23327(09-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23327   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta No. 128.  

         

          Bogotá   D.C.,   noviembre  nueve  (9)  de  dos  mil  seis  (2006).   

  VISTOS  

La  Sala  se pronuncia de fondo en relación  con  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor del  procesado   HERNEY   VILLADA   MONTOYA   contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Buga el  30  de  agosto  de  2004,  por  cuyo  medio  confirmó la dictada por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Cartago  el  28 de mayo del mismo año que lo  condenó   como   autor   penalmente  responsable  del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes.   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación    Penal   solicita   en   su   concepto   no   casar   la   sentencia  impugnada.   

HECHOS  

El  supuesto  fáctico  que  motivó  este  diligenciamiento    fue    resumido    por    el   ad  quem en los siguientes términos:   

          “Tuvo  su  génesis  la  investigación  con  la captura de HERNEY  VILLADA  MONTOYA,  en  cuya residencia se encontraron 23 papeletas de basuco y 3  cigarrillos   de   marihuana,   cuyo   peso  neto  era  de  8.9  y  2.5  gramos,  respectivamente,  además  de  elementos  propios  para  el  embalaje  de dichas  sustancias,  tales como una gramera y un rollo de plástico para la fabricación  de  las  bolsas.   Se  dice  en  el  respectivo  informe  policivo, que por  información   de   la   comunidad   acerca  de  que  en  dicho  sitio  vendían  alucinógenos,  dirigieron  sus  pesquisas hacia dicho lugar, con los resultados  reportados”.       

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Con  fundamento  en los hechos anteriores, se decretó a apertura de  la  correspondiente  investigación  penal,  en  cuyo marco se vinculó mediante  indagatoria   a   HERNEY  VILLADA  MONTOYA,  a  quien  se  resolvió  su  situación  jurídica  con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva sin beneficio de libertad provisional,  como posible autor del delito de tráfico de estupefacientes.   

Clausurada  la instrucción, se calificó su  mérito  el  17  de  julio de 2003 con preclusión de investigación a favor del  único  procesado,  decisión contra la cual se mostró inconforme el Agente del  Ministerio   Público,   interponiendo   en   su  contra  recurso  principal  de  reposición y subsidiario de apelación.   

Por  razón  de  lo  anterior,  la Fiscalía  mediante  proveído  de fecha agosto 6 de 2003, repuso la referida calificación  de  preclusión  y,  en  su lugar, profirió resolución de acusación en contra  del procesado por el delito que sustentó la medida detentiva.   

Contra  esta  determinación, la defensa del  sindicado  interpuso recurso de apelación, el cual se declaró desierto el 8 de  septiembre   siguiente,   por  falta  de  sustentación.       

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Cartago, despacho que una vez surtió  el  rito  legal  pertinente,  profirió  fallo el 28 de mayo posterior, por cuyo  medio  condenó  a  HERNEY VILLADA MONTOYA  a  las  penas  principales de cuatro (4) años de prisión y multa  por  valor  de  setecientos  dieciséis mil pesos ($716.000) y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  al  encontrarlo  autor  penalmente   responsable   del   delito   objeto  de  acusación.  En  la  misma  providencia,  se  abstuvo  de  condenarlo  al  pago  de perjuicios y le negó el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

La  decisión anterior fue confirmada por el  Tribunal  Superior  de  Buga, mediante fallo del 30 de agosto de 2004, contra la  cual  el  defensor  del  sindicado interpuso recurso extraordinario de casación  por la vía discrecional.   

El  2  de marzo de 2005, la Sala admitió la  demanda   de   casación  presentada  en  forma  oportuna  por  el  defensor  de  VILLADA   MONTOYA  ante  la  posibilidad  de  que en desarrollo de la diligencia de registro al domicilio del  procesado    se    hubiera    incurrido    en    vulneración    de   garantías  fundamentales.   

Durante  el curso del trámite casacional se  obtuvo el respectivo concepto del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera de  casación  prevista  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el actor formula  un  único  cargo  contra  el fallo impugnado por violación indirecta de la ley  sustancial,   derivada   de   un   error   de   derecho   por  falso  juicio  de  legalidad.   

Considera  el  demandante  que  el  yerro se  produjo   por  otorgarle  mérito  persuasivo  a  una  prueba  allegada  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  formales  exigidos  por  la  ley “específicamente  por  cuanto  condenó  al señor Herney Villada  Montoya  con  fundamento  en  un  acto  policivo  que a pesar de que se pretende  configurar  como  registro  voluntario, todos los elementos de juicio evidencian  que  se  trató de un allanamiento y por lo tanto debió practicarse obedeciendo  el     marco    legal    establecido”.     

Luego    de   transcribir   in  extenso algunos criterios doctrinales y  jurisprudenciales  acerca  de las consecuencias que acarrea la prueba ilegal, el  impugnante  refiere  al  acto  por  cuyo  medio los uniformados penetraron en la  morada  del  procesado,  procedimiento  que  se  llevó  a  cabo, agrega, sin el  cumplimiento    de   los   requisitos   que   estructuran   la   diligencia   de  allanamiento.   

Señala el casacionista que si bien se estaba  frente   a   una   situación   de   flagrancia   permanente,  ella  exigía  el  condicionamiento    de   la   percepción   ex   ante  y  no  ex  post   situación  que,  por  no  haberse  presentado,  obligaba  a  los  uniformados  a cumplir con los requisitos para que fuera viable la diligencia de  allanamiento,  previstos  en  el  artículo  294  del  estatuto  procesal  penal  “cuales  son  la  orden  en  providencia  motivada y  expedida por funcionario judicial”.   

Tal  percepción,  en  su sentir, exigía la  existencia  de  un soporte investigativo válido y con capacidad de demostrar la  información  suministrada,  en  este  caso  indicativo  de la permanencia de la  sustancia  estupefaciente en el inmueble que servía de residencia al sindicado,  de  modo  que  “tal información en primera instancia  debe  ser  corroborada mediante el seguimiento, la observación de la venta o la  percepción  de  particularidades  que  indiquen  la conservación de la materia  ilegal  en  el  inmueble,  con medios probatorios idóneos, es decir mediante el  despliegue   de   una   real   labor   de  inteligencia  policiva”,  vale  decir,  que la situación de flagrancia fuera percibida con  anterioridad.   

Si  no  se  desarrollan  tales  labores  de  investigación,   añade,   es   necesario   que  las  autoridades  cuenten  con  autorización  judicial motivada para proceder al allanamiento, porque el Estado  no  puede  penetrar  a  las  viviendas  de las personas con base en una o varias  llamadas  telefónicas,  en  tanto  puede  tratarse  de informaciones con ánimo  malintencionado.   En  esa  medida,  no resulta de recibo lo plasmado en el  informe  de  aprehensión  sobre el movimiento anormal de personas y del morador  en  la vivienda, pues de haber sido así, no se explica la razón por la cual no  se   le   hubiera   capturado  en  el  preciso  momento  en  que  comerciaba  la  droga.   

De  otra  parte,  el  demandante  expresa su  disentimiento       frente  a  la  tesis  esbozada  por  los  juzgadores  en  el  sentido  de  que el procesado otorgó consentimiento para el  registro  del inmueble, pues esa aquiescencia se dió viciada por la fuerza y el  miedo  que  sintió  “por  la sola presencia de tres  personas   armadas,   representantes   de   la   fuerza  pública”;   además,  dicho  requerimiento  en momento alguno tuvo como  objetivo  el  registro  de  la  vivienda,  como  lo  sostuvo  el procesado en su  indagatoria.   

En   todo  caso,  añade,  la  percepción  ex  ante  a  la  que  se  ha  referido,  también  es  necesaria para el registro voluntario, de suerte que el  simple  consentimiento del morador no es suficiente para autorizar el ingreso de  la fuerza pública a un inmueble privado.   

Acto  seguido, el censor indica que como los  miembros  de  la  fuerza  pública  procedieron  sin  orden escrita de autoridad  judicial  competente  “lo que se dio entonces fue una  penetración  o  registro  irregulares que estructuraron un acto de allanamiento  de  iniciativa  policiva  con  desconocimiento  y  atropello  de  todo requisito  condicionante  de  su  validez”,  circunstancia  que  constituyó  también  violación  del  artículo  28  de  la Carta Política en  relación con el derecho fundamental a la libertad personal.   

Para demostrar lo anterior, agrega, basta con  leer  el  informe de policía por medio del cual se verifica que no se desplegó  ninguna  activad de inteligencia o investigativa que precediera al procedimiento  que  reprocha,  pues la sola referencia a que se recibió una información no es  suficiente  para  dar  viabilidad  al  acto  policivo,  a  lo  que  se suman las  afirmaciones  del  procesado  en  el  sentido  de  que  en  ningún  momento fue  advertido     por     los     uniformados     sobre    la    realización    del  allanamiento.   

Con  base  en lo expuesto, solicita casar el  fallo  impugnado  y,  consecuentemente,  se “profiera  fallo  estimatorio  de  sustitución  según  la  preceptiva  legal de la causal  invocada   que   excluya   de   la   condena   de   prisión  a  HERNEY  VILLADA  MONTOYA”.     

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación   Penal   solicita  en  su  concepto  no  casar  el  fallo  objeto  de  impugnación, de conformidad con las siguientes consideraciones:   

En  lo  que  tiene  que  ver  con el aspecto  esencial  de  la censura comienza por indicar que tanto esta Sala, como la Corte  Constitucional,  han  distinguido  entre  los  conceptos  de  prueba  ilícita e  ilegal,  presentándose  la  primera  cuando  se obtiene con vulneración de las  garantías  fundamentales  de  las  personas  y, la segunda, cuando surge por el  incumplimiento   de  los  requisitos  legales  previstos  para  su  producción,  práctica  o aducción, cuya consecuencia, en los dos casos, es la exclusión de  la prueba.   

Con  base  en  los  precedentes  criterios,  observa  que el recurrente incurre en una primera imprecisión al afirmar que la  diligencia  de  allanamiento  se  llevó a cabo sin orden escrita de funcionario  judicial  porque,  a través de las diligencias, se confirma que se trató de un  registro voluntario.   

Acto  seguido,  indica  el Representante del  Ministerio  Público        que de conformidad con  el  artículo  294  de  la  Ley 600 de 2000 para la práctica del allanamiento y  registro  es necesario que se ordene mediante providencia motivada, salvo en los  casos  de  flagrancia,  en  cuyo  caso  “la policía  judicial  podrá  ingresar  sin  orden  escrita del funcionario judicial, con la  finalidad   de   impedir  que  se  siga  ejecutando  la  conducta”.   

Alude  igualmente  que el artículo 28 de la  Constitución  Política regula tres motivos que permiten el ingreso legítimo a  domicilio  ajeno, como lo son el mandamiento escrito de autoridad competente, el  cumplimiento  de  las formalidades legales y la existencia de motivo previamente  definido  en  la  ley,  previendo  a  su  vez el artículo 32 la flagrancia como  circunstancia que exime su cumplimiento.   

En  cuanto  al  caso que ocupa la atención,  puntualiza  que la motivación de la diligencia en el inmueble en donde residía  el    procesado    surgió    luego    de   haberse   establecido   “mediante  vigilancia  e  informes  de  ciudadanos,  que  allí se  dedicaban  al  expendio  de  estupefacientes,  lo que constituye un ‘estado       permanente       de  flagrancia’, que permite a  la  Policía  Judicial  efectuar  el  registro  sin  orden  escrita de autoridad  judicial”,  de  suerte  que  su  realización estuvo  orientada  a  impedir  que  el  hecho  punible  se  prolongara en el tiempo como  conducta permanente.   

Por consiguiente, enfatiza el Procurador, la  actividad  de la Policía Judicial se realizó dentro de los parámetros legales  y  constitucionales  “sin que se observe vulneración  de  garantías  y  menos  incumplimiento  de  los  requisitos  exigidos  para la  legalidad  de  la diligencia, atendiendo la flagrancia permanente que planteaban  las  pruebas  previamente  aducidas,  razón  para  desvirtuar la ocurrencia del  error de derecho que se plantea”.   

A lo anterior se suma, según el Procurador,  que  en  todo  caso  la diligencia de indagatoria confirma el relato de Policía  Judicial,  pues en ella el procesado manifestó que permitió voluntariamente el  ingreso  de los funcionarios de policía a su residencia, evento en el que no se  precisa de orden judicial, como así lo ha entendido esta Sala.   

Pero, agrega que aun admitiendo en gracia de  discusión  que  se  trató  de  una  diligencia  de  allanamiento  “tampoco  se  configura  el  requisito  de  la  orden de autoridad  judicial,  pues   como  se señaló, la circunstancia de flagrancia permite  obviar ese requisito”.   

A continuación, señala que la apreciación  del  actor en cuanto al concepto de flagrancia en el presente caso es equivocada  “pues no solo existían elementos de convicción que  jurídicamente   sustentaban  tal  procedimiento,  sino  que  además,  una  vez  practicado,  en  la  vivienda objeto de registro se encontró estupefaciente que  se  organizaba  para  la  venta, idea que se apoyó, como lo refiere la Policía  Judicial,  en  informaciones recibidas de la comunidad, y posterior seguimiento,  de  tal  suerte  que  no  hay  duda  de  la  percepción  ex ante”.   

De  ahí que, para el Procurador, considerar  que  la percepción ex ante de  la  flagrancia  tiene  que traducirse también en una orden escrita “impide  dar  aplicación  al  tratamiento diverso previsto por el  legislador,  y  lograr  el  objetivo  de  la norma, que consiste en la reacción  inmediata,  no  solo  para  lograr  aprehensión  de  evidencia, sino para hacer  efectiva  la  captura  de los autores o partícipes”;  esto,  porque  en  determinados  casos  la  misma  Carta prevé el sacrificio de  derechos  con  el  fin  de  garantizar  otros  tan  importantes  como  la  salud  pública.   

Tampoco  le resulta razonable admitir que el  incriminado  fue  constreñido  para  que  permitiera  el  acceso  a su sitio de  habitación  y  que  por  ello  la  policía  incurrió  en  un  acto arbitrario  “cuando  en  el  texto  de  la diligencia no aparece  constancia   alguna   de   la  supuesta  circunstancia  irregular”,  a  la  cual  solo  hizo alusión en la ampliación de indagatoria  posterior  con  el  objeto  de desvirtuar con argucias el sustento principal del  delito  imputado.   En  el  mismo sentido, agrega, tampoco es cierto que el  informe  policivo  no  refleje el despliegue de labores previas de verificación  que  sirvieran  de  sustento  para  la  práctica  de  la  diligencia,  pues fue  precisamente  a  partir  de  lo  informado  por  los  pobladores del barrio y la  observación  de  actividades que se desarrollaban en dicho sitio que se puso en  marcha la diligencia de registro.   

Como  estima que en el presente asunto no se  incurrió  en  vulneración  de  garantías  fundamentales  en la practica de la  diligencia       aludida,       solicita       no       casar      el      fallo  impugnado.          

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

1.  Previo  a  adoptar  la  decisión que en  derecho  corresponda   en  relación  con  el  único cargo formulado en la  demanda    presentada    por    el    defensor    del   procesado   HERNEY  VILLADA  MONTOYA,  impera precisar  que  aun  cuando  el cuestionamiento no se dirige específicamente contra uno de  los  medios  de  prueba reconocidos legalmente en el Título VI de la Ley 600 de  2000,  como quiera que la controversia planteada gira en torno de la valoración  que  el  sentenciador  otorgó  a la diligencia de registro que tuvo lugar en el  domicilio  del  mencionado,  ella  constituye,  como ya ha tenido oportunidad de  exponerlo     la     Sala,    “una    fuente    de  prueba”,  cuyo  mérito  también  se puede atacar a  través   del   recurso   extraordinario,   caso   en   el   cual   “la  vía  correcta  para impugnar la sentencia sería la prevista  en  la  causal  primera  de  casación,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  como  error de derecho por falso juicio de legalidad”1.   

          2.   De  la  misma  manera,  conviene  advertir  que si bien el  censor  refiere  a la ilegalidad del registro que efectuaron los funcionarios de  Policía  Judicial  en el inmueble, en cuanto que, como lo señala expresamente,  se  le  otorgó  fuerza  persuasiva  a  pesar  de  no  satisfacer los requisitos  previstos  para  su  práctica,  formación o aducción al proceso, lo cierto es  que  al  señalar  que  dicha  diligencia  se  realizó  con  afectación de las  garantías  fundamentales  de su prohijado, se infiere que su pretensión apunta  a demostrar su ilicitud.   

Al respecto, la Sala ha venido señalando que  los  conceptos  de prueba ilegal e ilícita presentan divergencias, como así se  plasmó    en    reciente    pronunciamiento    que    bien    está   traer   a  colación:   

“Se  entiende  por prueba ilícita la que se  obtiene  con  vulneración  de los derechos fundamentales de las personas, entre  ellos  la  dignidad,  el debido proceso, la intimidad, la no autoincriminación,  la  solidaridad  íntima;   y  aquellas  en  cuya  producción, práctica o  aducción  se  somete  a  las  personas  a torturas, tratos crueles, inhumanos o  degradantes,  sea  cual  fuere  el  género  o  la  especie  de  la  prueba así  obtenida.   

La prueba ilícita debe ser indefectiblemente  excluida  y  no  podrá formar parte de los elementos de convicción que el juez  sopese  para  adoptar  la decisión en el asunto sometido a su conocimiento, sin  que  pueda  anteponer  su  discrecionalidad  ni  la prevalencia de los intereses  sociales.  En  cada  caso,  de  conformidad  con  la  Carta  y las leyes deberá  determinarse  si  excepcionalmente  subsiste  alguna de las pruebas derivadas de  una prueba ilícita, o si corren la misma suerte que ésta. (…)   

La  prueba  ilegal  se  genera  cuando en su  producción,   práctica   o  aducción  se  incumplen  los  requisitos  legales  esenciales,  caso  en  el cual debe ser excluida, como lo indica el artículo 29  Superior.   

En  esta  eventualidad,  corresponde al juez  determinar  si  el  requisito  legal  pretermitido  es  esencial  y discernir su  proyección  y  trascendencia  sobre el debido proceso, toda vez que la omisión  de  alguna  formalidad  insustancial, por sí sola no autoriza la exclusión del  medio             de            prueba”2.   

         

Pues  bien,  de  acuerdo  con las anteriores  pautas  es  de  meridana claridad inferir que cuando el demandante argumenta que  la  diligencia  de  registro  fue obtenida con violación al debido proceso, por  cuanto  a  su  juicio  los  uniformados  que  la  realizaron  no desplegaron las  necesarias   labores   previas  de  verificación  tendientes  a  evidenciar  la  existencia  de  un  estado  de  flagrancia que permitiera prescindir de la orden  expedida  por  autoridad  competente,  no  se  remite a duda que lo que pretende  cuestionar  es  su  licitud  y  no su legalidad, no obstante que la consecuencia  inmediata  que  genera  cualquiera de tales situaciones, como bien lo destaca el  Procurador   Delegado,   es  la  exclusión  de  la  prueba  del  proceso  penal  respectivo3   

.  

            

3.   Ahora  bien, independientemente de  que  la  diligencia de registro al domicilio de VILLADA  MONTOYA   practicado  por  los  miembros  de  Policía  Judicial   con   sede  en  el  municipio  de  Cartago  haya  procedido  mediante  allanamiento  o  si contó con la aquiescencia del procesado, pues en cualquiera  de  los  dos  casos  para  prescindir  de  la  orden de autoridad competente era  necesario  que aparecieran motivos fundados para su realización, el tema que en  esta  oportunidad  concita  mayor  interés  a la Sala,  según  se  precisó  en  el  auto mediante el cual se  admitió  el  presente  recurso de casación por la vía discrecional, radica en  establecer  si,  como  lo  dice  el  demandante, es siempre imperativo que tales  funcionarios  lleguen  a dicha conclusión una vez han efectuado previas labores  de  constatación o verificación, ya que en caso contrario la práctica de este  tipo  de  diligencias  entrañaría  vulneración  de  garantías fundamentales,  tales  como  el  derecho  a  la  libertad,  propiedad privada, inviolabilidad de  domicilio   e   intimidad,   tornando   la   prueba  ilícita,  como  atrás  se  señaló.   

Para   dar   respuesta   adecuada   a  tal  problemática,      ab     initio     resulta  indispensable  puntualizar  que, como en forma reiterada lo  ha  indicado  la  Corte,  los  derechos  a la intimidad y a la inviolabilidad de  domicilio  consagrados  en  los  artículos  15  y  28  de  la  Carta Política,  respectivamente,   así   como  la  prohibición  de  las  llamadas  injerencias  arbitrarias  al  mismo,  a  que refieren los artículos 17 de la Ley 74 de 1968,  por  cuyo  medio  se adoptó como legislación interna el Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos y 11 de la Ley 16 de 1972, a través de la cual  se   aprobó   la   Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  instrumentos  internacionales  que  hacen  parte  del llamado bloque de constitucionalidad, no  son  de  carácter  absoluto,  particularmente  cuando  están  expuestos bienes  jurídicos colectivos.    

Por  eso  mismo,  la  propia  Constitución  Política    en    su    artículo   28   prevé   que    es   posible   su  afectación   “en virtud de mandamiento escrito  de  autoridad  judicial  competente,  con  las formalidades legales y por motivo  previamente definido en la ley.   

La última situación aludida en esta última  preceptiva  de  la  Carta  Fundamental  corresponde  al  denominado principio de  reserva  legal, según el cual la existencia de motivos previamente definidos en  la  ley  autoriza  la restricción de los derechos de intimidad e inviolabilidad  de  domicilio  sin necesidad de la expedición de previa orden judicial, el cual  hace  relación  fundamentalmente  a  las  siguientes  hipótesis que la Sala ha  decantado:   

          “1)  Cuando  el  delincuente que ha sido sorprendido en situación  de  flagrancia  y  es  perseguido  por  las  autoridades, logra refugiarse en su  propio  domicilio  o  domicilio  ajeno. En estos casos, por expresa disposición  del  artículo  32 de la Constitución Nacional, las autoridades pueden ingresar  al  lugar  sin  orden  judicial si los moradores se oponen a su ingreso, para el  solo acto de aprehensión del imputado.   

2)  Frente  a  situaciones  de  detención  preventiva  administrativa  y  orden  de  captura  vigente  (artículo 28 inciso  segundo  de  la  Constitución  Nacional),  cuando  la persona cuya retención o  aprehensión  se  pretende  busca refugio en su propio domicilio, o en domicilio  ajeno.  En  estas  hipótesis  son  aplicables,  según  doctrina  de  la  Corte  Constitucional,  las  reglas de la flagrancia, siendo permitida la intervención  de  las  autoridades  de  policía  sin  orden  judicial  previa, para los solos  efectos  de la aprehensión (Cfr. Sentencia C-024 de 27 de enero de 1994 y D-179  de 13 de abril del mismo año).   

3)  Cuando se está cometiendo un delito en  el  propio  domicilio,  en domicilio ajeno, o en lugar no abierto al público, y  se    hace    necesario   ingresar   en   él   para   impedir   que   se   siga  ejecutando”4.    

Ahora  bien, para la Corte la incursión al  domicilio  por  parte de las autoridades de Policía Judicial que por excepción  están  autorizadas  para  la  practica  de  registros y allanamientos sin orden  judicial   previa   (principio  de  reserva  judicial),  en  cualquiera  de  las  situaciones  anteriores,  debe estar precedida de un conocimiento fundado, fruto  de     una     valoración    ex    ante.   

En efecto, de acuerdo con los artículos 294  de  la  Ley  600  de  2000  y  229  de  la  Ley 906 de 2004, se faculta a dichos  funcionarios  para  la practica de registros y allanamientos fundamentalmente en  caso  de  flagrancia.   En  la  primera  disposición en cita se prevé que  “en caso de flagrancia cuando se esté cometiendo un  delito  en  lugar  no  abierto al público, la Policía Judicial podrá ingresar  sin  orden  escrita  de  autoridad  judicial, con la finalidad de impedir que se  siga  ejecutando  la conducta”; en la segunda, por su  parte,  se  establece  que  “en  las  situaciones de  flagrancia,  la policía judicial podrá proceder al registro y allanamiento del  inmueble,  nave o aeronave del indiciado.  En caso de refugiarse en un bien  inmueble  ajeno,  no  abierto  al público, se solicitará el consentimiento del  propietario  o  tenedor o en su defecto se obtendrá la orden correspondiente de  la  Fiscalía  General,  salvo  que  por  voces  de auxilio resulte necesaria la  intervención  inmediata  o  se establezca coacción del indiciado en contra del  propietario o tenedor”   

Pues bien, a juicio de la Sala, no sólo el  fiscal,  cuando  decreta  una  orden  de allanamiento y registro debe basarse en  “serios  motivos  para  presumir  que  en  un  bien  inmueble o  aeronave  se  encuentra alguna persona contra quien obra orden de captura, o las  armas,  instrumentos o efectos con los que se haya cometido la infracción o que  provengan  de  su  ejecución”, según lo señala el  inciso  primero  del  artículo  294  de  la  Ley 600 o, como con mayor rigor lo  regula  ahora  la  Ley  906  2004,  principalmente  en  los  artículos  220, al  establecer   que   “sólo  podrá   expedirse   una   orden   de   registro   y  allanamiento  cuando    existan   motivos   razonablemente   fundados,  de  acuerdo  con  los  medios  cognoscitivos  previstos  en este  código…”  (subrayas  fuera  de texto), previendo  incluso   como  novedad  en  la  siguiente  preceptiva  un  respaldo  probatorio  específico  para decretar dicha orden, sino que, bajo idéntica filosofía, los  funcionarios  de  Policía  Judicial también deben contar con el mismo grado de  conocimiento  cuando  llevan  a  cabo  las  diligencias  a  las  que se ha hecho  mención.   

En  relación con el conocimiento fundado a  que   se   hace   alusión,  oportuno  se  ofrece  precisar  que  doctrinaria  y  jurisprudencialmente  se  ha  dicho  que  si  bien  se  aleja  de  la categoría  epistemológica  de  certeza,  también  excluye  la  mera sospecha, ubicándose  fundamentalmente   en   el  grado  de  probabilidad5.    De  tal  suerte  que  preferiblemente  los  funcionarios de Policía Judicial previo a la práctica de  las  diligencias  aludidas,  deben desarrollar labores previas de investigación  que  les permitan inferir que se encuentran dentro de una de las situaciones que  facultan la incursión domiciliaria sin orden judicial previa.   

La nueva legislación procesal, ciñéndose  a  esa  teleología, prevé mayor control a este tipo de actividades de Policía  Judicial,    al    introducir    como    figura    novedosa    la   “violación  de la expectativa razonable de intimidad en relación  con  los registros y allanamientos”, muy común en el  sistema  de enjuiciamiento criminal norteamericano, a que refiere el numeral 2°  y  el  parágrafo del artículo 230, que incluso puede alegarse fundamentalmente  por  el  indiciado  o  imputado  como violación al debido proceso en procura de  “la  exclusión de la evidencia ilegalmente obtenida  durante    el    procedimiento   de   registro   y   allanamiento”.        

Así   las   cosas,  una  interpretación  sistemática  de  los  preceptos  aludidos permite razonablemente colegir que la  exigencia  de  contar  con  motivos  serios  y  fundados  para  practicar dichas  diligencias  también  se  hace extensiva a los servidores públicos que ejercen  funciones  de Policía Judicial;  ello, como única forma de posibilitar la  incursión   al   domicilio  sin  orden  judicial  pues,  de  no  ser  así,  se  propiciaría  la  práctica  de  actos arbitrarios en los que sin justificación  alguna  se  invadiría  el  entorno  íntimo  de las personas con la consecuente  vulneración  de  las  garantías fundamentales aludidas en precedencia, lo cual  ciertamente  no  se corresponde con el modelo de Estado Social y Democrático de  Derecho al que adscribe la Constitución Política.    

No  obstante  lo  anterior,  es  necesario  aclarar,  así  mismo,  que  la  situación  de  apremio  o  urgencia  que suele  acompañar  la  actividad propia que desarrollan este tipo de funcionarios y que  determina  la  adopción  de  medidas  inmediatas  para  prevenir  o  evitar  la  comisión  de  un  delito o sus consecuencias, no puede excusarlos de contar con  fundamentos  serios  para  la  práctica  de  tales  diligencias,  aunque  en el  sopesamiento  de  sus  motivos  han  de tenerse en cuenta factores tales como la  naturaleza  del  delito  o  la  producción  de un daño para la víctima, entre  otros,  que  pueden  constituir motivo fundado para justificar su intervención,  permitiendo  prescindir  en  esos  casos  especiales  de  labores exhaustivas de  verificación.      

Es  por  esa  razón  que  para  la Sala no  resulta  atinado  diseñar  una especie de tarifa legal probatoria para facultar  la  práctica de tales diligencias, pues cada caso debe valorarse conforme a las  particulares  circunstancias  que lo rodeen.  Sin embargo, es preciso hacer  hincapié  en que siempre la realización de este tipo de diligencias debe estar  precedida  de  un  conocimiento  fundado  que  permita  deducir  las situaciones  especiales que justifiquen la intromisión domiciliaria.   

4.   El  anterior  marco  referencial  conduce  a  la Sala a colegir, contrariamente a lo expuesto por el casacionista,  que   la  diligencia  de  registro  realizada  en  el  domicilio  del  procesado  VILLADA MONTOYA el día 20 de  marzo  de  2003,  no se obtuvo con violación de garantías fundamentales.   Para  tal  efecto,  se  tienen  las siguientes razones de orden jurídico:    

   

Tal como se plasmó en el informe policivo y  más   adelante   lo   ratificó  en  su  declaración  el  agente  Gustavo  Patiño  Ortegón, quien intervino  en  la  diligencia  de  registro, inicialmente se recibieron en la sede policial  llamadas  telefónicas  de  la  ciudadanía  a través de las cuales se alertaba  sobre las actividades ilícitas del procesado.   

Por   tal   motivo,  los  uniformados  se  desplazaron   al   lugar   de  residencia  de  VILLADA  MONTOYA, donde llevaron a cabo labor de vigilancia que  se  extendió,  según  dice  el mismo uniformado, durante varios días, lo cual  les  permitió  constatar las informaciones suministradas por la ciudadanía. De  ahí,  entonces,   que  el  registro  al  inmueble  estuvo precedido de una  pesquisa  seria  que  arrojó  suficientes elementos de juicio y un conocimiento  fundado  para  inferir  que  en  el  sitio  operaba  un expendio de narcóticos.   

Lo consignado en el informe policivo y luego  ratificado    por    el   referido   agente   Patiño  Ortegón  goza de entera credibilidad, no sólo por su  concordancia  con  la prueba restante, sino porque tampoco aparece infirmado por  alguna  otra  probanza,  de  suerte que, en sentido contrario a lo que expone el  censor,  surge  diáfano  que  en desarrollo del procedimiento realizado por los  funcionarios   se   respetaron   las   garantías  fundamentales  del  procesado  VILLADA MONTOYA.   

Al respecto, oportuno se ofrece puntualizar  que  el  dicho del procesado durante su indagatoria no pone en tela de juicio la  licitud   del  registro,  cuando  advierte  que  franqueó  el  ingreso  de  los  uniformados  porque se sintió intimidado al observar que estaban armados.   En  primer  lugar,  porque  una tal situación no evidencia coacción alguna, en  tanto  es  apenas  normal  que  miembros  de  la  Fuerza  Pública se encuentren  armados,  en  atención  a  la  naturaleza  de  sus  funciones constitucionales,  situación  que  es  de  conocimiento  general;  en  segundo  orden, dado que el  indagado  no refiere que los uniformados hayan empleado dichas armas o utilizado  la   fuerza   para  doblegar  su  voluntad  y  así  permitir  el  acceso  a  su  domicilio.   

En  el mismo sentido, resulta relevante que  el  procesado  hubiera  manifestado durante la misma diligencia de descargos que  accedió   a   que   los  policiales  ingresaran  a  su  domicilio  “porque  me  dio  susto de ver el problema que se me estaba viendo  encima”,  lo cual demuestra que su temor radicaba en  verse  descubierto más que por haberse sentido amedrentado de alguna manera por  los policiales.   

     

De otro lado, también corrobora la licitud  de  la  diligencia  cuestionada,  el  hecho  de  que  el  delito  de tráfico de  estupefacientes  por  el  que  aquí  se procede,  según lo tiene dicho la  Sala,  es  de  flagrancia  permanente, como así lo ha señalado a través de su  pacífica  jurisprudencia,  entre otras en la siguiente decisión, cuyos apartes  pertinentes se trascriben a continuación:   

“El  verbo  conservar,   según  el  Diccionario  de  la  Lengua  Española,  Real  Academia  Española,    lo    define    como   ‘mantener    una    cosa    o   cuidar   su   permanencia’,             ‘mantener   vivo   y   sin   daño   a  alguien’,  ‘guardar     con     cuidado     una  cosa’.  O  dicho  de otra  manera,  significa ‘guardar  una  cosa  con  cuidado’.  Así,  entonces,  se  advierte que conservar comporta un acto que se extiende en  el  tiempo  y  es  permanente,  esto  es,  que su consumación es indefinida, en  razón  que  la conducta antijurídica se mantiene en el tiempo en la medida que  continúa  realizándose  hasta  que  interviene  alguna causa que hace cesar su  permanencia.    

Y  doctrina  y  la  jurisprudencia  han  señalado  que  esta  clase  de  tipo  penal, afectante del bien jurídico de la  salubridad pública ha sido catalogado como de peligro presunto.   

En efecto, ese peligro hace referencia en la  potencialidad   que   la   conducta   tiene  de  producir  con  probabilidad  la  transgresión  del  bien  jurídico, razón por la cual el legislador al momento  de  crear el correspondiente tipo se anticipa al resultado, puesto que considera  que  la  realización  de cualquiera de los verbos rectores lo estima suficiente  para  producir  una  amenaza,  destruir o disminuir el bien jurídico protegido,  sin que se requiera prueba del peligro.   

En este asunto, resulta claro y evidente que  el  sólo  hecho  de  conservar  sustancias  estupefacientes, es suficiente para  predicar  la  realización  de  la  conducta  punible,  independientemente de la  demostración  de  existencia  de  un  efectivo  peligro sobre el bien jurídico  tutelado,  que  no es otro que la salud pública, en lo atinente al ‘tráfico,      fabricación      o  porte’   (…).   

Resulta  indiscutible  que al encontrase la  droga  en  la  habitación que en la Residencias el Edén tenía arrendada… se  presentaba  una  situación  de flagrancia, pues la jurisprudencia de la Sala ha  catalogado  tal  acontecer  como  de flagrancia permanente, lo que hace legal el  allanamiento,  de acuerdo con el artículo 344 del Decreto 2700 de 1991, vigente  para  la  época  de  los hechos (hoy  artículo 294, inciso 2°, de la Ley  599  de  2000),  pues  los  policiales  estaban  facultados  para penetrar en la  habitación  e  incautar el alijo y hacer cesar el peligro presunto para el bien  jurídico  protegido  que  significaba su conservación, como los confidentes le  habían     manifestado    a    la    policía”6.   

Así  las  cosas,  la  conclusión a la que  razonablemente  se  llega  es a la de que la diligencia de registro efectuada en  el  domicilio del procesado VILLADA MONTOYA  no se obtuvo con vulneración de sus derechos fundamentales y, por  consiguiente,  no  se  incurrió  en  el yerro de apreciación probatoria que el  demandante atribuye al fallo.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR  la  sentencia  impugnada,  de  conformidad  con los argumentos expuestos en la parte  motiva de esta decisión.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

Adición de voto  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Cfr.  sentencias  de fechas  22 de agosto y 10 de octubre de  2002, rads. 14616 y 15906, respectivamente.      

2  Sentencia  de  fecha  septiembre  7  de  2006,  rad.  21529;  en el mismo sentido, entre otras,  sentencia     de     fecha     octubre     5     del     mismo     año,    rad.  23284.         

3En ese sentido,  el  artículo  232  de la Ley 906 de 2004, prevé la aplicación de la cláusula  de   exclusión   para   este   tipo   de  diligencias,  así:     “La  expedición  de una  orden  de registro y allanamiento por parte del fiscal, que se encuentre viciada  por  carencia  de alguno de los requisitos esenciales previstos en este código,  generará  la  invalidez  de  la diligencia, por lo que los elementos materiales  probatorios  y  evidencia física que dependan del registro carecerán de valor,  serán  excluidos  de la actuación y sólo podrán ser utilizados para fines de  impugnación.   

4  Sentencia de fecha junio 28 de 2000, rad. 10797.   

5  CHIESA  APONTE,  Ernesto  L.,  Tratado de Derecho Probatorio, Publicaciones JTS,  Primera  edición,  Reimpresión  2005. La Corte Constitucional también abordó  el punto en la sentencia C-024 de 1994.     

6  Sentencia de fecha diciembre 18 de 2003, rad. 16823.     

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