SP3340-2016(40461)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado ponente  

SP3340-2016  

Radicación n° 40461  

Aprobado Acta No. 80  

          Bogotá  D.C.,  dieciséis  (16)  de  marzo  de  dos  mil dieciséis  (2016).   

          La  Sala  resuelve los recursos de apelación interpuestos contra la  sentencia  proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior de Santa Marta el 7  de  septiembre  de  2012,  por  medio de la cual absolvió a NORMA BEATRIZ RAMOS  GÁMEZ  de  los  cargos  que  le  fueron  imputados  como  autora  del delito de  concusión.   

HECHOS  

          De  la  actuación  se  desprende  que  durante  el año 2006, NORMA  BEATRIZ  RAMOS  GÓMEZ  se  desempeñó como Fiscal 33 Seccional de la Unidad de  Vida  de  Santa  Marta,  condición  en  la  cual  le correspondió adelantar la  investigación  por  la muerte violenta de Álvaro Luis Arévalo Vivic, ocurrida  el  26  de febrero de 2006, contra Wilson Gilberto Jiménez Rueda, conocido como  “Mil  Carnes”.  En  desarrollo  de esa actuación, la funcionaria afectó al  procesado  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, que le impuso  mediante resolución de 17 de marzo de 2006.   

          En  ese contexto y según se consigna en el pliego de cargos, Martha  Edith  Sánchez, cónyuge de Jiménez Rueda, denunció ante la Fiscalía General  de  la  Nación  y el Consejo Seccional de la Judicatura del Magdalena que RAMOS  GÁMEZ  le  solicitó a través de la abogada Nancy Esther Lanuza Lara, amiga de  la  primera,  la  suma de $200.000.000 para favorecer a Wilson Gilberto en dicho  trámite,  decretando  la  preclusión  de  la  investigación  y disponiendo su  libertad.   

          La   exigencia  dineraria  habría  sucedido  en  una  reunión  que  sostuvieron  la  denunciante  y  Lanuza  Lara  en la vivienda de ésta última a  finales del mes de mayo del año 2006.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.  En  escrito  anónimo radicado ante la  Fiscalía  General  de la Nación el 1° de diciembre de 2006, se le atribuyó a  RAMOS  GÁMEZ la posible comisión de varias conductas punibles, en concreto, i)  intervenir  «ante  sus  compañeros fiscales a fin de  que  le fallen a favor» en los procesos en que su hijo  actúa  como  defensor,  cobrando  por  ello a los respectivos procesados, y ii)  haber  exigido  $200.000.000 a la esposa de Wilson Gilberto Jiménez Rueda, para  favorecerlo  en  la investigación que se le adelantaba a su cargo por el delito  de homicidio.   

          Simultáneamente  y  como consecuencia de la denuncia presentada por  Martha  Edith  Sánchez,  un  Fiscal Delegado ante el Tribunal Superior de Santa  Marta,  mediante  resolución de noviembre 7 de 2006, abrió instrucción por la  supuesta   pretensión   concusionaria   cometida   en  perjuicio  de  aquélla.   

          2.  El 23 de febrero de 2007 NORMA BEATRIZ  RAMOS  GÁMEZ  fue  vinculada  a  la investigación seguida ante la Fiscalía de  Santa  Marta  mediante  diligencia  de  indagatoria  en  la que se le imputó la  comisión  del  delito de concusión, previsto en el artículo 404 de la Ley 599  de 2000.   

          3. Como quiera que mediante resolución de  junio  26 de 2007 el Fiscal General de la Nación dispuso que fuera la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bogotá la encargada de adelantar las  investigaciones  seguidas contra RAMOS GÁMEZ, el 13 de enero de 2009 las mismas  fueron  acumuladas  en  una  única  actuación,  identificada  con  el radicado  033.   

          4.  El 14 de agosto de 2009 la funcionaria  instructora  dispuso  inhibirse  de abrir investigación formal en relación con  la  supuesta  intervención  de  la  Fiscal  ante  sus  homólogos  para obtener  decisiones  favorables  a  los  procesados defendidos por su hijo Gustavo Adolfo  González.   

          5.  Mediante resolución de 25 de enero de  2010   la   Fiscalía   definió   la  situación  jurídica  de  RAMOS  GÁMEZ,  imponiéndole  medida de aseguramiento de detención preventiva, que sin embargo  dispuso  no  hacer  efectiva  «por estimarse que no se  hace necesaria».   

          6.  El 6 de noviembre de 2010 se ordenó el  cierre  del  ciclo  instructivo  y por medio de resolución de 7 de diciembre de  esa  anualidad,  se  acusó  a  la  nombrada  como  posible autora del delito de  concusión.   

          De  acuerdo  con  el pliego de cargos, Martha Edith Sánchez, esposa  de  Wilson  Gilberto Jiménez Rueda, acudió a Nancy Esther Lanuza Lara, abogada  y  amiga  personal  de  NORMA  BEATRIZ  RAMOS  GÁMEZ,  con el propósito de que  intercediera  ante  la  funcionaria  para hacerle ver que aquél era inocente de  los cargos que se le imputaron como autor del delito de homicidio.   

          Luego   de   reunirse  con  RAMOS  GÁMEZ  para  discutir  sobre  el  particular,  Lanuza Lara habría sostenido un segundo encuentro con Martha Edith  Sánchez,  llevado  a  cabo  el  26  de mayo de 2006 en su residencia, en el que  supuestamente   comunicó   a   esta   última   que   la   funcionaria  podría  «ayudarle» a Jiménez Rueda  a cambio de la entrega de $200.000.000.   

          La  exigencia  habría  sido rechazada por la víctima, que puso los  hechos  en  conocimiento  de  la  Fiscalía  General  de la Nación y el Consejo  Seccional de la Judicatura del Magdalena.   

          El  llamamiento  a  juicio fue recurrido por la defensa y confirmado  integralmente por la segunda instancia el 26 de abril de 2011.   

          7.  Ejecutoriada  la acusación, el asunto  fue  remitido  a  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Santa Marta para el  adelantamiento  de  la  causa.  Ante  esa  Corporación  se  celebró  audiencia  preparatoria el 25 de julio de 2011.   

          La  audiencia  pública  de  juzgamiento, a su vez, se llevó a cabo  los  días  8  de  agosto  y  19  y 20 de septiembre de la misma anualidad. Como  consecuencia  de  fallas en los registros de audio correspondientes a la última  sesión,   en  la  cual  las  partes  alegaron  de  conclusión,  éstas  fueron  convocadas  el  2  de  noviembre  para  que  el  Fiscal  del  caso  reiterara su  intervención.   

LA SENTENCIA RECURRIDA  

          El  Tribunal,  luego  de  disertar  brevemente  sobre  la estructura  típica  del  delito  de  concusión  y  tras  reseñar  en  extenso  la  prueba  practicada,   concluyó   que   la  Fiscalía  no  demostró,  en  el  grado  de  conocimiento   exigido  para  proferir  condena,  «la  responsabilidad  de  la  procesada», específicamente,  porque  no  aparece acreditado que «NORMA RAMOS GÁMEZ  hubiere  solicitado  por sí misma o por interpuesta persona, dinero o cualquier  otra  utilidad  para favorecer a Wilson Jiménez Rueda dentro de la actuación a  cargo de la citada funcionaria».   

          En  criterio  del Tribunal, no cabe duda que Martha Edith Sánchez y  Nancy  Esther Lanuza Lara se reunieron en la casa de esta última para conversar  sobre  el  proceso  que  se  le  seguía  a  Wilson Jiménez Rueda, esposo de la  primera,  pero  no  está  probado que en desarrollo de ese encuentro se hubiese  producido la exigencia concusionaria investigada.   

          Lo  anterior,  porque  si  bien hay un grupo de testigos que señala  que  en  la reunión la abogada solicitó $200.000.000 para favorecer a Jiménez  Rueda  en  el  proceso que se le adelantaba, Lanuza Lara dijo, en contrario, que  Martha  Edith  Sánchez  la  abordó para pedir sus servicios profesionales como  defensora  de  su  esposo,  a  lo  cual  se  habrían  circunscrito entonces las  conversaciones.   

          Aunque  la  existencia  de  versiones  opuestas  sobre los hechos no  resulta  suficiente de entrada para descartar los señalamientos elevados contra  la  acusada  porque  se  impone en ese caso ponderar las pruebas para establecer  cuál  reviste  más  credibilidad,  consideró  el a quo que los testimonios de  cargo  resultan insuficientes para tener por probada la ocurrencia de los hechos  investigados.   

          En  ese  sentido,  indicó  que  Martha  Edith Sánchez incurrió en  varias  contradicciones  e  inconsistencias en sus distintas salidas procesales,  así:  i)  dijo  primero que se reunió dos veces con Lanuza Lara, pero después  que  hubo  cuatro encuentros; ii) inicialmente afirmó que a la primera reunión  compareció  con  Rodrigo  Gómez  y,  a la segunda, con su hija Leidy Carolina,  Javier  Núñez  y Rodrigo, para después modificar ese relato y sostener que al  primer  encuentro  acudió  con su hija y con Rodrigo Gómez y al segundo con su  descendiente,  Rodrigo  Gómez,  Javier  Núñez  y  Carlos Becerra; iii) en sus  primeras  declaraciones  no  dijo nada sobre la supuesta exigencia en el sentido  de  pagar,  además  de los $200.000.000 para RAMOS GÁMEZ, los honorarios de un  abogado  de  nombre  Antonio Laitano Leal, pero después adveró que Lanuza Lara  le  pidió  $60.000.000  adicionales para ese fin; iv) finalmente, se contradijo  al  explicar  las  razones  por  las que su esposo decidió cambiar a su abogado  defensor,  aduciendo  primero  que  lo  hizo  «ante lo  manifestado  por  la  doctora  Nancy Lanuza que según la doctora Norma Ramos no  había  tenido  un  buen defensor» y, después, porque  se  percató  de  que «el doctor Sirtori no demostraba  resultados favorables».   

          El  Tribunal  precisó  que  también  se  advierten contradicciones  entre  los relatos de Martha Edith Sánchez, de una parte, y los vertidos por su  hija  Leidy  Carolina  Jiménez Sánchez, Javier Núñez y Rodrigo Maldonado, de  la  otra,  en  cuanto a la cantidad de reuniones celebradas con Lanuza Lara y la  identidad  de  las personas que estuvieron presentes en cada una de ellas, entre  otras circunstancias similares.   

          Esas  inconsistencias  en la prueba de cargo, en criterio del a quo,  «no  desdibujan  la  realidad  de las reuniones entre  Nancy   Lanuza  y  Martha  Sánchez  y  que  el  contenido  de  las  mismas  era  precisamente   la   investigación   penal   que  adelantaba  la  doctora  Norma  Ramos»,  pero  sí  hacen  imposible  concluir que en  desarrollo  de  tales  encuentros  se  haya  producido  la  exigencia económica  denunciada.   

          Súmase  a  lo  anterior  que,  como lo admitieron los testigos, los  familiares  de  Wilson  Jiménez  Rueda  acudieron a la vivienda de Nancy Esther  Lanuza  Laza  de  manera voluntaria, a iniciativa suya, y no porque RAMOS GÁMEZ  los  hubiese  citado,  pero  además, que ésta última, en condición de Fiscal  encargada  de  la  investigación  seguida  contra  el  nombrado,  no  desplegó  «acto   positivo  alguno  que  indique  la  voluntad  de…orientar la investigación penal…de manera favorable».   

          El  Tribunal  indicó  que  Martha  Edith  Sánchez  atestó  en  la  audiencia  pública  celebrada  el  19  de  septiembre de 2011 que en una de las  reuniones  sostenidas  con  Lanuza  Lara,  sucedida  el 26 de mayo de 2006, esta  última  recibió  en su celular una llamada de RAMOS GÁMEZ; no obstante, en el  expediente  obra  el  reporte  de  llamadas  de  la  línea celular de la que la  acusada  era  titular,  donde «no se relaciona llamada  alguna» en esa fecha.   

          De  igual  manera,  sostuvo  el fallador que la relación de amistad  existente  entre NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ y Nancy Esther Lanuza Lara no es una  circunstancia   a   partir   de   la   cual  pueda  construirse  un  indicio  de  responsabilidad,  porque  «una  amistad de un abogado  litigante  con  un  funcionario…no  es  sinónimo  de deshonestidad y acuerdos  ilícitos».   

            

          Señaló  que  la  Fiscalía pretende establecer un indicio sobre la  ocurrencia  del  delito  a  partir  de  la circunstancia de que la enjuiciada se  mostró  ofuscada  cuando  Wilson  Jiménez  Rueda  nombró  como  defensor a un  familiar  suyo  y  tuvo entonces que declararse impedida; pero esa deducción es  infundada,  porque  esa  actitud  «es entendible si se  tiene  en  cuenta que la familia de Jiménez Rueda intentó por todos los medios  que  ella  fuera  relevada del asunto», máxime que el  nombramiento  de  su  cuñado  como  defensor  no  la  obligaba  en  realidad  a  manifestarse  impedida al tenor del artículo 107 de la Ley 600 de 2000, a pesar  de  lo  cual  lo  hizo  en  conducta  que  revela  transparencia  y  honestidad.   

          Afirmó  el  Tribunal  que,  contrario  a  lo  que se sostiene en la  acusación  proferida  contra  RAMOS  GÁMEZ,  lo  que  demuestran  las  pruebas  acopiadas  es  que  los  familiares de Wilson Jiménez Rueda realizaron plurales  esfuerzos   para   conseguir   los  favores  de  la  funcionaria  «por  medios  no legales» y para entorpecer  sus  labores  cuando  no  lo  consiguieron,  pues  primero  intentaron abordarla  directamente,  luego  a  través  de  su amiga Lanuza Lara y finalmente, ante lo  infructuoso  de  tales  esfuerzos,  buscaron  la  manera  de  desplazarla  de la  investigación  contratando  como  defensor  a su cuñado, no sin antes pedir el  cambio de la Fiscal ante la Dirección Seccional correspondiente.   

          Así  las  cosas, concluyó el a quo, «las  pruebas  testimoniales  e  indiciarias  que  sustentan la acusación no permiten  establecer  la materialidad del delito de concusión investigado», por  lo  cual resolvió absolver a NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ de los  cargos que le fueron imputados.   

LAS IMPUGNACIONES  

          La  sentencia  de  primera instancia fue recurrida por la Fiscalía,  el  apoderado  de  la  parte  civil  y la Agente del Ministerio Público, que en  similares  términos  piden que se revoque el fallo y, en su lugar, se condene a  NORMA BEATRIZ RAMOS GÓMEZ como autora del delito de concusión.   

          La apelación de la parte civil.   

          Alega,  inicialmente,  que  en  la  actuación  está demostrado que  RAMOS  GÁMEZ,  en  condición  de Fiscal encargada de la investigación seguida  contra  Jiménez  Rueda, obró con malquerencia y «por  todos  los  medios  buscaba  hacer  más  onerosa»  la  situación del imputado.   

          También  está  probado  que  la  ahora  acusada era amiga de Nancy  Esther  Lanuza  Lara  y que sostuvieron comunicación telefónica «sobre  el  caso»,  incluso en presencia de  Leidy  Carolina  Jiménez Sánchez, hija de Jiménez Rueda; de igual manera, que  Lanuza  Lara le hizo llegar a «un abogado residente en  Cartagena»  una copia del expediente correspondiente a  esa  actuación, frente a lo cual cabe preguntarse cómo obtuvo dichas copias si  no fungía como parte en el proceso.   

          El   apelante   aduce   que   la   prueba   indiciaria  – no dice cuál – es grave y sustenta la  acusación,  y  de  igual modo, que «la señora Martha  Edith   Sánchez  es  una  señora  que  goza  de  mucho  respeto  y  seriedad»  que   sólo   buscó  a  Lanuza  Lara  «para  que  como amiga de la ex Fiscal le hiciera saber que su marido  era inocente».   

          Precisa  que  el  abogado López Carrascal, cuñado de RAMOS GÁMEZ,  fue  contratado  como  suplente  de  otro  profesional  del derecho –  Alfredo  Moisés  Ropaín  –  ,  y se  pactó  que  sólo  actuaría  «en el evento de que se  calificara   el   proceso   con   resolución   de   acusación»,  de  suerte  que  a  partir  de esa circunstancia no puede afirmarse,  como  erradamente  lo  hizo  el  Tribunal,  que los familiares de Jiménez Rueda  pretendieran lograr el desplazamiento de la Fiscal.   

          Adveró  que  los  testigos  de  cargo no tienen ninguna razón para  faltar  a la verdad y fueron contestes en todas sus declaraciones, y la realidad  de  lo  que  dicen  se  corrobora  al  constatarse que Wilson Jiménez Rueda fue  finalmente absuelto de los cargos por el delito de homicidio.   

          Indicó  que  en el expediente se cuenta con el registro de llamadas  de   los   teléfonos   celulares   «de  los  actores  involucrados  en  este asunto», a partir de los cuales  se  observa  que  Lanuza  Lara y RAMOS GÁMEZ sostenían comunicación y tenían  una estrecha relación de amistad.   

          A   partir   de   las  consideraciones  expuestas  y  reseñadas  en  precedencia,  el  recurrente  concluyó  que  «existe  suficiente  material  probatorio  que  acreditan  (sic)  los presupuestos de que  trata   el   artículo   232   de   la   Ley   600   de   2000».   Pidió,  por tanto, que se revoque la sentencia de primer grado y se  condene  a  la  procesada  como  autora  del delito de concusión por el que fue  acusada.   

          Desde  otra  perspectiva,  el  apelante señala que los registros de  audio  de la audiencia pública de juzgamiento están averiados, al punto que se  hizo  necesario  convocar al Fiscal del caso para que repitiera sus alegaciones,  circunstancia   que   «generaría  eventualmente  una  nulidad  up-supra  por  cuanto un aparte de la audiencia pública de juzgamiento  no existió o simplemente desapareció».   

         

          La apelación de la Fiscalía.   

          El  Delegado  de  la Fiscalía impugna el fallo de primer grado para  solicitar  su  revocatoria  y,  en  consecuencia, que se condene a NORMA BEATRIZ  RAMOS  GÁMEZ como autora del delito de concusión, pues en su criterio el a quo  «desdeñó  el  sustancial  contenido de la abundante  prueba  testimonial,  documental  e  indiciaria»  que  demuestra   la   materialidad   del   delito   y   la   responsabilidad   de  la  enjuiciada.   

          Parte  por  precisar  que  no se discute en la actuación que Martha  Edith  Sánchez  y Nancy Esther Lanuza Lara se reunieron, sino únicamente si en  desarrollo  de  tales  encuentros  la  segunda  solicitó o exigió, a nombre de  RAMOS  GÁMEZ,  el  pago  de  $200.000.000 para favorecer a Jiménez Rueda en el  proceso que se le seguía por el delito de homicidio.   

          Aduce  que el Tribunal descartó la veracidad de lo dicho por Martha  Edith  Sánchez  con fundamento en algunas contradicciones e inconsistencias que  detectó  en  sus distintas declaraciones, pero perdió de vista que sus relatos  se   mantuvieron   consistentes   y  homogéneos  en  lo  esencial  – la exigencia dineraria -, y que dichas  incongruencias  están  referidas  a  aspectos  puramente  accidentales  de  las  narraciones,   máxime   que   ni   siquiera   explicó   de  qué  manera  esas  contradicciones debilitan la verosimilitud de los señalamientos.   

          De  lo  atestado  por  Martha  Edith Sánchez se desprende que RAMOS  GÁMEZ  exigió  de aquélla el pago de $200.000.000 y el cambio del defensor de  Jiménez  Rueda,  de  suerte  que Lanuza Lara contactó inmediatamente a Antonio  Laitano  Leal,  residenciado  en  Cartagena,  y le remitió copia del expediente  para  concretar  el  encargo;  gestión  que  permite inferir la veracidad de lo  denunciado,  porque  no  de  otra  manera  se  explica  que se haya buscado a un  abogado que no vivía en Santa Marta.   

          Adveró  que  la amistad existente entre la acusada y Lanuza Lara es  constitutiva   del  indicio  de  oportunidad  para  delinquir,  y  la  verdadera  incidencia  de  esa relación en los hechos investigados fue minimizada mediante  argumentos  falaces, pues se quiso hacer ver que la única razón por la que una  y  otra  mantuvieron  contacto  telefónico  fue  «la  vinculación de ambas con la empresa de turismo TravelOne».   

          Señala  que  los  registros  de  llamadas  aportados  al expediente  acreditan  que  entre  mayo y junio de 2006, Lanuza Lara y RAMOS GÁMEZ cruzaron  varias  llamadas,  algunas  de  ellas  en  horarios  que  denotan «confianza  y  preferencial trato», y otras  con  duraciones  que  indican  «al más zoquete de los  mortales   que   en   ellas   no   se   trató  el  intrascendente  tema  de  la  vinculación…con   la   empresa   TravelOne»,  sino  «otro  de  mayor  importancia…el cual no podía ser  otro  distinto  al  proceso  que  se  adelantaba  en  contra  de Wilson Gilberto  Jiménez  Rueda»,  máxime que muchas de las llamadas  tuvieron lugar en fechas cercanas a los hechos que se investigan.   

          Martha  Edith  Sánchez  afirmó  que en la reunión que sostuvo con  Lanuza  Lara  el  26  de  mayo  de  2006,  esta  última  sostuvo  comunicación  telefónica  con  RAMOS GÁMEZ en su presencia; aserto que descartó el Tribunal  porque  en  la relación de llamadas de las líneas celulares de la abogada y de  la  acusada  no aparece ninguna comunicación en esa fecha. No obstante, perdió  de  vista que sí se registraron llamadas los días 24 y 25 de mayo, calendas en  las   cuales   pudo  tener  lugar  la  reunión  descrita  por  la  testigo.  La  imprecisión  en  la  indicación del día en que se reunieron pudo deberse a la  fragilidad  de  la memoria y el paso del tiempo, no así a que haya faltado a la  verdad.   

          Lo   anterior   revela   que  el  contenido  de  las  conversaciones  telefónicas  que  sostenían  Lanuza Lara y la acusada tenía relación directa  con  el  hecho  que  aquí  se investiga y no «el tema  baladí  de la afiliación a una empresa de viajes o las consultas jurídicas de  la  abogada»,  de  suerte  que  sí puede concluirse,  contrario   a   lo   colegido   por   el   Tribunal,   que   la   «estrecha  relación  de  amistad (fue) utilizada por una y otra para  solicitar  a  Martha Edith Sánchez la entrega de la suma de doscientos millones  de pesos».   

          De  otra  parte,  el  recurrente  alega  que  a la actuación fueron  aportadas  las  declaraciones  de  Rodrigo  Gómez  Maldonado  y  Leidy Carolina  Jiménez  Sánchez,  que  acompañaron  a  Martha Edith Sánchez a las reuniones  celebradas  con Nancy Esther Lanuza Lara y ratificaron su dicho en relación con  la  existencia  de  la  exigencia dineraria. También se cuenta con lo declarado  por  Javier  Núñez Palma, quien no refirió de manera directa la ocurrencia de  los  hechos,  pero  sí  dio  cuenta  de  las circunstancias que los rodearon en  términos que ratifican los señalamientos.   

          Precisado  lo  anterior,  manifiesta  el  apelante que a soportar la  prueba  testimonial  y  documental reseñada concurren indicios que refuerzan la  convicción  sobre  la  ocurrencia  del  delito  y  la  responsabilidad de RAMOS  GÁMEZ.   

          En  ese  sentido, dice, se conoció que la acusada montó en cólera  hacia  su  cuñado  Alfonso  López  Carrascal,  cuando tuvo conocimiento de que  éste  asumiría  como  defensor de Jiménez Rueda, lo cual configuraría causal  de  impedimento.  Esa  reacción  sólo  se explica de cara a la expectativa que  tenía  de  recibir  el  dinero  exigido  y  que  se vio frustrada cuando quedó  obligada  a  separarse  del  conocimiento  del  asunto.  Y ello es así, agrega,  porque  la  propia  enjuiciada  reconoció  en  que  en otros asuntos a su cargo  había   debido  declararse  impedida  por  la  misma  razón  sin  que  hubiese  exteriorizado molestia por ello.   

             

          Además,  que  RAMOS  GÁMEZ  se haya declarado impedida para seguir  investigando  a Jiménez Rueda luego de que López Carrascal aceptó el poder no  es  una  circunstancia  que  denote comportamiento recto y transparente, como lo  entendió  el  Tribunal,  porque  el  proceso  tenía  vigilancia especial de la  Procuraduría   y,   en   consecuencia,   la  procesada  no  tenía  alternativa  distinta.   

          Tampoco  puede  entenderse  que  la  reacción  violenta que tuvo la  funcionaria   encuentre  explicación  en  que  la  familia  de  Jiménez  Rueda  desplegó  una  serie  de  acciones  dirigidas  a  lograr  su  separación de la  investigación,  pues  precisamente  la razón por la cual Martha Edith Sánchez  resolvió  abordar a la incriminada fue el comportamiento obstinado de aquélla,  dirigido  a  perjudicar  al  imputado  para  así  poder  realizar  la exigencia  económica.   

          A  partir de lo alegado en precedencia, concluye el opugnador que la  valoración  conjunta  del  acervo probatorio acredita con certeza que el delito  investigado  sí sucedió y que NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ es responsable por su  comisión.   

          La apelación del Ministerio Público.   

         

          La   Delegada  del  Ministerio  Público  pide  que  se  revoque  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal y, en su lugar, se condene a RAMOS GÁMEZ  como autora del delito de concusión.   

          Luego  de disertar extensamente sobre la naturaleza de los indicios,  señala  que  en  la actuación existen cuatro de ellos que permiten concluir la  real  ocurrencia  del  delito  investigado y la responsabilidad de la enjuiciada  por su comisión, que presenta así:   

          1.   La   amistad  y  consenso  entre  la  litigante  Nancy Lanuza y la ex Fiscal procesada, el conocimiento de ésta sobre  el     proceso     de     la    denunciante    (acto    inferido    –  utilidad económica) prueba del hecho  indicador:  el  testimonio  del  señor  Rodrigo  Gómez  Maldonado – reportes de llamadas.   

          En  este  sentido, plantea que Rodrigo Gómez Maldonado declaró que  acompañó  a  Martha  Edith  Sánchez a una reunión con Lanuza Lara, en la que  ésta  última  sostuvo una conversación telefónica con RAMOS GÁMEZ en la que  se  le  escuchó  decir “aquí tengo a los amigos del señor de Mil Carnes”.  Ese  relato  da  cuenta  de  la cercana relación que existía entre ellas, pero  también  de  la  concertación entre ellas para realizar la exacción dineraria  denunciada,  en  razón  de  la  cual  Lanuza  Lara  fungió como «mandataria  sin  representación»  de  la  funcionaria.   

          Lo   aseverado   en  esa  materia  por  Gómez  Maldonado  encuentra  corroboración  en  el  registro  de llamadas entrantes y salientes de la línea  celular  que  para  entonces  pertenecía  a  RAMOS GÁMEZ, en el que consta que  sostuvo  comunicación  telefónica  con  Nancy Esther Lanuza en nueve ocasiones  entre  mayo y junio de 2006, por lapsos de cinco minutos, todo lo cual demuestra  «la  conexión  inescindible  entre  el  aserto  del  testigo y el espacio temporal de las llamadas».   

         

          2.  La exigencia por parte de la Dra. Nancy  Lanuza  de  cambio  de  abogado  que  no fuera de la ciudad de Santa Marta (acto  inferido  – reserva del plan  tendiente  a la búsqueda de la utilidad económica) prueba del hecho indicador:  el      testimonio      del      señor      Javier     Núñez     –  Leidy  Jiménez  Sánchez  y  Antonio  Laitano.   

         

          Sostiene  la Agente del Ministerio Público que Javier Núñez Palma  y  Leidy  Jiménez  Sánchez  declararon  de  manera verosímil que Nancy Esther  Lanuza  Lara  le  exigió a Martha Edith Sánchez el cambio del abogado defensor  de  Wilson  Jiménez  Rueda,  testimonios  a  partir  de los cuales «surge  naturalmente bajo el empleo de las reglas de la experiencia  que  la  exigencia…no tenía otro fin distinto de mantener en absoluta reserva  la     comunicación,    el    plan    estratégico    defensivo,    el    cobro  dinerario».   

          3.  La  ofuscación  por  haber tenido que  declararse  impedida  para  conocer  del  proceso  contra  Jiménez  Rueda (acto  inferido   –  el  posible  desmoronamiento  del  plan  estratégico tendiente a la búsqueda de la utilidad  económica)  prueba  del hecho indicador: la declaración de la ex Fiscal Barros  Gámez (sic).   

          La   recurrente  aduce  que  la  misma  RAMOS  GÁMEZ  admitió  que  «entró en cólera y puso punto final a una relación  familiar   de   más   de   50   años»  cuando  tuvo  conocimiento  de  que  Alfonso  López Carrascal asumió como defensor de Wilson  Gilberto  Jiménez  Rueda.  El porqué de esa desavenencia, dice, “no fue otro  que  la frustración por el desvanecimiento del plan estratégico tendiente a la  obtención de la utilidad pretendida”.   

          El  nombrado  de  López  Carrascal  como representante del imputado  implicó  para  la aquí procesada la frustración de su idea criminal, incluida  la   posibilidad   de  coordinar  «los  memoriales  a  presentar   y   de   las  providencias  que  habían  de  emitirse»,  el  cobro  del  dinero  reclamado  y la obtención de la utilidad  pretendida.   

          Agrega  que  la  experiencia enseña que los funcionarios judiciales  cuyo  comportamiento  es  ético  y  legal  actúan  sin  apasionamiento por los  asuntos  de  los  que  conocen,  de  suerte que «sensu  contrario  (sic)  la  cólera  es  el  producto  del  interés  que  existía de  conformidad    con   el   plan   estratégico   antes   mencionado».   

          4.   La   imposición  de  la  medida  de  aseguramiento  en  el  proceso que cursó en contra del esposo de la denunciante  (acto   inferido   –  la  antecedencia  procesal  en  casos  similares  de imponer medida de aseguramiento  seguida  por  la preclusión, como conclusión del plan estratégico) prueba del  hecho   indicador:   inspección  judicial  al  proceso  67786  Enio  del  Valle  Ramírez.   

          Plantea   la   Agente   del  Ministerio  Público  que  mediante  la  inspección  judicial  practicada  al  proceso  seguido  contra  Enio  del Valle  Ramírez,  radicado 67786, se pudo establecer que en esa actuación RAMOS GÁMEZ  le   impuso  al  sindicado  medida  de  aseguramiento  y  después  decretó  la  preclusión de la investigación.   

          Ese  antecedente  demuestra  que «el haber  proferido  medida  de  aseguramiento  dentro de la investigación (contra Wilson  Jiménez  Rueda) no constituía una camisa de fuerza para proferir una posterior  preclusión»,  tal  como  sucedió  en  la actuación  atrás aludida.   

          En  ese orden, contrario a lo concluido por el Tribunal, el hecho de  que  la  incriminada  hubiese  afectado  con  medida de aseguramiento a Jiménez  Rueda  no  constituye “una tarifa legal de su honradez”, y tampoco significa  que  no tuviese un plan para posteriormente precluir la investigación que se le  seguía con ocasión del eventual pago recibido.   

NO RECURRENTE  

El defensor de NORMA BEATRIZ RAMOS GAMEZ pide  que se confirme el fallo de primer grado.   

1.   A  modo  de  «contextualización»,  el  abogado  afirma  que  para  apreciar  adecuadamente  la  sinrazón  del  proceso  adelantado  contra  la  acusada  debe partirse por comprender que la denunciante  Martha  Edith Sánchez intentó por diversos medios influir en la voluntad de la  aquí  encartada  en  relación  con  el proceso penal seguido a Wilson Jiménez  Rueda.   

Primero  hostigó  a la funcionaria entrando  abusivamente  a su vivienda junto con otros allegados para pedirle que dejara en  libertad  a  Jiménez  Rueda,  lo  cual  generó una violenta reacción de RAMOS  GÁMEZ,  quien  respondió  “la  plata  que  usted me mandó a ofrecer haga un  rollito  y  métasela  por el culo”. Después contactó a Lanuza Lara para que  intercediera  ante  la  Fiscal,  pidió que la reemplazaran como directora de la  investigación  y,  finalmente,  otorgó poder a un familiar suyo para lograr su  desplazamiento, lo cual efectivamente sucedió.   

2.  Precisado  lo  anterior,  en lo que tiene que ver con el recurso de apelación impetrado por la  Fiscalía  el  defensor sostiene que aquél se limitó a afirmar que el Tribunal  magnificó  el  peso  de  las contradicciones existentes en las declaraciones de  Martha  Edith  Sánchez,  pero  no sustentó el porqué de ese aserto ni tuvo en  cuenta  que,  de  todas  maneras,  se  trata  de una testigo de oídas porque el  único  conocimiento  que  tuvo  sobre la supuesta exigencia efectuada por RAMOS  GÁMEZ lo adquirió a través de Nancy Esther Lanuza Lara.   

Si  bien  la  condición  referencial  del  testimonio  no determina fatalmente su desestimación, sí exige una valoración  más  estricta  y  cuidadosa respecto de su credibilidad, misma que en este caso  conduce  a  descartarlo  de  cara a las múltiples inconsistencias que exhibe, y  ante  la  evidencia  de  que  Martha  Edith  intentó  desviar la investigación  adelantada contra su esposo por distintos medios.   

En todo caso, las contradicciones advertidas  en   las  versiones  de  la  denunciante  son  graves  y  enervan  del  todo  su  credibilidad,  máxime  que  las primeras declaraciones de Martha Edith Sánchez  fueron  recibidas  poco  tiempo  después de sucedidos los hechos, de suerte que  mal   puede   atribuirse   la   existencia   de   incoherencias   al   paso  del  tiempo.   

Además,  lo  dicho  por  Martha  Edith  fue  controvertido  por  el  abogado Antonio Laitano Leal, quien negó enfáticamente  conocer  a  RAMOS  GÁMEZ más que por su nombre, dijo no tener trato con ella y  admitió  que Lanuza Lara lo contactó para proponerle que actuara como defensor  de  Wilson  Jiménez Rueda, pero nunca aceptó el poder ni tasó sus honorarios,  porque   los   familiares  del  imputado  no  lo  buscaron  de  nuevo  para  tal  fin.   

También  Javier Núñez Palma controvirtió  los  señalamientos  de la denunciante, pues al relatar lo sucedido se limitó a  señalar  que  se  habló  de  un  pago  de $200.000.000 como honorarios para el  abogado  «Gaitán» y para la  propia Lanuza Lara, sin vincular de ninguna manera a RAMOS GÁMEZ.   

Lo  anterior  explica  que  Martha Edith, en  entrevista  rendida  el  13  de  noviembre de 2007, hubiese modificado su relato  para  excluir a Núñez Palma como uno de los asistentes a la reunión en la que  supuestamente se hizo la exigencia económica.   

También se avizoran contradicciones entre lo  dicho  por  la denunciante y lo atestado por su hija Leidy Carolina, pues dieron  versiones  distintas sobre quién tuvo la iniciativa de contactar a Nancy Esther  Lanuza  Lara  y sobre la manera en que tuvieron conocimiento de que esta última  era amiga de la acusada.   

Así  pues, no es cierto, como lo señala el  Fiscal  en  la  apelación,  que las incoherencias evidenciadas en los distintos  testimonios  de  cargo estén referidas a circunstancias accidentales o menores,  sino  que  tienen  relación  directa  con  la  supuesta  ocurrencia  del delito  investigado.   Por   lo   anterior,   no  puede  otorgarse  credibilidad  a  los  señalamientos  efectuados  contra  RAMOS GÁMEZ, máxime que, de todas maneras,  todos  los  testigos de cargo son de oídas, lo que significa que su valoración  debe ser más estricta y cuidadosa.   

3.  En un acápite  que  denomina  “acerca  de  las  llamadas  telefónicas realizadas entre Nancy  Lanuza  y Norma Ramos”, el defensor alega que nunca ha sido discutido o negado  que  entre  una  y  otra  existiera  una  relación  de  amistad  y algún trato  personal,  y  advera  que de ello no puede seguirse la construcción del indicio  de  oportunidad  para delinquir, máxime que el contacto telefónico entre ellas  se  extendió  a  fechas  anteriores  y posteriores a la supuesta ocurrencia del  delito.   

La amistad de Lanuza Lara y RAMOS GÁMEZ fue  precisamente  la razón por la cual los allegados a Jiménez Rueda buscaron a la  primera  para  poder  acceder a la segunda, por ende, de ello no puede derivarse  indicio alguno.   

Que   la  abogada  y  la  entonces  Fiscal  sostenían  contacto  telefónico  es algo que tampoco admite controversia, pero  el  registro  de  llamadas demuestra que el 26 de mayo de 2006, fecha en la cual  se  reunieron  Nancy  Esther  Lanuza  y  Martha Edith Sánchez, no hubo contacto  entre  ellas  dos  por  ese  medio. Tampoco puede deducirse de esas llamadas que  estuviesen  fraguando  un plan para exigir la entrega de dinero a la denunciante  porque  muchas  de  ellas  tuvieron lugar semanas antes de que los familiares de  Jiménez  Rueda  abordaran  a  la abogada para hablar sobre el proceso que se le  seguía por el delito de homicidio.   

Dice  el mandatario judicial de RAMOS GÁMEZ  que  se pierde de vista en la sustentación de los recursos que, como lo atestó  el  entonces  Director  Seccional de Fiscalías Orvie Oyola, en relación con el  proceso  de  “Mil  Carnes” existían rumores sobre conductas ilícitas, pero  no  atribuibles  a  la Fiscal del caso, sino de alteraciones en el reparto luego  de  que  ella  se  declaró  impedida,  circunstancia que sumada a los esfuerzos  realizados  por  la  familia de Jiménez Rueda para abordar a la aquí procesada  permite  concluir  que  «ha tratado de convertirse un  delito de cohecho por dar u ofrecer en un delito de concusión».   

3.  En la sección  que  intitula  “acerca  de  la  configuración del delito de concusión”, el  defensor  aduce  que  la actualización de esa descripción típica no se da con  la  simple exigencia efectuada por el funcionario público, sino que se requiere  además  que  concurra  la  “metus  publicae  potestatis”,  esto  es, que la  posición   del   agente   genere   en   la   víctima  el  sometimiento  de  su  voluntad.   

Advera  que  ese  elemento no se advierte en  este  caso,  en  el  que  fue  la supuesta víctima Martha Edith Sánchez la que  voluntariamente  buscó  a  RAMOS  GÁMEZ en su propia vivienda y en la mañana,  acercamiento  que  incluso  rechazó  la  funcionaria de manera vehemente con la  expresión  “la  plata  que  usted  me  mandó  a  ofrecer  haga  un rollito y  métasela por el culo”.   

Tampoco existe prueba sobre la existencia de  un  acuerdo  previo entre Lanuza Lara y RAMOS GÁMEZ como para sostener que esta  última  actuó  en  calidad  de  autora  del  delito de concusión –  como se indica en la acusación -, ni  para  establecer cuál pudo ser su supuesto aporte a la comisión de la conducta  punible.   

4. En lo que atañe  a  la  apelación  interpuesta  por la parte civil, el defensor considera que la  sustentación  es  confusa  al  punto  de  hacer  incomprensible el motivo de la  inconformidad,  por  lo  tanto,  considera que debe declararse la deserción del  recurso.   

Afirma que el representante de la parte civil  se  limitó  a  exteriorizar  apreciaciones subjetivas y deshilvanadas sobre las  calidades  personales  de  los testigos de cargo y sobre hechos ajenos a los que  aquí   se   investigaron,   absteniéndose   de  controvertir  los  fundamentos  fácticos, probatorios y jurídicos de la sentencia atacada.   

Con todo, dice, de tenerse por sustentado el  recurso,  el  mismo  resulta  insuficiente  para  derruir  el  fallo  de primera  instancia.   

La  supuesta  malquerencia que reveló RAMOS  GÁMEZ  contra Wilson Jiménez Pérez durante la investigación es algo que nada  tiene  que  ver  con  los  hechos  que  se  le  imputaron; además, la medida de  aseguramiento  que  la  sindicada  le  impuso a aquél fue confirmada en segunda  instancia,  y  la  funcionaria  que asumió el conocimiento del caso luego de la  declaración   de  impedimento  profirió  resolución  de  acusación,  lo  que  demuestra  que  no actuó con parcialidad o apasionamiento, sino con sustento en  las pruebas.   

Que  el  abogado  Antonio  Laitano Leal haya  recibido  copia  del  expediente  del  proceso  contra  Jiménez  Rueda  es  una  circunstancia  que tampoco puede valorarse en perjuicio de la acusada porque fue  precisamente  Martha Sánchez quien le entregó las copias a Nancy Esther Lanuza  para hacérselas llegar al primero.   

Critica  que  el apoderado de la parte civil  haya  alegado que Martha Edith Sánchez es una persona que goza de mucho respeto  en  la  sociedad  samaria,  pues ello responde a una apreciación personal suya,  carente  de verificación e irrelevante de cara a controvertir la conclusión en  el  sentido  de  que  los  testigos  de  cargo  son  contradictorios y ambiguos.   

Advera,  igualmente, que si el propósito de  nombrar  a  Alfonso López Carrascal como defensor de Jiménez Rueda, así fuera  en  condición  de  suplente,  no  fuese  el  de  lograr el desplazamiento de la  funcionaria,  no se explicaría que el abogado titular, Alfredo Moisés Ropaín,  la haya recusado inmediatamente fue otorgado el poder.   

5.  Por último, el  apoderado   de   NORMA  BEATRIZ  RAMOS  GÁMEZ  sostiene,  en  referencia  a  la  impugnación   promovida   por   la  Agente  del  Ministerio  Público,  que  la  sustentación  de  la  alzada  fue presentada de manera extemporánea, por fuera  del término legal establecido para ese fin.   

Indica que el traslado para los recurrentes,  según  constancia  expedida por la Secretaría del Tribunal, vencía el día 11  de  octubre,  pero  el  término  fenecía  en realidad el día 8 de ese mes; lo  anterior,  pues  si  bien la autoridad judicial dispuso erradamente notificar el  fallo  mediante edicto, ello no era necesario porque ya todos los intervinientes  se  habían  impuesto  personalmente  de  la  providencia.  En  consecuencia, el  recurso debe declararse desierto.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          1. Competencia.   

          De  conformidad con el numeral 3° del artículo 75 de la Ley 600 de  2000,  la  Sala  es  competente  para  decidir  sobre los recursos de apelación  interpuestos,  porque  la  decisión  atacada  fue  proferida por un Tribunal de  Distrito Judicial.   

          2.  Sobre  la  sustentación  suficiente  y oportuna de los recursos  interpuestos  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  y  la  representante del  Ministerio Público.   

          2.1  De  acuerdo con el pacífico criterio  de   la   Sala1,  quien  promueve  un mecanismo de impugnación para lograr que una  decisión  judicial  sea  modificada o revocada, bien sea por el funcionario que  la  profirió  o  por  su  superior  jerárquico, tiene la carga de precisar las  razones  del disenso, no en términos abstractos y genéricos, sino confrontando  concretamente  los  soportes  de  la  decisión  atacada,  de  modo  tal  que el  funcionario   a   quien   corresponde   resolver  sobre  la  impugnación  pueda  contrastarlos  con  las alegaciones que soportan la inconformidad y llegar a una  conclusión sobre su corrección o incorrección.   

          Desde  esa  óptica,  sustentar suficientemente el recurso impetrado  es  una  carga  de la parte interesada, y si la misma no se cumple lo procedente  es           declararlo           desierto2.   

          En  ese  sentido,  de  acuerdo con el artículo 194 de la Ley 600 de  2000,  «cuando no se sustente el recurso se declarará  desierto,  mediante  providencia  de  sustanciación  contra  la cual procede el  recurso   de  reposición»;  consecuencia  que  puede  ocurrir  cuando  el  recurrente  omite  absolutamente  el  deber  de  motivar la  impugnación,  o  cuando  lo  hace de una manera insuficiente que hace imposible  comprender  las  razones  de  inconformidad  y  no  controvierte los fundamentos  fácticos,   jurídicos   o  probatorios  de  la  decisión  atacada3.   

          Aplicadas  las  consideraciones  precedentes  al  caso examinado, la  Sala  concluye,  contrario  a  lo aducido por la defensa de RAMOS GÁMEZ, que el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  apoderado  de  la parte civil fue  fundamentado  suficientemente  y permite comprender sin dificultades los motivos  por los cuales considera errado el fallo de primer grado.   

          En  efecto,  el  apelante  expuso  las  razones  por  las que, en su  criterio,  la  valoración  probatoria  efectuada por el Tribunal es equivocada,  exponiendo  circunstancias  que  en  su  entender afianzan la credibilidad de la  denuncia  que  dio  origen  a  la  investigación,  y  se  refirió  a medios de  conocimiento concretos que sustentan el pedido de condena.   

          La  Sala, en consecuencia, no accederá a lo solicitado, de modo que  la impugnación será examinada materialmente o de fondo.   

          2.2   En  lo  que  atañe  a  la  supuesta  extemporaneidad  de  la  apelación  del Ministerio Público, la Corte encuentra  que  el fallo de primera instancia fue proferido el 7 de septiembre de 2012. Ese  mismo  día  se  libraron  las  citaciones  a las partes para que concurrieran a  notificarse  personalmente, lo que sucedió así: la procesada y la defensa el 7  de  septiembre;  la  parte  civil  el  11  de  septiembre; la Fiscalía el 14 de  septiembre;   y   la   Agente   del  Ministerio  Público  el  día  27  de  ese  mes.   

          Posteriormente,    el   28   de   septiembre   de   esa   anualidad,  «para  los efectos de su notificación» fue  fijado  el edicto y el 8 de octubre se suscribió la constancia  secretarial  en  la  que se consignó que «a partir de  las  ocho  horas (08:00 A.M.) de hoy empieza a correr el término de traslado de  CUATRO  (4)  DÍAS»  para  sustentar  la  alzada.  Se  precisó que dicho plazo vencía el 11 de octubre.   

          En  ese  orden, asiste razón al apoderado judicial de la acusada al  afirmar  que  en  el  presente  asunto devenía innecesaria la notificación del  fallo  por  edicto,  pues  éste  tiene  carácter  supletorio de acuerdo con el  artículo  180  de  la  Ley  600 de 2000, y para la fecha en que se fijó aquél  todos  los  sujetos  procesales  habían  sido  impuestos  personalmente  de  la  sentencia, en los términos del artículo 178 ibídem.   

          Sin  perjuicio de lo anterior, al decidir sobre asuntos análogos al  que   ahora   ocupa   su   atención,   la   Sala   ha  sostenido  el  siguiente  criterio:   

«…si  en el  presente  caso  ya  se  habían  notificado  todos  los  sujetos  procesales, la  fijación  del  edicto  resultaba  inútil,  inoficiosa,  en la medida en que no  estaba  notificando  a  ningún  otro  sujeto procesal o interviniente, dado que  todos  los  reconocidos  en  autos,  ya  se  habían  enterado  cabalmente de la  sentencia proferida.   

No  obstante,  como  la  ley  señala que el  término  de  ejecutoria  comienza a correr a partir de la última notificación  de  la  respectiva providencia, en este caso, dicho término debe contabilizarse  a  partir  de la desfijación del edicto, porque no es exigible a las partes que  desconozcan  la  existencia  de  esta  última  notificación, innecesaria, pero  válida  en  cuanto se presume como tal mientras no haya sido declarada nula por  decisión  judicial.  La  notificación  por edicto genera en el sujeto procesal  apelante  la creencia de que el edicto es la última notificación, a lo cual se  suma  la  constancia  secretarial  que  refuerza esa situación al indicar desde  cuando  comenzaban  los  términos  para  sustentar,  justamente, a partir de la  desfijación  del  edicto. Aunque pueda replicarse que la constancia secretarial  como  tal  carece de incidencia en el cómputo de los términos judiciales, como  lo  ha  sostenido  la  Corte,  en  el  presente  caso, es el acto procesal de la  notificación  por  edicto,  el  que  altera  la  percepción  propia del sujeto  procesal,  quien  ante  la  notificación por edicto pasa a suponer válidamente  que    es    esta   la   última   notificación»4.   

Así, con independencia de la impropiedad que  en  este  asunto  implicó  la fijación del edicto, mal podría exigirse de las  partes   que,   en  vista  de  la  realización  de  ese  acto  a  cargo  de  la  administración   de   justicia,  asumieran  la  ejecutoria  sin  considerar  la  desfijación del edicto.   

         Desde  esa perspectiva, como el hito que  marcó  el  inicio  del  conteo  de los términos para presentar y sustentar las  apelaciones  no  fue  otro  que  el  edicto,  ha  de  concluirse  que  la alzada  interpuesta  por  el Ministerio Público debe decidirse de fondo y estimarse que  los  motivos  del  disenso  fueron  expuestos  dentro del plazo correspondiente.   

         3.  En  relación  con  la nulidad de la  actuación.   

         De  acuerdo con el apoderado de la parte  civil,  en el presente asunto se configuró una irregularidad determinante de la  invalidación  de  la  actuación,  porque los registros de audio atinentes a un  aparte  de  la  audiencia pública de juzgamiento se arruinaron, de modo que esa  diligencia     en    términos    procesales    «no  existió».   

         Aunque  el peticionario no precisa cuál  es   la   causal   de   nulidad   supuestamente  configurada,  puede  entenderse  razonablemente  que alude a la consagrada en el numeral 2° del artículo 306 de  la  Ley  600  de  2000,  consistente en «la comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que  afecten el debido proceso»,  pues   lo   denunciado   corresponde  a  la  presunta  ocurrencia   de  un  yerro  de  estructura  con  incidencia  en  sus  garantías  procesales.   

         Pues bien, de la revisión del expediente  se  advierte  que,  efectivamente, la grabación correspondiente a la sesión de  la   audiencia  pública  de  juzgamiento  celebrada  el  20  de  septiembre  de  2011    se    encuentra  parcialmente  arruinada,  lo  que  hace  imposible  la  reproducción del aparte  correspondiente  a  las  alegaciones  conclusivas  presentadas  por el apoderado  judicial de RAMOS GÁMEZ.   

De  lo  sucedido  en  esa  diligencia  no se  levantó  acta,  pues  el  Tribunal a quo, de conformidad con lo señalado en el  artículo  148  de  la  Ley  600  de  2000,  optó  por registrarla «en  sistemas  de  audio  y/o  video»;  sin  embargo, 

a efectos  de  subsanar la anomalía ocurrida, el defensor de la acusada, mediante memorial  de   octubre   21   de   2011,   aportó   sus  alegaciones  al  expediente  por  escrito5.   

         En  criterio  de  la  Sala, el yerro de  estructura  referido,  aunque  sucedió, carece de la entidad para determinar la  nulidad de la actuación deprecada, según se explica seguidamente.   

          Para   que   resulte   procedente  la  invalidación  de  la  actuación se requiere, de una parte, la constatación de  la  irregularidad  procesal que configura la causal con fundamento en la cual se  pretende  tal  pronunciamiento;  de  otra,  la  satisfacción  de los principios  «que  orientan la declaratoria de las nulidades y su  convalidación»,   previstos  en  el  artículo  310  ibídem.   

         Dentro  de  tales  principios,  resulta  relevante  resaltar  el  de  trascendencia,  erigido  en  el  numeral  2° de la  disposición  aludida, conforme el cual «quien alegue  la  nulidad  debe demostrar que la irregularidad sustancial afecta garantías de  los  sujetos  procesales, o desconoce las bases fundamentales de la instrucción  o el juzgamiento».   

          En  ese  orden,   a  efectos  de  decretar  la  anulación  del trámite no basta con la constatación simplemente  formal  de  la  irregularidad  que  configura la causal invocada, cualquiera que  sea,  sino  que  se  hace  necesario,  además,  acreditar argumentativamente la  verdadera  afectación que aquélla ha ocasionado a las garantías o derechos de  quien  la  reclama,  o  que  ha  alterado  de manera grave y relevante, no sólo  aparente,    las    bases    del    procedimiento6.   

         Esa constatación se echa de menos en el  caso  examinado,  pues  aunque  la  irregularidad denunciada, como quedó visto,  efectivamente  sucedió  –  en  tanto  un  aparte  de  la  última  sesión  de la audiencia de juzgamiento,  contentiva  de  las alegaciones conclusivas de la defensa, no quedó debidamente  registrada  -, el peticionario no realizó ningún esfuerzo para comprobar cómo  ese  dislate le perjudicó o incidió negativamente en la plena garantía de sus  derechos.   

         Aunque  el  desperfecto del registro de  audio  y video de los alegatos conclusivos del defensor fue corregido en momento  posterior  por  éste,  que  los  aportó  al expediente por escrito7  (acto  de  reconstrucción  que  se  avala),  el  apoderado judicial de la parte civil nada  dijo  sobre  las  razones  por  las  cuales,  en  su  criterio, dicha actuación  resultó insuficiente para tener por subsanada la irregularidad.   

No  se  infiere  de  la  argumentación que  sustenta  el  pedido  de nulidad que las alegaciones escritas presentadas por el  defensor  para  superar  el error técnico señalado difieran en su contenido de  las  que  exteriorizó  oralmente  en  la  audiencia pública de juzgamiento; de  hecho,  el  reclamante  admite  tácitamente, porque nada dice en contrario, que  unas  y otras son idénticas, de modo que tampoco es posible entender vulneradas  por esa vía sus garantías procesales.   

         Se echa de menos cualquier razonamiento  que  permita colegir que el yerro de garantía denunciado – máxime de cara a su  ulterior  corrección  mediante la presentación escrita de la intervención del  defensor    de    la    enjuiciada   –   haya   significado  lesión  o  menoscabo  de  los  derechos  de  contradicción  y  controversia  de  la  parte  civil, menos aún, del derecho a  lograr  «el resarcimiento  del  daño ocasionado por la conducta punible» que le  atribuye el artículo 137 de la Ley 600 de 2000.   

El  peticionario  tampoco  se  ocupó  de  explicar,   ni  siquiera  como  una  simple  aseveración,  de  qué  manera  la  irregularidad  advertida  desquició  la estructura o las bases del juzgamiento,  esto  es,  que haya comportado una alteración real del procedimiento legalmente  establecido o de los principios que le subyacen.   

Así  las cosas, como no se advierte que la  avería  del  registro  de audio de la audiencia pública de juzgamiento hubiese  comportado  lesión de los derechos y garantías de las partes ni la afectación  de  la  estructura  del procedimiento, máxime que el desperfecto fue oportuna y  suficientemente  subsanado  mediante la presentación escrita de las alegaciones  conclusivas  de la defensa, la Sala no decretará la invalidación deprecada; en  consecuencia,  la decisión que en esta sede se profiera necesariamente será de  fondo    o    mérito.                      

          4.   Sobre  el  delito de concusión.   

De acuerdo con el artículo 404 de la Ley 599  de  2000,  «el   servidor  público  que  abusando  de  su  cargo o de sus funciones constriña o induzca a  alguien  a  dar  o prometer al mismo servidor o a un tercero, dinero o cualquier  otra  utilidad  indebidos,  o los solicite, incurrirá en prisión de seis (6) a  diez  (10) años, multa de cincuenta (50) a cien (100) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas de cinco (5) a ocho (8) años».   

La  conducta  punible  es  de  sujeto activo  calificado,  pues  sólo  puede ser cometida por un servidor público, y de mera  conducta,  porque  se  configura cuando el agente, abusando de su cargo o de sus  funciones,  constriñe  o  induce  a  un  tercero  a entregarle o prometerle una  utilidad,  o  los  solicita,  así  la  víctima  no  acceda  a  la  pretensión  concusionaria8.   

El delito puede suceder por razón del abuso  de  las  funciones,  esto es, «desbordar, restringir o  emplear  arbitrariamente  con  propósitos ilícitos las atribuciones conferidas  legal   o   reglamentariamente   al   funcionario»9, como  también   por   la   vía   del   abuso   del  cargo,  es  decir,  «el  uso  indebido  e  ilegítimo  del  cargo  público y del poder  intimidatorio   generado  por  esa  investidura  en  el  ciudadano»10.   

          Bien  sea  que  la persona constreñida o inducida acceda o no a las  pretensiones  del  servidor público, debe existir una relación causal entre la  solicitud  ilegítima  efectuada por éste y el abuso del cargo que ostenta o la  función            que            ejerce11.   

          Además  de  ello,  a  efectos  de  tener  por configurado el delito  «es   indispensable  la  concurrencia  del  elemento  subjetivo  predicable  de  la  víctima,  el  “metus publicae potestatis”»,  de  modo  que  «si el medio  utilizado  no  es idóneo por cuanto la víctima no comprende fácilmente que no  posee  otra  alternativa  diferente  a  ceder a la ilegal exacción o asumir los  perjuicios    nacidos    de    su    negativa,   el   delito   no   alcanza   su  configuración»12.   

          Es   posible  que  el  servidor  público  realice  la  solicitud  o  exigencia  directamente a la persona a quien va dirigida, pero también, como lo  tiene   discernido   la   Sala,   que   acuda  a  «un  intermediario  o  tercero  para  trasmitir  la  petición ilícita»13.   

          En  lo que atañe al aspecto subjetivo de la conducta punible, baste  señalar  que sólo existe en la modalidad dolosa, por lo tanto, se requiere que  el  agente  conozca los hechos constitutivos de la descripción típica y dirija  su voluntad a su realización.   

          5. Consideración previa.   

          Antes  de  abordar  el  análisis de las inconformidades presentadas  por  los  recurrentes,  la  Sala  estima  necesario  precisar  el  alcance de la  acusación elevada contra RAMOS GÁMEZ, en el siguiente sentido:   

          La  denunciante  Martha  Edith  Sánchez,  al  unísono  con algunos  testigos  de cargo, alegó en repetidas oportunidades que la acusada, además de  reclamar  la  entrega  de  $200.000.000 para favorecer a su esposo en el proceso  que  se  le  seguía  por  homicidio, le exigió a través de Lanuza Lara que el  abogado  Antonio  Laitano Leal fuese contratado como defensor con el consecuente  pago de sus honorarios, cifrados en $60.000.000.   

          Esa  segunda  solicitud,  de estar demostrada su ocurrencia, podría  configurar  por  sí  misma  el  delito  de  concusión,  porque  representa  la  solicitud  de  una  utilidad  indebida  a  favor de un tercero. En ese orden, la  conducta   concusionaria   investigada   estaría   integrada   por   dos  actos  naturalísticamente  diferenciables  pero finalísticamente dirigidos a un mismo  propósito,  esto  es,  i) la entrega de $200.000.000 y, ii) la postulación del  nombrado  profesional  del  derecho  y  el  pago  de  $60.000.000 a su favor por  concepto de honorarios.   

          No  obstante,  de  la  revisión  de la resolución de acusación se  advierte  que  esa segunda exacción no hace parte de la situación fáctica por  razón  de la cual RAMOS GÁMEZ fue llamada a juicio, que en el pliego de cargos  aparece limitada en los siguientes términos:   

«La señora MARTHA  EDITH  SÁNCHEZ  declaró  ante  la  Fiscalía  General  de la Nación y la Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria de Consejo Superior de la Judicatura del Magdalena  que  la  doctora  NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ…le pidió a través de la abogada  NANCY   ESTHER   LANUZA   LARA   la   suma   de  doscientos  millones  de  pesos  ($200.000.000),  a  cambio  de  favorecer  a  su esposo WILSON GILBERTO JIMÉNEZ  RUEDA…»14.           

          (…)   

«…La solicitud de  dinero,  en  cuantía  de doscientos millones de pesos ($200.000.000), realizada  por  la  doctora NANCY ESTHER LANUZA LARA, en nombre de la doctora NORMA BEATRIZ  RAMOS  GÁMEZ…materializa  el  delito de concusión atribuido…»15.   

          Esa   delimitación  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes  se  mantuvo  idéntica  en  la resolución de abril 26 de 2011, por medio de la cual  una  Fiscalía Delegada ante esta Corporación confirmó la acusación proferida  en primera instancia.   

          La  Sala  no soslaya que la exigencia atribuida a RAMOS GÁMEZ en el  sentido  de que se contratara a Laitano Leal como defensor aparece mencionada en  la  acusación,  pero  no  como una conducta capaz de actualizar la descripción  típica,  sino como una circunstancia fáctica que habría sido utilizada por la  enjuiciada  para  facilitar la comisión del ilícito y evitar suspicacias sobre  el  particular,  tal  como  consta en la resolución de calificación de segundo  grado:   

«…tendido  el  puente  con  la  entonces  funcionaria Ramos Gámez, el resto de acontecimientos  tenían  que  desenvolverse  casi que por generación espontánea. Se refiere el  despacho  a  que  la  abogada  Lanuza  Lara,  cumpliendo  su  rol  de tercería,  establece  contacto con la funcionaria y del mismo, se concluye, de un lado, que  era  necesario  contratar un abogado que preferiblemente no viviera en la ciudad  de  Santa  Marta, pero además, que la instructora exigía la suma de doscientos  millones de pesos para poder favorecer a Jiménez Rueda…   

…demostrativo de las maniobras desplegadas  tendientes  a  obtener  un  provecho  económico, el episodio precedente, porque  ningún  sentido  tenía  que  fuera  la  abogada Lanuza Lara la que asumiera la  “defensa”  del  procesado  Jiménez  Rueda,  pues  de haber ocurrido así la  trama  hubiera  quedado al descubierto por la reconocida amistad entre litigante  y                  funcionaria…»16.   

Esa  comprensión de los hechos investigados  coincide   con  la  propugnada  por  la  Fiscalía  en  el  pedido  de  condena,  exteriorizado  en  las  alegaciones  conclusivas  al final de la vista pública,  cuando sostuvo:   

«¿Por  qué,  si  ello  es  así…la doctora Nancy Esther Lanuza Lara no representó directamente  a  Wilson  Jiménez  Rueda,  o  mejor, no se hizo cargo de la defensa…? Porque  hubiera  quedado  rápidamente al descubierto, dada la amistad entre Lanuza Lara  y  Ramos  Gámez,  amistad…que  nosotros  no  dudamos  en calificar de amistad  íntima…podría  generar  una circunstancia impeditiva, dentro de la trama que  se  había  urdido…existía  una  condición,  cual  era  que  el  abogado que  asesorara…la  situación  de  Wilson  Jiménez  Rueda no fuera de la ciudad de  Santa  Marta…el  propósito  criminal  (era)  obtener $200.000.000 por un acto  propio        de        sus        funciones»17.   

          De  ahí  que  el  requerimiento  supuestamente  efectuado por RAMOS  GÁMEZ  en el sentido de que se eligiera al abogado Laitano Leal como defensor y  se  le cancelaran los honorarios es una circunstancia que no fue considerada por  la  Fiscalía  como conducta constitutiva del delito de concusión, sino como un  paso  del plan delictivo orientado a garantizar la obtención del dinero exigido  y  evitar la detección del delito. Es decir, se trata de un acto involucrado en  una  unidad  de  acción por la cual a la incriminada no se le formuló reproche  criminal en esta actuación.   

          Lo  anterior  significa que la prueba atinente a la contratación de  Laitano  Leal  puede  ser tenida en cuenta y apreciada con el objeto de examinar  la  credibilidad  de  lo  dicho  por los testigos de cargo y descargo, así como  para   valorar  la  conducta  punible  investigada  en  el  asunto  sub  judice.   

          6. El caso concreto.   

         

          6.1  En este asunto no se controvierte que  NORMA  BEATRIZ RAMOS GÁMEZ fungía como Fiscal Seccional 33 de Santa Marta para  la  época  de  los  hechos.  Así  consta en el acta No. 099 de 1° de julio de  1992,  por  medio de la cual tomó posesión del cargo de Fiscal Seccional grado  18,  y  de  ello  dieron  cuenta tanto la propia acusada como Orvie Rafael Oyola  Ordosgoitia,  otrora  Director  Seccional de Fiscalías de Santa Marta. Sobre el  particular,   entonces,  ninguna  consideración  adicional  se  hace  necesario  realizar.   

          6.2  Tampoco  suscita  discusión que a la  entonces  Fiscal  RAMOS  GÁMEZ le correspondió adelantar la investigación que  contra  Wilson  Gilberto  Jiménez  Rueda se adelantó por la muerte violenta de  Álvaro  Luis  Arévalo Vivic, ocurrida el 26 de febrero de 2006 en la ciudad de  Santa Marta. La actuación se desarrolló de la siguiente manera:   

          i)  En  informe  de  Policía  Judicial de 27 de febrero de 2006, se  reportó  la  muerte  violenta  de  Arévalo Vivic, acaecida en vía pública de  Santa  Marta, producida mediante disparos de arma de fuego. Allí se señala que  la  víctima,  antes de su fallecimiento, alcanzó a informar a su esposa que el  agresor fue Jiménez Rueda.   

          ii)  El  9  de  marzo  de  2009  se  libró  orden de captura contra  Jiménez  Rueda con el fin de escucharlo en indagatoria, que se llevó a cabo el  día 10 de ese mes y año.   

          Ese  mismo día, se presentó al despacho de RAMOS GÁMEZ la persona  que  se  identificó  como  Luis  Aurelio Cepeda Amaya, quien dijo ser el único  responsable  de los hechos investigados, por lo cual fue también vinculado a la  investigación.   

          iii)  En  resolución  de marzo 17 de 2006, RAMOS GÁMEZ definió la  situación   jurídica   de   Jiménez   Rueda,   afectándolo   con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  su posible responsabilidad como  autor  del  delito  de homicidio agravado, luego de descartar la credibilidad de  la  confesión  exteriorizada  por  Cepeda  Amaya.  Idéntica restricción de la  libertad  impuso a éste último, por considerar que actuó como cómplice en la  comisión del delito.    

          Finalmente,  dispuso compulsar copias de la actuación con destino a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación para que se investigara a algunos de los  declarantes  que  pretendieron  desvincular a Jiménez Rueda de la comisión del  reato18.   

          iv)  A  través  de  resolución  de  abril  19  de 2006, una Fiscal  Delegada  ante  el Tribunal de Santa Marta confirmó la imposición de la medida  de    aseguramiento    respecto    de   Wilson   Gilberto   Jiménez19.   

          En  relación  con  Luis  Aurelio  Cepeda Amaya, dispuso su libertad  inmediata  porque consideró que éste se atribuyó falazmente la autoría en el  ilícito   para   proteger  a  Jiménez  Rueda,  de  suerte  que  «la    imputación    debe   hacerse   por   el   delito   de   falsa  autoacusación».   

          v)  El  5 de junio de 2006, RAMOS GÁMEZ dispuso el cierre del ciclo  instructivo20.  Ese mismo día fue radicado el memorial mediante el cual Jiménez  Rueda  otorgó  poder  a  los  abogados  Alfredo José Moisés Ropaín y Alfonso  López   Carrascal,   en   calidad   de   defensores   principal   y   suplente,  respectivamente.   

          En  la  fecha,  la  funcionaria pidió ser apartada del conocimiento  del asunto, de acuerdo con las siguientes consideraciones:   

«Observa  esta  delegada  que  el  doctor  Alfonso  López  Carrascal fue designado como abogado  sustituto  (sic)…dándose  la causal 3° de impedimento del artículo 99, pues  el  mentado  profesional  es  pariente  en  segundo  grado  de  afinidad  con la  suscrita,    ya    que   es   el   esposo   de   mi   hermana   Mercedes   Ramos  Gámez».   

          No  está de más anotar que el impedimento no fue exteriorizado por  RAMOS  GÁMEZ  por  iniciativa propia, sino en razón de la solicitud que en ese  sentido  elevó  el  recién  designado  defensor Moisés Ropaín, quien así lo  admitió      en      la      vista     pública21.   

          vi)  El  impedimento  fue  aceptado,  de suerte que la Fiscalía 5°  Seccional,  mediante  resolución  de  11 de julio de 2006, calificó el mérito  sumarial  acusando a Wilson Gilberto Jiménez como autor del delito de homicidio  y   a   Luis  Aurelio  Cepeda  Amaya  como  responsable  del  punible  de  falsa  autoacusación. El proveído no fue recurrido por las partes.   

          vii)  Por  medio  de  sentencia  de  31 de julio de 200622, el Tribunal  Superior  de  Santa  Marta  declaró improcedente el amparo de tutela solicitado  por  Wilson Jiménez Rueda, como consecuencia de la supuesta vulneración de sus  derechos    fundamentales,    entre   otras   razones,   porque   «al  verdadero  autor  del homicidio le fue dictada preclusión de la  investigación,  siendo que la prueba técnica de balística señala que el arma  que  se  disparó contra la víctima era la del primo del procesado, quien es el  culpable del homicidio».   

          La    Corporación    judicial    consideró    que   «no  se  encuentra  que  la actuación de la Fiscal haya respondido a  los   patrones  que  la  Corte  Constitucional  se  ha  encargado  de  delimitar  –  defectos  fácticos,  sustantivos,        procedimentales        y       orgánicos       –  sino  que  revela el cumplimiento de  sus funciones como Fiscal encargada de la investigación».   

          viii)  Mediante  sentencia  de  diciembre  5 de 2006, el Juzgado 1°  Penal  del  Circuito de Santa Marta absolvió a Jiménez Rueda y Cepeda Amaya de  los  cargos  que  les fueron imputados. Dispuso, además, compulsar copias de la  actuación  para  que  se investigara a los funcionarios de la Fiscalía General  de  la  Nación  que  intervinieron  en el proceso, en cuanto consideró que las  pruebas   recaudadas   demostraban   con   toda   claridad   que  «no  era  WILSON  JIMÉNEZ  RUEDA  el  autor  material de la conducta  punible…sino   LUIS   AURELIO   CEPEDA   AMAYA»23.   

          ix)  Esa  providencia  fue  apelada  por la Delegada de la Fiscalía  General  de  la  Nación,  pero  en  el  expediente  no  existe  prueba sobre el  desenlace de la alzada.   

          6.3  Ahora bien, a efectos de estudiar las  apelaciones,  se  hace  necesario  partir por precisar en detalle lo que dijeron  los  diferentes  testigos  de cargo en sus plurales declaraciones respecto de la  ocurrencia  de  los hechos investigados, pues los reparos exteriorizados por los  impugnantes  tienen  que  ver  con  la  apreciación  que  el  a quo hizo de las  mismas.   

          Previamente,  sin  embargo,  importa  enfatizar  que, contrario a lo  sostenido  por  el defensor de RAMOS GÁMEZ en la intervención como recurrente,  dichos  testigos  no  tienen la condición de referenciales o de oídas, sino de  directos,   pues  sus  declaraciones  tienen  por  objeto  hechos  que  habrían  percibido  o  aprehendido  por  sus  propios  sentidos,  como  se  concluye  con  facilidad a partir de su contenido.   

          6.3.1 Martha Edith Sánchez.   

          La  esposa de Wilson Jiménez Rueda, Martha Edith Sánchez, dio tres  declaraciones,  los  días 4 de julio de 2006, 16 de mayo de 2007 y 10 de agosto  de  2007.  Además, rindió testimonio en la vista pública, el 19 de septiembre  de 2012.   

          6.3.1.1.  En la primera salida procesal, el  4        de        julio        de        200624,  Martha  Edith  relató que  dos  allegados a su familia, José Manuel Moscarella y Rodrigo Gómez Maldonado,  tuvieron  una  conversación casual en la que surgió el tema del proceso que se  le  adelantaba a Jiménez Rueda y el «apasionamiento»  con que estaba actuando la Fiscal.   

          Como  consecuencia  de ello, el primero le hizo saber al segundo que  conocía  a  una  abogada  –  Nancy  Lanuza Lara – que era  amiga  de  RAMOS  GÁMEZ.  Gómez Maldonado le transmitió esa información a la  declarante,  que  entonces,  el 24 de mayo de 2006, se dirigió en compañía de  Rodrigo  Gómez Maldonado a la residencia de la profesional del derecho, ubicada  en el municipio de Ciénaga.   

          En  esa  primera reunión, dijo Martha Edith, habló con Lanuza Lara  y  le  dijo  que  no  entendía las razones por las que la ahora acusada actuaba  arbitrariamente  contra  Jiménez  Rueda,  a  lo  que  la  abogada  le  dijo que  conversaría  con  la  Fiscal «a ver qué respuesta le  daba».   

          Afirmó  la  testigo  que  el  26 de mayo de 2006, junto con Rodrigo  Gómez  Maldonado,  su  hija  Leidy  Carolina Jiménez y Javier Núñez Palma (a  quien  identificó  como  un  amigo suyo), fue nuevamente a la vivienda de Nancy  Esther,  y  ésta  le  dijo  que  había  almorzado  con  RAMOS GÁMEZ, quien le  manifestó  que  sabía que Jiménez Rueda era inocente pero no había tenido un  buen  abogado,  que  «podía colaborar» pero  necesitaba  $200.000.000  y  que «la  esposa   de   Wilson   arreglara  por  aparte  la  parte  civil».  De  igual  manera,  que  cambiara de abogado para reunirse con él y  decirle «por dónde tenía que meterse».   

          Precisó  Martha  Edith  que  todos  sus acompañantes escucharon la  conversación  y  que  se  retiró  del  lugar  luego  de rechazar la exigencia.   

          6.3.1.2  En  declaración de 16 de mayo de  200725,  Martha  Edith Sánchez partió por explicar que un día, en fecha  que  no  precisa  pero antes de reunirse con Nancy Esther Lanuza Lara, acudió a  la  residencia de NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ en compañía de sus tres hijos, su  suegra  María  Elida Rueda y la progenitora de Luis Aurelio Cepeda Amaya (cuyas  declaraciones  no  fueron obtenidas), con el objeto de hablar con la funcionaria  «como  persona…para  que  ella  entendiera que (su)  esposo  era  inocente».  Dijo  que la mamá de Cepeda  Amaya  le hizo saber en esa ocasión a la Fiscal que su hijo era responsable por  la   muerte  de  Arévalo  Vivic,  pero  no  le  creyó  y  les  respondió  que  «era  arbitrario  que (llegaran) a la casa de ella».  La  deponente  admitió que la acusada, al verla en su  lugar   de   residencia,   le   dijo   en   tono   agresivo  que  «dejara  de  estarle  mandando mensajes y ofreciéndole dinero porque  podía hacerlos un rollito y metérselo por…».   

          Reiteró  su  versión  en  relación  con  la  manera  en  que tuvo  contacto  con  Nancy Lanuza Lara, es decir, a través de José Manuel Moscarella  y  Rodrigo  Gómez  Maldonado,  y  afirmó  que el primero no estuvo presente en  ninguno  de  los  dos encuentros que sostuvo con la abogada los días 24 y 26 de  mayo de 2006.   

         

          Agregó  que  Lanuza  Lara  le  pidió  una copia del expediente del  proceso  de  Jiménez Rueda para hacérsela llegar a un abogado de Cartagena que  asumiría la defensa, según lo exigido por la Fiscal.   

          6.3.1.3    El    10    de    agosto   de  200726,  Martha  Edith  Sánchez  repitió  que  antes de hablar con Nancy  Lanuza,  buscó  a RAMOS GÁMEZ en su residencia «para  hablar  con  ella  como  persona que era», a lo que la  funcionaria  reaccionó manifestando que no era apropiado que estuvieran allí y  que  «la  plata  que…(le)  mandó  ofrecer  haga un  rollito y métasela por el culo».   

          Dijo  que  luego  de  eso,  tuvo  conocimiento  por  Rodrigo  Gómez  Maldonado,  amigo  de su familia, de que Lanuza Lara era muy amiga de la Fiscal,  por   lo   cual  «en  tres  ocasiones»  se acercó a su casa.   

          La     primera    vez    –   no  señala  la  fecha  –  abordó  a  Nancy  Esther Lanuza para explicarle que su esposo era  inocente  y  que  la  funcionaria  estaba equivocada al responsabilizarlo por el  homicidio  de Arévalo Vivic. La abogada replicó que hablaría con RAMOS GÁMEZ  y  que  ésta  «tiene  un  temperamento  muy  fuerte,  pero…es muy católica…cree mucho en Dios».   

          Explicó   Martha   Edith  que  visitó  nuevamente  a  Lanuza  Lara  «más  o  menos  el 25 de mayo de 2006» en  compañía de Rodrigo Gómez Maldonado.  La  profesional  del derecho le dijo que había tocado  el  tema  con  NORMA  BEATRIZ  y  que  ésta  la  invitó  a almorzar a su casa,  precisándole que debía asistir sola a la cita, sin su esposo.   

          Al    día    siguiente   –    el   26   de   mayo   –  concurrió por tercera ocasión a la casa de Lanuza Lara, esta vez  junto  con  Gómez  Maldonado  y  con su hija Leidy Carolina Jiménez Rueda. Ese  día,  Nancy  Esther le contó que habló con la ahora acusada, quien dijo estar  en   capacidad   de  ayudar  «calificando  a  favor»  a  cambio  de $200.000.000, siempre que nombraran a un  defensor  de  su  confianza  «para…poderle decir por  dónde   tenía   que   meterse».   En  ese  sentido,  «recomendó  a  un abogado de Cartagena…el apellido  era Gaitán, y que él cobraba la suma de $60.000.000».   

          Concluyó  que  ante la exigencia se retiró del lugar sin acceder a  la  misma,  y  explicó  que ella y Jiménez Rueda decidieron cambiar al abogado  defensor  al  percatarse de los pocos resultados que obtenía el profesional del  derecho  que ejerció como tal hasta entonces, por lo cual contrataron a Alfredo  Moisés  Ropaín y Alfonso López Carrascal, este último en calidad de suplente  que  sólo  actuaría  en  caso  de  que  el asunto llegara a juicio, porque era  familiar de RAMOS GÁMEZ y no podía litigar ante su despacho.   

          6.3.1.4    En   audiencia   pública   de  juzgamiento  celebrada el 19 de septiembre de 2012, se recibió el testimonio de  Martha Edith Sánchez.   

          Insistió  en  que  José  Manuel Moscarella le hizo saber a Rodrigo  Gómez  Maldonado  que  Nancy  Esther  Lanuza  Lara era amiga de la Fiscal y que  podía  llevarlos  hasta  ella  si lo deseaban. Por tal razón, la visitó en su  residencia  en  dos  ocasiones:  la  primera,  en  compañía  de Rodrigo Gómez  Maldonado  y  su  hija Leidy Carolina y la segunda, junto con Carlos Becerra (un  amigo   suyo,   dijo),   Rodrigo  Gómez  Maldonado,  Leidy  Carolina  y  Javier  Núñez.   

          Aseveró  que  en  la  primera de tales visitas, Lanuza Lara le dijo  que  «lo  más  posible es que tuviera que cambiar al  abogado  por  uno  de  confianza  que tenía Norma Ramos que era de Cartagena».  En  el  segundo  encuentro,  ocurrido el 26 de mayo de  2006,  la  abogada  le manifestó que RAMOS GÁMEZ podía ayudar a su esposo por  $200.000.000,  exigencia  que  rechazó y abandonó la residencia. Precisó, sin  embargo,  que  Javier  Núñez  Palma  y  Carlos  Becerra no oyeron la exacción  porque  no  entraron  a  la  casa,  sino  que  se  quedaron en el exterior junto  «a la ventana».   

          La  declarante  añadió  al relato que en esa ocasión –  el  26 de mayo -, Nancy Esther Lanuza  Lara  recibió  una  llamada  al  celular  de  NORMA  BEATRIZ  y la contestó en  presencia  suya y de sus demás acompañantes, por lo cual pudieron oírla decir  «ajá  mija, ¿cómo va lo de su yerna? Cuando vaya a  tener el bebé me avisa que yo estoy a la orden».   

          6.3.2 Leidy Carolina Jiménez Sánchez.   

          Leidy  Carolina  Jiménez  Sánchez, hija de Martha Edith Sánchez y  Wilson  Gilberto  Jiménez  Rueda  quien  para la época de los hechos tenía 17  años,  rindió  dos declaraciones en las que se refirió a los hechos objeto de  investigación.   

          6.3.2.1    El    17    de    agosto   de  200627,  Leidy  Carolina  declaró  que  un  amigo  de la familia, Rodrigo  Gómez  Maldonado, conocido como “Pocholo”, les comunicó en cierta ocasión  que  se  enteró, por José Manuel Moscarella, de que Nancy Lanuza era muy amiga  de   la  Fiscal  RAMOS  GÁMEZ.  Como  consecuencia  de  ello  y  «pensando  que  de  pronto… hablando con ella se le aclaraba algo»  acudieron  a  su vivienda el 25 de mayo de 2006, fecha  que  recuerda con exactitud porque «cumplía años una  amiga».  Ese  día,  sin  embargo, Lanuza Lara no los  atendió  porque su hijo estaba enfermo, de suerte que les pidió que regresaran  el día siguiente.   

          El  26  de mayo, consecuentemente, conversaron con la abogada, quien  les   dijo  que  RAMOS  GÁMEZ  podría  «colaborar»  pero requería $200.000.000, pues aun cuando se había  dado    cuenta    de   que   Jiménez   Rueda   era   inocente,   «después  de  dos  meses  no  podía voltear la arepa».  Precisó que, según lo que les manifestó Lanuza Lara, ese dinero  sería   «para   el  abogado  de  ella  (se  refiere  a  RAMOS  GÁMEZ),  para  el  director  y  unos  compañeros,  y  lo  que  le  quedaba  a ella». También   les   hizo   saber  que  debían  nombrar  «un abogado de Cartagena para ese negocio».   

          La  declarante  dio  cuenta  de  que  en la reunión estaba presente  también  el esposo de Nancy Esther, quien vestía «un  pantalón   blanco   largo   y  una  camisa  negra  de  cuello,  manga  corta».   

          Agregó  que  al encuentro con la abogada acudieron, además de ella  misma  y  su  madre  Martha  Edith,  Rodrigo  Gómez Maldonado, Javier Núñez y  Carlos  Becerra  (fallecido en los primeros días de agosto de 2006)28.   

          6.3.2.2    En   audiencia   pública   de  juzgamiento  de  septiembre  19  de 2012, Leidy Carolina testificó que su madre  tuvo  dos  reuniones  con Nancy Esther Lanuza Lara, pero ella sólo acudió a la  segunda de ellas, sucedida el 26 de mayo de 2006.   

          En  esa  fecha,  dijo,  fueron  a la casa de Lanuza Lara, además de  ella  y  su  progenitora,  Carlos  Becerra,  Rodrigo  Gómez  Maldonado y Javier  Núñez  Palma,  pero este último «no estuvo presente  en la reunión».   

          Explicó  que  el encuentro duró cerca de 40 minutos y Nancy Esther  les  dijo  que  RAMOS GÁMEZ exigía $200.000.000 para liberar a Jiménez Rueda,  así  como  la  contratación  de  un  defensor  que  no  fuera  de Santa Marta,  exigencia que rechazó su progenitora.   

          Añadió  que  en  algún momento de la reunión que sostuvieron con  Lanuza  Lara  ésta  recibió  una  llamada  a  su  celular, dijo «es  Norma»  y contestó, por lo cual pudo  escuchar  que  decía  «bueno, mija, así quedamos con  esto»,  como también que conversaban sobre el estado  de embarazo de «la yerna».   

         

          6.3.3 Javier Núñez Palma.   

         

          Javier   Núñez  Palma  explicó,  en  declaración     de    agosto    17    de    200629,  que  conoce a Nancy Lanuza  hace  varios  años  porque  vivieron durante largo tiempo en el mismo barrio, y  que  tiene  relaciones  «de  amistad  y de comercio»  con  Wilson  Jiménez  Rueda  y su esposa Martha Edith  Sánchez.  También  dijo  tener  «gran amistad, como  hermano» con Rodrigo Gómez Maldonado, y no conocer a  RAMOS GÁMEZ.   

          Adveró  que  estuvo  en  la  casa  de Lanuza Lara en dos ocasiones,  porque   «el  señor  Pepe  Moscarella  (les)  había  manifestado  que…era bastante conocida con la…fiscal que estaba manejando el  caso del señor Wilson».   

          La     primera    vez    –  no  señaló  cuándo  –  acudió  en compañía de Rodrigo Gómez  Maldonado  para  «buscar  una  ayuda  en derecho, una  salida  jurídica…que  ayudara…en  el caso del señor Wilson». En  esa  ocasión,  Lanuza  Lara  les  dijo  que  era amiga de RAMOS  GÁMEZ,  incluso, que en ese momento cursaban una especialización juntas, y que  intentaría    «abordar   el   tema»   con  la  funcionaria  «para  ver  en qué  (les)  podía  colaborar…colocando…un  abogado  que no fuera de la ciudad de  Cartagena de nombre Gaitán».   

          Afirmó      que     la     segunda     oportunidad     –  tampoco  dijo la fecha – acudió a la  residencia  de  Nancy  Esther  Lanuza  junto  con Martha Edith Sánchez, Rodrigo  Gómez   Maldonado,   Leidy   Carolina   Jiménez   Sánchez   y  «un  señor  llamado Carlos», pero los tres  últimos  no  ingresaron a la construcción, sino que se quedaron «cerca  de  la puerta y la ventana». Lanuza  Lara  les indicó que la situación de Wilson estaba muy avanzada y era difícil  tomar  «otro  rumbo  en  el  negocio»,  pero   «una   vez   se   cerrara…o  se  calificara  se  podría  ver…la posibilidad de dejar un campo abierto para que  el  defensor  trabajara  sobre  eso,  pero  que  eso  obviamente…costaba  unos  honorarios…algunos  millones  de  pesos…porque  había  que tratar de llegar  como fuera a un arreglo con la…parte civil».   

          Relató  que  le  preguntó  a  Lanuza  Lara  cuánto podría costar  «el  negocio»,  a lo que la  abogada  respondió  que  «esos negocios penales eran  bastante   costosos…había   que   trabajar   la  parte  civil…cancelar  los  honorarios  del  abogado Gaitán (sic) y…los honorarios de ella, así no esté  trabajando  en el proceso…costaba la suma de doscientos millones de pesos todo  el paquete».   

          Concluyó  que  Martha  Edith  Sánchez dijo que no podía pagar esa  cantidad   y   que  su  esposo  era  inocente,  por  ende  se  retiraron  de  la  residencia.   

          6.3.4 José Manuel Moscarella Bolaño.   

          José  Manuel  Moscarella  Bolaño, en declaración de septiembre 27  de    200630,    aseveró    ser   «muy   allegado»  a  Nancy  Esther  Lanuza  y no conocer a RAMOS GÁMEZ.  Afirmó  igualmente  conocer  hace muchos años a Martha Edith Sánchez y Wilson  Gilberto  Jiménez  Rueda  porque «tuvieron una tienda  cerca  de  (su) casa», al tiempo que dijo desconocer a  Rodrigo Gómez Maldonado.   

          Narró  que  en  alguna  ocasión  Javier  Núñez  Palma,  a  quien  identificó  como  un  conocido  suyo,  le  manifestó que necesitaba hablar con  Nancy  Lanuza  Lara,  de  suerte que él los contactó. Tuvo conocimiento que la  solicitud  tenía que ver con que «estaban buscando un  abogado  para  un  caso  de homicidio y…la doctora Nancy trabaja esos casos de  homicidio».   

          Precisó  que  acudió  a  la  vivienda  Lanuza  Lara  en una única  oportunidad   –  no  dijo  cuándo  ni  quién  más  acudió  al  encuentro  -,  en  la que «se  habló  de  la  necesidad  de  un abogado para que defendiera en  derecho  a  ese  señor  (se refiere a Wilson Jiménez  Rueda)  y  se  recomendó  un  abogado de Cartagena».  Concluyó señalando que nunca se enteró de que RAMOS  GÁMEZ   hubiese   exigido   suma   alguna  para  favorecer  a  Jiménez  Rueda.   

          6.3.5 Rodrigo Gómez Maldonado.   

          Finalmente,  Rodrigo  Gómez  Maldonado  declaró    el    17    de    agosto    de    200631  que  conoce  a Nancy Lanuza  Lara  porque  son vecinos, y que reconoce a NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ porque es  la  Fiscal  que  citó a indagatoria a Wilson Jiménez Rueda. Afirmó que conoce  hace  años  a  José  Manuel  Moscarella  porque vive a dos cuadras de su casa.   

          Explicó  que  trabaja  como  administrador  de un negocio de Wilson  Jiménez  Rueda ubicado en el municipio de Ciénaga, lugar al que «un  día»  llegó  “Pepe”  Moscarella  para    «hacer    unas    compras».   En  desarrollo  de  la  conversación  que  se suscitó le preguntó  «cómo  está  el  caso  del  patrón»  y  discutieron  sobre  la convicción que la funcionaria instructora  tenía  respecto  de  la  responsabilidad  de  Jiménez  Rueda  a  pesar  de que  «todo el mundo sabe que…es inocente». Moscarella  Bolaño  le  preguntó entonces quién era la Fiscal del  caso  y  cuando  supo que era RAMOS GÁMEZ afirmó «yo  tengo  una  doctora  de  nombre  Nancy Lanuza quien es bastante amiga de ella».  Consecuencia de lo anterior, Rodrigo Gómez le propuso  a  Moscarella  Bolaño que fueran a hablar con ella «a  ver si…hace el favor y (les) ayuda en derecho».   

          Al  día  siguiente, dijo el testigo, “Pepe” Moscarella regresó  al  negocio,  donde  en ese momento estaba también Javier Núñez, amigo suyo y  de  Wilson  Jiménez.  José Manuel Moscarella los llevó entonces hasta la casa  de  Nancy  Lanuza,  a quien le pidieron que «como ella  era  bastante  amiga  de  la  Fiscal,  haber  (sic)  si (les) hacía el favor de  colaborar(les)  en  derecho,  porque en el expediente no había nada para que la  Fiscal tuviera a Wilson preso».   

          Nancy   Esther   Lanuza   dijo   que   hablaría  con  RAMOS  GÁMEZ  aprovechando   que  estaban  haciendo  un  curso  juntas  y  les  instruyó  que  regresaran al día siguiente en la tarde.   

          Cuando  volvieron  a  la residencia de la abogada, ésta les indicó  «…yo  hablé  con  la doctora Norma, ella sabe y ha  escuchado  que  el  señor  Wilson es inocente…pero…después de dos meses le  queda  difícil  voltear  la  arepa…ella me dijo “lo que pasa, Nancy, es que  ese  señor no ha tenido abogado, imagínate, tiene a los dos viejos esos que no  sirven para nada, a mi cuñado y a Armando Castillo”».   

          Dijo  Rodrigo  Gómez  que  «otro  día»  volvió a la casa de Nancy Esther Lanuza en compañía  de Javier Núñez Palma, encuentro sobre el cual expresó:   

«Nancy Lanuza nos  comentó  “bueno,  estuve hablando con Norma, parece que nos va a ayudar”, y  estando  en  la  casa  de  la  señora  Nancy sonó el celular de ella, antes de  contestarlo   nos  dijo  “mirá  ve,  me  está  llamando  Norma,  esperen  un  momentito”…y  estando  ahí  con nosotros habló y dijo “aquí tengo a los  amigos  del  señor  de  Mil Carnes”, nosotros escuchamos que la doctora Nancy  dijo  “ajá,  mija,  ¿ya  alumbró  tu  yerna?  Si  le  van  a hacer cesárea  cualquier  cosa  a  la  orden”…cuando  terminó la llamada ella nos comentó  “ella  me  invitó  a  almorzar mañana para hablar del señor Wilson, me dijo  que  fuera sola, que no fuera con mi esposo. Ella nos va a ayudar…como esto es  por  falta  de  abogado,  yo tengo uno de Cartagena…”. Esa misma tarde en la  casa  de  ella  entró  una llamada y nos dijo “mirá ve, me está llamando el  doctor  Gaetano”,  ella contestó “qué más doctor, le tengo un negocio del  señor  de  Mil  Carnes de Santa Marta…te llamo mañana por la tarde, después  de que hable con la señora Norma”».   

Continuó   el   relato   indicando   que  «otro  día  ella  (los) citó en la mañana, estaban  Javier  Núñez,  Carlos  Becerra…Martha  Sánchez  y  Leidy Carolina Jiménez  Sánchez  y (su) persona». En esa ocasión, la abogada  manifestó:   

«Hablé   con  Norma…me  dijo  que ella le colaboraba al señor Wilson si el señor Wilson le  daba  la  suma  de doscientos millones de pesos porque ella tenía que cuadrar a  otra     gente     ahí    en    la    Fiscalía,    al    Director,    a    los  Coordinadores…».   

          Agregó  finalmente  que  le dieron las gracias por la gestión y se  retiraron,  pues  decidieron  que,  como  Wilson  era inocente, dejarían que su  abogado hiciera la labor defensiva correspondiente.   

          6.4  Pues bien, mientras el Tribunal a quo  entendió  que  las  versiones  de  los  testigos  de  cargo en relación con la  ocurrencia  del delito y la responsabilidad de RAMOS GÁMEZ están revestidas de  contradicciones   internas   y   externas   que  les  restan  credibilidad,  los  recurrentes  afirman que tal conclusión es errada y propugnan porque se otorgue  a  dichas  declaraciones  pleno  mérito  suasorio,  para  lo  cual  aducen  que  i) las contradicciones que se  advierten   en   los   relatos   están  referidas  a  circunstancias  puramente  accidentales  que  no  tienen  que  ver  con el núcleo de los relatos y, por lo  mismo,  no  inciden en su credibilidad; ii)  la  copiosa prueba indiciaria que obra en el expediente ratifica y  soporta  los  señalamientos  efectuados  por  los testigos contra RAMOS GÁMEZ;  iii)  Martha Edith Sánchez,  quien  puso  en  conocimiento  de  las  autoridades  lo sucedido, es una persona  «que goza de mucho respeto y seriedad», y;               iv)  los  testigos  de  cargo  no  tienen  ninguna razón para faltar a la verdad.   

          A   cada   una  de  tales  alegaciones,  entonces,  se  referirá  a  continuación  la  Sala,  para  concluir  si  asiste razón a los recurrentes al  afirmar  que  la prueba recaudada resulta suficiente para tener por demostradas,  en  el grado de certeza exigido para proferir condena, tanto la materialidad del  delito  como  la  responsabilidad de NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ en su comisión.   

          6.5 Sobre la valoración de los testimonios de cargo.   

          6.5.1  Dígase  inicialmente que, conforme  al  criterio  de  la Sala en la materia y como acertadamente lo afirma el Fiscal  recurrente,  la  apreciación  positiva de una determinada prueba testimonial no  está  supeditada a que las distintas declaraciones del deponente, cuando ofrece  una  cantidad  plural de ellas a lo largo del trámite, exhiban absoluta y total  concordancia  y uniformidad, sino a que se mantengan consistentes en lo esencial  del  relato,  de suerte que permiten forjar el conocimiento sobre el núcleo del  mismo  con  independencia  de  las  variaciones  que  se  adviertan  respecto de  aspectos  tangenciales  del  mismo,  que pueden variar o modificarse por el paso  del   tiempo   y   otras  circunstancias  similares32.   

          Igual  sucede  cuando  se  encuentran contradicciones entre lo dicho  por  dos o más testigos, lo cual no conduce necesariamente a su desestimación,  sino  que  impone al Juzgador «la carga de examinar el  contenido  de las diferentes declaraciones y, con apoyo en las reglas de la sana  crítica,  establecer  los  segmentos  que  le  merecen  credibilidad  y cuáles  no»33.   

          No  obstante  lo anterior, la Sala evidencia que no le asiste razón  al  Delegado  de  la  acusación al sostener que las incoherencias advertidas en  las  declaraciones  de cargo acopiadas son puramente accidentales y no tienen la  connotación  suficiente  para restarles credibilidad. Lo que se avizora, por el  contrario,  es  que  los testigos invocados como sustento del pedido de condena,  como  lo  aduce  el defensor en la intervención como no recurrente, incurrieron  en  incongruencias  que  impiden  tener  por  demostrados en el grado de certeza  exigido    para   proferir   condena   la   materialidad   de   la   infracción  investigada.   

          6.5.2  Entre las distintas declaraciones de  los  deponentes  existen  varias versiones respecto de la cantidad de encuentros  que  sostuvieron  los  familiares  y  allegados de Wilson Jiménez Rueda y Nancy  Esther Lanuza Lara.   

          Martha  Edith  Sánchez  inicialmente  sostuvo que se reunió con la  abogada  dos  veces  (lo  mismo  dijo  Javier Núñez Palma) para, en su última  declaración,  afirmar  que  ello  sucedió  tres  veces. Su hija Leidy Carolina  indicó  que  sólo  conversaron  con  Lanuza  Lara  una  vez, porque la primera  ocasión   en   que   fueron   a   su   vivienda   para  abordarla  –  el  25  de  mayo de 2006 –  no los atendió porque su hijo estaba  enfermo,  mientras  que  Rodrigo Gómez Maldonado dio cuenta de cuatro reuniones  con la profesional del derecho.   

          La  cantidad  de  veces  en  que  Lanuza  Lara  se  reunió  con los  familiares  y  amigos  de Wilson Gilberto Jiménez Rueda no es una circunstancia  simplemente  accidental  al  relato, como lo entiende el Fiscal recurrente, sino  que  tiene  que  ver  directamente con la comisión del delito y la modalidad en  que se llevó a cabo. En efecto:   

          De   acuerdo  con  la  tesis  de  la  Fiscalía,  la  planeación  y  ejecución  de  la  conducta  punible  habría  sucedido  mediante una secuencia  concatenada  de  eventos;  inicialmente, Lanuza Lara habría sido abordada en su  casa  por  Martha  Edith  Sánchez y otras personas para pedirle que hablara con  RAMOS  GÁMEZ. Con ese conocimiento, la abogada habría conversado con la Fiscal  y  ésta  le habría dado instrucciones para pedir, en nombre suyo, $200.000.000  a  cambio de precluir la investigación de Jiménez Rueda y ordenar su libertad.  Finalmente,  esa  exigencia  habría  sido  transmitida  por  la  emisaria a las  víctimas  del  delito  en  otro  encuentro,  sostenido  también en su lugar de  residencia.   

         

          Nótese,  pues,  el  número  de  encuentros  celebrados entre Nancy  Esther  Lanuza  Lara  y  los  allegados  de  Wilson  Gilberto Jiménez no es una  circunstancia  irrelevante  de  cara  a  la  adecuada comprensión de los hechos  investigados,  sino que guarda estrecha relación con la manera secuencial en la  que  supuestamente  se habría hecho la exacción dineraria con intervención de  RAMOS GÁMEZ.   

          Véase,  en  efecto,  que la cantidad y cronología de las reuniones  sostenidas  con  Lanuza  Lara  resulta  esencial  para valorar el mérito de los  señalamientos  efectuados  contra  la  acusada,  porque  de  atenderse a lo que  declararon  algunos de los testigos no quedaría sino concluir que NORMA BEATRIZ  no tuvo ninguna intervención en los hechos investigados:   

          De  acuerdo  con Leidy Carolina Jiménez Sánchez, sólo se llevó a  cabo  una  reunión con la abogada, en la que le plantearon su preocupación por  la  situación  de  Jiménez  Rueda  y aquélla les comunicó la exigencia de la  Fiscal  en  el  sentido  de  que  debía  pagársele $200.000.000 a cambio de la  libertad  de Wilson Gilberto; pero si sólo existió esa única reunión, Lanuza  Lara  no  habría  tenido  la  ocasión  de  encontrarse o comunicarse con RAMOS  GÁMEZ  para  concertar  la  comisión  del  ilícito,  sino  que  la  exigencia  necesariamente  habría tenido que provenir de ella misma, sin participación de  la funcionaria.   

          Dicho  de  otra  manera,  si  los  familiares  del imputado sólo se  vieron  una  vez  con  Lanuza Lara, ésta nunca se habría reunido con la Fiscal  para  poner en su conocimiento que había sido abordada por aquéllos, de suerte  que  la  solicitud económica ilícita no podría haber provenido de ella. En la  hipótesis  en  que sólo haya sucedido una reunión, las exigencias comunicadas  por  Lanuza  Lara – de haber  existido   –  no  podrían  provenir  de  la  Fiscal,  por  la  sencilla razón de que ésta no podía tener  conocimiento  en  ese  momento que su amiga estaba en contacto con los allegados  de Jiménez Rueda.   

          En  similar  sentido,  se advierte que Martha Edith Sánchez, en sus  primeras  salidas  procesales,  describió que en un primer encuentro con Lanuza  Lara,  ésta  se  comprometió  a conversar con RAMOS GÁMEZ sobre el proceso de  alias  “Mil  Carnes” y, en una segunda reunión les transmitió la exigencia  efectuada  por  la funcionaria, en concreto, i) el pago de $200.000.000 y ii) la  contratación  de un abogado foráneo a Santa Marta. Pero al atestar en la vista  pública,  modificó  su versión de lo sucedido, aumentó a tres la cantidad de  visitas    a    la    casa    de    Nancy   Esther   y   aseveró   – en consonancia con lo dicho por Javier  Núñez  Palma  – que fue en  la  primera  de  las  entrevistas que sostuvieron que la profesional del derecho  les  dijo  que para obtener la ayuda de la Fiscal debían cambiar de abogado por  uno de Cartagena.   

          Si  esa segunda exigencia se produjo en el primero de los encuentros  que  se  llevaron a cabo con Lanuza Lara, es claro que la misma no pudo provenir  de  RAMOS  GÁMEZ  porque  su  supuesta  intervención en el ilícito se habría  producido  únicamente  después  de que su amiga Nancy le hizo saber que había  sido abordada por los familiares de Jiménez Rueda.   

          Puesto  en  otros  términos: si la solicitud de cambiar de defensor  se  produjo  la  primera  vez  que  los familiares de Wilson hablaron con Lanuza  Lara,  cuando ésta todavía no se había comunicado con NORMA BEATRIZ, ésta no  pudo haber sido la autora de dicha solicitud.   

          De  lo  dicho  por los testigos de cargo surgen como posibles varias  hipótesis:  i)  que  sólo existió una reunión con la abogada Lanuza, caso en  el  cual  RAMOS  GÁMEZ  no pudo haber intervenido en la comisión del ilícito;  ii)  que  habiendo  existido  más  de  una reunión, la exigencia de cambiar de  abogado  se produjo en la primera de ellas, en cuyo caso la Fiscal no pudo tener  participación  en  ese  hecho  concreto;  iii)  que  se  realizaron  dos o más  reuniones,  y  que  las  dos exigencias –  tanto  el  pago de dinero como el cambio de apoderado – les fueron comunicadas a los allegados  de  Jiménez  Rueda  con  posterioridad  a la primera reunión, cuando ya Lanuza  Lara se había concertado con NORMA BEATRIZ.   

          Sólo  la  última  de las hipótesis se ajusta a las alegaciones de  la  Fiscalía,  en  cuyo  criterio  habría  sido  la  abogada Lanuza Lara quien  canalizó  las  dos  exigencias  a  través  de  RAMOS  GÁMEZ, mientras que las  restantes  posibilidades  desmienten  o  enervan  los  cargos elevados contra la  funcionaria.  Es  decir,  los testimonios de cargo no son unívocos en probar la  ocurrencia  del delito, sino que apuntan a acreditar varias situaciones de hecho  distintas,  excluyentes  entre  sí,  algunas  de  las  cuales  contravienen  la  acusación.  En  ese  entendido,  las  pruebas  aludidas no demuestran de manera  cierta,     clara,    inequívoca    –  como  lo  exige  el  artículo  232  de  la  Ley  600 de 2000 – la  ocurrencia del delito.   

         

          Nótese,  entonces,  que  la  cantidad y secuencia en que sucedieron  las  reuniones con la abogada Lanuza no es una circunstancia irrelevante para la  correcta  solución  del  presente  asunto,  sino  que incide directamente en la  reconstrucción  histórica  de  la manera del ilícito y, concretamente, con la  posible participación de RAMOS GÁMEZ en su comisión.   

          La  exigencia  atinente  al  cambio  de  abogado  no  es  un aspecto  tangencial  del  delito investigado. Aunque la Fiscalía no haya considerado esa  conducta  como  potencialmente  constitutiva de concusión, sí tiene que ver de  manera  intrínseca  con  el punible investigado y la modalidad de su comisión.  Por  lo  mismo,  las  discrepancias  que  existen entre los testigos de cargo no  pueden   ser  desestimadas  como  algo  irrelevante  de  cara  a  establecer  su  credibilidad.   

          Ahora,  de  la revisión de los testimonios y declaraciones de cargo  se   desprende   que   existen   distintas  versiones  sobre  las  personas  que  concurrieron  a  la  vivienda  de  Lanuza  Lara  y  estuvieron  presentes cuando  exteriorizó la supuesta exacción ilícita:   

          Martha   Edith   Sánchez   afirmó  primero  que  en  el  lugar  se  encontraban  Rodrigo  Gómez  Maldonado,  su hija Leidy Carolina, Javier Núñez  Palmas  y  ella  misma,  sosteniendo  explícitamente  que  todos  ellos  fueron  testigos,  por  sus propios sentidos, de la solicitud ilegal. No obstante, en la  vista  pública  cambió su versión para aseverar, en su lugar, que si bien fue  acompañada  por  todos  los  nombrados  hasta la vivienda de la abogada, Javier  Núñez  Palma  y  Carlos  Becerra  no  fueron testigos de lo sucedido porque se  quedaron afuera de la construcción, junto a la ventana.   

          Esa  variación  en lo relatado podría percibirse como irrelevante,  si  no  fuera  porque  se  dio  luego  de que Javier Núñez Palma declarara que  durante  la reunión con Lanuza Lara no se realizó ninguna exigencia económica  o  de  otro tipo, sino que se discutió la posibilidad de contratar a un abogado  defensor  para  que  representara  de  mejor  manera  los  intereses de Jiménez  Rueda.   

          En  ese  sentido,  llama  la  atención  que  Martha  Edith Sánchez  inicialmente  manifestara  de  manera  vehemente e inequívoca que Núñez Palma  fue  testigo directo de la comisión del delito, para después, cuando éste dio  una  versión  distinta de lo sucedido, modificar su relato para sostener que no  escuchó  la exigencia de la que fue víctima porque no ingresó a la residencia  de Lanuza Lara.   

          Y  es que, además de contradecirse a sí misma en relación con las  personas  que  estaban  presentes  cuando  Nancy  Esther  comunicó  la supuesta  exigencia,  lo dicho por Martha Edith Sánchez contraviene también lo aseverado  por  Rodrigo  Gómez  Maldonado, quien dijo que Núñez Palma, persona que negó  la  ocurrencia  de la exigencia concusionaria, sí estaba presente en la segunda  reunión.   

          En  ese  orden,  si Javier Núñez Palma concurrió a la vivienda de  Lanuza  Lara  y  presenció lo que allí se dijo, puede entenderse que el cambio  de  versión  de  Martha  Edith Sánchez no responde a un simple olvido ni a una  circunstancia  fáctica  irrelevante,  sino  que  se  dio  con  el propósito de  menoscabar  la  credibilidad  del testigo que, en contra de sus intereses, negó  la  realidad del delito investigado. Téngase en cuenta, en este particular, que  Núñez  Palma  dijo ser amigo de muchos años de Martha Edith Sánchez y Wilson  Jiménez  Rueda, al tiempo que negó conocer a RAMOS GÁMEZ, de suerte que no se  advierte  en  su  dicho  el  propósito  de  faltar  a la verdad en perjuicio de  aquéllos y en favor de ésta.   

          En  igual  sentido, José Manuel Moscarella afirmó que acudió a la  reunión      celebrada     con     Nancy     Esther     Lanuza     –  dijo  que  fue sólo una –  y  que lo único que se discutió fue  la  necesidad  de  un  abogado  para que defendiera en  derecho  a  ese  señor  y se  recomendó  un  abogado  de  Cartagena».  Expresamente  negó que se hubiera efectuado exigencia económica alguna.   

          En  este  punto,  entonces, se pueden derivar de las deposiciones de  los  testigos  dos  hipótesis,  a  saber, i) que en la segunda de las reuniones  sostenidas  con  Lanuza  Lara efectivamente se comunicó a través de la abogada  una  exigencia  ilícita  originada  en  la  Fiscal,  según  lo  dijeron Martha  Sánchez,  su  hija  Leidy y Rodrigo Gómez; y ii) que lo único debatido en esa  ocasión,  conforme  lo  dicho  por  Núñez  Palma y Moscarella Bolaño, fue la  posible  contratación  de  un  abogado para que defendiera a Jiménez Rueda, de  suerte  que  cualquier alusión a una cantidad de dinero tendría que ver con el  pago de sus honorarios y un potencial acuerdo con la parte civil.   

          Nuevamente,  sólo la primera posibilidad se acomoda a los supuestos  fácticos  que sustentan la acusación, mientras que la restante la controvierte  de  frente.  También  acá,  entonces,  se  advierte  que la prueba de cargo es  ambivalente,  equívoca  y  ambigua,  no  concurre  a  demostrar  con certeza la  materialidad  de  la conducta punible, máxime que, como se verá más adelante,  la  versión  de  quienes  afirman que Lanuza Lara se comunicó telefónicamente  con  la  Fiscal para hacerle saber que estaba con “los amigos de Mil Carnes”  aparece  controvertida  por  otros  medios  de  conocimiento  ofrecidos  por  la  defensa.   

          Ahora,  un  hecho  esencial sobre el cual existe amplia discrepancia  entre  los  testigos es la supuesta conversación telefónica entre Nancy Lanuza  y  RAMOS GÁMEZ, que algunos de ellos dijeron escuchar cuando estaban en la casa  de  la  primera,  el  día  en  que  supuestamente  se  habría exteriorizado la  solicitud concusionaria.   

          Martha  Edith  Sánchez  guardó silencio sobre el particular en sus  primeras  cuatro declaraciones y sólo al atestar en la audiencia de juzgamiento  aseveró  que  el  26 de mayo de 2006 Lanuza Lara atendió en presencia suya una  llamada  de  NORMA BEATRIZ RAMOS, en desarrollo de la cual escuchó a la primera  preguntarle a la segunda por el embarazo de una familiar.   

          Leidy  Carolina  Jiménez  Sánchez no dijo nada sobre el tema en su  primera  declaración  y  en  la vista pública afirmó, en similar sentido a su  progenitora,  que  en  presencia suya Nancy Esther tomó una llamada de la ahora  acusada,  a  quien  le  preguntó  por  el  embarazo de su yerna y le manifestó  «bueno, mija, así quedamos con esto».   

          Ni  Javier  Núñez  Palma ni José Manuel Moscarella Bolaño dieron  cuenta  de  la  realidad  de  la  referida llamada aun cuando uno y otro dijeron  haber  estado  presentes  en la reunión, al tiempo que Rodrigo Gómez Maldonado  lo  hizo, pero la describió de manera radicalmente diferente, pues según dijo,  escuchó  a  Nancy  Lanuza  decir  «aquí tengo a los  amigos del señor de Mil Carnes».   

          A  no dudarlo, se trata de una circunstancia de absoluta importancia  para  el delito examinado, que tiene que ver de manera directa e inequívoca con  el  núcleo  de  los  hechos  investigados,  pues  a partir de esa comunicación  telefónica  y  las expresiones percibidas por los testigos podría colegirse la  participación   de  NORMA  BEATRIZ  RAMOS  en  los  hechos  investigados  y  su  compromiso con los mismos.   

          No  se entiende entonces, tratándose de un hecho de tal relevancia,  que  los  diferentes deponentes hayan ofrecido versiones tan diferentes sobre el  mismo,  menos  aún, que Martha Edith Sánchez y su hija Leidy Carolina se hayan  abstenido  de  referirlo  en sus primeras declaraciones, obtenidas pasados pocos  meses  desde  la  ocurrencia  del  hecho,  pero  sí  lo  hayan  recordado en la  audiencia de juzgamiento, celebrada seis años después.   

          Si  esa  llamada  telefónica sucedió, si Nancy Lanuza la contestó  en   presencia   de   los  familiares  y  allegados  de  Jiménez  Rueda,  y  si  efectivamente  lanzó la expresión «aquí tengo a los  amigos   del   señor   de   Mil  Carnes»  –  con  la  trascendencia  que  ello  implica  para la definición de la situación de RAMOS  GÁMEZ  – no se explican las  incoherencias  referidas,  ni  tampoco  que  la propia denunciante haya guardado  silencio  sobre  ello  hasta  la  audiencia de juzgamiento, porque refiere a una  circunstancia  nuclear  al  objeto  del  proceso,  concretamente, al acuerdo que  habría  existido entre la Fiscal y la abogada para que ésta última canalizara  las exigencias concusionarias.   

          En  este punto, pues, los testimonios recaudados apuntan a supuestos  fácticos  diversos,  todos  ellos  excluyentes  entre  sí:  i) que la supuesta  llamada  de  RAMOS GÁMEZ recibida por Lanuza Lara en presencia de los conocidos  de  Jiménez  Rueda  nunca  sucedió;  ii)  Nancy Esther sí recibió la llamada  cuando  estaba  reunida  con  los  allegados  de  Wilson  Gilberto Jiménez y la  contestó,  pero  el  objeto  de la conversación fue estrictamente personal, y;  iii)  la  llamada  tuvo lugar y, en ella, Nancy Lanuza dio cuenta a la Fiscal de  que  en ese momento estaba en presencia de «los amigos  de Mil Carnes».   

          De  acuerdo  con  lo  expuesto en precedencia, se puede concluir que  las  inconsistencias  advertidas  en  los  testimonios de Martha Edith Sánchez,  Leidy  Carolina  Jiménez,  Javier  Núñez  Palma,  José  Manuel  Moscarella y  Rodrigo  Gómez  Maldonado,  como  acertadamente  lo  entendió  el Tribunal, no  están  referidas  exclusivamente  a  aspectos eminentemente accidentales de los  hechos  investigados,  irrelevantes para la fidedigna reconstrucción histórica  de lo sucedido.   

          Por   el   contrario,  las  ambigüedades  e  imprecisiones  en  que  incurrieron  los nombrados testigos atañen a circunstancias relevantes, como el  contenido  de la supuesta exigencia concusionaria y la posible participación de  RAMOS GÁMEZ en su realización.   

          En  ese entendido, asistió razón al Tribunal al concluir que tales  contradicciones  suscitan  duda  sobre  la  verdadera  ocurrencia  de los hechos  investigados.   

          6.5.3  Con todo, la Sala no pierde de vista  que  en  los relatos de los testigos de cargo también se percibe concordancia y  coherencia  respecto  de ciertas circunstancias, algunas de ellas vinculadas con  el núcleo esencial del relato.   

          A  modo  de  ejemplo,  se  tiene  que  Martha  Edith Sánchez, Leidy  Carolina  Jiménez  Sánchez  y Rodrigo Gómez Maldonado mantuvieron consistente  su  versión  de  los  hechos en relación con el monto de la supuesta exacción  económica  comunicada por Nancy Lanuza ($200.000.000), e incluso, señalaron de  manera  detallada  que  el  propósito  del  dinero sería, además del provecho  económico  de  la  Fiscal,  «cuadrar»  a  otros  funcionarios  que podrían interferir en la ejecución del  ilícito.   

          También  Javier  Núñez  Palma  aludió a la suma de $200.000.000,  aunque  no  vinculó la suma con la exigencia investigada, sino con el costo que  tendría  la  contratación  de un abogado y un potencial acuerdo indemnizatorio  de la parte civil.   

          En  igual  sentido,  se  observa  que  los  testigos de cargo fueron  consistentes  al  describir  la  manera en que se suscitó el contacto entre los  familiares  y allegados de Wilson Jiménez Rueda y la abogada Nancy Lanuza Lara,  esto  es,  por  referencia  que  de  ella  le hiciera José Moscarella a Rodrigo  Gómez Maldonado.   

          Todos  los  declarantes,  al describir la manera en que según ellos  sucedieron  los hechos investigados, coincidieron en sostener que los encuentros  con  Lanuza  Lara  se llevaron a cabo en su lugar de vivienda, e incluso, Martha  Edith  Sánchez  recordó  con  atención  a  la  minucia  la  dirección de ese  lugar34.  La  ubicación  cronológica  de  lo  acaecido  también  es  una  circunstancia que aparece consistente en la prueba de cargo.   

         En  ese  orden  de cosas, al examinar el  contenido  de  las  declaraciones  de los testigos de cargo, como ya se dijo, se  encuentran  contradicciones  que  afectan  su mérito suasorio, pero también se  hallan  coincidencias  y  detalles  que  al  ser  ponderados  no  hacen  posible  descartar  la  materialidad  del  delito,  pero  tampoco  afirmarla  en grado de  certeza como para tenerla por demostrada.   

       

            Puesto  en  otros  términos,  la  apreciación  aislada  de  los  testimonios examinados en  precedencia  resulta  insuficiente para llegar a una conclusión cierta sobre la  ocurrencia  del delito y la responsabilidad de RAMOS GÁMEZ, por lo que, como lo  plantean  los recurrentes, se impone valorar su credibilidad de cara al restante  acervo   probatorio,   específicamente,   i)  las  declaraciones  exculpatorias  ofrecidas  por  la  acusada,  Nancy  Lanuza  Lara,  Antonio Laitano Leal y Orvie  Rafael  Oyola  Ordosgoitia, y; ii) la abundante prueba indiciaria que obra en la  actuación.   

              6.6       Los      testimonios  exculpatorios.   

          En  el  desarrollo  de  la  investigación fueron recibidas plurales  declaraciones  que  apuntan  a  descartar  la  materialidad del delito objeto de  juzgamiento  y  la  posible  responsabilidad  de  RAMOS  GÁMEZ en su comisión,  según se reseña a continuación.   

          6.6.1 Norma Beatriz Ramos Gámez.   

          La  incriminada,  en  ejercicio  del derecho material de defensa, se  pronunció  sobre  los cargos elevados en su contra en diligencia de indagatoria  rendida  el 23 de febrero de 2007, en versión libre de 14 de septiembre de 2007  y   en   la   sesión  del  juzgamiento  que  tuvo  lugar  el  8  de  agosto  de  2012.   

          6.6.1.1  En  injurada  de  febrero  23  de  200735,  RAMOS  GÁMEZ dijo que conoció a Martha Edith Sánchez porque en  los  primeros días de mayo acudió a su lugar de residencia en compañía de la  madre  de  Wilson  Jiménez,  la  progenitora  de  Cepeda  Amaya y su hija Leidy  Carolina.   

          Relató  que  le  correspondió  adelantar  la investigación contra  Wilson   Jiménez   por   el   homicidio   de  Luis  Arévalo  Vivic.  Como  las  «primeras  pesquisas»  lo  señalaban  como  autor  de  ese  ilícito, libró orden de captura con fines de  indagatoria,  que  se  materializó  el  10  de  marzo.  Ese  mismo  día, dijo,  concurrió  a  su despacho Luis Cepeda Amaya, quien se atribuyó la autoría del  punible, por lo que lo vinculó a la investigación como cómplice.   

          No   obstante,  al  decidir  la  apelación  interpuesta  contra  la  decisión  que  definió la situación jurídica de los sindicados, la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  consideró que de acuerdo con la prueba recaudada,  Cepeda  Amaya  se  había  incriminado  falazmente porque el verdadero autor del  hecho había sido Jiménez Rueda.   

          Explicó  que  entre  el 5 y el 6 de junio se declaró impedida para  continuar  conociendo  del  proceso, que correspondió entonces a la Fiscal Alis  Carrillo,  quien  calificó  con resolución de acusación. Finalmente, Jiménez  Rueda  fue  absuelto  en primera instancia, mediante decisión que fue recurrida  por la Fiscal del caso.   

          En  relación  con  los señalamientos efectuados en su contra, dijo  que    «son    totalmente   falsos»   y  responden  a una retaliación por las decisiones que adoptó como  encargada de la investigación adelantada contra Wilson Jiménez.   

          Calificó  la  acusación que se le hizo de absurda, porque de haber  tenido  el propósito de pedirle dinero a Martha Edith Sánchez lo hubiera hecho  en  la  intimidad  de  su  hogar, cuando ésta se le presentó abusivamente para  hablar  con  ella  en  los  primeros  días de mayo, no a través de una tercera  persona.   

         

          Afirmó   que  nunca  autorizó  a  la  abogada  Nancy  Lanuza  para  canalizar  una  exigencia  económica a nombre suyo, y dijo dudar de que ella lo  hubiese    hecho    por   iniciativa   propia.   Admitió   que   «con  la doctora Nancy (se ha) comunicado en varias oportunidades por  teléfono»,  no  sólo  porque  a  través suyo suele  enviarle  razones a una amiga en común –   Sucie   Avendaño   -,   sino   también   porque  «a   mediados   del  año  pasado  (2006)  la  doctora  Nancy  estaba  interesada  en  ingresar  como  agente de viajes a una empresa llamada TravelOne  que dirige una amiga (suya)».   

          De  otra  parte,  RAMOS  GÁMEZ  negó  haberle  sugerido  a  Martha  Sánchez  que  Wilson  Jiménez  debía cambiar de defensor, e incluso, señaló  que  cuando  aquélla  la  visitó  en  su casa de manera abusiva «la  recriminó  por  eso,  (su)  primera  frase fue bastante airada,  advirtiéndole que le prohibía hacerle oferta de dinero».   

          Concluyó    que    le   hubiese   sido   imposible   «voltear   la   arepa»,  como  según  los  testigos   de   cargo  habría  dicho,  porque  los  términos  para  cerrar  la  investigación  contra  Jiménez  Rueda  vencían  el  5  de  junio y, entonces,  «sólo  hubiera contado con cuatro días, que eran 30  y 31 de mayo y 1 y 2 de junio».   

          6.6.1.2  En  versión libre ofrecida el 14  de         septiembre         de         200736, NORMA BEATRIZ reiteró que,  en  condición  de Fiscal Seccional, le correspondió tramitar la investigación  seguida  contra Wilson Jiménez por el homicidio de Luis Aurelio Arévalo Vivic.  Insistió  en  que  le  impuso medida de aseguramiento que fue confirmada por la  segunda  instancia,  que  también concluyó a partir de la prueba recaudada que  Luis Cepeda Amaya había confesado falazmente.   

          Relató  que  se declaró impedida para seguir tramitando ese asunto  porque  Alfonso  López  Carrascal, cuñado suyo, asumió poder como defensor de  Jiménez  Rueda,  de suerte que fue otra funcionaria quien profirió resolución  de acusación en su contra.   

          Indicó  que  conoció  a Martha Edith Sánchez a principios de mayo  de  2006,  cuando  acudió  abusivamente  a  su  vivienda.  Dijo que la increpó  fuertemente  por  esa  conducta, advirtiéndole que le prohibía hacerle ofertas  de dinero.   

          Adujo   que   nunca  pidió  dinero  por  interpuesta  persona  para  favorecer  a  Wilson Jiménez, al punto que cuando Martha Edith fue a su casa la  rechazó  instantáneamente  diciéndole  que «no (le)  hiciera más propuestas como sutilmente las venía haciendo».   

          Explicó,  por  último,  que  conoce  a  Nancy  Lanuza, pero no son  amigas,  y  que  nunca  la  autorizó  para  hacer una solicitud económica a su  nombre.   

          6.6.1.3    En   audiencia   pública   de  juzgamiento  celebrada el 8 de agosto de 2012, RAMOS GÁMEZ renunció al derecho  a   guardar   silencio   y  se  pronunció  sobre  los  cargos  elevados  en  su  contra.   

          Alegó  que  en  la presente investigación se ha desconocido que la  familia  de  Wilson Jiménez Rueda «intentó por todos  los  medios  cometer  el  delito  de  cohecho  por dar u ofrecer», al  punto  que  el  entonces Director Seccional de Fiscalías, Orvie  Oyola  Ordosgoitia,  tuvo  conocimiento  de que estaban ofreciendo dinero por su  libertad y ejerció estricto control sobre la actuación.   

         

          Relató  que  entre  el  5  y  el  6  de  mayo de 2006, Martha Edith  Sánchez  y  otros  conocidos  suyos  ingresaron  abusivamente a su residencia y  cuando  bajó  para  salir  a  trabajar la encontró adentro, porque su empleada  doméstica  la  permitió  el  ingreso.  En  esa ocasión le dijo «si  viniste  a  ofrecerme  dinero,  puedes  hacer  un  rollito…»,  y  explicó  que  si bien no le hicieron una oferta en  ese  momento,  lo  dijo  porque «en los pasillos de la  Fiscalía había rumores».   

         

          Afirmó  que  no  conoce  al  abogado  Antonio Laitano Leal, y negó  haber  sostenido  una conversación telefónica con Nancy Lanuza en la que ésta  haya  dicho “aquí tengo a los amigos de Mil Carnes”. Indicó que sí tenía  contacto  telefónico  con Lanuza Lara, aunque «no era  su  amiga  íntima»,  especialmente  porque  para esa  época  hacía  parte  de una agencia de viajes que le reconocía descuentos por  cada  persona  que afiliara a la que intentó vincular a la abogada, así como a  muchos otros conocidos.   

          6.6.2 Nancy Esther Lanuza Lara.   

          La  abogada  Nancy Esther Lanuza Lara rindió cinco declaraciones en  el transcurso de la investigación.   

          6.6.2.1    El   27   de   septiembre   de  200637  manifestó  conocer  a RAMOS GÁMEZ en condición de Fiscal y dijo  que  su  relación  es «profesional, de mucho respeto,  cordialidad,   como   tratar   a   otro   funcionario  judicial».  Dijo  conocer  a  José Manuel Moscarella Bolaño hace años, porque  «es     todero…una     persona     que     (le)  colabora».   

          Evocó  que  un  día  acudieron  a  su vivienda Moscarella Bolaño,  Martha  Edith  Sánchez,  «un  muchacho  que le dicen  Pocholo»,  Leidy  Carolina Jiménez Sánchez y Javier  Núñez  Palma  y,  cuando los atendió, «manifestaron  que  necesitaban  de  (sus)  servicios  como  abogada…porque  Pepe (la) había  recomendado   como   una   persona  seria  en  (su)  profesión»,  para  defender a Wilson Jiménez en el proceso que se le seguía por  el delito de homicidio.   

          Señaló  que rechazó la propuesta porque su área de experticia no  es  el  derecho penal, pero recomendó a un conocido suyo, Antonio Laitano Leal,  residente  en  Cartagena, que fue Fiscal por varios años y es un «excelente profesional».   

          Afirmó  que  nunca  se  le  mencionó  por  parte  de  Martha Edith  Sánchez  ni sus acompañantes su relación con RAMOS GÁMEZ ni se le pidió que  interviniera ante ella para favorecer al imputado.   

          Dijo  que aproximadamente una semana después de lo sucedido, Martha  Edith   regresó   a   su  residencia  junto  con  las  mismas  personas  atrás  mencionadas,  le  comentó que iban a cambiar al abogado defensor y le preguntó  cuánto  cobraría  Laitano  Leal  por  representar  a  Wilson. En consecuencia,  llamó  en ese momento al profesional del derecho para transmitirle la consulta,  a  lo  cual  respondió  que  «necesitaba  copias del  expediente  para  estudiar  el  proceso,  no podía dar un valor». Por  lo  anterior, Martha Edith Sánchez, al día siguiente, le hizo  llegar  copia  del  expediente  y  ella,  a  su  vez,  le  pidió a José Manuel  Moscarella que lo remitiera a Laitano Leal para que lo estudiara.   

          Lanuza  Lara  admitió  que  se  comunica telefónicamente con NORMA  BEATRIZ  RAMOS  «cuando  por  cualquier circunstancia  (ha)   tenido  dudas  sobre  un  proceso…de  igual  manera  (como)  con  otros  profesionales»,  pues  «el  grado de amistad con la doctora Norma es puramente profesional».   

          6.6.2.2  En  deposición    de   7   de   noviembre   de   200638,  la  abogada  adveró  que  conoce   a  RAMOS  GÁMEZ  «desde  que  fue  Juez  de  Instrucción  en  el  Municipio  de Ciénaga» y que su  relación  con  ella es «profesional, la (conoce) y la  (trata)   como   de  igual  manera  (tiene)  relaciones  con  cualquier  Juez  o  Fiscal».   

          Aseguró  que  «en  ningún  momento (ha)  pedido  ni…recibido  dinero  alguno  para hacérselo llegar a la doctora Norma  por    concepto    de    este    proceso…ni   ningún   otro».   Relató    que    «hace   un   tiempo»  se   presentó  en  su  vivienda  una  mujer  que  se  identificó  como esposa de Wilson Jiménez Rueda y, según le explicó, lo hizo  para  pedir  sus  servicios  profesionales como defensora, por recomendación de  «Pepe  Moscarella, amigo de (su) casa». Compareció   acompañada   por   Javier  Núñez  y  “Pocholo”.   

          Según  dijo  Lanuza  Lara,  la mujer le contó que había intentado  abordar  a  RAMOS GÁMEZ en su residencia, pero ésta la rechazó «de  forma  grosera  y  vulgar…que  dejara  de  mandarle  emisarios  proponiéndole    dinero    y    que    con    su   dinero   podía   hacer   un  rollito».   

          Ante  la  solicitud  de  prestación  de  servicios,  continuó,  le  indicó  a  Martha  Edith  que  no  podía hacerlo y le recomendaría un abogado  capacitado,  en  concreto,  a Antonio Laitano Leal, radicado en Cartagena, quien  ejerció  como Fiscal por varios años. Martha Edith ripostó que «lo iba a pensar».   

          La  deponente  dijo que Martha Sánchez volvió unos días después,  acompañada  de  las  mismas  personas  y  de  su  hija, manifestando que había  acordado  con  su  esposo  Wilson  cambiar  de  defensor  y le preguntó cuánto  cobraría  Laitano Leal por los servicios. En razón de ello, Lanuza Lara llamó  al  profesional  del  derecho para transmitirle la inquietud, quien le contestó  que  no  podría  fijar el costo sin conocer el expediente. Más tarde ese mismo  día,   agregó,  «no  se  encontraba  en  (su)  casa  (porque)   había   llevado   a  (su)  hijo  menor  al  pediatra»  y,  cuando  retornó  a  su casa, encontró copia del expediente que  hizo   llegar   a  Laitano  Leal  «por  un  puerta  a  puerta».   

          6.6.2.3    El    9    de    octubre   de  200739  Lanuza  Lara  rindió declaración en la que reiteró que su trato  con  RAMOS  GÁMEZ  «siempre  ha  sido profesional».   

          Narró   nuevamente   que   «una   vez»  se  presentó  en  su  casa Martha Edith Sánchez para  pedirle  que ejerciera como defensora de su esposo Wilson Gilberto en un proceso  que  se le seguía por el delito de homicidio, porque José Manuel Moscarella la  había  recomendado.  Dijo que ella no era especialista en esa área del derecho  y  que  trabajaba casos de homicidio en accidentes de tránsito, pero recomendó  al  abogado  Antonio  Laitano  Leal,  radicado  en  Cartagena,  a  quien  llamó  «delante     de    la    señora»    porque  ésta  quería  saber  cuánto  cobraría por sus servicios.   

          En  la  comunicación  telefónica  el  abogado le manifestó que no  podía  tasar sus honorarios sin conocer el expediente, por lo cual Martha Edith  se  comprometió  a  entregarle  copia  del expediente y ella la haría llegar a  Cartagena  para  estudio  de  Laitano  Leal,  lo  que efectivamente hizo al día  siguiente  desde  Barranquilla,  aprovechando  que  tenía que desplazarse a ese  municipio para llevar a su hijo a una cita médica.   

          Repitió  que  cuando  Martha  Edith  fue  a  su vivienda lo hizo en  compañía  de  «dos muchachos y una muchacha…amigos  de  ella,  uno…de  nombre  Javier  Núñez y el otro en el pueblo se le conoce  como  Pocholo»,  todos los cuales estuvieron presentes  en la conversación.   

          Agregó  que la misma Martha Edith le comentó que había visitado a  RAMOS  GÁMEZ en su casa y que la funcionaria la había recibido manifestándole  que  «si  venía  a  ofrecerle  plata  o  algo  se lo  podía…»   y   que  «le  (notó)  mucha  rabia  contra  la  doctora  Norma,  un  resentimiento  porque no  encontró la forma de llegarle».   

          6.6.2.4  Lanuza  Lara  rindió  una cuarta  declaración    el    11    de    mayo   de   201040.  Sostuvo  que  conoció  a  Martha  Edith Sánchez porque un amigo suyo, José Moscarella Bolaño, la llevó  a  su  casa  porque  estaba buscando un abogado para que defendiera a su esposo,  Wilson  Jiménez. Ese día iba acompañada no sólo por Moscarella Bolaño, sino  también  por  “Pocholo”  y  Javier Núñez Palma, a quien dijo conocer hace  años porque vive cerca de ella.   

          Alegó  que no tomó el caso porque ella sólo trabaja casos penales  relacionados  con  homicidios  en accidentes de tránsito y cobro de seguros por  muertes violentas.   

          Dijo   que   sostiene   contacto  telefónico  con  RAMOS  GÁMEZ  y  explicó:   

«…sí es cierto…como lo he manifestado  en      varias      oportunidades,     relaciones  jurídicas,  criterios que se pueden totalmente utilizar  el  término  de  profesor…prestaba  los  servicios  como  Fiscal  o  Juez  de  Instrucción  de  Ciénaga  hace  muchos  años…pueblo  pequeño…por ende se  conoce,  se  trata  a  la  autoridad  judicial,  hay  empatía en el sentido que  mujeres,  como  en  el  caso  de la Dra. Norma, se hizo una cirugía plástica y  compartíamos,  eso,  donde  se  la  hizo  el profesional que se la hizo, el Dr.  Boris  Enrique, la doctora me acompañó a la ciudad de Barranquilla para que el  cirujano  me  valorara, esto llevó a varias llamadas, de igual manera teníamos  una  amiga  en común…la Dra. Susi…ella me llamaba para ver si la localizaba  y  se comunicaba con ella…ella estaba haciendo un curso para llevar vendedoras  de TravelOne, me invitó en varias oportunidades…».   

          Dijo  que  Martha  Edith  y  sus  demás  acompañantes  fueron a su  vivienda  una  segunda  vez  y  le  preguntaron  por  los honorarios del abogado  Laitano  Leal,  lo  llamó  por  vía telefónica y éste replicó que no podía  tasarlos  sin  tener  acceso  al expediente, por lo cual aquélla le hizo llegar  una  copia  a  José  Manuel  Moscarella,  quien  las  remitió  a Cartagena por  correspondencia.   

         

          6.6.2.5   Finalmente,  en  diligencia  de  juzgamiento  celebrada  el  19  de septiembre de 2012, Nancy Lanuza Lara relató  que  conoció  a Martha Edith Sánchez porque acudió a su casa en dos ocasiones  para  solicitar  sus  servicios  profesionales  de abogada, como defensora de su  esposo Wilson en el proceso que se le seguía por homicidio.   

         Insistió  en  que rechazó la propuesta  porque  su  experiencia  en  el  litigio  penal  está  vinculada  con  casos de  homicidio  en accidente de tránsito, por lo cual recomendó al también abogado  Antonio  Laitano  Leal.  Dijo  que  en  presencia  de  Martha  Edith  llamó  al  profesional  del  derecho  para  preguntarle  cuánto  podría  cobrar  por  sus  servicios,  a lo cual aquél replicó que no podría calcular sus honorarios sin  conocer  el expediente. Consecuencia de lo anterior, la esposa de Jiménez Rueda  le  hizo  llegar a la declarante una copia de la actuación y ella, a su vez, la  remitió por Servientrega a Laitano Leal.   

       

           Aseguró que  Martha  Edith  acudió  a  su  vivienda  acompañada  por  su hija, José Manuel  Moscarella,   Javier   Núñez  Palma,  un  individuo  al  que  identifica  como  “pocholo”  y  «otro muchacho que no (sabe) quién  era».   

          6.6.3 Antonio Laitano Leal.   

          El  abogado Laitano Leal concurrió al proceso para declarar en tres  ocasiones, así:   

          6.6.3.1  El 13 de junio de 200741,  Antonio  Laitano  Leal  dijo  que  no  conoce  a  RAMOS  GÁMEZ ni la ha visto, aunque la  identifica,  por su profesión de abogado litigante, como Fiscal de Santa Marta.  Dijo,   por  el  contrario,  tener  «buena  amistad»  con Nancy Lanuza Lara.   

          Aseguró  que  no  conoce a Martha Edith Sánchez, pero recuerda que  Lanuza  Lara  lo llamó al celular en una ocasión porque aquélla quería saber  si  podía  representar a su esposo en un proceso que se adelantaba en su contra  por  el  delito  de homicidio. Esa vez, dijo, le preguntó cuánto cobraría por  asumir  la defensa en ese caso, a lo que replicó que no tasaría sus honorarios  por  teléfono  sin  tener  conocimiento  del  expediente, por lo cual deberían  remitirle  copia  del  mismo  para  estudiarlo.  Acordó con Nancy que le haría  llegar  copia  de  la  actuación  una  vez  los  interesados se la entregaran a  ella.   

          Añadió  que  efectivamente  recibió  una  copia del proceso, pero  nunca  se  concretó  su  representación  ni se reunió con Martha Edith porque  hubo problemas entre esta última y Lanuza Lara.   

          6.6.3.2  En  declaración de 19 de mayo de  201042,  Laitano  Leal  explicó  que entre los años 2005 y 2006 ejerció  como  defensor  de  varias  personas  en  procesos  penales  surtidos  ante  las  autoridades  de  Santa  Marta, donde escuchó el nombre de RAMOS GÁMEZ, pero no  la conoció.   

          Reiteró  en  iguales términos lo manifestado en su anterior salida  procesal.   

          6.6.3.3  Por  último,  el profesional del  derecho  concurrió  a  la  audiencia pública de juzgamiento realizada el 20 de  septiembre  de  2012,  en la que repitió el relato sin modificaciones. Precisó  que  recibió  copia del expediente contentivo del proceso seguido contra Wilson  Jiménez Rueda de Nancy Esther Lanuza.   

          6.6.4 Orvie Rafael Oyola Ordosgoitia.   

          Orvie  Rafael  Oyola Ordosgoitia, quien para la época de los hechos  fungía  como  Director  Seccional  de Fiscalías de Santa Marta, declaró sobre  los hechos investigados en tres oportunidades.   

          6.6.4.1  El 7 de marzo de 200843  narró que en febrero de 2006  sucedió  el  homicidio  de Arévalo Vivic, investigación que correspondió por  reparto   a   la  Fiscal  RAMOS  GÁMEZ.  Dijo  que  se  enteró  «por  correo  de  las  brujas  que por ese negocio estaban ofreciendo  dinero  por  la  libertad  de Wilson Jiménez», razón  por  la  cual abordó a la ahora acusada y le pidió un informe detallado de las  actuaciones  adelantadas  en  ese  proceso.  De  igual manera, le hizo saber que  ejercería  control  sobre  el  mismo  y  pidió  a  la Procuraduría vigilancia  especial.   

          Explicó  que  RAMOS  GÁMEZ  se  declaró impedida para tramitar la  investigación  luego  de  que  Jiménez  Rueda le otorgó poder a un cuñado de  ella,  tras  lo  cual  oyó  comentarios  en  el  sentido  de que «se  lo  iban  a asignar al doctor Jacobo Payares, un Fiscal de Santa  Marta».  Tras  conocer  esos  rumores,  acudió  a la  oficina  de reparto y averiguó a quién le había sido repartido el asunto, con  lo  cual  se  enteró de que, efectivamente, le había correspondido al nombrado  Fiscal.   

          Dijo  que,  ante la coincidencia entre los rumores y lo que sucedió  con  el  reparto,  indicativo  de  que «algo irregular  había»,  le  pidió  a  la funcionaria encargada que  hiciera  una nueva asignación, en razón de la cual el proceso le fue entregado  a   la   Fiscal   Alis  Carrillo,  quien  finalmente  profirió  resolución  de  acusación.   

          Añadió   que,   en   su  criterio,  NORMA  BEATRIZ  «adelantó una investigación con pulcritud».   

          6.6.4.2  El 19 de junio de 201044,   Oyola  Ordosgoitia ofreció una segunda declaración.   

             

          Aseguró  que  conoció  a RAMOS GÁMEZ por razón de su desempeñó  como  Director  Seccional de Fiscalías de Santa Marta, cargo que ejerció entre  diciembre  15  de  2005  y  junio  2 de 2006, cuando fue trasladado en idéntica  condición a la ciudad de Cúcuta.   

          Insistió  en que la investigación por la muerte de Arévalo Vivic,  en  la  que  aparecía  como  posible responsable Jiménez Rueda, fue adelantada  inicialmente  por  la  aquí enjuiciada, y pocos días después de la ocurrencia  de  los  hechos  «se  (le) acercó un ciudadano, (le)  dice  “doctor,  se  está  comentando  que el señor propietario de Mil Carnes  está  ofreciendo  cien  millones  de  pesos  por  su  libertad»,  por  lo cual requirió a NORMA BEATRIZ RAMOS para que «hiciera   una   investigación   justa  e  imparcial»  y   le   hizo   saber   que,  además  de  pedir  vigilancia  de  la  Procuraduría, estaría pendiente de la actuación.   

          Narró  que  Wilson  Jiménez designó como defensor a un cuñado de  la  funcionaria,  por  lo  cual  debió declararse impedida. Con posterioridad a  ello,  «se comentó por los corrillos que…el negocio  le  iba  a  caer  al  doctor  Jacobo Payares», lo cual  efectivamente   sucedió.   En  consecuencia,  pidió  a  la  encargada  de  las  asignaciones que hiciera un nuevo reparto.   

          Concluyó    señalando   que   en   su   criterio,   «NORMA  RAMOS…profirió  en  derecho y adelantó una investigación  sin ninguna sospecha de ninguna índole».   

          6.6.4.3   En  una  tercera  declaración,  fechada     25     de     agosto     de     201045,  repitió su versión de lo  sucedido  en  iguales  términos.             

          6.7     La  apreciación de los testimonios exculpatorios.   

          6.7.1  La  valoración  conjunta  de  las  explicaciones  ofrecidas  por RAMOS GÁMEZ, Lanuza Lara, Antonio Laitano y Orvie  Oyola  no  permite  tener por acreditada la hipótesis defensiva, según la cual  el  único  objeto  de  las  conversaciones  que sostuvieron Nancy Lanuza Lara y  Martha  Edith  Sánchez  fue la posible contratación de aquélla como defensora  de  Wilson  Jiménez Rueda y la recomendación del abogado Laitano Leal para tal  fin.   

          En    otros   términos,   los   testimonios   reseñados   resultan  insuficientes  para  descartar  con  certeza  la  credibilidad de las pruebas de  cargo  y  colegir entonces la mendacidad de los señalamientos efectuados contra  la enjuiciada.   

          6.7.2   Para  comenzar,  dígase  que  de  acuerdo  con  la  tesis de la Fiscalía, en la planeación y ejecución del plan  criminal  atribuido  a  RAMOS  GÁMEZ habrían participado también Nancy Esther  Lanuza  Lara – como emisaria  de    la    exigencia   dineraria   -,   Antonio   Laitano   Leal   – que sería contratado como defensor de  Wilson  Jiménez  para  decirle  cómo  debía actuar con el objeto de lograr su  libertad  –  e,  incluso,  el entonces Director Seccional de Fiscalías de Santa  Marta  Orvie  Rafael  Oyola  Ordosgoitia,  a  quien,  según lo declararon Leidy  Carolina  Jiménez y Rodrigo Gómez Maldonado, supuestamente le sería entregada  una    parte    del    dinero    ilícitamente   solicitado   a   Martha   Edith  Sánchez.   

          En  esa  comprensión,  las declaraciones exculpatorias rendidas por  los  nombrados  deben  ser valoradas teniendo en cuenta que provienen de quienes  tendrían  interés  directo  en  la  actuación y, por lo mismo, resulta apenas  natural  que  hubiesen  negado los señalamientos efectuados contra RAMOS GÁMEZ  y, por esa vía, contra ellos mismos.   

          A  más  de  lo  anterior,  en  las  explicaciones ofrecidas por los  referidos  testigos  de  descargo  se  perciben  inconsistencias,  algunas  más  relevantes  que otras pero todas vinculadas con circunstancias esenciales de los  hechos  investigados,  que  concurren  a  minar su credibilidad y, por lo tanto,  hacen  imposible  valorarlas  positivamente  para  concluir, como lo pretende el  defensor,   la   irrealidad   de  las  incriminaciones  elevadas  contra  la  ex  Fiscal.   

          Véase,  a modo de ejemplo, que la abogada Lanuza Lara ofreció tres  versiones  diferentes  respecto  de  la manera en que se habría hecho llegar la  copia  del expediente del proceso de Wilson Jiménez al también abogado Antonio  Laitano  Leal:  mientras inicialmente dijo que fue José Manuel Moscarella quien  lo  remitió  a través de una empresa de correspondencia (lo que repitió en la  audiencia  de  juzgamiento),  en  las otras salidas procesales dijo que fue ella  misma  quien  hizo el envío «a través de un puerta a  puerta»  desde  el municipio de Ciénaga,  para  después  afirmar que lo despachó  desde Barranquilla.   

          La  obtención  de una copia de la actuación por Laitano Leal es un  elemento  esencial  de la situación fáctica investigada, como que ello habría  sido  paso  esencial  en  el  plan  criminal,  y también es pieza nuclear de la  exculpación  ofrecida  por  Lanuza  Lara,  por lo cual la imprecisión referida  debilita su verosimilitud.   

          Más  importantes  todavía  se  advierten las incongruencias en que  incurrieron  RAMOS GÁMEZ y Lanuza Lara al intentar explicar la naturaleza de su  relación   y  las  razones  por  las  cuales  mantenían  contacto  telefónico  frecuente:   

          Mientras  la ex Fiscal sostuvo que no es amiga de Nancy Lanuza y que  simplemente  la  conoce,  esta  última dio explicaciones disímiles y variables  sobre  el particular. Adujo primero que sostiene con NORMA BEATRIZ una relación  profesional,  como  con  cualquier  otro  funcionario  judicial,  para  después  describir  tratos  propios  de  amistades  cercanas, al señalar que compartían  diligencias  médicas de índole personal relacionadas con la cirugía plástica  que  se  practicó  la  funcionaria y que no se compadecen con la «amistad  puramente  profesional»  a la que  aludió en sus primeras declaraciones.   

          En  lo  que  atañe  a los motivos por los que una y otra sostenían  comunicación  telefónica,  la  acusada  explicó  que las llamadas tenían por  objeto  i)  enviar razones a Sucie Avendaño, amiga que tenían en común, e ii)  invitar    a   Lanuza   Lara   a   vincularse   con   la   agencia   de   viajes  TravelOne.   

          Con  todo,  Nancy  Esther  dio explicaciones distintas. Primero dijo  que  era ella quien llamaba a RAMOS GÁMEZ con el objeto de formularle consultas  jurídicas  y  después  agregó  que  también lo hizo en varias ocasiones para  conversar  sobre  la aludida intervención quirúrgica. Sólo en la declaración  que  rindió el 11 de mayo de 2010 dio cuenta del supuesto propósito que tenía  la  funcionaria  de vincularla con la agencia de viajes TravelOne, sobre lo cual  previamente había guardado silencio.   

          Nótese,  pues,  que  las explicaciones ofrecidas por RAMOS GÁMEZ y  Nancy  Lanuza  de  su  relación  resultan  insatisfactorias,  porque una y otra  ofrecieron  razones  diferentes  e  incongruentes  a  las  que no puede entonces  otorgársele credibilidad.   

          Súmese  a  lo  expuesto  que en declaración de 6 de abril de 2008,  Sucie  Avendaño  Reguillo  admitió ser amiga tanto de NORMA BEATRIZ RAMOS como  de  Lanuza  Lara  y  reconoció que «Nancy Lanuza…en  varias  ocasiones  (le)  dijo  personalmente  que  llamara a la Doctora Norma»,  pero dijo que «no recuerd(a)  haber  recibido  llamada  de  la Doctora Nancy Lanuza relacionada con la Doctora  Norma  Ramos»46,  con  lo cual la justificación ofrecida  por la ex Fiscal queda desmentida.   

            Y  es que el porqué de tales llamadas telefónicas, especialmente  las   registradas  entre  mayo  24  y  mayo  26,  está  revestido  de  especial  importancia  para  el  esclarecimiento  de lo sucedido, porque de acuerdo con la  Fiscalía  y  conforme lo dijeron varios testigos de cargo, habría sido por esa  vía  que  la funcionaria y la abogada, incluso en presencia de los familiares y  allegados  de Wilson Jiménez, supuestamente prepararon detalles de la comisión  del ilícito.   

          6.7.3  Sin  perjuicio  de  lo  expuesto en  precedencia,  en los dichos de NORMA RAMOS, Nancy Esther Lanuza, Antonio Laitano  Leal  y Orvie Rafael Oyola se encuentran también puntos en común que sustentan  explicaciones razonables y verosímiles.   

          Tanto  Lanuza  Lara  como  Laitano  Leal admitieron abiertamente que  este  último  obtuvo  una copia del expediente del proceso de Jiménez Rueda y,  con  independencia  de  que  el  mismo  le  haya  sido remitido directamente por  aquélla  o  a  través  de  José  Manuel  Moscarella  (sobre lo cual no existe  claridad),  lo  cierto  es  que  ese  hecho  surge coherente con la explicación  ofrecida  por  la  abogada,  en  el  sentido  de que lo único que discutió con  Martha  Edith  Sánchez  fue  la posible contratación del nombrado abogado como  defensor.   

          En  efecto,  si,  como  lo plantea la Fiscalía, la contratación de  Antonio  Laitano  tenía  como  propósito  exclusivo evitar la detección de la  exigencia  concusionaria, no se explica que se le hubiera hecho llegar copia del  expediente  para  su  estudio.  Ello  sería  del  todo  innecesario,  porque la  intervención  esperada  del  abogado  no  sería la de ejercer de manera real y  material  el  rol de defensor, sino la de actuar de modo simplemente formal para  que RAMOS GÁMEZ precluyera ilícitamente la investigación.   

          Desde  esa óptica, que Laitano Leal efectivamente haya recibido una  copia   del   expediente  es  una  circunstancia  que  explica  de  manera  más  satisfactoria   la   hipótesis  según  la  cual  Martha  Edith  Sánchez  tuvo  intenciones  reales  de  contratarlo  como  defensor, máxime si se advierte que  Javier   Núñez  Palma  –  amigo  de  la familia de Jiménez Rueda – ratificó esa versión de los hechos.   

          De  igual manera, véase que Lanuza Lara dijo haber percibido en los  familiares  y  allegados  de  Wilson  Jiménez  «mucha  rabia  contra la doctora Norma, un resentimiento porque no encontró la forma de  llegarle».  Por su parte, Orvie Rafael Oyola no sólo  dijo  haberse  enterado  de  que Wilson Jiménez estaba ofreciendo dinero por su  libertad,  sino  también  que  «en  ese proceso a la  doctora…le  hicieron  la  vida  imposible…con  mucha  presión de todo lado,  amenazas»47.   

          Los   asertos   precedentes  encuentran  asidero  en  otras  pruebas  allegadas  al  expediente.  La  acusada  RAMOS  GÁMEZ presentó denuncia formal  contra  Mario  Andrés  Noreña, Carlos Becerra y Martha Edith Sánchez el 17 de  mayo  de 2006 – antes de la  supuesta  ocurrencia  de los hechos -, por el delito de  amenazas,  según  consta  en  la  noticia criminal, porque el 15 de mayo de esa  anualidad,   cuando  citó  a  Wilson  Jiménez  para  ampliar  la  indagatoria,  aquéllos  se  hicieron  presentes en las instalaciones de Fiscalía y adoptaron  actitudes      intimidatorias     hacia     ella48.                

          Posteriormente,  el 5 de octubre de 200649,  RAMOS  GÁMEZ denunció el  atentado  del  que  fue  víctima  el  24  de septiembre, cuando hombres armados  dispararon  en  varias  ocasiones  contra  su  vivienda, según fue reportado en  medios           locales           impresos50.   

          Ya  desde  el  5  de  mayo de 2006, también antes de que la acusada  supuestamente  comunicara  la  exigencia concusionaria investigada, Martha Edith  Sánchez  había  pedido  ante  el  Fiscal  General de la Nacional y el Director  Seccional  de  Fiscalías  de  Santa  Marta  el cambio de la funcionaria, según  adujo,  porque  estaba  actuando  de  manera  sesgada y parcializada51.   

          En  ese  orden,  lo  afirmado por Lanuza Lara y Oyola Ordosgoitia en  relación  con  la animadversión que exhibían hacia RAMOS GÁMEZ los allegados  a  Wilson  Jiménez  y  las presiones sufridas por aquélla en el período en el  que  tuvo  a  cargo  la  investigación  encuentran  sustento demostrativo en el  expediente  y, entonces, refuerza la credibilidad de las exculpaciones ofrecidas  y  la  tesis defensiva, según la cual la presente investigación tiene génesis  en el hostigamiento desplegado contra la entonces Fiscal.   

         

          Además,  Orvie  Oyola  dijo  que  cuando  tuvo  conocimiento de que  Jiménez  Rueda  estaba  prometiendo  la  entrega  de  capitales  a cambio de su  libertad, informó de ello a NORMA BEATRIZ RAMOS:   

El conocimiento que la ahora acusada obtuvo  de  esa  circunstancia  explica  razonablemente la actitud que adoptó cuando la  esposa  de  Wilson  Jiménez,  en  compañía  de  otras  personas, acudió a su  vivienda   para  hablar  con  ella  «como  persona»,  específicamente,  en  cuanto  la rechazó vociferando  “la  plata  que  usted  me mandó a ofrecer haga un rollito y métasela por el  culo”.   

Esa  expresión,  considerada aisladamente,  podría  dar  a  entender  que  antes de esa fecha Martha Edith Sánchez y NORMA  BEATRIZ    RAMOS    GÁMEZ    ya    habían    tenido    contacto   –  personalmente  o  a  través  de  un  emisario,  como  podría colegirse de la locución “me mandó ofrecer” -, en  desarrollo     del     cual     se    habría    producido    un    ofrecimiento  económico.   

Pero   el   verdadero   origen   de   tal  interpelación  fue  precisado por la ahora enjuiciada en el juzgamiento, cuando  explicó  que  la  razón por la cual lanzó tal interpelación fue precisamente  que  «en  los pasillos de la Fiscalía había rumores  de  que la familia Jiménez Rueda estaba ofreciendo dineros para que mejorara la  situación  del procesado»52.   

          La  misma  Martha  Edith  Sánchez  reconoció  que  RAMOS GÁMEZ la  recibió  en  su  vivienda  con  esa expresión, por ende, no cabe duda sobre la  realidad  de  esa  circunstancia,  misma  que  enerva  la  credibilidad  de  los  testimonios  de  cargo  y  refuerza  el  mérito  suasorio  de las exculpaciones  ofrecidas  por  la  enjuiciada,  porque  controvierte  la  predisposición de la  funcionaria   a   recibir  prestaciones  económicas  para  favorecer  a  Wilson  Jiménez, más aún entonces a exigirlas.   

          6.7.4   En   suma,  las  declaraciones  y  explicaciones  ofrecidas por RAMOS GÁMEZ, Nancy Lanuza, Antonio Laitano y Orvie  Oyola  son  ambivalentes  y  ambiguas,  pues  en  algunos  aspectos  se  ofrecen  coherentes   y   verosímiles,  y  encuentran  asidero  en  el  restante  acervo  probatorio,  pero respecto de algunas otras circunstancias exhiben incoherencias  que  hacen  imposible  tener por demostrada la teoría del caso de la defensa y,  por  esa  misma  vía, descartar la materialidad del delito y la responsabilidad  de la acusada en su comisión.   

          6.8 La prueba indiciaria.   

          Son   varias  las  pruebas  indiciarias  que,  en  criterio  de  los  recurrentes,  afianzan  la  credibilidad de lo dicho por los testigos de cargo y  permiten  dar  por demostrada tanto la ocurrencia de la conducta punible como la  participación de RAMOS GÁMEZ en su planeación y ejecución.   

          A  efectos  de  examinar  lo  que  sobre  el particular plantean los  recurrentes,  la  Sala partirá por esbozar algunas consideraciones en relación  con  los indicios como medio de prueba para después, a partir de ello, examinar  los que existen en el presente asunto.   

          6.8.1 Los indicios en la Ley 600 de 2000.   

         

          Por   ser   pertinente   para   la   decisión  sobre  los  recursos  interpuestos  contra la sentencia de primera instancia, la Sala estima necesario  realizar  algunas  consideraciones  en  relación  con los indicios y su mérito  demostrativo  en  el  esquema  procesal  de  la  Ley  600  de 2000, que rige las  diligencias.   

          De   acuerdo   con   el   artículo   233   de   esa  codificación,  «son medios de prueba la inspección, la peritación,  el  documento,  el  testimonio,  la  confesión  y  el  indicio».  Por   su   parte,   el   canon   284   prevé   que   «todo  indicio  ha  de  basarse  en  la experiencia y supone un hecho  indicador,  del  cual  el  funcionario  infiere  lógicamente  la  existencia de  otro».  Finalmente,  el  artículo  287 establece que  «el   funcionario  apreciará  los  indicios  en  su  conjunto  teniendo  en  cuenta  su  gravedad,  concordancia y convergencia, y su  relación con los medios de prueba que obren en la actuación».   

         Sin  perjuicio  de  ciertas posiciones doctrinales que consideran lo  contrario53,  la  Sala  ha entendido, en consonancia con su consagración en la  legislación  adjetiva  penal del indicio, que se trata de un verdadero medio de  prueba   «crítico,  lógico e indirecto, estructurado  por  el  juzgador  a partir de encontrar acreditado por otros medios autorizados  por  la  ley,  un hecho (hecho indicador) del     cual     razonadamente,     y  según  las  reglas  de la experiencia, se infiera la  existencia   de  otro  hasta  ahora  desconocido  que  interesa  al  objeto  del  proceso  (hecho indicado o  inferido),  el  cual puede recaer sobre los hechos, o  sobre   su   agente,   o   sobre   la   manera   como   se  realizaron,   cuya   importancia   deviene   de   su   conexión  con otros acaecimientos fácticos que,  estando   debidamente  demostrados  y  dentro  de  determinadas  circunstancias,  permite   establecer,   de   modo   más   o   menos  probable,  la  realidad  de lo acontecido»54.   

          Los  indicios  pueden  ser  necesarios,  cuando la comprobación del  hecho  indicador  denota  de  manera  fatal  e  inexorable  el hecho indicado, o  contingentes,  en  aquéllos  eventos  en  que  el  hecho  demostrado puede o no  evidenciar  la  realidad  del  inferido,  según  el grado de probabilidad de su  causa              o              efecto55.   

         

          En  esta  segunda hipótesis, se distingue entre los indicios graves  y  leves.  Los  primeros  se  configuran  cuando  entre  el hecho indicador y el  indicado  existe  un nexo de determinación   racional,   lógico,   probable   e  inmediato,      fundado      en     razones    serias    y   estables,   sustentado   en   la    común    ocurrencia    de    las  cosas56.   En   contraste,   el  indicio  será  considerado  leve si, por el contrario, «el  nexo  entre  el hecho indicador y el indicado constituye apenas  una     de     las     varias     posibilidades     que     el    fenómeno       ofrece»57.   

          Nada  impide  que  la  sentencia  de  condena  se  soporte en prueba  indiciaria58,  siempre  que  su  valoración  conjunta,  integral  y articulada,  ceñida  a  los  criterios  previstos en el artículo 287 de la Ley 600 de 2000,  arroje  certeza  sobre  la  materialidad  del  delito y la responsabilidad de la  persona investigada.   

          El  valor  suasorio  de  las inferencias indiciarias, al tenor de la  disposición  referida,  deviene  de  su  mayor o menor gravedad y su coherencia  respecto  del  restante  acervo  probatorio,  pero también de su concurrencia y  convergencia.  Lo primero se afirma cuando se aparecen  «como  piezas integrantes  de   un   todo,   pues  siendo  éstos  fragmentos  o  circunstancias   accesorias   de   un  único  suceso  histórico,       deben       permitir       su  reconstrucción    como    hecho   natural,  lógico  y coherente».  A  su  vez, se reputarán convergentes   si   apuntan   a   acreditar   una   única     hipótesis    fáctica,    y    no    a    una    cantidad    plural    «hacia una misma conclusión   y  no  hacia  varias  hipótesis  de  solución»59.   

          6.8.2 Los indicios invocados por los recurrentes.   

          6.8.2.1  La  inquina de la Fiscal RAMOS GÁMEZ hacia Wilson Jiménez  Rueda.   

          En  criterio  de  los recurrentes, en el expediente está demostrado  que  NORMA BEATRIZ RAMOS, en condición de Fiscal encargada de la investigación  contra  Wilson  Jiménez,  actuó  de  manera  arbitraria  y  parcializada,  que  «por  todos  los  medios buscaba hacer más onerosa»  su  situación,  lo  cual en su criterio constituye un  hecho  indicador  que permite inferir la realidad del delito, porque de ese modo  habría  constreñido  a  los  familiares  del  procesado  a  entregar el dinero  exigido.   

          De  entrada,  la  Sala  advierte  que ese hecho indicador no aparece  probado  en  la  actuación  y,  por  ende,  a  partir  del  mismo no es posible  construir inferencia alguna.   

          Como  quedó  visto en precedencia, mediante resolución de marzo 17  de  2006,  RAMOS  GÁMEZ  definió  la  situación  jurídica de Jiménez Rueda,  imponiéndole  medida  de aseguramiento de detención preventiva. Lo propio hizo  respecto  de  Luis  Aurelio  Cepeda  Amaya,  a  quien atribuyó la condición de  cómplice del delito.   

          Esa  decisión  fue  recurrida  por  el afectado y confirmada por la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Santa  Marta  en  abril 19 de 2006,  mediante  providencia en la que no sólo ratificó la medida cautelar impuesta a  Wilson   Gilberto,  sino  que  consideró  que  Cepeda  Amaya  no  tuvo  ninguna  participación  en el ilícito y que cuando confesó haberlo hecho pudo incurrir  en el delito de falsa autoacusación.   

          Se  advierte,  pues, que la determinación adoptada por RAMOS GÁMEZ  en  el  sentido de privar de la libertad a Jiménez Rueda no fue producto de una  apreciación  abiertamente equivocada de la prueba, ni de una conducta maliciosa  o  arbitraria  encaminada  a perjudicarlo, sino de la valoración que hizo de la  prueba recaudada, que fue compartida y ratificada por su superior.   

          Consta  también en el plenario que la entonces Fiscal 5° Seccional  de  Santa  Marta, Alis María Carrillo de Rochels, en providencia de julio 11 de  2006,  acusó  a  Wilson Jiménez como autor del delito de homicidio agravado, y  precluyó la investigación respecto de Cepeda Amaya.   

          Si   el   criterio   de  NORMA  BEATRIZ  en  cuanto  a  la  probable  responsabilidad  de  Jiménez  Rueda  hubiese sido producto de su malquerencia y  arbitrariedad,  no se explicaría que el mismo hubiese sido corroborado también  por  la  colega  que asumió la investigación luego de que aquélla se declaró  impedida.   

          Véase,  por  demás, que al expediente fue allegada la copia de los  alegatos  precalificatorios presentados por la Procuradora 163 Judicial II Penal  luego  de  que  se decretara el cierre de la instrucción en el proceso de alias  “Mil Carnes”, funcionaria que conceptuó así:   

«Con  respecto a  Wilson  Jiménez,  debe  procederse de conformidad con el artículo 397 del CPP,  toda  vez  que a esta altura procesal, el acervo probatorio recaudado…apunta a  un  alto  grado de responsabilidad de este último»60.   

          Súmase  a lo anterior que el imputado Wilson Jiménez interpuso una  acción  de  tutela contra el despacho instructor, en la que adujo la violación  de  sus  derechos  fundamentales,  entre otras razones, por la determinación de  procesarlo  a  él  en vez de a Cepeda Amaya, a quien atribuyó la condición de  «verdadero   autor  del  homicidio  le  fue  dictada  preclusión  de  la investigación». Al resolver sobre  el  amparo,  el  Tribunal Superior de Santa Marta descartó la configuración de  una   vía   de  hecho  en  la  actuación  de  la  funcionaria  y  lo  declaró  improcedente.   

         

          Así  las  cosas,  la Corporación judicial, al examinar la conducta  de  RAMOS  GÁMEZ  y las determinaciones que adoptó respecto de Jiménez Rueda,  no  consideró  que las mismas pudiesen ser reputadas como arbitrarias, ilegales  o groseramente equivocadas.   

          Entonces,  la  valoración probatoria efectuada por la ahora acusada  en  perjuicio  del  entonces  sindicado  Jiménez  Rueda  fue compartida por una  Fiscalía   Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta,  por  esta  Corporación,  por  la  Fiscal  5°  Seccional  y  por  la Agente del Ministerio  Público  que  intervino en la actuación con el expreso propósito de controlar  las garantías de partes e intervinientes.   

          Desde  esa  perspectiva,  la  alegación  de  los  recurrentes en el  sentido  de  que  la  funcionaria  ejerció  sus  funciones de manera ilícita y  abusiva  para  constreñir  a  Jiménez  Rueda  y  a su familia, para hacer más  gravosa  su  situación  jurídica y forzarlo a ceder ante la supuesta exigencia  económica,  es  algo  que  no  encuentra  asidero  en  las  pruebas recaudadas.   

          Desde  luego,  la  Sala  no  pierde de vista que Wilson Jiménez fue  finalmente  absuelto  en primera instancia por el Juzgado 1° Penal del Circuito  de Santa Marta, que en sentencia de diciembre 5 de 2006 consideró:   

«…sin fórmula  de  juicio se puso al imputado…en el lugar de los hechos, con el arma homicida  y  como autor material de las lesiones…sólo sobre la base de suposiciones que  ni  siquiera  alcanzaba  (sic) la entidad de un indicio, cuando ya otras pruebas  no  controvertidas…señalaban  que  no  era  Wilson  Jiménez  Rueda  el autor  material  de  la conducta punible…sino Luis Aurelio Cepeda Amaya»61.   

Agregó  el  despacho  que  la  Fiscalía  descartó   los   testimonios   que   favorecían   a   Jiménez   Rueda  porque  «los  (tildó)  de  falsos sin mayor consideración y  análisis»  y,  por  lo  tanto,  resolvió ordenar la  compulsación  de copias de la actuación para que se investigara la conducta de  los funcionarios que intervinieron en la instrucción.   

Sin   perjuicio   de   lo  anterior,  con  independencia  de  que el Juzgado hubiese llegado a tal conclusión en ejercicio  de  su  autonomía, resulta cierto e irrebatible que las actuaciones adelantadas  por  RAMOS  GÁMEZ  cuando  tuvo  a  su  cargo  la  investigación contra Wilson  Gilberto  fue objeto de control o ratificación en varias oportunidades y sedes,  tanto  por  parte del superior funcional como del Juez constitucional de tutela,  la  Fiscal  que  profirió  acusación  y  de  la  Representante  del Ministerio  Público que intervino en el trámite.   

En  ese orden, la discrepancia de criterios  exteriorizada  por  el  Juez  de  primer  grado no es fundamento suficiente para  tener   por  demostrada  la  llamada  «malquerencia»  de  RAMOS  GÁMEZ  hacia  Wilson Jiménez, o lo que es  igual,  el  hecho  indicador con fundamento en el cual los recurrentes pretenden  la  construcción  de  la prueba indiciaria, máxime que la sentencia de primera  instancia   fue   oportunamente   apelada   por   el  ente  acusador62, sin que en  este    asunto    se    haya    demostrado    su   posterior   confirmación   o  revocatoria.   

Así  las cosas, la supuesta animadversión  de  la  Fiscal  RAMOS  GÁMEZ  contra  Wilson  Jiménez  no es una circunstancia  fáctica  que  se  halle  demostrada  y,  por  ende,  a  partir de ella no puede  construirse   un  indicio  que  corrobore  los  señalamientos  elevados  contra  aquélla.    

         6.8.2.2  La  relación  de amistad entre  NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ y Nancy Esther Lanuza Lara.   

          En  criterio  de  los  apelantes, la comprobada relación de amistad  entre  la  acusada  y  la abogada Lanuza Lara permite inferir la real ocurrencia  del  delito  investigado,  porque  da  cuenta de la oportunidad para delinquir y  sustenta  el  relato  de  los  testigos  de  cargo  respecto de la manera en que  habrían sucedido los hechos.   

          En  este  punto,  la  Corte  considera  que,  en efecto, las pruebas  recaudadas  llevan  a  concluir que entre RAMOS GÁMEZ y Lanuza Lara existía un  vínculo  de  amistad más relevante de lo que quiso hacer ver la primera en sus  declaraciones.   

          Varios   medios   de   prueba  afirman  probado  el  referido  hecho  indicador,  esto  es,  que la acusada y Nancy Lanuza no tenían una relación de  índole  simplemente  profesional,  sino  que  entre  ellas  existían  lazos de  connotación más íntima y personal.   

          La  propia  Nancy  Esther  adveró que acompañó a la incriminada a  citas  médicas  relacionadas  con  una intervención de cirugía estética a la  que  se  sometió  la segunda; Sucie Avendaño Regullo declaró que varias veces  recibió  recados  de  la  Fiscal  a través de Nancy Lanuza, pidiéndole que se  comunicara  con  aquélla  y,  lo que es más importante, el listado de llamadas  salientes  del  teléfono  celular  que para la época de los hechos usaba RAMOS  GÁMEZ  –  sobre lo que se  volverá  más  adelante  –  demuestra  que  sostenían  contacto telefónico con una frecuencia permisiva de  colegir   un   trato   de   mayor  consideración  al  simplemente  profesional.   

          Ahora  bien,  de  ese  hecho  indicador  debidamente acreditado bien  puede  inferirse,  como  lo  hacen los opugnadores, que entre la acusada y Nancy  Lanuza  se  orquestó  la  comisión  del  delito,  pues la relación de amistad  ciertamente  pudo  permitir  que  la  segunda le informara a la primera sobre la  visita  que recibió de Martha Edith Sánchez, al tiempo que, en razón de ello,  la   funcionaria  pudo  haber  solicitado  a  la  profesional  del  derecho  que  comunicara a nombre suyo la exacción económica investigada.   

          No  obstante,  se  trata  de  una  inferencia indiciaria simplemente  contingente,   pero  además,  de  carácter  leve,  porque  las  reglas  de  la  experiencia  no  enseñan  que  las relaciones de amistad entre los funcionarios  judiciales   y   particulares  siempre  o  casi  siempre  sean  utilizadas  como  instrumento para delinquir o abusar de la función pública.   

          La   cercanía   entre   Nancy  Esther  Lanuza  y  NORMA  RAMOS  fue  precisamente  lo  que  determinó a Martha Edith Sánchez a intentar contactar a  la   primera,   bien  para  contratarla  como  abogada  (por  recomendación  de  “Pepe”  Moscarella,  según  la tesis defensiva), ora para lograr, a través  de  ella,  acceder  a  la  Fiscal (conforme lo plantea la Fiscalía), pero de la  existencia  de  ese  vínculo  de  amistad  no  puede  inferirse  como altamente  probable la real ocurrencia del delito.   

          Desde  luego,  de  acuerdo  con la acusación, la cercanía personal  entre  la funcionaria y la abogada Lanuza Lara constituía presupuesto necesario  para  la  planeación  y  ejecución  del  ilícito,  porque es en razón de ese  vínculo  que  habrían  podido  convenir  lo  necesario para comunicar a Martha  Edith Sánchez la exigencia económica.   

          No  obstante,  tener  por  acreditada la materialidad del delito con  fundamento  en esa inferencia es algo que excede por mucho la real entidad de la  inferencia  indiciaria,  porque  con  no  poca  frecuencia  quienes  administran  justicia  forjan  relaciones  de  amistad  con  litigantes  y  profesionales del  derecho  – especialmente en  ciudades   pequeñas  -,  y  ello  responde  apenas  a  una  manifestación  del  intercambio  social que no conduce a deducir la realidad de los cargos imputados  a RAMOS GÁMEZ, cuando menos en un alto grado de probabilidad.   

          Véase,  a tal efecto, que también Armando Castillo Castillo, quien  fungió  como  defensor de Wilson Jiménez, dijo conocer a la ahora acusada hace  varios  años  y  tener  con  ella  «buenas relaciones  profesionales»63. En  igual  sentido,  el  también  abogado  Oswaldo  Gil  García, que ejerció como  apoderado   de  la  parte  civil  en  el  proceso  de  homicidio,  declaró  que  «sin   ser   gran   amigo  de  ella»,  ha  tratado a RAMOS GÁMEZ durante «muchos  años»  y  la  conoció precisamente por razón de su  ejercicio                 profesional64.   

          Claro,  pues, que las relaciones, más o menos cercanas, según cada  caso,  entre  quienes  ejercen  la  profesión  de  abogado  y  los funcionarios  judiciales  no  son  extrañas  ni  censurables  por sí mismas, por lo cual, se  reitera,  a  partir  de  la existente entre la acusada y Lanuza Lara sólo puede  desprenderse  una inferencia apenas leve respecto de la materialidad del punible  objeto de juzgamiento.   

          A   no  dudarlo,  pues,  que  los  recurrentes  atribuyen  al  hecho  indicador  señalado una entidad demostrativa de la que carece, pues a partir de  esa  circunstancia  no  se sigue en alto grado de probabilidad la corroboración  de la incriminación elevada contra NORMA BEATRIZ RAMOS GÁMEZ.   

          6.8.2.3  El  cruce de llamadas de celular entre RAMOS GÁMEZ y Nancy  Esther Lanuza Lara.   

          Los  recurrentes  invocan  como hecho indicador de la ocurrencia del  delito  y la responsabilidad de la acusada que entre esta última y Nancy Lanuza  hubo  un  cruce  de llamadas de celular permisivo de colegir la connivencia para  la  realización  del  ilícito,  máxime  en  atención  a  la  fecha en que se  realizaron, su horario y duración.   

          El  hecho indicador señalado se encuentra plenamente demostrado, no  sólo  porque  ambas  admitieron  haber  sostenido  contacto  por esa vía, sino  también  y,  principalmente, porque al expediente fueron aportadas las facturas  correspondientes  a  los  meses de mayo y junio de la línea celular 3106155041,  de  la  que  para  la  época de los hechos era titular RAMOS GÁMEZ65.   

          En  esos documentos se observa que durante ese período realizó las  siguientes  llamadas  al  número  3008368388, que para entonces utilizaba Nancy  Lanuza,   según   esta  misma  lo  admitió  en  declaración  de  mayo  11  de  2010:   

Fecha             

Hora             

Duración  

12 de mayo             

7:07 AM             

2:00  

12 de mayo             

12:29 PM             

4:00  

18 de mayo             

1:47 PM             

2:00  

19 de mayo             

2:52 PM             

3:00  

24 de mayo             

4:49 PM             

3:00  

25 de mayo             

12:17 PM             

1:00  

13 de junio             

4:05 PM             

4:00  

14 de junio             

10:18 AM             

2:00  

14 de junio             

5:58 PM             

5:00  

23 de junio             

4:26 PM             

1:00  

         

          De   acuerdo  con  lo  expuesto,  no  cabe  ninguna  duda  sobre  la  demostración   del   hecho   indicador  señalado  por  los  recurrentes,  pues  ciertamente  la  Fiscal  RAMOS  GÁMEZ  y  la  abogada  Lanuza  Lara mantuvieron  frecuente  comunicación  telefónica durante los meses de mayo y junio del año  2006.   

          No  obstante,  sucede  que  el  registro de llamadas salientes de la  línea   celular  de  la  acusada  sólo  prueba  la  existencia  misma  de  las  comunicaciones  pero no su contenido, y por lo tanto, nada demuestra respecto de  la materialidad del delito.   

          Como  no  se conoce la razón y el objeto de las llamadas, es decir,  lo   que  allí  se  discutió,  las  inferencias  por  las  que  propugnan  los  recurrentes  son sólo una de muchas posibles y, por ende, el leve indicio que a  partir  de  ello  puede construirse poco contribuye a demostrar la ocurrencia de  la conducta punible.   

          Puede  suceder,  como  lo  plantean los apelantes, que en algunas de  las  llamadas  telefónicas  que la enjuiciada hizo a Nancy Lanuza, éstas hayan  conversado  sobre el caso de “Mil Carnes”, la visita que la segunda recibió  de  los  familiares de Wilson Jiménez o que se hayan puesto de acuerdo para que  la  abogada hiciera la exigencia concusionaria a nombre de RAMOS GÁMEZ, máxime  que  se  observa  que  se realizaron llamadas los días 24 y 25 de mayo de 2006.  Esa   hipótesis   ratificaría  los  señalamientos  elevados  contra  ésta  y  concurriría  a afianzar la credibilidad de lo dicho por Martha Edith Sánchez y  los demás testigos de la Fiscalía.   

          Pero  también  puede suceder que, por el contrario, las llamadas se  hayan  ocupado  de  asuntos  diferentes, ajenos a los hechos aquí investigados,  atinentes  a  cuestiones  personales  o  de  otra índole, como lo afirman tanto  RAMES  GÁMEZ  como  Nancy Lanuza, hipótesis que también surge plausible si se  tiene  en  cuenta  que  las  nombradas  en  realidad sostenían una relación de  amistad.   

          Esta  segunda  hipótesis,  por  demás,  encuentra  sustento  en la  declaración  de Giomar Katherine Zapata Camargo de fecha 11 de mayo de 2010, en  la  que  dijo  trabajar  para la agencia de viajes TravelOne, explicó que RAMOS  GÁMEZ  se  vinculó  con  esa  empresa  en  el  año  2006 y que quiso vincular  también  a Nancy Lanuza Lara, quien por invitación de la ahora acusada acudió  a  algunas  reuniones  en  el  primer  semestre  de  ese  mismo año66.   

          Como  sustento  de  lo  anterior, la nombrada Zapata Camargo aportó  una    copia    del    carné    que    la    acredita    como    «representante       independiente»67  y  se  obtuvo  también el certificado de existencia y representación legal de esa  empresa,   expedido   por   la   Cámara   de  Comercio  de  Bogotá68,   piezas  documentales que revisten su dicho de credibilidad.   

            Recuérdese,  pues,  que  tanto  RAMOS  GÁMEZ  como  Lanuza  Lara  manifestaron   que   una  de  las  razones  por  las  que  mantuvieron  contacto  telefónico  durante  esa época fue precisamente el propósito de la primera de  lograr  que  la  segunda  se  relacionara  con  la  referida  agencia de viajes.   

         

          Además  de  lo anterior, la inferencia invocada por los recurrentes  pierde  probabilidad  al  observarse  que  la  funcionaria y Nancy Esther Lanuza  sostuvieron  contacto  telefónico  repetido  mucho  antes  de  que Martha Edith  Sánchez  acudiera  a  la  vivienda  de la segunda, y por ende, es imposible que  esas  llamadas  tuvieran  relación  con  el  proceso  seguido  contra  Jiménez  Rueda.   

          Igualmente,  se  observa  que  aquéllas se comunicaron por esa vía  varias  veces  después  del  5  de junio de 2006, fecha en la cual RAMOS GÁMEZ  pidió  ser  apartada  del  conocimiento  del  asunto, por lo cual tampoco puede  inferirse  razonablemente  que  el objeto de las llamadas fuese el de fraguar al  plan criminal.   

         

          Así  las  cosas,  del  hecho  indicador  consistente  en  que NORMA  BEATRIZ  RAMOS  y  Nancy  Lanuza  mantenían contacto a través de la telefonía  celular  no  puede  construirse un indicio sólido, serio, grave y razonable que  permita  inferir  que el propósito de tales comunicaciones fue la planeación y  ejecución del delito objeto de actual juzgamiento.   

             

          6.8.2.4  La  llamada  percibida por los allegados de Wilson Jiménez  Rueda  en  la  que  Nancy  Lanuza  manifestó “aquí tengo a los amigos de Mil  Carnes”.   

          Dicen  los  opugnadores  que en la actuación aparece demostrado que  Nancy  Lanuza,  en  presencia  de los familiares y allegados de Wilson Jiménez,  recibió  una  llamada  al  celular de RAMOS GÁMEZ, en desarrollo de la cual la  escucharon afirmar “aquí tengo a los amigos de Mil Carnes”.   

          Ese  hecho,  de estar demostrado, ciertamente permitiría inferir de  manera   razonable  y  altamente  probable  la  ocurrencia  del  delito,  porque  apuntaría  a  demostrar  que  entre  la  abogada  y la otrora Fiscal existieron  conversaciones  previas  sobre  el proceso, que esta última tenía conocimiento  de  que  Martha Edith Sánchez estaba en la vivienda de su amiga e, incluso, que  se  habían puesto de acuerdo para que Lanuza Lara, actuando como emisaria de la  funcionaria, comunicara la exigencia económica investigada.   

          Por  lo  tanto, se trataría de un indicio grave que ratificaría de  manera  contundente  la versión de los testigos que dan cuenta de la ocurrencia  del hecho.   

          Con  todo,  en  criterio  de  la Sala, el hecho indicador no se haya  suficientemente  demostrado  en  el  expediente  y,  por  lo mismo, no puede ser  utilizado  para  la  construcción  de  la  prueba  indiciaria  invocada por los  recurrentes.   

          De  dicha  conversación  dio  cuenta,  inicialmente, Rodrigo Gómez  Maldonado,  quien,  en  declaración  de  agosto  17  de 2006, relató que en la  segunda  visita que le hicieron a Nancy Esther Lanuza, esta última recibió una  llamada al celular y manifestó:   

«…mirá  ve,  me  está  llamando Norma,  esperen  un  momentito”…y  estando  ahí con nosotros habló y dijo “aquí  tengo  a  los  amigos  del  señor  de Mil Carnes”, nosotros escuchamos que la  doctora  Nancy  dijo  “ajá,  mija,  ¿ya alumbró tu yerna? Si le van a hacer  cesárea cualquier cosa a la orden».   

          Por   su  parte,  Martha  Edith  Sánchez  no  dijo  nada  sobre  la  ocurrencia  de  esa llamada telefónica en sus primeras declaraciones (obtenidas  poco  después  de  sucedidos  los  hechos)  y sólo el 19 de septiembre de 2012  (seis años después), al atestar en la vista pública, afirmó:   

«…a  la segunda ocasión que me acerqué  estábamos  sentados  en la sala, la doctora Nancy Lanuza me dice “mira, ajá,  me  está  llamando  Norma”,  ella,  según  lo  que yo escuché, ella le dijo  “ajá  mija,  cómo  va  lo de su yerna? Cuando vaya a tener el bebé me avisa  que   yo   lo   que   necesite   estoy   a  la  orden”,  eso  fue  lo  que  yo  escuché».   

Finalmente,   Leidy   Carolina   Jiménez  Sánchez,  también  en  la  audiencia pública de juzgamiento (porque nada dijo  sobre el tema en su anterior salida procesal), aseveró:   

«…el día que estábamos en la casa de la  doctora  Nancy, la doctora recibió una llamada de la doctora Norma, porque ella  lo  dijo, ella dijo “ay, es Norma”, y se paró y habló con la doctora Norma  en  ese momento, y dijo “bueno, mija, así quedamos con esto”, y colgaron la  llamada…».   

Se advierte, pues, que sobre el contenido de  la  llamada  de  NORMA  RAMOS  que  recibió  Nancy  Lanuza  en presencia de los  familiares  y  allegados  de Wilson Jiménez existen tres versiones distintas, y  sólo  una  de  ellas  refiere  a  que  en  desarrollo  de  la  misma la abogada  efectivamente    haya    dicho    “aquí   tengo   a   los   amigos   de   Mil  Carnes”.   

Por  su  parte, Leidy Jiménez Sánchez dio  cuenta  de  una  realidad  distinta, que también podría ser constitutiva de un  indicio  grave  en  contra  de  la  acusada, en cuanto afirmó que escuchó a la  profesional  del derecho decir “así quedamos con esto”, pero que contradice  lo  sostenido  por  Gómez  Maldonado  y por su progenitora quien, por su parte,  refirió    que    el    objeto    de   la   conversación   fue   estrictamente  personal.   

La  divergencia  de  las  narraciones  hace  imposible  otorgarles  credibilidad  a los testigos para tener por demostrada la  real   ocurrencia   del   hecho  indicador,  máxime  que,  tratándose  de  una  circunstancia  tan relevante para la reconstrucción histórica de lo sucedido y  la  acreditación  de  la conducta punible, no se explica tales contradicciones,  menos  aún,  que  Martha Edith y su hija se hayan abstenido de revelarla en sus  primeras   declaraciones,  recibidas  pasados  pocos  meses  desde  la  supuesta  ocurrencia    del    hecho,    pero    sí   lo   hayan   hecho   varios   años  después.   

Adicionalmente, Javier Núñez Palma y José  Manuel  Moscarella  Bolaño,  quienes  también  manifestaron haber acudido a la  vivienda  de  Lanuza  Lara  junto  con  Martha Edith Sánchez, su hija y Rodrigo  Gómez  Maldonado,  no  dijeron nada respecto de la supuesta llamada telefónica  cuando describieron los hechos investigados.   

Es  decir  que, a partir de los testimonios  ofrecidos  por  quienes  dijeron  ser  allegados  de  la familia Jiménez Rueda,  pueden  extractarse  varias  hipótesis  respecto  de  lo realmente acaecido: i)  Lanuza  Lara  sí recibió una llamada de RAMOS GÁMEZ cuando estaba reunida por  aquéllos,  en desarrollo de la cual lanzó la expresión “aquí estoy con los  amigos  de  Mil  Carnes”;  ii) la abogada recibió la aludida llamada, pero lo  que  dijo  fue  “así  quedamos con esto”; iii) la llamada ocurrió, pero se  ocupó  exclusivamente  de  asuntos  personales  relacionados  con  el estado de  embarazo   de   una   familiar   de   la   acusada;   iv)   la   llamada   nunca  sucedió.   

Esa última hipótesis cobra fuerza al tener  en  cuenta que tanto Martha Edith Sánchez como Leidy Carolina Jiménez Sánchez  señalaron  de manera vehemente que el segundo encuentro con Nancy Lanuza, en el  que  la  habrían escuchado conversar con RAMOS GÁMEZ, tuvo lugar el 26 de mayo  de  2006.  La  segunda  incluso afirmó recordar con absoluta exactitud la fecha  porque  «cumplía  años  una  amiga de la familia».  No  obstante,  el  registro  de  llamadas de la línea  celular  de  la  acusada  demuestra  que  en  esa fecha no sostuvo comunicación  telefónica   con   Lanuza   Lara,  circunstancia  que  concurre  a  enervar  la  convicción sobre la posible realidad de la llamada telefónica.   

Ahora,  el  Fiscal  recurrente aduce que si  bien  las  declarantes fijaron la segunda reunión sostenida con Nancy Lanuza el  26  de  mayo,  es  posible  que  el  encuentro en realidad haya ocurrido el día  anterior,  fecha  en  la  cual  por el contrario sí se observa que RAMOS GÁMEZ  realizó  una  llamada a la abogada. Ciertamente, es posible que, por razón del  paso  del  tiempo,  Martha  Edith  y  Leidy Carolina hayan errado al señalar la  fecha  de  la  segunda  reunión con la profesional del derecho y que ésta haya  tenido  lugar  (a  pesar de la vehemencia con que una y otra dijeron recordar la  fecha de los eventos) el 25 de mayo de 2006.   

          Pero  tampoco  de  esta  perspectiva puede tenerse por demostrado el  hecho  indicador,  porque  el  registro de llamadas salientes de la línea de la  sindicada  revela que llamó a Nancy Lanuza en la tarde de ese día, a las 12:17  P.M.,  mientras  que la reunión de Martha Edith y Leidy Carolina con la abogada  habría  sucedido  en  horas de la mañana, tal como lo declaró la segunda, con  igual   contundencia,  el  17  de  agosto  de  200669.   

          En  suma:  las  versiones  de Rodrigo Gómez Maldonado, Martha Edith  Sánchez   y   Leidy   Carolina   Jiménez   Sánchez  respecto  de  la  llamada  supuestamente  recibida  por  Lanuza  Lara en su presencia son contradictorias e  inconsistentes,  por  ende,  carecen de la entidad para demostrar con certeza la  realidad de dicha comunicación y su contenido.   

          Echada  de menos la demostración del hecho indicador con fundamento  en   el  cual  los  recurrentes  pretenden  la  elaboración  de  la  inferencia  indiciaria   incriminadora,   entonces,   no   puede   tenerse  como  fundamento  demostrativo   inferencial  para  afirmar  la  materialidad  del  delito  ni  la  responsabilidad de RAMOS GÁMEZ en su comisión.     

         

          6.8.2.5  La  reacción de RAMOS GÁMEZ al nombramiento de su cuñado  Alfonso López Carrascal como defensor de Wilson Jiménez Rueda.   

          De  acuerdo  con  los  apelantes,  está  probado  que la enjuiciada  «entró en cólera y puso punto final a una relación  familiar   de   más   de   50   años»  cuando  tuvo  conocimiento  de  que Alfonso López Carrascal, cuñado suyo, fue designado como  defensor  de  Wilson Gilberto Jiménez Rueda. Dicen que dicha actitud concurre a  demostrar  indiciariamente la ocurrencia del hecho investigado, porque la razón  de  tal  reacción  es  que  se vería compelida a manifestar el impedimento por  razón  del parentesco que la unía con el abogado, lo cual a su vez frustraría  el  plan  delictivo  de  obtener  la  utilidad económica exigida a Martha Edith  Sánchez.   

          Pues   bien,   ciertamente   RAMOS   GÁMEZ   reconoció,  tanto  en  indagatoria  recibida  el  23 de febrero de 2007 como en versión libre de 14 de  septiembre  de  la  misma  anualidad,  que  al percatarse de que Jiménez López  asumió  como  defensor  de  Wilson  Jiménez  se sintió profundamente molesta,  incluso,   que   dicha   conducta   le  «repugnaba».   

         

          Admitió  que  al manifestar el impedimento ordenó la compulsación  de  copias  con  destino a la autoridad disciplinaria en contra del abogado para  que  se le investigara «porque a sabiendas de que esta  funcionaria  es  la  titular  del  despacho…recibió  poder,  violando así el  decreto  196  de  1971, artículo 47, numeral 1°, y el artículo 56 numeral 2°  del  mismo  decreto  por  Falta de Lealtad Profesional, pues aceptó la gestión  profesional  a  sabiendas  de  que  le  fue encomendada a otro abogado…sin que  medie    renuncia   o   autorización   del   colega   reemplazado»70.   

          Para  corroborar  el  estado de «cólera»  que  se le atribuye a la sindicada, se cuenta también  con  la  carta  que le remitió a su hermana (esposa de López Carrascal), en la  que  le  recrimina  que «el H.P. cachaco degenerado de  (su)     marido     presentó     el     poder»71,         porque  entendió  que  lo  hizo  para  lograr su apartamiento de la  investigación.   

          Con  todo,  la  actitud  asumida  por la funcionaria con ocasión de  haberse   visto   compelida   a  manifestarse  impedida  (hecho  indicador  cuya  demostración   no   se   discute),   constituye  un  indicio  levísimo  de  la  materialidad  del  delito investigado. La relación entre dicho comportamiento y  la  supuesta  exigencia  concusionaria  es  remota  y  poco probable, constituye  apenas  una  de varias posibilidades, una de las cuales encuentra mayor sustento  probatorio en la presente actuación:   

          En  el  expediente  existen  varios elementos de juicio que permiten  inferir,  como  lo  dijo  la  propia  RAMOS  GÁMEZ al explicar el porqué de su  conducta,  que  la  molestia que le produjo la intervención de López Carrascal  no  estuvo  determinada  por  el truncamiento de un supuesto plan criminal, sino  por  la  existencia  de  rencillas  y reyertas familiares con aquél, suscitadas  tiempo atrás de la ocurrencia de los hechos aquí investigados.   

          Varias  piezas  documentales  demuestran  que RAMOS GÁMEZ y Alfonso  López  Carrascal  han  sostenido  un  prolongado conflicto que ha involucrado a  otros  miembros del núcleo familiar y trascendido al ámbito judicial, al punto  que  una  y  otro  se  han  visto envueltos en varios pleitos de índole penal y  disciplinario.   

         

          En  desarrollo de tales pendencias, como se sigue del expediente, se  han  denunciado  mutuamente  y  cruzado  escritos  contentivos  de  afrentas  de  naturaleza  personal,  que  explican la agresiva reacción de la ahora acusada a  la  participación  de López Carrascal en la investigación que se le seguía a  Jiménez Rueda.   

          Así,  está  probado  que RAMOS GÁMEZ presentó denuncia contra su  cuñado  López Carrascal por los delitos de injuria y calumnia, con ocasión de  afirmaciones   realizadas  por  aquél  en  el  sentido  de  que  «ella  había  recibido doscientos millones de pesos para arreglar un  negocio  que  cursaba  en  la  Fiscalía…donde eran sindicados WILSON JIMÉNEZ  RUEDA      y      LUIS      CEPEDA      AMAYA»72.            

          En  varios  memoriales elevados por el defensor de la procesada, que  es  hermano  suyo,  se  hacen afirmaciones circunscritas a ataques estrictamente  subjetivos,   como   que  «ALFONSO  LÓPEZ  CARRASCAL  acostumbra   valerse   de   abogados   calanchines   para   que  le  firmen  sus  escritos…para    prefabricar    pruebas    o    para    denunciar   jueces   y  fiscales»73,  e  incluso  se  le atribuye al nombrado  profesional  del  derecho  la  autoría del escrito anónimo que dio origen a la  presente                investigación74.   

          De  igual manera, Gustavo Adolfo González Ramos, hijo de la acusada  RAMOS  GÁMEZ,  elaboró  un  escrito  que dio a conocer en el medio judicial de  Santa  Marta  en  el  que  atribuyó a López Carrascal, sin mencionar su nombre  pero   mediante   expresiones   permisivas   de   colegirlo,  la  categoría  de  “personaje     funesto”     y    “saltimbanqui”    por    «recibir  poder por parte de un sindicado a sabiendas que cuando esto  suceda    el   Fiscal   que   lleva   la   investigación   se   debe   declarar  impedido»75.   

          En  uno  de  los  múltiples  memoriales  y  escritos  aportados  al  expediente  que  se  ocupan  de  ventilar  ante  la  administración de justicia  asuntos  puramente  familiares,  la  acusada  se  ocupa  de  explicar que López  Carrascal  «no  gozaba de mucho afecto en (su) hogar,  donde   se   sentía   un   paria»,   de  suerte  que  «por  no  encontrar  más  apoyo  en su familia…por  carecer  del  amor paterno, (su) madre fue quien lo ayudó para que terminara su  estudio»76;  alegaciones presentadas como réplica a  otras  igualmente  impertinentes  allegadas por López Carrascal respecto de los  orígenes profesionales y académicos de la sumariada.   

         

          En   ese   contexto,   se   sabe   que   Alfonso   López  Carrascal  «presentó  queja  (disciplinaria)  en  contra  de la  doctora   NORMA   BEATRIZ   RAMOS   GÁMEZ   ante   el   Director  Seccional  de  Fiscalía…por  cuanto…al  parecer  protagonizó un escándalo en el despacho  de   la   Juez   Administrativa,   doctora  Viviana  López  Ramos»77,  misma que fue objeto de decisión inhibitoria el 12 de  julio  de 200778.   

          Los  problemas  familiares controvertidos ante la administración de  justicia  trascendieron,  ya  se dijo, a otros miembros de la familia, de suerte  que  fue  aportado  el escrito dirigido a López Carrascal por Gustavo González  Ramos,  hijo  de  la  enjuiciada,  en  el  que  pide perdón por las situaciones  reseñadas          en          precedencia79.   Además,   en   memorial  suscrito  por  un  hermano  de  RAMOS  GÁMEZ, aquél asevera que «se  ha visto envuelto en este bochornoso fratricida porque el señor  Alfonso   López   Carrascal   y   sus   hermanas   Mercedes   y  Norma  lo  han  involucrado»80.   

          Desde  los  albores  de  la  investigación  promovida contra Wilson  Jiménez,  RAMOS  GÁMEZ  afirmó que su cuñado Alfonso López estuvo litigando  «tras  bambalinas»,  y  lo  señaló  de ser el verdadero autor de los memoriales supuestamente signados por  Alfonso     Castillo    Castillo,    quien    fungía    como    defensor    del  indiciado81.  Incluso, le atribuyó haber sido la persona que puso en su contra  a  los  familiares  de  Wilson  Jiménez,  al  hacerles creer que «no    respetaba    la    investigación    integral»   y   que  actuó  de  manera  arbitraria82.   

          Y  es  que, contrario a lo aducido por los recurrentes, RAMOS GÁMEZ  no  manifestó  el impedimento oficiosamente al percatarse de la designación de  López  Carrascal  como  apoderado  suplente, sino que fue recusada directamente  por  quien  aparecía en el poder como defensor principal, Alfredo José Moisés  Ropaín,  tal  como  este  último  lo admitió en la vista pública83,  lo  cual  pudo  ratificar  el  criterio  de  la  funcionaria  en  el  sentido de que dicho  nombramiento   se   hizo   con   el   exclusivo   propósito  de  entorpecer  su  labor.   

          Véase,  entonces,  que  a  partir  de  las  pruebas que obran en el  expediente  la  inferencia  más  probable y razonable es que la molestia que le  produjo  a la acusada la nominación de su cuñado como defensor tiene origen en  las    múltiples    confrontaciones    personales    y    judiciales   que   la  precedieron.   

          Ahora   bien,   el  Fiscal  apelante  agregó,  para  fortalecer  el  análisis  inferencial  aducido,  que  la  propia RAMOS GÁMEZ reconoció que en  otras  investigaciones  a  su  cargo  se  vio obligada a declararse impedida por  igual  razón,  sin  que  en  tales  casos  hubiese  exhibido un estado anímico  semejante,  lo  que  demostraría  que  su  estado de cólera estuvo determinado  exclusivamente  por la expectativa económica que tenía en la investigación de  Wilson Jiménez.   

         

          Con  todo,  dicha  aseveración  contradice  el  acervo  probatorio.   

          Al  revés  de  lo  alegado  por  el representante del ente del ente  acusador,  NORMA  BEATRIZ  declaró  que  previamente a ese caso, «ninguno  de  (sus)  familiares,  que  la  mayoría  son abogados, ni  siquiera  el  señor  Alfonso López Carrascal…intentó introducir un poder en  (su)   despacho».  Acorde  con  lo  anterior,  López  Carrascal,  en  declaración  de  septiembre  19  de  2007, al preguntársele si  había  ejercido  como  abogado en algún proceso que estuviera a cargo de RAMOS  GÁMEZ,   refirió  exclusivamente  al  asunto  de  Wilson  Jiménez84.   

          Así  las  cosas, la afirmación del Fiscal impugnante en el sentido  de  que  la  propia  acusada  reconoció  haberse  declarado  impedida  en otras  ocasiones  por razón de la intervención de su cuñado como abogado no consulta  la realidad probatoria.   

          En  síntesis, pues, la reacción exteriorizada por la procesada por  virtud  de  la  designación de López Carrascal y su consecuente impedimento es  un  hecho  indicador  que,  aunque  aparece  demostrado  en  las diligencias, no  permite  construir una inferencia indiciaria razonable que apunte a acreditar de  manera probable la real ocurrencia de los hechos investigados.   

            6.8.2.6  La  exigida contratación de un  abogado radicado en una ciudad distinta de Santa Marta.   

          En  criterio  de  los  apelantes,  específicamente de la Agente del  Ministerio  Público,  es un hecho demostrado que la acusada, a través de Nancy  Lanuza,  quiso  compeler  a Martha Edith Sánchez a contratar a un abogado de la  ciudad  de  Cartagena  como  defensor  de  su esposo Wilson Jiménez, de lo cual  «surge  naturalmente  bajo el empleo de las reglas de  la  experiencia  que  la  exigencia…no tenía otro fin distinto de mantener en  absoluta  reserva  la  comunicación,  el  plan estratégico defensivo, el cobro  dinerario».   

          Pues  bien,  lo  que  se  propone  como  un hecho indicador capaz de  suscitar  la  inferencia  indiciaria referida es, en realidad, una circunstancia  fáctica  que  de acuerdo con la tesis de la Fiscalía sería parte esencial del  plan  delictivo  puesto  en  marcha  por  RAMOS  GÁMEZ  y  Lanuza  Lara, con el  propósito  de que se designara a un defensor de confianza de la primera al cual  pudiera  dar  indicaciones  de  «por dónde tenía que  meterse»  para proferir resolución de preclusión en  beneficio de Wilson Jiménez.   

         

          Que  Laitano  Leal fue contactado por Lanuza Lara para que ejerciera  como  representante de Jiménez Rueda es algo que no se discute, porque ambos lo  reconocieron   y  el  primero  incluso  admitió  que  recibió  una  copia  del  expediente para su estudio.   

         

          Pero,  contrario  a  lo  que aduce el Ministerio Público, lo que no  está  probado  es  que  ello  se  haya  hecho  en desarrollo del plan delictivo  investigado,  y  no  por  razón de la simple recomendación efectuada por Nancy  Lanuza a los familiares del imputado de manera desinteresada.   

          Si  lo  realmente  ocurrido  hubiese  sido  lo primero, esto es, que  Laitano  Leal  fue  contactado  para  que  interviniera en ejecución del delito  investigado,   no   se   explicaría   que  se  le  hubiese  hecho  entrega  del  diligenciamiento,  porque  la  intervención  pasiva  que de él se requería no  exigía  un ejercicio real y verdadero de la defensa material, y menos aún, que  el  expediente  se le haya entregado antes de que Martha Edith Sánchez aceptara  pagar  los  $60.000.000  que  supuestamente  le  fueron exigidos por concepto de  “honorarios”.   

          En  efecto,  tanto  la  denunciante  como  su  hija Leidy Carolina y  Rodrigo  Gómez  Maldonado –  testigos  en  los  que  se  fundamenta  principalmente  el  pedido de condena -,  dijeron  de  manera  conteste e inequívoca que rechazaron la supuesta exacción  comunicada   por   Nancy   Lanuza  y  que  al  escucharla  se  retiraron  de  su  vivienda.   

          En  ese  entendido,  si  las víctimas no accedieron a las ilícitas  pretensiones  y,  por  lo  mismo,  no  entregaron  cantidad  de dinero alguna ni  prometieron  hacerlo  en  el futuro, no se entiende que se le haya hecho entrega  del  expediente  a  Laitano Leal por la sencilla razón de que, ante la negativa  de  satisfacer  la  exigencia  concusionaria  de  RAMOS GÁMEZ, sus servicios no  serían requeridos.   

          Entonces,  las  pruebas  obtenidas  no permiten concluir con certeza  que  la  razón  por la cual Antonio Laitano Leal fue contactado por Lanuza Lara  haya  sido  la de facilitar la consumación de la conducta punible y no, como lo  plantea   la   defensa,   la  de  contratar  la  prestación  de  los  servicios  profesionales como defensor de Wilson Jiménez.   

          6.8.2.7  La  conducta  desplegada  por la acusada RAMOS GÁMEZ en la  investigación que tramitó contra Enio del Valle Ramírez.   

          La  Representante  del  Ministerio  Público  plantea  como  último  indicio  supuestamente indicativo de la materialidad del delito que RAMOS GÁMEZ  tuvo  a  su  cargo  el  proceso radicado 67786, adelantado contra Enio del Valle  Ramírez,  a quien afectó con medida de aseguramiento para después decretar la  preclusión   de   la   investigación.   Ese   antecedente,  dice,  revela  que  «el haber proferido medida de aseguramiento dentro de  la  investigación  (contra  Wilson Jiménez Rueda) no constituía una camisa de  fuerza  para  proferir una posterior preclusión», tal  como sucedió en el caso de Enio del Valle.   

          En  ese  diligenciamiento,  la  funcionaria  le  impuso al indiciado  medida  de  aseguramiento, luego de considerar que la prueba recaudada permitía  colegir  su  posible  participación  como  determinador  de la conducta punible  investigada85.   

          Pues  bien,  en  el expediente está probado que, en efecto, a RAMOS  GÁMEZ,  en  condición  de Fiscal 33 Seccional de Santa Marta, le correspondió  adelantar  las  pesquisas  seguidas  en contra de Enio del Valle Ramírez por el  delito  de  homicidio,  por hechos ocurridos el 3 de junio de 2006. En contra de  esa  determinación,  la parte afectada ejerció el control de legalidad, que le  correspondió  adelantar al Juzgado 2° Penal del Circuito de Santa Marta, mismo  que  en  decisión  de  octubre 17 de 2006 resolvió mantener la afectación del  derecho                  fundamental86.   

          A  pesar  de  ello,  en  resolución de octubre 17 de 2006, la ahora  enjuciada  resolvió  precluir  la investigación en contra del nombrado, porque  «posteriormente se recibieron otras declaraciones que  insistieron  en  la  falta  del  indicio  de  presencia de ENIO DEL VALLE en las  inmediaciones    del   lugar   de   los   hechos»87.   

          De  ese hecho, sin embargo, no puede elaborarse el indicio señalado  por  la  recurrente, que se sustenta más en un argumento especulativo que en un  verdadero ejercicio de inferencia indiciaria razonable y probable.   

          No  existe evidencia que demuestre que la conducta desplegada por la  funcionaria  en  esa  actuación  haya  estado  rodeada  por  irregularidades  o  posibles  conductas delictivas, que la imposición de la medida de aseguramiento  haya  sido  arbitraria  o caprichosa o que la posterior preclusión hubiese sido  determinada por un pago o un acto ilícito similar.   

          Lo  que  se  evidencia, por el contrario, es que con posterioridad a  la   imposición   de   la   medida  de  aseguramiento  contra  Enio  del  Valle  «se  recibieron  otras  declaraciones»  que  enervaron  los  fundamentos  probatorios  que dieron lugar a la  vinculación del nombrado con la comisión de la conducta punible.   

          Que  las  particularidades  probatorias  de  esas  diligencias hayan  suscitado  el  cambio  de  criterio  de  la Fiscal no es una situación de hecho  permisiva  de  colegir  la  realidad de las imputaciones elevadas en este asunto  contra  RAMOS  GÁMEZ, porque de admitirse lo contrario, se llegaría al absurdo  de   afirmar   que   los   funcionarios  instructores  no  pueden  modificar  su  apreciación  de  la  prueba  en  las  distintas etapas de la investigación, ni  enmendar   los  errores  en  que  pueden  incurrir  al  valorar  los  medios  de  conocimiento  a  medida  que  avanzan  las  pesquisas,  sino que deben persistir  tozudamente  en  sus  discernimientos  aun  en  contra  de  lo  que enseñen los  elementos de juicio.   

          En  conclusión,  la  inferencia  indiciaria  por la que propugna la  recurrente  no  se  sustenta  en las reglas de la experiencia ni en un análisis  razonable  de  probabilidad, sino en una consideración subjetiva desprovista de  asidero  probatorio  y  argumentativo  que,  por  lo tanto, carece de la entidad  demostrativa que aquélla le atribuye.   

          6.8.3 Conclusión respecto de los indicios.   

          Como  quedó  esbozado  precedentemente, la mayoría de los indicios  que  los  recurrentes  invocan  como prueba del delito investigado y que, según  ellos,  sirven  para  ratificar la credibilidad de los señalamientos efectuados  por  Martha Edith Sánchez y los demás testigos de cargo, se sustentan en buena  medida  en  hechos  indicadores  que  no  están  demostrados  con certeza en la  actuación  o que responden a inferencias irrazonables, improbables o contrarias  a las reglas de la experiencia.   

          Los  indicios que sí pueden elaborarse adecuadamente (la amistad de  Lanuza  Lara  y RAMOS GÁMEZ, el contacto telefónico entre ellas y la reacción  asumida  por  esta al declararse impedida) son apenas leves, no son concurrentes  y  no  convergen  de  manera unívoca a acreditar la materialidad del delito, de  ellos   puede   derivarse   una   cantidad   plural   de   hipótesis  fácticas  diversas.   

          La  prueba  indiciaria  que obra en el expediente, entonces, resulta  insuficiente  para superar la duda que arroja el dicho de los testigos invocados  por   la   Fiscalía   como   fundamento   del  pedido  de  condena.         Dicho en otros  términos,  valorada la prueba testimonial de manera conjunta con la indiciaria,  no  es  posible  encontrar  con  certeza  la verdadera ocurrencia de la conducta  punible atribuida a RAMOS GÁMEZ.   

          6.9  Sobre  las condiciones personales de Martha Edith Sánchez como  criterio de valoración de su testimonio.   

          En  criterio  del  apoderado de la parte civil, el Tribunal erró al  no  otorgar  plena credibilidad a lo atestado por Martha Edith Sánchez, pues se  trata  de  una  persona  que  «goza de mucho respeto y  seriedad»  y, por lo tanto, sus declaraciones debieron  ser valoradas positivamente.   

          De  acuerdo  con  el  artículo  277  de  la  Ley  600  de 2000, son  criterios    de    valoración   de   la   prueba   testimonial   «los  principios  de  la  sana  crítica…la  naturaleza  del objeto  percibido,  el estado de sanidad del sentido o los sentidos…las circunstancias  de  lugar,  tiempo  y  modo  en  que se percibió…la  personalidad  del  declarante…la  forma como hubiere  declarado    y    las    singularidades    que    puedan    observarse   en   el  testimonio».           

         

          En  ese  entendido,  la  legislación  procesal  penal  expresamente  señala  que  en la apreciación de la prueba testimonial debe considerarse como  factor   relevante   para  atribuirle  mérito  probatorio,  o  restárselo,  la  «personalidad»  de  quien  declara.   

          Con  todo,  dicho  criterio  de  valoración  probatoria, como lo ha  sostenido  repetidamente  la  Sala,  no  puede  tomarse de manera desprevenida y  prejuiciosa  para sostener que toda declaración proveniente de un individuo con  condiciones  personales  que  pueden reputarse negativas o censurables (condenas  previas,   pertenencia   a   grupos   delincuenciales,  u  otras  similares)  es  necesariamente                 mendaz88,   ni   para   afirmar,  en  contrario,   que   toda   deposición  ofrecida  por  quienes  gozan  de  cierto  ascendiente   social   es  fatalmente  verídica  y  debe  ser  creída  por  el  Juzgador89.   

          En  el  presente  asunto, el impugnador no realizó ningún esfuerzo  argumentativo  para  demostrar  la manera en que la respetabilidad y seriedad de  Martha  Edith  Sánchez  repercute  favorablemente  en  la  apreciación  de sus  declaraciones,  tampoco  se  esforzó  por  acreditar  tales  cualidades  de  la  nombrada   ni  explicó  por  qué,  a  partir  de  esas  puntuales  condiciones  personales,  debe  privilegiarse  su  dicho  sobre  el de aquéllos testigos que  negaron  la  ocurrencia  del  delito,  cuya seriedad y respetabilidad no ha sido  controvertida en la actuación.   

         

          Así  las cosas, con independencia de las virtudes que al recurrente  atribuye  a  Martha  Edith  Sánchez,  lo  cierto es que su declaración, al ser  apreciada  de manera conjunta con la totalidad del acervo probatorio, no permite  tener  por  demostrada  la  verdadera  ocurrencia  del  ilícito, aunque tampoco  descartarla, según quedó explicado en precedencia.   

          6.10  En  relación  con  los  posibles  móviles para mentir de los  testigos de cargo.   

          Finalmente,  aduce  el apoderado judicial de la parte civil que debe  creerse  lo  dicho  por Martha Edith Sánchez, Leidy Carolina Jiménez y Rodrigo  Gómez Maldonado porque no tienen motivo para faltar a la verdad.   

          En  ese  sentido,  basta  señalar  que  en  el  presente asunto los  testimonios  de  los  nombrados resultan insuficientes para tener por acreditada  la  materialidad  del  delito,  no  porque se advierta en ellos el propósito de  mentir,  sino  porque  la  apreciación  conjunta  e  integral  de  las  pruebas  recaudadas arroja duda sobre la realidad de esa circunstancia.   

          No  se  advierte que el Tribunal haya resuelto absolver a la acusada  porque  los  testimonios incriminatorios hayan provenido de personas interesadas  en  declarar falazmente, sino porque la valoración global del acervo probatorio  impide  dar por demostrada en el grado de certeza la conducta punible, de suerte  que  el  argumento no está dirigido a derruir los pilares probatorios del fallo  atacado ni puede suscitar su revocatoria.   

         

          7. Conclusión.   

          En  síntesis,  a  partir  de  las pruebas recaudadas, no es posible  tener  por  satisfechos  los  requisitos exigidos por el artículo 232 de la Ley  600  de  2000  para  proferir  condena, porque se echa de menos la demostración  cierta sobre la materialidad del reato.   

          Las  exculpaciones  ofrecidas  por  RAMOS  GÁMEZ  y los testigos de  descargo  tampoco ofrecen convicción sobre lo contrario, como para concluir que  la conducta punible investigada nunca existió.   

          Aunque   no   cabe   duda,  porque  así  lo  demuestran  todos  los  testimonios  recaudados, de que Martha Edith Sánchez y otras personas allegadas  a  Wilson  Jiménez  se  reunieron con Nancy Lanuza Lara en una o más ocasiones  para  discutir  el  proceso  seguido  contra el nombrado, las pruebas recaudadas  resultan  insuficientes  para  afirmar  con  certeza  si  en desarrollo de tales  encuentros  la  abogada  comunicó  la  exigencia  económica  elevada por RAMOS  GÁMEZ,  o  si,  por  el contrario, las conversaciones se limitaron a la posible  contratación  de  la  profesional  del  derecho  y de Antonio Laitano Leal como  defensor del imputado.   

          Lo  que  se observa, pues, es que existe duda sobre la comisión del  delito,  por  lo cual, en razón del principio in dubio  pro  reo, se impone la confirmación de la sentencia de  primer grado.            

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  Justicia en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

1.      CONFIRMAR      integralmente,  de  acuerdo con la parte motiva de esta providencia,  la  sentencia de septiembre 7 de 2012, por medio de la cual el Tribunal Superior  de  Santa  Marta  absolvió  a  NORMA  BEATRIZ  RAMOS  GÁMEZ  de los cargos que  imputados como autora del delito de concusión.   

2. Contra este fallo no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO        ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ

Magistrado   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO

Magistrado   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ

Magistrado   

FERNANDO       ALBERTO       CASTRO  CABALLERO

Magistrado   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

EYDER   PATIÑO   CABRERA

Magistrado   

PATRICIA  SALAZAR  CUÉLLAR

Magistrada   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO

Magistrado   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  CSJ AP, 15 oct. 2014, rad. 43.259.   

2 Cfr.  CSJ SP, 26 ago. 2015, rad. 45.927.   

3 Cfr.  CSJ AP, 29 mar. 2012, rad. 38.287.   

4 CSJ  SP, 30 abr. 2013, rad. 37.785.   

5 Fs.  145 y siguientes, c. de la causa.   

6 Entre  muchas  otras,  CSJ  SP,  21  jul.  2004, Rad. 17709.  Reiterada en CSJ SP, 19 ago. 2015, rad. 45.735.   

7 Fs.  145 y siguientes, c. de la causa.   

8 Cfr.  CSJ  SP,  14  ago.  2013,  rad.  38613.  Igualmente,  CSJ SP, 11 ago. 2015, rad.  46.102.   

9 CSJ  AP, 9 jul. 2014, rad. 43.835.   

10  Ibídem.   

11 CSJ  SP, 13 ago. 2013, rad. 38.438.   

12 CSJ  SP, 27 oct. 2014, rad. 34.282.   

13 CSJ  SP, 22 sep. 2004, rad. 21.961.   

14 F.  215, c. 9.   

15 F.  231, c. 9.   

16 F.  16, cuaderno de segunda instancia.   

17  Récord 15:00 y siguientes.   

18 Fs.  189 y siguientes, c. 2.   

19 Fs.  202 y siguientes, c. 2.   

20 F.  171, c. 6.   

21  Récord 10:30 y siguientes, sesión de agosto 8 de 2012.   

22 Fs.  83 y siguientes, c. 4.   

23 Fs.  40 y siguientes, c. 3.   

24 Fs.  188 y siguientes, c. 4.   

25 Fs.  205 y siguientes, c. 4.   

26 Fs.  112 y siguientes, c. 2.   

27 Fs.  94 y siguientes, c. 7.   

28 F.  38, c. 3.   

29 Fs.  92 y siguientes, c. 2.   

30 Fs.  90 y siguientes, c. 2.   

31 Fs.  36 y siguientes, c. 3.   

32  Entre muchas otras, CSJ AP, 9 sep. 2015, rad. 41.666.   

33 CSJ  SP, 16 dic. 2015, rad. 41.587.   

34 F.  191, c. 4.   

35 Fs.  205 y siguientes, c. 1.   

36 Fs.  164 y siguientes, c. 2.   

37 Fs.  216 y siguientes, c. 1.   

38 Fs.  266 y siguientes, c. 3.   

39 Fs.  202 y siguientes, c. 3.   

40 Fs.  11 y siguientes, c. 9.   

41 Fs.  82 y siguientes, c. 2.   

42 Fs.  27 y siguientes, c. 9.   

43 Fs.  8 y siguientes, cuaderno 6.   

44 Fs.  42 y siguientes, c. 7.   

45 Fs.  137 y siguientes, c. 9.   

46 F.  288, c. 7.   

47 F.  45, c. 7.   

48 Fs.  118 y siguientes, c. 2.   

49 Fs.  137 y siguientes, c. 1.   

50 F.  240, c. 2.   

51 Fs.  51 y siguientes, c. 7.   

52  Récord 52:00, sesión de 8 de agosto de 2012.   

53 Por  ejemplo,  FLORIAN,  Eugenio.  “De  las pruebas penales”. Ed. Temis. Bogotá,  1968. Tomo I.   

54 CSJ  SP, 26 oct. 2000, rad. 15.610.   

55  Cfr. CSJ SP, 13 feb. 2013, rad. 28.465.   

56  Cfr. CSJ SP, 19 mar. 2014, rad. 38.793.   

57  Ibídem.   

58  Cfr. CSJ SP, 28 ago. 2013, rad. 39.841.   

59 CSJ  SP,  13  feb.  2013,  rad.  28.465. En igual sentido, CSJ SP, 29 feb. 2012, rad.  38.050.   

60 F.  130, c. 4.   

61 F.  70, c. 3.   

62 F.  154, c. 4.            

63 F.  180, c. 3.   

64 F.  152, c. 6.   

65 Fs.  142 y siguientes, c. 7.   

66 Fs.  1 y siguientes, c. 9.   

67 F.  5, c. 9.   

68 Fs.  160 y siguientes, c. 9.   

69 F.  95, c. 7.   

70 F.  124, c. 4.   

71 Fs.  238 y 239, c. 2.   

72 F.  101, c. 2; fs. 154 y siguientes, c. 5.   

73 F.  100, c. 3.   

74 Fs.  62 y siguientes, c. 1; fs. 230 y siguientes, c. 1.   

75 F.  17, c. 1.   

76 F.  231, c. 1.   

77 Fs.  22 y siguientes, c. 3   

78 Fs.  72 y siguientes, c. 2.   

79 Fs.  24 y siguientes, c. 3.   

80 F.  135, c. 3.   

81 F.  183, c. 3.   

82 Fs.  237 y siguientes, c. 2.   

83  Récord 10:30 y siguientes, sesión de 8 de agosto de 2012.   

84 F.  10, c. 3.   

85 F.  19, c. 2.   

86 Fs.  29 y siguientes, c. 2.   

87  Ibídem.   

88  Entre  muchas  otras,  Cfr.  CSJ  SP, 13 feb. 2013, rad. 28.465. CSJ AP, 23 may.  2012, rad. 37.434.   

89  Cfr. CSJ 7 may. 2014, rad. 35.346.     

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