24226(18-10-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24226  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobada Acta N° 079  

                               

          Bogotá,   D.   C.,   octubre   dieciocho  (18)  de  dos  mil  cinco  (2005)   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  la  colisión  de  competencia  suscitada entre el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de Yopal y el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  la misma jurisdicción, en virtud del cual rehusan conocer de  la     actuación     seguida    contra    ALEXANDER  MANRIQUE,   procesado  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir agravado.   

ANTECEDENTES   

1.-  En virtud de las labores investigativas  adelantadas  por  el Departamento de Policía de Casanare, Seccional de Policía  Judicial,  tendientes  a  ubicar  a  un  presunto integrante de las Autodefensas  Campesinas   de  Córdoba  y  Urabá  conocido  con  el  alias  de  MACHETE,  el  9  de  febrero  de  2005  la  Fiscalía   Tercera  Especializada  de  Yopal  ordenó  el  allanamiento  a  una  residencia  ubicada  en  dicho  municipio  en  la  cual  fue capturado el señor  ALEXANDER         MANRIQUE,        individualizado   como   el   sujeto   que   responde  al  alias  de  MACHETE.   

Igualmente  se  encontró  en  la  vivienda  allanada  una  pistola  Taurus  calibre  9  milímetros,  dos  proveedores con capacidad de quince cartuchos, un  revólver  Ruger  calibre 38  largo,  una  bolsa  plástica  con  cuarenta  y  ocho  cartuchos  calibre  nueve  milímetros,   una  pañoleta  de  color  negro  con  el  gravado  “fuerzas  especiales comandos” , un maletín  negro  en cuyo interior se hallaron dos cuadernos con apuntes sobre instrucción  militar,     diez    fotografías    en    las    que    aparece    ALEXANDER  MANRIQUE  vistiendo  uniforme y  portando  armas  de  uso  privativo  del  Ejército  Nacional,  tres  teléfonos  celulares y papeles varios.   

En  el  mismo  informe  en  que  se  dejó a  disposición  de la Fiscalía a la persona capturada, se hizo saber que se trata  del   tercer   cabecilla  del  frente  “vencedores  de  Casanare,    bloque    Centauros    de    las   Autodefensas   de   Córdoba   y  Urabá”,  sujeto  que  se indica estaba al mando de la  compañía  “Ballestas”   con  accionar  delictivo  en  las veredas de Salitrico,  Poyata,   Llanerita,   la   Guinea   y   el  Viso,  jurisdicción  del municipio de  Maní.  Igualmente refiere el  informe:   

“Es  el  autor  material o intelectual de la  masacre  perpetrada el día 2 de enero del presente año, en la finca denominada  “La  Guacha”  ubicada  en  la  vereda  el  Viso del municipio de Maní, en donde  perdieron  la  vida  en  forma violenta con arma de fuego el señor ANTONIO DIAZ  NIÑO   y   sus   hijos  RONEY  ARLEY,  ARIEL  ANTONIO  Y  CRISTIAN  DAVID  DIAZ  DIAZ”.   

2.-  Por  los  anteriores  hechos,  el 10 de  febrero  de  2005  se  dispuso  la  apertura  de  instrucción  contra  el antes  mencionado,  quien fue escuchado en indagatoria el día siguiente, en cuyo curso  negó   su  vinculación  con  organizaciones  armadas  al  margen  de  la  ley.   

El  18  de  febrero  de 2005 fue resuelta la  situación  jurídica de ALEXANDER MANRIQUE   con   imposición   de  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,   como  probable  autor  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado.   

El 8 de julio de 2005, en momentos en que se  adelantaba      la      instrucción,     ALEXANDER  MANRIQUE   hizo  expreso  su  deseo  de  acogerse  al  instituto  de  sentencia anticipada. En tal virtud, el 3 de agosto siguiente fue  llevada  a  cabo  audiencia durante la cual la Fiscalía imputó al sindicado la  conducta  punible  de  concierto  para  delinquir de que trata el artículo 340,  numerales 2° y 3° del estatuto penal.   

3.- Llegado el proceso al Juez Primero Penal  del  Circuito  Especializado  de  Yopal,  por  auto  de 31 de agosto se declaró  incompetente  para  conocer  del  mismo,  proponiéndole en el acto colisión de  competencia  negativa,  aceptada por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma jurisdicción.   

LAS RAZONES DEL CONFLICTO  

1.-  El  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Yopal  rehusa  conocer  del  proceso,  con  fundamento en las  siguientes consideraciones:   

a)  A  través  de  la  Ley  975 de 2005, se  adicionó  al  artículo  468  del Código Penal un inciso a través del cual se  tipifica  bajo  el nomen juris  de  “sedición”  el actuar de  quienes  conforman  o  hacen parte de grupos guerrilleros o de autodefensas cuyo  accionar  interfiere  con  el  normal  funcionamiento del orden constitucional y  legal,   haciéndose   acreedores   a   la  pena  prevista  para  el  delito  de  rebelión.   

b)  Razones  de  legalidad  y  favorabilidad  imponen  que  la  conducta  de  los  miembros  de  autodefensas que antes venía  encasillándose  en  el  tipo  penal de “concierto para  delinquir”  ,  se  adecue  ahora  a  la  modalidad  de  sedición  consagrada  en  la Ley 975 de 2005, tanto porque la pena resulta más  benévola, como porque se le otorga la calidad de delito político.   

c)  Siendo  la  sedición  un delito del que  conocen  los  Jueces  Penales del Circuito, lo pertinente es que sea allí donde  se asuma conocimiento del proceso.   

2.-  El  Juez  Primero Penal del Circuito de  Yopal,  por  auto  del  7  de  septiembre  de 2005 aceptó el conflicto, por las  siguientes razones:   

a)  En  diligencia de formulación de cargos  llevada  a  cabo  por  la  Fiscalía  en  el  trámite  de sentencia anticipada,  ALEXANDER  MANRIQUE  aceptó  ser    coautor    del   punible   de   “concierto   para   delinquir”  de  que trata el artículo 340, incisos  2°  y  3° de la Ley 599 de 2000, modificado por el artículo 8° de la Ley 733  de   2002.   Por   el   contrario,   no   aceptó   ser   autor  del  delito  de  sedición,   

“…  a  pesar que  esta  diligencia  se  llevó  a  cabo  el día tres (3) de agosto de la presente  anualidad,  es  decir, dentro de la vigencia de la Ley 975 de 2005.”1.   

b) La Ley 975 de 2005 no modificó ni derogó  el  artículo  340, incisos 2° y 3° del Código Penal, ni modificó ni derogó  la  competencia de los jueces penales del circuito especializado para conocer de  tales   conductas,   simplemente   adicionó   el   artículo   468   del  mismo  estatuto.   

c) No puede dictarse sentencia por el delito  de  sedición,  cuando  el  procesado  aceptó  cargos  por el de concierto para  delinquir,  pues ello desconocería el principio de congruencia que debe existir  entre la resolución de acusación y la sentencia.   

d)   Igualmente   porque   con   ello   se  desconocería  el  artículo  43  de  la Ley 153 de 1987, conforme al cual nadie  puede  ser  juzgado  o penado sino por la ley que haya sido promulgada antes del  hecho  que  da  lugar al juicio. También implicaría desconocer el artículo 29  de  la  Constitución  Política,  relativo  al  debido  proceso y al derecho de  defensa  y  no tener por existente el artículo 404 del Código de Procedimiento  Penal,  que regula el procedimiento a seguir para proceder a la variación de la  calificación jurídica provisional de la conducta punible.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.- Es competente la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  para  dirimir el  conflicto  negativo  de competencia suscitado entre el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado  de  Yopal y el Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  con  arreglo  a  lo  dispuesto en el inciso 2° del artículo 18  transitorio del Código de Procedimiento Penal.   

2.-  En  orden  a  definir  la problemática  planteada,  se  impone  señalar, en primer término, que esta Sala ha precisado  en  reiterada  y  armónica  jurisprudencia,  cómo en los eventos en los cuales  ab  initio  advierte el  juez  a  quien  se envía un asunto para la fase del juzgamiento, un error en la  calificación  jurídica  de  la  conducta  que haga variar la competencia de la  justicia  especializada  hacia  los  jueces  penales  del circuito ordinarios, o  viceversa,  inmediatamente debe proponer colisión, conforme lo prevé de manera  inequívoca  el  artículo  402 de la Ley 600 de 2000, a cuyo amparo se adelanta  la           presente           actuación2.   

Igualmente  se  ha  precisado  que  si  la  colisión  es  aceptada,  compete  a  la  Corte  Suprema  de Justicia dirimirla,  quedando  habilitada,  por  vía  de  excepción,  para  analizar  los elementos  constitutivos  de la tipicidad determinantes del factor objetivo de competencia,  más  no  para  inmiscuirse  en  la  verificación de la existencia material del  ilícito    ni    en    la   responsabilidad   que   pudiere   corresponder   al  procesado.   

Bajo tales parámetros, encuentra la Sala que  la  colisión  impulsada  por  el  Juez  Especializado de Yopal se torna como el  mecanismo  procesal adecuado para definir si se incurrió o no en el yerro en la  calificación  jurídica  de la conducta imputada al procesado en el curso de la  diligencia  de formulación de cargos, más aun cuando la presente actuación se  adelanta  con  sujeción al procedimiento de sentencia anticipada, en virtud del  cual  resulta notoriamente improcedente que la problemática planteada se defina  mediante  el procedimiento que recoge el artículo 404 numeral 2° de la Ley 600  de  2000,  solución  por  la  que  aboga  el Juez del Circuito, por cuanto este  especial  trámite  comporta  que a la aceptación de cargos siga exclusivamente  el  examen  de  legalidad  y  el  proferimiento  del  fallo, razón de más para  entender   que   no   existe  escenario  procesal  alguno  en  el  que  el  Juez  Especializado   pueda   proponer   a   la   Fiscalía   la   variación   de  la  calificación.   

3.-  Ya  en materia, adviértase cómo en el  asunto  llegado  a  esta  Corporación,  la  diligencia  a través de la cual la  Fiscalía   formuló  los  cargos  contra  el  procesado,  con  su  subsiguiente  aceptación,  se celebró el  3 de agosto del año  que  avanza,  es  decir,  en momentos en que ya había  entrado  a  regir la Ley  975 de 2005 “por la cual  se  dictan  disposiciones para la reincorporación de miembros de grupos armados  organizados  al  margen  de  la  ley,  que  contribuyan  de manera efectiva a la  consecución   de  la  paz  nacional  y  se dictan otras disposiciones para  acuerdos humanitarios”.   

En  efecto, el artículo 75 de la citada ley  estableció  que  entraría  a  regir  “a partir de la  fecha  de  su  promulgación”,  acto  que  haciéndose  consistir  en  la  publicación  del  texto  legal en el medio destinado a tales  fines  según  lo dispone el artículo 52 de la Ley 4 de 1913, vino a producirse  en  el  diario  oficial  45.980  del  25  de  julio de  2005.   

4.- Consecuentemente, ha de analizarse si la  conducta  atribuida  por  la  Fiscalía  al  procesado  se  adecua  al delito de  concierto  para  delinquir  descrito  en  el  artículo 340, numerales 2 y 3 del  Código  Penal,  como  se  efectuó  la  imputación  jurídica,  o  si  por  el  contrario,  la misma encaja en la especial modalidad de sedición recogida en el  artículo  71  de  la  Ley  975  de  2005, tesis última esgrimida por el Fiscal  Especializado  que propone el conflicto, para lo cual resulta preciso abordar el  marco  general  de  aplicación  de  la  misma  y  sus consecuencias, para luego  definir    la    problemática   puntual   puesta   a   consideración   de   la  Sala.   

Aspectos Generales  

La  Ley  975  de  2005  fue  expedida con el  propósito  de  regular  todo  lo  concerniente  a  “la  investigación,  procesamiento, sanción y beneficios judiciales de las personas  vinculadas  a  grupos  armados  organizados  al  margen  de la ley, como  autores o participes de hechos delictivos cometidos durante y  con   ocasión   de   la  pertenencia  a  esos  grupos,  que  hubieren  decidido  desmovilizarse    y    contribuir    decisivamente    a    la    reconciliación  nacional”   -artículo  2°-,  lo  que  de  entrada  plantea un primer problema a  resolver,  consistente  en  determinar  si su artículo 71 quedó condicionado a  ése específico ámbito de aplicación.   

Con tal propósito habrá de mencionarse que  la  norma  en  cita  fue  incluida  en el capítulo XII relativo a “vigencia       y       disposiciones  complementarias”  evento que  permite  concluir razonablemente que fue voluntad del legislador que los efectos  de  la  especial  modalidad  sediciosa  introducida en la Ley 975 de 2005, no se  reserven  de manera exclusiva para quienes opten por desmovilizarse, sino que se  aplique  a  todos  aquéllos  que  hagan  parte de los denominados “grupos armados organizados al margen de la ley”.   

En efecto, mediante esta norma el legislador  reformó  directamente  el  Código  Penal  en  el  sentido de tipificar bajo el  nomen juris de “sedición” la  conducta  de  “quienes  conformen  o  hagan  parte  de  grupos  guerrilleros  o  de  autodefensa  cuyo  accionar  interfiera  con el normal funcionamiento del orden  constitucional  y  legal”,  de donde deviene indudable  que   no   empece  las  precisiones  sobre  el  ámbito  de  aplicación  de  la  codificación  en  cita,  su  artículo  71  está  llamado  a  producir efectos  generales,  como  quiera que a partir de su vigencia todas las hipótesis en que  la  imputación  fáctica contra un sindicado se haga consistir en “pertenecer   o   conformar”  uno  de  los  mencionados  grupos armados con las consecuencias allí señaladas -interferir  en  el  funcionamiento  del orden constitucional y legal  vigente-,  resulta  inequívocamente  típica  de esta  especial modalidad de sedición.   

          Por  su  parte,  no  cabe  duda  que  la introducción de esta nueva  modalidad  de  sedición  se  enmarca en las competencias del poder legislativo,  legitimado   para   introducir   tal  reforma,  pues  como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia             constitucional3   

,  en  desarrollo de la cláusula general de  competencia  para  expedir  las  leyes,  es de su resorte seleccionar los bienes  jurídicos  merecedores  de  protección,  señalar  las  conductas  capaces  de  afectarlos,  distinguir  entre delitos y contravenciones, fijar las consecuentes  de  cada  una  de  tales  especies  y  determinar  los  procedimientos  para  su  juzgamiento,  tópicos  todos  que  hacen  parte  de  la  política criminal del  Estado,  en  cuya  concepción  y  diseño  se  reconoce  al legislador en lo no  regulado  directamente  por  el  Constituyente,  un  margen  de  acción  que se  inscribe   dentro  de  la  llamada  libertad  de  configuración,  potestad  que  encuentra  como  límite  el respeto a los fines, valores, principios y derechos  contenidos  en la Carta, en especial aquéllos que plasman derechos y garantías  fundamentales  y  con  sujeción  a los principios de objetividad, racionalidad,  proporcionalidad y finalidad.   

En  desarrollo  de  tales  competencias se  visualiza  la modificación introducida al Código Penal a través de la Ley 975  de  2005, que precisamente por tener dicha connotación no puede restringirse en  su  aplicación  a  quienes  hagan  dejación  de  las  armas en el marco de los  acuerdos  de  desmovilización,  ni concebirse como uno más de los “beneficios”  regulados  en  ese  cuerpo  normativo  para  incentivar  dichas  entregas,  pues  cualquiera  de  tales  interpretaciones conllevaría una negación del principio  de  igualdad  ante  la  ley, en virtud del cual resulta impensable que una misma  conducta  ontológicamente  considerada puede adecuarse a dos modelos delictivos  diversos,  dependiendo  de  factores  extraños  a  los  que  deben  orientar su  definición  como  delito  y  el  proceso  de  adecuación  típica  propiamente  dicho.   

En  consecuencia,  la  introducción  de  la  especial  modalidad  de  sedición  reglada en la Ley 975 de 2005 a la que viene  haciéndose  referencia,  plantea un segundo problema por definir, advertido por  el  Juez  primero Penal del Circuito de Yopal al momento de aceptar el conflicto  propuesto,  consistente  en  determinar  si  esa  norma  modificó  o derogó el  concierto  para  delinquir  recogido  en el artículo 340, incisos 2° y 3° del  Código Penal.   

          A  este  respecto,  bien  está  recordar  que  las  modalidades  de  concierto  para  delinquir  recogidas  en  el  inciso  2° del artículo 340 del  Código  Penal,  tiene  antecedente  en  el  Decreto  180  de 1988, artículo 7,  expedido  al  amparo  de  la  declaratoria  del  Estado de Sitio, hoy Conmoción  Interior,  norma  que  prescribió  una pena de diez (10) quince (15) años para  aquellos  que  acordaran cometer delitos de terrorismo, narcotráfico, secuestro  extorsivo,  extorsión  o  para conformar grupos de sicarios o de organizaciones  terroristas,  pena  aumentada  en una tercera parte respecto de sus promotores o  cabecillas.   

Igualmente, por la misma época y en virtud  de  la  grave  alteración  del orden público, el Gobierno Nacional expidió el  Decreto  1194  de  1989, que contempló un tipo penal  especial  para  sancionar  con  pena  de  veinte  (20)  a  treinta (30) años de  prisión   a   quienes   promovieran,   financiaran,   organizaran,  dirigieran,  fomentaran  o  ejecutaran  actos tendientes a obtener la formación o ingreso de  personas  a  grupos  armados  de  los  denominados comúnmente escuadrones de la  muerte,  bandas  de  sicarios o de justicia privada, equivocadamente denominados  paramilitares,  y  de  diez (10) a quince (15) años para quienes formaran parte  de  tales  grupos,  sin  perjuicio de la sanción que les correspondiera por los  demás delitos que cometa en ejercicio de esa finalidad.   

         Las  referidas  modalidades  de  concierto  para  delinquir,  fueron  incorporadas  como legislación permanente a través del Decreto 2266 de 1991 y,  luego,  por  la  Ley  365  del  21 de febrero de 1997, codificación última que  integró  el  artículos  186  del  Código  Penal de 1980, el artículo 7° del  Decreto   180  de  1988  y  los  artículos  1  y  2  del  Decreto  1194   de   1989,   en   los  siguientes  términos:   

Artículo 8º. El artículo 186 del Código  Penal quedará así:   

ARTICULO  186:  Concierto  para  delinquir.  Cuando  varias personas se concierten con el fin de cometer delitos, cada una de  ellas  será  penada,  por  ese  solo hecho, con prisión de tres (3) a seis (6)  años.   

Si  actuaren  en despoblado o con armas, la  pena será prisión de tres (3) a nueve (9) años.   

Cuando el concierto sea para cometer delitos  de  terrorismo,  narcotráfico, secuestro extorsivo, extorsión o para conformar  escuadrones  de  la  muerte,  grupos de justicia privada o bandas de sicarios la  pena  será  de  prisión  de  diez  (10) a quince (15) años y multa de dos mil  (2.000)    hasta    cincuenta    mil    (50.000)   salarios   mínimos   legales  mensuales.   

La  pena  se aumentará del doble al triple  para  quienes  organicen, fomenten, promuevan, dirijan, encabecen, constituyan o  financien el concierto o la asociación para delinquir.”.   

Posteriormente,  a través de la Ley 589 de  2000,  artículo  4º,  se  introdujo como modalidad de concierto para delinquir  aquella  dirigida  a  cometer  delitos de homicidio, para, finalmente, incluirse  todas  las  anteriores categorías en el inciso 2º del artículo 340 del actual  código  penal,  que  hizo extensiva la figura a otros comportamientos en que el  acuerdo  se  establece  para  llevar  a cabo delitos de genocidio, desaparición  forzada  de  personas, tortura y desplazamiento forzado, previéndose igualmente  agravación  de  la  pena  para quienes organicen, fomenten, promuevan, dirijan,  encabecen o financien tales tipos de concierto.   

En  tales condiciones, desde la expedición  de   la   legislación   de  orden  público  atrás  referida  y  luego  de  su  incorporación  en  un sólo tipo penal, la conducta consistente en “pertenecer”   a  un  grupo  de  justicia  privada,  en  cualquiera  de  sus  modalidades, se reputó típica del delito de  concierto    para    delinquir    recogido    en    las    disposiciones   antes  referidas.   

No  obstante,  la introducción de la nueva  modalidad  de  sedición  prevista  en  la  Ley  975  de  2005,  presenta  en la  actualidad un diverso panorama.   

Ciertamente, por voluntad del legislador se  creó   una   nueva   categoría   delictiva  para  sancionar  la  “pertenencia”  a los grupos de “autodefensa”,  extrayéndose  así  esa conducta como atentado contra  el  bien  jurídico de la Seguridad Pública, para erigirla como atentatoria del  Régimen  Constitucional  y  Legal,  de  suerte  que  conformar o hacer parte de  aquéllas  específicas  agrupaciones  es  ahora  delito  de  sedición,  en los  precisos términos del artículo 71 de la Ley 975 de 2005.   

Con  todo,  no  comporta  lo anterior que a  través  del  artículo  71  de la Ley 975 de 2005 se hayan derogado los incisos  2°  y  3°  del  artículo  340  del  Código  Penal, ni que todo actuar de una  persona  que  conforma  o  hace  parte  de  uno  de  los  denominados  grupos de  “autodefensa”   constituya  automáticamente  delito  de sedición, como quiera que para que esa pertenencia  pueda  catalogarse de tal es preciso que las acciones al margen de la ley que se  haya  acordado realizar sean manifestaciones claramente dirigidas a realizar los  objetivos  perseguidos  por  la  agrupación,  en  el marco de la confrontación  armada  que  sostiene  con las autoridades legítimamente constituidas o con los  grupos guerrilleros.   

No otra conclusión se extrae cuando quiera  que  en  el  artículo  1°  de  la  Ley  975 de 2005, precisa que “se  entiende  por  grupo  armado  organizado al margen de la ley, el  grupo    de    guerrilla    o    de    autodefensas, o  una  parte  significativa e integral de los mismos como bloques, frentes u otras  modalidades  de  esas  mismas  organizaciones  de  las  que  trata la Ley 782 de  2002”,  codificación que, a  su  turno,  recoge  en  el  artículo  8°  como notas características de tales  agrupaciones, las siguientes:   

“Parágrafo  1°.  De  conformidad  con las  normas  del Derecho Internacional Humanitario, y para los efectos de la presente  ley,  se  entiende  por  grupo armado al margen de la  ley,  aquel  que,  bajo  la dirección de un mando responsable, ejerza sobre una  parte  del  territorio  un  control  tal  que  le  permita  realizar operaciones  militares sostenidas y concertadas.”.   

Ahora  bien,  habrá  de  recordarse que la  anterior  definición  fue  extraída  por  el  legislador  de la recogida en el  artículo  1°  del Protocolo II adicional a los cuatro Convenios de Ginebra del  12  de  agosto  de  1949, suscrito en 1977, a través del cual se desarrolló el  artículo  3°  común  y  se introdujeron normas tendientes a la protección de  las  víctimas  de los conflictos armados sin carácter  internacional.   

En  efecto, aunque de manera tradicional se  considera  como  actores  de un conflicto armado no internacional a los miembros  de  movimientos insurgentes que por vía de las armas pretenden el derrocamiento  del  régimen vigente, en el desarrollo de los instrumentos internacionales para  la  protección  de  las  víctimas de las confrontaciones armadas y ante nuevas  realidades   que  evidenciaron  enfrentamientos  internos  entre  diversidad  de  grupos,  no  necesariamente  insurgentes,  que  desbordaban  dicha  lógica,  el  Derecho  Internacional  Humanitario  se  dio  a  la  tarea  de involucrar en los  instrumentos  de  humanización  de la guerra a todos los posibles actores de un  conflicto  armado  internacional o interno y las de mínimo respeto a quienes no  participan en las hostilidades.   

Es  así  como  a  través del Protocolo II  adicional  a  los  convenios  de Ginebra se optó por una definición universal,  omnicomprensiva  de  los diferentes actores que puedan concurrir en un conflicto  armado   no   internacional,   considerando   por  tales  a  todas  las  fuerzas  organizadas,  colocadas  bajo  un  mando  responsable de la conducta de sus  subordinados  y sometidos a un régimen de disciplina interno, cuyos miembros se  consideran                combatientes4.   

Precisamente esa definición fue la recogida  por  la  legislación  interna  a través de la Ley 782 de 2002. Y últimamente,  por  virtud  del  artículo  72  de la Ley 975 de 2005 vino ha considerarse como  conducta   típica  del  delito  de  sedición  la  que  se  hace  consistir  en  militar   o  pertenecer  a  uno de aquellos grupos, bien sea de guerrilla o  autodefensas,   bajo   el   entendido  que  ellos  ciertamente  ejercen  control  territorial  sobre  una  parte  del territorio o se lo disputa mediante acciones  militares  sostenidas,  que  dirigen  ya  sea contra las fuerzas regulares, bien  entre  los  grupos  armados irregulares entre sí, con la consecuencia inmediata  de   impedir   el   normal   funcionamiento   del   régimen   constitucional  y  legal.   

No obstante lo anterior, no cabe duda que si  en  ese  mismo  escenario  un grupo de personas acuerdan la comisión de delitos  desligados  de la lucha armada, o lo que es igual, de las causas que han llevado  a  sostener un conflicto que enfrenta a las fuerzas regulares del Estado con las  irregulares,  o  a  estas  entre  sí,  tales  comportamientos por manera alguna  podían  catalogarse  de  sediciosos, así se alegue la condición de miembro de  un  grupo  de  autofensas  o  de  uno  guerrillero, y aun cuando se demuestre la  efectiva militancia en el mismo.   

A  este respecto, ha de recordarse que esta  Corporación  ha prohijado el anterior criterio respecto de personas que estando  incursas  en  el delito de rebelión, desbordan los objetivos pretendidos por la  organización  subversiva  a  la  cual  pertenecen,  pasando  a  constituirse en  células   aisladas  cuyas  acciones  no  obedecen  al  logro  de  la  finalidad  política,  eventos  en  los  cuales  se  ha  precisado que puede presentarse un  concurso  entre  el  delito de rebelión y el de concierto para delinquir. Sobre  el particular tiene dicho la Sala:   

“siempre que la agrupación alzada en armas  contra  el régimen constitucional tenga como objetivo instaurar un nuevo orden,  sus  integrantes  serán  delincuentes  políticos  en  la  medida  en  que  las  conductas  que  realicen  tengan  relación con su pertenencia al grupo, sin que  sea  admisible  que  respecto  de  una especie de ellas, por estar aparentemente  distantes  de  los  fines  altruistas que se persiguen, se predique el concierto  para  delinquir, y con relación a las otras, que se cumplen dentro del cometido  propuesto, se afirme la existencia del delito político.   

Dicho en otros términos, si los miembros de  un  grupo  subversivo realizan acciones contra algún sector de la población en  desarrollo  de  directrices  erróneas, censurables o distorsionadas, impartidas  por  sus  líderes,  los  actos  atroces  que  realicen no podrán desdibujar el  delito  de  rebelión,  sino  que habrán de concurrir con éste en la medida en  que   tipifiquen  ilícitos  que,  entonces,  serán  catalogados  como  delitos  comunes.   

De   lo   contrario,  se  caería  en  el  contrasentido  de  predicar  el  concurso  entre  el  concierto  para  delinquir  respecto  de  los  actos  de ferocidad y barbarie y la rebelión respecto de los  que  persiguen  fines  altruistas,  sin  tener en cuenta que unos y otros fueron  realizados   debido   precisamente  a  su  pertenencia  al  grupo  insurgente  y  ejecutando  las  políticas  trazadas  por  la  dirección  de la organización.   

Por   el   contrario,   si  los  diversos  comportamientos  son  escindibles, de manera que algunos de ellos son realizados  por  varias  personas  concertadas  para  cometer delitos en beneficio puramente  individual,  egoísta,  sin  ningún  nexo con la militancia política, y otros,  ejecutados  por  esas  mismas  personas, se materializan en tanto miembros de la  organización  subversiva,  el  concurso  entre el concierto para delinquir y la  rebelión       surge       con       nitidez.”5   

En  consecuencia,  ampliado como fue por el  legislador   el   marco   de   los   delitos  que  atentan  contra  el  Régimen  Constitucional  y  Legal,  para  incluir en ellos a los miembros de agrupaciones  ilegales  que  responden  a  una estructura militar, que desarrollan acciones de  tal  naturaleza  en parte del territorio enfrentando a las fuerzas regulares del  Estado,  o  enfrentándose  entre  sí,  llámense  guerrilla o autodefensas, la  imputación  del  delito político es posible sólo si el rol delictivo acordado  y  desarrollado  apunta  a  desarrollar  las  estrategias previstas por el mando  responsable en el escenario de tal confrontación.   

         Desde  luego,  no  quedan  incluidos en esa categoría quienes hacen  parte  de  bandas  o pandillas, o quienes conforman grupos de justicia privada o  de  sicarios,  pues no obstante que ellos acuden a la utilización de las armas,  pueden  llegar  a  ejercer  cierto  control territorial y asumen la forma de una  organización  con mandos definidos, sus acciones no se enmarcan en la lucha que  pretende       el       derrocamiento       del      régimen      -guerrilla-,  ni  tampoco  se encamina a la  eliminación   de   dicha   disidencia  por  vía  de  las  armas  -autodefensas-  de suerte que la sóla  pertenencia  a ellos sigue siendo típica del delito de concierto para delinquir  agravado.   

         El caso concreto   

         Según  se  extracta de la diligencia de formulación de cargos para  sentencia  anticipada,  celebrada  el  día  3 de agosto del año que avanza, la  Fiscalía,  luego de ilustrar al sindicado sobre las consecuencias de acogerse a  sentencia  anticipada  y de reiterar su derecho a no autoincriminarse, procedió  a   efectuar   la   imputación   fáctica   y   jurídica   en  los  siguientes  términos:   

“Por  el hecho de  haber  pertenecido  a  la organización delictiva de las autodefensas campesinas  del  Casanare como coautor, conducta en la que fue capturado en esta capital por  parte  del  Gaula  Casanare,  acepta  el  cargo  del  delito  de  concierto para  delinquir  señalado  en  el  Título  XII  de  los  delitos contra la Seguridad  Pública,  Capítulo  I,  artículo  340,  incisos  2  y  3  del  Código Penal,  modificado por el artículo 8° de la Ley 733 de 2002?”   

         A su turno, la aceptación del cargo se produjo así:   

“Si,  acepto  el  cargo como miembro de las  autodefensas  campesinas  de  Córdoba  y  Urabá y la responsabilidad penal. Le  pido  a la señora Juez que me de los beneficios de la nueva ley que yo no tengo  antecedentes  y  es  la primera vez que estoy en la cárcel ya que me vincularon  por  necesidad, porque me ofrecieron trabajo y lo vi fácil, estoy arrepentido y  quiero   dedicarme  a  un  trabajo  legal,  correcto  y  poder  dedicarme  a  mi  familia”.   

Pues  bien,  vista  la  fecha  en  que esta  diligencia  se  llevó a cabo y la situación fáctica puesta de presente en los  cargos,  consistente de manera exclusiva en “pertenecer  a  las  autodefensas”, en calidad de promotor de ellas,  según  se  infiere  de  la  mención  expresa  que  se  hizo  al inciso 3° del  artículo  340  del  Código  Penal,  y  de las referencias procesales sobre las  labores  que  se  le  atribuyen  como  “Comandante  de  compañía  en  el  Grupo Centauros de las autodefensas campesinas de Córdoba y  Urabá”,  según  se  menciona en las declaraciones de  Omar   de   Jesús   Muñoz   Acevedo   y  Gildardo Salguero Delgado, así  como  en el  informe   de   policía   judicial   del   10  de  febrero  de  20056   

,  encuentra  la  Sala indiscutible que tal  conducta  se  adecua  a  la  especial  modalidad  de sedición contemplada en el  artículo 71 de la Ley 975 2005.   

En efecto, la organización armada al margen  de  la  ley  a  la  que  aceptó  pertenecer el sindicado, se aviene a todas las  características  que permiten ubicarla como un grupo de autodefensas de los que  trata  la  Ley  975 de 2005, en tanto es de público conocimiento que responde a  una  estructura  a través de la cual despliega acciones militares en los llanos  orientales,  donde enfrenta en tal virtud tanto al Ejército Nacional como a los  grupos  subversivos  que  también  tiene  asiento en la región, con quienes se  disputa el control territorial.   

A  lo  anterior agréguese que, además del  expreso   reconocimiento   del  procesado  sobre  su  pertenencia  al  grupo  de  autodefensas  en cuestión, las diligencias dan cuenta del hallazgo de elementos  en  su  residencia  que ratifican lo por él manifestado, entre ellos armamento,  documentos  de  instrucción  militar  y  prendas  que lo  identifican como  miembro      de      las      autodefensas     en     cuestión     ­grupo  comandos-,   de  donde  surge claro que es uno de  sus   integrantes  y,  por  ende,  sus  acciones,  genéricamente  consideradas,  irrumpen  como perturbadoras del Régimen Constitucional y Legal al amparo de la  nueva  modalidad  que  contempló  el  legislador  de  2005 como constitutiva de  sedición.   

Por   ello,   habiéndose  verificado  el  tránsito  legislativo  en momentos en que se juzga la conducta del procesado, y  resultando  más  favorable  la nueva tipicidad por aparejar una pena menor a la  que  resultaría  de  imponerle  la  prevista  para  el delito de concierto para  delinquir  agravado, no cabe duda que surge obligada la aplicación inmediata de  la Ley 975 de 2005, artículo 71.   

Con  todo,  no  obstante que la competencia  para  juzgar  el  delito  de  sedición está radicada en los Jueces Penales del  Circuito  comunes,  según  se  desprende de la cláusula general de competencia  que  consagra el artículo 77, numeral 1° de la Ley 600 de 2000, en el caso que  se  examina  y dado que éste se adelanta bajo el especial trámite de sentencia  anticipada,  no  resulta  necesario  radicar  su conocimiento en el Juez de esta  categoría,  porque  tampoco es necesario que para aplicar la nueva modalidad de  sedición,  se  varíe  previamente  la  calificación jurídica de la conducta.   

Nótese   cómo  la  actuación  procesal  pendiente  por  surtir es la de emitir sentencia, de forma que resulta aplicable  la  cláusula  de  prórroga  de  la  competencia  por  virtud  de  la  cual  es  perfectamente  válido  que  el  Juez  del Circuito Especializado dicte el fallo  respectivo  y  en  él  adecue  la conducta aceptada por el procesado a su nueva  tipicidad,  como  quiera que con ello no se afectan garantías fundamentales que  por  el  contrario  resultan resguardadas en tanto se está dando aplicación al  precepto sustancial que le resulta más favorable.   

Igualmente   porque,  al  readecuarse  la  conducta  en  el  fallo  por  parte  del  Juez  Especializado no se desconoce el  principio  de  congruencia  en  tanto  la  variación  por realizar no afecta el  núcleo  de  la  imputación  fáctica  sino  su denominación jurídica, con el  efecto  inmediato  de  degradar  la  pena  que  resultaría imponible a quien se  acogió al trámite de sentencia anticipada.   

Lo  anterior  es  así, dado que: a) No hay  variación  del supuesto fáctico; b) La conducta, tanto antes como ahora, tiene  los  mismos  elementos  estructurales;  c)  Sólo  se  trata  de un cambio en la  denominación   jurídica  o  nomen  iuris  de  los comportamientos, ahora fusionados en un sólo precepto; d)  El  legislador  le  dio  prevalencia  al  bien jurídico que protege el régimen  constitucional  y legal, sobre el de la seguridad pública, habida cuenta que se  trata de conductas pluriofesivas.   

Consecuentemente, el conflicto se resolverá  en  este  caso  asignado  el  conocimiento  del  asunto  al  Juez  del  Circuito  Especializado.   

Cuestión Final  

Como   se  precisó  en  el  acápite  de  antecedentes   procesales,   desde  el  inicio  de  la  actuación  se  efectuó  señalamiento  directo  contra  el  procesado  por su presunta participación en  “la masacre perpetrada el día 2 de enero del presente  año,  en  la  finca  denominada  “La  Guacha”  ubicada en la vereda el Viso del  municipio  de  Maní,  en  donde perdieron la vida en forma violenta con arma de  fuego  el  señor  ANTONIO  DIAZ  NIÑO y sus hijos RONEY ARLEY, ARIEL ANTONIO Y  CRISTIAN DAVID DIAZ DIAZ”.   

Pese a ello, no se observa que la Fiscalía  a  quien  correspondió  conocer del asunto hubiere adelantado diligencia alguna  para  indagar  sobre  el  estado  de  la investigación respectiva adelantada en  virtud  de  los  referidos homicidios, como tampoco que se haya compulsado copia  de  lo  actuado  con destino a ella, no obstante haberse elaborado un estudio de  balística  a  partir  del  cual  se  determinó la posibilidad de utilizar, con  fines   de  confrontación  con  otras  evidencias,  algunos  de  los  elementos  incautados  en  el  curso  del  allanamiento realizado en la vivienda en que fue  capturado  el  señor ALEXANDER MANRIQUE, aspecto   que   puede   resultar   de   extrema   utilidad   en   el  esclarecimiento  de  los hechos en cuya comisión se le vincula preliminarmente.   

En  tal virtud, se dispondrá que el Juez a  quien   se   asigna  el  conocimiento  del  asunto,  disponga  la  compulsación  respectiva, si aun no se ha procedido a ello.   

         

En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         

RESUELVE   

1°.          DIRIMIR   la   colisión  de  competencia  planteada,  en  el sentido de asignar el conocimiento del proceso seguido contra  ALEXANDER MANRIQUE al Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de Yopal, a donde se remitirá la actuación  para lo de su cargo.   

2°.          COMUNICAR  lo  aquí  decidido  al Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Yopal,  remitiéndole  copia  de  la presente  decisión.   

         3°.  DISPONER que  por  conducto  del  Juez  Penal  del Circuito Especializado de Yopal se compulse  copia  de  la presente actuación, si ello no se hubiere hecho, con destino a la  autoridad  que  adelante  la  actuación correspondiente a los homicidios de los  señores  Antonio  Díaz  Niño,  Roney  Arley,  Ariel  Antonio  y Cristian David Díaz Díaz, sucedida el 2 de  enero  de  2005 en la finca denominada “La Guacha”, vereda el Viso, municipio de  Maní,  dejando  a  su  disposición  los  elementos incautados al procesado que  puedan ser de utilidad a los fines de la misma.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Comuníquese y cúmplase,  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                                                               ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                                                                                                                         Comisión de servicio   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                    JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

      Aclaración de servicio   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

         ACLARACION    DE  VOTO   

Con el debido respeto y acatamiento por la  decisión  de  mayoría,  me  permito  manifestar que comparto la determinación  adoptada  en  cuanto  resuelve  declarar  que  la  competencia  para conocer del  proceso  seguido en contra del procesado ALEXANDER MANRIQUE radica en el Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Yopal.   

No  obstante,  tal como fue expuesto de mi  parte  en  el  curso  de  los  debates  orales,  debo reiterar mi criterio en el  sentido  de  que  la jurisprudencia de esta Corte ha sido persistente en indicar  que  la  calificación  del  mérito  del  sumario  o su equivalente, vincula al  juzgador  quien  debe  adelantar  el  juicio  acorde  con  la  tipificación del  comportamiento  impartida  por  el  Fiscal,  y que sólo por excepción, el juez  puede  negarse  a  conocer del asunto cuando advierta que el Fiscal ha incurrido  en  error  en  la  calificación  jurídica  de  la  conducta, y que la correcta  determina   una   variación   en   la  competencia7.   

Sólo “en este  evento  le  es  permitido  a  la  Sala,  por  vía  de  excepción, analizar los  elementos  constitutivos  de  la tipicidad en tanto determina el factor objetivo  de  competencia,  pero  sin  que  pueda  inmiscuirse  en  la verificación de la  existencia   material   del  ilícito  ni  en  la  responsabilidad  que  pudiere  corresponder      al      procesado”8.   

En  el  presente  caso,  ninguno  de  los  colisionantes  afirma  que  la  Fiscalía  hubiere  incurrido  en  error  en  la  calificación  jurídica  de  la  conducta  determinante  de la variación de la  competencia,  sino  que  fundan  la  colisión  en  la  circunstancia  de  haber  aparecido    una   nueva   realidad   jurídica   que   según  el  Juzgado  Especializado,  convierte en delito de sedición, de competencia del Juzgado del  Circuito,  algunas  de  las  conductas que en el artículo 340 del Código Penal  aparecen definidas como concierto para delinquir.   

Como  quiera  entonces  que no se trata de  error  en la calificación jurídica del comportamiento,  y en este caso se  imputó  al  procesado  el  delito  de  concierto  para  delinquir  y  no  el de  sedición,  ello,  en  mi  criterio,  resultaba  suficiente para advertir que la  competencia  para conocer de la fase de juzgamiento corresponde al Juzgado Penal  del Circuito Especializado.   

Esto  si  se toma en cuenta  que a mi  modo  de  ver,  el  artículo  71  de la Ley 975 de 2005 no modificó, derogó o  subrogó  el  artículo  340 del Código Penal que define el delito de concierto  para   delinquir;   tampoco  modificó  la  competencia  para  conocer  de  este  comportamiento,  radicada  en  los  jueces  penales del circuito especializados,  sino  que simplemente adicionó el artículo 468 del Código Penal en el sentido  de  hacer  extensivas  las  consecuencias  punitivas  del  delito de sedición a  quienes  conformen  o  hagan  parte de grupos guerrilleros o de autodefensa cuyo  accionar  interfiera  con  el  normal  funcionamiento del orden constitucional y  legal.   

No puede perderse de vista que el concierto  para  delinquir  “es  un  delito que afecta el bien  jurídico  seguridad  pública;  sus  móviles  son  egoístas, individuales; la  finalidad   de   los   integrantes   –cometer     delitos    –  se  colma  en  concreto  cada  vez  que  perpetran un delito; los  asociados  no tienen como objetivo el establecimiento jurídicamente reconocido,  sino  a  la  sociedad.”9    

          

En  tanto  que la sedición, al contrario,  por   ser   delito   de   naturaleza   política,   se  enmarca  dentro  de  los  comportamientos  que ponen en peligro el régimen constitucional, cuya finalidad  de  quienes  lo  realizan es apenas impedir transitoriamente, mediante el empleo  de   la   violencia  ejercida  por  medio  de  las  armas,  la  vigencia  de  la  Constitución  Política  o la aplicación de las leyes, o a cualquier autoridad  pública  el  ejercicio  de  sus funciones o el cumplimiento de las resoluciones  administrativas  o  las decisiones judiciales que profiera, con independencia de  la  consecución  o  no  de  los  fines pretendidos 10.  No  tiene, entonces,   por  finalidad afectar a la población civil, cometer delitos comunes o aquellos  calificados  como de lesa humanidad, como tampoco realizar conductas de tráfico  de  drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias sicotrópicas, enriquecimiento  ilícito, lavado de activos o testaferrato.   

Cada  uno  de  dichos  comportamientos, en  consecuencia,  trae  delimitado  el  bien  jurídico  que  pretende  tutelar, la  seguridad  pública,  en  el  caso  del  concierto para delinquir, y el régimen  constitucional  y  legal,  en  el  evento  de  la  sedición.  Cada  cual  tiene  establecido   su   propio   objetivo,   su   propia  tipicidad,  y  sus  propias  características  de  antijuridicidad, que resultan suficientes para atribuirles  absoluta independencia y alcance.   

Significa   lo  anterior,  que  la  sola  atribución  de  la condición de autores de sedición para “quienes conformen  o  hagan  parte  de  grupos  guerrilleros  o  de  autodefensa” a términos del  artículo  71  de  la  Ley  975  de 2005, o, en otras palabras, tan sólo porque  pertenecen  a  “grupos  armados  al  margen  de  la  ley”  según previsión  contenida  en  el  artículo  340  del  Código  Penal,  con independencia de la  finalidad  perseguida  por  la  asociación  ilícita,  de los otros delitos que  hubieren   podido  realizar,  o  de  los  resultados  de  su  accionar,  resulta  insuficiente  para  que  la  Corte  pueda  calificar  la  conducta  como  delito  político  o  como  delito  común, sobre todo si se tiene en cuenta que el bien  jurídico  es  el  que  le  confiere  sentido  al  tipo penal y el que define la  teleología   de   la   conducta,   más   allá   de   su   simple   expresión  material.   

No  puede  dejarse  de  considerar  que el  asunto  en que se propone el conflicto, corresponde a un proceso en curso con su  propia  dinámica,  cuyo  desarrollo  puede  o  pudo  servir  para  afianzar  la  convicción    del    juez    en    un    sentido    determinado.   Tampoco  ha  de perderse de vista que estando en vigencia de la ley  de  Justicia  y  Paz  el procesado libre y voluntariamente aceptó cargos por el  delito  de  concierto  para  delinquir  y  no  por  el  de sedición,  y  que  además  se  le imputa responsabilidad por “la masacre  perpetrada  el  día  2  de  enero  del  presente  año,  en la finca denominada  ‘La  Guacha’  en  la vereda el Viso del municipio  de  Maní,  en  donde  perdieron  la vida en forma violenta con arma de fuego”  varios ciudadanos.   

En  tales  circunstancias, es allá, en el  interior  del  proceso,  donde  el  juez,  contando  con  todos los elementos de  juicio,  con  la posibilidad de examinar la plenitud de la actuación procesal y  de  la  actividad  probatoria,  así  como  las alegaciones de las partes, puede  optar  por  poner  fin  al  proceso  condenando  o  absolviendo por el delito de  concierto  para  delinquir,  o  prorrogar  su competencia si tal fuera el caso y  condenar  por  el  de  sedición previsto en la ley de justicia y paz, siempre y  cuando   encuentre   acreditados   los  supuestos  fácticos  de  la  mencionada  disposición,  esto  es,  la militancia del autor del comportamiento en un grupo  guerrillero  o  de  autodefensa,  y  la  orientación  en  el  accionar  de  los  concertados, a la interferencia del orden constitucional y legal.   

     

A  este  respecto  se  ofrece  pertinente  resaltar   que   el   ordenamiento   procesal   confiere  al  juzgador  variadas  oportunidades  para esclarecer cuál efectivamente fue la conducta realizada por  el  procesado  y  cuál  la  norma  o  normas  sustanciales  aplicables al caso,  pudiendo  incluso  hacer uso de la facultad oficiosa en materia probatoria (art.  401  de  la  Ley  600  de  2000),  ejercer  la  posibilidad  de variación de la  calificación  jurídica  provisional  (art.  404  ejusdem),   prorrogar su  competencia  (art. 405) o incluso proferir el fallo reconociendo la operancia de  una  atenuante,  excluyendo  una  agravante,  o  por una calificación jurídica  diversa,  según  corresponda  proceder,  como  así  ha  sido reconocido por la  Corte11,     pues,     como    allí    se    indicó,    “habrá  congruencia si al condenar, la conducta se califica con la  denominación  jurídica  que se le dio en la resolución de acusación, o en la  variación,  o  por la propuesta por el juez como objeto de debate y no admitida  por  el  fiscal,  o  por  una  figura atenuada con relación a ellas”.   

A esta misma conclusión se arriba (en el  caso  de  que  se  dé alguno de los supuestos referidos precedentemente), si se  toma  en  cuenta  que  en  el  pronunciamiento  que  viene de ser mencionado, se  precisó  que  “frente al fenómeno de la sucesión  de  leyes  en  el  tiempo,  si  la  conducta  sigue  siendo  delito  en la nueva  legislación,   pero   cambia   el  nomen  iuris,  no  es  necesario  variar  la  calificación,  pues  ésta  sólo  puede  serlo cuando se incurrió en error al  proferir   el  pliego  de  cargos,  o  por  prueba  sobreviniente,  y  aquí  la  calificación  dada  fue  la correcta, al tenor de la ley entonces vigente, sino  que,  simplemente,  la adecuación típica del comportamiento se modificó en la  nueva ley”.   

En  este  contexto  ha  de  entenderse  el  concepto  de prórroga de competencia a que me he referido, esto es, no como una  nueva  modalidad  de  atribución de competencias por vía jurisprudencial, sino  al  más  elevado entendimiento según el cual, el concepto de justicia material  se  realiza  mediante la aplicación de la ley sustancial por el Juez a quien le  ha  sido  asignado  el  proceso  sin  vicio  alguno,  pero  que por razón de la  vigencia  de  una  nueva  ley  podría  llegar  a concluir que el comportamiento  objeto  de  juzgamiento  ha cambiado de denominación jurídica. De este modo se  respeta  el  principio  de Juez natural y se realiza la adecuada aplicación del  derecho  sustancial  al caso concreto, con menores costos procesales tal como lo  exige  el  principio  de  economía  que  obliga  acudir  a las soluciones menos  traumáticas.   

Por  razón  de  lo expuesto, insisto en mi  criterio,  sentado y reiterado, además, por la jurisprudencia, en el sentido de  que  si  no  existe  error  en  la  calificación  jurídica  de la conducta, la  acusación  vincula  al juzgador y por supuesto a la Corte, sin que pueda llegar  a  ser  desconocida  so pretexto de un conflicto de competencias propiciado tras  considerar  que  la  norma  sustancial  aplicable al caso es otra distinta de la  señalada en la acusación.   

Proceder  de modo contrario por parte de la  Corte,  implica desde mi punto de vista no sólo correr el riesgo de atribuir la  condición  de  delincuente  político  a  quien  carece de ella, o de negarla a  quien  sí  la  tiene,  sino  que  también  resulta  desconociendo  la facultad  constitucionalmente  atribuida  a  la  Fiscalía  de  investigar  los  delitos y  calificar  las  conductas, usurpando la función juzgadora y resolviendo el caso  con prescindencia del juez natural.    

Mas aún, considero que las consecuencias  de  resolver  conflictos, adentrándose en el análisis de situaciones concretas  de  las  cuales  la  Corte no puede ocuparse de manera anticipada y menos por la  vía  de  colisión  de  competencias,   pueden  ser  nocivas  frente  a la  función  que  en el futuro eventualmente deberá asumir, consistente en la real  posibilidad  de  llegar a conocer en segunda instancia de comportamientos que en  primera  instancia le corresponderá juzgar al Tribunal que habrá de crearse de  conformidad  con  lo  dispuesto  por la Ley 975 de 2005, lo que a mi modo de ver  podría  resultar  contraproducente  por  haber  comprometido  su criterio en un  aspecto  medular  del  juicio,  como  es  el  relacionado  con  la calificación  jurídica de la conducta.    

MAURO SOLARTE PORTILLA  

MAGISTRADO  

Fecha ut supra.  

    

1 Folio  88, actuación principal   

2 Autos  de  colisión  de  competencia,  del  26  de marzo de 2001, radicado 17925, M.P.  Edgar  Lombana  Trujillo;  21 de mayo de 2002, radicado 19444, M.P. Jorge Anibal  Gómez  Gallego;  21  de  enero  de  2003,  radicado  20161, M.P. Yesid Ramírez  Bastidas;  27  de  octubre  de  2004,  radicado  22673,  M.P. Sigifredo Espinosa  Pérez, entre otras.   

3 Corte  Constitucional,  Sentencias  C-198/97.  M.P.  Fabio Morón Díaz y C-746/98 M.P.  Antonio Barrera Carbonell.   

4  Comité  Internacional de la Cruz Roja, “Diccionario de Derecho Internacional de  los  Conflictos  Armados” , Pietro Verri, Impresora  Limitada  Editores,  Bogotá,  noviembre  de 2002, pág.  16-17.   

5 Auto  de  colisión de competencia, radicado 21639, M.P. Alvaro Orlando Pérez Pinzón   

6  Folios 7, 18 y 31, actuación original.   

7 Auto  de  10  de  septiembre  de  2003.  Rad.  21.343. M.P. DR. ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN.   

8 Auto  de 19 de mayo de 2004. Rad. 22103. M.P. DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO.   

9 Auto  de  10  de  septiembre  de  2003.  Rad.  21.343. M.P. Dr. ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN.   

10 Cfr.  Comentarios  a  la  Parte  Especial  del  Derecho Penal Español. Ramón García  Albero. Ed. Aranzandi. Pg. 1559.   

11  Auto   de   febrero  14  de  2002.  Rad.  18457.  M.P.  Dr.  JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA.     

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