SP3786-2015(45121)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

SP3786-2015  

Radicación n° 45.121  

(Aprobado  Acta No.  110)   

Bogotá D.C., veinticinco (25) de marzo de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

De  acuerdo  con  lo advertido en el auto CSJ  AP624-2015  que inadmitió la demanda de casación presentada por el defensor de  Diego    Andrés    Arguelles    Palacio,   de  manera  oficiosa,  se  pronuncia  la Corte frente a la sentencia de la Sala de Decisión  Penal  de Descongestión del Tribunal Superior de Antioquia del 22 de septiembre  de  2014  que  confirmó la proferida el 12 de diciembre del 2013 por el Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de Segovia, mediante la  cual  lo  condenó, a título de autor, por el delito de fabricación, tráfico,  porte o tenencia de arma de fuego, partes o municiones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

El  día  28  de julio de 2011, a eso de las  17.20  horas,  el  señor  DIEGO  ANDRÉS  ARGUELLES PALACIO, fue sorprendido al  interior    de    la   residencia   de   la   señora   Hortencia   (sic)   de   Dios  Berrio  (sic)  Sierra,  ubicada en el sector del  hospital  de  la  Salada  del  municipio de Segovia, residencia nro (sic)   4,  a  donde  ingresó  sin  el  consentimiento  de  la  propietaria,  aprovechando que la vivienda se encontraba  sola.   

Como  el  hecho,  fue  dado  a conocer a la  policía  nacional a través del 1.2.3, hasta el lugar, llegó personal adscrito  a  la  institución,  pudiendo ingresar por la ventana del costado derecho de la  casa  que  da  a  la  cocina,  -la  que  se  encontraba  abierta con señales de  violencia-,  y  en  su interior se hallaron los muebles en desorden, además del  procesado  escondido  en  el  cielo raso de la última habitación, quien al ser  observado  por  uno de los uniformados, arrojó a una distancia aproximada de un  metro,  un  elemento  que  resultó ser un revólver, calibre 38L, pavonado. Con  cachas  de  madera,  color  café,  sin  número  interno  ni  externo, con tres  cartuchos    en   el   tambor,   siendo   sorprendido   y   materializados   sus  derechos.1    

2.  El  29  de  julio  de  2011  el  Juzgado  Promiscuo   Municipal   con  funciones  de  control  de  garantías  de  Segovia  (Antioquia),  por  solicitud  de  la  Fiscalía  Local  61  del mismo municipio,  legalizó  la  captura  y  la  formulación  de  imputación  por  el  delito de  fabricación,  tráfico, porte o tenencia de arma de fuego, partes o municiones,  en  la  modalidad  de porte, en contra de Diego Andrés  Arguelles  Palacio,  así  como  le  impuso  medida de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario2.   

3. El 15 de septiembre siguiente la Fiscal 87  Seccional   (E)  de  la  localidad,  presentó  el  correspondiente  escrito  de  acusación3.   

4. El 3 de octubre posterior se llevó a cabo  la  audiencia de formulación de acusación ante el Juez Promiscuo del Circuito,  con  funciones  de  conocimiento,  del referido lugar. Las partes no advirtieron  ninguna  causal  de  incompetencia,  impedimentos, recusaciones o nulidades y la  Fiscalía  adicionó  el  escrito  de acusación, en relación con los elementos  materiales                probatorios4.     

5.  El  2  de  noviembre  del año citado se  llevó  a  cabo  la audiencia preparatoria. En dicha diligencia no se realizaron  estipulaciones  probatorias,  y  las  partes  solicitaron  las  pruebas para ser  practicadas        en        el        juicio5.   Como   la   judicatura  no  decretó   una   inspección  judicial  en  el  lugar  de  los  hechos,  ni  las  declaraciones  de la Fiscal Luz Marina Posada y menos la del médico funcionario  del  Hospital  San Juan de Dios de Segovia, la defensa apeló tal negativa, pero  fue  confirmada  el  1 de marzo de 2012 por el Tribunal de Antioquia6.      

6. El 4 de agosto, en audiencia de solicitud  de  libertad por vencimiento de términos (por cuanto pasaron más de doce meses  sin  que  se  diera  inicio  a  la  audiencia  de  juzgamiento), ante el Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías, se ordenó la  inmediata     excarcelación     del     acusado7.   

7.  El  juicio  oral  se  desarrolló en dos  sesiones        (3        de        septiembre8  y  28  de octubre9  de 2013), al  cabo  de  las  cuales  se  anunció  que  el sentido del fallo era condenatorio.   

8. Mediante sentencia del 12 de diciembre del  mencionado  año,  el  juez  de  conocimiento condenó al acusado por el injusto  endilgado  a  la  pena principal de ciento ocho (108) meses de prisión, y a las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  del  derecho de tenencia y porte de arma, por el mismo  lapso  de la sanción privativa de la libertad. Además, le negó la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria10.   

9.    Recurrido    el   fallo   por   el  defensor11,  fue  confirmado  por la Sala de Decisión Penal de Descongestión  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia en sentencia del 22 de  septiembre  de  2014,  con  la única adición consistente en decretar el comiso  del             arma            incautada12.   

          10.  La  defensa  técnica  interpuso  el  recurso extraordinario de  casación                oportunamente13,  pero  el  expediente  fue  devuelto  al  despacho  de  origen,  en el entendido que el término de traslado  respectivo       venció       en      silencio14.   

No  obstante,  verificado que el memorial de  impugnación  se  traspapeló  antes  de  ser  anexado  al  diligenciamiento, la  secretaría  del  Tribunal  subsanó  el error y se habilitó al aludido extremo  procesal  para  que  presentara  el respectivo libelo de casación, lo cual hizo  dentro       del      término      de      ley15.   

11. Mediante auto CSJ AP-624-2015, la Sala de  Casación  Penal  inadmitió  la  demanda correspondiente y dispuso que en firme  esa  decisión y cumplido el trámite de insistencia, regresara el expediente al  despacho  del  Magistrado Ponente para emitir pronunciamiento oficioso acerca de  la posible vulneración de garantías fundamentales.   

CONSIDERACIONES  

Inadmitida  la  demanda  promovida  por  la  defensa  técnica  y vencido en silencio el término para agotar el mecanismo de  insistencia,  la  Corte  se  centrará,  exclusivamente, en el tema enunciado en  auto  CSJ  AP-624-2015,  esto  es,  en  verificar  si  al  dosificar  la pena de  privación  del  derecho  a la tenencia y porte de arma, impuesta a Diego  Andrés  Arguelles  Palacio, el juez  de  primer  nivel  incurrió  en  algún  defecto  sustancial susceptible de ser  corregido por la Corte.   

En  efecto,  advierte la Sala que, sin hacer  consideración  alguna acerca de las razones para imponer al acusado la referida  sanción    accesoria,    el    a   quo,  en la parte resolutiva de la sentencia, la tasó en 108 meses, es  decir, por el mismo término de la pena aflictiva de la libertad.   

Al respecto, lo primero a destacar es que, si  bien  es  ostensible la ausencia total de motivación en punto de la imposición  de   esta   pena,   la  Sala  de  Casación  Penal,  con  criterio  mayoritario,  recientemente  (CSJ  SP2636-2015),  rectificó  el  criterio jurisprudencial que  venía  imperando,  según  el cual la falta de fundamentación expresa en dicho  sentido  comportaba la exclusión de la misma, para precisar, en cambio, que tal  exigencia  se  entiende  satisfecha, con la sola declaración de responsabilidad  por  el  delito  de  fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego,  accesorios,  partes  o municiones. Los siguientes fueron los razonamientos de la  Corte:   

Mayoritariamente,  a la par, se estableció  como  criterio  general  que en casos de fabricación, tráfico y porte de armas  de  fuego  o  municiones  de  defensa personal o de uso privativo de las Fuerzas  Armadas   –sea  que  se  impute   sólo  esa  conducta  punible  o  en  concurso  de  delitos—,  se  entiende cumplida la garantía  de  motivación  de  la  imposición  de la sanción accesoria de privación del  derecho  a  la tenencia y porte de armas, con la declaración en la sentencia de  que  el procesado fabricó, traficó o portó armas de fuego o municiones “sin  permiso  de autoridad competente”. En otras palabras, la declaración judicial  de  que ajustó su comportamiento a cualquiera de las conductas descritas en los  artículos  365  o  366  del  Código Penal (también al artículo 367 ibídem),  constituye   suficiente   fundamento  para  privar  del  mencionado  derecho  al  condenado.  Se  rectifica  con  este  criterio,  entonces,  el  plasmado  en  el  precedente  jurisprudencial del 16 de diciembre de 2014 (CSJ SP 17166-2014, Rad.  42536).   

No  está de más advertir que esos delitos  de  peligro  común,  que  pueden ocasionar graves perjuicios a la comunidad, se  sancionan  cada  vez con mayor severidad en cuanto se constituyen en presupuesto  obvio  de  la violencia nacional. Ese aumento de la punibilidad, a la vez, está  inscrito    –no   hay  duda—  en  políticas de  desarme  de  la población claramente orientadas a contrarrestar la criminalidad  asociada  a  la  utilización  de  armas  de  fuego  (o químicas, biológicas o  nucleares),  la  cual  se  muestra  como  uno  de  los principales problemas que  obstaculizan el desarrollo del país.   

No  resulta  sensato,  en  ese contexto, en  casos  de  condena  por  delitos  de  fabricación,  tráfico y porte de armas y  municiones,  exigir  para  la imposición de la pena de privación del derecho a  la  tenencia  y  porte  de  armas  de  fuego  una fundamentación adicional a la  declaración  de  existencia  de la conducta punible. Simple y llanamente porque  se  plantea  lógica,  necesaria y proporcional su deducción en tales casos. No  se  entendería  que  a quien se reprocha penalmente fabricar, traficar o portar  armas  de  fuego o municiones, o armas químicas, biológicas o nucleares, no se  le   despoje   del   derecho   a   poseerlas   por  el  tiempo  que  permita  la  ley.   

En este orden de ideas, lo que sí es viable  reprocharle  al  fallo  de  primer  grado  examinado  en  esta  ocasión, es que  desconoce  los  lineamientos  del  canon  61 del mismo Estatuto Sustantivo, como  pasa a verse.   

En  verdad,  de acuerdo con dicha norma, una  vez  establecidos los mínimos y máximos en que debe moverse el juzgador, éste  está  obligado  a dividir el ámbito punitivo de movilidad, previsto en la ley,  en  cuatro  cuartos,  para,  luego, seleccionar el que en cada caso corresponde,  según   no   existan   atenuantes   y   agravantes   o   concurran  únicamente  circunstancias   de   atenuación  punitiva  (mínimo),  coexistan  causales  de  agravación  y  atenuación  (medios)  o solamente se perciban circunstancias de  agravación (máximo).   

Una   vez   identificado   el   rango  que  corresponda,  el  fallador está impelido a imponer la pena a la que haya lugar,  atendiendo,    para    el   efecto,   «la  mayor  o  menor  gravedad  de  la  conducta,  el  daño  real o  potencial  creado,  la  naturaleza  de  las  causales  que agraven o atenúen la  punibilidad,   la   intensidad   del   dolo,  la  preterintención  o  la  culpa  concurrentes,  la  necesidad  de pena y la función que ella ha de cumplir en el  caso concreto».   

En  el asunto de la especie, se tiene que el  inciso  sexto  del  artículo  51 de la Ley 599 de 2000 determina que la pena de  privación  del  derecho  a  la tenencia y porte de arma durará entre uno (1) y  quince  (15) años de prisión, o lo que es lo mismo, doce (12) y ciento ochenta  (180) meses.   

Esto, significa que, los cuartos de movilidad  son los que siguen:   

Primero16             

Segundo             

Tercero             

Cuarto  

12 m.-54 m.             

54 m. 1 d.–96 m.             

96 m. 1 d.–138 m.             

138   m.   1   d.  – 180 m.  

Tal  como  ocurrió  cuando  el sentenciador  dosificó  la  pena de prisión, para tasar la sanción accesoria que nos ocupa,  debía  ubicarse  en  el  cuarto mínimo -12 a 54 meses- habida cuenta que no se  dedujeron circunstancias de mayor o menor punibilidad.   

En  cambio,  se  instaló en el tercer rango  –o segundo medio- e impuso  la  pena  de  108  meses, desbordando con suficiencia, el margen punitivo en que  tenía  que  moverse  siendo  que,  se  insiste, le era imperioso situarse en el  primero de ellos.   

Ahora, debido a que, el parámetro utilizado  por     el     juez     unipersonal     para    determinar    el    quantum   de   la   sanción   accesoria  examinada,  consistió en escoger el mínimo de la pena de prisión (108 meses),  la  Corte  también  seleccionará  el extremo inferior de la pena de privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de  arma,  que  equivale  a un (1) año  –doce  (12) meses-.    

Este  es,  pues,  el  tiempo  que  deberá  descontar  el sentenciado, por razón de la privación del derecho a la tenencia  y porte de arma.   

En  lo  demás, el fallo de segundo grado se  mantiene incólume.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Casar  oficiosa  y  parcialmente  la  sentencia proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Antioquia,  el 11 de septiembre de 2014, en el sentido de fijar la  pena  de  un (1) año –doce  (12)  meses-  de  privación  del  derecho  a  la  tenencia y porte de arma para  Diego    Andrés    Arguelles    Palacio.  En lo demás,  se mantiene incólume.   

Segundo. Contra esta  decisión no cabe recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Salvamento de voto  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO  PARCIAL  DE  VOTO  A LA SENTENCIA   

Con el acostumbrado respeto por la decisión  de  la  mayoría,  me  permito  manifestar  salvamento  parcial  de voto, en los  términos como siguen:   

En  la  sentencia  de  la  que  en parte me  separó,  se  da alcance al principio de legalidad de la pena y se redosifica la  sanción  accesoria  de  privación  del  derecho a la tenencia y porte de arma,  atendiendo  el  sistema  de  cuartos,  así  como se reitera la reciente postura  mayoritaria  de  la  Corte  según  la cual, la ausencia absoluta de motivación  acerca  de  las  razones  para  su  imposición, no es razón para excluirla, en  tanto,  se  entiende  que  basta  con  la declaración de responsabilidad por el  punible  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios, partes o municiones.   

Comparto  la primera de las determinaciones  de  dicha  providencia,  es decir, la relativa a la necesidad de restablecer las  garantías   fundamentales  vulneradas  al  procesado  con  la  infracción  del  artículo  61  del  Código  Penal,  pero  no  la  segunda,  que  comulga con la  desatención del postulado de motivación.   

En ese sentido, es del caso reiterar, en lo  pertinente,  el  salvamento  de  voto  a  la  sentencia  CSJ  SP2636 de 2015(Rad.:  43.881):   

Consideré, y me mantengo en ello, que, por  expreso  mandato  de los artículos 52 y 59 del Código Penal, la imposición de  una  pena  accesoria  debe  estar  precedida  de  una  justificación,  así sea  mínima,  de  las  razones  por  las  cuales  ella  se hace necesaria en el caso  concreto.  Por  consiguiente,  soy  del  criterio  que  es obligado para el juez  consignar  en  el  fallo  los  motivos  «de  la  determinación  cualitativa  y  cuantitativa de la pena».   

A  mi  juicio,  se  ha  debido mantener la  postura  de  la  Corte,  plasmada en CSJ SP, 11 may. 2011, rad. 34614, reiterada  luego en CSJ SP, 11 dic. 2013, rad. 41543, en donde se sostuvo:   

…no  es posible confundir la motivación  acerca  de  la  realización  del  injusto con la motivación relacionada con la  imposición  de  la  pena.  La  primera  atañe  a  las pruebas que sustentan la  manifestación  en  el  mundo  exterior de una conducta típica y antijurídica,  mientras  que  la  segunda  concierne  al  reproche  personal (manifestada en la  sanción  punitiva)  que  debe  hacérsele  al  autor  de  dicho comportamiento,  situación  que  en cada evento implica el análisis de una serie de principios,  fines y valores distintos.   

(…)  

De  esta  manera,  la  motivación  de  la  imposición  de  la  pena,  ya  sea  principal  o  accesoria,  tendría  que ser  diferente  e  independiente  a  la  sustentación de la ejecución del ilícito,  tanto en uno como en otro caso.   

En  la  sentencia  de  la cual discrepo se  parte  de  la  base  que  la  sanción  accesoria de privación del derecho a la  tenencia  y porte de arma en casos en los que, como el presente, se investigó y  juzgó  un delito de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego de defensa  personal,  no  requiere  la  exhibición  de los fundamentos explícitos para su  imposición.   

En mi parecer, es inadmisible sostener que  en  tales  eventos  es razonable y proporcional privar del derecho a tener armas  sin  que  exista  un  porqué,  pues  ello implica crear reglas de excepción al  deber  de  motivar, a pesar de que no fueron concebidas por el legislador, quien  ninguna  diferenciación  o  categorización  hizo,  y,  por  el  contrario, fue  exigente,  como  debe serlo en un Estado de Derecho, en punto que las decisiones  se hallen sustentadas.   

La  motivación,  debo  agregar,  es  una  garantía  del debido proceso, en especial, del derecho de defensa del procesado  y  permite  ejercer  el  de contradicción. Por ende, la inexistente motivación  del  juez  en  torno  a  la imposición de una determinada medida, infringe esos  derechos  y,  por  ende,  lesiona  el  derecho de todo ciudadano a una garantía  judicial efectiva.   

Considero, con el acostumbrado respeto, que  la  exigencia  de  previa  motivación judicial para aplicar una medida no puede  condicionarse  a  la  poca  o  escasa  lesividad  de  aquella.  El mandato legal  (artículos  52  y  59  del  Código  Penal)  es  claro  y  general.  No  admite  excepciones de ninguna índole.   

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Cfr. folio 169 vuelto de la  carpeta.   

2  Cfr.  folio 4 ibidem.   

3  Cfr.    folios   28-31  ibidem.   

4  Cfr. folio 37 ibidem.   

5  Cfr.    folios   53-54  ibidem.   

6  Cfr.    folios   62-68  ibidem.   

7  Cfr. folio 96 ibidem.   

8  Cfr. folio 114 ibidem.   

9  Cfr. folio 119 ibidem.   

10  Cfr.   folios   130-141  ibidem.   

11  Cfr.   folios   143-158  ibidem.   

12  Cfr.   folios   169-181  ibidem.   

13  Cfr. folio 194 ibidem.   

14  Cfr. folio 192 ibidem.   

15  Cfr.   folios   195-213  ibidem.   

16 Las  siglas son como siguen: m. (meses); d. (día).     

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