24956(09-02-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24596   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 010.  

Bogotá  D.C.,  febrero nueve (9) de dos mil  seis (2006).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala en punto de la admisión  formal  de  los libelos de casación presentados por el defensor del incriminado  HERNÁN   AUGUSTO   RODRÍGUEZ   DONADO  y   del   apoderado   de   la  parte  civil  en  representación  de  Libardo  Alfonso  Gómez  y  Myriam   Salas  de  López,  contra  el  fallo de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Bogotá  el  13 de abril de 2005, confirmatorio en lo esencial del dictado por el Juzgado  52  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad el 2 de septiembre de septiembre de  004,  por  cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable del concurso  homogéneo    y    sucesivo    de   delitos   de   estafa   agravados   por   la  cuantía.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Entre los meses de marzo y julio de 1997, los  señores   Enemías Bohórquez Cañón, Luz Estela  Gómez  Cardona,  Libardo  Gómez  Cardona,  Myriam Salas de López, Carmen Elsy  Martínez  de  Pulido y Gloria  Antonieta   Hurtado   entregaron   las   sumas  de  $  35.000.000,oo,   $   21.640.155,oo,   $   10.600.000,oo,   $   13.000.000,oo,  $  49.000.000,oo    y    $    50.000.000,oo,    respectivamente,   a   HERNÁN    AUGUSTO   RODRÍGUEZ   DONADO,  representante   legal  de  la  empresa   “Inversiones  Rodríguez  Rosado  Ltda.”,  con el objeto de ser invertidos en las bolsas de Nueva York y Chicago  y  obtener  rendimientos  de  entre  el  6  y el 8% mensual.  De esa manera  ocurrió  que  los  primeros meses el aludido pagó los rendimientos, pero luego  se  negó  a  restituirles  los  dineros  entregados  con  el pretexto de que la  empresa  “Kostolany”,  en  donde se habían invertido, entró en quiebra, lo  que motivó a que formularan denuncia penal en su contra.   

Con  base  en  las denuncias presentadas, se  dispuso  la  apertura de tres investigaciones penales (sumarios 346005, 354408 y  555872),  en  cuyo  desarrollo  se  vinculó  formalmente  mediante  indagatoria  a    RODRÍGUEZ   DONADO,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva como presunto autor del delito de estafa.   

Clausurada  la etapa instructiva en cada uno  de  los  procesos,  se  calificó  su  mérito  con resolución de acusación en  contra del sindicado, de la siguiente forma:   

El  2  de  agosto  de  1999 por la Fiscalía  Seccional  176  de  la  Unidad  Octava  de  Delitos  contra  la Fe Pública y el  Patrimonio  Económico  de  Bogotá  por  el  delito  de  estafa agravada por la  cuantía, en concurso homogéneo y sucesivo.   

El  17  de  febrero de 2000 por la Fiscalía  Seccional  148  de  la  Unidad  Sexta  de  Delitos  contra  la  Fe Pública y el  Patrimonio  Económico  de  esta  misma ciudad, por el delito de estafa agravada  por la cuantía.   

Y,  el 24 de julio de ese mismo año, por la  Fiscalía  Local  5ª  de la Unidad Primera de Delitos Querellables, también de  Bogotá,  por  el  delito  de  abuso  de  confianza,  la cual posteriormente fue  variada  en  la  diligencia  de  audiencia  pública  por estafa agravada por la  cuantía.       

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  52  Penal  del  Circuito de esta ciudad, despacho que luego decretar la  acumulación   de   los   procesos   referidos   y   de  surtir  el  rito  legal  correspondiente,  profirió  fallo  el  2  de septiembre de 2004, por cuyo medio  condenó   a   HERNÁN   AUGUSTO   RODRÍGUEZ  DONADO  a  las penas principales de noventa y cinco (95) meses  de  prisión  y  multa  de  $  318.000,oo,  a  la  accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena privativa y al  pago  de  la correspondiente indemnización de perjuicios, como autor penalmente  responsable   del   delito   de   estafa   agravada  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

          Impugnada  la  sentencia  por el defensor del procesado, el Tribunal  Superior  de  Bogotá la confirmó en lo esencial  mediante fallo del 13 de  abril  de 2005, a la vez que decretó la cesación de procedimiento en favor del  sindicado  en  cuanto  a  las  estafas  de  que  fueron  víctimas  Libardo   Alfonso  Gómez  y  Myriam  Salas  de  López.  Atendiendo  esa  última determinación, redujo la pena de prisión a 79 meses y la de multa  a $ 264.800,oo.      

          Contra el fallo anterior, el defensor del  procesado  y el apoderado de la parte civil interpusieron recurso extraordinario  de   casación,  el  cual  sustentaron  mediante  sendas  demandas,  sobre  cuya  admisibilidad formal se ocupa la Sala.     

LAS  DEMANDAS   

          Demanda  presentada  a nombre del procesado  HERNÁN   AUGUSTO   RODRÍGUEZ   DONADO:           

Aduciendo  la violación indirecta de la ley  sustancial  por  la  presencia  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  existencia,  identidad  y  raciocinio,  el  demandante  afirma  que  en el fallo  atacado  se aplicaron indebidamente los artículos 356 y 372, inciso primero del  Decreto  100  de 1980, vigente para la época en que ocurrieron los hechos, y de  los    artículos    232    y    238   del   estatuto   procesal,   “debiendo  por  tanto  coexistir  una  violación medio cual es el  articulo    7    y    238    de    la    ley    600    del   2000”.   

En  el  capítulo  que denomina “fundamentos  del  cargo”  propone  un  “cargo primero” por falso  juicio  de existencia por omisión de prueba, refiriéndose a la afirmación del  Tribunal  en  cuanto  a la ausencia de un convenio entre los inversionistas y su  defendido, lo cual, a su juicio, desconoce el acervo probatorio.   

Así, señala que en el folio 49 del cuaderno  original   No.   1  Enemías  Bohórquez  manifestó  que “las pautas las hicimos a  través   de   su   asistente,   con   él   acordamos   la   del   (sic)  rendimiento financiero, mes vencido  a  finales  de  mes  acordamos que serían abonados los rendimientos financieros  mes  vencido y de acuerdo a la tasa que se calculara en el mercado internacional  de valores”.   

Por   su   parte,   continua   el  censor,  Myriam Salas de López, adujo  que  “su  representante  legal  y socio es el señor  Hernán  Augusto  Rodríguez Donado, quien a través del señor Mauricio otalora  (sic) delegado empleado de la  misma  compañía  me  explicó  a  grandes rasgos el mercado de opciones y  futuros  en  la  bolsa  de  NEW  YORK  y  de  Chicago,  ofreciéndome  una mayor  rentabilidad  para  la inversión de dineros y fue así como entregué al señor  Hernán     Rodríguez     Donado    la    siguientes    sumas…”.        

Y,  Carmen  Elsi  Martínez  de  Pulido, a folio 57 del mismo cuaderno, a  su  vez  indicó  que “lo denunció por estafa porque  recibió  o  captó de mi parte, la suma de 49 millones para ofrecerme una mayor  rentabilidad,  lo que así sucedió hasta el mes de octubre de 1997, fecha en la  cual  me  pagó  los rendimientos del mes de septiembre porque se trataba de mes  vencido”.   

Acto  seguido,  presenta  un  “cargo  segundo”  por  falso juicio de  existencia  por  suposición  de prueba y, en tal sentido, comienza por señalar  que  a  folio 7 del cuaderno original No. 1 obra un cheque girado a nombre de su  defendido   y  en  el  folio  siguiente  un  comprobante  girado  por  la  firma  “Kostolany” que acusa recibo de 20.000 dólares.   

Igualmente,  a folios 9 y 10 también de ese  cuaderno,  obran  cheques  a  nombre  de su representado por $ 24.000.000,oo y $  6.300.000,oo,  respectivamente;  así mismo, a folio 11 obra un comprobante  girado   por   la   firma   “Kostolany”   que   acusa   recibo   de   30.000  dólares.   

En  el  folio  80,  a  su turno, obra cheque  girado  a  nombre  de  Enemías Bohórquez  por  valor  de  $  20.000.000,oo “en el  anverso  debidamente  endosado”, el cual se consignó  a la firma “Kostolany”.   

Precisa  el  casacionista  que  frente  a la  prueba  enunciada  el  Tribunal  concluye  que  existió  connivencia  entre  su  defendido  y  el  representante legal de la firma aludida para apropiarse de los  dineros  de  los  inversionistas  que  no  se  encuentran  consignados  en dicha  firma.   

En     esa     medida     “supone   el   Tribunal   la  existencia  de  prueba  de  una  tal  apropiación   cuando   en   el  haz  probatorio  a  contrario  se  registra  la  consignación  de  sumas de dinero para que finalmente se invirtieran por cuenta  de  la  firma  KOSTOLANY  en  bolsas  de  valores  en el exterior”;  ello,  sin  que  por  lo  menos,  agrega,  existiera  un dictamen  pericial al respecto.   

Señala  que  los  falsos juicios anteriores  tuvieron  una  influencia  decisiva  en  la  parte  resolutiva  de  la decisión  impugnada,  pues  al  desconocerse el convenio verbal entre los inversionistas y  su  defendido  “abonó  el  terreno  para  crear  el  ambiente   en   torno   al   cual   se   configuro  las  maniobras  (sic)    engañosas    propias   de   la  estafa”,     además    de    que    “se  creó  el  telón  de  fondo  desde  el cual se entienden los  mismos     hechos    como    constitutivos    de    una    estafa”.   

Adicionalmente,  se  supuso que su defendido  tomó  para  sí  el  dinero,  cuando  en  realidad  no  hay  prueba que permita  establecer  en  manos  de quien terminó y si no hay prueba de tal apropiación,  colige, no se hubiera podido hablar del delito de estafa.   

A  continuación,  propone  un  “cargo  tercero”,  con  sustento en un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  derivado de   la  aseveración  de  que  sólo  porque  la  secretaria de su defendido entregó un  cheque  a  nombre de este último, infirió que había engrosado su patrimonio y  que nunca ingresó al de “Kostolany”.   

Lo  anterior  genera  el  error  indicado,  destaca,  puesto  que  se  le pone a decir a la prueba algo que ella no expresa,  esto  es,  que  los  dineros  ingresaron  al  patrimonio  de su defendido;   además,     tal    yerro    es    trascendente,    en    cuanto    “constituye  el  tipo penal de estafa”,  pues  es un “elemento típico del provecho ilícito y  del engaño”.   

En   seguida,   alude  a  un  “cargo  cuarto”, por error de hecho por  falso  raciocinio, el cual se configura, en su criterio, porque al señalarse en  el  fallo  que por no registrar movimientos las cuentas de los inversionistas en  el  exterior,  ello  sería  indicativo  de  que  su  representado  “conocía    de    la    desviación   de   dineros”.   

Para  el  casacionista el error del Tribunal  consistió  en  dar  por  cierto  lo  anterior  con sustento en una información  periodística,  toda vez que “la manera de establecer  el  movimiento  de  las  cuentas  es  a  partir  de la respectiva certificación  contable  expedida por la bolsa donde se invirtieran los dineros o por un perito  experto en el tema”.   

Es  a  partir,  agrega,  de una información  periodística  que  se dio por sentado que su defendido no ejerció controles en  los  bancos y de allí se infirió su actuar negligente y, además, que efectuó  un  acuerdo ilícito con la firma en mención para estafar a los inversionistas,  cuando  en  ella no se precisan las fuentes, simplemente se trata de lo que dice  un  periodista  sin  la gravedad del juramento, a lo cual no se le puede otorgar  certeza.   

Acto  seguido,  señala  que  “en  la  medida que se quebrantó la regla de la sana crítica con  respecto  al órgano de prueba. Los órganos de la prueba esto es la persona que  transmite  al proceso el conocimiento dicho sobre el hecho materia de prueba son  el  caso  del  testimonio el testigo, en el caso de la confesión el acusado, en  el  caso del dictamen pericial el perito y, en todos ellos, el elemento clave en  la  causa  del conocimiento”, pero como el periodista  no  reúne las causas de conocimiento inmediato “sino  que  es  mediado  por  información  que la judicatura ni los sujetos procesales  pueden  constatar  lo  que se vulnera de paso los principios de contradicción y  publicidad  de  la  prueba”, encuentra configurado el  yerro anunciado.   

El  “quinto  cargo” que alega, lo formula con base en un error de  hecho   por   falso  raciocinio,  sustentado  en  la  afirmación  del  Tribunal  consistente  en  que  su  defendido  al  invertir  en la firma mencionada obtuvo  rendimientos  del  40  al  50  % anual, mientras que a los inversionistas se les  prometieron  del 6 al 8 % con el objeto de edificar el engaño, cuando lo cierto  es  que  ello  sólo  se  presentó  con  respecto  a  la  señora  Carmen  Martínez,  surgiendo entonces una  “falacia por indebida generalización”.   

Aduce  que se violó una ley lógica, según  la  cual  “la  conclusión no puede ser más extensa  que  las  premisas”,  porque frente a una situación  que   se   deriva   de  un  solo  sujeto,  se  hace  extensiva  para  todos  los  demás.   

          Finalmente,    propone    un    “sexto  cargo”  también  por  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  cual  se  origina en la apreciación del Tribunal sustentada en  que  entre el procesado y la firma “Kostolany” existía un contubernio, dado  el    trato    especial    entre   el   primero   y   el   señor   Chovil,  que  le  permitía  retirar de la  empresa los dineros de los clientes y no sólo lo intereses.   

                En  criterio del censor,  para  fundamentar  la anterior construcción el Tribunal no enunció la regla de  la  experiencia  que  le  permitía  llegar a esa conclusión, habida cuenta que  “estamos  ante  un  juicio  inductivo,  es  decir de  probabilidad  y  sin  embargo  el tribunal obtiene certeza, es lo propio pero en  los  juicios  deductivos”.   Por  lo  anterior,  estima  que  el  sentenciador  edificó  el grado de certeza con base en juicios  meramente   probables   y   sin   hacer   alusión   a   alguna   regla   de  la  experiencia.   

          Así   mismo,   agrega   que   por  no  haberse  referido  la  regla  de    la experiencia, se impidió la contradicción y la publicidad de  la prueba.   

          En   punto   de   la   trascendencia  de  este  yerro  advierte  que  “con respecto al error de hecho por falso raciocinio  con  relación  a  la  cuenta  Ómnibus  Account,  de  la  que  se  dice no tuvo  movimiento,  por  información  periodística, y que por ende Hernán Rodríguez  actuó  negligentemente  y  hablar  de  un  acuerdo  ilícito,  le  permite a la  providencia     construir    la    maniobra    engañosa    configurativa    del  engaño”,  de  manera  que  desaparece  uno  de  los  elementos constitutivos del delito imputado a su defendido.   

          Corolario  de  lo  expuesto, el demandante solicita se case el fallo  atacado y se profiera uno de reemplazo.   

          Demanda    presentada    por   la   parte   civil:             

          Formula  un cargo contra el fallo impugnado con soporte en la causal  primera,  “en lo que se refiere a los numerales 1°,  2°    y    3°,   y   que   se   refiere   en   lo   relacionado   (sic)  a  la Cesación del proceso seguido  en  contra de Hernán Augusto Rodríguez Donado por la acción Penal derivada de  las  estafas  de  que  fueron víctimas Libardo Alfonso Gómez y Myriam Salas de  López,     por     Prescripción    de    la    acción    penal”.   

          Lo    anterior,    porque   en   su   criterio   hubo   “desconocimiento  o  aplicación  indebida  y por ignorar la parte  final  del  numeral  1° del artículo 267 del C.P.”,  el  cual  contiene  la  agravante  de  la  cuantía  para  los delitos contra el  patrimonio  económico,  ya  que,  agrega,  todo  estos dineros son de un único  capital.   

          En  la  demostración  del  reparo  señala que luego de analizar en  forma   desprevenida   las   condiciones   personales   y   económicas  de  sus  representados,  estudio  omitido  por  el  fallador,  encuentra que no se debió  tener  en consideración el monto de los 100 salarios mínimos legales mensuales  si  se  ha  causado  grave  daño  a  la  víctima  en su situación económica,  “la  cual  es  notoria  pues  como  siempre  lo  he  pregonado,   son   personas   humildes   y   que   ese   dinero   es   todo   su  capital”.   

          De  modo  que  si el juzgador hubiera tenido en cuenta las maniobras  dilatorias  del  sindicado  y  su defensor, así como las pérdidas de tiempo en  cada  sesión de audiencia pública y que el proceso se adelantó en la fase del  juicio  bajo  una  misma  cuerda,  a  lo  que  se debe sumar el análisis de las  condiciones  personales de las víctimas por los graves daños que el delito les  produjo,  “no hubiera tenido argumentos justificables  para   declarar   o   decretar   la   cesación   del   proceso   a   favor  del  sindicado”.   

          Con   fundamento  en  lo  expuesto,  señala  que  se  incurrió  en  violación  de  la  ley sustancial por exclusión evidente de la parte final del  numeral 1° del artículo 267 del estatuto penal.     

En   esas   condiciones,   solicita  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado  para  que  en  su  lugar  se  confirme en su  integridad la sentencia condenatoria de primera instancia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cuestiones previas  

    

1. Prescripción de la acción penal:     

          Antes  de  pronunciarse en punto de la admisibilidad de las demandas  presentadas  a  nombre  del  procesado HERNÁN AUGUSTO  RODRÍGUEZ  DONADO  y  de  la parte civil, advierte la  Sala  que  respecto  de  la  acción  penal  adelantada  por el delito de estafa  agravada,  en  donde  son víctimas Enemías Bohórquez  Cañón  y  Luz estela Gómez  Cardona,    por  la  cual fue acusado y condenado, ha operado el fenómeno de la  prescripción. Lo anterior, por las siguientes razones:   

Según  lo  establece el artículo 83 de la  Ley  599  de 2000 (que corresponde al artículo 80 del anterior estatuto penal),  en  la  etapa  instructiva  la  acción  penal prescribe en un término igual al  máximo  de  la  pena  establecida  en  la ley, sin que sea inferior a cinco (5)  años.   En  la etapa de la causa tal término comienza a contarse a partir  de  la ejecutoria de la resolución de acusación por un tiempo igual a la mitad  del  establecido  para  la  fase de instrucción, pero en ningún caso puede ser  inferior a cinco (5) años.   

         Las  conductas  punibles  por  las  cuales fue acusado el procesado  (estafa  agravada  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo)  se ejecutaron bajo la  vigencia  del  Decreto 100 de 1980;  en dicho estatuto, el delito de estafa  en  su  artículo  356  tenía asignada una pena de uno (1) a diez (10) años de  prisión  y, en caso de resultar agravada por la cuantía, como aquí sucede, se  incrementaba  de  una  tercera  parte  a  la  mitad,  conforme  lo  señalaba el  artículo   372,   numeral   1°  ibídem.   

No obstante lo anterior, para los efectos de  la  prescripción  de  la acción penal por este delito, resultan favorables las  disposiciones  de  la  Ley  599 de 2000, como quiera que redujo al máximo de la  pena  prevista  para  el  delito  imputado  al  procesado,  el  cual, como ya se  señaló, se constituye en el referente para este cómputo.   

En  efecto, de conformidad con el artículo  246  de la referida ley, el delito de estafa se sanciona con un pena de prisión  de  dos  (2)  a  ocho (8) años y cuando procede la agravación por la cuantía,  según  el  267  numeral  1°,  se  aumenta  en la misma proporción establecida  previamente, esto es, en la mitad para el máximo.   

Lo  anterior significa que mientras para el  Decreto  Ley  100  de 1980 el término de prescripción para la fase del sumario  es   de  quince  (15)  años  para  este  delito  en  particular,  resultado  de  incrementar  el  máximo  de  la  pena  allí  previsto  en  la mitad, idéntica  operación  arroja  doce  (12)  años  bajo  las  directrices del estatuto penal  vigente, por lo que indudablemente este último es favorable.   

De lo anterior se colige que el término de  prescripción  para  la  fase  del  juicio  por  esta  conducta,  una  vez se ha  verificado  su interrupción con la ejecutoria de la resolución de acusación y  comenzado  a  correr  a  partir  de  ese hecho procesal por un tiempo igual a la  mitad  del  establecido  para  la  fase  de  instrucción, es de seis (6) años.   

Es  necesario  recabar  que  en la fase del  juicio    que    se    surtió    en    contra    del   sindicado   RODRÍGUEZ  DONADO  se  acumularon  tres  procesos  bajo los lineamientos del Decreto 2700 de 1991.  En el primero de  ellos  se  profirió  resolución  de  acusación el 2 de agosto de 1999, por el  delito   de   estafa   agravada,   del   cual   fueron   víctimas  Enemías  Bohórquez  Cañón,  Luz  Estela Gómez Cardona, Libardo  Gómez  Cardona  y  Myriam  Salas  de  López;  en el segundo, ello ocurrió  el  de  17 de febrero de 2000 por el mismo delito siendo víctima exclusivamente  Gloria Antonieta Hurtado y,  en  el  tercero, el 24 de julio de esa misma anualidad, por la conducta de abuso  de  confianza,  en  donde  fue  víctima  Carmen Elsy  Martínez  de  Pulido,  siendo  de  suma  importancia  aclarar  que  en  la  audiencia  pública se varió esta calificación por la de  estafa agravada.   

Pues bien, considera la Sala que la acción  penal  que  se  surte  en  relación  con  la  primera  actuación, en donde son  víctimas  Enemías  Bohórquez  Cañón y  Luz Estela Gómez Cardona  y  en  donde  también  lo eran Libardo  Alfonso  Gómez  y  Myriam  Salas  de  López  (cuya  prescripción de la acción  penal  fue decretada por el Tribunal en el fallo impugnado con sustento en otros  motivos)  ha  operado  el  fenómeno  de  la  extinción de la acción penal por  prescripción.   

A la anterior conclusión se llega porque la  ejecutoria  de  la  referida  resolución  de acusación tuvo ocurrencia el 4 de  septiembre  de 2005, es decir, tres días después de su última notificación y  en tanto no se interpuso recurso alguno en su contra.    

A  partir  de  tal  fecha  se  reinició el  cómputo  del  término de prescripción para la fase del juicio por un lapso de  seis   (6)   años,   razón   por   la   cual   es  evidente  que  dicha   acción   penal   prescribió   el   4   de  septiembre  de  2005,    circunstancia  que  así  impone  declararlo y, en consecuencia, se  dispondrá  la  correspondiente  cesación  de procedimiento por tales conductas  punibles.   

          Debe  precisar  la  Sala  que  la  prescripción de la acción penal  señalada  en  precedencia se causó mucho antes de que el proceso arribara a la  Corte  para  su  correspondiente  examen,  pues el expediente fue recibido en la  Secretaría sólo hasta el 26 de enero del año en curso.   

         Como  consecuencia de la cesación de procedimiento determinada por  la  prescripción  de  la acción penal derivada del delito de estafa agravada a  favor    del    procesado    HERNANDO   RODRÍGUEZ  DONADO  de  la  cual  fueron  víctimas  Enemías  Bohórquez  Cañón y  Luz Estela Gómez Cardona,  corresponde marginar de la dosificación punitiva establecida en  el  fallo  la  pena  impuesta  en  su  contra  por  tales comportamientos, quien  entonces  sólo  quedará  condenado como autor penalmente responsable del mismo  delito  por  las  ilicitudes  en  donde  aparecen  como  ofendidas  Gloria  Antonieta  Hurtado y Carmen       Elsy       Martínez       de       Pulido.   

Para  tal  efecto,  preciso es acudir a los  parámetros  de  dosificación punitiva establecidos en el fallo de primer grado  y  que  sirvieron  de  base al Tribunal para efectuar idéntico procedimiento al  decretar  la  prescripción  de  la acción penal por las conductas cometidas en  contra  del  patrimonio  económico  de   Libardo  Alfonso  Gómez  y  Myriam  Salas de López.   

Señaló  al  respecto esa corporación que  “el  a-quo  no  indicó la cantidad de sanción por  cada  estafa concurrente, pero como dijo que por los restantes delitos efectuaba  un  incremento  de  40  meses,  se infiere que fijó en 8 meses de prisión para  cada  conducta  contra  el patrimonio económico, pues fueron 5 más por las que  fue  condenado  el  procesado.   De  tal  manera,  que al total de pena (95  meses),  se  le  reducen 16 meses, para un resultado de 79 de prisión que queda  por  las  otras  4  estafas.  El mismo lapso será para la interdicción de  derechos  y funciones públicas”.  Sea del caso  resaltar  que  se  efectuó  el  mismo procedimiento en relación con la pena de  multa impuesta.             

Bajo  esa  misma lógica, la reducción que  procede  es  de  ocho  (8)  meses  de  prisión  para  cada  conducta,  es decir  dieciséis  (16)  por las dos a que se contrae la prescripción aquí decretada,  que  restadas  de  los  setenta  y  nueve  (79) meses impuestos por el Tribunal,  arroja  un  monto  definitivo  a  imponer de sesenta y  tres  (63)  meses  de  prisión,  término  en el que  también  se  fija  la  pena  accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas.     

En  lo  que concierne a la pena principal de  multa  se  procede de forma similar, establecido que ella corresponde a un monto  de  $  26.600,oo  por  cada  conducta concurrente, de modo que por comprender el  fenómeno  extintivo  de la acción penal dos de ellas, este valor asciende a la  suma  de  $ 53.200,oo, que al restarse de los $ 264.800 fijados por el Tribunal,  arroja   un   valor   de   $   211.600,oo.    

Los  efectos  de esta decisión también se  proyectan  en la condena al pago por la indemnización de perjuicios ocasionados  con  las  conductas,  por lo que es necesario  suprimir lo dispuesto en ese  sentido  a  favor  de los ofendidos Enemías Bohórquez  Cañón  (por valor de $ 95.110.240,00) y Luz   Stella   Gómez   (por  valor  de  $  58.819.956,oo).    

Finalmente,  importa  señalar que lo aquí  establecido  no  tiene  ninguna  incidencia en punto de los argumentos expuestos  para  sustentar  la  negativa  a  otorgar  el  subrogado penal de la suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y el sustitutivo penal de la prisión  domiciliaria.   

    

1. Procedencia del recurso:     

Es  preciso  señalar  que en este caso por  razón  de que los hechos tuvieron ocurrencia ente los meses de marzo y julio de  1997,  no se  remite a duda que la normativa aplicable en punto del recurso  extraordinario  de  casación es el Decreto 2700 de 1991.  Según el inciso  1º  del  artículo 218 de dicha normatividad, modificado por el 35 de la Ley 81  de  1993, este medio impugnaticio “procede contra las  sentencias proferidas por el  Tribunal  Nacional,  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial y por el  Tribunal  Penal  Militar,  en  segunda  instancia,  por  los  delitos que tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo sea o exceda de seis (6)  años”.                  

         

La  Sala  pronto  advierte  que  la demanda  presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  en  representación de los  intereses   de  Libardo  Alfonso  Gómez  y   Myriam  Salas  de  López  no  se  sujetó  a  los  presupuestos  de  procedencia del recurso  extraordinario  de  casación  a  que  refiere  la norma en cita, al impugnar la  providencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá el 13 de abril de  2005  y  que,  por  lo  tanto,  la  decisión  que  corresponde adoptar es la de  inadmitir  el libelo, de conformidad con la previsión normativa contenida en el  artículo  226  ibídem;   conclusión   a   la   que   se   arriba,  de  conformidad  con  los  siguientes  razonamientos:             

Es  clara la norma transcrita en el sentido  de  señalar  que  el  medio  extraordinario  de  impugnación, bien sea bajo la  modalidad   ordinaria  como  la  excepcional  (inciso  3°),  procede  única  y  exclusivamente         contra         “sentencias”         de        segunda  instancia.                   

En  el  caso  que  concita la atención, se  advierte  que la decisión contra la cual se dirige la inconformidad, no ostenta  el  carácter  de “sentencia” pues, de acuerdo con el artículo 179, numeral  1°,  del  Decreto 2700 de 1991 (hoy 169 de la Ley 600 de 2000), sólo adquieren  esa  categoría  las  providencias  que  “(..) deciden  sobre  el objeto del proceso, bien en primera o segunda instancia, en virtud del  recurso    de    casación   o   de   la   acción   de   revisión”.   

Además,  como  lo  tiene  dicho  la  Sala  “no  basta  sólo  nominar  el  acto  procesal  como  sentencia,  sino  que,  tratándose  de  condena,  su  contenido  material  debe  responder  a  la  normatividad referida, objetivo que no se logra de otra manera  que  mediante  la  apreciación en conjunto de los diferentes medios probatorios  recaudados  para  fijar la reconstrucción histórica de unos hechos concretos y  detallados  que  calificados  jurídicamente permitan precisar la situación del  procesado   y   hacer  todas  las  declaraciones  consecuentes  en  torno  a  la  responsabilidad  del  procesado,  expresándose  claramente  las  condenas a las  penas   principales   o  sustitutivas  y  accesorias,  a  la  indemnización  de  perjuicios  y  la  procedencia  o  no  de los mecanismos sustitutivos de la pena  privativa   de   la  libertad,  con  anotación  expresa  de  los  recursos  que  procedan”1.   

     

Pues  bien,  el  Tribunal  en  la sentencia  objeto  de impugnación extraordinaria se pronunció de mérito en relación con  la  impugnación presentada por el defensor del procesado, pero a la vez dispuso  la  prescripción  de  las  acciones penales adelantadas por el delito de estafa  agravada   a  favor  del  procesado  y  en  donde  fueron  víctimas  Libardo  Alfonso  Gómez  y Myriam Salas de López.   

Lo  anterior,  implica  que dicha decisión  proferida  por  el  Tribunal  ostenta  un carácter mixto, esto es, adquirió en  primer  lugar  el rango de sentencia en cuanto se ocupó de fondo respecto de la  situación  del  procesado  de  acuerdo  con  los  argumentos  propuestos por el  defensor   en  la  apelación,  decisión  contra  la  cual  cabía  el  recurso  extraordinario  de  casación  y, en segundo lugar, de auto interlocutorio en lo  que  tuvo  con  ver  con  su  determinación  de decretar la prescripción de la  acción penal en los términos señalados.   

Ahora  bien,  se  sostiene  que  la segunda  decisión  contenida  en  la  providencia  del  13  de  abril  de  2005 tiene el  carácter  de  auto  interlocutorio, porque de acuerdo con el referido artículo  179  del  Decreto  2700  de  1991  (numeral  2° del 169 de la Ley 600 de 2000),  resuelve  un  aspecto  sustancial  del  proceso, mas no el objeto central, y fue  proferida  por  un Juez  de  la  República, sin que pueda variar  su  naturaleza  jurídica  el  simple  hecho  de  haberse adoptado dentro de una  sentencia.   

Contra   esta   decisión  interlocutoria  adoptada  por  el  Tribunal, procedían los recursos ordinarios de reposición y  apelación,  de  conformidad  a  lo  señalado  en  los artículos 199 y 202 del  referido  Decreto  2700  (artículos  189  y  191 de la Ley 600 de 2000) y no el  extraordinario de casación.    

Por lo expuesto, se colige que el apoderado  de  la  parte civil en representación de los ofendidos  Libardo     Alfonso     Gómez     y    Myriam  Salas  de López al interponer este  último  medio  de  impugnación  no  satisfizo el presupuesto de procedibilidad  consistente en que es viable sólo contra “sentencias”.   

    

En esa medida, la decisión que corresponde  en  relación  con  este libelo es la de su inadmisión, a tenor de lo dispuesto  en   el   artículo   226  del  Decreto  2700  de  1991.       

Análisis  formal de la  demanda  presentada a nombre del procesado HERNÁN      AUGUSTO      RODRÍGUEZ      DONADO:   

          Previo  a  efectuar  el  estudio  formal de esta demanda, es preciso  señalar  que  su estructura no corresponde con los presupuestos inherentes a la  causal seleccionada.        

          En  efecto, el censor advierte, en el capítulo de la causal aducida  por    violación   indirecta   de   la   ley   sustancial,   que   “demostraré  y  sustentaré  en  cargos  separados  atendiendo la  especificidad  de  la  técnica que requiere cada uno para ser atendido en dicha  extraordinaria  sede”,  de  esa  forma  desarrolla a  través   de  cargos  independientes  los  diferentes  errores  de  apreciación  probatoria  que  endilga a la sentencia objeto de impugnación, según dice, por  falsos juicios de existencia, identidad y raciocinio.     

Al  desarrollar  los  distintos  errores en  cargos  independientes  el  censor  fragmenta  el  ataque cuando lo correcto era  proponerlos  en  uno sólo, como quiera que los dirige contra pruebas diversas y  en  tanto  pretende  mediante  su sumatoria resquebrajar el fallo impugnado, tal  como  así  lo exige la lógica de la causal que invoca, pues la única forma de  lograr   el   decaimiento   del   fallo  es  atacando  toda  la  prueba  que  lo  sustenta.                     

En    tal    sentido,    lo    correcto  metodológicamente  era  formular un solo cargo dentro del cual se abordaran los  distintos  yerros  de apreciación probatoria propuestos;  sin embargo, esa  sola  incorrección  no  tiene la entidad para determinar la improsperidad de la  censura,  pues  el  entendimiento  de  su   intención,  que  se extrae del  contexto  global  del  libelo, permite superar el defecto advertido.     

              Al margen de lo anterior, advierte  la  Sala  que  la  propuesta  adolece  de  ostensibles defectos de técnica y de  argumentación  que  impiden  tener  por  adecuadamente  sustentado  el  recurso  extraordinario de casación.   

          De  conformidad  con la preceptiva del numeral 3° del artículo del  artículo  225  del  Decreto  2700  de  1991,  normativa que como ya se señaló  regula  el  presente  asunto  (y en similar sentido el numeral ídem  del  212 de la Ley 600 de 2000), la  demanda  de casación deberá contener “la causal que  se  aduzca  para  pedir  la  revocación  del  fallo  indicando en forma clara y  precisa  los  fundamentos  de ella y citando las normas que el recurrente estime  infringidas”.   En  consecuencia,  procede  la  Sala  a analizar si la  propuesta contenida en la demanda cumple este requisito.   

          Pues  bien,  en  primer  lugar  se  impone  señalar  que  de manera  infortunada  el demandante a pesar de emprender la censura con base en la causal  primera  de casación, por  violación indirecta de la ley sustancial, y de  anunciar  errores  del sentenciador en la ponderación de las pruebas, involucra  aspectos  de  otra  causal  de  casación,  cuyos  postulados  son excluyentes y  contradictorios,         lo         cual        entorpece        su        cabal  comprensión.       

          Esa  situación  se evidencia particularmente respecto de los yerros  cuarto  y  sexto que formula, al referir a errores de hecho por falso raciocinio  originados  en  que  el  fallador  al  otorgarle  crédito  a  una  información  periodística  y  al  no  precisar  la  regla de la experiencia que lo condujo a  establecer   que   existió  un  contubernio  entre  el  procesado  y  la  firma  “Kostolany”,  respectivamente,  también  impidió  la  contradicción  y la  publicidad  de la prueba, cuestionamientos que desbordan el ámbito de la causal  propuesta  y  que  ha debido proponer en cargos independientes con fundamento en  la  causal  tercera  de  casación,  habida  cuenta  que  sus  presupuestos  son  inconciliables  con  los  de  la  primera,  pues  en  esta última la actuación  procesal y la sentencia no están afectadas de invalidez.    

Lo   anterior   permite  inferir  que  el  casacionista  no  respetó  el  principio  de  autonomía en la formulación del  cargo,  por  virtud  del  cual  al  demandante,  en procura de la claridad de la  argumentación,  se  le impone el deber de proponerlos por separado en atención  a su diversa naturaleza.       

         Del  mismo  modo  desconoció  el  principio de prioridad, según el  cual  las  propuestas se presentan de acuerdo con su incidencia nociva frente al  proceso.   Así,  aquellas  que  comporten  eventual  invalidación  de  la  actuación  procesal  o  de  la  sentencia,  esto  es,  los  denominados  yerros  in    procedendo,   necesariamente  deben  proponerse  en  forma  prevalente  respecto de las que no  tienen   ese  alcance,  valga  decir,  los  yerros  in  iudicando   a   los   cuales  se  refiere  la  causal  primera.   

         

En  segundo  lugar,  también  conduce a la  misma  decisión  de  inadmitir el libelo la carencia absoluta de argumentos que  sustenten  los errores postulados, circunscribiéndose única y exclusivamente a  formular  el  enunciado  sin  el  debido  acompañamiento de las razones que los  soportan.    

Tal situación se advierte especialmente en  el  primer error propuesto en la demanda por falso juicio de existencia derivado  de  una  presunta  omisión  probatoria,  en el cual el casacionista se limita a  relacionar   algunas  probanzas  testimoniales  y  a  transcribir  parte  de  su  contenido.   

Lo  mismo  se  predica  en relación con el  segundo  yerro  planteado  en el libelo, cuyo enunciado apunta a un falso juicio  de  existencia  por suposición de prueba, puesto que el demandante restringe el  ataque  a  referir  una  serie  de  documentos  que  obran  físicamente  en  el  expediente  -lo  que  permite  colegir  que  no  fueron ideados- para finalmente  aducir  que  el  Tribunal  supuso que el procesado se apropió de los dineros de  los  inversionistas,  sin  siquiera identificar el medio de prueba sobre el cual  recae el yerro.      

Ello también ocurre con el cuarto yerro de  la  demanda,  al  formular  un  error de hecho por falso juicio de identidad por  tergiversación  de  su  contenido  a  partir de la simple afirmación de que la  prueba  no  expresa  lo  que le atribuye el Tribunal, pero sin elaborar, como se  exige  para  la  debida  demostración de esta incorrección, el cotejo objetivo  entre  lo que muestra el medio de prueba y lo afirmado por el sentenciador, para  de ahí inferir la alegada distorsión.   

En  tercer  lugar,  lo que irrumpe con más  fuerza  de  la  mayoría  de  los pretendidos errores de apreciación probatoria  alegados  en  la  demanda  salvo, claro está, aquellos en los que no se exponen  argumentos  en  sustento  de  las  propuestas,  es  que  se  circunscriben  a la  exposición  de la particular visión del casacionista sobre la credibilidad que  ofrecen  algunas  pruebas  con  el  objeto  de  que dicho criterio se imponga al  consignado  en  la  sentencia,  desconociendo  la  dual presunción de acierto y  legalidad de la sentencia impugnada.   

              

Es  evidente,  por  tanto, que           el impugnante  olvida  que  este trámite es extraordinario, y que, por consiguiente, no son de  recibo  las  argumentaciones  libres y espontáneas de los demandantes, en tanto  es  preciso  que la formulación se someta a las reglas taxativamente señaladas  por   el  legislador,  en  punto  de  denunciar  errores  trascendentes  de  los  funcionarios  judiciales  que  pudieron haber afectado garantías de los sujetos  procesales,   vulnerando   directa   o   indirectamente  normas  sustanciales  o  desconociendo    las    bases    fundamentales   de   la   instrucción   o   el  juzgamiento.   

De todo lo anterior se extrae con meridiana  claridad  que  el  demandante no desarrolló ninguno de los yerros que atribuyó  al  fallo,  pues su disertación se limita a contraponer su criterio personal en  torno  a algunas probanzas con el criterio plasmado por el sentenciador, lo cual  no    se    aviene   con   la   naturaleza   del   recurso   extraordinario   de  casación.                     

Ahora,  particularmente en lo que tiene que  ver  con  los  falsos  raciocinios  que  atribuye  a  la decisión impugnada, se  advierte  que  en  ellos  no  sólo  subyace  el  propósito  de sacar avante su  criterio  personal,  sino  que  además  los cuestionamientos que expone tampoco  compaginan con su verdadera naturaleza.   

Es  necesario  puntualizar que un tal yerro  tiene  lugar  cuando  al  apreciar  las  pruebas  obrantes  en la actuación los  juzgadores  extraen  conclusiones que violan las reglas de la sana crítica, por  lo  que  el demandante está obligado a  establecer qué dice concretamente  el  medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue  el  mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que no acometió.   

De esta manera la censura que adelanta en el  cuarto  error,  referida  al  órgano de prueba, ninguna relación tiene con los  anteriores  derroteros,  lo  que  igual se evidencia en el sexto, pues allí, so  pretexto  de que el juzgador no precisó la regla de la experiencia para inferir  el  contubernio  entre  su  defendido  y  la  firma  “Kostolany”,  tan sólo  pretende imponer su criterio personal de valoración.   

No  obstante  lo  anterior,  una  crítica  especial  merece  el  quinto  error que formula, pues si bien en éste de manera  escueta  y  superficial  el casacionista refiere a la vulneración del postulado  lógico  según  el cual “la conclusión no puede ser  más  extensa  que  las premisas” al inferirse por el  fallador  que  la  promesa  constitutiva  de  engaño procedió en relación con  todos   los  ofendidos  cuando  fue  una  situación  advertida  tan  sólo  por  Carmen  Martínez, se colige  que  es  una  forma  velada  de  cuestionar  la  prueba bajo su estricta óptica  personal,  a  lo que se aúna que el demandante no vincula dicha proposición en  forma  clara  con  la  apreciación  del  sentenciador,  amén  de  que  tampoco  establece la trascendencia de este yerro.     

De   lo   expuesto  en  precedencia,  sin  dificultad  alguna  se  concluye  que la demanda en general está conformada por  una  serie  de  supuestos  errores  de  apreciación  probatoria que no gozan de  claridad  e incluso, son confusos en tanto incluyen aspectos inconexos y a veces  incompatibles  que  en  definitiva impiden determinar los fundamentos sobre cuya  base   pretende   derrocar  el  fallo.   Además,  algunas  propuestas  son  meramente  enunciativas,  al  no contar con la necesaria, y en algunos casos, ni  siquiera  con una mínima argumentación que las respalde;  pero, lo que es  más  evidente,  es que se concretan a la mera exposición del criterio personal  que     tiene     el     casacionista    sobre    la    valoración    de    las  pruebas.           

Como  lo  anterior  conduce a que no exista  duda  en  el  sentido  de  que el censor no sujetó su libelo a los cánones que  gobiernan  la  postulación y demostración de la censura que presenta contra el  fallo  de  segundo  grado  y,  de  acuerdo  con  el principio de limitación que  gobierna  el  trámite  casacional  la  Corte  no  se  encuentra  facultada para  enmendar  las  falencias  de  aquel,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  228 del Decreto 2700 de 1991 (213 de la Ley 600 de 2000) se impone de  plano la inadmisión de esta demanda.   

    

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.        DECLARAR   prescrita   la  acción  penal  derivada  de  las conductas punibles de estafa agravada por la cuantía en donde  son  víctimas Enemías Bohórquez Cañón y  Luz  Estela  Gómez Cardona, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

          2.        ORDENAR, en consecuencia, la cesación del  procedimiento  adelantado  contra  el procesado HERNÁN  AUGUSTO  RODRÍGUEZ  DONADO   por los mencionados  delitos.   

3.          PRECISAR que,  por  razón  de  la  prescripción  que  aquí se decreta, las penas principales  impuestas    al    procesado    RODRÍGUEZ   DONADO,  por  el  delito  de  estafa agravada son de sesenta y  tres  (63)  meses  de  prisión,  término  en  el  que también se fija la pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas, y multa por  valor      de      $      211.600,oo.   

4.   DEJAR  SIN  EFECTOS,  por  el  mismo  motivo,  la  condena  en perjuicios impuesta al  procesado  a  favor  de  Enemías Bohórquez Cañón  y   Luz  Estela  Gómez  Cardona.      

5.                INADMITIR   las  demandas  de  casación interpuestas  por   el   defensor   del  procesado  HERNÁN  AUGUSTO  RODRÍGUEZ  DONADO  y el apoderado de la parte civil en  representación  de Libardo Alfonso Gómez y   Myriam  Salas  de  López,  por  los  argumentos  manifestados  en  la  parte  motiva de esta  providencia.   

          Contra  esta  providencia  sólo  procede  el recurso de reposición  respecto de la declaratoria de prescripción de la acción penal.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Radicación 17691; sentencia de fecha abril 21 de 2004.     

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