SP5196-2014(43563)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

SP5196-2014  

Radicación 43563  

(Aprobado Acta No. 123).  

Bogotá  D.C., abril treinta (30) de dos mil  catorce (2014)   

VISTOS  

Resuelve  la  Corte  las  impugnaciones  de  DICSON   GIOVANNY   BOTÍA   JÁCOME   y  su  defensa  contra la decisión del 1 de abril de 2014, por cuyo  medio  la  Magistrada  de  Control  de Garantías de Justicia y Paz del Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  denegó la sustitución de la medida de aseguramiento  privativa de la libertad solicitada.   

ANTECEDENTES  

El  18  de  marzo  de  2014  la  defensa  de  DICSON   GIOVANNY   BOTÍA   JÁCOME   impetró,  con  fundamento  en  el  numeral  2  del artículo 38 del  Decreto  3011  de 2013, la sustitución de la medida de aseguramiento porque, en  su  opinión,  esa  preceptiva  establece  que  los  8 años de privación de la  libertad  se  deben  contar desde el 25 de julio de 2005 en los eventos donde la  desmovilización  y  el ingreso al establecimiento carcelario fue anterior a esa  calenda.   

En  el caso examinado, agregó, la dejación  de  armas  se  concretó el 4 de junio de 2003 ante la Defensoría del Pueblo de  Bucaramanga  y el 11 de junio siguiente BOTÍA JÁCOME  ingresó  a  un establecimiento penitenciario sujeto a  las reglas del INPEC en el cual ha permanecido hasta ahora.   

De  esta  manera,  añadió,  desde el 25 de  julio  de 2005 a la fecha ha permanecido privado de la libertad más de 8 años,  circunstancia  que  autoriza  la  sustitución  de la medida, en aplicación del  principio  de  favorabilidad.  Lo  anterior,  además,  porque  cumple  con  las  restantes  exigencias  del  artículo 18 A de la Ley 975 de 2005, adicionado por  la   Ley   1592   de   2012,   esto   es,   ha  participado  en  actividades  de  resocialización,  contribuido  al esclarecimiento de la verdad y no ha cometido  delitos  dolosos  con  posterioridad  a su desmovilización. Por tanto, también  deben   suspenderse   las  condenas  impuestas  al  postulado  por  la  justicia  ordinaria,        conforme       al       artículo       18B       íbidem,  a  efectos  de  materializar la  sustitución de la medida.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

La  Magistrada  de  Control de Garantías de  Justicia  y  Paz del Tribunal Superior de Bucaramanga, en audiencia celebrada el  1  de  abril de 2014, denegó la petición impetrada por cuanto la situación no  ha  cambiado  y  sigue  siendo  requisito  esencial haber permanecido 8 años en  establecimiento  carcelario  sometido a las reglas del INPEC con posterioridad a  la postulación.   

Además,  porque  la sentencia C-015 de 2014  precisó  cómo  “en ningún caso los ocho años de  permanencia  en  un  establecimiento  carcelario pueden contarse antes de que la  persona  haya  sido  postulada  para  acceder  a los beneficios de la Ley 975 de  2005”,  interpretación  de obligatorio cumplimiento  para  los  operadores  judiciales. En ese orden, la hipótesis del numeral 2 del  artículo  38 del Decreto 3011 de 2013 no puede resultar contraria a la Ley 1592  de  2012,  que precisamente pretendía reglamentar, por tratarse de una norma de  inferior  jerarquía  que  resulta  inaplicable.    

Encuentra      que      DICSON   GIOVANNY   BOTÍA   JÁCOME  se  desmovilizó  el  4  de junio de 2003, pero su postulación sólo ocurrió el 10  de  mayo  de  2007,  de  manera  que  no satisface el primer de los presupuestos  fácticos  previstos  en  el  numeral 1 del artículo 18 A de la Ley 975 de 2005  porque,  como lo expuso la Corte Constitucional, el término de privación de la  libertad  debe  contarse  a  partir  de  la  postulación, momento en el cual se  adquiere           la          expectativa          de          la          pena  alternativa.            

Por  ello,  concluye,  no  resulta necesario  examinar  los  restantes  requisitos  ni  la suspensión de la pena peticionada,  pues  dependen  de la verificación de la privación de la libertad por un lapso  de 8 años después de la postulación.   

LAS IMPUGNACIONES  

             

1.     DICSON     GIOVANNY     BOTÍA  JÁCOME  afirma  que la determinación impugnada viola  su  derecho a la igualdad porque en otro caso decidido en la ciudad de Medellín  se  accedió  a  la sustitución de la medida de un desmovilizado que no llevaba  los  8  años  de  privación  de  la  libertad  contados desde la postulación.   

2.     La     defensa     considera  que  la  afirmación  contenida  en la sentencia C-015 de  2014  sobre  el  término de 8 años de privación de la libertad a partir de la  postulación  no  se  halla  en  la  parte  resolutiva  del  fallo  y no obliga,  circunstancia  por  la  cual  los  magistrados  de la ciudad de Medellín están  concediendo  la  libertad  pese  a  que  conocen el fallo, pues los jueces sólo  están  obligados  a cumplir la Constitución y la ley. Además, el Decreto 3011  de  2013  tuvo  control  constitucional  previo,  siendo avalado por el Tribunal  Constitucional.   

          De  igual  forma  encuentra  vulnerado  el derecho a la igualdad del  postulado      dado      que      en      cuatro      casos      “idénticos”   se   ha   concedido   el  beneficio   de   sustitución   de   la   medida  de  aseguramiento.     

     3. La fiscalía, el  Ministerio  Público  y  la  representación de víctimas, sin profundizar en el  debate, solicitaron mantener la determinación confutada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  lo  establecido  en el  parágrafo  1 del artículo 26 de la Ley 975 de 2005, modificado por el canon 27  de  la  Ley  1592  de  2012,  en  concordancia  con el artículo 68 ibídem   y   con  el  numeral  3°  del  artículo  32 de la Ley 906 de 2004, esta Colegiatura es competente para desatar  el      recurso      de      apelación            interpuesto   contra   la   providencia  proferida  por  la Magistrada de Control de Garantías  de  la  Sala  de  Justicia  y Paz del Tribunal Superior de Bucaramanga, por cuyo  medio  denegó  la  sustitución  de  la  medida de aseguramiento solicitada por  DICSON    GIOVANNY    BOTÍA    JÁCOME.   

Tal  como  se  ha  dilucidado  en anteriores  oportunidades   (CSJ   AP   junio   19   2013,  Rad.  41442),  el  objetivo  de  la  Ley  975  de  2005  es  “facilitar  los  procesos  de paz y la reincorporación  individual  o colectiva  a  la vida civil de miembros de grupos armados al margen de la ley, garantizando  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia   y   la   reparación”,  conforme  con  el  artículo 2 de dicha preceptiva.   

La dejación de armas y la incorporación al  proceso  de Justicia y Paz pueden originarse en una decisión colectiva, como la  surgida  de los acuerdos con los grupos paramilitares, o en una individual, como  la  adoptada por integrantes de organizaciones de autodefensa y de guerrilla que  a  lo largo de los años se han ido integrando al proceso. Según se trate una u  otra,  deben  seguirse  las pautas trazadas en los cánones 10 y 11 de la Ley de  Justicia y Paz donde se indican las reglas en cada evento.   

Ahora,  acorde con el artículo 72 de la Ley  975  de  2005,  modificado por el canon 36 de la Ley 1592 de 2012, desmovilizado  individual  es aquél “cuyo acto de desmovilización  sea  certificado  por  el  Comité  Operativo  para  la  Dejación  de las Armas  (CODA)”  en  contraposición  con  el  desmovilizado  colectivamente      que      según     el     artículo     10     ibídem   es   el   que  “se  encuentre  en  listado  que  el  Gobierno  Nacional remita a la  Fiscalía  General  de  la  Nación”  y  reúna  las  condiciones allí previstas.   

En  ese  orden,  según  el  artículo  11  ibídem,  las  condiciones  para  acceder  a los beneficios de la justicia transicional por parte de quienes  dejaron  las  armas  de  forma  individual,  esto  es, producto de una decisión  personal,  autónoma  y  voluntaria,  desligada  del proceso de negociación del  Gobierno  con  el  grupo  ilegal  al  que perteneció, son las siguientes:    

“Artículo 11. Requisitos de elegibilidad  para   desmovilización   individual.   Los   miembros  de  los  grupos  armados  organizados   al  margen  de  la  ley  que  se  hayan  desmovilizado  individualmente y que contribuyan a la  consecución  de la paz nacional, podrán acceder a los beneficios que establece  la presente ley, siempre que reúnan los siguientes requisitos:   

11.1.  Que entregue información o colabore  con el desmantelamiento del grupo al que pertenecía.   

11.2.  Que haya suscrito acta de compromiso  con el Gobierno Nacional.   

11.3. Que se haya desmovilizado y dejado las  armas en los términos establecidos por el Gobierno Nacional.   

11.4.    Que    cese   toda   actividad  ilícita.   

11.5. Que entregue los bienes producto de la  actividad ilegal, para que se repare a la víctima.   

11.6.  Que su actividad no haya tenido como  finalidad    el    tráfico    de    estupefacientes    o   el   enriquecimiento  ilícito.   

Solamente  podrán acceder a los beneficios  previstos  en  esta  ley,  las  personas cuyos nombres e identidades presente el  Gobierno   Nacional   ante   la  Fiscalía  General  de  la  Nación”                (subrayas                fuera                de  texto).          

En consecuencia, los desmovilizados en forma  individual  pueden  acogerse  al  trámite  de  Justicia  y  Paz  y optar por el  beneficio  de  la  pena  alternativa,  siempre  y  cuando cumplan las exigencias  previstas  en  la  norma  transcrita y sean postulados por el Gobierno Nacional,  por  manera  que  dicho  acto  constituye  condición  esencial  para ingresar a  justicia   transicional,   pues   sin   él,   así   se   haya   producido   la  desmovilización,     no     hay     posibilidad     de    acceder    a    dicha  jurisdicción.   

En  tal  sentido  se  pronunció  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-015 de 23 de enero de  2014,   

4.5.7.  En el caso sub examine se cuestiona  de  manera  específica  el  hito  temporal a partir del cual se debe contar los  ocho  años  de  reclusión en el establecimiento carcelario. Se argumenta en la  demanda  que  para  este  cálculo  debe tenerse en cuenta todo el tiempo que la  persona  haya  pasado  recluida en un establecimiento carcelario. Este argumento  es  inadmisible  en tanto y en cuanto pasa por alto uno de los elementos comunes  anotados,  el  de  haber sido miembro de un grupo armado al margen de la ley que  se  ha  desmovilizado. Y es que si no hay desmovilización, no existe fundamento  fáctico  para  aplicar  la  Ley  975  de  2005  y,  por ende, para solicitar la  audiencia  prevista  en el artículo 18 A de esta ley, agregado por el artículo  19  de la Ley 1592 de 2012. El tiempo que una persona haya pasado recluida en un  establecimiento  carcelario  antes  de  la desmovilización, es irrelevante para  efectos  de la Ley 975 de 2005. Y lo es, porque obedecía a la aplicación de la  ley  ordinaria y no implicaba nada distinto a lo que las demás personas, fuesen  o  no  miembros  de  tales grupos, experimentaban. En ningún evento es posible,  pues,  que  el  hito  temporal  en  comento  sea  anterior  a  la  fecha  de  la  desmovilización.   

4.5.8. De manera deliberada se omitió en su  momento   aludir  a  un  tercer  elemento  común  de  los  supuestos  de  hecho  comparados,  que  es  determinante  para  este caso. En las primeras líneas del  primer  inciso  del  artículo  19  de  la Ley 1592 de 2012, se precisa que para  poder  solicitar  la  sustitución  de  la  aludida  medida de aseguramiento, es  menester  que  la persona, además de haberse desmovilizado, haya sido postulada  para  acceder  a  los  beneficios  de  la  Ley  975  de 2005. Este es el sentido  unívoco  de  la  norma  al  decir:  “El  postulado  que se haya desmovilizado  estando  en  libertad  (…)”.  Con  esta  precisión  normativa, es  evidente  que  en ningún caso los ocho años de permanencia en  un  establecimiento carcelario pueden contarse antes de que la persona haya sido  postulada  para  acceder  a  los  beneficios  de  la Ley 975 de 2005.  En  el  caso  de  las  personas  postuladas  que se desmovilicen  estando  en  libertad,  este  término  se  cuenta  a  partir  de  su  posterior  reclusión  en establecimiento carcelario. En el caso de las personas postuladas  cuyo  grupo  se  desmovilice,  y  estén en ese momento privadas de su libertad,  este  término  se cuenta a partir de su postulación. No es, pues, la  mera  circunstancia  de  estar  recluido  en un establecimiento  carcelario  la  determinante  para  fijar  el  hito  temporal,  sino que, por el  contrario,  lo  verdaderamente relevante es la confluencia de esta circunstancia  con    las    de    la    postulación    y    la   desmovilización.   

4.5.9. El que en el caso de las personas que  se  encontraban  libres  el  término  comience  a partir de su reclusión en el  establecimiento  carcelario,  previa  su  postulación  y  desmovilización,  es  apenas  una  consecuencia  lógica  de  su  anterior estado de libertad, pues no  sería  posible  contar  ningún tiempo anterior por sustracción de materia. En  el  caso de las personas que estaban recluidas en el establecimiento carcelario,  sin  haber  sido  postuladas  y  sin  haberse  desmovilizado  el  grupo  al  que  pertenecían,  no habría ningún fundamento para aplicarles la Ley 975 de 2005,  de  la  cual hace parte la norma demandada, hasta que tanto no sean postuladas y  se  desmovilice  dicho  grupo.  La  secuencia  lógica  en  el primer evento es:  postulación  y  desmovilización previas, reclusión posterior, mientras que en  el  segundo  evento  es:  reclusión  previa,  postulación  y  desmovilización  posterior.  Y  es  que  en  el  primer  evento  la reclusión es posterior en el  tiempo,  en  tanto  resulta  ser  una  consecuencia  de  la postulación y de la  desmovilización,  porque  la  persona  se  somete  a la justicia estando libre;  mientras  que  en  el  segundo evento la reclusión es anterior en el tiempo, en  tanto  resulta  ser  una  consecuencia de la acción de la justicia, que obró a  pesar  de  la  voluntad  de  la  persona  e  incluso en contra de ella y que, en  realidad,  la sometió (subrayas propias).           

Entonces,  en los eventos donde la dejación  de  armas  fue  individual,  el momento a partir del cual el desmovilizado puede  acceder  a  los  beneficios de la Ley de Justicia y Paz es el de la postulación  por  parte  del  Gobierno  Nacional,  pues  sólo  desde  entonces  adquiere  la  expectativa   razonable   de  obtener  el  beneficio  de  la  pena  alternativa.   

Lo anterior aun considerando las precisiones  del  artículo  38  del  Decreto Reglamentario 3011 del 26 de diciembre de 2013,  por  cuanto  en  ellas  se recogen los criterios jurisprudenciales decantados en  torno         al         artículo        18A1,   sin   que  resulte  viable  pregonar  su  favorabilidad  respecto de la ley que reglamenta, como lo aduce el  impugnante,  pues  ello constituye un contrasentido en la medida que ese tipo de  decretos   no   pueden   alterar   o   modificar   el   contenido   de   la  ley  reglamentada.   

Los decretos reglamentarios, establecidas en  el  artículo  189-11 Superior, carecen de fuerza de ley por tratarse de simples  actos  administrativos  sujetos  al  control  de  la  jurisdicción  contencioso  administrativa,  en  la  medida  que  con  ellos el Ejecutivo ejerce la potestad  reglamentaria   de   las   leyes   para   su   cabal   ejecución   (C-979 13 noviembre 2002).   

En consecuencia, la hermenéutica del numeral  2  del  artículo  38 ibídem  que  se  ajusta  al  contenido  del  artículo  18A de la Ley 975 de 2005 y a la  interpretación   de   la   Corte   Constitucional,   implica   que  el  decreto  reglamentario  no establece nuevas hipótesis fácticas sobre la forma como debe  contarse  el  término  de  8  años  para  la  sustitución  de  la  medida  de  aseguramiento:  simplemente  dilucida  cómo  debe  determinarse  el  tiempo  de  reclusión  en una de las hipótesis fácticas de la desmovilización colectiva.  Por  ende,  no  se  refiere  a la dejación de armas de carácter individual, la  cual está regulada en el inciso 5 de la citada preceptiva.   

En  efecto, se repite,  el numeral 2 no  está  dirigido a los eventos de desmovilización individual sino exclusivamente  a  la  desmovilización  colectiva llevada a cabo antes del 25 de julio de 2005.  Ello  porque muchos bloques y frentes de grupos organizados al margen de la ley,  como  consecuencia  de los diálogos con el Gobierno Nacional, dejaron las armas  con  antelación  a  la  expedición  de  la  ley  y sus integrantes quedaron en  libertad  hasta  que  la  autoridad judicial competente dispuso su reclusión en  centros  penitenciarios  sometidos  a  las reglas del INPEC, también antes  de  la  promulgación  de  dicha  normatividad  y,  por  ello, se precisa que en  ningún   caso   el   término  puede  ser  anterior  a  la  expedición  de  la  ley.   

Lo anterior, además, porque con amplitud la  Corporación  ha  explicado  (CSJ AP 24 febrero 2009,  Rad.  30999;  6  marzo  2013,  Rad.  40603)  cómo  la  dejación  de  armas  realizada  al  amparo  de la Ley 782 de 2002 difiere de la  realizada  a  la  luz  de  la  Ley 975 de 2005, de forma que la desmovilización  individual  al  amparo de ese estatuto no permite acceder en forma automática a  la  ley  de  Justicia  y  Paz, siendo indispensable la postulación del Gobierno  Nacional      como     condición     sine     qua  non.         

En el anterior contexto la Sala reafirma que  la  interpretación  sistemática  del  artículo  18  A  de la Ley 975 de 2005,  reglamentado  en  el canon 38 del Decreto 3011 de 2013, implica que para acceder  a  la  sustitución  de  la medida de aseguramiento privativa de la libertad, el  postulado  debe  haber  estado  detenido mínimo 8 años en centro de reclusión  sujeto a las reglas de control penitenciario, así:   

En  los casos de desmovilización colectiva,  desde  el  inicio de la privación de la libertad en centro de reclusión sujeto  a  las  reglas de control penitenciario, cuando el postulado se hallaba libre al  momento  de  la dejación de armas de la estructura armada a la que perteneció,  fecha  que en todo caso deberá ser concomitante o posterior a la expedición de  la Ley 975 de 2005.    

Y a partir de la postulación por el Gobierno  Nacional,  en todos los eventos de desmovilización individual, sea que el grupo  al  que  perteneció  el  desmovilizado  haya  desaparecido, haya abandonado las  armas  o  permanezca en el uso ilegal de las mismas, con independencia de que se  hubiese  entregado  con  antelación al amparo de otros ordenamientos jurídicos  como el contendido en la Ley 782 de 2002.   

Del caso concreto  

Según se infiere de los documentos anexos al  expediente  y  de  las  intervenciones de las partes en la audiencia respectiva,  DICSON GIOVANNY BOTÍA JÁCOME,   

i)  Se  desmovilizó individualmente el 4 de  junio  de  2003  a  fin  de  obtener  los  beneficios  de  la  Ley  782  de  ese  año.   

ii)  Fue  postulado  por el Gobierno Nacional el 10 de mayo de 2007, previa  solicitud del desmovilizado.   

El anterior recuento fáctico evidencia cómo  DICSON   GIOVANNY   BOTÍA   JÁCOME   se  desmovilizó  de  forma individual antes de la expedición de la  ley  de  Justicia  y Paz con el propósito de obtener los beneficios consagrados  en  la  Ley  782  de  2002. En ese orden, sólo con su postulación adquirió la  expectativa  de  obtener  los beneficios de la Ley de Justicia y Paz, por manera  no  ha  transcurrido el término de 8 años para la sustitución de la medida de  aseguramiento  de detención preventiva de que trata el artículo 18 A de la Ley  1592 de 2012.   

Y  aunque  la  defensa, material y técnica,  pregona  la afectación del principio de igualdad porque en otras actuaciones se  ha  sustituido  la  medida  de  aseguramiento a peticionarios que no llevan ocho  años  de  privación  de  la  libertad  contados desde la postulación, ello no  modifica  las  consideraciones  aquí expuestas en la medida que se apoyan en la  interpretación  sistemática del canon 18 A de la Ley 975 de 2005 y en el fallo  que declaró su constitucionalidad.   

Adicionalmente,  porque  no  se  cuenta  con  elementos   de   juicio   a   partir   de   los  cuales  corroborar  que  dichas  determinaciones  se  fundaron  en  idénticos  supuestos  fácticos  a  los  que  concurren     en     BOTÍA    JÁCOME.    

De  otra  parte, las sentencias de  constitucionalidad,  acorde  con  el  artículo  243 de la Carta Política, son de carácter vinculante, obligatorio y  constituyen  fuente  de  derecho  en  la medida que garantizan los principios de  primacía  de  la Constitución, igualdad, confianza legítima y debido proceso,  indispensable  para  mantener  la  coherencia  y seguridad del sistema jurídico  (C-131  1 abril 1993; C-252 28 febrero 2001; C-310 30  abril 2002; C-335 18 abril 2008, entre otras).   

De ellas obliga no sólo la parte resolutiva  sino  la  ratio decidendi de  la  misma,  esto es, los motivos o fundamentos jurídicos con base en los cuales  se resolvió el asunto concreto.   

Entonces, yerra el impugnante al pregonar la  ausencia  de  obligatoriedad de la sentencia C-015 de 2014, pues el objeto de la  misma   fue   precisamente   determinar  el  momento  a  partir  del  cual  debe  contabilizarse  el lapso de 8 años de privación de la libertad, por manera que  la  expresión  “en ningún caso los ocho años  de  permanencia en un establecimiento carcelario pueden contarse antes de que la  persona  haya  sido  postulada  para  acceder  a los beneficios de la Ley 975 de  2005”, constituye la ratio  decidendi.   

También  se  equivoca  el  impugnante  al  señalar  la  existencia  de control constitucional previo por parte de la Corte  Constitucional  al  Decreto  3011  de  2013,  pues  esa  clase de disposiciones,  establecidas  en  el  artículo  189-11  Superior,  carecen de fuerza de ley por  tarase  de  simples actos administrativos sujetos al control de la jurisdicción  contencioso  administrativa,  en  la medida que con ellos el Ejecutivo ejerce la  potestad  reglamentaria  de  las  leyes  para  su  cabal ejecución (C-979 13 noviembre 2002).   

Siendo    ello    así,    DICSON  GIOVANNY  BOTÍA JÁCOME no cumple  con  la  exigencia  fundamental  contenida  en el artículo 18A de la Ley 975 de  2005  para obtener la sustitución de la medida de aseguramiento privativa de la  libertad,  motivo  por  el  cual  se  confirmará  la decisión confutada.    

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          1.  CONFIRMAR  la decisión del 1 de abril  de  2014  emitida  por  la Magistrada de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Bucaramanga,     conforme     a     los     argumentos     expuestos.   

2.  DEVOLVER  la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta decisión no procede el recurso  alguno   

Notifíquese y Cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 De la  Ley 975 de 2005, adicionado por el canon 19 de la Ley 1592 de 2012.     

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