SP3388-2014(42768)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

SP 3388-2014   

Radicación     n°     40480   

(Aprobado Acta No.  081)   

Bogotá      D.C.,      diecinueve (19) de marzo de dos mil catorce (2014).   

V   I   S   T   O  S   

Procede  la  Sala  a resolver el recurso de  casación  interpuesto  por  el  Fiscal Segundo Delegado ante los Jueces Penales  del  Circuito Especializados, contra la sentencia del Tribunal Superior de Neiva  (Huila),  que revocó y absolvió a Héctor Fabio Londoño Pizarro del delito de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  o  explosivos  agravado, quien había sido  condenado  por  esa  conducta  punible por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado de la misma ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de  segundo  grado  de la siguiente  manera:   

Según  lo  reveló la actuación, a eso de  las  00:50  horas  del 2 de agosto de 2011, policiales apostados a la altura del  peaje    ubicado    a    tres   kilómetros   de   la   vía   Neiva–Bogotá,  tras  practicar registro al  bus   de   placa   TGM-607,   el   cual   cubría  la  ruta  Bogotá–Florencia,  descubrieron en la bodega  de  herramientas  una  caja  de  cartón  sellada en cuyo interior se halló una  ametralladora  calibre  7.62  [mm],  modelo  M60  y  un  cañón  para la misma.  Interrogado  el conductor sobre el propietario del alijo, señaló a dos sujetos  recogidos  como  pasajeros  en inmediaciones de la terminal de transportes de la  Capital,  quienes  respondieron a los nombres de Pier Paolo Reza Ortiz y HÉCTOR  FABIO        LONDOÑO        PIZARRO,        capturándoseles        en       el  acto.          

         2.  Por  los  anteriores hechos, el 3 de  agosto  de  2011,  ante  el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal con Funciones de  Control  de Garantías de Neiva, una vez declarada la legalidad de la captura de  Reza  Ortiz  y  Londoño  Pizarro,  la  Fiscalía  les formuló imputación como  presuntos  coautores  del  delito  de  fabricación,  tráfico y porte de armas,  municiones  de  uso  restringido,  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas o  explosivos      agravado,      en     la     modalidad     de     «transportar» (arts. 366 y 365-1-5-7 del  Código   Penal),  con  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  de  obrar  en  coparticipación   criminal   (art.   58-10   ibídem);  quienes  rechazaron  el  cargo.   

         Seguidamente,  a  instancia  de  la Fiscalía, los imputados fueron  afectados   con   medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva  en  establecimiento carcelario.   

         3.  Habiendo correspondido la actuación  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Neiva, los días 26 de  septiembre  y  13  de diciembre de 2011 se cumplió la audiencia de formulación  de  acusación,  conforme  al  escrito  presentado  por  el  delegado del Fiscal  General  de  la  Nación,  en  la  que  reiteró  los  cargos  atribuidos  en la  formulación  de  imputación,  salvo  en  cuanto  a  la  circunstancia de mayor  punibilidad  de  obrar  en  coparticipación  criminal  (art.  58-10 del Código  Penal),que fue retirada.     

         4. Cumplidas las audiencias preparatoria  y  de  juicio  oral,  el  3  de  julio  de  2012  se dictó sentencia de primera  instancia  en  la que se condenó al acusado Héctor Fabio Londoño Pizarro a la  pena  principal  de  22  años  de  prisión,  así  como  a  las  accesorias de  inhabilitación   para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  y  privación  del  derecho  a  la  tenencia y porte de arma, por el término de 20  años  y 1 año, respectivamente, como autor del delito fabricación, tráfico y  porte  de  armas, municiones de uso restringido, de uso privativo de las fuerzas  armadas   o   explosivos  agravado  (arts.  366  y  365-1  del  Código  Penal),  negándosele  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena y la  prisión  domiciliaria;  en  tanto  que  al  procesado  Pier Paolo Reza Ortiz lo  absolvió de dicha conducta punible.   

         

         5.  Apelado  el fallo por la Fiscalía y  el  defensor del incriminado Héctor Fabio Londoño Pizarro, en sentencia adiada  12   de   septiembre   de  2012,  el  Tribunal  Superior  de  Neiva  lo  revocó  parcialmente,  absolviendo  al mencionado del cargo formulado en la acusación y  dispuso su libertad inmediata.     

         6.  Contra  la  anterior  decisión,  el  Fiscal  Segundo  Delegado  ante los Jueces Penales del Circuito Especializado de  Neiva interpuso recurso de casación.   

         7.  Con  auto  del  23 de julio de 2013,  esta  Sala  admitió  la demanda de casación presentada por el representante de  la  Fiscalía  y,  el  24  de  febrero  siguiente, se verificó la sustentación  respectiva.    

SÍNTESIS    DEL  LIBELO   

         Con  fundamento  en  la  causal tercera de casación prevista en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, el demandante enuncia un único cargo  soportado  en  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, por cuanto el  juzgador  de  segundo grado incurrió en errores de hecho al valorar el conjunto  probatorio,  lo  cual  conllevó a que se excluyera lo reglado en los artículos  365, inciso 3° numeral 1°, y 366 del Código Penal.   

En sustento de esa formulación, señala el  actor   que  el  Tribunal  incurrió  en  el  citado  desatino  al  no  analizar  mancomunadamente  los  elementos  de  conocimiento  de  carácter  testimonial y  documental,   así  como  las  estipulaciones  probatorias  acordadas  entre  la  Fiscalía  y  el  acusado,  yerro  que condujo a que igualmente se excluyera del  juicio  de  derecho  el artículo 283 de la Ley 906 de 2004, por considerar que:   

al  no  haberse  probado documentalmente el  elemento  “sin  permiso  de autoridad competente” que trae la norma adjetiva  cuya  aplicación  se reclama, se veía exonerado de examinar las demás pruebas  y  supuestos  de  la  apelación…,  dado  que en realidad el señor…, había  aceptado  que  era  el  portador  del  arma incautada, y si era que tenía en su  poder  el  permiso  para  ello,  o  se le había olvidado, extraviado, dañado o  cualquier  otra  circunstancia  que  pudiera demostrar lo contrario, así debió  manifestarlo  desde  el  momento mismo de su captura, en aplicación de la regla  de  “mejor  evidencia”  y/o  “facilidad  y deber probatorio”.   

Refiere que de acuerdo con la clasificación  contenida   en   el   artículo   8º  del  Decreto  2535  de  1993,  dadas  las  características   del   arma   incautada  al  acusado  Londoño  Pizarro,  tipo  ametralladora  M60, ésta en ningún caso puede ser portada por particulares, ni  siquiera  de  manera  excepcional  con autorización de la autoridad competente,  por  tratarse  de  un  arma de fuego de uso militar, cuyo empleo es exclusivo de  las Fuerzas Armadas.     

El  casacionista, encaminado a demostrar el  vicio  que  le  atribuye  al  sentenciador,  procede a enunciar y a comentar los  testimonios  de  Hermes Gutiérrez Díaz, Nelson Javier Valencia Castillo, ambos  patrulleros  de  la Policía Nacional; Marco Aurelio Trujillo Mazo, ayudante del  bus;  José  Fernando  Gil  Vanegas,  perito  en  balística;  y, Robert Méndez  Prieto, conductor de la empresa Taxis Verdes.   

Después  de hacer referencia a las pruebas  practicadas  dentro  del  juicio  oral,  público y concentrado, así como a las  estipulaciones  probatorias  números 1 y 2, anota que la defensa creó la falsa  sensación  en  cuanto a que el arma descrita por el perito balístico no era la  misma  que fue incautada, supuesto que no comparte,  en la medida en que el  artefacto  coincide con el informe fotográfico y el que rindió el investigador  de  laboratorio,  elementos  de  conocimiento  que  desvirtúan  lo dicho por la  defensa técnica.   

Sostiene  que  el incriminado Héctor Fabio  Londoño  Pizarro  aceptó que era suya la caja donde se ocultaba el arma de uso  exclusivo  de  las  Fuerzas  Militares,  además  el acta de consentimiento para  revisar su contenido está firmada por él.   

Acota  que la Fiscalía sí contaba con los  elementos  necesarios  para  demostrar el delito de porte ilegal de armas, entre  otros, advierte que:   

…el  defensor  del mencionado [fue] quien  estipuló  que  efectivamente  el  arma fotografiada con el vehículo en que era  transportada,  era  la  misma  a la que los referidos testigos se referían como  que  era  transportada  por  el  señor  Londoño  Pizarro…,  por  ello no era  necesario  presentarle  en  el  juicio  y  si  la  prueba testimonial es clara e  inequívoca  en  señalar al mencionado como el mismo que transportaba tal letal  elemento,  resulta  una  verdad  inconcusa  que  el Tribunal…, incurrió en el  error que se le atribuye.   

Dice  que solo basta con escuchar la prueba  testimonial  y  leer el contenido de la prueba documental, para darse cuenta que  Londoño  Pizarro  sí portaba el elemento prohibido para los particulares, y no  como  lo  hizo  ver  el  Tribunal,  es  decir,  que  al  juicio no se allegó el  documento  que  acreditara  que  el  mencionado carecía del permiso para llevar  consigo el arma de fuego.   

Comenta  que  la  decisión del juzgador de  segunda  instancia  de  absolver  a  Londoño  Pizarro, es contraria a derecho y  afecta los intereses del Estado.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia  recurrida,  para  en  su  lugar  «dejar en  firme  la  sentencia  dictada por el Juzgado Segundo  Penal del Circuito de  Neiva».   

INTERVENCIONES    EN    LA    AUDIENCIA  PÚBLICA   

1.    Fiscalía    General    de    la  Nación:   

El   Fiscal   7º   Delegado   ante  esta  Corporación  sostiene  que  el  problema  jurídico  planteado en la demanda de  casación,  se  circunscribe  a  determinar si el elemento normativo previsto en  los  artículo  365  y  366  del  Código  Penal,  contenido  en  la  expresión  «sin  permiso  de  autoridad  competente»,  necesita  ser  probado  en orden a concluir la tipicidad de la  conducta.   

Estima  que  en  el  caso  concreto,  tal  ingrediente  descriptivo de carácter negativo sí se probó en el juicio por la  Fiscalía,   puesto  que  con  la  pericia  de  balística  se  determinaron  la  características  del  arma incautada al procesado Londoño Pizarro, a partir de  la  cual  el  a  quo  realizó  deducción  que  le permitió concluir que dicho  artefacto      era      de      uso      exclusivo      de      las      Fuerzas  Armadas.                 

Juicio  lógico que encuentra razonado, por  cuanto  dice, con las estipulaciones probatorias se acreditó, de una parte, que  el  acusado  no  era miembro de las Fuerzas Armadas, en tanto que con fundamento  en   la   experticia   de   balística,   de  otro  lado,  se  determinaron  las  características  del arma de fuego, así que bien podía concluir el a quo, sin  necesidad  de  exigir  el  documento  que  echa  de  menos  el  Tribunal, que el  artefacto  era  de  uso  exclusivo  de  aquellas,  y  que  por  tratarse  de una  ametralladora  cuyo  funcionamiento  es automático, no podía en ningún evento  contar  con  permiso  para  ser  portada  por  civiles,  de  conformidad  con el  artículos  7,  8,  9  y  14  del  Decreto 2535 de 1993.       

Luego,  afirma,  el ad quem incurrió en el  error  denunciado  cuando indicó que para demostrar el tipo penal del artículo  366   del   Estatuto   Punitivo,   la  Fiscalía  debió  incorporar  al  juicio  certificación  de que el procesado carecía del respectivo permiso de autoridad  competente  para  el  porte  o  tenencia del arma que le fue incautada, medio de  convicción  que  no  era  indispensable  allegar en el caso específico, con lo  cual  desconoció  el  principio  de  libertad  probatoria y omitió apreciar en  conjunto los demás medios probatorios.   

En esa medida, reafirma los argumentos y la  solicitud  consignada  en  la  demanda,  en  el  sentido  de  casar la sentencia  impugnada  para  que, en su lugar, recobre vigencia el fallo del Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Neiva,  mediante el cual se condenó al  acusado Londoño Pizarro.         

         2. Ministerio Público:   

         El   Procurador   Segundo   Delegado   para   la  Casación  Penal,  inicialmente  advierte  que  la  pretensión  de  la  Fiscalía  está llamada a  prosperar.   

         Señala  que  en  el caso concreto, corresponde determinar cuál es  el   alcance   de  la  expresión  «sin  permiso  de  autoridad  competente»,  elemento normativo del tipo  previsto  en  el artículo 366 del Código Penal, sobre el cual esta Sala en CSJ  SP,  2  Nov.  2011,  Rad.  36544,  dejó  dicho  que debe probarse con medios de  conocimiento   distintos  a  los  simplemente  relacionados  con  la  posesión,  tenencia        o        porte       del       arma       de       fuego       o  municiones.         

         Agrega  el  Delegado de la Procuraduría, que de igual forma en CSJ  SP,  25  Abr.  2012,  Rad.  38542, esta Corporación expresó que el ingrediente  normativo  en  comento  debe  demostrarse  incorporando  al juicio oral prueba o  cuando  menos una estipulación de las partes, de las cuales se pueda colegir de  manera  razonable  que  el  comportamiento  descrito  en el tipo penal no estaba  amparado  por  el  ordenamiento  jurídico,  ello sin perjuicio del principio de  libertad  probatoria,  luego  no  es  deber inexorable que en todos los casos la  Fiscalía   allegue   al   proceso   mediante   el  correspondiente  testigo  de  acreditación,  el  documento  expedido  por  la  autoridad  respectiva donde se  certifique   la   ausencia   del   permiso   para   el  porte  del  arma  o  las  municiones.    

         Manifiesta  que  en  el asunto de la especie, al a quo no le quedó  resquicio  de  duda  en  cuanto  a que el arma de fuego, tipo ametralladora M60,  incautada  al  procesado,  era  la  misma  que  los  funcionarios de la policía  judicial  fijaron  fotográficamente  en el vehículo donde era transportada, de  donde  encontró  acreditada  la materialidad del delito y la responsabilidad de  aquel.    

         Considera  atinada  la  afirmación del demandante, en cuanto a que  bastaba  con  examinar  la prueba testimonial y la documental aducida al juicio,  para  concluir  sin  dificultad  que  el acusado Londoño Pizarro sí portaba el  artefacto  prohibido  y que carecía del permiso respectivo, de cuya hipotética  existencia  el  mencionado  bien  pudo  dar  cuenta  en  el juicio, sin que ello  implique la inversión de la carga de la prueba.    

         En   consecuencia,  pide  a  la  Corte  casar  el  fallo  recurrido  extraordinariamente,  con  el  objeto de dejar vigente la sentencia condenatoria  proferida por el juzgador de primer grado.   

3.  Defensora del procesado Pier Paolo Reza  Ortiz:   

Señala   que  en  su  condición  de  no  recurrente,  y  por  no  existir  inconformidad  en relación con la absolución  proferida  a  favor  de  su  representado  en  ambas  instancias,  amén que los  argumentos  de la Fiscalía apuntan a que se case el fallo del Tribunal Superior  de  Neiva,  con la finalidad de que se mantenga la condena impuesta por el a quo  a    Héctor    Fabio    Londoño    Pizarro,   no   contrapone   argumentación  alguna.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Cargo  único:  Violación indirecta de la ley sustancial  por  error de hecho en la apreciación probatoria.   

         1. Aun cuando el demandante no indica en  el  libelo  el  falso  juicio  que determinó el error de hecho en el que afirma  incurrió  el Tribunal en la valoración probatoria, que a su vez conllevó a la  violación  indirecta  de  la ley sustancial por exclusión de lo normado en los  artículos  365,  inciso  3º  numeral  1º,  y 366 de la Ley 599 de 2000, de su  argumentación   se  extrae  sin  dificultad  que  apunta  al  falso  juicio  de  existencia por omisión.   

         En  efecto,  el  reparo  lo  sustenta  el  censor  en que el Tribunal revocó la  condena  proferida  por  el  a  quo  contra  el  acusado  Héctor Fabio Londoño  Pizarro,  con el argumento de que la Fiscalía no había acreditado en el juicio  el  elemento  normativo del tipo previsto en el artículo 366 del Código Penal,  referido  a  la  expresión «sin permiso de autoridad  competente»,  de  donde  derivó la atipicidad de la  conducta  desarrollada por el supranombrado y su consecuente absolución, con lo  cual  omitió  apreciar  los  demás  elementos  de  convicción acopiados en el  juicio,  que  considera  sí demostraban tal aspecto y, por contera, desconoció  el  principio  de  libertad probatoria que gobierna el régimen probatorio en el  proceso penal.       

         2.  Como  atinadamente  lo  destacó  el  representante  de  la  Fiscalía  ante esta Corporación, en el caso concreto el  problema   jurídico   se  concreta  en  determinar  si  el  elemento  normativo  comprendido  en  la  frase  «sin permiso de autoridad  competente», que hace parte estructural de los tipos  penales  previstos  en  los artículos 365 y 366 del Código Penal, requiere ser  probado  por  la  Fiscalía;  cuestión  que  además  comporta  examinar, si la  acreditación    de    dicho   ingrediente   típico   está   o   no   tarifada  legalmente.       

         3.   El   artículo  366  del  Estatuto  Punitivo  que  consagra  el  delito  de fabricación, tráfico y porte de armas,  municiones  de  uso  restringido,  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas o  explosivos  agravado, por el cual la Fiscalía formuló acusación en contra del  procesado Londoño Pizarro, es del siguiente tenor literal:    

El que sin permiso  de  autoridad  competente importe, trafique, fabrique,  transporte,  repare,  almacene, conserve, adquiera, suministre, porte o tenga en  un  lugar  armas  o  sus partes esenciales, accesorios esenciales, municiones de  uso  privado de las Fuerzas Armadas o explosivos, incurrirá en prisión de once  (11)    a    quince    (15)   años.   (Subraya   la  Sala)    

         3.1  En relación con el ingrediente del  tipo  objetivo  que demanda la ausencia de la autorización administrativa, para  así  reputar  típica  la  conducta  de quien bajo esa particular circunstancia  actualiza,  en  cualquiera de sus modalidades, el comportamiento allí descrito,  cabe  anotar que no ofrece discusión que por corresponder la carga de la prueba  a  la  Fiscalía,  según  mandato superior (art. 250 Const. Pol.) y legal (Art.  7º  Ley  906 de 2004), es a dicho ente, y a ninguna otra parte o interviniente,  a   quien   incumbe   acreditarlo   en   el  juicio  en  orden  a  demostrar  la  responsabilidad  penal del acusado, lo cual comporta en un primer momento probar  la  materialidad de la conducta punible, valga decir, su tipicidad, amén de las  exigencias         relativas         a        su        antijuridicidad        y  culpabilidad.                

         En  esa  medida,  el  fallador  no  puede  suponer  configurado tal  elemento  típico  sin  que  obre  medio  de  persuasión que lo demuestre, como  tampoco   es  procedente  deducirlo  argumentativamente  a  través  de  juicios  lógicos,  ni siquiera aplicando reglas de la experiencia, so pena de trasgredir  el  principio  de  presunción  de  inocencia,  ello  por  cuanto  si bien se ha  considerado  al  enunciado  en cuestión como un elemento normativo del tipo, en  tanto   término  legal  que  exige  una  valoración  jurídica   sobre   su  contenido,  resulta  innegable  que  tiene  un  sustrato  eminentemente  fáctico,  esto es, el hecho de no tener autorización legal para  el  porte  del arma o la munición de que se trate, el cual debe probarse previo  a emitir la correspondiente sanción.    

         En  tal  sentido  se  expresó la Sala en CSJ SP, 2 Nov. 2011, Rad.  36544, al indicar:   

Desde el punto de vista objetivo, este tipo  penal se compone de los siguientes elementos:   

(i) Una pluralidad  de  acciones:  importar, traficar, fabricar, transportar, almacenar, distribuir,  vender, suministrar, reparar o portar.   

(ii)  Un  objeto  material,   consistente   en   por   lo  menos  un  arma  de  fuego  de  defensa  personal    o    en    municiones   de   la   misma  índole.   

Y    (iii)  un   ingrediente,   “sin   permiso   de  autoridad  competente”,  que  es  normativo en la medida en que contempla una valoración  de  índole  jurídica  (autorización  legal),  pero que es más descriptivo en  tanto  alude  a  una  situación  o circunstancia predominantemente fáctica (no  tener el salvoconducto).   

En  lo  que  a  este  último  elemento  se  refiere,  salta  a la vista que para su corroboración  es   menester   partir   de   unos  datos  o  hechos  de  naturaleza  objetiva,  derivados de los medios probatorios recaudados durante  la  actuación. (Lo mismo puede predicarse con cualquier otro elemento del tipo,  incluso de los subjetivos o eminentemente normativos.)   

Lo anterior significa que, para demostrar en  un  asunto  concreto la falta de autorización legal para comerciar, distribuir,  llevar  consigo,  etc.,  un  arma  de fuego, deberá introducirse al juicio oral  prueba  (o,  por lo menos, una estipulación de las partes en ese sentido) de la  cual  pueda colegirse, de manera razonable, que el comportamiento descrito en la  ley  no estaba amparado por el orden jurídico. Ello, claro está, sin perjuicio  de  la aplicación del principio de libertad probatoria (artículo 373 de la Ley  906  de  2004),  por  lo  que  no  es  obligación  ineludible  de  la Fiscalía  aportar,  mediante  un  testigo  de acreditación, el  documento   público  que  certifique   la   ausencia   del  permiso  correspondiente,  siempre   y   cuando  recurra  a  cualquier  otro  medio  pertinente  para  hacerlo.   

Sin  embargo,  si  no  se  parte  de  una  circunstancia   o   fundamento   fáctico   claro  para  decidir  acerca  de  la  configuración  de  tal ingrediente típico, es incuestionable que su existencia  tampoco  podrá  presumirse, ni siquiera argumentativamente, pues de ser así se  estaría  ignorando  la  norma  según  la  cual “corresponderá al órgano de  persecución  penal  la  carga de la prueba acerca de la responsabilidad”, tal  como   lo   prevé   el   inciso  2º  del  artículo  7  del  Código  Procesal  Penal.   

En  este  orden de ideas, la presunción de  inocencia  jamás  podrá  desvirtuarse  mediante  la  formulación  aislada  de  hipótesis   alusivas   a  la  experiencia.  (Subraya  fuera de texto)   

         Surge  patente,  conforme a la regla interpretativa enunciada en la  jurisprudencia  traída  a  colación,  reiterada  en  otras  decisiones de esta  Corporación  (CSJ  SP,  25  Abr.  2012,  Rad.  38542; CSJ SP, 7 Nov. 2012, Rad.  36578;  y,  CSJ  AP, 29 Ene. 2014, Rad. 42215), que no basta la demostración de  la mera posesión, tenencia  o    porte    del    arma    de    fuego    o    de   la   munición,   para  tener  acreditado  que  quien  actualiza el supuesto de hecho contenido en los tipos  penales  de  los  artículos  365  y  366 del Estatuto Punitivo, por    esa   sola   razón   carece  del  permiso  legal  respectivo,  pues  a  tal  conclusión solo se podrá arribar en la  medida  en que la prueba recaudada en el juicio por cuenta del ente acusador, se  insiste,  permita  concluir  razonadamente  que  dicha  conducta        no        está        amparada  jurídicamente.   

         Lo   anterior   no   significa,   como   lo   enseña  el  criterio  jurisprudencial  comentado, que en el ordenamiento jurídico exista tarifa legal  a  fin  de  demostrar  el  pluricitado  ingrediente típico, valga decir, que se  exija   un  específico  elemento  de  persuasión  que,  a  la  manera  de  una  «prueba  reina»,  sea el  único  medio  que  conduzca al juzgador al grado de conocimiento necesario para  dar  por  probado  tal  supuesto,  pues  una  postura  de  ese jaez desconoce el  principio  de  libertad  probatoria consagrado en el artículo 373 de la Ley 906  de  2004, que gobierna el régimen probatorio en el ordenamiento adjetivo penal,  cuya única limitante es la dignidad humana.     

         4.  En  el  asunto  de  la  especie,  de  entrada  advierte la Corte que el Tribunal incurrió en el vicio que denuncia en  el  libelo  el  representante  del  ente  acusador, por cuanto en la valoración  probatoria  se  centró  en criticar que la Fiscalía no llevó al juicio prueba  demostrativa  de que el procesado Londoño Pizarro carecía del permiso expedido  por  autoridad  competente para transportar el arma que le fue incautada el día  de  su  captura,  omitiendo  valorar  los  elementos  de  persuasión que fueron  aducidos  por  la  parte  acusadora,  de  los cuales se arriba a una conclusión  diametralmente opuesta.           

         Al  efecto,  resulta  pertinente  reseñar  los escuetos argumentos  expuestos  por  el ad quem, en los cuales soportó la falta de demostración del  elemento  normativo del tipo consagrado en el artículo 366 del Código Penal y,  por  contera,  concluyó  la  atipicidad de la conducta realizada por el acusado  Londoño    Pizarro,   que   derivó   en   la   correlativa   absolución   del  mencionado.      

         Dijo el Tribunal:   

Como  con  meridiana nitidez lo revelan las  pruebas  practicadas  y  arriba  invocadas,  pese a que el Fiscal en el presente  caso  no  le  (sic)  llevó  al juicio una sola probanza atinente a la falta del  permiso  concedido  por  la  autoridad  competente  para  que el señor LONDOÑO  PIZARRO  pudiera  portar  o transportar el arma de fuego de uso privativo de las  fuerzas  armadas  hallada  en  su  poder,  el señor juez [de primera instancia]  pasó  inadvertida  tal  omisión  y sin ningún comentario al respecto declaró  demostrada  la  materialidad  de  la  conducta ilícita juzgada, al igual que la  responsabilidad   del   acusado,  por  el  hecho  de  habérsele  encontrado  la  ametralladora  en  cuestión;  (…)  presumió  la responsabilidad en vez de la  inocencia  e invirtió la carga probatoria impuesta al ente acusador; (…) pues  si  bien muy probablemente el procesado HÉCTOR LONDOÑO PIZARRO transportaba el  arma  de  fuego de uso privativo de las fuerzas armadas sin permiso de autoridad  competente,  la Fiscalía no adujo ningún elemento material probatorio sobre el  cual    pudiera   afianzarse   tal   inferencia   (…).       

        Ahora,  si  bien  es cierto que el Fiscal del caso no incorporó al  juicio     certificación    de    la    autoridad    competente    –Departamento   Control  Comercio  de  Armas,  Municiones  y  Explosivos  del Comando General de las FF.MM.–,  donde  se  hiciera  constar que el  incriminado  Londoño Pizarro carecía del permiso para transportar –verbo  rector que le fue endilgado en  la  acusación– el arma de  fuego  que  le  fue incautada al momento de su aprehensión, que valga destacar,  ocurrió  cuando  la  llevaba oculta en el compartimento de herramientas del bus  de  servicio  público  en el que viajaba hacia la ciudad de Florencia; también  lo  es  que en este particular evento no era necesario que así lo acreditara el  ente   acusador,  pues  a  instancia  de  éste  se  practicaron  otras  pruebas  demostrativas  del  supuesto  fáctico  en que se sustenta el elemento normativo  que equivocadamente echó de menos el Tribunal.     

        En  efecto,  no  obstante  que  el  sentenciador  de  segundo grado  relacionó  el  contenido  de  todos  y cada uno de los elementos de persuasión  válidamente  practicados  en el juicio, entre ellos, el testimonio del técnico  profesional  en  balística  Robert  Méndez  Prieto,  miembro  de  la  policía  judicial  de  la Policía Nacional, omitió valorar el contenido de su pericia y  del  informe  base de la misma que a través de éste fue incorporado al juicio,  como  lo  autoriza  el  inciso  final  del  artículo  415  de  la  Ley  906  de  2004.   

        El  objeto  de la prueba pericial en cuestión, según lo expuso el  supranombrado                deponente1   y  consta  en  el  informe  respectivo2,  era practicar experticia técnica al arma de fuego incautada con  el  fin  de  establecer su estado de conservación y funcionamiento, labor en la  cual  el  experto,  previo  a rendir sus conclusiones, se ocupó de realizar una  descripción  clara  y  precisa  de  las  características del artefacto bélico  examinado,  determinando  que se trata de «un arma de  fuego  tipo  ametralladora, marca US Machine Gun, modelo M60 E4, calibre 7.62×51  mm,   (…)   funcionamiento  automático,      (…)»      (Resalta      la  Sala).                 

        El   referido   elemento   de   persuasión   demuestra  tanto  las  condiciones  materiales y el desempeño de los mecanismos de disparo del arma de  fuego,  ítems  que  encontró  aceptables  el perito, como sus características  particulares,  entre  las  que  se  destaca  el  funcionamiento  automático del  aludido artefacto.     

        Esa   circunstancia   fáctica,   valga  decir,  el  tipo  de  arma  automática  que  le  fue  hallada  al  procesado  Londoño  Pizarro  cuando  la  transportaba  oculta  en  un vehículo de servicio público, debidamente probada  con  la  pericia  balística,  permite  en  el  caso  concreto colegir de manera  razonable  que  el  comportamiento  descrito  en  el  artículo 366 del Estatuto  Punitivo no estaba amparado por el orden jurídico.     

        En     sustento     del     anterior  aserto,   y  a  fin  de  establecer a qué clasificación corresponde el arma  de  fuego aprehendida en el  asunto  concreto,  debe  acudirse  a la normativa que  regula  la  tenencia  y el  porte  de  armas,  municiones,  explosivos y sus accesorios, esto es, al Decreto  2535  de  1993,  que además se encarga de clasificarlas y fija el régimen para  la  expedición  de  los respectivos permisos a particulares para su posesión o  porte.    

        Según     el     artículo  7º  de la preceptiva en comento, las  armas  de fuego se clasifican en tres categorías, una de las cuales, conforme a  su  literal a), corresponde a las «Armas de guerra o  de   uso   privativo   de   la   Fuerza  Pública»,  definidas  en el artículo 8º ibídem, en términos  generales,  como  aquellas  destinadas  a  defender  la soberanía nacional y el  orden    constitucional,    entre    las    cuales   la   norma   relaciona   en  su   literal d), las  «Armas      automáticas      sin      importar  calibre»;  artefactos éstos que por su poder letal  no     pueden     poseer     ni     portar    los  particulares,  bajo ninguna circunstancia, según se  desprende  de  que  conforme  al  literal  a)  del  artículo 14 del pluricitado  decreto,    estén    catalogadas    como   «Armas  prohibidas»   las  de  «uso privativo o de guerra, salvo las de  colección debidamente autorizadas,  o   las   previstas   en   el   artículo   9º   de   este  Decreto»,  excepciones éstas que no se verifican en el caso particular,  por  cuanto  ni  se  acreditó que la ametralladora M60 E4 incautada   cumpliera  los  requisitos  legales  para  considerarla  arma  de  colección3,  ni dadas  sus   características   se   identifica  con  las  enlistadas  en  el  artículo  9º  de  la reglamentación    citada4.   

       En   ese   orden,   resultó   un  desatino      del      Tribunal     exigir     que    el    representante  de la Fiscalía aportara  al   juicio   elemento  de     convicción  donde  se certificara que  el procesado Londoño   Pizarro   no  contaba  con el respectivo permiso para  transportar o,  en  general,  poseer  el artefacto  bélico    que    le   fue   incautado,   por   la   potísima   razón  de  que    la   autoridad  competente,   en   ningún   supuesto,    está    facultada    legalmente  para   expedir   la   susodicha   autorización   o  salvoconducto   respecto  de  armas  de  guerra,  por  estar  ello  expresamente    prohibido     en     la     ley.        

Refulge, entonces, que el ad quem incurrió  en  el yerro denunciado por el demandante, al omitir apreciar la prueba pericial  que,  como quedó visto, demuestra sin ambages el aspecto fáctico sobre el cual  se  edifica  el  elemento  normativo  «sin permiso de  autoridad  competente»  que  integra  el supuesto de  hecho  del artículo 366 del Código Penal; de donde obligado es concluir que la  conducta     desplegada     por     el     acusado     Londoño    Pizarro    es  típica.      

Así  las  cosas,  la  Corte  casará  la  sentencia  impugnada  con  fundamento en el único cargo propuesto en el libelo,  para,   en  su  lugar,  confirmar  la  de  primera  instancia  que  condenó  al  incriminado  Héctor Fabio Londoño Pizarro como autor responsable del delito de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo de las fuerzas armadas o explosivos agravado.   

         En  consecuencia,  y  atendiendo a que el a quo negó al mencionado  los  mecanismos sustitutivos de la prisión, así como que éste se encuentra en  libertad  por  decisión  del  Tribunal  adoptada en el proveído que revocó la  condena,   se   dispondrá  librar  orden  de  captura  en  su  contra  para  el  cumplimiento  de  la  pena,  cuya  expedición  queda a cargo del juez de primer  grado.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

1.  CASAR  la  sentencia  proferida  el  12  de  septiembre de 2012 por el Tribunal Superior de  Neiva,  con fundamento en el único cargo formulado en la demanda presentada por  el  Fiscal  Segundo Delegado ante los Jueces Penales del Circuito Especializados  de la misma ciudad.   

2.          CONFIRMAR,  en  consecuencia,  la  sentencia  de  primera  instancia que condenó al  procesado  Héctor  Fabio  Londoño Pizarro como autor responsable del delito de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo de las fuerzas armadas o explosivos agravado.   

3. LIBRAR orden  de  captura  en contra de Héctor Fabio Londoño Pizarro para el cumplimiento de  la  pena,  cuya  expedición queda a cargo del juez de primer grado.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Registro  No.  410013107002_1  del  CD  de  juicio  oral, sesión de 14/02/2012,  minuto 30:57 a 1:09:30.   

2 Folio  23 de la carpeta de evidencias y estipulaciones.   

3  «Artículo  13º.- Armas  de   colección.   Son   aquellas  que  por  sus  características  históricas,  tecnológicas  o  científicas,  sean  destinadas  a  la  exhibición  privada o  pública de las mismas».   

4  «Artículo  9º.-  Armas  de  uso  restringido. Las armas de uso  restringido  son  armas  de guerra o de uso privativo  de  la  fuerza  pública,  que de manera excepcional  pueden  ser  autorizadas  con  base  en la facultad discrecional de la autoridad  competente,  para defensa personal especial, tales como: Subrayado  declarado Inexequible Sentencia Corte Constitucional 296 de 1995   

     

a. Los  revólveres  y  pistolas  de calibre 9.652 mm. (.38 pulgadas)  que  no  reúnan  las  características  establecidas en el artículo 11 de este  Decreto;   

b. Las      pistolas      de     funcionamiento     automático     y  subametralladoras».  (Subraya fuera de texto)       

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *