SP8365-2015(46114)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP8365-2015  

Radicación N° 46114.  

Aprobado acta No. 225.  

Bogotá,  D.C.,  uno  (1) de julio de dos mil  quince (2015).   

VISTOS  

Resuelve la Corte  el  recurso  de apelación interpuesto por el defensor  del           procesado          TARCISIO  MANUEL  BENAVIDES ACOSTA, en  contra  de  la  sentencia  del  5  de mayo  de  2014, por medio de la cual la Sala  Penal    del    Tribunal   Superior   del   Distrito  Judicial  de  Barranquilla        (Atlántico)     lo    condenó    como  autor   responsable  del  concurso  de  delitos  constitutivos  de prevaricato  por  acción –en  concurso  homogéneo- y peculado  por  apropiación  en favor de  terceros,   cometidos   en  su  condición  de  Juez  Séptimo Penal  Municipal  de  esa  ciudad.   

HECHOS  

En  anteriores  ocasiones,  la  Sala  prohijó  el siguiente recuento de lo sucedido:   

“1)  El  22 de  abril  de  2009  el  abogado  HERNÁN  FERNÁNDEZ  ALEAN,  obrando como de (sic)  apoderado  de  VIVIAN  DEL CARMEN PORTILLO y otros 4 ex trabajadores de Telecom,  instauró  en  la  ciudad de Barranquilla ACCIÓN DE TUTELA contra el PATRIMONIO  AUTÓNOMO  DE  REMANENTES PAR TELECOM, como mecanismo transitorio para evitar un  perjuicio  irremediable,  a  efectos  que les reconocieran el pago de salarios y  demás  prestaciones  sociales a las que presuntamente tenían derecho por haber  laborado  en  TELECOM. Empresa que en la misma tutela se señaló, fue suprimida  y  liquidada  por  el Gobierno Nacional, conforme el Decreto 1615 de junio 12 de  2003,  afirmándose  también  que los accionantes no podían ser despedidos por  tener  fuero sindical. Además solicitaron como medida provisional el embargo de  las  cuentas  corrientes a nivel nacional de la accionada en bancos de la ciudad  hasta   por   la   suma   de   $1.792’613.310,oo.   

2) [La] Referida acción fue conocida por el  Juzgado  Séptimo Penal Municipal de Barranquilla, despacho donde el 24 de abril  de    2009,    siendo    titular    el    doctor   TARCISIO   MANUEL   BENAVIDES  ACOSTA              –quien     fungía     como    juez  encargado–,  admitió la  misma  y  ordenó  el embargo y secuestro preventivo de los dineros que tenía o  llegare  a  tener  depositados la accionada en la cuenta corriente de los Bancos  Popular  y Agrario de la ciudad, limitando la medida hasta cubrir la suma de MIL  SETECIENTOS  NOVENTA Y DOS MILLONES SEISCIENTOS TRECE MIL TRESCIENTOS DIEZ PESOS  ($1.792’613.310,oo).   

3)  El  30 de abril de 2009, Carlos Enrique  Burgos      Aruachán,     apoderado     del     PATRIMONIO     AUTÓNOMO     DE  REMANENTES            –PAR–,  radicó  escrito  en  el  Juzgado  oponiéndose  a las peticiones de la tutela y solicitó compulsar copias para la  investigación  penal y disciplinaria, porque los accionantes habían adelantado  acciones  de  reintegro ante la justicia ordinaria: Los señores Escalona Cuello  y  Portillo  Hernández  en el Juzgado quinto laboral de Bogotá y los restantes  en  el  Juzgado  Tercero Laboral del Circuito de Valledupar, procesos fallados a  favor  de  la  accionada.  Señaló que a ninguno de los actores se les adeudaba  dinero,  pues, acorde con el contrato de fiducia realizado les fueron canceladas  todas   las  acreencias  e  indemnizaciones,  dejando  así  a  salvo  cualquier  perjuicio  surgido  con  la  empresa  a la cual prestaron sus servicios hasta la  fecha  en que dejó de existir jurídicamente, es decir, al 31 de enero de 2006,  y  para  ello aportó las respectivas liquidaciones. A  la par, plasmó otras consideraciones resumidas así:   

No existencia de perjuicio irremediable. Al  respecto  trajo a colación pronunciamientos de la Corte Constitucional donde se  ha  establecido  la  no satisfacción del principio de inmediatez, y por ello la  declaratoria     de    improcedencia    de    tales  acciones (…).   

No  hay  reintegro a una entidad liquidada,  trátese de trabajadores con fuero sindical o no (…).   

Todos  los  accionantes  reportan en FOSYGA  como   empleados  dependientes  con  posterioridad  a  la  terminación  de  sus  contratos,  por ende no se puede predicar vulneración  al mínimo vital (…).   

No  es  procedente  la medida cautelar, por  tratarse  de  una  tutela instaurada 3 años después de finalizar la existencia  jurídica de la empresa.   

La parte accionada es una entidad diferente  a  la liquidada, cuyas obligaciones y funciones se limitan a las descritas en el  contrato   de  Fiducia  Mercantil  suscrito  con  Fiduprevisora,  por  ende  los  accionantes  no  tienen  ningún  vínculo  con  ésta  y  no  pueden reclamarle  prestaciones,  reiterando  que  el  PAR  es un negocio jurídico, no una persona  jurídica.   

4)  No  obstante lo anterior, desconociendo  palmariamente  el  contenido  de la ley en cuanto a la regulación del mecanismo  transitorio  y  subsidiario denominado ACCIÓN DE TUTELA, así como el análisis  y  probanzas  de la entidad accionada, el 4 de mayo de 2009, último día en que  desempeñaba  como  cargo [el] de Juez Séptimo Penal Municipal de Barranquilla,  el doctor BENAVIDES ACOSTA, resolvió:   

1. CONCEDER LA ACCIÓN DE TUTELA promovida,  por  la  vulneración  de los derechos fundamentales al debido proceso, trabajo,  seguridad    social,    mínimo    vital,    igualdad,    pago    oportuno    de  salarios.   

2.  ORDENAR  al  PATRIMONIO  AUTÓNOMO  DE  REMANENTES                      –PAR–  que  proceda  al  pago  de  los salarios, prestaciones, reajustes, y demás conceptos  dejados  de  percibir  por  los  accionantes  durante  el  tiempo que han estado  cesantes  a  causa  del  despido injusto, lo cual no podrá exceder de cinco (5)  días,  para  lo cual ordenó como medida cautelar el embargo y secuestro de los  dineros  que  en  calidad  de remanente se encuentran a disposición del Juzgado  Tercero  Laboral  del  Circuito  de Barranquilla en el proceso seguido por MARIO  DURÁN  MORALES  contra  el  PATRIMONIO  AUTÓNOMO  DE  REMANENTES  –PAR–, constituidos en tres títulos que  relacionó;  además aquellos que provengan de la medida preventiva ordenada por  el Despacho al Banco Agrario y Banco Popular.   

3.  Oficiar al Juzgado Tercero Laboral del  Circuito  de  Barranquilla,  para que coloque a disposición los dineros que por  concepto   de  remanentes  se  encuentran  en  tres  títulos  que  expresamente  relaciona,  hasta  por  la  suma  de  MIL  SETECIENTOS  NOVENTA  Y  DOS MILLONES  SEISCIENTOS    TRECE    MIL    TRESCIENTOS    DIEZ   PESOS   ($1.792’613.310,oo).  Librar los oficios al  Juzgado  Tercero  Laboral  del  Circuito,  Banco  Popular  y Banco Agrario, para  efectos  del  cumplimiento  de  la  orden  judicial impartida y entrega del correspondiente título.   

5) Este fallo fue recurrido por la entidad  accionada,  y  el  22  de  julio de 2009 el Juzgado Octavo Penal del Circuito de  Barranquilla  con  funciones  de  conocimiento lo revocó por improcedente al no  evidenciar  la  inmediatez  que  lo  debe caracterizar; igualmente invalidó las  medidas  cautelares  ordenadas  en providencias fechadas 24 de abril y 4 de mayo  de  2009,  y ordenó compulsar copias para adelantar investigaciones penales que  pudieran  surgir de las presuntas irregularidades informadas por el apoderado de  la accionada.   

6)  El 23 de marzo de 2010, el Gerente del  PATRIMONIO  AUTÓNOMO  DE  REMANENTES  PAR,  solicitó al Juzgado Séptimo Penal  Municipal  de  Barranquilla  la  devolución  de  los  dineros  embargados   ($1.792’613.310,oo),  sin  embargo  ello no ha sido posible a la fecha, pues, en razón al cuestionado  fallo   de  tutela,  el  Juzgado  ordenó  el  pago  del  título  judicial  No.  416010001194120  por  ese  valor  a  favor de Camilo Torres Becerra –apoderado        de       los  accionantes–, quien lo  endosó  para  que fuera consignado en su cuenta de ahorros del Banco Agrario de  la  ciudad  de  Montería,  concretándose  así un perjuicio y el fraude de los  recursos del Estado”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Adelantada  la investigación respectiva por  la  Fiscalía  52  delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá, adscrita a la  Unidad  Nacional  para la Investigación de Funcionarios de la Rama Judicial, el  15  de  agosto  de  2013  se celebró ante el Juzgado Noveno Penal Municipal con  función  de control de garantías de Barranquilla (Atlántico), la audiencia de  formulación  de imputación contra TARCISIO MANUEL BENAVIDES ACOSTA, a quien se  le  atribuyó  el  concurso  de conductas punibles constitutivas de prevaricato  por  acción   -en  concurso   homogéneo   y   sucesivo   de   dos   conductas-,   y   peculado   por   apropiación   a  favor  de  terceros.   

En la misma oportunidad, al incriminado se le  impuso  medida de aseguramiento consistente en detención preventiva en el lugar  de residencia, acompañada de mecanismo de vigilancia electrónica.   

Como  el  procesado  no  aceptó  los cargos  formulados,  el  ente instructor presentó escrito de acusación el 16 de agosto  siguiente, ratificándolos.   

El  conocimiento  de  la  fase  del  juicio  correspondió  a  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Barranquilla, despacho  que  adelantó  la audiencia de formulación de acusación en sesiones del 23 de  enero1 y 11 de junio de 2014.   

Convocadas las partes para la celebración de  la  audiencia  preparatoria,  el 7 de julio de esa anualidad presentaron un acta  de  preacuerdo  que  fue improbada por el Tribunal, en decisión del 8 de agosto  posterior,  la  cual fue confirmada por esta Corporación el 26 de noviembre del  referido año (Radicado 44906).   

Instalada   nuevamente   la   diligencia  preparatoria  el 17 de marzo de 2015, en dicha actuación el procesado BENAVIDES  ACOSTA  se  allanó  a  la  acusación  que  le formulara la Fiscalía. En tales  condiciones,  la  Sala A quo  procedió  a  avalar  su determinación y a realizar la audiencia regulada en el  artículo 447 de la Ley 906 de 2004.   

El fallo de primera instancia fue dictado el  5  de  mayo  siguiente, declarándose la responsabilidad penal del acusado en el  concurso  delictual  por  él aceptado, esto es, en dos delitos constitutivos de  prevaricato  por  acción y  uno   de  peculado  por  apropiación  en  favor  de  terceros.   

Consecuente con su decisión, el Tribunal le  impuso  las penas principales de 100 meses de prisión, multa por el equivalente  a   2400   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  100  meses  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas. Asimismo,  le  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

En  contra  de la mencionada providencia, el  defensor    del    enjuiciado    interpuso    oportunamente    el   recurso   de  apelación.   

LA SENTENCIA RECURRIDA  

El  Tribunal,  luego  de resumir los hechos,  identificar  al  acusado y repasar el decurso procesal, se refiere a los efectos  del   instituto   del   allanamiento  a  cargos,  con  el  fin  de  sustentar  a  continuación    la    configuración    de    los    ilícitos    imputados   a  aquél.   

En  esa  medida, alude en primer término al  fundamento     fáctico     de     los     dos     delitos    de    prevaricato   por   acción  atribuidos,  materializados  en  un auto admisorio de tutela y el posterior fallo, destacando  que  en  cada  caso  el  juez investigado desbordó el alcance de las normas que  regulan   la   acción  constitucional,  al  reconocer  derechos  laborales  sin  fundamento  alguno  y  en  contravía de lo decantado jurisprudencialmente. Así  mismo,  por  ignorar  lo  consagrado  en el artículo 6° de la Ley 179 de 1994,  disponiendo  el  embargo  de  dineros  estatales,  pese  a  existir prohibición  legal.   

Acto  seguido, realiza idéntica labor en lo  concerniente  al  delito constitutivo de peculado por  apropiación  en  favor  de  terceros, concluyendo así  que  la  actuación  reprochable  penalmente  consistió en embargar dineros del  erario  público,  decretando,  adicionalmente, una improcedente medida cautelar  sobre los mismos.   

Por lo demás, en uno y otro caso, la Sala de  Decisión  analizó  los  elementos  estructurales  de  las  citadas  hipótesis  delictuales,  determinando  que  se  configuraban debidamente los componentes de  tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.   

Determinada en tal medida la responsabilidad  del  incriminado,  el  A quo  anunció  abordar lo atinente a las consecuencias jurídicas, iniciando la labor  de  dosificación  punitiva, en cuyo proceso fijó individualmente las sanciones  para       cada      delito      –ubicándose,   en  todos  los  eventos,  en  el  cuarto  mínimo  de  movilidad-,  y  al  final, al establecer que la más grave era la señalada para  el   de   peculado  por  apropiación  en  favor  de  terceros,  aplicó las reglas del concurso de conductas  punibles  y  sobre  el monto tasado, reconoció la rebaja de la tercera parte en  razón  del  allanamiento a cargos en la audiencia preparatoria, obteniendo así  las sanciones anteriormente reseñadas.   

Por  último,  expuso  las  razones  por las  cuales  negaba al endilgado los sustitutos penales de la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

El  proveído  en comento fue apelado por la  defensa técnica del procesado.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Limitando  su disenso a la determinación de  la  sanción  privativa de la libertad, el apoderado judicial de TARCISIO MANUEL  BENAVIDES  ACOSTA  parte  por  repasar  cómo operó el proceso de dosificación  punitiva,  para  luego  expresar  su  desacuerdo,  pues,  si bien el fallador se  ubicó  en  los  primeros  cuartos, lo cual es legal, le parece desproporcionado  que   no   haya  aplicado  los  mínimos  punitivos,  haciendo  incrementos  sin  justificación alguna.   

En particular, sostiene que fue desmedido el  aumento   de   12   meses   realizado  respecto  del  ilícito  de  peculado,  reprochando  también  que el  Tribunal  haya  desatendido  su alegación en la audiencia de individualización  de  la  pena  y  sentencia,  en  la  que  señaló  que  su  prohijado carece de  antecedentes  penales,  trabajó  18  años  en  el poder judicial y cometió la  conducta  “por que (sic) el estado (sic) lo coloca  como  juez,  encargado  ante  la  ausencia  de  titular.  Sin  capacitación, ni  experiencia  alguna,  como  que  SU  CARGO  ERA  A  LA  SAZÓN,  NOTIFICADOR DEL  DESPACHO,  y  lo  nombran  como  juez  ad-honorem,  precipitándolo a que cometa  irregularidades     por     desconocimiento,     más     que    por    conducta  dolosa”.   

De  igual  forma,  para  justificar  que  el  enjuiciado  merecía  un  trato  benévolo,  destacó  que con el allanamiento a  cargos   evitó  el  desgaste  de  la  administración  de  justicia  y  que  el  peculado    imputado,  “no   lo  fue  por  apropiación”  sino  en favor de terceros, lo cual disminuye la afectación al bien  jurídico.   

En  cuanto  al incremento punitivo en razón  del  concurso, dice que si bien reconoce que el juez tiene discrecionalidad para  establecerlo,  el  que  hizo  en  este  caso  fue  desmesurado,  en  tanto,  sin  motivación alguna lo fijó en 40 meses.   

Para  terminar,  el  recurrente  sugiere  su  propia  tasación  punitiva,  cita  precedente  de  la  Sala sobre el tópico, y  solicita  a  la  Corte  que  redosifique  la  pena  impuesta  a su representado,  “la  cual  según mi ejercicio dosimétrico arroja  un quantum definitivo de 72 meses.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Teniendo    en   cuenta   el   cargo   de   Juez   Séptimo          Penal           Municipal      de     Barranquilla  (Atlántico)     que    desempeñaba              el procesado  TARCISIO  MANUEL  BENAVIDES ACOSTA para el momento de  los  hechos  y de la relación inmanente de estos con  la   función   asignada   al  mismo,  es  la  Corte  competente  para  conocer  en  segunda  instancia  del fallo emitido por la Sala  Penal     del    Tribunal    Superior    de    esa  ciudad,  de  conformidad  con  lo  establecido en el  numeral  3°  del  artículo  32  de  la  Ley 906 de  2004, bajo cuya ritualidad se ha venido adelantando  el  presente trámite procesal.   

En   efecto,  debe  recordarse  que  al  incriminado     BENAVIDES     ACOSTA    se    le    acusa   por   haberse   valido   de   esa  condición  para adoptar,  los   días   24   de   abril   y   4  de  mayo  de  2009,  dos decisiones en  trámite         de        tutela,  tildadas  de      ilegales,      a      través     de     las     cuales     ordenó  a  la  empresa  estatal  Patrimonio  de  Remanentes PAR  TELECOM pagar millonarias  cantidades  en  favor  de  algunas  personas  a  quienes  reconoció  derechos  pensionales, desatendiendo la normatividad vigente y  la    prolífica    jurisprudencia    que    se    ha    proferido    sobre   el  particular.   

De  igual  manera,  por  haber  dispuesto  medidas  cautelares  respecto  de  rentas  oficiales,  a  pesar  de  la  expresa  prohibición legal.   

Son,    entonces,    dos    decisiones  prevaricadoras  que repercutieron en claro detrimento  del  patrimonio  estatal,  las  cuales  sustentan la  imputación  jurídica  por el concurso de delitos constitutivos de prevaricato  por  acción –en  concurso  homogéneo  de dos- y  peculado    por    apropiación    en   favor   de  terceros,   la   cual   fue   aceptada   libre   y  voluntariamente  por  BENAVIDES  ACOSTA en la audiencia preparatoria.   

Así    las    cosas,    quedando     evidenciado    que    en    este    evento    el  implicado  aceptó  su  responsabilidad  en aquellos  ilícitos,  lo  cual fue  avalado  por  el  Tribunal  de  conocimiento, es de esperarse que el       defensor      recurrente  dirija  todos  sus  esfuerzos a tratar de contrarrestar   lo  decidido  por  ese  despacho    en    torno    a   las   consecuencias  jurídicas,   marginando   de   la   discusión  lo  concerniente     a    la    prueba    sobre    la    responsabilidad.   

Es  así  como  cuestiona,  única  y exclusivamente, el proceso de  dosificación        punitiva,        denunciando        que        (i)     no     se     fijaron  las sanciones en los  mínimos  legales, todos los cuales  fueron  incrementados injustificadamente;    (ii)  no   se   tuvieron  en cuenta las alegaciones que expuso en la diligencia de  individualización   de   la  pena  y  sentencia,  y  (iii)   el  aumento  por el concurso delictual  fue desmesurado.   

Establecidos    así    los    ejes    temáticos    de    la    impugnación,   la   Corporación     procederá    a    responderlos  de  manera  conjunta,  dado que, están estrechamente   ligados   unos   con  otros.   

2.   Las  críticas al proceso de dosificación punitiva.   

De  entrada  debe  señalar  la  Sala que  constituye     una     insensatez    del     apelante     que  dirija  su  ataque  en  contra del proceso de tasación  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  por cuanto  no  comparte el que  no se haya fijado el mínimo punitivo, cuando él mismo reconoce  que   en   la   determinación  de  la  sanción  el  juzgador  goza de discrecionalidad y además en este evento se ubicó  en  los  primeros  cuartos  de movilidad punitiva, lo  cual cataloga de legal.   

Entonces, si el propio defensor admite que  la  actuación  operó  dentro  de  la legalidad y adicionalmente que obedece al  criterio  discrecional  del  fallador,  su discurso queda debilitado, puesto que  ningún  yerro  logra  denunciar de cara a que la segunda instancia modifique lo  decidido     por     el     A     quo.   

En  efecto,  revisado  el fallo de primer  grado,  la  Corte  corrobora  que  tanto en la determinación de la pena para el  concurso  de  prevaricatos  como  para el único ilícito de peculado,   el   Tribunal,   bajo   el   entendido   de  que  “en  la  resolución  de  acusación (sic) el Fiscal no endilgó  ninguna  circunstancia  genérica  de  mayor punibilidad ni de menor punibilidad  dispuesta  en  los  artículos  55  y  58  de  la Ley 599 de 2000”,  se ubicó en los cuartos mínimos de movilidad punitiva, dentro  de  los cuales, a renglón seguido, fijó la sanción respectiva, apelando a los  criterios       orientadores       del       artículo      61      Ibidem,  destacando la gravedad de los  delitos, la intensidad del dolo y el daño causado.   

De  la  anterior  forma,  justificó  los  aumentos  respectivos,  que  de  todos  modos no superaron el máximo del cuarto  mínimo,  lo  cual,  como lo afirma el propio impugnante, los deja en el terreno  de la legalidad.   

De otro lado, se tiene que el juzgador de  primer  nivel  aplicó  acertadamente  las  reglas  del  concurso  de  conductas  punibles  previstas  en el artículo 31 del Código Penal, en tanto, partió por  fijar  individualmente  la  penalidad para cada hipótesis delictual para luego definir la más grave de ellas.   

Es   así  como  determinó  válida  y  legalmente  que para los dos prevaricatos,  la  pena privativa de la libertad sería de 100 meses, y la del  delito   de   peculado  de  110,  es  decir,  estableció  que esta  última  era  la  más gravosa y pese a que podía aumentarla  hasta  en otro tanto por razón del concurso, desde luego sin sobrepasar la suma  aritmética,  realizó  un  modesto  incremento  de  40  meses,  para  fijar una  sanción  restrictiva  de  la libertad parcial de 150 meses de prisión.   

Seguidamente,  teniendo  en cuenta que el  procesado  se  allanó a  cargos   en   la  audiencia  preparatoria,  lo  cual  autoriza  una rebaja de la  pena   de   hasta   la  tercera      parte      -acorde   con  lo  regulado  en  el  numeral 5° del artículo 356  de  la  Ley  906 de 2004-,  la  Sala A quo  optó  por  reconocerle a BENAVIDES ACOSTA la máxima reducción  punitiva posible.   

En tales condiciones, a la pena dosificada  aplicó  una  rebaja  de  la  tercera  parte, conduciendo ello a que la sanción  aflictiva  de  la  libertad  quedara  establecida  finalmente  en  100  meses de  prisión.   

Ahora      bien,     para    ilustración    -y  tranquilidad-  del  recurrente, la  Sala    traerá   a   colación   lo   que   pacífica   y   reiteradamente   ha  sostenido  sobre la forma  de  interpretar  y aplicar las normas que regulan las  diferentes   etapas   que   debe   agotar   el   fallador   para  establecer  la  sanción2, del siguiente tenor:   

«…[l]o  primero  que ha de hacer el juez es fijar los límites mínimos y máximos de la  pena,  establecidos  en  el  tipo  penal  por  el  que se procede, disminuidos y  aumentados   en  virtud  de  las  circunstancias  modificadoras  de  punibilidad  concurrentes,  que  se  aplican con base a las reglas que prescribe el artículo  60  del  Código  Penal,  conformándose  de esta manera el llamado marco punitivo.   

Enseguida   procede   establecer   el  ámbito   punitivo   de   movilidad,   para  lo  cual  se  ha  de  dividir  el  marco  punitivo en cuatro  cuartos,  determinados  con  base  en  los  fundamentos  no modificadores de los  extremos  punitivos,  esto  es,  las circunstancias de menor y mayor punibilidad  señaladas      en      los      artículos     55     y     58     ídem,  ámbito  que viene a servir de  barrera  de  contención para limitar la discrecionalidad judicial, pues el juez  sólo  podrá  ejercer su arbitrio en la dosificación dentro del tracto formado  por los respectivos cuarto.   

Pero  a  pesar  de  que  el  método para  obtener  el ámbito punitivo de movilidad  ordena  dividir  el marco punitivo en cuatro cuartos, de acuerdo  con  el  inciso  2º  del  artículo  61  sólo  existen  tres  (3)  ámbitos de  movilidad:  el  primero,  conformado  con el cuarto mínimo, “cuando no existan atenuantes ni agravantes  o  concurran únicamente circunstancias de atenuación punitiva”, el  segundo, con los dos cuartos medios  “cuando  concurran  circunstancias de atenuación y agravación punitiva” y,  el tercero, con el cuarto  máximo   “cuando   únicamente   concurran   circunstancias   de  agravación  punitiva”.   

Obtenidos     esos     tres  tractos  de movilidad, el inciso  3º  del artículo 61 ídem dispone que el juzgador impondrá la pena dentro del  cuarto  o  cuartos  que  corresponda, ponderando la mayor o menor gravedad de la  conducta,  el  daño  real o potencial creado, la naturaleza de las causales que  agraven  o  atenúen la punibilidad, la intensidad del dolo, la preterintención  o  la  culpa  concurrentes, la necesidad de la pena y la función que ella ha de  cumplir  en  el caso concreto. Además, en los casos de tentativa, se tendrá en  cuenta  el  mayor  o menor grado de aproximación al momento consumativo y en la  complicidad   el  mayor  o  menor  grado  de  eficacia  de  la  contribución  o  ayuda».   

Acorde  con  lo  anotado,  se  ratifica  que   en   el   presente  asunto,  efectivamente  el  juzgador   de   primera   instancia   delimitó   en   debida   forma   los  cuartos  de  movilidad  punitiva  y se ubicó en los  primeros,   dentro   de   los   cuales   finalmente  dosificó  las  penas  que  le impuso al  acusado BENAVIDES ACOSTA.   

Entonces,  en  ninguna   irregularidad   incurrió  el  Tribunal  si  al  hacer  la  operación  respectiva   y   apoyándose   en  las  directrices  legales,  determinó  no  partir de los mínimos punitivos.   

Directrices legales que, valga anotar, no  se  avienen  a  las  que  olímpicamente  propone  la  defensa en su memorial de  apelación para asegurar que debieron aplicarse las penas mínimas.   

En  efecto, de acuerdo con el reclamo que  formula   el   defensor,   el   A   quo  no tuvo en cuenta la alegación que esgrimió en la audiencia de  individualización de la pena y sentencia.   

Razones   tenía   para   no   hacerlo.  Véase:   

La     supuesta     ausencia     de  antecedentes  penales no  es  una  circunstancia  que  deba influir en la fijación individual de la pena,  puesto  que  si bien la misma determina la estructuración de la causal de menor  punibilidad  prevista  en  el numeral 1° del artículo 55 del Código Penal, la  incidencia  de  la  misma,  formulada  o  no  por  el ente instructor, se vería  reflejada  en  la  determinación  de los cuartos de movilidad punitiva, como se  sentó en el precedente jurisprudencial anteriormente citado.   

En  este  caso,  ha  sido suficientemente  decantado,  como las sanciones se establecieron en el primer cuarto de movilidad  punitiva,  la  carencia de antecedentes del implicado  es   un   tópico   que   resulta   intrascendente.   

Ahora,   frente  al  hecho  de  que  el  enjuiciado  haya  trabajado  18  años  en  la  Rama Judicial, además de que el  memorialista  no explica el porqué deba ser una circunstancia a tener en cuenta  a  favor  de su defendido, se trata de un factor que, si se quiere, bien podría  perjudicarlo,  puesto  que  demuestra  que traicionó la confianza de la entidad  que por tanto tiempo le facilitó su sustento y el de su familia.   

Y  si  llevaba  18  años  laborando  al  servicio  del  poder  judicial, resulta un contrasentido del recurrente el que a  renglón  seguido  aduzca su falta de experiencia y critique que el “estado”  no  lo  haya capacitado,  “precipitándolo a que  cometa    irregularidades   por   desconocimiento,   más   que   por   conducta  dolosa”,   pues,   el   propio  procesado  debió  reconocer,  en  su  momento,  que  si no estaba capacitado para asumir el cargo,  simplemente no debió aceptarlo.   

Lo  cierto  del  asunto  es  que si en un  momento  dado  fue  designado  para  cumplir  dicha función, indudablemente era  porque  cumplía con los requisitos constitucionales y legales establecidos para  ello.   

De todos modos,  la     alegación     que     se     esboza     en     ese     sentido,  tiende    más    a  desestructurar   su  actuar  doloso  y  el  elemento  culpabilidad  del  delito,  lo  cual  es absolutamente       improcedente  en  esta    sede,    debido    a    que   hubo          allanamiento     a    cargos   avalado   por  la  judicatura,  con  el      cual      queda      al     margen  cualquier      discusión     en     torno   a  los  factores  que configuran la conducta punible.   

Lo      propio      cabe decir  frente     a     la     absurda     afirmación     de     la defensa,  según   la   cual  el  peculado   imputado,  “no   lo  fue  por  apropiación”  sino  en favor de terceros -situación       que,  en  su  opinión,   disminuye   la   afectación   al  bien  jurídico-,   no   solo   porque   esa      frase,      que     nunca  fundamenta,    apunta    a    desvirtuar  el  componente  antijurídico  del  delito,   lo   cual   no   procede       en      estos  casos  de  aceptación de cargos, sino también porque deja entrever la confusión del apelante  frente  a  la tipificación           del ilícito en comento.   

Por último, tampoco es un factor a tener  en  cuenta  para  aplicar  el  mínimo  punitivo,  el que el sujeto pasivo de la  acción    penal    se    haya    allanado   a   la   acusación,   con   el   argumento   de  que evitó  el  desgaste  de  la  administración  de  justicia,  cuando  es  lo  cierto que esa circunstancia ya le fue retribuida procesalmente,  al  momento  en  que se le reconoció una generosa rebaja punitiva de la tercera  parte, con la cual resultó enormemente favorecido.   

3. Conclusión.   

Como   ninguna  de  las  críticas  que formula la defensa  apelante  en torno al proceso de  dosificación  punitiva  tiene eco, además de que  se  verificó  que  la  pena  de  prisión fue determinada válida y legalmente,  la  Corte  confirmará  íntegramente  la  sentencia  objeto de impugnación.   

DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR  en  su  integridad  la  sentencia  del  5  de mayo de 2015, por medio de la cual la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  condenó al procesado TARCISIO  MANUEL  BENAVIDES  ACOSTA,  como  autor  responsable  del  concurso  de  delitos  constitutivos  de prevaricato por acción  y  peculado por apropiación a favor de  terceros.   

Contra  este  fallo  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 En  la  primera  sesión  de  la  diligencia  de acusación, la defensa técnica del  enjuiciado  solicitó  la  nulidad de la actuación. La petición en comento fue  negada  por  el  Tribunal, mediante decisión que fue confirmada por la Corte el  12 de marzo de 2014 (Radicado 43158).   

2 En  otros  pronunciamientos,  en  CSJ SP, 30 nov. 2006, Rad. 26227; CSJ AP, 29 sept.  2010,  Rad.  34939; CSJ SP, 9 oct. 2013, Rad. 39462; y CSJ SP6699, 28 mayo 2014,  Rad. 43524.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *