SP647-2017(43044)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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Eyder Patiño Cabrera  

Magistrado  ponente   

SP647-2017  

Radicación N°. 43044  

Aprobado acta Nº. 17  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de enero de  dos mil diecisiete (2017).   

VISTOS  

         Resuelve  la  Corte  el  recurso  de  apelación interpuesto por la  defensora   de   la  procesada  Diana  Beatriz  Miller  Villa,  Jueza   Segunda  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla  (Atlántico),  en   contra   de   la  sentencia  del  5  de  noviembre  de  2013,  por medio de la cual la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  esa  ciudad  la  condenó como autora responsable del delito  de  peculado  por apropiación en  favor  de  terceros en concurso homogéneo y sucesivo con la misma conducta pero  en grado de tentativa.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Fueron  consignados  en  la  sentencia  de  primera instancia en los  siguientes términos:   

         “…DIANA  BEATRIZ  VILLA  MILLER,  en  calidad  de  Juez Segunda  Laboral  del Circuito de Barranquilla, dictó sentencias de primera instancia en  los  radicado  16827  (principal)  que  corresponde  al demandante ALEX HUMBERTO  RAMOS  SALTARÍN  y radicado 16886 que corresponde al demandante PEDRO FRANCISCO  GONZÁLEZ  GÓMEZ,  decisión  en  las  que condenó a pagar cuantiosas sumas de  dinero por conceptos laborales a FONCOLPUERTOS.   

         Las  sentencias  no  fueron  sometidas al grado de jurisdicción de  consulta,  u  (sic)  cuando  ello ocurrió el Tribunal Superior de Santa Rosa de  Viterbo  las  revocó  en  su integridad por no estar ajustadas al derecho al no  aplicarles  las  normas  pertinentes aplicables al caso concreto, o no valorarse  adecuadamente las pruebas aportadas.   

         Se  sindica  a  la  funcionaria judicial de los delitos de peculado  por  apropiación  a favor de terceros, como conducta consumada o en el grado de  tentativa  según  se demuestra la apropiación de dineros del estado (sic) o no  …”»1           

         Las  decisiones  judiciales por  las  que  se  le acusó en        éste       trámite,   referidas   a  las  condenas  que  en  primera instancia  emitió  en contra de dicho  Fondo,  se  resumen de esta  forma:   

          En  el  proceso  laboral con radicación 16827, a instancias de Alex  Humberto  Ramos  Saltarín,  se  emitió  sentencia  el  28  de  junio  de  1994  condenando  a  Puertos  de Colombia Terminal Marítimo y Fluvial de Barranquilla  por  concepto  de  reajuste  de cesantías, prima de antigüedad y de servicios.  Con  oficio Nº 606 del 19 de julio de 1994 la Jueza solicitó a la demandada el  pago  por  $11.848.695,66 de acuerdo al mandamiento y el 31 de agosto de 1994 se  entregó el título judicial Nº J27273738 por ese valor.   

          En  el  trámite  identificado  con número 16886 de Pedro Francisco  González  Gómez, el 20 de agosto de 1996 dictó fallo reconociendo 29 días de  salarios,  reajuste  de  vacaciones,  prima  de  las  mismas,  de  servicios, de  antigüedad,  cesantías y pensión de invalidez. Mediante auto del 9 de octubre  de  1996 libró mandato por $70.828.410,43, sin evidencia de pago, razón por la  que se imputó en la modalidad de tentativa.   

          En  la  primera de las actuaciones, la Fiscalía 20 Delegada ante el  Tribunal  Superior de Bogotá dispuso investigación previa el 6 de diciembre de  20072.   

          El  12  de junio de 2009 la Delegada 59 ante esa misma Corporación,  ordenó  la  apertura  formal de la instrucción en los radicados 16827, 16695 y  16886,  así  como  su conexidad y declaró la prescripción de la acción penal  por      la      conducta     de     prevaricato3.   

          El   11  y  17  de  noviembre  de  2010  se  surtió  diligencia  de  indagatoria4,  el  9  de  diciembre  siguiente  se  abstuvo de imponer medida de  aseguramiento  y  declaró la preclusión de los radicados 16695 y 17000 por las  conductas  punibles  de  peculado  por  apropiación  a  favor de terceros en la  modalidad           de           tentativa5,  el  20 de septiembre de 2011  fue       cerrada       la       investigación6 y el 28 de diciembre del mismo  año    se    profirió    resolución   de   acusación   contra   Diana  Beatriz  Miller Villa, en calidad de  Juez  Segunda  Laboral  del  Circuito  de Barranquilla, como probable autora del  delito  de peculado por apropiación a favor de terceros, en concurso homogéneo  y  sucesivo  con circunstancia de agravación punitiva, según los hechos que se  derivan  de  la decisión que adoptó en el proceso de radicado 16827 y peculado  por  apropiación a favor de terceros en modalidad tentada respecto del radicado  conexo   168867.   

          El  19  de  abril  de  2012  la Fiscalía 9 Delegada ante la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  confirmó  la  anterior  decisión       al      conocer      del    recurso    de   apelación   formulado   por  la  defensa8.   

          Una   vez   celebradas   las   audiencias   preparatoria9     y  pública10,  el  5  de  noviembre  de  2013  el  Tribunal Superior de Distrito  Judicial   de   Barranquilla  dictó  sentencia  mediante  la  cual  condenó  a  Miller   Villa   por   las  conductas  punibles  objeto de la acusación, a la pena de prisión de setenta y  seis  (76)  meses,  equivalente  a  seis  (6) años y cuatro (4) meses, multa de  ochenta  mil  pesos  ($80.000)  M/CTE  e  interdicción  de derechos y funciones  públicas  por  cuatro (4) años, al hallarla responsable de los delitos por los  que se produjo la acusación.   

          No  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  pena,  prisión  domiciliaria y tampoco reconoció perjuicios.   

   

LA    SENTENCIA  RECURRIDA   

          El  Tribunal,  luego  de  resumir  los  hechos,  la  acusación y la  intervención  de  los  sujetos  procesales  en  audiencia  pública, refiere la  competencia  y  los  requisitos  para  dictar  sentencia condenatoria, aborda la  tipicidad   a  partir  de  los  cargos  imputados  y  del  precepto  sancionador  atribuido;  destaca  que está acreditada la calidad de servidora pública de la  sindicada,  condición  bajo  la  cual  expidió  las decisiones ilegales en los  procesos   laborales   promovidos   contra  Foncolpuertos  y,  consecuentemente,  cometió  los  delitos  constitutivos  de  peculado por apropiación en favor de  terceros de manera consumada y tentada.   

Metodológicamente  opta  por  estudiar  la  configuración   del   punible   de  prevaricato  por  acción, para determinar la incidencia de las acciones  de la procesada en el atentado contra la administración pública.   

Más   adelante  detalla  cada  actuación  practicada  y  las  decisiones  tomadas  por  la juez como insumos del reproche,  explica  que  la  acusada  condenó a la entidad pública a reconocer diferentes  conceptos  a  saber:  diferencia  salarial,  salario  de  29  días, reajuste de  vacaciones,  primas  de antigüedad, vacaciones, servicio, así como cesantías,  anticipo de jubilación y pensión de jubilación.   

Seguidamente  cuestiona  el valor probatorio  asignado  a  las  convenciones  colectivas,  porque las aportados no cumplen los  requisitos  del  artículo  469 del Código Sustantivo del Trabajo, en la medida  en  que  «no se probó que se: (i) hubiere extendido  la  convención  colectiva,  (ii)  se  hubiere  depositado  ante el Departamento  Nacional  del  Trabajo,  y  (iii) que ello se hubiere realizado dentro de los 15  días  siguientes  a  su  elaboración». Los acuerdos  referidos  se  allegaron  en  copia  de  donde  no  se  advierte  su  depósito.   

En el asunto de Alex Humberto Ramos Saltarín  se  proporcionó  un  cuadernillo  de la Convención Colectiva de Trabajo de los  Terminales  Marítimos  de  Barranquilla,  Cartagena,  Santa  Marta y Oficina de  Conservación  de Obras de Bocas de Ceniza, para los años de 1989 a 1990. En el  de  Pedro  Francisco  González  Gómez,  copia  de  la Convención Colectiva de  Trabajo  suscrita  entre  la  Empresa  Puertos  de  Colombia y los Sindicatos de  Trabajadores  de  los  Terminales  Marítimos  de Barranquilla, Cartagena, Santa  Marta  y  Oficina  de  Conservación de Obras de Bocas de Ceniza, para los años  1989  a  1990.  Los dos documentos registran sello de la División Departamental  del   Trabajo  y  de  la  Seguridad  Social  del  Atlántico,  firmados  por  la  secretaria,  con  lo que resulta evidente que no cumplen los requisitos legales.   

En  estos  asuntos,  precisa, la convención  colectiva   se   presentó   en  copia,  con  una  impresión  de  la  División  Departamental  del  Trabajo y la Seguridad Social del Atlántico, en lugar de la  certificación  de  depósito  de  la  División  de  Reglamentación y Registro  Sindical  de  la  Subdirección  de  Relaciones  Colectivas  de  Trabajo  de  la  Dirección  Nacional,  tal  como  lo  exigían  para la época de los hechos los  Decretos 1422 de 1989 y 1741 de 1993.   

Por  lo  anterior,  a dichas convenciones no  podía  darles  valor  jurídico,  ni  ser  el  fundamento  para  reconocer  las  prestaciones laborales reclamadas.   

Advierte,  con lo expuesto, que la sindicada  conculcó  el  artículo  469  del  Código  Sustantivo  del Trabajo, el 254 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  el  Decreto 1422 de 1989 y el 1741 de 1993 y  cita  en  ese  sentido  la sentencia del 30 de mayo de 1994 de la Sala Laboral y  del   23  de  septiembre  de  2010,  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  Penal.   

Señala también que las sentencias del 1 de  agosto  de  2003  y  14 de julio de 2004 de la Sala Civil, Familia y Laboral del  mismo  Tribunal, consignan un criterio diferente al propuesto por la procesada e  incluso  la  sentencia  del  20  de  mayo  de  1976 ya tenía sentado que, si la  Convención  Colectiva de Trabajo no se aducía con su texto auténtico y con el  acta  de  depósito dentro del término ante la autoridad laboral o por lo menos  la  certificación  de  su  depósito  oportuno,  no se puede dar por probado el  documento  del  acuerdo  de voluntades ni menos reconocer derechos ni beneficios  derivados del mismo.   

En   este   orden,   no  se  acreditó  la  autenticidad    de    la   convención,   la   extensión,   ni   su   depósito  oportuno.   

Además,  las  sentencias  citadas  por  la  defensa  no  son  aplicables al caso concreto, como quiera que al ser analizadas  cada  una  de  ellas, se evidencia que el supuesto de hecho que contienen es muy  diferente   a   las  circunstancias  probatorias  que  rodean  las  convenciones  colectivas  de  trabajo  aportadas  por  Alex Humberto Suárez Saltarín y Pedro  Francisco González Gómez.   

En  el  acápite  siguiente,  el  Tribunal  prescinde  como  factor  de  crítica  en  contra  de la acusada, la omisión de  someter  a  consulta  los fallos laborales, porque el tema no era pacífico para  ese momento.   

Seguidamente  dilucida  que la prescripción  del  delito  de  prevaricato  por acción en concurso  homogéneo  no es obstáculo para juzgar los ilícitos  de  peculado que devienen de  su  proceder,  ejecutados  precisamente para darle cumplimiento a las decisiones  ilegales,  consistentes  tanto  en  las sentencias ya aludidas, como también de  los  autos  de  ejecución.  Éstos  últimos  emitidos  a  pesar  de  no  haber  transcurrido  el  término  de  los  18  meses que exige la disposición 177 del  Código  Contencioso  Administrativo,  aplicable  al  procedimiento  laboral  en  virtud del artículo 145 del C.P.L.   

Con lo que, concluye, no se cumplía ninguno  de  los  presupuestos  para  ordenar  la  cancelación de dineros a favor de los  demandantes.   

En cuanto al tipo objetivo, considera que la  actuación  adelantada en los procesos laborales ofrece ilustración clara sobre  la   sustracción  del  dinero  y  la  participación  de  la  procesada  en  su  consumación.   

En  el expediente número 16.827, demandante  Alex  Humberto  Ramos  Saltarín, se materializó la apropiación de terceros en  razón  del auto de mandamiento de pago del 19 de julio de 1994 y la entrega del  título  bancario  nº  J27273738  conforme  al  acta del 31 de agosto del mismo  año,  por  un  valor de $11.848.695,66., facilitado al abogado demandante junto  con  los  oficios  nº  252  y  253  dirigidos  al Banco Popular, que dispuso su  cancelación.   

De  la  conducta  imperfecta  del  radicado  16.886,  tramitado  a  nombre  de Pedro Francisco González Gómez, la procesada  emitió  a  su  favor  sentencia  el  20 de agosto de 1996, contra de la Empresa  Puertos  de  Colombia,  mandamiento  de  pago por la suma de $70.828.410,43 y un  oficio  al tesorero y/o pagador de la entidad informando la decisión de haberse  librado mandamiento de pago por el valor de la condena.   

Por  lo expuesto, colige que en los procesos  laborales,  hubo efectivamente apropiación en uno y en el otro no sucedió, aun  cuando  se  aprestó   todo  lo  necesario  para  que  se  efectuara.    

Además,  la  Jueza  tenía  la  potestad de  disponibilidad  jurídica  de los dineros estatales con ocasión al ejercicio de  sus  funciones  al  ordenar  una  condena, en este caso, de manera irregular y a  favor de un tercero.   

En  cuanto a la tipicidad subjetiva sustenta  que  las  decisiones  carecen  de  motivación  al  amparar  derechos  sin hacer  alusión  a  las  pretensiones  y emitir los mandamientos de pago contra el ente  estatal  antes  de  los 18 meses que se tiene previsto para su ejecución, de lo  que se desprende el dolo en el actuar.   

Por  último,  corrobora  los  elementos  de  antijuridicidad  y  culpabilidad, la responsabilidad penal de la sindicada y las  consecuencias jurídicas del delito.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Dentro  del  término  establecido  para  el  efecto,  la  representante  de  la  defensa  presenta  un  repetitivo escrito de  apelación,  en  el  que  luego  de  reseñar el alcance del recurso, inicia por  solicitar  la  revocatoria  de  la  condena  al  considerar  que  las decisiones  adoptadas  por  su  representada  se  ajustan  a  sus  funciones,  a  las normas  sustanciales  y  procesales  vigentes  para  la  época  de  los  hechos  y a la  convención  colectiva de trabajo debida y legalmente aportada con su constancia  de depósito.   

Empieza con una descripción de la actuación  y  de  los  procesos  laborales,  indica  que  las  pensiones reconocidas en las  condenas  no  superan  el  monto  límite  establecido en el artículo 107 de la  convención   colectiva   de   trabajo  y  hace  una  síntesis  del  fallo  del  tribunal.   

A  continuación dice que la Empresa Puertos  de  Colombia,  a  pesar  de  ser notificada, no ejerció su derecho a la defensa  técnica  durante  la  actuación  del  proceso laboral, circunstancia que no es  responsabilidad del juzgado sino del ente administrativo.   

Sostiene  que utilizar el mismo formato para  las  sentencias no es un delito sino tan solo un estilo propio de los juzgados y  el  trámite aplicado a los dos procesos necesariamente debía ser el mismo, por  corresponder  a  causas  ordinarias  laborales  cuya  tramitación  se encuentra  reglada  en  el Código de Procedimiento Laboral. Así mismo, su representada se  basó  en los principios que rigen la administración de justicia, independencia  e imparcialidad, de los cuales hace una exposición.   

Afirma  que  la principal pretensión de las  demandas  es el descuento de los 29 días de huelga, circunstancia que incide en  la  liquidación  de  prestaciones  sociales  así  como en la pensión y que al  recaer  en  el Ministerio del Trabajo la competencia para declarar la ilegalidad  del  cese  de  actividades a través de acto administrativo, pero no acreditarse  en  los  procesos,  las  decisiones acertaron en su inclusión y reconocimiento,  como  lo  ratifican  las  sentencias  de  la Sala Laboral de la Corte Suprema de  Justicia.  Para  ello  menciona los artículos 353 al 487 del Código Sustantivo  del Trabajo.   

Refiere que la jurisprudencia del Tribunal de  Barranquilla  se  había inclinado a favor de este tipo de pretensiones, para lo  cual  hace  cita  de pronunciamientos de ese colegiado, que incluso se aportaron  en diligencia de indagatoria y en interrogatorio de parte.   

De nuevo retoma el tema de la competencia del  Ministerio   del  Trabajo  para  declarar  como  irregular  una  suspensión  de  actividades,  asevera  que  la  prueba  de  un paro de labores es libre, pero su  declaratoria  de ilegalidad solo se puede acreditar mediante copia auténtica de  la resolución del Ministerio.   

Sostiene  que  al tenor del artículo 16 del  Código  Sustantivo del Trabajo, las normas laborales son de orden público, con  efectos  inmediatos y no retroactivas, razón por la cual leyes y jurisprudencia  emitidas  con posterioridad a los hechos de un proceso, no pueden ser aplicados;  además, no eran del conocimiento de la procesada.   

Expresa  que  el  reajuste  a la pensión es  consecuencia  de  la  rectificación  de  prestaciones  sociales por omisión de  factores  laborales,  que  la  prima  de antigüedad, prevista en la convención  colectiva,  constituye salario y que al revocarse las decisiones de su defendida  se incurrió en un grave error de hecho.   

En lo que atañe a la corrección monetaria,  manifiesta  que  según  un  pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia, es  procedente  cuando  no  hay lugar a la indemnización moratoria y no existe otra  forma  de  compensar  los  perjuicios  por  el atraso, lo que exige diligencia y  cuidado  por  el  empleador al momento de la liquidación y pago de prestaciones  sociales  y  en  caso  de saldos insolutos, le corresponde acreditar su buena fe  como presupuesto para exonerarse de la mora.   

En el siguiente apartado lucubra en extenso  para  manifestar  que  las convenciones fueron allegadas a los procesos en copia  autentica  junto  con  la  constancia de depósito según el sello y firma de la  Secretaria  de la División Departamental del Trabajo del Atlántico, lo que les  da  total  validez  conforme  a  la jurisprudencia laboral, según la cual no es  necesaria prueba solemne para el efecto.   

Justifica  que el actuar de su representada  se  ajustó  a  los  estándares  legales  y  pretorianos  vigentes,  con lo que  cuestiona  se  acuse a los inferiores jerárquicos por su actuar, pero no así a  los  magistrados  del  Tribunal y de la Sala de Casación de la Corte Suprema de  Justicia, que impusieron el derrotero de su interpretación.   

Increpa  al  A  quo  por  considerar  un precedente que nada tiene que  ver  con  el presente caso y no atender los argumentos con los que desvirtúa la  tesis  del  Tribunal  de  Santa  Rosa  de Viterbo, referente a la constancia del  depósito.   

Esgrime   que  por  disposición  de  los  artículos  253  y  254  del  Código  de  Procedimiento Civil, los documentos y  certificaciones  que expiden los funcionarios públicos se presumen auténticos.  Por  ello,  las  resoluciones  y  los  certificados  de  liquidación y salarios  aportados  en  el  proceso  laboral,  no  pueden  ser cuestionados al haber sido  expedidos  por  funcionarios  de  la Empresa de Puertos de Colombia. Así mismo,  dice  que  este  asunto no fue cuestionado por la Fiscalía, con lo que se viola  su derecho de defensa y debido proceso.   

Dedica un aparte para explicar el porqué no  procedía  la  consulta; más adelante frente a la aplicación del artículo 177  del  Código  Contencioso  Administrativo,  trae  en  su  apoyo  una providencia  emitida  por  el  Tribunal de Pasto y otras de constitucionalidad, para concluir  que  la  existencia  de normas propias en el compendio adjetivo laboral, excluye  la   posibilidad   de   aplicar   analógicamente   el   postulado  del  derecho  administrativo.   

Por  último,  se pronuncia respecto de los  elementos  estructurales  del delito, descarta la presencia de antijuridicidad y  culpabilidad,  solicita se tenga en cuenta la prueba aportada, que desvirtúa la  estructuración  de  los delitos y que no se probó el dolo, con lo que concluye  pidiendo  se  revoque  la  sentencia de primera instancia y en su lugar se dicte  fallo  absolutorio  en  favor  de  la  enjuiciada Diana  Beatriz Miller Villa.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En   atención   a   que   Diana  Beatriz  Miller  Villa ejercía las  funciones  de  Jueza  Segunda  Laboral del Circuito de Barranquilla (Atlántico)  para  la  época  de  los hechos objeto de la actuación, la Corte es competente  para  conocer  en  segunda  instancia  del  fallo  emitido por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad,  de  conformidad  con  lo establecido en el  numeral 3° del artículo 75 de la Ley 600 de 2000.   

Se  advierte  que  se  acusa a la sindicada  de     valerse       de       su  condición  y    funciones    para  emitir                  decisiones    irregulares,    por   medio   de   las        cuales        Foncolpuertos         fue  condenada a pagar sumas de        dinero       sin       fundamento       legal;              puntualmente,         en              los              procesos    laborales    con   radicados   Nos.  16.827     y  16.886    se  benefició  a    Alex   Humberto   Ramos   Saltarín    y    Pedro    Francisco   González  Gómez,  respectivamente,  pero   esas   actuaciones   fueron   revocadas  a  través  del  grado jurisdiccional de   consulta   por   el   Tribunal de  Santa     Rosa    de  Viterbo,   la  primera  de   las   cuales  logró  ejecutarse  en claro detrimento del patrimonio estatal.   

Dentro  de  este  contexto  fáctico    la    actora, a través  de           su          alegato,  conduce  su   estrategia   de   defensa   a   pretender   justificar     las  actuaciones    de    su    representada,  alegando  que  se ajustan a derecho  y    que   no   incurrió   en   ninguno   de   los  delitos que le atribuyen.   

Cuestión previa  

El    delito    de    peculado    por  apropiación.   

La conducta punible aludida está definida  en  el  artículo 133 del Decreto Ley 100 de 1980, aplicable al presente asunto,  en los siguientes términos:   

«El  servidor público que se apropie en  provecho   suyo  o  de  un  tercero  de  bienes  del  Estado  o  de  empresas  o  instituciones  en  que éste tenga parte o de bienes o fondos parafiscales, o de  bienes  de  particulares  cuya  administración,  tenencia o custodia se le haya  confiado  por  razón o con ocasión de sus funciones, incurrirá en prisión de  seis (6) a quince (15) años…».   

De   acuerdo   con  lo  anterior,  esta  Corporación   ha   dicho   que   son   elementos   estructurales  de  ese  tipo  penal   a)  la  calidad de servidor público del  sujeto          activo;         b)   la  potestad,  en  cabeza  de  aquél, de la administración, tenencia o custodia de  los  bienes  del Estado o de empresas o instituciones en que éste tenga parte o  de  bienes  o  fondos parafiscales, o de particulares, por razón o con ocasión  de      sus     funciones;     y     c)  el acto  de  apropiación en favor propio o de un tercero en perjuicio del patrimonio del  Estado.  (CSJ SP, 4 feb.  2015, rad. 39.417, entre otras).   

Igualmente,       respecto   a   la   consumación   del  delito,  ha  afirmado  que  se hace necesario distinguir aquellos eventos en que  la  apropiación  de  los recursos públicos se da por vía de la disponibilidad  material  que  el  agente  tiene de estos, de las situaciones en que ello ocurre  por  razón  de  la  disponibilidad  jurídica  que  sobre los bienes detenta el  funcionario.               (CSJ            SP9094,    15    jul.   2015,   rad.  43839).   

En el primero,  la    conducta    se    configura    al    momento    en    que    los    recursos    son   tomados   físicamente   por  el  servidor, el segundo consiste  en la relación jurídica  del   agente   con  los  recursos  públicos,  como  cuando  los administra o  puede, en razón de su cargo, darles una destinación específica.   

Ahora bien, cuando la apropiación de los  recursos  públicos se impulsa por conducto de un pronunciamiento jurisdiccional  que  reconoce  y  ordena el pago de prestaciones inexistentes, en criterio de la  Corte, se consuma con la expedición misma de la decisión.   

En este asunto  no  es  objeto  de discusión la calidad de servidora  pública  que  ostentaba  Diana  Beatriz Miller Villa  en  la  época para la cual profirió las decisiones  cuestionadas,    con  ocasión   a   sus   funciones  de  Juez       Laboral,      circunstancia  adecuadamente probada.   

Dado  lo    complejo   que   resultó   la   comprensión   del   libelo, en los términos del   artículo   204   del   estatuto  procedimental,    es  pertinente  señalar  que  el conocimiento del asunto  se  restringe al objeto de  apelación  y  a  lo  inescindiblemente  vinculado a  ésta.   

    

1. Requisitos   legales   de  la  Convención Colectiva de Trabajo     

En gran medida  los  argumentos  expuestos  por  la  defensa giran en  torno  a la legalidad de las convenciones colectivas  de   trabajo   aportadas   en   los  procesos  laborales,  su  valor  probatorio  y  las  consecuencias  de  su  reconocimiento en las  condenas   judiciales.  Es  así  como  se   centra  en  insistir,             reiterativamente,    en  que            las            decisiones         de  la jueza  respetan   el   ordenamiento  jurídico   y  fueron  emitidas  de  acuerdo  a  la   ley,   la   jurisprudencia   y el acuerdo gremial.   

Evidentemente      dentro     de     las    consideraciones    del    fallo,  uno  de  los     aspectos     cardinales    para    fundamentar    el    juicio  de  responsabilidad  corresponde   al   alcance   asignado  a    las   pactos  grupales, por       estimar       que      no     tenían   el   poder   de   sustentar   las   pretensiones   que  fueron  reconocidas  a     causa     de     no             satisfacer  las                   exigencias   del  artículo  469  del  Código   Sustantivo   del   Trabajo,   como  quiera  que  “no se probó que  se:  (i)  hubiere extendido la convención colectiva, (ii) se hubiere depositado  ante  el  Departamento  Nacional  del  Trabajo,  y  (iii)  que  ello  se hubiere  realizado  dentro  de  los  15 días siguientes a su elaboración”.   

La razón  que  llevó   al   Tribunal   a   descartar   la   eficacia   otorgada  a              los        documentos,  fue su  aporte   en  copia  con  sello de la División Departamental del Trabajo y  de  la  Seguridad  Social del Atlántico, firmado por la secretaria,  de  la  que  no  se  puede  advertir  su  depósito  ante  la  autoridad competente.   

La  defensa,  expone  que  es  equivocada  la anterior interpretación porque el artículo 469 del         C.S.T.-,  no  restringe la prueba del depósito  a    un   determinado  medio  de  convicción y  que    con    sustento    en    las   disposiciones     252     a     254  C.P.C.-,  basta  con que  la    constancia   de  depósito sea emitida por  el      Ministerio     de     Trabajo     y     Seguridad     Social,  sin  que  necesariamente    sea    en    la    capital   del  país,   como  lo ha  determinado         la        jurisprudencia.   

Lo   cierto   es   que   la       Corte       encuentra   fehaciente   que    el   documento   referido      no      acredita   el   depósito    ni   su   debida   autenticación  y  le  asiste  razón  al  A   quo   al   señalar  que  las  convenciones  colectivas  deben  acreditarse con la certificación de la Dirección General de  Trabajo.   

Consecuente  con lo anterior,   la   Sala   de  Casación  Laboral  ha    reiterado   que  para                   contrastar         la     procedencia    de    derechos  derivados      de      acuerdos     convencionales,      debe    necesariamente   verificarse   que   se   cumplan las  exigencias         legales        presentes  en  el  artículo  469  del  Código    Sustantivo    del   Trabajo,    que  prescribe:  “Sin el  cumplimento  de  todos  estos  requisitos  la  convención  no  produce  ningún  efecto”.  Así,           en             sentencia  CSJ SL, 24 abr.  2013,  Rad.  43043,  dijo:   

«El depósito oportuno de la Convención  Colectiva  según  lo  normado  en  el  artículo 469 del Código Sustantivo del  Trabajo  es  una  exigencia de la ley para su validez, como reiteradamente lo ha  señalado  la  Sala  en  los  siguientes  términos:  “al  ser  la convención  colectiva  de  trabajo un acto solemne, la prueba de su existencia está atada a  la  demostración de que se cumplieron los requisitos  legalmente  exigidos  para  que  se constituya en un  acto  jurídico  válido,  dotado de poder vinculante, razón por la cual, si se  le  aduce en el litigio del trabajo como fuente de derechos, su acreditación no  puede  hacerse  sino  allegando  …  el  del  acto  que  entrega  noticia de su  depósito  oportuno ante la autoridad administrativa del trabajo”. (Sentencias  de  16  de  mayo  de  2001, rad. N° 15120 y de 4 de diciembre de 2003, rad. N°  21042).»11   

El  artículo  469      del      Código      Sustantivo      del      Trabajo     prescribe    como    presupuestos      de      efectividad     de     la     convención,  que  conste por escrito y  sea  depositada  ante el  Departamento  Nacional  de  Trabajo  dentro  de  los  15  días  siguientes a su  suscripción.   

Asimismo,  la  Sala  de Casación Laboral  mediante         línea         jurisprudencial en vigor al momento de  los  hechos,  reseñó que  «entre  los  requisitos  para  que  tenga  validez  jurídica  un  convenio  normativo de condiciones generales de trabajo se cuenta  el   del  depósito  oportuno  de  uno  de  los  ejemplares  de  la  convención  colectiva»,              «debidamente  autenticada  y  con  la  constancia  de  su depósito  oportuno»  (CSJ  SL,  8  mar.  1996,  rad.  8.100.  CSJ  SL, 7 jun. 1995, rad.  7.487).   Formalidad  que  sólo  podía  ser  acreditada  por  la  División  de Reglamentación y  Registro  Sindical  del  entonces  denominado  Ministerio  de  Trabajo   y   Seguridad   Social,   puesto  que  así lo disponía el  artículo    35,   numeral   8°,   del   Decreto   2145   de   1992:             “expedir certificaciones y fotocopia  auténtica   de   los   documentos   que   reposan   en  el  archivo”.            (CSJ            SP9094,    15    jul.   2015,   rad.  43839).   

La   sola  firma    secretarial  de  la  territorial  no  tiene   ningún   valor   demostrativo   frente  al  mandato   del       canon      469       del       C.S.T.-,  sin  cuya  observancia    los    acuerdos    no   producen   efecto   alguno.   

Una       vez      confirmado   que   las   convenciones  colectivas  incorporadas  no  cumplen  con        los        requisitos       legales,       consecuentemente       las       pretensiones      otorgadas     con    base    en    las  mismas   son   claramente   irregulares,             con    lo    cual,    el    reajuste  pensional,   la   rectificación   de  prestaciones  sociales  con base en factores salariales,  la prima  de       antigüedad,       la      corrección    monetaria    y    todo   reconocimiento,    se  erigen   injustificados       y      ratifican  el animo  prevaricador  de  los  fallos  laborales,  de donde emerge acertado lo decidido  por      el     Tribunal.         

    

1. Declaratoria de ilegalidad de la huelga     

La  defensa        plantea        que,    de  acuerdo  con la   legislación  laboral,        la        declaración    de    ilegalidad   de  una  huelga  es solemne y la autoridad    competente    para    ello    es  el    Ministerio    del    Trabajo    por       medio      de  un  acto  administrativo. Por ende,  el    descuento    de    los    29    días             realizado            por            Foncolpuertos        a        sus       trabajadores       requería       del        documento  que calificara la naturaleza del cese de actividades,  pero  al  no   haber  ocurrido  así, debía procederse a su  reconocimiento  junto con  los  reajustes  pertinentes  como  factor  salarial.   

En    efecto,    en    el     proceso    de    Pedro   Francisco   González  Gómez,  se  incluyó como factor  de    la    liquidación   valores   de  sustracciones  realizadas       por       Puertos       de       Colombia      en  razón  de las circunstancias anotadas.   

Esas   deducciones   no   podían   ser  consideradas para           redefinir  las  prestaciones  ya que el  artículo  51  del  Código  Sustantivo  del Trabajo  establece     que  «el  contrato de trabajo se suspende…por licencia  o  permiso  temporal  concedido  por  el  empleador»,  así  como  «por huelga  declarada…».             Asimismo,      el     canon     53     ibídem     prevé  que «durante el período  de  las  suspensiones  contempladas  en  el  artículo  51  se  interrumpe… la  obligación…    de   pagar   los   salarios   de   esos   lapsos»         y         expresamente        señala  que  «estos  períodos de suspensión pueden descontarse  por     el     empleador     al     liquidar     vacaciones,     cesantías    y  jubilaciones».   

Amén   de  lo  anterior,  las  razones  que  dieron  lugar  a  los  descuentos  no  fueron  caprichosas  sino  que  se  sustentaron   en   el  ordenamiento         y        eran             determinadas  por  la  ocurrencia  de  la       huelga  ilegal,    lo    que    atribuía    a     los    reclamantes    la    carga   de   demostrar   lo  contrario; a la par, si a  la   juez  le  emergían  dudas     sobre    esta    circunstancia,  le correspondía decretar  oficiosamente     las     pruebas    que         le        permitieran        esclarecerlas,  de  acuerdo con el artículo 54 del  Código  de Procedimiento Laboral, pero de ninguna manera incluir dichos valores  en  la  tasación  de  las  prestaciones  reclamadas.  (CSJ  SP9094,  15  jul.  2015,  rad.  43839).   

Como   bien   lo   ha   advertido  esta  Corporación,  es  equivocado  el  planteamiento  de  la  apelante  al             proponer   exigencias  para  acreditar  la  declaratoria  de  huelga ilegal,  pese    a    que   la  legislación      laboral      no      establece  ningún                 requisito   probatorio   al         respecto.      (CSJ      SP2254,  26 feb. 2014, rad. 42556).   

Frente  a  esto, olvida la recurrente que  el       juez  laboral  se rige  por la  libre   apreciación   probatoria,   de  acuerdo  al  contenido   del   artículo   61  del  Código  de  Procedimiento  Laboral,  que  consagra:   

“LIBRE FORMACION DEL CONVENCIMIENTO. El  Juez  no  estará  sujeto  a  la tarifa legal de pruebas y por lo tanto formará  libremente  su  convencimiento, inspirándose en los principios científicos que  informan  la  crítica de la prueba y atendiendo a las circunstancias relevantes  del  pleito  y  a  la  conducta  procesal observada por las partes. Sin embargo,  cuando  la  ley  exija determinada solemnidad ad substantiam actus, no se podrá  admitir su prueba por otro medio.   

En  todo  caso,  en la parte motiva de la  sentencia  el  juez  indicará  los  hechos  y  circunstancias  que  causaron su  convencimiento”.   

Como   se   advierte,   no     le     asiste     la     razón     a     la     abogada  en  este  punto,  con el cual solo pretende anteponer su  óptica  para respaldar,      infructuosamente,  el  actuar  de    su    representada.   

    

1. Ejecución    de    las  decisiones   antes   del   término   de   los   18  meses     

La  actora  justifica  la  inobservancia  del   artículo   177   del   Código   Contencioso  Administrativo,    que   consagra   un   término   de  18  meses  para  la  ejecución    de    las    condenas   a   entidades  públicas   y   la   pronta   ejecución   de   la  sentencia,  con  base  en  una  decisión  del  Tribunal  de  Pasto,  y  sostiene  que  la  existencia  de  normas  laborales propias  excluye   la             aplicación   de   esa   disposición.   

Expone    que    en    el    régimen   adjetivo   laboral  son   aplicables  otras  disposiciones   sólo   a   falta  de  cánones     especiales,  evento  en  el  cual  se aplican las  normas    equivalentes  del   mismo  estatuto  y  en  su  defecto  las  del  Código  de Procedimiento  Civil,                  plantea  un  conflicto   entre   el   artículo   2  y  100  del  procedimiento  del  trabajo  y el 177 del Contencioso Administrativo,             que            resuelve  con  supremacía      de      la      regla   especial  sobre  la  general,  primando por ello la laboral.   

A  manera  de  ilustración, en  el  proceso  laboral impulsado por  Alex    Humberto    Ramos    Saltarín,    la   sentencia   se     dictó     el     28   de   junio   de  1994  y el mandamiento de pago se     libró    el    19        de        julio    siguiente,    es    decir,  veintiún     (21)  días                  después.  En   el   incoado  por    Pedro  Francisco  González  Gómez, la  sentencia  se   emitió  el  20  de  agosto   de   1996   y   se       libró      mandamiento    de   pago   el   9   de  octubre  del    mismo    año,   esto  es,  un  mes  y  diecinueve           (19)  días      más  tarde.   De  lo anterior aflora la diligencia en  el  comportamiento  de  la  funcionaria con             el             inequívoco            propósito     de     servir     a    los    intereses  de  los demandantes, sin que  la     condición  del     artículo  177 fuera un impedimento  para   librar   los  correspondientes  mandamientos  antes           del           término      instituido      para  ello,   como   bien   lo  subrayo  el  A            quo.   

El  Código  Administrativo, aplicable  para  la  época  de  los  hechos, es categórico al  instituir    que    las    condenas    contra    entidades    del   Estado     sólo    pueden  ejecutarse  después de 18 meses de la ejecutoria del  fallo,  posición que ha  sido  reiterada  por  esta  Sala (CSJ SP, 6 jul 2011,  Rad.      35415      y      CSJ     SP2254,    26    feb.   2014,   rad.  42556),  por  tanto,  no es de recibo   el  argumento  de  la  defensa.  Además,  frente  al  aparente  conflicto normativo que expone, en  gracia  de  discusión,  la  norma  administrativa  en este caso no sería la   general   sino   precisamente   la  especifica.    

En          conclusión,        pacíficamente  se puede afirmar que la  fehaciente       inobservancia      de  la ley  pone     de     manifiesto     el    actuar      doloso      de     la     encausada     para  favorecer    a   los  demandantes   en  los  procesos  laborales  con  una  sentencia    pecuniaria    soportada   sobre   argumentos   ilegales.   

    

1. La    Consulta    de   las  Sentencias     

El     cargo    relacionado con la  exigencia de enviar           las            sentencias         laborales     ante    el    superior  jerárquico, para  surtir la instancia del    grado    jurisdiccional    de  consulta,  se  torna  intrascendente al   no  ser  un  argumento  vinculado  al    reproche    de  responsabilidad   penal,  sin   utilidad   en  la  sentencia  recurrida.   

Si  bien  esta  circunstancia  es   referida   en  la  resolución     de     acusación,    no     se     instituye  como  un  hecho  de relevancia en la  configuración  de los delitos atribuidos.   

En   estas   condiciones,   se  precisa  que   el   recurso   de   apelación   no   tiene  como  propósito  replicar  la  imputación, sino los  argumentos  jurídicos  y  facticos  de la  sentencia  de  primera  instancia.   

Por   lo  tanto,  en consideración  a      que     la  consulta  no hace   parte   de   los   fundamentos  de  la  condena  en  el  fallo, al ser un asunto    expresamente    descartado  por  el  Tribunal,  no  resulta necesario ahondar en  este punto.   

    

1. Los restantes Planteamientos      

En      su      prolongado     memorial,   la  apelante  expone  un  cúmulo  repetitivo  de  ideas  y  opiniones,  en  su  mayor  medida,  sin  respaldo  argumentativo,       trascendencia,  ni relevancia en los fundamentos de  la condena.   

     

1. Cuestiona   al     Tribunal     por       reprochar   que   los  procesos  coinciden        en  formato,  fuente y número  de letra, además   del  mismo  rigor  procesal,  frente  a  lo  cual,  debe  decirse  en  primer  lugar,  que el juicio de responsabilidad no se estructuró       de  ninguna  manera  en esas   afirmaciones,   por  lo  que  resulta   innecesario  expandirse  en  este  asunto,  como lo hizo la  abogada.      

      

1. Alega,  en  beneficio  de su representada,  que la  Empresa      Puertos      de     Colombia     no     ejerció     sus derechos a la defensa técnica,   igualmente  superfluo,            sobre         una            cuestión        no         abordada  por  el      fallador,      además     sin     confrontar    la  realidad  probatoria,  centrando  la  discusión  en aspectos  irrelevantes.     

     

1. De  la misma forma,             los             comentarios            alusivos    al    principio    de  autenticidad  respecto de los documentos,   y  que   no   se   haya  investigado     a     los     superiores     jerárquicos     de    la juez,  no    tienen   ninguna   utilidad,   como    quiera    que,    al    igual    que   los   anteriores,   no   fueron   sustento  del  reproche  de  la  conducta de su representada.     

Como  queda  expuesto,  las  anteriores  manifestaciones   no   contrarrestan  la  responsabilidad  por  el peculado  que   se  le  atribuye  a  Diana  Beatriz  Miller  Villa                  conforme         se        desprende   del  material  probatorio  y    los    razonamientos   colegidos      por     el     fallador           de           primer          grado.   

    

1. Conclusión.    

En   tal  orden  de  ideas,  queda  demostrado   que  Miller  Villa                  dispuso         sumas  de  dinero  por  conceptos de  diferencias        salariales          y         reajustes  prestacionales  en  los  dos     juicios  laborales, a través de  pronunciamientos       irregulares,  para  favorecer  a  terceros,  sin  ningún fundamento  fáctico,   probatorio   y   jurídico.   

Por ello, el  Tribunal     Superior     de     Santa     Rosa    de    Viterbo    las          revocó  y  el  A  quo        encontró,     con     base    en            los  elementos     de     convicción    –que         no    fueron   replicados        por       la        defensa-,       demostrado      el     proceder  doloso  y  manifiestamente     contrario    a    la  ley       de       la      acusada.   

Así las cosas, la condena emitida en su  contra  será  objeto  de  confirmación, en tanto, se ha verificado  que  en  este asunto efectivamente se colman las exigencias que  para  dictar  sentencia  condenatoria  demanda  el  artículo 232 del Código de  Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, Administrando Justicia en  nombre  de  la  República  de  Colombia  y por autoridad de la Ley,           

RESUELVE  

Primero.         Confirmar el fallo impugnado.   

Segundo. Contra  esta providencia, no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS    ANTONIO   HERNÁNDEZ BARBOSA   

GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 41 y 42 del Cuaderno Original No.2   

2  Folio 14 al 16 Cuaderno Original No. 1   

3  Folio 209 al 217 Ibídem.   

4  Folios 260 al 309 Ibídem.   

5  Folios 1 al 29 Cuaderno Original No. 2   

6  Folio 105 Ibídem.   

7  Folio     157     al    174    Ibídem.   

8  Folios  4  al 23 Cuaderno Segunda Instancia Fiscalía  Delegada ante la CSJ.   

9  Folios   38   al   46   Cuaderno  del  Tribunal  No.  1.   

10  Folios  143  al  151  Cuaderno  del  Tribunal No. 1 y  folios 1 al 36 del No 2.   

11  Precedentes que han sido considerados por la Corte en  casos  similares,  como  en  la  decisión  CSJ, 12 nov. 2014, Rad. 44713, entre  otras.     

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