26485(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26485  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

                                   Aprobada Acta N° 139   

Bogotá, D. C., noviembre treinta (30) de dos  mil seis (2006)   

VISTOS  

Decide  la  Corte,  de  plano,  acerca  del  impedimento  manifestado  por  el  Juez  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Sincelejo,  doctor  Carlos  Ángel  Caicedo,  no  aceptado por el Juez Penal del  Circuito Especializado de Montería.   

ANTECEDENTES  

1.- Al considerarse incurso en la causal 6ª  del   artículo  99  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  mediante  providencia  del 20 de abril de 2006 el Juez Penal del Circuito Especializado de  Sincelejo  se  declaró  impedido  para seguir conociendo del proceso adelantado  contra   ALBEIRO  JOSÉ  ARIAS  PÉREZ,  a  quien  se  le imputan los delitos de concierto para delinquir por  conformación  de  grupos  armados  ilegales y utilización ilegal de equipos de  comunicaciones y receptores.   

          Como  razón  de  su  manifestación  expresó  haber  actuado  como  Magistrado  ponente  en  la  decisión del 30 de marzo del citado año, por cuyo  medio  el Tribunal Superior de Sincelejo revocó la del 16 de diciembre de 2005,  mediante  la cual el Juzgado Especializado en mención, a cargo para entonces de  distinto  funcionario,  se  abstuvo  de dar trámite a la solicitud de sentencia  anticipada elevada por el acusado.   

          Por  cuanto  en  el  lugar  no funciona otro Despacho judicial de la  misma   categoría,   el  funcionario  que  se  declaró  impedido  remitió  la  actuación  al  Juzgado  más  cercano,  que  corresponde  al Penal del Circuito  Especializado de Montería.   

          2.-  El titular de ese último Despacho judicial, al pronunciarse en  auto  del  3  de  mayo  sobre  la  decisión  de su homólogo, pese a considerar  infundado  el  impedimento,  efectuó  razonamientos  atinentes a la competencia  para  concluir que, de conformidad con el artículo 70 de la Ley 975 de 2005, el  conocimiento  del  presente  asunto  es  del  resorte  de los Jueces Penales del  Circuito,  porque  dicha  norma  varió la denominación jurídica del concierto  para  delinquir  en la modalidad de conformación de grupos armados al margen de  ley, para convertirla en sedición.   

          El  señor Juez Especializado de Montería entonces ordenó devolver  el proceso a su colega.   

          3.-  Enterado de tales argumentos y con fundamento en ellos, el Juez  Especializado  de  Sincelejo  dispuso  por  auto  del  20  de  junio  remitir el  expediente  a  los Juzgados Penales del Circuito de esa ciudad, donde el Segundo  de  la referida categoría con pronunciamiento del 5 de julio ordenó retornarlo  al  remitente,  por  estimar  que  al  declararse por la Corte Constitucional la  inexequibilidad  del  artículo  70  de  la  Ley  975  de  2005  desapareció la  “competencia    funcional”    atribuida    a    los   Jueces   Penales   del  Circuito.   

          4.-   De   regreso   el   proceso  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Sincelejo,  su titular insistió en la concurrencia de causal  de  impedimento regulada en el numeral 6º del artículo 99 del Código Procesal  Penal  por  haber  emitido  concepto  de  fondo  cuando,  en  su  condición  de  Magistrado  ponente, participó en la providencia mediante la cual se revocó la  decisión  por  medio  de  la  cual  el  a quo denegó la solicitud de sentencia  anticipada impulsada por el incriminado.   

          Estimó  así  que  lo  pertinente  era  remitir  el  proceso  a  su  homólogo  de  Montería,  pero  advertida la determinación adoptada por éste,  optó    por   enviarlo   a   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Sincelejo.   

          5.-  La  Corporación  en mención, en Sala Unitaria, consideró que  la   discusión   relacionada  con  la  competencia  es  prioritaria  frente  al  impedimento,  porque éste supone que el funcionario a quien le llega el proceso  no  la  discute,  de  suerte  que  en  este  caso,  si  el Juez Especializado de  Montería  es del criterio que no tiene competencia para conocer del mismo, debe  plantear  el  conflicto negativo de rigor o, de lo contrario, pronunciarse sobre  la  inhibición  planteada  por  su homólogo. En tal virtud, ordenó remitir el  proceso al Juez de Montería.   

          6.-  Tras resaltar el vaivén que ha sufrido este proceso a raíz de  la  manifestación  de impedimento efectuada por su colega, lo cual ha llevado a  que  su  trámite  se  haya  suspendido  sin  razón, el Juez Penal del Circuito  Especializado  de Montería, en providencia del 30 de octubre, se adentró en el  estudio  de la causal de inhibición y concluyó en su improcedencia, acorde con  el  alcance  que  la jurisprudencia de la Corte le ha dado, en el sentido de que  la  participación  referida  por  el  numeral 6º del artículo 99 del estatuto  procesal  penal  no  debe  asumirse  en  su sentido literal, sino que ella sólo  adquiere  efecto  trascendente  o  vinculante cuando tenga la aptitud suficiente  para  comprometer  la  ecuanimidad  y  la  rectitud  del  funcionario  judicial,  connotación  que,  en sentir del Juez de Montería, no reviste la intervención  efectuada  en  este  asunto  por  su  homólogo de Sincelejo, quien se limitó a  “darle  propulsión  procesal  a  la  petición  de  sentencia  anticipada”,  sin  comprometer  la  recta  administración  de  justicia.  Profirió  una  decisión,  añadió,  de simple  impulso    o    actividad   procesal,   es   decir,   de   carácter   meramente  formal.   

          Considerando  así  infundado  el  impedimento,  ordenó  remitir el  expediente  a esta Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, para  que se decida el tema del impedimento, de manera definitiva.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          Importa  precisar,  en  primer término, que bien hizo el Juez Penal  del  Circuito  Especializado  de  Montería  cuando mediante decisión del 30 de  octubre  de  2006,  ordenó  remitir la presente actuación a la Corte, luego de  rechazar  el  impedimento planteado por su homólogo, el Juez Penal del Circuito  Especializado  de Sincelejo, porque tal es el trámite que en estos eventos debe  surtirse,  habida  cuenta  que, en este caso, la manifestación de impedimento y  el  rechazo  por parte del funcionario que, en criterio del primero, debe asumir  el  conocimiento,  han  sido  exteriorizados  por  parte  de  Jueces Penales del  Circuito  Especializados  pertenecientes  a  distintos distritos judiciales. Por  ello,  la Sala ostenta plena facultad funcional para resolver la “discusión  sobre  el  funcionario  a quien corresponda continuar el  trámite  de  la  actuación”, como se señala en el  artículo 101 de la Ley 600 de 2000.   

          Lo  anterior,  porque  como lo tiene dicho la Sala, cuando el asunto  es  remitido  a  funcionario  de  lugar  distinto  al del competente para que se  pronuncie,  en  primer  término, sobre la manifestación de impedimento y éste  pertenece  a  otro  Circuito  o  Distrito,  no  corresponde  decidir el tema del  impedimento  al superior funcional del Juez que se declaró impedido, según los  términos  del  inciso  segundo  del  artículo 101 del Código de Procedimiento  Penal,  sino  al  superior  común de los dos Jueces o Tribunales, pues sólo de  esa  manera  la  determinación definitiva que se pronuncie al respecto tiene la  capacidad           de          vincularlos1.   

          Es  entonces,  como  ya  se  adelantó,  la Corte la competente para  decidir  el impedimento manifestado por el Juez Penal del Circuito Especializado  de  Sincelejo,  no  aceptado  por  el  Juez  Penal del Circuito Especializado de  Montería,  como quiera que los dos funcionarios pertenecen a diversos Distritos  Judiciales de los cuales es su superior común.   

          No  obstante,  previo  a  resolver el tema central considera la Sala  importante   efectuar   algunas  precisiones  que  surgen  con  ocasión  de  la  problemática  que  generó  la  manifestación  de impedimento realizada por el  Juez  Especializado  de  Sincelejo,  la  cual  condujo a que el trámite de este  proceso  sufriera  tropiezos,  con  sacrificio  de  la celeridad que le debe ser  inherente.   

          En  primer  lugar  se  tiene que no es cierto que la definición del  tema  atinente  a la competencia sea asunto que deba ser dirimido con prelación  a  la  capacidad  subjetiva  para  actuar  que  es  propia  del instituto de los  impedimentos.   La   finalidad   y   esencia   de   esta   figura   repudia  tal  interpretación.  Porque  si  lo  que  se  pretende  con  el  instituto  de  los  impedimentos  es  preservar  la transparencia y objetividad de las decisiones de  los  Jueces  de  la República, es apenas lógico entender que esa materia ha de  ser  dirimida antes de que el funcionario asuma la definición de cualquier otro  aspecto, incluida la competencia.   

          Ello  porque  la  imparcialidad  en el trámite de los procesos debe  materializarse  desde  cuando  el  asunto llega a conocimiento del juez, de modo  que,  antes  de  asumir su competencia y dictar cualquier decisión, está en la  obligación  de  declararse  impedido  si  en ese momento concurre en él alguna  causal  de inhibición que lo obliga a separarse de su conocimiento, tal como se  desprende  del  texto  del artículo 100 de la Ley 600 de 2000, cuando establece  que  los  “funcionarios  deben  declararse impedidos  para  conocer  de  actuaciones  penales  cuando  exista respecto de ellos alguna  causal  de  impedimento, tan pronto como se advierta su existencia a más tardar  dentro  de  los  cinco  (5)  días siguientes”            

          Por  tanto,  si  conforme  a  la  preceptiva  de la norma citada, la  obligación    del    funcionario    es    declararse    impedido   tan  pronto  como advierta la causal y, en  todo  caso,  a  más tardar dentro del término allí previsto, ello implica que  el  primero  y  único  acto  procesal  que  puede  emitir una vez encuentre que  concurre  causal  de  impedimento  no  es  otro  diverso  al  de  manifestar  su  inhibición para continuar conociendo del respectivo asunto.   

          En  segundo  lugar,  bien  está  precisar  que  el  Juez  Penal del  Circuito  Especializado  de  Montería,  una  vez  recibió  por  primera vez el  expediente  con  la  manifestación  de  impedimento,  antes que devolverlo a su  homólogo  de  Sincelejo con consideraciones relacionadas con la competencia del  asunto,  ha  debido  entrar  en ese momento a determinar como era de rigor legal  si,  desde  su  punto  de  vista,  resultaba  viable  el  impedimento  o, por el  contrario,  ello  no  podía  concluirse,  evento  en  el  cual le correspondía  ordenar  el  envío  del  proceso  a  la  Corte  para  que  decidiera  sobre  el  funcionario    a   quien   correspondía   continuar   con   el   trámite   del  proceso.   

          En  consecuencia,  al  aspecto relacionado con el impedimento debió  limitarse,  y  sólo  si  estimaba que el Juez Especializado de Sincelejo tenía  razón  en  inhibirse  de  conocer  o  si  la  Corporación  llamada  a  decidir  definitivamente  sobre  la  manifestación  impediente  de  dicho funcionario la  encuentra  fundada,  ahí sí estará legitimado para cuestionar la competencia,  desde  luego  dentro  de  los  parámetros  establecidos  en los artículos 93 y  siguientes del estatuto procesal penal.   

   

          De  todas  maneras,  como  el  sendero  legal  indicado  fue  el que  emprendió  finalmente  el  Juez  Especializado  de  Montería,  al pronunciarse  negativamente  sobre  el impedimento manifestado por su homólogo de Sincelejo a  través  de  la  providencia  de  fecha  octubre  3  del  año en curso, la Sala  entonces  entrará  a dirimir la controversia, en los términos señalados en el  artículo 101 de la Ley 600 de 2000.   

          Pues  bien,  entre  las  hipótesis  reguladas en el numeral 6º del  artículo  99  de  la  citada ley, se encuentra la atinente a que el funcionario  judicial   haya   participado  con  anterioridad  dentro  del  proceso.  En  esa  situación  es  que  el  Juez Penal del Circuito Especializado de Sincelejo dice  estar  incurso,  por cuanto como Magistrado ponente participó en la providencia  mediante  la cual el Tribunal Superior de dicha ciudad, previa revocatoria de la  decisión  de  primera  instancia,  ordenó  dar  trámite  a  la  solicitud  de  sentencia  anticipada  elevada por el procesado ALBEIRO  JOSÉ ARIAS PÉREZ.   

          De  manera  reiterada  viene  sosteniendo  la  Sala que solamente da  lugar  a  configurar  el  impedimento en el supuesto de hecho referido cuando la  intervención  del  juez haya comprometido su criterio respecto de un asunto que  deba  después  entrar  a  resolver.  Por  ello,  razonable  es  concluir que no  cualquier  actuación anterior sino únicamente aquella que tiene capacidad para  comprometer  la  objetividad y rectitud del funcionario es la llamada a provocar  su  separación del proceso, como en reiteradas oportunidades lo ha señalado la  Sala,  según  citas  que  con  buen  tino  realizó  el  Juez  Especializado de  Montería,  al  amparo de las cuales rechazó la manifestación de su homólogo.   

          En  efecto,  sobre el particular señaló la Sala en providencia del  7 de mayo de 2002:   

          “…  el  artículo  99  del Código de Procedimiento Penal, en su  numeral  6º,  relaciona  como  causal  de  impedimento  la  participación  del  funcionario  dentro  del  proceso.  Pero la compresión de este concepto no debe  asumirse  en  sentido  literal.  Es  preciso  que  esa  intervención,  para que  adquiera  un  efecto  trascendente  acorde  con  los fines de la norma, tenga la  aptitud  suficiente  para  comprometer  la  ecuanimidad  y  la  rectitud  de  la  Magistrada.  Su  actividad  dentro  del  proceso, dicho en otros términos, debe  haber  sido  esencial  y  no  simplemente  formal”2.    

          Y  luego,  en  la del 15 de julio de 2003, sobre idéntica temática  precisó:   

          “Sobre  este punto en particular la Sala  ha  dicho  que la participación del funcionario judicial en el proceso debe ser  de  una entidad suficiente, de fondo, sustancial, esto es, que lo vincule con el  diligenciamiento  puesto  a  su  consideración, por lo que le impide actuar con  imparcialidad  y ponderación que de él espera la comunidad y, particularmente,  los  sujetos  intervinientes  en  la  actuación”3   

          En  el  asunto  que  ahora concita la atención de la Sala pronto se  advierte  que  el  pronunciamiento en cuya adopción participó con anterioridad  el  doctor  Carlos  Ángel  Caicedo,  en  calidad  de Magistrado del Tribunal de  Sincelejo,  carecía  de virtud para vincularlo frente a la decisión que ahora,  en  su  condición  de Juez Especializado, debe proferir, porque uno fue el tema  que  debió  dilucidar  en  aquella  ocasión  y  otro  muy  distinto  el que le  corresponde  resolver en este momento como juez de primer grado, sin que existan  entre  uno  y otro aspectos que los relacione en tal forma, como para pensar que  su criterio quedó atado al expuesto en pretérita oportunidad.   

          En  efecto,  la  decisión  del  Tribunal de Sincelejo la motivó el  hecho  de  que, en su sentir, el procesado se encontraba en tiempo para impulsar  la  terminación  anticipada  del  proceso  en  el  juicio.  A  ese  aspecto  se  circunscribió  el  análisis de la Colegiatura en mención, así la razón para  emitirla  se  cifrara  en  la  aplicación favorable de la Ley 906 de 2004, cuyo  artículo  352  autoriza  la realización de preacuerdos hasta el momento en que  sea  interrogado  el acusado al inicio del juicio oral. El pronunciamiento en el  que  sustenta la causal de impedimento el juez de Sincelejo entonces obedeció a  un  examen  puramente  objetivo sobre la oportunidad para optar por la sentencia  anticipada,  que  llevó a considerar que incluso más allá de la ejecutoria de  la  providencia  que  fija  fecha  para la celebración de la audiencia pública  resulta dable su trámite.   

          Ahora   al   mismo  funcionario,  como  juez  de  primera  instancia  corresponde  determinar  si existe o no vulneración de garantías fundamentales  del  procesado  que  afecten  el  trámite  de  la actuación hasta este momento  surtido,  conforme  a  los  dictados  del  inciso  tercero  del artículo 40 del  Código  procesal  de  2000  y  proceder,  en caso negativo, a proferir el fallo  anticipado  solicitado  por  éste,  labor  funcional  que  puede  perfectamente  ejercer,  dado  que,  se repite, su criterio no quedó comprometido cuando, como  integrante  del Tribunal, se limitó a pronunciarse sobre la oportunidad durante  la  cual  el  acusado  se  acogió  al  mecanismo  de  la  sentencia anticipada,  exclusivamente.  O,  lo  que  es  lo  mismo,  por  razón  de  tal intervención  funcional  no  resulta  acertado  concluir  que  su  rectitud  y  ecuanimidad se  encuentran  comprometidas,  como  para  asumir  ahora la definición del asunto.   

          Lo  anterior,  entonces,  constituye  razón  suficiente para que la  Sala  proceda  a  declarar  infundado  el  impedimento manifestado por el doctor  Carlos  Ángel  Caicedo,  Juez Penal del Circuito Especializado de Sincelejo y a  disponer,  en  consecuencia, la inmediata remisión del expediente a su despacho  para  que,  sin  más  dilaciones,  se  continúe  con  el trámite del proceso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

          1.-   DECLARAR  infundado el impedimento manifestado por el Juez Penal  del  Circuito  de  Sincelejo,  doctor  Carlos  Ángel  Caicedo,  por las razones  consignadas en la anterior motivación.   

          2.-   Disponer,   en   consecuencia,   el  inmediato  envío  del  proceso a su despacho a fin de que, sin más dilaciones,  se continúe con su trámite normal.   

          3.-  Enviar copia de esta decisión al Juez  Penal     del     Circuito     Especializado     de     Montería,    para    su  conocimiento.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese y cúmplase  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En  ese  sentido,  auto  del  2  de  junio  de 2004. Radicación 22406. En idéntico  sentido, auto del 9 de mayo de 2006. Radicación 25328.   

2  Radicación 19300.   

3  Radicación 21149.     

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