24956(23-06-05)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  24956   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada  Ponente:   

                 MARINA PULIDO DE BARÓN   

       Aprobado Acta  No. 026.   

Bogotá  D.C.,  marzo veintitrés (23) de dos  mil seis (2006).   

VISTOS  

          La  Sala  decide  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por  el  apoderado    de    la   parte   civil   en   representación   de   Enemías  Bohórquez  Cañón y  Luz  Estella  Gómez  Cardona, contra la  decisión  adoptada  por  esta  Sala de fecha febrero 9 del año que transcurre,  por  cuyo  medio  declaró  prescrita  la acción penal derivada de la conductas  punibles   de  estafa  agrava  por  la  cuantía  en  donde  son  víctimas  los  mencionados  y,  consecuentemente  cesó  procedimiento  a  favor  del procesado  HERNÁN    AUGUSTO   RODRÍGUEZ   DONADO.   

FUNDAMENTOS  DEL  RECURSO   

          Destaca  en  primer  lugar  el recurrente que la mora en el fallo se  debió    a    “las   artimañas”   del  procesado  y  la  defensa,  a  la  complejidad  del caso y a la  acumulación  de  varias  denuncias  “las cuales por  lógica se tramitaron en forma independiente”.   

Así  mismo,  observa  que  el  juzgado  de  conocimiento   violó   los   términos   para  resolver  pruebas  y  emitir  el  fallo.   Adicionalmente, indica que la declaratoria de prescripción no fue  objeto  del recurso de casación, se trata de un punto de nuevo y, por lo tanto,  “no  es  de buen recibo esta decisión, pues a pesar  de  existir  fallo  o sentencia de los delitos que se investigaron, los recursos  de  ley  son de obligatorio otorgamiento, siendo procedentes si se interponen en  legal  forma, con el ánimo de ser variadas las decisiones Y NO con el fin de de  dilatar    la    ejecutoria    y    lograr    una   prescripción”.   

En  el  capítulo  que denomina “análisis  legal  de  los  términos”,  indica  el  impugnante  que  en  este  juicio  se  profirieron  cinco  resoluciones de acusación “cuyas  víctimas   eran  y  son  diferente  (sic)”,  sobre  las  cuales  le correspondió  conocer  al  Juzgado  52  Penal  del  Circuito,  procedimiento  que pese a estar  acumulado,  “la  etapa  de  pruebas se adelantó por  separado”,  con  lo cual, según dice, se deterioró  totalmente  el  espíritu de la ley “en el sentido de  reducir  a  la mitad el término de prescripción para la etapa del juicio, pues  se  presume  que  esta  es  y debe ser más rápida”,  pero    lo    cierto    fue   que   le   acumulación   dejó   sin   piso   esa  aspiración.   

A renglón seguido, precisa el impugnante que  cuando  el  expediente llegó a la Corte con el objeto de resolver el recurso de  casación    “la   sentencia   ya   se   encontraba  ejecutoriada”,  por  cuanto  el  artículo  205  del  estatuto  procesal  penal señala que dicho medio de impugnación procede contra  sentencias  ejecutoriadas  y, a su vez, el 187 del mismo ordenamiento dispone en  su  inciso  segundo  que  la  providencia  por  medio  de la cual se resuelve el  recurso  de  apelación adquiere esa connotación el día en que es suscrita por  el funcionario correspondiente.   

De  ahí infiere que la sentencia objeto del  recurso   extraordinario   ya  se  encontraba  ejecutoriada  y  por  tal  razón  “no es procedente su variación;  salvo haberse  interpuesto  demanda  de  casación  en tal sentido (prescripción de la acción  penal) lo cual no se hizo”.   

Reitera, a continuación, que en este proceso  es     evidente    que    el    procesado    y    su    defensor    “auspiciado    por    el    juzgado    del   juicio”,   con   su   conducta   permitieron   que  la  audiencia  pública  se     extendiera   en  varias  sesiones,  para  lo  cual  pretextaron  “disculpas  y  artimañas”,  tales  como enfermedad del sindicado, cambio de  defensor,  cambio  de juez, muerte del padre del sindicado; a lo que se suma que  sus  intervenciones  fueron  extensas  y  en  ellas  expusieron  argumentaciones  totalmente ajenas a los hechos objeto de investigación.   

Puntualiza que para decretar la prescripción  “es  necesario  determinar que la tardanza o mora en  el  fallo  o  sentencia  debe ser dada por causas o motivos totalmente ajenos al  sindicado,   y  si  es  así  estos  términos  deben  descontasen  (sic),  lo mismo la complejidad del asunto  y  la  acumulación de Resoluciones de   Acusación presentadas (cinco  (5))”.   

Agrega  que  también  es  preciso  tener en  cuenta  lo  previsto  en  el  artículo  120  del estatuto procesal civil, en su  inciso  cuarto,  según  el  cual  mientras  los  expedientes  se  encuentren al  despacho  no correrán términos y como en este caso el proceso estuvo allí por  un  tiempo considerable para fijar fechas y emitir la sentencia correspondiente,  situación   que   fue   totalmente   ajena   a   las   víctimas   “quienes   junto   con   el   suscrito  hemos  estado  prestos  al  cumplimiento  de la citaciones y términos del procedimiento dado”,   es   necesario   descontar   ese   lapso   del  cómputo  de  la  prescripción.   

A  manera de conclusión, sostiene que si se  hubieran  tenido  en  cuenta  las  causas  de  la  morosidad  por  las maniobras  dilatorias  del procesado y su defensor, las notorias e injustificadas pérdidas  de  tiempo en cada una de las sesiones de audiencia pública, la acumulación de  procesos  y si se hubieran analizado “las condiciones  económicas  de  los estafados”, así como los graves  daños  que  el  delito les produjo, e igualmente el contenido de los artículos  187  y  205  estatuto  procesal  penal  y  el 120 del ordenamiento procedimental  civil,  cuyo cumplimiento es inmediato, de conformidad con lo previsto en el 6°  ibídem,   no  se  hubiera  contado     con     argumentos     “justificables”    para    decretar    la  prescripción.   

Con sustento en lo anterior, solicita reponer  la  providencia  impugnada,  para  que  en su lugar se confirme integralmente la  sentencia dictada por el Tribunal.    

  CONSIDERACIONES DE LA SALA     

          Impera  precisar,  en  primer término, a fin de resolver el recurso  de  reposición  promovido por el apoderado de la parte civil en representación  de    Enemías   Bohórquez   Cañón   y  Luz Estella Gómez Cardona contra  la  decisión  del  pasado  9 de febrero de la anualidad que  corre,  por  cuyo  medio  se decretó la cesación de procedimiento en favor del  procesado    HERNÁN    AGUSTO   RODRÍGUEZ   DONADO  por  prescripción  de la acción penal adelantada por  el   delito   de   estafa  agravada  en  donde  aparecían  como  víctimas  los  mencionados,  lo  que  la  Sala  ha señalado reiteradamente en relación con la  naturaleza  del  fenómeno  aludido,  por lo que bien está traer a colación un  precedente sobre el particular:   

         “La  prescripción  de  la  acción  penal  es  una  de las causas  objetivas  de improseguibilidad de la acción penal que, en virtud del principio  de  legalidad,  conlleva necesariamente a que el respectivo funcionario judicial  proceda     a     su     declaratoria     y     consiguiente     cesación    de  procedimiento.   

Frente   a  esas  circunstancias  deviene  improcedente  cualquier  pronunciamiento  diferente  al  de  reconocer  que  por  haberse  cumplido  el  máximo  de  la  sanción  imponible  al respectivo hecho  punible,  el  Estado  no  puede  continuar  con  su  potestad  punitiva. Una tal  determinación   no   implica   el   análisis   de   fondo  del  proceso,  como  equivocadamente  lo  asegura  el  libelista, sino la simple verificación de los  términos  transcurridos,  bien a partir de la fecha en que se produjo el hecho,  o,  como  en  este  caso,  a  partir  de  la  ejecutoria  de  la  resolución de  acusación”1. (subrayas fuera de texto).   

          Significa  lo  anterior  que  por  ser la prescripción un fenómeno  meramente  objetivo,  en el evento de verificarse ya sea en la etapa instructiva  o  en  la  del  juzgamiento,  incluyendo  desde  luego  el  trámite del recurso  extraordinario  de  casación,  a la autoridad judicial no le asiste alternativa  distinta  a  la de decretarla debiendo proceder así oficiosamente, esto es, aun  si  no  media  petición  elevada  por  alguno  de los sujetos procesales en tal  sentido,  pues   con  su  advenimiento es claro que para el Estado decae su  ius  puniendi, entendido por  tal  el  derecho  constitucional  que lo faculta para adelantar la acción penal  dentro de los límites mismos establecidos en la ley.   

          Por  consiguiente,  consideraciones como las que alude el recurrente  en  el  sentido de que la Sala al adoptar dicha determinación no tuvo en cuenta  que  el  procesado  y  su  defensor en el decurso de la actuación desarrollaron  maniobras     dilatorias,     que     califica     incluso    de    “artimañas”  tendientes a conseguir la  prescripción  en  la  fase del juicio, y en punto de la actitud del funcionario  judicial  a  cuyo  cargo  se  encontraba el juzgamiento porque en su criterio se  prestó   para  tales  actuaciones  al  acceder  a  las  reiteradas  solicitudes  presentadas  por  aquellos,  podrían  dar  lugar a una eventual responsabilidad  penal  o  disciplinaria  respecto  de  tales  sujetos en cuanto hipotéticamente  habrían  faltado  con el deber de lealtad que se les exige en su comportamiento  procesal,  pero  no  constituyen  factor  que  incida  en el decreto de la   prescripción de la acción penal.   

          Ciertamente,   la  Corporación  ha  sido  igualmente  enfática  en  advertir  que los únicos aspectos con incidencia en el cómputo del término de  prescripción  son  los  previstos  en  la  misma  ley,  tanto por razón de los  términos  allí  consignados  para  realizar el cómputo, o de otros tales como  que  el delito hubiera sido cometido en el exterior o que lo fue por un servidor  público  en  ejercicio  de sus funciones o de su cargo o con ocasión de ellas,  contemplados  estos  últimos  en  los artículos 81 y 82 del Decreto Ley 100 de  1980,  en  vigor para la fecha de comisión de los hechos por los que se procede  y,  de  igual  manera, en los incisos quinto y sexto de la Ley 599 de 2000, pero  las  situaciones  alegadas por el impugnante a las que se ha hecho referencia no  tienen  los  efectos  que les otorga para influir en el acaecimiento del aludido  fenómeno.       

          Así  pues,  otros  aspectos  que  plantea el recurrente en el mismo  sentido,  los  cuales tienen que ver con que no se tuvo en consideración por la  Corte  la  complejidad  del  asunto,  que  las  intervenciones en las audiencias  fueron  demasiado extensas, lo que igual ocurrió con la práctica de pruebas en  esta  etapa  procesal,  que se trató de una acumulación de causas y que con la  prescripción   decretada  se  produjo  grave  perjuicio  a  las  víctimas  que  representa,  es  preciso acotar lo mismo señalado en precedencia, es decir, que  no  son  circunstancias que el legislador haya previsto como determinantes en el  cómputo de la prescripción.   

Ahora  bien, en lo que toca específicamente  con  que  el  proceso  se  tramitó  en  la fase del juicio bajo la figura de la  acumulación  de  causas  contemplada  en  el Decreto 2700 de 1991, es necesario  acotar  que ello no tiene mayor incidencia en el cómputo de la prescripción de  la  acción  penal  para  la  fase  del  juicio,  en  la  medida  en  que  ésta  procede    de  forma  individual  para  cada  delito,  a  la luz de lo  estipulado  en  el  artículo  85  del  Decreto  Ley 100 de 1980 y, en idéntico  sentido  en  el  84  de  la  Ley  599  de  2000,  al  indicarse que “cuando  fueren varias las conductas investigadas y juzgadas en un  mismo  proceso,  el  término  de prescripción correrá independientemente para  cada una de ellas”.   

Esa fue la razón precisamente para que en la  providencia   impugnada  se  decretara  la  prescripción  respecto  de  algunas  acciones  penales  y  no en relación con todas, pues no obstante tratarse de la  misma  imputación  delictiva  (estafa  agravada  por  la  cuantía),  sólo  se  consolidó  respecto de aquellas en las cuales a partir de su interrupción, con  la  resolución  de  acusación debidamente ejecutoriada, transcurrió el tiempo  establecido  legalmente  y,  como  quiera  que  tal  situación  se verificó en  diversas  fechas,  el  análisis  se  efectuó  de  manera  individual,  con  el  resultado  de  que  únicamente se configuró en cuanto a las conductas en donde  resultaron  como  víctimas Enemías Bohórquez Cañón  y Luz Estella Gómez Cardona,  a quienes representa el aquí impugnante.   

          Arguye  igualmente  el  recurrente  que  en  el  evento que ocupa la  atención  de  la Sala no ha debido decretarse la extinción de la acción penal  por  prescripción  puesto  que la sentencia de segunda instancia contra la cual  se  interpuso el recurso extraordinario estaba ejecutoriada antes de llegar a la  Sala  para  resolverlo,  como  así lo infiere de los artículos 205 y 187 de la  Ley 600 de 2000.   

Con respecto a la primera preceptiva referida  por  el  impugnante, la cual efectivamente aludía a que el recurso de casación  procedía   contra   sentencias   “ejecutoriadas”,  de  conformidad  con  la  subrogación  que  operó  del artículo 218 del Decreto 2700 de 1991 por el 1°  de  la  Ley  553  de 2000 y cuyo texto posteriormente reprodujo el 205 de la Ley  600  de  2000,  se  tiene  que dicha expresión fue declarada inexequible por la  Corte  Constitucional  mediante  la  sentencia  C-252 del 28 de febrero de 2001,  motivo  por  el cual el argumento del impugnante orientado a que la sentencia de  segunda  instancia objeto del recurso de casación ya se encontraba ejecutoriada  porque así lo expresaba tal norma queda sin soporte alguno.   

   

Ahora bien, en punto de la segunda normativa  referida  por  el  impugnante,  esto es, el artículo 187 de la Ley 600 de 2000,  tampoco  es  cierto  que  determine  la  ejecutoria  de  la sentencia de segunda  instancia,  pues  la Corte Constitucional en sentencia C-641 del 13 de agosto de  2002,  declaró  la  exequibilidad  condicionada  de  la frase contenida en este  artículo,    en    cuanto    a     que   las   providencias   “quedan  ejecutoriadas  el  día  en  que  sean  suscritas  por el  funcionario  correspondiente”,  a  la  cual alude el  inconforme  para  sentar  su  conclusión, bajo el entendido, se señala por esa  Corporación  de  que “los efectos jurídicos se surten  a  partir  de  la notificación de las providencias”,  ello, con el fin de garantizar el principio de publicidad.   

De  esta  manera,  la  sentencia  de segunda  instancia  no  cobra  ejecutoria  sino hasta tanto haya transcurrido el término  dispuesto  en  el  artículo  223  del  Decreto  2700  de  1991  de “quince   (15)   días     siguientes   a   la   última  notificación”  previstos para interponer el recurso  extraordinario  de  casación,  norma  que,  como  lo  ha  establecido  la Sala,  revivió  en  virtud  de la declaratoria de inexequibilidad del artículo 210 de  la        Ley        600        de        20002,  establecida  en  la referida  sentencia C-252 de 2001.   

Y, en los casos en que durante este término  se  haya  interpuesto  recurso  extraordinario  de casación, como ocurre con el  caso  que  concita  la  atención  de  la Sala, es claro que la ejecutoria de la  sentencia  se  posterga hasta que se adopte una decisión en relación con dicho  recurso.   

De  conformidad con lo expuesto, oportuno se  ofrece  precisar  que  no  le asiste razón al impugnante al sostener que no era  viable  decretar  la prescripción por cuanto la sentencia objeto del recurso se  encontraba   ejecutoriada   y   por   lo  tanto  era  inmodificable.     

También  sostiene  el recurrente que no era  procedente  el  decreto  de prescripción porque de acuerdo con el inciso cuarto  del     artículo    120    del    estatuto    procesal    civil    “mientras  el  expediente  esté  al  despacho  no  correrán  los  términos”, pero fácil se advierte que ésta es una  norma  inaplicable  para  el  presente  procedimiento,  pues no se verifican los  presupuestos  previstos  para  que opere el principio de remisión consagrado en  el  artículo  23  del  estatuto  adjetivo penal, según el cual en “aquellas  materias  que  no  se  hallen expresamente reguladas en  este  Código  son  aplicables  las  disposiciones  del Código de Procedimiento  Civil  y  de  otros ordenamientos, siempre que no se opongan a la naturaleza del  proceso penal”   

Pues  bien,  en  primer  lugar,  se  impone  razonable  colegir  que no es necesario acudir a tal preceptiva del ordenamiento  procesal   civil,  porque  en  relación  con  la  materia  específica  de  los  “términos”  no  existe  ningún  vacío  normativo que así lo requiera. En  efecto,  la  codificación  procesal penal regula ampliamente dicha temática en  todo     un     capítulo     (capítulo    IV    del    Título    ibídem, comprendido de los artículos 161  y  168)  y,  por  consiguiente,  no hay vacío que necesite complementación con  normas supletorias de otros ordenamientos.   

En  segundo  lugar,  es evidente que una tal  disposición  riñe  totalmente con la naturaleza del proceso penal, en especial  porque   respecto   de   esta  materia  obran  postulados,  como  el  de  la  no  interrupción  de  los  términos,  contemplado en el artículo 162, con algunos  efecto  especiales  señalados a lo largo del mismo ordenamiento, como cuando se  refieren  a  la  libertad del procesado, que harían inconcebible su suspensión  sólo  porque  el  proceso  se  encuentre  al  despacho, y el de su suspensión,  según  el  cual  se prevé exclusivamente para los casos de fuerza mayor o caso  fortuito,  más  los días inhábiles en la etapa del juzgamiento, a tenor de lo  regulado   en  el  artículo  166  ibídem.   

Lo  anterior  permite inferir que por manera  alguna  es aplicable el precepto del ordenamiento adjetivo civil referido por el  impugnante  con  el  objeto  de que se revoque la prescripción reconocida en el  auto recurrido.   

          Por  consiguiente, como ninguno de los postulados en que se sustenta  el  recurso  interpuesto  contra el auto impugnado tiene la entidad de modificar  la decisión adoptada, no se repondrá.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

NO   REPONER  la  providencia  de  febrero  9  del  año en curso, por las razones expuestas en la  anterior motivación.   

              Contra esta providencia no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE   PORTILLA   

Permiso  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

Excusa justificada  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Auto  de fecha marzo 11 de 2003, rad. 20042.   

2 Auto  de fecha octubre 22 de 2001, rad. 18631.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *