SP3407-2016(46067)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP3407-2016  

Radicación N° 46.067  

(Aprobado Acta N° 80)  

Bogotá,  D.  C., dieciséis (16) de marzo de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La Corte decide de fondo sobre el quinto cargo  admitido  de  la  demanda de casación presentada por la defensa de Jairo   Martínez   Rincón   contra   la  sentencia  proferida  el  1  de diciembre de 2014 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Valledupar, que confirmó la emitida el 19 de julio de 2013 por el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de esa  ciudad,  mediante  la  cual  lo condenó en calidad de coautor de los delitos de  homicidio    agravado    y    secuestro    extorsivo,    ambos    en    concurso  homogéneo.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

Ocurrieron el día 7 de julio de 1996, en la  vía  que  conduce  a  la  vereda  Cerro  Bravo,  comprensión  territorial  del  Municipio  de  Aguachica  –  Cesar,  lugar  en  donde  fueron encontrados muertos por heridas ocasionadas con  arma  de fuego, PABLO EMILIO LEÓN BARBOSA y LUIS CARLOS BARBOSA LÓPEZ, quienes  habrían  sido  retenidos  desde  el  27  de  mayo  del  mismo año por un grupo  paramilitar  de  las  denominadas Autodefensas Unidas de Colombia, comandado por  alias     JUANCHO     PRADA     y     LUIS     ORFEGO    OVALLOS    (sic)  GAONA,  por  cuya  liberación sus  familiares  pagaron  $15,000,000.oo  y  200  semovientes;  el grupo reseñado se  apoderó  además  de  1100  cabezas  de  ganado  y  de maquinaria pesada que se  encontraba  en  la  finca  de  una de las víctimas; en la acción participaron,  JAVIER  ANTONIO  QUINTERO  CORONEL,  alias  PICA PICA y JAIRO MARTÍNEZ RINCÓN,  alias   PACHO1.   

2.  El  25  de julio de 1996 la Fiscalía 19  Seccional   de   Aguachica   (Cesar)   profirió   resolución  de  apertura  de  investigación                 previa2.   

3.  El  10  de  julio de 1998 se decretó la  suspensión  de  la actuación en los términos del artículo 326 del Código de  Procedimiento                  Penal3.   

4.  El  30 de noviembre de 2009 la Fiscalía  Tercera  Especializada  de  Valledupar ordenó reanudar el diligenciamiento y la  práctica       de       algunas       pruebas4.   

5.  El  29  de  enero  de  2010  se declaró  formalmente  abierta  la  investigación y se dispuso la vinculación, a través  indagatoria,    de    Javier    Antonio    Quintero   Coronel   y   Jairo       Martínez       Rincón5.   

6. El 16 de febrero de 2011, una vez obtenida  la  captura  del  segundo, se le resolvió la situación jurídica con medida de  aseguramiento  consistente en detención preventiva por los delitos de homicidio  agravado,  secuestro  extorsivo,  concierto  para  delinquir  agravado  y  hurto  calificado            y           agravado6.   

7.  El  21 de septiembre del mismo año, por  apelación  de  la  defensa  técnica  contra  la  referida decisión, la Fiscal  Segunda    Delegada    ante    el    Tribunal    Superior   de   Valledupar   la  confirmó7.   

8. El 11 de octubre siguiente se clausuró el  ciclo      instructivo,     exclusivamente,     respecto     de     Martínez             Rincón8,   continuándose  en  cuerda  procesal separada la investigación frente a Quintero Coronel.   

9. El día 12 de igual mes y año se decretó  la   libertad   provisional  del  encartado  Martínez  Rincón,  por ausencia de calificación del mérito de  la   instrucción   dentro   del   término   estipulado   en  la  ley  procesal  vigente9.   

10.  La  Fiscalía  Octava  Especializada de  Valledupar  profirió  resolución  de  acusación  el  15  de noviembre de 2011  contra     Jairo    Martínez    Rincón,  por  el  delito  de  homicidio  agravado  en  concurso  con el de  secuestro  extorsivo,  ambos  en concurso homogéneo10;  proveído que fue recurrido  por              el             defensor11 y confirmado por el superior  el      16      de      enero      de      201212.   

11.  El  22  de  febrero de esa anualidad el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Valledupar  avocó  el  conocimiento  del  asunto y ordenó correr el traslado de que trata el artículo  400     de     la     Ley     600     de     200013.   

12. La audiencia preparatoria se celebró el  30        de        agosto       de       201214  y  la  vista  pública  de  juzgamiento  se  llevó  a  cabo  en  dos  sesiones  del  9 de abril15 y 30 de mayo  de    201316.   

13.  Mediante  sentencia  de  19  de  julio  siguiente,  el juzgado de conocimiento declaró a Jairo  Martínez  Rincón penalmente responsable en calidad de  coautor  del  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  de  homicidios  agravados y  secuestros extorsivos.   

En   consecuencia,  le  impuso  las  penas  principales  de  cuatrocientos  ochenta meses (480) meses de prisión y multa en  cuantía  de tres mil (3.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes, así  como  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  lapso  de  veinte  (20)  años.  Así mismo, lo condenó por  concepto  de  perjuicios morales a favor de Gilma Rosa León Barbosa y Nydia del  Socorro  León  Barbosa,  en  cuantía  de  doscientos  (200)  salarios mínimos  legales  mensuales vigentes. Por último, le negó la suspensión condicional de  la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria17.   

14.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia  fue  apelado  por el defensor del procesado, siendo ratificado por la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Valledupar  el  1º  de  diciembre  de  201418.   

15.  Contra  este  proveído  el  mencionado  sujeto          procesal          interpuso19  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de  casación y presentó la demanda correspondiente20, la cual fue  inadmitida  por  la  Corte  en  sus  cuatro  primeros  cargos  a través de auto  AP633-2016  del  10 de febrero del año en curso y admitida únicamente respecto  del   quinto21.   

16.  El  pasado  3  de  marzo la Procuradora  Tercera   Delegada   para   la   Casación   Penal   rindió   el   concepto  de  rigor22.   

LA DEMANDA  

En  la  única  censura admitida (quinta) el  defensor  invoca  la causal primera, para acusar la violación directa de la ley  sustancial,  en  relación  con  la  pena  accesoria  de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas.   

Según lo afirma el recurrente, se aplicaron,  retroactivamente  y  en  forma indebida, los artículos 51 y 52 de la Ley 599 de  2000,  cuando  debió  emplearse  el  canon  40  del  Decreto  Ley  100 de 1980,  modificado  por la Ley 40 de 1993, el cual fijó un término de 10 años para la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas. Esto, por cuanto los hechos  ocurrieron  entre el 27 de mayo y el 7 de julio de 1996 y, en esa medida, no era  procedente   el   empleo   de   la   «Ley   500  de  2000»23  al  caso  en estudio.    

Siendo latente la conculcación del principio  de  legalidad  de  la pena, debido a la imposición de 20 años en cambio de los  10  que  en  realidad  le  corresponden,  solicita  decretar  la  nulidad  de la  actuación,  desde  la  providencia  que  calificó  el  mérito  del sumario o,  subsidiariamente,  a  partir  de  la  sentencia de primer grado, a fin de que se  restablezcan las garantías conculcadas a su representado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Tras  aludir  al  principio  de  legalidad  –su  consagración  en la  ley  penal  nacional  y  en  los  instrumentos  internacionales-, la Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  observa  que al individualizar la  sanción   de   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  el  juez  de  primer  nivel  se valió de los artículos 51 y 52 del  Código  Penal  vigente, para aplicar al procesado, en consecuencia, una pena de  20  años,  «sin tener en cuenta que los hechos datan  del  año  1996  y  el  Código  Penal –ley  (sic)  599 de 2000- entró en vigencia el 24 de julio de 2000,  motivo  por  el  cual,  no  podía haberse graduado ninguna de las sanciones con  estas   nuevas  normas  si  resultaban  desfavorables  al  procesado»24.   

Como los juzgadores vulneraron el apotegma de  «nullum  crimen,  nulla  poena  sine lege»      en      su     «faceta     de  irretroactividad»25, al emplear una disposición  posterior  a  la  vigente al momento de la comisión de los delitos, en criterio  de  la  representante  de  la  sociedad,  se  afectó de manera trascendente los  derechos     de     Martínez    Rincón.   

Dado  que  «[e]l  Estado  debe  garantizar  la seguridad jurídica y la aplicación correcta de la  norma  [que]  debe  ser  concordante al ámbito temporal de validez del precepto  incriminador»26         (CC  C-444/2011), estima que la incorrecta  selección    de   las   normas   sustanciales   y   procesales   «no  puede  producir  efectos  anteriores  a  su  promulgación  sin  menoscabo  del principio de favorabilidad»27.   

Concluye  que  el  cargo  está  llamado  a  prosperar,  «pero  no  en la forma que lo propone el  demandante,  de  generar  la  nulidad  de  la actuación desde la resolución de  acusación,  o  en  su defecto la nulidad de los dos fallos, en el entendido que  la  nulidad  es  el  más costoso remedio a aplicar en el proceso, cuando no hay  otra  forma  de  solucionar  el  agravio  a  la  garantía  que  deje a salvo el  procedimiento»28.  Por  consiguiente, reclama  redosificar  la  pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones públicas, de acuerdo con los límites descritos en el artículo 44  del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por  el  canon  28  de  la  Ley  40 de  1993.   

CONSIDERACIONES  

1.  El  problema  jurídico planteado por el  demandante   se   circunscribe  a  establecer  si  los  jueces  de  conocimiento  transgredieron  el principio de legalidad, en relación con la pena accesoria de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas, al tasarla  en  20  años, utilizando para el efecto los artículos 51 y 52 de la Ley 599 de  2000,   pese   a  que  los  delitos  por  los  que  fue  condenado  Jairo   Martínez   Rincón  –secuestro  y homicidio agravado, ambos  en concurso homogéneo- ocurrieron en el año 1996.   

2. La respuesta es afirmativa. En verdad, la  pena   como   manifestación   del   poder   punitivo  del  Estado  –ius        puniendi-,  está  sometida,  en  su  sentido  más  amplio, al principio de  legalidad  –nullum crimen  nulla  poena sine lege, sine praevio iuditio-, tanto en  su    confección   legislativa   como   en   su   determinación   judicial   y  ejecución.   

Tal  postulado,  en cuanto garantía límite  contra  todo  abuso de poder por parte de la administración pública dentro del  Estado  democrático  de  derecho,  inhibe  la  imposición  de cualquier pena o  medida  de  seguridad  si  aquella  no está precedida de la creación legal, en  cabeza  del  órgano  legislativo,  de  un  tipo  penal  que  describa  en forma  objetiva,  determinada  y  precisa  (principio  de  taxatividad  o  lex  certa), el comportamiento prohibido y  su  consecuencia  jurídica: privativa o no de la libertad (principio de reserva  legal).  No  en  vano,  Claux  Roxin  afirma  que «un  estado  de  Derecho  debe  proteger  al  individuo  no sólo mediante el Derecho  Penal,  sino  también  del Derecho Penal»29.   

El  postulado  de legalidad se constituye en  una  prerrogativa  que  salvaguarda a los ciudadanos de no ser castigados por el  ilícito  por  el  que  se  los  investiga  o juzga no con una pena diversa a la  señalada  en la ley vigente al tiempo de la comisión de los hechos, salvo que,  una     norma     posterior    le    resulte    más    benigna    (axioma    de  favorabilidad).   

Es   así  como  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  en sus incisos 2º y 3º, expresa que nadie puede ser  juzgado  sino  conforme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa y que  en  materia  penal,  la  ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior, se  aplicará de preferencia a la restrictiva o desfavorable.   

En   similar   sentido,  los  instrumentos  internacionales  consagran la obligación de respetar el principio de legalidad,  como  componente  del  debido proceso judicial y administrativo. Por ejemplo, el  canon  15.1  del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos indica que  ninguna  persona  puede  ser  condenada  por  actos u omisiones no delictivas al  momento  de ser ejecutados de acuerdo con las leyes nacionales o internacionales  y  que  no  se podrá imponer una pena más grave que la vigente al tiempo de la  comisión  del  delito,  e  igual  concepto acoge la Convención Americana sobre  Derechos  Humanos  en  el epígrafe dedicado al referido apotegma, aclarando eso  sí  que  es  viable la imposición de una pena menor si, con posterioridad a la  comisión del delito, la ley así lo dispone.   

Esta    previsión    constitucional   y  supranacional,  propende por que la aplicación de la ley sea previsible para su  destinatario  y  protege  al  infractor  penal de ser reprimido con sanciones no  determinadas  por el órgano legislativo con anterioridad a la perpetración del  punible.   

3.  En  el  caso de la especie, se tiene que  Jairo  Martínez  Rincón fue  condenado  en  calidad  de  coautor  de un concurso homogéneo y heterogéneo de  homicidios  agravados  y  secuestros  extorsivos,  a  las  penas  principales de  cuatrocientos  ochenta meses (480) meses de prisión y tres mil (3.000) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso   de   veinte  (20)  años,  decisión  confirmada  íntegramente  por  el  Tribunal.   

Al  verificar  las  razones  que llevaron al  juzgador  unipersonal a imponer las mencionadas sanciones, la Corte advierte que  si  bien  al  individualizar  la  pena  de prisión se vio obligado a escoger la  norma  más favorable a los intereses del sentenciado que, para ese caso, lo era  la  Ley  599  de  2000, la cual regula unas sanciones privativas de la libertad,  frente  a  los  injustos  endilgados,  más  benignas que las establecidas en el  Decreto  100 de 1980, dio por sentado que tal criterio le servía por igual para  el  resto  de penas a imponer, siendo que con cada una de ellas le correspondía  hacer  un  ejercicio  de  selección,  a  efecto de establecer el precepto menos  severo punitivamente hablando.   

En   tratándose   de   la   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  la  sentencia  de  primer  nivel revela que el Juez se apoyó en los artículos 51 y  52     de     la     Ley     599     de     200030,  para  aplicar  el  límite  máximo  de  20 años, siendo que la norma vigente para el momento de los hechos  –1996- era el canon 44 del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por el precepto 28 de la Ley 40 de 1993, el  cual  consagra  una  consecuencia jurídica menos aflictiva que aquella otra, en  la  medida que reduce la «interdicción de derechos y  funciones  públicas» a una duración máxima de diez  (10) años.   

Con el propósito de restablecer la garantía  conculcada  al  procesado,  se casará parcialmente la sentencia impugnada en el  sentido de fijar en diez (10) años la referida sanción accesoria.   

En  este  punto, se ofrece precisar, como lo  hiciera  ver la Delegada del Ministerio Público, que no hay lugar a declarar la  nulidad  de  la  actuación desde la emisión del pliego de cargos o el fallo de  primer  grado,  pues tal determinación resultaría excesiva considerando que el  defecto  en  que  incurrieron  los juzgadores, de naturaleza directa, bien puede  ser    corregido    en    la    sentencia    de   reemplazo   objeto   de   este  pronunciamiento.   

Ahora,  aparte  del  yerro  detectado por la  defensa,  la  Sala  también  identifica idéntico dislate en torno a la pena de  multa  consagrada para el delito de secuestro extorsivo, toda vez que el juez de  primer  nivel  escogió  el  artículo 169 de la Ley 599 de 2000, el cual prevé  una  sanción  pecuniaria  que  va  de  2000  a  4000  salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  siendo  que ha debido seleccionar el canon 268 del Decreto  100  de  1980,  que  la  regula  entre  100  y 500 s.m.l.m.v., dimensiones estas  evidentemente inferiores a aquellas.   

Para  redosificar la sanción se debe partir  por   precisar  que  al  momento  de  fijarla,  el  a  quo  dijo  estar obligado a situarse dentro del primer  cuarto            de            movilidad31,  esto es, entre 2000 y 2500  s.m.l.m.v.;  no  obstante,  contrario  a  lo  anunciado, se ubicó en el segundo  cuarto,  que  oscila  de  2500  a  3000  s.m.l.m.v.  e  impuso  el último valor  mencionado.   

La  corrección  de  este  error,  por ende,  implica,  por  una  parte,  emplear  la  pena  consagrada en el precepto 268 del  Decreto  100 de 1980 –entre  100  y 500 s.m.l.m.v.-, en tanto era la que regía para el momento de los hechos  y  es  de  menor entidad a la estipulada en el Código Penal de 2000 y, de otra,  establecerse   en   el   primer  cuarto  respectivo32         –considerando  que  sólo  concurre una  circunstancia  de  menor  punibilidad:  la  ausencia  de antecedentes penales- y  fijar,  respetando  el criterio del juzgador, el máximo posible en ese ámbito,  que para el caso es 200 s.m.l.m.v.   

En   este  sentido,  también  se  casará  parcialmente  el  fallo  de  segunda  instancia. En todo lo demás, permanecerá  incólume.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Casar  parcialmente  la  sentencia  del 1 de diciembre de 2014 proferida por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  en  el sentido de fijar en 10 años la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  y  en  200  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes la pena de  multa.   

Segundo.  En  lo  demás, la providencia impugnada se mantiene incólume.   

Tercero.  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folio 6 del cuaderno  del Tribunal.   

2  Cfr. folio 17 del cuaderno  original 1.   

3  Cfr. folio 34 ibidem.   

4  Cfr.    folios   57-58  ibidem.   

5  Cfr.    folios   69-70  ibidem.   

6  Cfr.   folios   125-130  ibidem.   

7  Cfr.   folios  5-14  del  cuaderno de segunda instancia de la Fiscalía Delegada.   

8  Cfr. folio 252 del cuaderno  número 1 original.   

9  Cfr.   folios   253-255  ibidem.   

10  Cfr.   folios   264-271  ibidem.   En   la  misma  decisión,   declaró  la  prescripción  de  los  punibles  de  concierto  para  delinquir agravado y hurto calificado y agravado.   

11  Cfr.   folios   278-281  ibidem.   

12  Cfr.  folios  16-23  del  cuaderno de segunda instancia de la Fiscalía.   

13  Cfr.  folio 2 del cuaderno  original 2.   

14  Cfr.    folios   25-26  ibidem.   

15  Cfr.    folios   65-66  ibidem.   

16  Cfr.    folios   89-90  ibidem.   

17  Cfr.   folios   99-133  ibidem.   

18  Cfr.   folios  5-27  del  cuaderno del Tribunal.   

19  Cfr. folio 32 ibidem.   

20  Cfr.    folios   39-94  ibidem.   

21  Cfr.   folio  11-71  del  cuaderno de la Corte.   

22  Cfr.    folios   77-89  ibidem.   

23  Cfr. folio 92 ibidem.   

24  Cfr. folio 86 ibidem.   

25  Cfr. folio 87 ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Cfr. folio 88 ibidem.   

28  Cfr. folio 89 ibidem.   

29  ROXIN,  Claus,  Derecho  Penal,  Parte General, Trad. Diego-Manuel Luzón Peña,  Miguel  Díaz  y  García  Conlledo,  Javier  de Vicente Remesal, T. I, Civitas,  Madrid, 1997, p. 137.   

30  ARTICULO   51.   DURACION   DE  LAS  PENAS  PRIVATIVAS  DE  OTROS  DERECHOS.  La  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas tendrá una  duración  de cinco (5) a veinte (20) años, salvo en el caso del inciso 3o. del  artículo 52.   

Se  excluyen  de  esta  regla  las  penas  impuestas  a  servidores  públicos  condenados por delitos contra el patrimonio  del  Estado,  en  cuyo  caso  se  aplicará  el inciso 5 del artículo 122 de la  Constitución Política.   

(…)  

ARTICULO 52. LAS PENAS ACCESORIAS. Las penas  privativas  de  otros  derechos,  que  pueden imponerse como principales, serán  accesorias  y  las  impondrá  el  Juez  cuando  tengan relación directa con la  realización  de  la  conducta  punible,  por  haber  abusado  de  ellos o haber  facilitado  su  comisión,  o cuando la restricción del derecho contribuya a la  prevención de conductas similares a la que fue objeto de condena.   

En la imposición de las penas accesorias se  observará estrictamente lo dispuesto en el artículo 59.   

En   todo   caso,  la  pena  de  prisión  conllevará  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas, por un tiempo igual al de la pena a que accede y hasta por  una  tercera  parte más, sin exceder el máximo fijado en la Ley, sin perjuicio  de la excepción a que alude el inciso 2 del artículo 51.   

31 Por  cuanto no concurren circunstancias de mayor y menor punibilidad.   

32 Que  va de 100 a 200 s.m.l.m.v.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *