25098(13-07-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  25098   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 068.  

Bogotá  D.C.,  julio  trece (13) de dos mil  seis (2006).   

VISTOS  

La  Sala decide sobre la admisión formal de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado WILLIAM  ANTONIO  CASTAÑO GÓMEZ contra la  sentencia  de  segunda    instancia proferida por el Tribunal Superior  de  Cali  el 15 de septiembre de 2005, mediante la cual confirmó la dictada por  el  Juzgado  13  Penal del Circuito de la misma ciudad el 15 de octubre de 2004,  por  cuyo  medio lo condenó como autor penalmente responsable de los delitos de  fraude  procesal, falsedad material de particular en documento público agravado  por el uso, tentativa de estafa y concusión.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente  actuación  fue  adecuadamente compendiado por el Tribunal en el fallo  impugnado, de la siguiente forma:   

“El  9  de  septiembre  de  2003,  en  las  oficinas  de  la  empresa  aseguradora  LA  PREVISORA  S.A. fue capturado CARLOS  WALTER  LOPERA  TOBÓN  por  personal  de  CTI cuando intentaba cobrar un seguro  S.O.A.T.  por valor de $ 8.299.995, utilizando una póliza del SOAT ‘clonada’.   

Para cobrar el valor del seguro se presentó  la  correspondiente reclamación ante seguros LA PREVISORA haciendo ver, con una  certificación  falsa  de  la  Fiscalía,  que  una  persona había muerto en un  accidente  de  tránsito  ocurrido  en  la  vía  Cali-Yumbo  en una motocicleta  amparada   por   el   SOAT,  adquirido  legítimamente  por  el  dueño  de  una  motocicleta,  cuando  en  realidad  el  accidente  había  acaecido  en  la vía  Cali-Jamundí y en una motocicleta sin SOAT.   

LOPERA  TOBÓN  señaló en su indagatoria a  JAVIER  HENAO QUINTERO, WILLIAM ANTONIO CASTAÑO GÓMEZ y CARLOS ALBERTO GIRALDO  AGUIRRE  como  las  personas que idearon y pusieron en marcha la realización de  la             defraudación”.      

Los  hechos anteriormente narrados sirvieron  de  base  para  que  se  declarara abierta la instrucción, en cuyo marco fueron  vinculados      mediante     indagatoria     Lopera  Tobón,   Henao   Quintero  y CASTAÑO GÓMEZ.   Al  momento  de  definir  situación jurídica la Fiscalía  precluyó   investigación   en   favor   de   Lopera  Tobón, se abstuvo de dictar medida de aseguramiento a  CASTAÑO   GÓMEZ   y,  en  relación  con Henao Quintero,  profirió  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de  libertad  provisional,  por  los  delitos  de  fraude procesal, estafa, falsedad  material  de  documento  público,  falsedad  en  documento  privado  y falsedad  personal.   Posteriormente,  fue  vinculado, también mediante indagatoria,  Carlos    Alberto    Giraldo    Aguirre.   

Clausurada la instrucción, la Fiscalía 108  Seccional  de  la  Unidad  Segunda de Patrimonio Económico de Cali calificó su  mérito  el  6  de  enero de 2004 con resolución de acusación en contra de los  procesados    Javier    Henao   Quintero  y  Carlos  Alberto  Giraldo por  los  delitos de fraude procesal, falsedad material de documento  público  y  tentativa  de estafa y, en contra    de WILLIAM  ANTONIO  CASTAÑO  GÓMEZ  por las  mismas  conductas  más  la  de concusión.  La anterior determinación fue  confirmada  el  27  de febrero siguiente por la Fiscalía Delegada ante el   Tribunal de Cali.        

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  13  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, despacho que, una vez  tramitó  el  rito  pertinente,  dictó  fallo  el  15  de  octubre  de la misma  anualidad,  por  cuyo  medio  condenó  a  los dos primeros acusados a las penas  principales  de  noventa (90) meses de prisión y multa por valor de trescientos  cincuenta  (350)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes y a la accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por los  términos  de  sesenta  (60)  y  ciento  veinte (120) meses, respectivamente, al  hallarlos  responsables de las conductas por las cuales se les acusó.  Por  su  parte,  en  el  mismo  fallo  al  procesado WILLIAM  ANTONIO  CASTAÑO  GÓMEZ  se  le condenó a las penas  principales  de  ciento cincuenta y dos (152) meses de prisión) y multa en suma  equivalente  a  cuatrocientos  cincuenta y cinco (455) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  así  como  a  la  pena accesoria referida por un lapso de  ciento  ochenta  (180) meses, luego de encontrarlo igualmente responsable de las  conductas proferidas en su contra en el pliego acusatorio.   

En  la  determinación  aludida, además, se  absolvió  a  todos  los  sindicados  del  pago  de  perjuicios  y  les negó el  subrogado  de la condena de ejecución condicional, así como el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

          Contra  el  anterior  proveído, interpusieron recurso de apelación  los  defensores  de  los  procesados, sobre los cuales se pronunció el Tribunal  Superior  de  Cali  el  15  de septiembre de 2005, en el sentido de confirmar la  sentencia   impugnada  “en  cuanto  a  sus  aspectos  apelados”.  Esta última providencia es ahora objeto  de  impugnación  extraordinaria promovida en forma exclusiva por el defensor de  WILLIAM    ANTONIO    CASTAÑO    GÓMEZ.   

LA DEMANDA  

El  recurrente formula seis cargos contra el  fallo  de  segundo  grado.  Los dos primeros con fundamento en la causal tercera  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, al estimar que el fallo se  dictó  en  un juicio viciado de nulidad y, los últimos cuatro, con sustento en  la     causal     primera     prevista     en     el     numeral    ídem   de   la   misma  preceptiva,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, derivada de errores de hecho por  falsos   juicios   de   existencia,   identidad,   raciocinio   y   “como  consecuencia de la impugnación probatoria que conduce a la  necesidad   de   aplicar   el   principio   del  in  dubio  por  reo’…”.                     

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,  por razones de método en el acápite siguiente, en donde la Sala  abordará  sus  consideraciones,  se  hará  referencia a cada uno de los cargos  presentados  por  el  casacionista  y,  de  inmediato,  se efectuará su estudio  formal.   

Así  mismo,  como  se  encuentra que existe  afinidad  entre los reparos propuestos con sustento en la causal tercera, lo que  igual  ocurre  con  los  formulados  con  apoyo  en  la  primera  por violación  indirecta  de la ley sustancial, se efectuarán las precisiones correspondientes  de manera conjunta.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.        Cargos  con  sustento  en la causal tercera prevista en el artículo  207 de la Ley 600 de 2000:   

1.1. Primer cargo (principal).  Nulidad  por violación del debido proceso:   

Indica el casacionista que el presente asunto  tuvo  origen  en  los  hechos puestos en conocimiento por el señor Carlos  Walter  de  Jesús Lopera Tobón en  su  indagatoria,  pues  con  base en los señalamientos que allí se elevaron en  contra  de  su defendido se dispuso librar comisión el 26 de septiembre de 2003  para  que  un  investigador  verificara,  entre  otros  aspectos, si frente a la  residencia  de  este  último  estaba  ubicado  un  pequeño negocio dedicado al  expendio   de   cerveza,   otorgándose   un   término  de  8  días  para  tal  efecto.   

Aduce el casacionista que al investigador se  le  requirió  el 9 de octubre siguiente con el objeto de que rindiera respuesta  a  la  aludida  comisión  con  resultados  negativos.   Luego,  el  1° de  diciembre  posterior  se cerró la investigación, precisándose que las pruebas  que  no  habían  podido allegarse se evacuarían en la fase procesal siguiente,  en  el  evento de que se profiriera resolución de acusación.      

Con  esta  probanza,  indica,  se pretendía  corroborar  las  afirmaciones  consignadas  en  la  indagatoria  de Lopera   Tobón,  pero  no  obstante  ser  solicitada  reiteradamente,  incluso hasta en la audiencia preparatoria en donde  fue   decretada   por   el   juzgador   de   primera   instancia,   “jamás      fue      allegada      al      proceso”.   

Si  se  hubiera  cumplido  con la comisión,  agrega   “no   sólo   se   habría  constatado  la  inexistencia  del  mentado  negocio,  sino  graves  contradicciones frente a las  afirmaciones  rendidas  por  el  señor CARLOS WALTER DE JESÚS LOPERA TOBÓN en  cuanto  a  las  condiciones de modo, tiempo y lugar en que se efectuó la visita  de    este    personaje    a    la    residencia   del   señor   CASTAÑO   GÓMEZ”.   

Anota,  igualmente,  que  también  advierte  irregularidad  en  el  hecho de que mediante resolución del 10 de septiembre de  2003  se  libró  comisión  para que peritos se trasladaran a la Notaría 14 de  Cali      con     el     propósito     de     verificar     la     “legitimidad” de los sellos utilizados  para  autenticar  firmas  y  la signatura de la Notaria encargada, adjuntándose  para  ello  poder  original  otorgado  a  Lopera Tobón  por   María  del  Socorro  Echeverri.    Esta    prueba,  añade,  fue  reiterada  por la defensa como consta a folios 272 y 273 del c.o. No. 1 y por el  juzgador de primera instancia a folio 84 del c.o. No. 2.    

Si  bien  esta  probanza  se  decretó en la  audiencia  preparatoria,  aduce  que  no  se practicó realmente debido a que se  enviaron  copias al carbón, a pesar de que en la fase de instrucción se había  determinado  el envío de los originales en atención a la respuesta dada por el  Grupo  de Grafología y Documentología Forense.  Con este medio de prueba,  continua   el  censor,  se  hubiera  concluido  “sin  dubitaciones”   que   la   verdadera   María  del  Socorro Echeverri se presentó  en  la  Funeraria “La Calidad” con la intención de tramitar la reclamación  por    el    fallecimiento    del    señor   Gaitán  Ruíz.   

Para  el  censor otra irregularidad grave se  verificó  cuando  en el desarrollo de la diligencia de audiencia pública y, en  forma   específica,   cuando  se  llevaba  a  cabo  el  contrainterrogatorio  a  Lopera   Tobón   “parte  de  esta  diligencia  fue  abruptamente   eliminada   en   el   despacho   de   conocimiento”, correspondiendo  al  momento  en  que se le cuestionaba por sus contradicciones frente a lo dicho  por   algunos  declarantes  e  incluso  con  lo  que  sostuvo  en  oportunidades  previas.   

Puntualiza que sobre la garantía a su juicio  conculcada,   considera   apropiado   recabar  en  lo  señalado  por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  T-055  del  14  de  febrero  de  1994,  cuyos  fragmentos pertinentes transcribe a continuación.   

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita se  declare  la  nulidad de lo actuado  “a partir de  la  celebración  de la vista pública”, por tratarse  del  momento  en que debió proceder la práctica de las pruebas a las que se ha  referido.   

        

1.2.   Segundo  cargo.   Nulidad  por  violación del derecho de defensa:   

Tiene  sustento  esta  censura  en que no se  practicaron  algunas  pruebas  oportunamente  solicitadas  por  la  defensa,  no  obstante  que el Juzgado las decretó en la audiencia preparatoria.  En tal  sentido,  se  refiere  a las declaraciones de Elizabeth  Patiño     y    Aleida  Reyes,  cuyo  objeto  era demostrar la falsedad de las  acusaciones   efectuadas   contra   su  prohijado  por  el  señor  Lopera  Tobón, con respecto a que ingresó  a  la  vivienda  de  aquél  y  en presencia de Cecilia  Restrepo  Henao, cónyuge del primero, con el objeto de  solicitar  el dinero correspondiente como pago por lo que se había comprometido  a realizar.    

Si  se  hubiera  practicado  esta prueba los  juzgadores   habrían   tenido   que   desestimar   lo  dicho  por  Lopera  Tobón  cambiando  el  sentido del  fallo,  por  lo  que,  a  su  juicio, adicionalmente se vulneró el principio de  contradicción  probatoria  previsto  en  el  artículo  13  de la Constitución  Política.   

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita se  decrete  la  nulidad  de  la  actuación  a  partir  del  mismo momento procesal  señalado en el cargo anterior.    

Impera  precisar, en primer término, que si  bien  las  dos  censuras  aludidas  en precedencia, cuyo fundamento radica en la  causal  tercera  prevista  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, se abordan  por  el  demandante  en cargos separados, al estar encaminadas en el fondo hacia  la  demostración  de  un mismo aspecto, esto es, a la presunta vulneración del  derecho  defensa  por desconocimiento del principio de investigación integral y  por  omisión  en  la práctica de pruebas, es procedente, como ya se anticipó,  su   análisis   coetáneo  en  el  mismo  capítulo,  máxime  cuando,  como  a  continuación  se  señalará,  comparten  las  mismas  falencias  formales  que  conducen a su inadmisión.   

En  tal  sentido,  importa  advertir  que la  Corte,  en  punto  de la violación del principio de investigación integral, ha  precisado  que  no  basta con relacionar las pruebas cuya práctica fue omitida,  sino  que  es  preciso  señalar su fuente, conducencia, pertinencia y utilidad,  amén  de  su  incidencia  favorable en los intereses del procesado frente a las  conclusiones   del   fallo,  pues  la  omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas  no  constituye menoscabo del derecho a la  defensa del incriminado.   

En cuanto a este último aspecto es necesario  que  el  censor demuestre que las pruebas echadas de menos, al ser cotejadas con  el  acervo  probatorio,  trastocan las conclusiones de los falladores, así como  el  sentido  de  la  sentencia,  razón  por  la cual resultaría imprescindible  invalidar  la  actuación  a  fin  de  allegarlas y contar con la posibilidad de  proceder a su valoración.   

               

Pues  bien,  del  contenido  de las censuras  objeto  de  examen  sin dificultad alguna refulge que el demandante tan sólo se  esmera  en  relacionar  las probanzas que en su criterio se dejaron de practicar  por  los  funcionarios  judiciales a cuyo cargo estuvo la actuación, para luego  señalar  de manera escueta que de haberse practicado sobrevendría la mutación  del  sentido del fallo a favor de su representado, lo cual, consecuentemente con  las   directrices   señaladas,   no   resulta   suficiente  para  demostrar  su  trascendencia,  puesto  que  tal  labor entraña la obligación de demostrar que  dichos  medios de prueba tienen la entidad de minar fuerza persuasiva de los que  a  su  vez  dieron  apoyo  a  la  decisión  controvertida.   En  este caso  particular,  concretamente  frente  aquellos  en  los  que cimentó el juicio de  responsabilidad  contra  el  procesado  WILLIAM ANTONIO  CASTAÑO  GÓMEZ, sin olvidar que aquí los dos fallos  de instancia conforman una unidad jurídica inescindible.   

El  actor,  haciendo  caso  omiso  de  los  anteriores  presupuestos,  vinculados  necesariamente con la fundamentación del  cargo  a que alude el numeral 3° del artículo 212 del estatuto procesal penal,  se  sustrajo  por  completo a efectuar dicha labor de confrontación probatoria,  presumiendo   que  su  prédica  per  se  gozaba  de  tal incidencia, pero sin que en definitiva expresara los  argumentos              que              conducen              a             esa  conclusión.          

La   anterior  falencia  que  exhiben  los  reproches  objeto  de  análisis  permite  inferir que no se cumple el requisito  formal  aludido,  por  lo que es claro que la decisión que se impone adoptar es  la  de  su  inadmisión,  en  los  términos  señalados  en  el  artículo  213  ibídem.         

2.             Cargos   con  sustento  en  la  causal  primera   prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, por  violación indirecta de la ley sustancial:   

2.1.  Error de hecho por falso juicio de  existencia:   

En  criterio  del  demandante este reparo se  verifica  a  partir de la aseveración de los juzgadores en el sentido de que su  defendido  actuó  en  una empresa criminal, entre cuyos integrantes existió un  acuerdo  previo  y  expreso para cometer   los delitos que a la postre  derivaron  su  responsabilidad  penal, sin que para ello se determinara la forma  en  que  operó  dicho  acuerdo y “cuando incluso los  señalamientos  del  mismo  señor  LOPERA  TOBÓN  permiten  inferir  el  total  desconocimiento     del    señor    CASTAÑO    GÓMEZ    en    los    injustos  endilgados”.    De  esa  forma,  comienza  por  cuestionar   las  afirmaciones  de  Lopera,  pues  de  su  contenido  lo que se colige es que no conocía a su  defendido,  infiriéndose  así  la imposibilidad de que hubieran llevado a cabo  acuerdos  previos,  lo  que  a  su  juicio  constituye razón suficiente para no  otorgarle credibilidad.   

En   el   mismo  sentido,  agrega,  se  ha  considerado  la  participación  de  su  defendido  en  la  elaboración  de los  documentos  presentados  con  el  objeto  de  adelantar  la reclamación ante la  Previsora  S.A.,  pero  sin que ello cuente con el necesario soporte probatorio,  dado  que  su responsabilidad se ha fundado prácticamente en el simple hecho de  que   fue   el   funcionario  que  la  recibió  en  esa  entidad,  “pero  no  existe  una  sola  prueba que indique que este servidor  público  hubiere  radicado  la reclamación y autorizara su pago”.   

Sobre el particular, añade el casacionista,  obra  en  el  proceso  prueba  documental “que no fue  debidamente  valorada  y  apreciada,  ignorando  el  juzgador  su  existencia  y  connotación  y  por  lo  tanto  el  hecho  que de ella establece”.   Se  refiere  a los documentos obrantes desde el folio 20 al  29   del  c.o.  No.  1,  “recreados,  presentados  o  autenticados  entre  el 16 y el 18 de junio de 2003”,  conformados  básicamente  por  las  declaraciones  extraproceso de María  Consuelo  Niño Triana,        John        Jairo       Rodríguez       Núñez,  Dora  Amanda  Pulgarín,  Nubia Castro,  Álvaro  Gaitán  y María del  Socorro Echeverri.    

Señala  que  la  última  mencionada,  en  declaración  ante  Notario,  insistió en que ella y su hijo menor Carlos  Andrés  Gaitán  eran los únicos  con  legitimidad  para reclamar la indemnización por la muerte de su compañero  permanente  Álvaro  Andrés Gaitán Ruíz.   Al  respecto, también obran, continúa el censor, registro  civil  del  menor  aludido y del poder que su progenitora otorgó a Lopera   Tobón  para  que  efectuara  los  trámites  de  reclamación  del  seguro, así como la copia de la cédula de la  poderdante.       

De   haberse   tenido   en   cuenta  dicha  documentación,   asegura  el  actor,  se  habría  concluido  que  María  del Socorro Echeverri, se presentó  en  dos  oportunidades  ante la Notaría 14 de Cali, además de que otras cuatro  personas    declararon   bajo   juramento   que   convivía   con   Gaitán  Ruíz,  desmintiéndose  así  lo  dicho  por  Lopera  Tobón en  cuanto a que nunca había estado en la Notaría.   

Lo  anterior es suficiente, indica el actor,  para   que   no   se   atribuya   responsabilidad   a   su   defendido  por  los  delitos   endilgados.   

2.2.  Error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad:   

Se  deriva,  según  el  actor, por haberse  tergiversado  y  otorgado un sentido distinto a la prueba testimonial recaudada,  estableciéndose  “unas consideraciones contrarias a  la   realidad   fáctica   enunciada   en   el  presente  proceso”.   

En cuanto a la tergiversación de los medios  de   prueba   aduce   que   se  concretó  porque  los  juzgadores  “le  agregaron  un  sentido  a  la  declaración  del señor   LOPERA  TOBÓN  que está lejos de tener”, pues si en  gracia  de  discusión  se  acepta  lo  dicho por este sujeto, resulta claro que  desconocía  el  establecimiento  de  comercio  al  que  se  hizo referencia, lo  que       se   refuerza   con   lo   dicho  por  la  señora  Adriana    Antonia   Alegrías   Fonseca,  empleada  de La Previsora S.A., quien adujo que la señora que se  identificó   como   María   del  Socorro  Echeverri  trataba      directamente     con     Lopera    Tobón,    reconociendo    con  ello    que  dicha  señora utilizaba una persona para obtener el pago  de la reclamación.   

En el mismo sentido, agrega que también se  cuenta    con    las    declaraciones    de   Argelis  Vergara,  trabajadora  de la misma empresa y encargada  de  recibir  las  reclamaciones  y  de  Luz Mery López  Anaya,  quienes  ratifican  lo  anterior, desvirtuando  igualmente  el  dicho  de  Lopera  Tobón y,   con   los   siguientes  medios  de  prueba:   informe  del  investigador  judicial Jairo Núñez Arenas,  en  donde se advierte que en el abonado telefónico 6631142 no se  conoce       a       María      del      Socorro  Echeverri;  prueba documental obrante a folio 133  del  c.o.  No.  1,  relativa  a  la  solicitud de vinculación, actualización y  entrevista  correspondiente  a  la  cuenta de ahorros de la última en mención,  que  permite  poner  en  evidencia  que  Lopera Tobón  participó  activamente  no sólo en la recreación de  este  personaje, sino en la fraudulenta apertura de esta cuenta; la declaración  de   Jimmy  Díaz  Mancilla,  quien   manifiesta  que  la  compañera  permanente  de  su  amigo  Gaitán  Ruíz  era la señora López  Anaya  y  que  hacia tiempo había  dejado  de  convivir  con  María del Socorro Echeverri  y, en el mismo sentido, la atestación de María Anar Mendoza.   

De   otro   lado,   insiste   en  que  la  desaparición  de  las  piezas  procesales  que  completan  la  declaración  de  Lopera  Tobón  durante  la  diligencia    de   audiencia   pública   también   determinan   la    tergiversación de su sentido.   

Colige  de esta manera que los responsables  directos  de  la  falsificación  son  el citado Lopera  Tobón,   María  Edith  Salazar,  María  del  Socorro  Echeverri  y   Javier   Henao   Quintero,   además   de   los  acompañantes  de  la  señora  Echeverri,  mencionados en la declaración  del anterior.   

Agrega  que  el indicio de que su defendido  participó  en  la  defraudación no es más que una conjetura, de la cual no se  puede  inferir su participación, ya que no tenía acceso al archivo en donde se  guardan  las copias “no sólo porque estaba por fuera  de  sus  funciones,  sino  por  el  hecho  de  que se estaba llevando a cabo una  investigación disciplinaria”.   

Por lo tanto, colige que la apreciación de  los  sentenciadores  es errada, pues se le otorga “un  efecto  a  la  prueba recaudada que no tiene”, motivo  por  el  cual  solicita  se  case  el  fallo  y,  en  su lugar, se absuelva a su  defendido de los cargos imputados en su contra.   

2.  3.   Error de hecho por falso  raciocinio:   

Está fundado en el hecho de que si bien se  ordenaron  algunas  pruebas,  “muchas de ella dejaron  de  ser  practicadas”, refiriéndose a las señaladas  en   los   cargos   formulados   en   la  demanda  con  sustento  en  la  causal  tercera.   

Igualmente,  en  que  otras  pruebas fueron  analizadas  parcialmente, pues todo obedece a un ambiguo señalamiento por parte  del  señor  Lopera Tobón y a  que     el     análisis     de    los    juzgadores    contiene    “apreciaciones  subjetivas  que indican un errado raciocinio de la  prueba  recaudada,  ayudado  por  la  omisión  de  la  práctica  de  la prueba  conducente,  pertinente  y  necesaria para establecer con certeza la realidad de  lo sucedido”.   

Con  base  en  lo  expuesto en este reparo,  solicita se case el fallo impugnado.   

2.4.   Violación  indirecta de la ley  sustancial   “a  consecuencia  de  la  impugnación  probatoria  que  condujo  a  la  necesidad  de aplicar el principio in dubio pro  reo:   

Luego  de recordar la forma como de acuerdo  con  la  jurisprudencia  de  la  Sala  debe  atacarse  en  sede  de casación el  fenómeno    del   in   dubio   pro   reo,  señala  que  opta  por seleccionar la violación indirecta, pues  “si  la  impugnación  probatoria  fundamentada a lo  largo  de  esta  demanda  no  conduce  a  la  certeza  sobre  la inocencia de mi  defendido,  al  menos  debe  reconocerse que la impugnación probatoria referida  nos   lleva   inefablemente   ha   (sic)  reconocer  que  existe  DUDA  (monumental ente otras cosas) sobre la  responsabilidad  penal  de  mi defendido”, por lo que  ha    debido    proferirse    fallo    de    carácter    absolutorio    en   su  favor.       

Para  la  Sala,  como  ocurrió  con  los  reproches  precedentes objeto de estudio, las incorrecciones que se advierten en  los  que a su turno se formulan con sustento en la causal primera por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  también  determinan  su inadmisión, por no  satisfacer  los  requisitos formales previstos en el artículo 212 de la Ley 600  de  2000  y,  específicamente,  el contemplado en su numeral tercero, según el  cual  la  demanda  de  casación deberá contener “la  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y   precisa   sus   fundamentos   y   las   normas   que  el  demandante  estime  infringidas”.   

Se  arriba  a  la  anterior conclusión, en  tanto  que  ninguno  de  los  reparos referidos en este capítulo se allana a la  verdadera  naturaleza  de las diversas modalidades del denominado error de hecho  en  la  apreciación  probatoria, por falsos juicios de existencia, raciocinio e  identidad.   

    

Para mejor ilustración, oportuno se ofrece  recordar  el  concepto  que  la  Sala  tiene  en  relación  con cada una de las  modalidades  aludidas,  así  como  la  forma  de  demostrarlas,  para  de  ahí  establecer  el  gran  distanciamiento  que  se  advierte  con la exposición que  contiene el libelo.    

Así, el denominado error de hecho por falso  juicio  de  existencia  se  produce  cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante resultar incidente frente al  fallo  que  se  controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

En este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de  ello,  debe  establecer  su  incidencia  de  cara  a la decisión que  controvierte  y  a  favor  del  interés  que  representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que  además  le  impone  demostrar  que  la  determinación no se  mantiene con fundamento en otros medios de persuasión.   

       

Por  su  parte, el error de hecho por falso  raciocinio  se  origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  prueba  trascendente  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En tal supuesto, corresponde al casacionista  señalar  qué  dice  concretamente el medio probatorio, qué se infirió de él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el mérito persuasivo otorgado y, desde  luego,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su consideración correcta e identificar la norma de derecho sustancial  que   indirectamente   resultó   excluida   o   indebidamente   aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

La última de las modalidades señaladas del  error  de  hecho es por falso juicio de identidad, el cual se concreta cuando el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido  objetivo  de la prueba para  hacerla  decir lo que ella no expresa materialmente. En este evento, se le exige  al  censor  que  identifique  la prueba sobre la cual recae la incorrección que  denuncia;   posteriormente,  debe  revelar  lo que fidedignamente dimana de  ella  de  acuerdo  con  su  estricto  contenido  material,  a  lo que se suma la  obligación  de precisar en qué aspecto radicó la tergiversación, bien porque  se  suprimieron  u ora porque se agregaron apartes de su contexto con lo cual se  le  mutó su sentido.  Pero no es suficiente con ello, pues al igual que en  los  dos  errores  anteriores,  ha  de  tratarse  de una prueba trascendente que  afecte  lo  declarado  en  el  fallo,  debiendo  en  esa  dirección indicar los  preceptos  sustanciales  que se vulneraron por falta de aplicación o exclusión  evidente  y  demostrar,  como  ya  se  dijo, que la decisión no se mantiene por  cuenta de los demás medios de persuasión.     

De   acuerdo   con   el  anterior  marco  conceptual,  es  claro  que  el  casacionista  no  se  plegó  a  ninguna de las  modalidades  de  error  de  hecho  que simplemente enuncia, pues su disertación  se  reduce  a  la  simple  exposición  de  su postura  personal  en  torno al mérito que le merecen la pruebas, especialmente respecto  de  lo  dicho  en  sus  versiones  por Carlos Walter de  Jesús  Lopera  Tobón,  al  incriminar  al  procesado  WILLIAM   ANTONIO   CASTAÑO   GÓMEZ   de  concertase  con otros para llevar a cabo la defraudación objeto  de investigación.   

Dicha  actitud,  como  en forma pacífica y  reiterada  lo  ha  sostenido  la  Sala,  se  aparta  de  la  esencia del recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo exclusivamente en las instancias ordinarias de  la  actuación,  pues  se  limita  a  confrontar  el  valor probatorio que se le  otorgó  a la prueba con el criterio que se tiene de ella, distante de demostrar  que  el  juzgador  realmente  incurrió  en  un  error en la apreciación de los  medios de persuasión que soportaron su decisión.   

Además, desconoce que el fallo llega a esta  sede  amparado  por  las  presunciones  de  acierto y legalidad, de modo que los  argumentos  que  lo  fundan  prevalecen sobre el criterio personal que expone el  demandante.   Así  las  cosas,  el  único  medio  viable  para  lograr el  decaimiento  del  fallo  por la causal primera, cuerpo segundo, es demostrar que  efectivamente   se  incurrió  en  un  error  en  la  valoración  probatoria  y  ciertamente  ello  nada tiene que ver con la exposición de un criterio personal  acerca de cómo se cree debieron ser estimadas.      

Ahora  bien,  el único cargo que de alguna  manera  se  aproxima  a los presupuestos indicados es el primero que formula con  base  en  esta  causal,  al referir que se incurrió en error de hecho por falso  juicio    de    existencia    por   omitirse   valorar    algunas   pruebas  documentales;   sin  embargo,  el  examen  de  los  fundamentos  del fallo,  permite  colegir  que  el libelista persiste en  la intención de apartarse  del  criterio  expuesto  por el sentenciador a partir de su convicción personal  sobre  su  valoración  y  no porque se hayan dejado de apreciar, comportamiento  que,   se   insiste,   no   tiene   entidad   para   resquebrajar  la  sentencia  recurrida.       

Finalmente, cabe precisar que en el último  de  los reproches planteados por la misma vía los desaciertos formales irrumpen  con  mayor  fuerza,  habida  cuenta  que no se señala concretamente cuál es el  error  que  se  atribuye  al fallo, a lo que se aúna que tampoco se exponen los  razonamientos  indispensables  que  llevan al demandante a la conclusión de que  procede  a  favor  de  su  patrocinado la aplicación del postulado in   dubio   pro   reo   a  favor  de  su  prohijado.   

En ese orden de ideas, la inadmisión de los  cargos  formulados  con  sustento  en la causal primera prevista en el artículo  207  del estatuto procesal penal, por violación indirecta de la ley sustancial,  es la decisión que se impone adoptar.   

         

Por  lo señalado en precedencia, encuentra  la  Sala  que como el casacionista no ajustó su demanda a las reglas dispuestas  para  postular  y  demostrar  los  reproches  que  presentó  contra el fallo de  segundo  grado  y,  dado  que en virtud del principio de limitación que rige el  trámite  casacional  la  Corte no tiene facultad para enmendar las falencias de  aquél,  es  viable proceder de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213  de la Ley 600 de 2000, inadmitiendo el libelo.   

         Adicional  a  lo anterior, tampoco la Sala advierte que se configure  alguna  circunstancia  que,  previo  el  trámite  correspondiente,  amerite  su  intervención oficiosa.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  la  defensor  del procesado  WILLIAM  ANTONIO CASTAÑO GÓMEZ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN           

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ     BASTIDAS                     

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *