24161(29-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24161  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta No. 61                                         Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C.,  veintinueve de junio de  dos mil seis.    

Se  pronuncia  la  Corte  sobre la acción de  revisión    promovida   por   el   apoderado   del   sentenciado   Julio  César  Vélez  Trillos  contra las  sentencias  de primera y segunda instancia proferidas por el Juzgado Sexto Penal  del  Circuito  de  Cúcuta  y  el Tribunal Superior de la misma ciudad, de 28 de  octubre  de 1993 y 19 de enero de 1994,  respectivamente, y de casación de  12  de octubre de 1999, mediante las cuales fue condenado a la pena principal de  18   meses   de  prisión  y  multa  de  $10.0000,  como  autor  del  delito  de  estafa.     

Hechos.  

El   fallo   de  casación  los  sintetizó  así:   

“En diciembre de 1987, el Instituto Nacional  de  Transporte (Intra) de Barranquilla giró el cheque No.3080685 por la suma de  $42.057.99  de  la  cuenta  corriente  No.401-03344-9 del Banco del Estado de la  misma   ciudad,   para   cancelar   la   prima   de   navidad   de  Luis  Baldomero Zapata. Este instrumento lo  hizo  efectivo  Teodoro  De  La Cruz Rada,  el  4  de  diciembre, en virtud de endoso que le hiciera el primer  beneficiario.   

“El  mismo  día, en la ciudad de Cúcuta y  casi  sobre  las cuatro de la tarde, un cheque con el mismo número, de la misma  cuenta  corriente  y  supuestamente  girado  por el mismo Intra de Barranquilla,  pero     por     valor     de     $14’520.000  fue  consignado  en  la cuenta corriente No.510-02504-2 del  Banco  del  Estado, perteneciente a Julio César Vélez  Trillos   y  abonado,  habiendo  el  citado  ciudadano  trasladado   de   esta  cuenta,  mediante  el  cheque  No.4786688,  la  suma  de  $14’000.000 a la cuenta de  ahorros 510-02504-02 del Banco de Crédito y Comercio.   

“Posteriormente se demostró la falsedad del  cheque    consignado    por    Vélez   y  supuestamente girado a su nombre por el Intra de Barranquilla, ya  que  era  duplicado  del  auténtico  y  presentaba  los  sellos  y  las  firmas  apócrifos”.   

Actuación      procesal.   

1. El 10 de abril de 1992, el Juzgado Séptimo  de  Instrucción Criminal de Cúcuta calificó el mérito probatorio del sumario  con  resolución  de  acusación  contra  Julio César  Vélez  Trillos por el delito de estafa, descrito en el  artículo  356 del Decreto 100 de 1980, agravada por razón de la cuantía y por  haber  recaído  la  conducta  sobre  bienes  del Estado, de conformidad con las  previsiones  contenidas  en  los  numerales 1° y 2° del artículo 372 ejusdem.  Esta  decisión  causó  pacífica  ejecutoria en primera instancia el    30    de    abril    de    19921.   

2.  Rituado el juicio, el Juzgado Sexto Penal  del  Circuito  de Cúcuta, mediante sentencia de 28 de octubre de 1993, condenó  a    Julio   César   Vélez   Trillos   a  la  pena  principal  de  18 meses de prisión y $10.000 de multa,  como  autor  responsable  del  delito  imputado  en  el  pliego  de cargos, y la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  tiempo      de      la      pena      aflictiva2.  El  Tribunal, al revisar por  vía  de  apelación  este  fallo,  lo confirmó sin modificaciones, mediante el  suyo     de     19     de     enero    de    19943.  La  defensa  recurrió  sin  éxito  en  casación,  pues  la  Corte, en decisión de mérito de 12    de   octubre   de   1999,   mantuvo  inmodificable      el      fallo      impugnado4,   y   ordenó   devolver  de  inmediato  el  proceso a la oficina de origen, para su cumplimiento.     

Demanda     de    revisión.   

Se sustenta en la causal 2ª del artículo 220  del  estatuto  procesal  penal  (ley  600  de  2000), que autoriza la acción de  revisión  cuando  se haya dictado sentencia condenatoria o se imponga medida de  seguridad   en   proceso   que  no   podía  iniciarse  o  proseguirse  por  prescripción,  por  falta de querella o petición válidamente formulada, o por  cualquier otra causal de extinción de la acción penal.   

Sostiene  el  accionante que el delito por el  cual   fue   condenado  Julio  César  Vélez  Trillos  prescribió  antes  de  que  la sentencia de casación  dictada   por  la  Corte  cobrara  ejecutoria,  porque  esta  decisión  no  fue  notificada  como  lo  disponía  el  artículo  186  del estatuto procesal penal  entonces  vigente (Decreto 2700 de 1991), y  que  al  no  cumplirse  esta  exigencia  procesal,  el  fenómeno  prescriptivo   sobrevino   inevitablemente,   consolidándose   el  30  de  octubre  de  1999,  antes de que el  proceso  fuera  recibido  en  la  Secretaría  del  Tribunal,  a donde llegó el  16 de noviembre de 1999.   

Explica  que el delito de  estafa  agravada,  tenía adscrita, para la época de los hechos, pena privativa  de  la libertad máxima de 15 años, por lo que su prescripción, en la fase del  juicio,  se  reducía a 7 años y 6 meses, contados a partir de la ejecutoria de  la  resolución de acusación. En el caso analizado la acusación causó firmeza  el  30  de  abril  de  1992,  de  suerte  que  contados  a  partir   de  entonces  los  7  años  y  6  meses,  se  obtiene  como  fecha  de  prescripción   el   30  de  octubre  de 1999, momento para  el   cual   la  decisión  de  la  Corte  (de   12  de  octubre   de   1999)  no  se  encontraba   ejecutoriada,   por   no   haber  sido  notificada  a  los  sujetos  procesales.    

Precisa que el artículo 186 del Decreto 2700  de  1991  imponía notificar, entre otras providencias, la que negaba el recurso  de  casación,  y que si bien es cierto el artículo 197 ejusdem incluía dentro  de  las  decisiones  que  quedaban ejecutoriadas con la firma la que decidía el  recurso  de  casación  (salvo  cuando  se  sustituyera  la sentencia objeto del  mismo),   había   que   entender,  dentro  del  marco  de  una  interpretación  sistemática,  que  solo  producía  efectos  a partir de su notificación a las  partes,  como  se  infería  de  lo  dispuesto en el artículo 186 citado.    

Argumenta  que  el  artículo  176  del nuevo  estatuto  procesal  (ley  600  de  2000),  excluyó  del listado de providencias  notificables  la  que niega el recurso de casación, razón por la cual la Corte  Constitucional,   al   revisar  la  exequibilidad  del  artículo  187  ejusdem,  precisó,  en sentencia C-641 de 2002, que la norma era constitucional en cuanto  disponía  que  la  decisión quedaba ejecutoriada con la firma del funcionario,  pero  que la ejecutoria de dichas decisiones no producía efectos mientras no se  surtiera la notificación.   

Transcribe, en apoyo de su pretensión,   apartes  de  la  decisión  de  la  Corte  de  29  de julio de 1997 (revisión  11519),  relacionada  con  la  procedencia  de  la  causal alegada cuando el fenómeno prescriptivo opera en el  proceso  de  ejecutoria  del  fallo  definitivo,  y solicita a la Corte declarar  fundada  la  causal  invocada,  y en consecuencia, disponer la cesación de todo  procedimiento   contra  Julio  César  Vélez  Trillos  por el delito por el cual fue condenado.   

Para  demostrar  los  hechos  básicos  de su  pretensión  adjuntó  copia  de  los  fallos  de  instancia  y  de casación, y  certificación  del  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de la ciudad de Cúcuta  donde  se hace constar (1) que el fallo de casación  no se notificó a los  sujetos  procesales,  (2)  que  en la parte final del mismo se lee “cópiese y  devuélvase  a  la  oficina  de  origen”,  y  (3)  que el Tribunal Superior de  Cúcuta,  mediante  auto  de  16  de noviembre de 1999, declaró ejecutoriada el  fallo de casación y remitió el expediente al juzgado de origen.   

Trámite     de     acción.   

Por  auto  de  18  de  octubre  2005 la Corte  admitió  la  demanda  de  revisión y solicitó el original del proceso para su  trámite.  Cumplida la notificación de este auto y recibido el expediente en la  secretaria,  se  abrió  a  pruebas por el término de 15 días, período dentro  del  cual  las  partes  no  hicieron  uso  de dicho derecho. En vista de ello se  ordenó  correr  traslado  a  los  sujetos procesales para alegaciones de fondo.   

Alegatos    de    conclusión.   

1.    De   la  Delegada.   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Investigación  y  el  Juzgamiento  Penal se opone a la prosperidad de la causal  invocada.   Sostiene,   apoyado   en  un  antecedente  jurisprudencial  de  esta  Sala5,  que  la sentencia de casación que puso fin al proceso en el caso  analizado  fue  suscrita  por  los Magistrados el 12 de  octubre  de  1999,  y  que ese día, por tanto, cobró  ejecutoria,  tornándose  intangible,  pues  para  esa  fecha  no había operado  todavía fenómeno de la prescripción.     

2.     Del  sentenciado.   

Reitera  los  argumentos  planteados  en  la  demanda  e  insiste  en  que  se  declare  la prosperidad de la causal invocada.  Sostiene  que  si  bien  es  cierto  la sentencia de la Corte se dictó el 12 de  octubre  de  1999,  cuando no había operado todavía el fenómeno prescriptivo,  también  lo  es  que  entre  la  fecha  de  la  decisión y la de prescripción  (30  de  octubre de 1999) no  medió  notificación  ni  comunicación  a  los  sujetos procesales, y que esta  omisión  determinó  que  la  acción  prescribiera  antes  de  ser recibido el  proceso en el Tribunal Superior.   

   

3.    De   la  defensa.   

Argumenta  que  la  decisión  oportuna  del  recurso  de  casación  por  parte  de  la  Corte,  no agotaba el debido proceso  casacional,  y  que  mientras  no  se  produjera  su notificación a los sujetos  procesales,  la decisión tomada carecía de eficacia jurídica, y no podía ser  exigible  al  acusado.  Esta falta de notificación pretendió ser enmendada por  el  Tribunal,  pero para entonces el fenómeno prescriptivo ya había operado, y  cualquier pretensión de corrección resultaba extemporánea.   

4.  De la apoderada de la parte civil.   

Se  opone  a  la  prosperidad  de la acción.  Después  de  referirse  a  las  tesis  planteadas por la Sala mayoritaria y los  Magistrados  disidentes  en  la  sentencia  de  la Corte constitucional C-641 de  2002,  y  en  la decisión de esta Sala de 22 de septiembre de 2000 (Revisión  20818), sostiene que el   caso  analizado no puede resolverse bajo la perspectiva de la sentencia C-641 de  2002,  y  que del trámite procesal surge incontrastable que la sentencia cobró  ejecutoria  el 12 de octubre de 1999, cuando fue suscrita por los Magistrados de  la Sala.   

SE        CONSIDERA:     

1.           Competencia.   

En  el caso analizado la sentencia de segunda  instancia  fue dictada por un Tribunal Superior y luego revisada por la Corte en  sede  de casación. Por consiguiente, la corporación es competente para conocer  de  la  acción  instaurada, de conformidad con establecido en el artículo 75.2  del  Código de Procedimiento Penal (ley 600 de 2000).   

2.   Presupuestos  sustanciales de la causal alegada.   

Se plantea la causal segunda del artículo 220  del  estatuto  procesal penal, consistente en haber sido dictada la sentencia en  un  proceso  que  no  podía  iniciarse  o  proseguirse  por prescripción de la  acción  penal. Dos presupuestos básicos se requieren para la configuración de  esta  causal:  (1)  Que  la acción se dirija contra una sentencia condenatoria,  aspecto  que  no admite discusiones en el caso analizado; y (2) que el fenómeno  prescriptivo  se  consolide  antes de la ejecutoria de la sentencia que pone fin  al   proceso6.   

3. Fundamentos de la  demanda.   

La  acción  promovida  se  sustenta  en  la  afirmación  de  que  el delito por el cual fue juzgado y condenado el procesado  (estafa     agravada),  prescribió  antes  de que el fallo de casación de la Corte causara ejecutoria,  porque   esta   decisión   solo   adquiría  firmeza  con  la  notificación  o  comunicación   a   los   sujetos   procesales,  y  para  el  día  19  de  octubre  de  1999, fecha en que se  cumplió   el   término   prescriptivo,   dicha  formalidad  no  había  tenido  realización.     

4.  Definición del  caso.    

4.1.  La  prescripción  de  la acción penal  opera  en un tiempo igual al máximo de la pena fijada para el delito por el que  se  procede si no media resolución de acusación ejecutoriada, y en la mitad de  este  término cuando existe acusación, contados a partir de su ejecutoria, sin  que  en  ningún caso pueda ser inferior a cinco (5) años ni superior de veinte  (20)7.    

4.2.  Julio  César  Vélez  Trillos  fue juzgado y condenado por el delito  de  estafa  agravada,  conforme  a  lo dispuesto en los artículos 356 y 372 del  estatuto  procesal  penal, normas que preveían pena privativa de la libertad de  1  a  10  años  de  prisión,  aumentada  de una tercera parte a la mitad. Esto  quiere  decir  que la pena máxima imponible para este delito era de 15 años, y  que  el  término  de  prescripción  en  la etapa del juicio correspondía a la  mitad  de  este  quantum,  es  decir,  siete (7)   años y seis (6)  meses.    

4.3.  La  resolución  de  acusación  en  el  presente  caso  causó ejecutoria el  30 de abril  de  1992.  Contabilizados desde entonces los siete (7)  años  y  seis  (6)  de  meses  del  término  prescriptivo,  se concluye que se  cumplían   30  de  octubre  de  1999,  fecha  para  la  cual  la  Corte  ya  había  decidido el recurso de  casación,  pues  su pronunciamiento tiene fecha 12 de  octubre  de  1999,  según se dejó visto.     

4.4.  El  argumento medular de la pretensión  rescisoria  lo constituye la afirmación de que la ejecutoria de la sentencia de  casación  presuponía  no  solo  su  suscripción  por  los  magistrados que la  aprobaron,  sino  su  notificación  a los sujetos procesales, de acuerdo con lo  dispuesto  en  el  artículo 186 del estatuto procesal penal y lo resuelto en la  sentencia  constitucional  C-641  de  2002,  y como este segundo requisito no se  cumplió,   no   adquirió   firmeza,   por   lo  que  la  prescripción  devino  inevitablemente el 30 de octubre de 1999.   

4.5. La primera afirmación, referida a que la  ejecutoria  del  fallo estaba supeditada al cumplimiento de dos condiciones, (1)  que  fuese  suscrito  por  los Magistrados de la Sala, y (2) que se notificara a  los  sujetos  procesales,  carecen  de  sustento jurídico. El artículo 197 del  Decreto  2700 de 1991, norma que regulaba lo concerniente a la ejecutoria de las  providencias  en materia penal cuando se inició, tramitó y definió el proceso  adelantado contra el accionante, disponía:   

“Ejecutoria de las  providencias.  Las  providencias  quedan ejecutoriadas  tres  (3)  días después de notificadas si no se han interpuesto los recursos y  no  deban ser consultadas. La que decide el recurso de  casación,  salvo  cuando  se  sustituya  la sentencia  materia  del  mismo, la que lo declara desierto, y las que deciden la acción de  revisión,  los  recursos  de  hecho,  o  de  apelación  contra  las sentencias  interlocutorias,  quedan ejecutoriadas el día en que  sean   suscritas   por   el   funcionario  correspondiente”.    

4.6. En torno al alcance de esta disposición,  la  Corte ha precisado que la expresión la que decide  el  recurso  de  casación… queda ejecutoriada el día en que sea suscrita por  el   funcionario   correspondiente,   indica  que  la  pretensión  del  legislador  fue  vincular  el  momento  de la ejecutoria de la  sentencia  con  el  acto  de  suscripción  de  la  de la misma por parte de los  Magistrados,         debiéndose         entender        por        suscripción,  la  puesta  de la firma al  pie   o  al  final  del  escrito  que  la  contiene8.   

4.7. Dicha norma no exigía, como lo pretende  mostrar  el  demandante,   que  además de la imposición de la firma fuese  necesaria  su  notificación  de  las  partes  para  que la decisión adquiriera  firmeza,  ni del contexto de la normatividad procesal surgía que lo dispusiera.  Todo  lo contrario, una lectura desprevenida de la disposición permite advertir  que   en   ella   el   legislador   previó   dos   modalidades  de  ejecutoria,  inequívocamente  diferenciadas,  una  vinculada  al  acto  de  la notificación  (primera     parte    del    precepto),  para  las  decisiones  impugnables, y otra asociada al acto de la  suscripción  (segunda  parte  de  la  disposición),  para   las   decisiones   inimpugnables.    

4.8. Esta diferenciación muestra con absoluta  claridad  que  el  legislador  en  ningún  momento tuvo en mente exigir para la  ejecutoria  de  las providencias expresamente enumeradas en la segunda parte del  precepto,  los  requisitos   de  suscripción  y notificación, como sí lo  imponía  para  las  primeras,  sino  eliminar  para  ellas  la  exigencia de la  notificación  como  presupuesto  de  ejecutoria.  De  no haber sido, sino de la  manera   como   lo  entiende  el  demandante,  la  segunda  parte  del  precepto  resultaría  ociosa, como que en ella se estaría disponiendo lo mismo que en la  primera parte de la disposición.   

4.9.  Para  la Sala resulta indiscutible, por  tanto,  frente al contenido del  artículo 197 del Decreto 2700 de 1991, ya  visto,   que   la  sentencia  que  decidía  el  recurso  de  casación  quedaba  ejecutoriada  el  día que era suscrita por los Magistrados que intervinieron en  su  aprobación,  cuando no sustituía la que era objeto del mismo, y por tanto,  que  es  esa  la  fecha  que debe ser tenida en cuenta como referente para estos  concretos    efectos,    con   independencia   de   la   notificación   de   la  decisión.        

4.10. La referencia que el demandante hace al  artículo  186  ejusdem,  en  procura  de  encontrar  sustento  a  su  tesis, es  impertinente,  porque  si  la decisión causaba firmeza con la imposición de la  firma,  la  circunstancia de que hubiese sido o no notificada ninguna incidencia  podía  tener  sobre  la  ejecutoria,  por  tratarse  de  un  hecho  procesal ya  cumplido.  Esta  la  razón  para  que  la  Corte  prohijara  la tesis de que la  notificación  resultaba  innecesaria, criterio que se sustentó, además, en la  consideración  de  que  contra  esta  clase  de decisiones no procedía recurso  alguno,  y  que  habiendo  adquirido  ejecutoria  con  la firma, lo indicado era  proceder a su ejecución inmediata.        

4.11.  Cierto es, de otra parte, que la Corte  Constitucional,  al  revisar la exequibilidad del artículo 187 de la ley 600 de  2000,   condicionó   la   constitucionalidad   de  la  expresión  quedan   ejecutoriadas  el  día  en  que  sean  suscritas  por  el  funcionario  correspondiente  al  entendido de que sus  efectos  jurídicos  solo  se  surtían  a  partir  de  la  notificación  de la  providencia                respectiva9,  pero esta decisión no tiene  aplicación  para  el  caso  que  viene siendo estudiado, por ser posterior a la  culminación  del proceso cuya revisión se solicita, y estar además referida a  una  norma  distinta  de  la  que  rigió  la  notificación  de la sentencia de  casación      proferida     en     el     mismo10.   

4.12.  Lo  expuesto  permite  concluir que la  sentencia  de casación dictada dentro del proceso seguido contra el accionante,  por  el  delito  de estafa, causó ejecutoria el 12 de  octubre  de  1999,  día  en  que fue suscrita por los  Magistrados  de  la  Sala,  y  que el fenómeno jurídico de la prescripción no  alcanzó  a  operar, dado que para entonces no habían transcurrido todavía los  siete  (7)  años y seis (6) meses necesarios para su consolidación, por lo que  la  causal  de revisión que ha sido invocada en procura de lograr la rescisión  del fallo, resulta infundada.        

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Declarar infundada la  causal  de  revisión que se aduce por el apoderado del sentenciado Julio César Vélez Trillos.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PEREZ                   ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

Permiso  

MARINA        PULIDO        DE  BARON                    JORGE L. QUINTERO MILANES   

JAVIER  DE  J.  ZAPATA  ORTIZ   

Teresa     Ruiz  Núñez   

SECRETARIA  

    

1  Folios 276-291, 292 y 294 del cuaderno original 1.   

2  Folios 393-403 ídem.   

3  Folios 5-18 del cuaderno del Tribunal.   

4  Folios 42-63 del cuaderno de casación.   

5  Revisión 20818 de 22 de septiembre de 1005.   

6 Cfr.  Revisión  11519  de  29  de  julio  de  1997,  Magistrado  Ponente Dr. Fernando  Arboleda Ripoll.   

7  Artículos  80  y  84  del  Código  Penal  de  1980,  normas bajo cuya vigencia  ocurrieron los hechos,  y 86 de la ley 599 de 2000.   

8  Revisión  20818 de septiembre 22 de 2005, citada por la Delegada y la apoderada  de la parte civil.   

9  Sentencia C-641 de 13 de agosto de 2002.   

10  Artículo  45  de  la  ley estatutaria de la administración de justicia (270 de  1996).     

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