SP5748-2015(43694)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

SP 5748-2015  

Radicación N° 43694  

(Aprobado Acta No. 171)  

Bogotá  D.C.,  mayo  trece  (13)  de dos mil  quince (2015).   

VISTOS  

La Sala se pronuncia de fondo sobre la demanda  de   revisión   presentada   por   el   defensor   del  sentenciado  JOSÉ DE JESÚS BARAJAS GALVIS contra el  fallo  de  segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Bucaramanga el 13  de  marzo  de  2009,  confirmatorio  del  dictado  por  el Juzgado Segundo Penal  Municipal  de  la  misma ciudad el 13 de enero anterior, por cuyo medio condenó  anticipadamente  al mencionado, junto a Juan de Jesús  Jaimes   Figueroa  y  Fabio  Suárez   Herrera,   como  coautores  del  delito  de  tentativa de extorsión.   

HECHOS  

En  el  fallo  de  segunda instancia, fueron  compendiados de la siguiente forma:   

Consta  en los registros que el 23 de marzo  de  2008  el señor Argemiro Rojas Rojas, recién llegado del país de Venezuela  donde  reside  hace  varios  años,  recibió  un  escrito a través del cual le  exigían  la  entrega  de  la  suma  de 100 millones de pesos a las Autodefensas  Unidas  de  Colombia  -AUC-  a  cambio de no hacerle daño a su padre y familia;  posteriormente  el 29 de marzo el progenitor del mencionado, quien se hizo pasar  por  aquel,  recibió  una llamada telefónica de parte de alias el Gurí, quien  reiteró  la  exigencia  dineraria  la  que  terminó por reducir al valor de 20  millones de pesos ante los ruegos de la víctima.   

Tras  otras  llamadas  efectuadas por alias  Guri  durante los días 4, 6 y 8 de abril de 2008 insistiendo por la entrega del  dinero,  el señor Rojas Rojas aconsejado por un primo informa al GAULA sobre lo  sucedido,  y  bajo  la  orientación  de  este  grupo  decide  asistir a la cita  acordada  con el Guri quien ya le había dado como indicaciones que el dinero lo  debía  entregar el mismo 8 de abril a las 9 de la mañana en el parque San Pío  a  un  muchacho  moreno que se identificaría como Chepe. Estando la víctima en  el  lugar  indicado efectivamente se le acercó un sujeto al cual se le entregó  un  paquete  que simulaba contener el dinero, momento en el que es capturado por  algunos  miembros  del  GAULA junto con otro sujeto que lo acompañaba sólo que  se hallaba un tanto alejado de allí.   

Instantes después, fue capturado un tercer  sujeto  en el municipio de Piedecuesta, en vista de que otro de los delincuentes  informó  que  allí  los  estaba  esperando  quien  ideó  la  extorsión.  Los  capturados  se identificaron como JOSÉ DE JESÚS BARAJAS GALVIS, Juan de Jesús  Jaimes Figueroa y Fabio Suárez Herrera.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  9 de abril de 2008 se celebró audiencia  preliminar  concentrada  ante  el Juzgado Noveno Penal Municipal con Función de  Control  de  Garantías  de Bucaramanga, durante la cual se formuló imputación  en    contra    de    JOSÉ   DE   JESÚS   BARAJAS  GALVIS,   Juan  de  Jesús  Jaimes   Figueroa  y  Fabio  Suárez  Herrera  por  el  delito  de  extorsión,  en  modalidad  tentada  (arts.  244 y 27 del C.P.), por el cual se les impuso medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad en establecimiento carcelario. Los  imputados se allanaron al cargo.   

El  23  de  junio del mismo año, el Juzgado  Segundo  Penal  Municipal de Conocimiento, también de esa capital, verificó la  legalidad  del  allanamiento, motivo por el cual dictó fallo de primer grado el  13  de  enero de 2009, por cuyo medio condenó a JOSÉ  DE     JESÚS     BARAJAS    GALVIS,    Juan   de   Jesús   Jaimes   Figueroa  y  Fabio  Suárez Herrera a las  penas  principales  de  noventa  y  ocho  (98)  meses  de  prisión  y  multa de  cuatrocientos   dos   (402)   salarios  mínimos  legales   mensuales  y  a  la   accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por un lapso igual al de la pena principal privativa de la  libertad  como  coautores  del  delito  aceptado,  al  tiempo  que  les negó el  subrogado  penal  de la condena de ejecución condicional y el sustitutivo de la  prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la providencia anterior, la  defensa  de los procesados interpuso recurso de apelación, el cual resolvió el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el  13 de marzo subsiguiente impartiéndole  confirmación.   

A   través   de  apoderado  especial,  el  sentenciado     JOSÉ     DE     JESÚS    BARAJAS  GALVIS  promovió  ante  esta  Colegiatura,  mediante  demanda, acción de revisión.   

El  trámite  inicialmente  fue  asignado al  despacho  del  H.  Magistrado  Eugenio Fernández Carlier, quien el 5 de mayo de  2014  se  declaró  impedido  para  conocer  del  asunto, manifestación que fue  aceptada por la Sala con auto del 28 de mayo ulterior.   

La  demanda  fue  admitida  el  30  de julio  siguiente;  luego,  mediante  auto de octubre 23 posterior, se ordenó surtir el  término  consagrado  en  el  artículo 195 de la Ley 906 de 2004 para solicitar  pruebas,  a  cuyo  vencimiento  se  decretó  la realización de la audiencia de  alegaciones  prevista  en  la  misma  disposición,  la cual tuvo lugar el 12 de  marzo  de  2015, en la que intervino el demandante y el Procurador Delegado ante  esta Corporación.   

EL LIBELO  

El defensor del sentenciado invoca la causal  séptima  de  revisión  consagrada  en  el  artículo 192 de la Ley 906 de 2004  “por    cambio    jurisprudencial”,  señalando  que  mediante  sentencia  del  27 de febrero de 2013,  radicado  No.  33254,  esta  Corporación estableció una nueva hermenéutica en  relación  con  la  inaplicación del incremento punitivo del artículo 14 de la  Ley  890 de 2004 para los casos en que, tratándose de los delitos enlistados en  el  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006, se acude a uno de los mecanismos de  terminación  anticipada  del  proceso.  Tal postura, dice, se ratificó en CSJ.  SP, 24 jul. de 2013, rad. 39201.   

Frente  al  caso concreto, expone, se cumple  con  los  presupuestos  para  declarar  fundada la causal invocada, pues, (i) el  delito  fue  cometido  en  vigencia  de  la  Ley  906  del  año  2004;  (ii) su  representado   se   allanó   a  cargos  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación;  (iii) se lo sentenció por la conducta punible de extorsión; (iv)  en  la  condena se vinculó el incremento genérico de la Ley 890 del 2004, a la  luz  del principio de legalidad; (iv) existe base jurisprudencial que soporta la  aplicabilidad  del incremento punitivo genérico de la Ley 890 de 2004 y, (v) en  el  mes  de  febrero del año 2013 cambió la jurisprudencia de la Corte Suprema  de  Justicia  en  sentido  de  aceptar la inaplicabilidad de la Ley 890 del año  2004  para  los  casos  de  comisión  del  delito  de  extorsión  cuando  obra  allanamiento a la imputación.   

Por razón de lo expuesto, en el acápite de  “solicitud        final”       elabora   una   redosificación  punitiva  donde  se  prescinde  del  incremento  del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, el cual arroja, a su juicio,  una  pena  definitiva  de  74  meses de prisión y 302 salarios mínimos legales  mensuales   vigentes   de   multa   a  imponer  a  su  representado.     

ALEGATOS  DE  LAS  PARTES  EN  LA  AUDIENCIA   

Accionante,   defensor   de   JOSÉ        DE       JESÚS       BARAJAS       GALVIS:   

Reitera   los  términos  de  la  demanda,  insistiendo  en  que el incremento punitivo contemplado en el artículo 14 de la  Ley  890  de  2004  fue  considerado en el proceso de dosificación, por lo cual  depreca  uno  nuevo  en  el  que  se  lo   excluya.       

Representación     del     Ministerio  Público:   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  ante  esta Corporación, estima que la demanda debe prosperar,  en  tanto  suficientemente decantada la jurisprudencia de la Sala sobre el punto  debatido,  como  así  se  plasmó  desde CSJ. SP, 27 feb. 2013, rad. 33254 y se  reiteró  recientemente en SP, 4 feb. 2015, rad. 42300 y en los radicados, entre  otros, 42647, 41657, 39719, 42035, 42041 y 42995.   

En  ese orden, al cumplirse los presupuestos  de  la  causal  de  revisión  invocada,  opina, se debe declarar fundada y, por  ende,  proceder  a  marginar de la dosificación punitiva el incremento punitivo  previsto  en  el  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, dejando parcialmente sin  efecto las sentencias de instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  La Sala es competente para conocer de la  presente  acción de revisión, de acuerdo con lo preceptuado en el artículo 32  de  la  Ley  906  de 2004 por estar dirigida contra una sentencia dictada por un  Tribunal Superior de Distrito Judicial.   

2.    Según    se    ha    reiterado      por      esta  Colegiatura,  la acción de revisión excepciona por voluntad  del  legislador  el  principio  de  cosa  juzgada  en procura de enmendar yerros  judiciales  dentro  de  las  taxativas circunstancias enunciadas en la ley, bien  porque  no fueron conocidas,  ora  en  cuanto  pasaron  desapercibidas  para los funcionarios judiciales en el  curso   del  diligenciamiento,  dando  lugar  a  decisiones  que  pese  a  estar  ejecutoriadas,  deben  ser  removidas  para  conseguir  la  justicia  en el caso  particular.   

          En  el  asunto objeto de estudio la demanda allegada dentro de esta  actuación  se  fundamenta en la causal séptima del artículo 192 de la Ley 906  de   2004,  por  virtud  de  la  cual  procede  la  revisión  cuando,  mediante  pronunciamiento  judicial,  la  Corte  ha  cambiado  favorablemente  la  postura  jurídica   que   sirvió   para  sustentar  una  sentencia  condenatoria  o  la  punibilidad.   

         Frente   a   este   particular   motivo   de  revisión,  la injusticia de la decisión deviene  por  el  reconocimiento  posterior  de que el criterio interpretativo que venía  rigiendo  era  errado  y,  por  tanto,  debe  variar  o,  igualmente, porque las  circunstancias  fácticas  se  han  modificado,  imponiéndose, en consecuencia,  otra  hermenéutica  para  eventos juzgados con fundamento en la interpretación  modificada.   

Para   su   configuración,  también  tiene  dicho  la  Corte,  es imprescindible que el actor no  solamente  demuestre  cómo  el  fundamento  de  la  sentencia cuya remoción se  persigue  es  entendido  por  la  jurisprudencia de modo diferente, sino que, de  mantenerse,  comportaría  una  clara  situación  de  injusticia, pues la nueva  solución  ofrecida  por  la  doctrina de la Corte conduciría a la sustitución  del fallo.   

3.            Descendiendo  al  caso  de  la  especie,  se tiene que la acción no  apunta  a  derruir  los juicios de responsabilidad sino a atemperar sus efectos,  dado  que  los  sentenciadores de instancia impartieron una condena e impusieron  una  sanción  basados  en  una  concreta  interpretación  jurisprudencial  que  posteriormente  fue  variada,  de suerte que al haberse modificado el precedente  impera   el   reconocimiento   de  lo  negado  con  fundamento  en  la  ulterior  hermenéutica.   

En  esa  dirección,  previo a analizar los  presupuestos  de  viabilidad  para  el  caso  específico,  importa  recabar que  el  tema sobre el     cual    se    funda  el  reclamo  sustentado  en la causal de revisión invocada tiene  que  ver con la nueva visión de la Sala en torno a la  inaplicación  del incremento punitivo previsto en el artículo 14 de la Ley 890  de  2004  cuando  se  ha  acudido  a  las figuras de terminación anticipada del  proceso  por  allanamiento  a  cargos  o  preacuerdo  y se trata de una conducta  punible enlistada en el artículo 26 de la Ley 1121 de 2006.   

          Al  respecto,  empiécese  por  señalar,  como  bien lo pregonan la  defensa   y   la   Representación   del   Ministerio   Público,   que     tal    aumento    fue  tenido  en  cuenta  en  el proceso de dosificación de la pena  elaborado   por   el   Juzgado  Segundo  Penal   Municipal   con   Función   de  Conocimiento  de  Bucaramanga respecto de los        tres       sentenciados  en  el  fallo  anticipado  de  primera  instancia del  13  de  enero  de 2009, el  cual   fue   avalado,   sin   reparo   alguno,   por  el  Tribunal  de  la  misma  ciudad  en la sentencia de  segunda   instancia   confutada   del  13  de  marzo  ulterior.   Así   lo   plasmó   el   a  quo en el acápite correspondiente, en  primer  lugar, respecto de  la pena de prisión:   

Según lo establecido en el artículo 26 de  la  Ley  1121  de 2.006, se tiene que la aceptación de cargos realizada por los  acusados  no  reviste de suyo algún beneficio o subrogado por el reconocimiento  de  participación en el punible, por lo que seguidamente procedemos a dosificar  la       pena       atendiendo       que      los      limites      (sic)      del   delito   de  extorsión,  artículo  244,  oscilan  entre doce (12) a dieciséis (16) años y  multa   de   seiscientos   (600)   a  mil  doscientos    (1.200)   SMLMV.   

No  obstante  lo  anterior,  esta  sanción  se  acrecienta  conforme  la ley 890 de 2.004 en el  artículo  14,  en  una proporción de la tercera parte (1/3) en el mínimo y la  mitad  (1/2)  del  máximo,  comportando  una  pena entre 16 años y 24 años de  prisión   y   multa   de   ochocientos   (800)   a   mil   ochocientos  (1.800)  SMLMV.1.   

El       mismo       procedimiento,   y  en  segundo  orden,  llevó  a  cabo  frente  a  la sanción de multa:   

Igual   sistema   se  aplicará  para  la  multa,  por  lo que el primer   cuarto irá  de  400  SMLMV  a  637.5  SMLMV;  el  segundo  hasta 875 SMLMV; el tercero hasta  1.112.5  SMLMV  y  el  último  hasta  el  máximo  de  la  multa, esto es 1.350  SMLMV.2   

         En  ese  orden,  el  motivo de revisión  propuesto  está  llamado  a  prosperar,  dado que las  sentencias  de  instancia fueron emitidas con antelación al criterio que varió  la postura.   

          Ciertamente,  la Sala de Casación Penal  varió   su  postura  mediante  el  fallo  33254  del  27  de  febrero  de  2013  considerando  que  en  los  supuestos  en  los  cuales  el procesado se allane a  cargos,  como  aquí  se  constata, o acuerde con la Fiscalía pero se estuviese  ante  las  prohibiciones  del  artículo  26 de la Ley 1121 del 20063, no hay lugar  a   aplicar  el  incremento  punitivo  del  artículo  14  de  la  Ley  890  del  2004.   

Para  ello,  se partió de considerar que si  bien  el  artículo  26 de la Ley 1121 del 2006 prohíbe conceder cualquier tipo  de  prebendas cuando, como en este caso, se trate del delito de extorsión, a la  par  no  resulta proporcional incrementar la pena conforme al artículo 14 de la  Ley  890  de  2004  si  se  ha  acudido  a los mecanismos procesales de justicia  premial  instituidos  por el legislador.  Así lo determinó la Corte en la  referida providencia:   

Por   consiguiente,   a   la  luz  de  la  argumentación  aquí  desarrollada,  fuerza  concluir  que habiendo decaído la  justificación  del  aumento  de  penas  del  art.  14 de la Ley 890 de 2004, en  relación  con  los delitos incluidos en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006 -para  los  que  no  proceden  rebajas  de  pena  por  allanamiento  o preacuerdo-, tal  incremento  punitivo,  además  de  resultar  injusto  y contrario a la dignidad  humana,  queda  carente  de  fundamentación,  conculcándose  de esta manera la  garantía de proporcionalidad de la pena.   

Así  mismo, en ejercicio de su función de  unificación  de  la  jurisprudencia,  la Sala advierte que, en lo sucesivo, una  hermenéutica   constitucional  apunta  a  afirmar  que  los  aumentos  de  pena  previstos  en  el  art.  14  de la Ley 890 de 2004 son inaplicables frente a los  delitos  reseñados  en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006. No sin antes advertir  que   tal   determinación   de  ninguna  manera  comporta  una  discriminación  injustificada,  en  relación con los acusados por otros delitos que sí admiten  rebajas  de  pena  por allanamiento y preacuerdo, como quiera que, en eventos de  condenas  precedidas  del juicio oral, la mayor intensidad punitiva no sería el  producto  de una distinción arbitraria en el momento de la tipificación legal,  ajustada  por  la Corte, sino el resultado de haber sido vencido el procesado en  el  juicio,  sin  haber  optado  por  el acogimiento a los incentivos procesales  ofrecidos  por  el  legislador;  mientras que, frente a sentencias condenatorias  por  aceptación  de  cargos,  la  menor  punibilidad,  precisamente,  sería la  consecuencia  de  haberse  acudido  a  ese  margen  de negociación, actualmente  inaccesible  a  los  delitos  referidos  en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006.   

Es  necesario  recalcar que este criterio ha  sido  reiterado  en  decisiones  posteriores de la Sala, como en CSJ SP, 19 jun.  2013, rad. 39719, donde señaló:   

Durante  las alegaciones orales, de consuno  la  Fiscalía y la representación del Ministerio Público, pidieron se aplicase  de  oficio,  en favor del procesado, la más reciente jurisprudencia de la Sala,  consignada en el radicado 33254 del 27 de febrero de 2013.   

La  decisión  en comento, cabe recordar, a  partir  de  la  aplicación del principio de proporcionalidad y la verificación  del  querer  del  legislador  al expedir la Ley 890 de 2004, concluyó que a los  delitos  a  los  cuales  cobija  la  prohibición  de  rebajas  o beneficios del  artículo  26  de  la  Ley  1121  de  2006,  entre  ellos la conducta punible de  extorsión,  no  les es aplicable el incremento generalizado de pena establecido  en el artículo 14 de la primera normatividad citada.   

(…)  

Claramente  el  apartado trascrito contiene  una  restricción  al concepto de inaplicación del aumento de penas establecido  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de 2004, pues, precisamente para que el  principio  de  igualdad  respecto  de  personas a quienes se condena por la vía  ordinaria  en  delitos  diferentes,  no  sea  vulnerado,  establece como premisa  básica  que  el  no  incremento  sólo opera cuando el procesado se acoge a los  mandamientos  de  justicia  premial que contienen las figuras del allanamiento a  cargos y preacuerdos.   

Vale  decir,  en los casos en los cuales la  persona  vinculada por delitos contemplados en el artículo 26 de la Ley 1121 de  2006,  no hace manifiesta su intención de acogerse a la terminación anticipada  del  proceso,  vía  allanamiento  o  preacuerdo, y ello no se materializa en la  consecuente  definición anticipada del asunto, la pena aplicable debe consultar  también  el  incremento  dispuesto  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004.   

También  se ha ratificado, entre muchas, en  las  decisiones  CSJ.  SP,  dic. 3 de 2014 rad. 42647; SP, jul. 23 de 2014, rad.  41657;  SP,  dic.  18  de 2013, rad. 41152; AP, sep. 10 de 2014, rad. 42035; AP,  feb.  26  de  2014,  rad.  42041 y AP, feb. 25 de 2015, rad. 42925, como bien lo  rememoró  el  Procurador  Delegado  en su intervención durante la audiencia de  alegaciones.   

Ahora  bien,  en  el  asunto  sub  exámine,  se recuerda, los    tres  sentenciados,  esto  es,  el  accionante  JOSÉ  DE  JESÚS  BARAJAS GALVIS y los no  accionantes   Juan   de   Jesús   Jaimes   Figueroa  y     Fabio    Suárez  Herrera, acudieron al mecanismo de justicia premial al  allanarse  al  cargo  durante  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  aceptación  que  fue  convalidada  por  el juez de conocimiento en la audiencia  realizada    el    23    de    junio    de    20084  y,  por  ello, su aceptación  sirvió de fundamento a los fallos de instancia.   

Corroborado, entonces, que se satisfacen los  presupuestos  del  motivo  de  revisión  invocado  se  concretarán sus efectos  frente  al  fallo  confutado,  por  lo  que  se procederá a redosificar la pena  impuesta,  marginando  de  ella  el incremento del artículo 14 de la Ley 906 de  2004,  cuyo alcance, en términos de lo previsto en el artículo 198 de la misma  codificación  procesal,  se  hará  extensivo  a los mencionados no accionantes  Juan   de   Jesús   Jaimes   Figueroa  y   Fabio   Suárez  Herrera,  teniendo  en  cuenta que a todos se les impuso la misma pena dada  su condición de    coautores de la ilicitud.   

En  tal  labor,  dígase  igualmente,  se  respetará    el   criterio   seguido   por   el   a  quo,     pues,  como  ya se dijo, el Tribunal ninguna modificación introdujo  a este procedimiento en la sentencia de segunda instancia.   

En  ese  sentido,  tal  como  lo hizo dicha  autoridad  judicial, se tomará la pena establecida en el artículo 244 del C.P,  modificado  por el 5° de la Ley 733 de 2002, esto es, de doce (12) a dieciséis  (16)  años de prisión o, lo que es lo mismo, de ciento cuarenta y cuatro (144)  a  ciento  noventa  y  dos (192) meses, y multa de 600 a 1.200 salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

A  este  ámbito  dosificación,  en cuanto  atañe  a  la  pena  aflictiva  de la libertad y como quiera que se trata de una  conducta  tentada,  se  disminuirá  el monto establecido en el artículo 27 del  Código  Penal  “no menor de la mitad del mínimo ni  mayor  de  las  tres  cuartas partes del máximo”, lo  cual  arroja  una  pena  de  setenta y dos (72) a ciento cuarenta y cuatro (144)  meses de prisión.   

Los   nuevos   cuartos  de  dosificación  punitiva,  por  tanto,  dentro  de  un  rango de 18 meses por cuarto5, se conforman  así:  el  primero,  de  setenta  y  dos  (72) a noventa (90) meses; los cuartos  medios  de  noventa (90) meses y un (1) día a ciento veintiséis (126) meses y,  el  último, de ciento veintiséis (126) meses y un (1) día a ciento cuarenta y  cuatro (144) meses de prisión.   

En  cuanto a la sanción pecuniaria, con el  descuento  previsto  para  la  modalidad  tentada  de  la  conducta, el marco de  dosificación  queda  de  300  a  900 salarios mínimos legales mensuales, cuyos  nuevos  cuartos de dosificación punitiva, a razón de 150 salarios por cada uno  de ellos6   

,  se integran de la siguiente forma:   el  primero,  de  300  a  450;  los dos medios de 450 a 750 y, el último de ese  quantum   a  900  salarios  mínimos legales mensuales.   

Ahora  bien,  al  individualizar la pena el  a             quo             partió      del   primer  cuarto  de  dosificación,  arguyendo que:   

Propendiendo la prescripción del artículo  61  del  CP., el sentenciador debe moverse dentro de los cuartos mínimos cuando  no   existan   atenuantes   ni   agravantes   o   cuando  concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  en  el  caso que nos ocupa militan a  favor  de  los  acusados  circunstancias  de  menor  punibilidad, la carencia de  antecedentes  penales,  lo  cual  implica que la pena a imponer a JOSE DE JESÚS  BARAJAS  GALVIS,  Juan  De  Jesús  Jaimes  Figueroa  y  Fabio  Suárez  Herrera  se   fijará   en   el   cuarto  mínimo,  esto  es,  no podrá ser inferior a noventa y seis (96) meses de  prisión  o superior a 126 meses y multa no inferior a cuatrocientos (400) SMLMV  ni  superior  a. seiscientos  treinta   y   siete   punto  cinco  (637.5)  SMLMV.7   

Dentro  de  ese cuarto, entonces, en lo que  respecta  a  la pena aflictiva de la libertad, incrementó al mínimo del cuarto  señalado  (96  meses  de  prisión)  dos  más, para un total de noventa y ocho  (98),  monto  que en definitiva impuso a los tres implicados, lo cual equivale a  una       proporción      del      6,66      %8. Tal  porcentaje   aplicado   sobre   el   nuevo  cuarto  mínimo  por  razón  de  la  redosificación  que  se  emprende  (comprendido entre 72 a 90 meses), arroja un  total  de  aumento  sobre  el  mínimo  de  un  (1)  mes  y  seis  (6)  días de  prisión9.  Es  decir, la pena de prisión a imponer  a  los  coautores  JOSÉ  DE  JESÚS  BARAJAS  GALVIS  (accionante), Juan de Jesús  Jaimes   Figueroa  y  Fabio  Suárez  Herrera (no accionantes) es de setenta y tres  (73)  meses  y  seis  (6)  días de prisión, mismo lapso por el cual se fija la  sanción  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas.   

Con  la pena pecuniaria se procederá de la  misma   forma.   El  cuarto  mínimo,  ya  se  dijo,  se  determinó  entre  400  y  637.5  salarios mínimos  legales  mensuales,  sobre  cuyo extremo inferior el a  quo  aumentó dos (2) salarios, de tal forma que impuso  el  pago  definitivo  de 402. Dicho incremento corresponde al 0,84 %10.   

Esta  última proporción (0,84 %), con los  nuevos  rangos  de dosificación del mismo cuarto mínimo (comprendido entre 300  a    450    salarios    mínimos    legales   mensuales),   equivalen   a   1,26  salarios11.  De  modo que, sumados al mínimo del cuarto seleccionado permiten  establecer   que   la  pena  de  multa  a  imponer  a  los  coautores     JOSÉ     DE     JESÚS     BARAJAS     GALVIS    (accionante),   Juan  de  Jesús  Jaimes  Figueroa  y  Fabio  Suárez  Herrera   (no  accionantes)  es  de  301,26  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  del año 2008 (año de ocurrencia de los  hechos.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

    

1. DECLARAR  fundada    la    causal    séptima    de  revisión  invocada por el defensor del sentenciado JOSÉ  DE  JESÚS BARAJAS GALVIS en lo que  tiene  que  ver  con  la  inaplicabilidad  del  aumento  de  pena previsto en el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004.     

    

1. DEJAR  SIN  EFECTO,              PARCIALMENTE,  la sanción impuesta en las  sentencias  del 13 de enero de 2009 y 13 de marzo del mismo año, proferidas, en  su  orden,  por  el Juzgado Segundo Penal Municipal de Bucaramanga y el Tribunal  Superior         de         la         misma         ciudad,        exclusivamente   para   dejar  la  pena  a  JOSÉ  DE  JESÚS  BARAJAS  GALVIS,   Juan  de  Jesús  Jaimes   Figueroa  y  Fabio  Suárez  Herrera  en  setenta y tres (73) meses y seis  (6)  días  de  prisión  y  multa por valor de 301,26 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  para  el  año  2008.  Así  mismo,  se  impondrá  la pena  accesoria  de  inhabilitación  de derechos y funciones públicas para todos los  sentenciados  en  mención  por un lapso igual al de la sanción privativa de la  libertad,  como responsables, en calidad de coautores,  del delito de extorsión en grado de tentativa.     

En   todo  lo  demás,  los  fallos permanecen vigentes.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

       Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Impedido  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Aclaro voto  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

ACLARACIÓN    DE  VOTO   

         En  atención  a  que  esta  decisión  se  fundamenta en la postura  acogida  por  la Sala mayoritaria en la sentencia de casación del 27 de febrero  de  2013  (rad.  33254), de la cual me aparté, procedo a exponer las razones de  mi disentimiento.   

         En  aquella ocasión se adujo que como el artículo 14 de la Ley 890  de  2004  incrementó  las  penas  a  fin de permitir un margen de maniobra a la  Fiscalía  en procura de conseguir fallos anticipados por vía de los acuerdos y  allanamientos,  pero  como  el  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006 priva de  rebajas  punitivas  por  tales factores de culminación antelada, entre otros, a  los  procesados  por  el delito de extorsión, se colige que no es procedente el  incremento  de  pena dispuesto en aquella norma, pues ello viola el principio de  proporcionalidad de la sanción.   

         Estoy   convencida  que  si  bien  corresponde  a  los  funcionarios  judiciales  interpretar  la  legislación  y  no  limitarse a ser únicamente la  “boca   de   la   ley”  mediante   el  escueto  proceso  de  subsunción  derivado  del  “silogismo  de  la  justicia”, en el cual  la  premisa  mayor  era  el  texto legal, la premisa menor el caso y de allí se  extraía,  sin  más,  la  consecuencia,  como  en su momento lo postuló Cesare  Beccaría,  uno  de  los  adalides  del  Estado  de  derecho, también considero  ineludible  recordar  que en virtud del artículo 230 de la Carta Política, los  jueces  estamos  sometidos al imperio de la ley, y en virtud de ello, no resulta  viable  que  invocando el principio de proporcionalidad de la pena, se desborden  los   precisos  lineamientos  dispuestos  por  el  legislador  en  punto  de  la  imposición  de  las  sanciones,  pues  ello  no  solamente  comporta desorden e  inclusive   arbitrariedad,   sino  que  rompe  con  el  principio  de  seguridad  jurídica,  amén  del principio de legalidad tan caro a los sistemas jurídicos  democráticos de derecho.   

Olvida la Sala mayoritaria que el principio  de  proporcionalidad  de  la pena se encuentra limitado por los precisos baremos  dispuestos  en la ley, dentro de los cuales se encuentra el ámbito de movilidad  punitiva  del  sentenciador, pues de no haber sido tal el querer del legislador,  habría  señalado que la tasación de la pena fuera establecida prudencialmente  por  el  juzgador  conforme  a  ciertos  criterios,  sin  establecer  mínimos y  máximos.   

Tan cierto será lo anterior, que fue con la  Ley   599  de  2000  que  el  legislador  delimitó  aún  más  el  ámbito  de  discrecionalidad   de  los  jueces  en  la  cuantificación  de  las  penas,  al  incorporar  el  sistema  de  cuartos,  circunstancia  a  partir de la cual puede  colegirse  que,  contrario a la tesis mayoritaria, se ha pretendido conseguir la  interdicción  de  la  arbitrariedad,  en  procura  de  honrar  el  principio de  legalidad.   

Para una mejor comprensión de mi desacuerdo  con la referida decisión, me permito rememorar que:   

1.           Mediante  la Ley 906 del 31 de agosto de  2004  se  implementó el sistema penal acusatorio, vigente gradualmente a partir  del 1º de enero de 2005.   

2.           El  7  de julio de la misma anualidad se  sancionó  la  Ley  890 a través de la cual, fundamentalmente, se incrementaron  las  sanciones  establecidas en la Ley 599 de 2000, con el propósito de otorgar  un  margen  de  maniobra a la Fiscalía General de la Nación en la negociación  de  las penas en procura de  conseguir  acuerdos  y  allanamientos con los procesados, según se constata sin  dificultad  en las exposiciones y debates que en el Congreso de la República se  libraron sobre tal normatividad, como sigue:   

i)           “Atendiendo  los  fundamentos  del sistema acusatorio, que prevé  mecanismos  de  negociación  y  preacuerdos, en claro  beneficio  para  la  administración  de  justicia  y los acusados, se  modifican  las  penas…”12    (subrayas    fuera   de  texto).   

ii)             “La  razón  que  sustenta  tales incrementos  (de las penas establecidas en la Ley 599  de  2000,  se aclara) está  ligada  con  la  adopción de un sistema de rebaja de penas, materia regulada en  el  Código  de  Procedimiento  Penal, que surge como  resultado    de    la    implementación    de    mecanismos   de   ‘colaboración’  con  la  justicia  que permitan el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones en contra de grupos de delincuencia  organizada   y,   al   mismo   tiempo,  aseguren  la  imposición  de  sanciones  proporcionales  a  la  naturaleza  de  los  delitos  que se castigan”13    (subrayas    fuera   de  texto).   

iii)          “El  primer  grupo  de normas (aquellas relativas a la dosificación  de   la   pena,   se  aclara),  está  ligado  a  las  disposiciones  del  estatuto procesal penal (Ley 906 de  2004,      se     precisa)     de     rebaja  de  penas y colaboración con la justicia, que le permitan  un  adecuado  margen  de  maniobra a la Fiscalía, de modo que las sanciones que  finalmente  se  impongan  guarden proporción con la gravedad de los hechos, y a  la  articulación  de las normas sustantivas con la nueva estructura del proceso  penal”14    (subrayas    fuera   de  texto).   

iv)           “Teniendo en  cuenta   que   se   hace   necesario   ajustar  las  disposiciones  del Código Penal a los requerimientos que implica la adopción y  puesta  en  marcha del sistema acusatorio, solicitamos  a  la Plenaria de la Cámara de Representantes dar segundo debate al proyecto de  ley   número   251   de   2004   Cámara,   01   de   2003   Senado”15    (subrayas    fuera   de  texto).   

v)            “El  actual  proyecto   de   ley,   insisto   hasta   la   saciedad,  únicamente  tiene  una  justificación  y una explicación: permitir poner en  funcionamiento  el Código de Procedimiento Penal, que  se   convertirá   en  ley  de  la  república  y  que  fue  expedido  por  esta  Corporación”16    (subrayas    fuera   de  texto).   

vi)           “Lo que hay  que  modificar  son algunos artículos del Código, en razón a que como   entra  a  operar  el  sistema  acusatorio  será  necesario  aumentar   algunas  penas  para  que  haya  margen  de  negociación,  porque de lo contrario la sociedad se vería burlada con base en  las  rebajas  que  pueda hacer el fiscal”17.   

         3.        La  Ley 1121 de 2006 data del 29 de diciembre de dicha anualidad, la  cual,  de  una  parte,  sobra  advertirlo, es bastante posterior a la Ley 890 de  2004, y de otra, dispuso en su artículo 26:   

“ARTÍCULO 26.  EXCLUSIÓN   DE   BENEFICIOS  Y  SUBROGADOS.  Cuando  se  trate  de  delitos  de  terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y  conexos,  no procederán  las  rebajas  de  pena  por sentencia anticipada y confesión, ni se concederán  subrogados  penales  o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de la  libertad  de  condena  de  ejecución  condicional  o suspensión condicional de  ejecución   de   la  pena,  o  libertad  condicional.  Tampoco  a  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión, ni  habrá   lugar   ningún   otro   beneficio   o   subrogado  legal,  judicial  o  administrativo,    salvo    los    beneficios    por   colaboración  consagrados  en  el  Código  de Procedimiento Penal, siempre que  esta     sea    eficaz”    (subraya    fuera    de  texto).   

Es  importante  recordar  que si bien en el  Proyecto   de   Ley  No  208  que  cursó  en  el  Senado  (138  en  Cámara)  ,  “por  el cual se dictan normas para la prevención,  detección,  investigación  y  sanción  de  la  financiación del terrorismo y  otras  disposiciones”,  no aparecía en un principio  el  citado  precepto prohibitivo de beneficios, en las modificaciones efectuadas  por  los  ponentes  Germán  Vargas  Lleras,  Ciro Ramírez Pinzón, Mario Uribe  Escobar  y  Héctor  Helí  Rojas  se  introdujo  tal norma, cuya inclusión fue  aprobada  por  la  Comisión  Primera  del  Senado  de la República18,  la  cual  únicamente  fue  modificada  ulteriormente  al  marginar el delito de secuestro  simple e incluir el punible de financiación del terrorismo.   

Los  motivos  expuestos  para establecer la  prohibición de beneficios fueron:   

“Se  propone  introducir  un artículo nuevo, retomando el artículo 11 de la Ley 733 de 2002,  a  través  del cual se excluyó la posibilidad de conceder subrogados penales o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena cuando se trate de delitos de terrorismo,  financiación  del  terrorismo,  secuestro,  secuestro  extorsivo,  extorsión y conexos.   

“Ello por cuanto  en  reciente sentencia proferida por la Corte Suprema de Justicia el 14 de marzo  de  2006,  dicha  Corporación consideró que las prohibiciones contenidas en el  artículo  11  de  la  mencionada  Ley  733  no  son aplicables a los delitos de  extorsión,  secuestro, terrorismo y conexos cometidos a partir del 1º de enero  de 2005 en los distritos en que rige a plenitud la Ley 906 de 2004.   

“Bajo  esta  perspectiva,   estaríamos   avocados   a  que  los  terroristas,   secuestradores  y  extorsionistas,  no  estén  recluidos  en  la  cárcel,  al  considerar  que  el  artículo  11  quedó  derogado  al entrar en  vigencia  el  nuevo sistema procesal” (subrayas fuera  de texto).   

        Conforme  a lo anterior, es palmario que si la concepción y diseño  de   la   política  criminal  corresponde  al  legislador  en  lo  no  regulado  directamente   por   el   Constituyente   dentro   de  la  llamada  libertad  de  configuración,  y  si dentro de la política penal, la pretensión del Congreso  de  la  República fue la de excluir a los condenados por delitos de terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, de  cualquier  rebaja  de  pena  o subrogado penal, no resulta atinado aducir que en  aras  de  preservar  el  principio  de  proporcionalidad  de la pena, sea viable  asumir  que  al negarse las rebajas de pena por sentencias anticipadas derivadas  de  acuerdos  o allanamientos, no es procedente el incremento punitivo dispuesto  en  la  Ley  890  de  2004  para  los  condenados, entre otros, por el delito de  extorsión.   

          Si   según   una  regla  interpretativa  de  vieja  data  donde  el  legislador  no  distingue es improcedente que el intérprete lo haga, no resulta  plausible  desvertebrar  el alcance de los preceptos sin sujeción al imperio de  la  ley para arribar a una interpretación ajena a la voluntad del legislativo y  a las deducciones posibles del texto legal analizado.   

          No  en  vano  el artículo 27 del Código Civil colombiano establece  que  “Cuando  el sentido de la ley sea claro, no se  desatenderá  su  tenor literal a pretexto de consultar su espíritu”,    y    a    renglón   seguido   puntualiza:   “Pero  bien  se  puede, para interpretar una expresión oscura de la  ley,  recurrir  a  su  intención  o  espíritu, claramente manifestados en ella  misma   o   en   la   historia   fidedigna   de  su  establecimiento”.   

          De  acuerdo  con  la  disposición trascrita puede colegirse, de una  parte,  que  el  artículo 26 de la Ley 1126 de 2006 es lo suficientemente claro  en  cuanto  se  refiere  a negar toda rebaja de pena o subrogado penal a quienes  fueren  condenados, entre otros, por el delito de extorsión. Y, de otra, que al  consultar  la  exposición  de  motivos para que el legislador introdujera dicho  precepto,  logra establecerse que su finalidad no fue distinta a la de responder  con  dureza punitiva a la comisión de tales punibles, sin permitir, se reitera,  las rebajas de penas o el otorgamiento de subrogados.   

          Esto  último  como  respuesta  necesaria  y   proporcional  al  clamor  de una sociedad inerme que ve cómo se han incrementado desorbitadamente  estas  modalidades  delictivas,  por regla general realizadas por organizaciones  criminales  cada  vez  más  fortalecidas,  las  cuales han encontrado en dichas  especies  delincuenciales  una  fuente  inagotable de ingresos, sacando provecho  del  temor  y  el  estado  de  indefensión del ciudadano ante el abandono de un  Estado    que    material    y    ciertamente    no   consigue   garantizar   su  seguridad.   

          Es  por  eso  que  a  través  de  la  jurisprudencia  no  se  puede  desconocer  el  propósito exteriorizado del constituyente derivado de erradicar  o,  por  lo  menos,  atemperar  esa  realidad  criminal, mediante el instrumento  legítimo  que  hace  parte  de  su  libertad  de  configuración legislativa en  materia  penal,  de  negar  todo beneficio o subrogado a quienes sean condenados  por  tales  delitos, incluyéndose allí, desde luego, la reducción de pena por  preacuerdos o allanamientos.   

          Sin  dificultad  advierto que si el legislador dispuso el incremento  de  penas  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, mal puede asumirse que dos  años  más  tarde  el  mismo Congreso de la República al negar a los autores y  partícipes  de  ciertos  delitos  los  beneficios  derivados de la culminación  anticipada  de  los  procesos,  quisiera derogar para los responsables de dichos  punibles  el citado aumento punitivo. Y aún más, si así lo hubiera querido el  legislativo,  así  lo  habría  dispuesto, de modo que suponerlo pretextando la  aplicación  del  principio  de  proporcionalidad,  no  pasa de ser una evidente  contrariedad de la política criminal del Estado.   

Quiero ser enfática al expresar que una tal  interpretación  por  parte de la Sala mayoritaria contraviene el querer popular  de  endurecer  las  penas  para  ciertos delitos que azotan tan hondamente a una  sociedad  cada  vez  más indefensa frente al poderío de las bandas criminales,  cuyos  responsables  encuentran  inmerecida benevolencia con posturas tales como  la  que  discrepo,  contrariando  el  fin perseguido por el legislador, amén de  debilitar  la  credibilidad  del ciudadano en la Administración de Justicia, de  la  cual  espera la imposición de sanciones efectivas y proporcionales al daño  causado, para este tipo de conductas.   

Conforme a las razones expuestas, considero  que  la aplicación del artículo 26 de la Ley 1121 de 2006, no supone en manera  alguna  inaplicar  el incremento de penas dispuesto en el artículo 14 de la Ley  890  de  2004,  por  el  contrario,  son estrechamente compatibles dentro de una  política  criminal  orientada  a por lo menos conseguir cumplir con la función  de  prevención  general  de  la  pena,  de  una  parte, por vía de persuadir a  quienes  desean  cometer  tales  comportamientos  amenazando  con  una  sanción  gravosa.  Y  de  otra,  enviando  un  mensaje  a  la sociedad referido a que los  condenados  por  tales  delitos  han  tenido  que  soportar  una  pena  grave  y  proporcional al daño derivado de su accionar ilegal.   

En  los  anteriores términos, cordialmente  dejo sentada mi aclaración de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

Fecha      ut     supra.   

    

1  Págs. 5 y 6.   

2  Págs. 6 y 7.   

3  ARTÍCULO  26. EXCLUSIÓN DE BENEFICIOS Y SUBROGADOS.  Cuando   se  trate  de  delitos  de  terrorismo,  financiación  de  terrorismo,  secuestro  extorsivo,  extorsión  y conexos, no procederán las rebajas de pena  por  sentencia  anticipada  y confesión, ni se concederán subrogados penales o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la libertad de condena de  ejecución  condicional  o  suspensión  condicional de ejecución de la pena, o  libertad  condicional. Tampoco a la prisión domiciliaria como sustitutiva de la  prisión,  ni  habrá lugar ningún otro beneficio o subrogado legal, judicial o  administrativo,  salvo  los  beneficios  por  colaboración  consagrados  en  el  Código de Procedimiento Penal, siempre que esta sea eficaz.   

4 Fol.  72 de la carpeta original.   

5  Resultado de restar 144-72= 72/4= 18.   

6  Resultado de restar 900-300=600 /4= 150.   

7 Pág.  7.   

8 126  (máximo  del  cuarto)-  96  (mínimo  del cuarto)= 30 meses. Sobre este último  guarismo, dos meses equivalen al 6,66 %.    

9  90  (máximo  del  cuarto)-  72  (mínimo del cuarto)= 18; ahora, si 18 meses son el  100 %, 6.66%=1,18 meses, lo que equivale en días a 36.   

10  637,5  (máximo  del  cuarto)-  200  (mínimo del cuarto)= 237,5 salarios. Sobre  este    último    guarismo,    dos    salarios   equivalen   al   0,84   %   de  incremento.   

11  450-300=150.   De   este  modo,  si  150  es  el  100%,  0,84%  representa  1,26  salarios.   

12  Exposición  de  motivos  del Proyecto de ley por el cual se modifica la Ley 599  de 2000.   

13  Ponencia  para  primer  debate  al  Proyecto  de  ley  01 de 2003 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Senado.   

14  Informe  de  ponencia  para  primer debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

15  Informe  de  ponencia  para segundo debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

16  Intervención  del  Vicefiscal  General  de  la  Nación en el segundo debate al  Proyecto  de ley 251 de 2004 por el cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara  de Representantes.   

17  Discusión  en  segundo  debate  del  Proyecto de ley 251 de 2004 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

Cfr.  Gaceta  del Congreso No.  132 del 19 de mayo de 2006. págs. 9-10.     

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