados  en  el delito de homicidio cometido en la persona de  Domingo   Antonio  Gutiérrez  Velásquez,  pero  siempre  sin mostrar correspondencia entre lo afirmado y el  error que aduce como fundamento de la censura.   

Pero al margen de la imposibilidad del censor  para  desarrollar  el ataque bajo la forma del falso juicio de convicción en el  entendido  que  el Juez negó a las pruebas testimoniales el valor legal, cuando  es  evidente  que  para  la  estimación  de  tales  probanzas  nuestro  sistema  probatorio  establece  la  libre  apreciación  dentro  del  contexto de la sana  crítica,  es  lo  cierto  que  el  demandante apenas alcanza a mostrar su obvia  insatisfacción  con  el resultado del proceso, sin siquiera referirse de manera  concreta  a los medios de información que le sirvieron de apoyo al sentenciador  para emitir la condena.   

Al  observar  con detenimiento el desarrollo  del  método  considerado  por  el  censor  como  el  afortunado  para lograr su  cometido,  es  la  verdad,  no  surge  nada  diferente a que en la primera parte  rechaza  los  hechos  que  dice  fueron  probados  por el fallador con el común  denominador  de  considerarlos como razonamientos encaminados a negarle el valor  probatorio  a  las  exculpaciones  de  sus  asistidos,  eso sí, prevalido en su  argumentación   de   tergiversaciones  tales  como  convertir  al  agredido  en  provocador  y  causante del episodio luctuoso, cuando los hechos declarados como  acreditados  en  la  sentencia evidencian otra cosa. Y en la segunda parte de la  alegación  dedica  su  tiempo a combatir las razones esgrimidas por el Tribunal  con  respecto al testimonio que encontró creíble, para concluir finalmente con  transcripciones   fragmentarias   del   mismo   con  fundamento  en  las  cuales  sostiene  que no hay razones  lógicas  ni  jurídicas  que racionalmente expliquen lo que el testigo de cargo  dijo percibió.   

En  suma, termina el actor por aducir dentro  del  mismo contexto de la censura formulada vulneración a las reglas de la sana  crítica  -vicio  que  da lugar a la configuración del error de hecho por falso  raciocinio-,  afirmación que deja en el mero enunciado en cuanto omite reseñar  cuáles  dictados de la lógica, leyes científicas o máximas de la experiencia  o  el  sentido  común  fueron  inobservados  por el juzgador.      

Así  las cosas, habida cuenta que el libelo  no  satisface  los  condicionamientos  exigidos por el ordinal 3º del artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal para su admisión, se inadmitirá de  conformidad con el artículo 213 ibidem.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a  la  Corte  obrar  de  oficio de conformidad con el Art. 216 del  C.P.P.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  en nombre de WILSON FERNANDO  e     ISMAEL    RINCÓN  RINCÓN, conforme con las motivaciones plasmadas en el  cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen   

Cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                             ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                    MARINA PULIDO DE BARÓN          

Permiso  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

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