25695(19-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25695   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 73  

Bogotá, D.C., diecinueve de julio de dos mil  seis.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  JORGE  WILLIAM  MURIEL  GONZÁLEZ  contra  el  fallo  de segundo grado del 21 de  febrero  de  2006,  proferido por el Tribunal Superior de Antioquia, mediante el  cual  confirmó  íntegramente la sentencia emitida por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito Especializado del mismo distrito judicial, condenando al procesado  en  cita a la pena principal de 36 meses de prisión, multa por la suma de 1.200  salarios  mínimos  mensuales, la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por   el  mismo  término de la pena  privativa  de  la  libertad  y  la  prohibición  de ejercer el cargo público u  oficial  dentro  de  los  cinco  años  siguientes, como cómplice del delito de  concierto  para  delinquir  y  autor  del delito de violación a los derechos de  reunión y asociación.   

LOS HECHOS  

         Según  se  reseñó  en  el fallo impugnado, en horas de la mañana  del  8 de diciembre de 2001, el Jefe de Obras Públicas del municipio de Amagá,  Carlos  Mario  Palacio  Restrepo, en un vehículo asignado a la administración,  llevó  a  algunos  de  los  trabajadores  del  municipio,  miembros de la Junta  Directiva  del Sindicato de Trabajadores del mismo, al corregimiento de Minas de  la  misma  circunscripción  territorial, para que asistieran a una reunión con  el  sujeto  conocido  como  “Efraín  Mendoza”,  Comandante  de  las AUC que  operaba  en la región, quien bajo amenazas los conminó a que renunciaran a tal  organización sindical.   

          Los  asustados  líderes  sindicales  no  tuvieron  más remedio que  acatar  la  perentoria  orden,  y fue así como con posterioridad renunciaron al  unísono  al  fuero  sindical  que  los  amparaba, tras lo cual el alcalde JORGE  WILLIAM  MURIEL  GONZÁLEZ  procedió  a  dar  por  terminados  sus contratos de  trabajo  con  el  municipio,  con  la consecuente desintegración del sindicato.   

          Igualmente,  se destaca que sobre la prueba de la participación del  procesado  MURIEL  GONZÁLEZ  en  las  conductas  ilícitas  reseñadas,  en  la  sentencia  de  primera instancia se destacaron los testimonios de Jesús Albeiro  Martínez  Castrillón,  José  Lino  Álvarez  Ortiz y María Aracelly Holguín  Holguín,  ex  trabajadores  del municipio; Elvia Álvarez Torres de Acevedo, ex  alcaldesa  de  Amagá; Leonardo Molina Rodas, Concejal del mismo lugar; y varios  documentos  de  los  cuales  dedujo  la  efectiva  presencia  de  las  AUC en el  municipio  de  Amagá,  así  como  el  contacto  de  algunos funcionarios de la  administración,  entre  ellos el burgomaestre procesado, con los lideres de esa  organización criminal.        

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

Un  único  cargo  al  amparo  de  la causal  primera,  cuerpo  segundo,  presenta  el  defensor  del  procesado JORGE WILLIAM  MURIEL  GONZÁLEZ contra la sentencia impugnada, la que acusa de violar en forma  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho en la apreciación de las  pruebas.   

En  orden a fundamentar el cargo, se refiere  en  primer  lugar  al  hecho,  decisivo  para  el  fallador,  según  el cual su  representado  habría  ordenado  a  Dorney  Muñoz,  conductor  de  la camioneta  Toyota,  que  recogiera a todos los miembros de la junta directiva del sindicato  y  los  llevara  al corregimiento de Minas para que se entrevistaran con el jefe  de las autodefensas que operaba en el lugar.   

Según  el  demandante,  esta afirmación no  encuentra  sustento  probatorio en el plenario y, en cambio, se incorporaron los  testimonios  de  Bernardo  Parra  Trujillo,  Alfredo Martínez y Carlos Morales,  quienes   informaron   que  el  “préstamo  de  los  vehículos  del  municipio  para  las  labores de los concejales o empleados los  efectuaba  el  propio  Bernardo  Parra  Trujillo  en  calidad  de  Secretario de  Gobierno del Municipio”.   

Cita apartes del testimonio rendido por Parra  Trujillo  y  alude  al testimonio del propio conductor Dorney Muñoz Cano, quien  en  la  audiencia  pública  sostuvo  que  el  alcalde  WILLIAM  MURIEL  no tuvo  conocimiento  del trasporte de los trabajadores porque en la fecha respectiva no  se  encontraba  en  el  municipio,  de  donde  concluye  que  los  falladores de  instancia  hicieron  una  presentación “inexacta de  la     prueba”     para     inculpar     a     su  representado.   

Critica  al  Tribunal  por  cuestionar  las  exculpaciones  del  procesado  cuando  esgrimió  que  no  tuvo conocimiento del  desplazamiento   de  los  obreros  del  municipio  al  corregimiento  de  Minas,  sosteniendo  que  esa  valoración  se opone a las previsiones del artículo 238  del  C.  de P.P. que ordena que las pruebas se aprecien en conjunto y de acuerdo  con  las reglas de la sana crítica, pues nadie más que los propios actores del  traslado   podían   dar   razón  sobre  las  circunstancias  que  rodearon  el  mismo.   

No  se  explica cómo el Tribunal a pesar de  haber   aceptado   que  el  procesado  MURIEL  GONZÁLEZ  no  tuvo  una  directa  participación  en  el  desplazamiento  de  los trabajadores, a renglón seguido  estime  que  no  por  ello  se le puede desligar por completo de las actividades  desarrolladas  por  su subalterno Carlos Mario Palacio Restrepo, reflexiones que  dice, contrarían el contenido de la prueba recogida.   

En segundo lugar, se refiere el casacionista  al  aspecto determinante para edificar la imputación por el delito de concierto  para  delinquir, pues según el fallador a pesar de no existir prueba directa de  la  pertenencia de MURIEL GONZÁLEZ a las AUC, si existían evidencias que daban  razón  de  una  complicidad  con  la  organización criminal, pues la actividad  desarrollada  por  el  burgomaestre habría contribuido al accionar delictivo de  la  misma,  cuando  acudió  a  sus  servicios  para  cumplir  sus  propósitos,  denotando  un  consenso  con  su  operancia,  contribuyendo  e  incentivando sus  actividades ilícitas.   

Cuestiona  que en esa reflexión el Tribunal  se  hubiese  limitado  a  señalar  la existencia de evidencias de tal acontecer  criminal,  sin  mencionar  ni  una  sola de tales evidencias, con lo cual, dice,  torpedeó  en  forma  grave  los  principios  rectores  que  orientan  la  justa  valoración de la prueba.   

Por  lo tanto, advierte que como el Tribunal  no  encontró  o  no  enunció  la prueba incriminatoria, demostrará que lo que  existe  es  evidencia  probatoria  en  el  sentido  de  que  MURIEL GONZÁLEZ no  desarrolló   actividades   para   contribuir   al  accionar  delictivo  de  las  AUC.   

En ese propósito, critica la preclusión de  la  instrucción  que  por  el  delito  de concierto para delinquir favoreció a  Carlos  Mario  Palacio  Restrepo,  cuando  de  acuerdo con la prueba era a él a  quien eventualmente se le podía imputar esa conducta.   

Igualmente,  cita apartes de los testimonios  rendidos  por Jhon Jairo Vásquez, Carlos Enrique Herrera Restrepo, Maria Ofelia  Corrales,  Álvaro  de  Jesús  Urrego  Jaramillo, Martha Lilian Restrepo Riaza,  Rafael  Antonio  Cardona  Quintero, Edgar Velásquez, William de Jesús Agudelo,  Fabio Foronda Giraldo y Manuel Salvador Cañas.   

También enuncia los testimonios rendidos por  Nelson  de  Jesús  Gómez  Londoño,  Luis  Gonzaga  Muriel Urrego, Luis Emilio  Gómez  Posada,  Álvaro  de la Cruz Chavarriga, Gerardo Antonio Bedoya, Antonio  de   Jesús  Molina  Flórez,  Guillermo  de  Jesús  Holguín  y  José  María  Molina.   

Sostiene  que de tales testimonios se deduce  con  claridad  que  en la sentencia no se hizo un pronunciamiento racional sobre  las pruebas obrantes.   

Dice  que  el a-quo se limitó a transcribir  con  otra redacción el análisis efectuado al resolver la situación jurídica,  cuando  la prueba sobre los hechos cruciales se recogió con posterioridad a ese  momento.   

Insiste que en el proceso no obra prueba que  demuestre  que su representado prestó una contribución o ayuda, concomitante o  previa a la realización del delito de concierto para delinquir.   

Cita   apartes  de  la  intervención  del  procesado  en la audiencia de juzgamiento, cuyas explicaciones, además de haber  sido  vertidas  al amparo de la presunción de inocencia, encuentran respaldo en  las       pruebas       que      el      fallador      tomó      de      manera  sesgada.           

De  tal  manera, concluye, existió un error  ostensible  de  parte  del  fallador  al  “dejar de  valorar  los  medios  de prueba testificales y de otro tipo que se refieren a la  inocencia  de  mi cliente”, errores que no de haberse  cometido habrían llevado a una sentencia absolutoria.   

Finaliza solicitando que se revoque el fallo  impugnado   y   en   su   lugar  se  absuelva  a  su  defendido  de  los  cargos  imputados.    

    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         El  censor  denuncia  la  violación indirecta de la ley sustancial  por  defectos  de apreciación probatoria, y aunque no enuncia la naturaleza del  yerro,  del  contexto argumentativo se entiende que se trata de errores de hecho  por  falsos  juicios  de  existencia, al omitirse la valoración de elementos de  juicio  legal  y  oportunamente  incorporadas  a  la  actuación,  cargo que sin  embargo  se  queda  en  la mera enunciación, a falta de un discurso jurídica y  lógicamente  coherente  que  le  permitiera  sustentar  en  el  escenario de la  extraordinaria impugnación las violaciones que reseña.   

En efecto, cuando la censura se postula bajo  la  forma  de error de hecho por falso juicio de existencia debido a la omisión  de  elementos  probatorios  es  indispensable  seguir las siguientes pautas: (i)  señalar  la  prueba  cuyo análisis fue omitido en la valoración del juzgador;  (ii)  especificar  cuál  la expresión objetiva de la prueba; (iii) explicar la  manera  en  que  incorporada  su  valoración, la fuerza persuasiva que contiene  trasciende  en  el  cuerpo del fallo al punto de determinar la modificación del  sentido de la decisión.   

Por  lo tanto, tal modalidad impone un doble  esfuerzo  al  sujeto  procesal  que la plantea, el cual involucra tanto la clara  relación  de  los medios de prueba que legalmente allegados resultaron omitidos  en   la   evaluación  que  precedió  la  declaración  de  justicia,  como  la  demostración  a  través  de  una  valoración  probatoria  de conjunto que los  incluya,  en  orden  a  comprobar que de haberse considerado el dato o los datos  supuestamente  revelados  por  aquellos, el sentido de la decisión hubiera sido  diverso y en todo caso favorable al recurrente.   

De allí que la fundamentación del cargo en  punto  de  la  trascendencia  de  la  omisión  probatoria  no  se cumple con la  manifestación   que  al  respecto  haga  el  libelista,  como  si  su  opinión  prevaleciera  sobre  la  del fallador, pues de ser así, la demanda que sustenta  el  extraordinario  recurso  de casación no distaría en mucho de un alegato de  instancia,   lo   cual  se  opone  a  la  naturaleza  técnica  que  reviste  el  instituto.   

Es por ello que la jurisprudencia de la Sala  tiene  determinado  que  la demostración de la trascendencia de un yerro de esa  naturaleza,  comporta  la obligación de acreditar argumentativamente que si tal  falencia  no  se  hubiese  presentado,  entonces  el  sentido  del  fallo sería  distinto,  cometido para el cual es preciso enseñar que si la prueba omitida se  hubiese  apreciado  en  forma  correcta,  las restantes pruebas sopesadas por el  fallador  perderían  la  entidad  jurídica  necesaria  y suficiente para mover  hacia la convicción declarada en el fallo.   

En  este caso, una correcta formulación del  cargo  no quedaba satisfecha con la enunciación de la prueba testimonial que se  dice  omitida,  sino que era necesario demostrar que dichas pruebas, enfrentadas  a  aquellas  analizadas  en  las  sentencias  de primera y segunda instancia, no  permitían  arribar  a  la convicción de certeza sobre la responsabilidad penal  del    procesado    JORGE    WILLIAM   MURIEL   GONZÁLEZ   en   las   conductas  imputadas.   

Siguiendo  ese  derrotero,  el censor debió  identificar  todas  y  cada una de las pruebas sobre las cuales, ora el Juzgado,  ora  el  Tribunal,  cimentó  la sentencia condenatoria, señalando con claridad  cuál  fue  la valoración que de las mismas asumió el fallador, y adelantar un  escrutinio  sobre  tales medios de convicción, hasta demostrar que frente a las  pruebas  que  dice omitidas, no resultaban suficientes para determinar, en grado  de certeza la responsabilidad penal de su defendido.   

Ese  camino,  imprescindible  como  se  ha  indicado,  no  fue  recorrido por el censor, quien redujo su discurso a enlistar  una  serie  de  testimonios  que dice no fueron valorados por el fallador,   pero  sin  avanzar  a la demostración de la trascendencia de la omisión, ni al  análisis   crítico  del  restante  acopio  probatorio,  el  cual  ni  siquiera  menciona,   pues  aunque  dice  que  el  Tribunal  omitió  señalar  la  prueba  incriminatoria,  la  misma  queja  no es traslada al fallo de primera instancia,  olvidando  que,  como repetidamente lo ha dicho la Sala, ambos forman una unidad  inescindible.   

Así,  ante  ese insalvable defecto de orden  técnico  y  de  fundamentación,  que la Corte no puede enmendar por virtud del  principio  de limitación que gobierna la casación, se inadmitirá la demanda y  se  declarará  desierto  el recurso, de conformidad con la previsión contenida  en el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal.   

De  otro  lado,  no  se observa violación a  garantía  fundamental  alguna  que  en  virtud del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal conduzca a la Sala a actuar oficiosamente.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado JORGE WILLIAM  MURIEL  GONZÁLEZ.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso, conforme a  las   motivaciones   plasmadas  en  el  cuerpo  de  este  proveído.     

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Permiso   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                          ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                         

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS               YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                             

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

             TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                        Secretaria     

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