25481(30-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25481  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°   52   

Bogotá  D. C., treinta (30) de mayo de dos  mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a  resolver de plano la  recusación    presentada   por   el   defensor   del   procesado   JORGE  ORLANDO GUERRERO CARRERA contra la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá, presidida por el  Magistrado    Doctor    Javier   Armando   Fletscher  Plazas.    

SÍNTESIS  DE   LA  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Observados  los  discos  compactos  en  los  cuales  se  hallan  registradas  las  actuaciones  surtidas  en  las respectivas  audiencias  públicas  y  leídos  los documentos incorporados al expediente, se  conoce lo siguiente:   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“El veintinueve  (29)  de  julio  de  2005,  siendo aproximadamente las diez de la noche, WILLIAM  ADOLFO  GUERRERO  CARRERA llegó a su casa, ubicada en la diagonal 85 N° 23-28,  barrio  Polo  Club,  de esta ciudad, en alto grado de embriaguez, presentándose  un  enfrentamiento  con su hermano mayor JORGE ORLANDO  GUERRERO  CARRERA, con quien compartía el mismo techo  y  mantenía  diferencias  de índole personal como resultado de la sucesión de  su  progenitor, terminando la disputa del mentado día con la muerte del primero  de  los mencionados a consecuencia de la pluralidad de lesiones que le ocasionó  JORGE  ORLANDO  con  arma  corto punzante”.   

2.   Adelantada  la  investigación,  formulada  la  acusación  y  agotado  el  juicio oral conforme a los postulados  propios  del  sistema  acusatorio  previsto en el Código de Procedimiento Penal  (Ley  906  de  2004),  el  Juzgado  Once  Penal  del Circuito de Conocimiento de  Bogotá,  mediante  sentencia  fechada  el  2  de  noviembre de 2005, condenó a  Jorge    Orlando    Guerrero    Carrera  a la pena principal de 37 años y 6 meses de prisión, como autor  del   delito   de   homicidio   agravado   cometido   en   su   hermano  William  Adolfo.   

3.   En  la  audiencia  de lectura del  fallo,  ante  la  ausencia  del  defensor  contractual del procesado, la Juez de  conocimiento  le  nombró  uno de oficio, profesional del derecho que aceptó la  designación  sólo  para  escuchar la lectura de la sentencia y para interponer  el  recurso  de  apelación,  no  para  sustentarlo. Finalizada la lectura de la  mencionada  providencia,  el  citado abogado interpuso recurso de apelación, el  cual  fue  concedido  en  la  misma  diligencia, disponiéndose el envío de los  correspondientes registros al Tribunal Superior de Bogotá.   

Mediante  escrito fechado el 4 de noviembre  de  2005,  el  abogado  de  confianza, doctor Néstor Orlando Jiménez Fúquene,  quien había actuado en el juicio oral, renunció al poder.   

Cabe  precisar  que  a  solicitud  de  las  víctimas,  se  llevó  a  cabo  audiencia de incidente de reparación integral,  acto  en  el  cual  la  Juez  preguntó  al  procesado  si nombraba un defensor,  respondiendo  que  designaba  a  su  hermano,  doctor Armando de Jesús Guerrero  Carrera,  quien  estando  presente  en el auditorio, se hizo seguir al estrado y  manifestó  que  “no voy a aceptar en este instante  el  cargo…  No  asumo  por  esta  audiencia  el  cargo… Como se interpuso el  recurso  de apelación (contra la sentencia de primera  instancia) ante el Tribunal esa audiencia la asumiré  yo”.   

De  acuerdo  con  la  respuesta del abogado  hermano   del   sentenciado,  la  diligencia  se  realizó  y  culminó  con  la  intervención  del  abogado  de oficio Marcos Ramiro Ramírez Cuesta, adscrito a  la Defensoría Pública, quien fue designado para ese acto.   

4.   Recibido  el  expediente  en  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por  auto  del  17  de  noviembre  de 2005, el  Presidente  de  la  Sala de Decisión Penal señaló fecha para la diligencia de  sustentación  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra la sentencia de  primera instancia.   

El  18  de  noviembre siguiente, el abogado  Armando   de   Jesús   Guerrero   Carrera  (hermano  del  procesado),  actuando  “en   calidad   de  próximo  defensor”    de    Jorge   Orlando   Guerrero  Carrera  solicitó copia magnética de la actuación,  a  lo cual se accedió. Sin embargo, dicho profesional del derecho nunca retiró  el disco compacto que entregó para tal efecto.    

Debe  agregarse  que  la  Secretaría  del  Tribunal  de  Bogotá,  para  efecto  de  la  realización  de  la  audiencia de  sustentación  del  recurso  de apelación contra el fallo de primera instancia,  citó  a  los  sujetos  procesales,  entre  ellos,  al  abogado  Néstor Orlando  Jiménez  Fúquene,  ignorando  que el mismo ya no era titular de la defensa del  procesado.   

5.   El 24 de noviembre de 2005 se dio  inicio   a  la  audiencia  pública  oral  con  el  fin  de  llevar  a  cabo  la  sustentación  del multicitado recurso de apelación, acto en el cual el abogado  Jiménez  Fúquene,  a quien equivocadamente se le citó, recordó que ya no era  abogado  del  sentenciado,  pues  de tiempo atrás había renunciado al poder. A  esta    diligencia    no    fue    remitido   el   procesado   privado   de   la  libertad.   

En  uso  de  la palabra, la Fiscal Delegada  manifestó   que  se  presentaba  una  confusión  respecto  de  la  defensa  de  Guerrero Carrera, porque en  la  audiencia  de  reparación  de  perjuicios  el procesado mencionó que iba a  otorgar  poder  a  su  hermano, abogado Armando de Jesús Guerrero Carrera, para  que asumiera su representación.   

A continuación, el Magistrado Sustanciador  recordó  que  por  auto  del  17  de  noviembre  de  2005  fijó  fecha para la  realización  del  debate oral, que el 18 de mismo mes y año el abogado Armando  de   Jesús   Guerrero  Carrera,  “actual  defensor  de   Jorge   Orlando   Guerrero  Carrera”,  solicitó  copias  del  expediente y que las mismas le fueron  autorizadas.   

Por  consiguiente,  la  Sala  de  Decisión  Penal,  al concluir que el defensor del  sentenciado era el abogado Armando  de  Jesús  Guerrero Carrera y el mismo no compareció a la audiencia, resolvió  declarar  desierto  el  recurso  de  apelación  interpuesto contra la sentencia  condenatoria  de  primera  instancia,  procediendo a notificar en estrados a las  partes.   

5.   De  ese modo, la sentencia quedó  ejecutoriada  y  el  diligenciamiento se remitió al Juzgado Sexto de Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Bogotá  para  la  vigilancia sobre el  cumplimiento de la pena impuesta.   

6.   No  obstante,  a  raíz de que el  sentenciado    Guerrero   Carrera  presentó  acción de tutela, mediante sentencia del 7 de marzo del  presente  año,  la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia  tuteló   los   derechos  fundamentales  del  accionante  (defensa técnica) y, en consecuencia, dejó sin  efectos  la decisión adoptada el 24 de noviembre de 2005 y ordenó a la Sala de  Decisión   Penal   del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  fijar  “una  nueva  fecha  para llevar a cabo la audiencia de sustentación  del   recurso   de   apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  primera  instancia”.   

7.  Cumpliendo  lo  ordenado en el fallo de  tutela,  mediante  auto del 17 de marzo de 2006 el Magistrado Sustanciador fijó  fecha  y  hora  para  la  realización  de  la  mencionada  audiencia  pública,  disponiendo     al     mismo     tiempo     citar     a     las     partes,  como  en  efecto  se hizo. Cabe  precisar  que la Secretaría del Tribunal también libró oficios a los abogados  “Marcos    Ramiro   Ramírez   Cuesta”  (quien  se  había  desempeñado  como  defensor de oficio del  procesado   en   la   audiencia   de  reparación  integral)  y  “Armando  de  Jesús  Guerrero  Carrera”  (hermano del procesado).   

8.      Presentadas     aquellas  circunstancias,  el  3  de  abril pasado la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior   de  Bogotá,  presidida  por  el  Magistrado  Doctor  Javier  Armando  Fletscher   P.,  dio  inicio  a  la  audiencia  pública  de  sustentación  del  mencionado  recurso  de apelación, estando presentes en el estrado los abogados  Marcos  Ramiro Ramírez Cuesta y Luis Hernando Reina Galeano y, en el auditorio,  el abogado Armando de Jesús Guerrero Carrera.   

Comenzado el acto público, el doctor Marcos  Ramiro  Ramírez  Cuesta  manifestó  no ser el defensor del procesado e indicó  que  dicha  representación  la  tenía  el  abogado  Armando de Jesús Guerrero  Carrera,  a  quien  se  le hizo seguir al estrado y una vez otorgada la palabra,  luego  de  precisar unos aspectos del fallo de tutela adoptado por la Corte y de  resaltar  su  consanguinidad  con  el  sentenciado, manifestó que no asumía la  defensa  de  éste,  quien  por  lo  mismo había otorgado poder al abogado Luis  Hernando Reina Galeano, ahí presente.    

A  continuación,  el  Presidente  de  la  audiencia,     mostrándose    molesto  por  lo  que  se estaba presentado frente a la imprecisión de la  representación   de   la   defensa  del  procesado  y  luego  de  hacerle  unas  observaciones  al  abogado Guerrero Carrera, procedió a otorgarle la palabra al  abogado  Luis  Hernando  Reina  Galeano,  a  quien  le  solicitó  exhibiera  el  respectivo poder.   

Posteriormente,   después   de   que  el  Magistrado  Sustanciador  hizo  una  precisión  respecto  de  la  legalidad del  memorial  poder,  el  doctor  Reina  Galeano  solicitó  el  aplazamiento  de la  diligencia,  en  la  medida  en  que  hasta  ahora  asumía  la  defensa  de  su  poderdante,  petición  que  fue  coadyuvada por la representante del Ministerio  Público.   

En  esas  condiciones  se  accedió  a  la  mencionada  solicitud  y,  en  consecuencia,  se  suspendió el acto, fijándose  nueva  fecha  para su continuación, quedando los sujetos procesales notificados  en estrados.   

9.   El  21 de abril del año en curso  prosiguió  la  audiencia pública de sustentación del recurso de apelación, y  una  vez  otorgada  la  palabra al defensor del procesado, abogado Luis Hernando  Reina  Galeano, manifestó que recusaba a la Sala de Decisión, conforme así lo  consignó  en  un  escrito  presentado  en  la  Secretaría del Tribunal el día  anterior,   el   que   fue   leído  en  ese  acto,  cuyos  argumentos  son  los  siguientes:   

Después  de hacer un recuento de todas las  incidencias  procesales  ocurridas  en  el  transcurso  de  la  actuación  y de  resaltar  las  irregularidades  que  condujeron  a la prosperidad de la conocida  acción  de  tutela,  afirma  que  en  la  audiencia  pasada  el “Magistrado  Ponente  JAVIER  ARMANDO  FLETSCHER  P. no escatimó en  mostrar  su  predisposición y su actitud altiva y prepotente un tanto nugatoria  y  pedante…,  proceder  que  pareciera  mostrar  su  incomodidad  por  el  hecho de que prosperó en contra de la Sala una acción de  tutela,  “postura  cortante e imponente”  que,  en  su  criterio,  no  ofrece  ninguna  garantía  a  la  defensa.   

Agrega  que  el  proceder  del  mencionado  Magistrado  “crea desaliento e incertidumbre, puesto  que  su  ataque  defensivo y opuesto a cualquier razón de buenas costumbres, de  derecho  al  debido  proceso, de cultura, y especialmente el rigor del protocolo  que  una audiencia de esta naturaleza merece, no deja sino el interés de elevar  esta  queja,  pues  el estilo del Magistrado deja mucho que desear al imponer su  actitud  personalizada  por  el  solo  hecho de haberse interpuesto una tutela y  deja  a todas luces en tela de juicio la imparcialidad que debe tener un juez de  la  República  y  que  no  aseguraría  un juicio debido. No es el cargo el que  enaltece   a   las   personas   sino   las   personas   las  que  enaltecen  los  cargos”.   

Luego   de   citar   los  “artículos  56  numeral  5)  y  arts.  138  y  139 de la Ley 906 de  2004”,  solicita  que el asunto sea remitido a esta  Corporación.     

En  el  uso de la palabra, la Representante  del  Ministerio  Público, luego de precisar que la argumentación del recusante  podría  enmarcarse  en  una  posible  animadversión,  afirma que si bien en la  audiencia   pasada  observó  “una  cierta  actitud  animosa  del  señor  Magistrado al momento de dirigir la palabra a la defensa y  al  hermano  del  sentenciado”,  de  todos modos no  considera  que  ese  hecho  comprometa  su  imparcialidad, por lo que se opone a  dicha pretensión.   

Los Magistrados no aceptaron la recusación,  por  estimar  que  ninguna  de  las  causales  se  adecua  a lo expresado por la  defensa,  quien  además  no  precisó  la  causal,  no  pudiéndose  actuar por  analogía,  toda  vez  que  las mismas son taxativas. En consecuencia, ordenaron  suspender  la  actuación  procesal  y  remitir  las diligencias a la Corte para  decisión.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  De  conformidad con los artículos 57 y  341  de  la  Ley  906 de 2004, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  es  la  competente  para  resolver  de plano la recusación presentada  contra  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá, presidida  por  el  Magistrado  Doctor  Javier Armando Fletscher  Plazas,  como  así  recientemente  lo ha indicado la  jurisprudencia     de     esta     Corporación.1    

2.  La recusación y los impedimentos,  institutos  fundados  en  una  misma razón jurídica, han sido previstos por el  legislador  con  el  fin de garantizar al conglomerado social que el funcionario  judicial  llamado  a  resolver  el  conflicto  jurídico,  es  ajeno a cualquier  interés  distinto  al de administrar una recta justicia y, en consecuencia, que  su  imparcialidad  y  ponderación no están afectadas por circunstancias ajenas  al proceso.   

Además,  como  de  tiempo  atrás lo tiene  precisado  la  Corte,  la  recusación  y  la  declaratoria de impedimento, como  mecanismos   de   protección   de   la  imparcialidad   de   la   administración     de     justicia,     no     pueden   surtirse   de  forma   caprichosa,  sino  que  se   encuentran    sujetos    a    principios    como  el  de  la  taxatividad  de  sus causales, esto es, que excluye la analogía o la extensión  de  los  motivos  señalados  y,  por  lo  mismo,  surge  incuestionable  que la  manifestación  del  impedimento  es  un acto personal, voluntario, de carácter  oficioso  y  obligatorio  cuando se advierta la concurrencia de la causal, pero,  al   mismo  tiempo,  sujeto  al  cumplimiento  estricto  de  las  circunstancias  invocadas,  con el propósito de que no sea utilizado como un medio para negarse  en forma indebida a conocer de un determinado asunto.   

Así mismo, “la  proposición  de  las  recusaciones  debe  ceñirse  expresamente a las causales  establecidas  por  el  legislador,  correspondiendo  al  proponente  realizar un  examen  serio  y objetivo de los motivos que aduzca,  de modo tal que no se  propicie  con  su  solicitud trámites inoportunos, dilatorios o que entorpezcan  la  buena  marcha  de la administración de justicia cuando se advierte carencia  alguna  de  sustento  objetivo  en  su  formulación, pues a su vez, los sujetos  procesales  tienen  deberes para con ella, traducidos en la lealtad procesal, el  trato  respetuoso y el correcto uso de los derechos y acciones que les otorga la  ley.   

“La  solicitud  mediante  la  cual  el  sujeto procesal pide al funcionario que se declare   impedido   debe  expresar,  entonces,  de  manera   clara   y  concreta  la causal que se invoca, las pruebas y los motivos que  aduzca  para  que  el  funcionario  se separe del conocimiento de un determinado  asunto.   

“Tales  exigencias  se  imponen al sujeto procesal con el propósito de que su solicitud  sea  seria, razonada, ponderada y fundada en hechos comprobables, para que no se  desvirtúe  la  finalidad  con la cual fue concebido dicho instituto”.2   

3.   Teniendo en cuenta los anteriores  parámetros,  observa  la  Sala que la recusación planteada por el defensor del  procesado,  contrario  a  lo  concluido por el Tribunal, la apoyó en el numeral  5°  del  artículo  56  de  la  Ley  906  de  2004 3  (como así se lee en el  memorial  que  presentó  y  que fue leído en la audiencia pública), siendo la  “enemistad  grave” o la  “animadversión”, como  lo   indicó   la  representante  del  Ministerio  Público,  la  causal  de  la  recusación  presentada  por  el  mencionado sujeto procesal, aspecto que, en su  criterio,  surge  por  la  manera  como el Magistrado que presidía la audiencia  pública  se  dirigió  tanto  a  él como al abogado Armando de Jesús Guerrero  Carrera,   hermano   del  sentenciado,  mostrando  una  actitud  “altiva”,        “cortante”,       “prepotente”,      “pedante”     e     “imponente”   que   no   garantiza  su  imparcialidad,  suponiendo que ese comportamiento obedece a su inconformidad por  la  presentación  de  la  acción  de  tutela  que  prosperó  en contra de esa  Corporación.   

No  obstante,  más allá de la afirmación  del  recusante,  según  la  cual  “el  estilo  del  Magistrado  deja  mucho  que  desear  al  imponer su actitud personalizada   por      el     solo     hecho     de     haberse   interpuesto    una    tutela”,  no   ofrece   ningún   elemento   de   juicio   sobre   el   cual   la   Corte  pueda  determinar  que en efecto emergió  entre  el  funcionario  judicial y la defensa un sentimiento de animadversión y  que  este  lo  sea en calidad de grave por razón de la prosperidad de la citada  acción constitucional.   

Ahora   bien,   recuérdese   que             la             palabra            “enemistad”,  desde  el   punto     de     vista    semántico,    es    la   “aversión   u   odio   entre   dos      o     más    personas”,   según   la  define  el  Diccionario  de  la   Real  Academia Española.   

En   consecuencia,   la  enemistad  lleva  implícita  la  idea  de la reciprocidad, pues es un sentimiento que plantea una  situación  entre  dos  o  más  personas,  como  es  la  aversión  o  el odio,  implicando   que,   por   regla   general,   no   pueda   haber   enemistad  sin  correspondencia,  es  decir,  de  un sólo individuo hacia otro que ignore tales  desafectos que despierta o produce.   

En  otras  palabras,  no  es  factible  el  fenómeno  de  la  enemistad  unilateral,  aun  cuando  es  posible  que  exista  diferencia,  resquemor  o  antipatía  frente  a  personas que por razón de las  labores  o  de  las  relaciones  cotidianas  originan tales actitudes, las que a  veces  son  irrespetuosas  y  ajenas  a  un comportamiento decoroso, sin que, de  todos  modos,  por  indignas que puedan ser,  merezcan ser calificadas como  de enemistad.   

Igualmente,  no  se  trata  de  cualquier  enemistad  la que constituye la causal de dicho impedimento, es decir, no es una  simple  antipatía o prevención entre el juez y el sujeto procesal, pues la ley  la  califica de “grave”,  lo  que  significa  que  debe existir el deseo incontenible de que el ser odiado  sufra  daño,  generándose  en el funcionario judicial una obnubilación que lo  lleva a perder la debida imparcialidad para decidir.   

De  otra parte, la enemistad grave a que se  refiere  la  ley  debe tener su génesis en circunstancias ajenas al proceso que  está  bajo  su conocimiento, toda vez que si los trámites o las decisiones que  por  razón  de sus funciones debe emitir determinan el impedimento, originaría  la  posibilidad de que se produzcan situaciones ficticias tendientes a buscar el  relevo del funcionario judicial.   

Así, entonces, la razón de la recusación  presentada  por  la  defensa del procesado no reúne los anteriores parámetros,  toda  vez  que  si  bien  pudo  existir  por  parte del Presidente de la Sala de  Decisión  una  actitud  enérgica  hacia  aquél,  exhibiendo  de esa manera su  molestia  por  el  incidente ocasionado por la indefinición del profesional del  derecho  que  iba  asumir  la  defensa del procesado en la audiencia pública de  sustentación,  de todos modos la misma no tiene la entidad suficiente como para  generar  la  enemistad  grave en los términos previstos por la ley y, por ende,  que  conlleve  a  su  desprendimiento  del  conocimiento del proceso, menos aún  cuando  el  solicitante  acude  a  suposiciones  o apreciaciones personales como  génesis  del  comportamiento  del  funcionario  judicial, como es que procedió  así por no estar de acuerdo con la tutela que se presentó.   

En   fin,  no  observa   la   Corte   que   lo   acontecido   en   la   citada    audiencia   pública    tenga   la   entidad   suficiente   como   para   perturbar   el  ánimo   del   funcionario    judicial    y,    mucho    menos,   que   el   mismo   sea  inequívocamente  constitutivo   de   una   grave   enemistad   o  animadversión,   al   punto  que  se  vean  comprometidas  la   imparcialidad,    la   rectitud    y    la    independencia.   

Por consiguiente, como los motivos expuestos  por  el  peticionario no son constitutivos de la causal de recusación invocada,  la misma se declarará infundada.   

Una final acotación:  

Los  jueces de la República, como garantes  de    los    derechos    fundamentales    y    moduladores   de   la   actividad  procesal,4  están  en  el deber de guardar compostura, mesura, ponderación,  ecuanimidad,  equidad y respeto hacia las partes, criterios que son inherentes a  la  investidura  y  propios  de  la  solemnidad  y  legalidad  que encierra toda  audiencia  pública,  acto  que  se  constituye  en  el  núcleo  central  de la  administración   de   justicia  en  el  nuevo  sistema  de  enjuiciamiento.  El  desconocimiento   de   tales  derroteros  conllevaría,  sin  duda,  a  su   resquebrajamiento  y  pérdida  de  credibilidad  y  respeto  hacia la justicia.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

DECLARAR    INFUNDADA    la  recusación  presentada  por  el  doctor  Luis  Hernando  Reina  Galeano  contra  la  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá,  presidida  por  el  Magistrado  Doctor  Javier Armando  Fletscher Plazas.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                           TERESA RUIZ NUÑEZ   

                                                      Secretaria   

    

1  Recusación  23542, auto del 20 de abril de 2005; recusación 23878, auto del 13  de   julio   de   2005,   e  impedimento  25004,  auto  del  14  de  febrero  de  2006.   

2  Recusación 24103, auto del 8 de noviembre de 2005.   

3  “que exista amistad íntima o enemistad grave entre  alguna  de  las  partes,  denunciante,  víctima  o perjudicado y el funcionario  judicial”.   

4  Principios  rectores  y  garantías  procesales,  artículo  27 de la Ley 906 de  2004.     

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