SP2902-2016(46801)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

SP2902-2016  

Radicación     n°     46801   

(Aprobado Acta No.  071)   

         Bogotá, D.C.,  marzo    nueve   (09)   de   dos   mil   dieciséis  (2016).   

V   I   S   T   O  S   

Sería  del caso que la Sala se pronunciara  sobre  la  admisibilidad  de la demanda de casación presentada por el apoderado  de  la  parte  civil  contra la sentencia dictada por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de Barranquilla, que por mayoría confirmó integralmente la proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Depuración  de la misma ciudad, que  absolvió    a    Gabriel    Castro    Cuello   del   delito   de   estafa,  de no ser porque se observa que  se  ha  configurado  el  fenómeno  jurídico  de la prescripción de la acción  penal  frente  al  ilícito  en  mención,  en concreto antes de que se iniciara  formalmente la investigación.   

HECHOS  

         Fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de segundo grado de la  siguiente manera:   

La  investigación  se  desprende  de  la  denuncia  instaurada  [el  24  de  enero  de  2008] por la señora Esther María  Castro  de  Guzmán,  a  través  de  apoderado  judicial, en relación a que el  señor  Gabriel  Castro  Cuello, [mediante Escritura Pública No. 2110 del 11 de  agosto  de  1997],  le  vendió una finca de 132 hectáreas en la región de San  Cayetano-Bolívar,  [por  valor  de  $10.000.000], y la víctima le encargó [al  mencionado,  que  es  su  hermano,]  que  realizara la inscripción del inmueble  (sic),  ya  que  [ella] se encontraba en Estados Unidos; sin embargo, el acusado  no lo hizo.   

Señala el denunciante que posteriormente el  inmueble  fue  embargado  y  rematado,  a  (sic)  razón de que el señor Castro  Cuello  había  firmado  como  codeudor de los señores Jairo Castaño García y  María  Bernal  de  Castaño,  un título valor que sirvió de recaudo ejecutivo  dentro  del  proceso  iniciado  [el  31  de enero de 2001] por el señor Orlando  Arroyo  Caraballo,  y  que  posteriormente  fue  vendido  [por  éste] al señor  Gabriel [Antonio] Pérez Vergara.        

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Con fundamento  en  los  anteriores  hechos,  denunciados el 22 de enero de 2008, Gabriel Castro  Cuello  fue  vinculado  a la investigación a través de declaratoria de persona  ausente     por     los     delitos    de    estafa  agravada  (arts.  246  y  267  C.P.)  y  fraude   procesal  (art.  453  ibídem),  según  resolución  adiada  11  de  marzo  de  20131,  y  en  proveído  del 21 de  agosto  de  dicha  anualidad,  la Fiscalía le resolvió la situación jurídica  imponiéndole  medida de aseguramiento de detención preventiva sin beneficio de  excarcelación2.   

Cabe  anotar,  que  la  denunciante  Esther  María  Castro  de  Guzmán  se  constituyó,  a  través de apoderado, en parte  civil,  siendo  reconocida  como  tal  en  proveído  del  1º  de  diciembre de  20093.    

2.  Clausurado el  ciclo   instructivo,   mediante   resolución   calendada   25   de  octubre  de  20134,  se  calificó el mérito del sumario con acusación en contra de  Gabriel    Castro    Cuello    como   autor   del   ilícito   de   estafa  (art. 246 C.P.), en tanto que se  le    precluyó    la    investigación    por   el   delito   de   fraude  procesal;  decisión  que cobró  ejecutoria  el  18 de noviembre siguiente5.   

3.   Habiendo  correspondido   la   actuación  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,  despacho  que  negó  la  solicitud  formulada por un tercero que  pretendía    el    desembargo   del   bien   materia   de   litigio6,   medida  cautelar  que, valga destacar, había sido ordenada por la Fiscalía en la etapa  de                   investigación7,   la  actuación  pasó  al  conocimiento  del  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Depuración  de  la  misma  ciudad8,  que  cumplidas  las audiencias preparatoria y pública, el 17 de  octubre  de  2014,  dictó  sentencia  por cuyo medio absolvió a Gabriel Castro  Cuello  del  delito  objeto  de  la  acusación  y  ordenó  el  desembargo  del  inmueble.   

4.  Apelada  tal  decisión  por  el  apoderado  de  la parte civil, mediante fallo calendado 8 de  abril  de 2015, por mayoría la Sala Penal del Tribunal Superior de Barranquilla  la confirmó integralmente.   

         

         5. Frente a lo  anterior,  el  profesional  que  representa  los  intereses  de  la  parte civil  interpuso recurso de casación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.  De acuerdo con lo señalado al inicio  de   esta   decisión,   correspondería  a  la  Sala  pronunciarse  acerca  del  cumplimiento  de  los  requisitos  de  lógica  y adecuada fundamentación de la  demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  representada  por  Esther María Castro de Guzmán, de no ser porque se advierte  que  se  encuentra  extinguida  la  facultad  punitiva  del Estado, toda vez que  transcurrió  el  término  previsto  por  el  legislador  para que prescriba la  acción       penal      derivada      del      delito      de      estafa  por  el  cual el acusado Gabriel  Castro  Cuello  fue  absuelto en primera y segunda instancia, lo cual aconteció  aún antes de iniciarse la investigación.   

          2.  Por  otra parte, cabe destacar que no  obstante  observarse  que  el  procesado  Castro  Cuello  fue  absuelto  en  las  instancias  del  delito  objeto  de  acusación,  en  el asunto de la especie no  resulta  aplicable  el  criterio de la Sala según el cual, la absolución ha de  prevalecer  sobre la prescripción, habida cuenta que, de un lado, tal decisión  se  encuentra  cuestionada  por  la  parte  civil,  quien  a través del recurso  extraordinario  de  casación  aspira a que se case la sentencia impugnada y, en  su  lugar,  se  condene  al  mencionado  como autor del ilícito de estafa; y de otro, cuando los juzgadores  profirieron  los respectivos fallos, carecían de competencia, por cuanto había  operado  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción,  el cual se consolidó  muchos antes de que adquiriera firmeza la resolución acusatoria.   

         En  esa medida, los efectos de la absolución no pueden pervivir en  el  caso concreto, imponiéndose la cesación de procedimiento por prescripción  de  la  acción penal, según el criterio jurisprudencial adoptado en CSJ SP, 16  may.         2007,         rad.         243749,  en  donde  sobre el tema en  cuestión se dijo:   

…si se entienden en concreto los derechos  fundamentales   arraigados  en  la  norma  constitucional,  particularmente,  su  artículo  1°,  que  dice  fundada  la República en el respeto por la dignidad  humana,  y  el  desarrollo  que se materializa en la protección a la honra y el  buen  nombre,  no  puede  decirse  de  entrada  que  la  decisión de ordenar la  prescripción  en cualquier estado del proceso en la cual se advierta, respeta a  cabalidad unos tan profundos preceptos constitucionales.   

Necesariamente,   estima   la  Corte,  el  análisis  debe  operar respecto del caso concreto, para ver de significar cuál  es  la  decisión  que  mejor  consulta  los  intereses  y derechos del presunto  favorecido.   

(…)  

Desde   una   perspectiva   eminentemente  constitucional,   en  protección  de  los  derechos  fundamentales   a  la  dignidad,  la  honra  y  el  buen  nombre, no puede ser lo mismo que después de  someter  a  las  afugias  de  un proceso penal al acusado de un delito de enorme  relevancia  social,  se  diga  que  el Estado perdió toda potestad de continuar  adelantando  la  investigación, por el simple paso del tiempo, a que se pregone  examinado  de  fondo  el  asunto por las dos instancias ordinarias y luego de un  examen riguroso, se absuelva del delito a la persona.   

Esta  última  solución,  no  cabe  duda,  restaña  en algo el daño que la prosecución penal pudo causar en los derechos  fundamentales  a la dignidad, la honra y el buen nombre del procesado, que es lo  menos  que  puede  esperarse  otorgar  al  individuo  una  vez  se  le  reconoce  inocente.   

Por  lo  demás,  ya  dentro  del  ámbito  concreto  de  lo  que la ley informa, no se discute que si bien pueden consultar  efectos  similares, la decisión prescriptiva, así se tome dentro del cuerpo de  una  sentencia,  posee  una naturaleza de estirpe interlocutoria, asaz diferente  de la sentencia absolutoria.   

Al  efecto, para citar apenas dos ejemplos,  el  auto  que  decreta  la  cesación  de  procedimiento por prescripción de la  acción  penal,  no puede ser controvertido a través del recurso extraordinario  de  casación,  ni por intermedio de la acción de revisión, consecuencias que,  en  principio,  podrían  entenderse favorables para la persona en cuyo favor se  dictó.   

Pero,  si  como sucede en este caso, ya las  decisiones  absolutorias  de  primera  y  segunda  instancias,  han  agotado  la  posibilidad  de  controversia  que  reclama  la  casación, cubierto el término  prescriptivo  en  el  trámite  casacional  que  gobierna tópicos completamente  diferentes,  no se ve porqué en lugar de cubrir con el ropaje interlocutorio de  la  prescripción  el  asunto, no se permite continuar con su plena vigencia las  decisiones  absolutorias  tomadas  en  sendos fallos, cuando es lo cierto que se  trata   de   decisiones   de   fondo  –reiteramos,   cubiertas  por  la  doble  condición  de  acierto  y  legalidad-,  y allí se consulta a cabalidad el valor justicia, a más de que se  materializan  a  favor  del  procesado  los derechos a la dignidad, honra y buen  nombre, aún periclitantes si se opta por la otra solución.   

         

         (…)   

No parece a la Corte, acorde con lo anotado,  que  la  decisión  de decretar la cesación de procedimiento por prescripción,  deba  surgir  automática  a  la  verificación  objetiva  del  paso del tiempo,  haciéndose   menester  una  evaluación  previa  que  parta  por  auscultar  la  protección  de  los  legítimos  derechos  del procesado, si se tiene claro que  otra   opción,   dígase   la   absolución,   tiene   mejor   fortuna  en  ese  cometido.   

En   términos   generales,   es  preciso  relevarlo,  ante  el  doble  camino  de absolver o decretar la prescripción, el  juez  debe  optar  por  la  solución  que  de manera más acabada restituya los  derechos  conculcados, o cuando menos limitados o puestos en tela de juicio, del  acusado,  y  ella,  no  cabe  duda,  es  el mecanismo  absolutorio  que,  desde luego, no opera en cualquier momento, sino en los casos  específicos  en  los  que el asunto, por obra de la tramitación adelantada, ya  ha   cubierto   las   diferentes   etapas  investigativa  y  de  enjuiciamiento,  hallándose    a    despacho    para    la    decisión   de   fondo.   

Esto, porque no se trata de desvertebrar el  proceso  debido  y  la  estructura  antecedente  consecuente  del mismo, sino de  facultar  al  fallador  para  que,  enfrentado al parangón antes destacado, con  plena  autonomía para decretar la prescripción o emitir la sentencia que se le  demanda,  escoja  con  absoluta competencia, la más adecuada de las soluciones.  Esto,   por  cuanto,  si  bien  puede  significarse  que  al estado, con el  advenimiento  del  plazo  prescriptivo, se le ha agotado la posibilidad de   ejercer  la  acción  penal,  no  ocurre  igual con la obligación, en cuanto se  erige  el  juez  como garante de los derechos de las personas involucradas en el  proceso, de restablecer unas dichas garantías.   

(…)  

Es  claro,  eso  sí,  que cuando el asunto  apenas  se  tramita  y  no  ha  alcanzado  el  estado que permite al funcionario  judicial  emitir  decisión  de  fondo,  ya  surge  automática  y  necesaria la  obligación  prescriptiva,  en el entendido que el paso del tiempo ha cobrado su  efecto  y  no es posible que se continúe adelantando el proceso, a menos, desde  luego,  que  el  encartado  renuncie  a la prescripción, caso en el cual sí se  hace  necesario  agotar  el  debate  jurídico, con involucramiento de todas las  partes.   

En  todo  caso,  debe  relevar  la  Corte,  precisamente  por ocasión de que el encartado entienda mejor otras opciones, ha  de  darse  plena  operatividad  a la posibilidad de renuncia a la prescripción,  contemplada  en  el  artículo 44 del C. de P.P., razón por la cual, a pesar de  que  la  decisión prescriptiva se tome, entre otras circunstancias posibles, en  sede  del  fallo  de  casación,  corre  el tiempo de ejecutoria del mismo, para  facultar  posible  la  dicha  renuncia.  (Negrilla  y  subraya fuera de texto)   

         Ahora  bien, de conformidad con las reglas interpretativas citadas,  como  en  el  caso  particular la prescripción de la acción penal se verificó  antes  de  quedar  ejecutoriada la resolución acusatoria, que ocurrió el 18 de  noviembre  de  2013 (folio 116 vuelto, cuaderno de la instrucción), es evidente  que  la  sentencia  absolutoria  de  primera y segunda instancia no se profirió  válidamente;  y  como, además, el implicado no ha renunciado a dicho fenómeno  jurídico,  se  impone  obligada  la  decisión  que  así lo declare, que en su  momento         debieron         adoptar         los        falladores        de  instancia.          

         3.  En  este  sentido  se  observa que de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  80  del Decreto-Ley 100 de 1980,  normativa  vigente para la época en que ocurrieron los hechos juzgados, durante  la  etapa  de  la  instrucción la acción penal prescribe en un tiempo igual al  máximo  de  la  pena  establecida  en  la ley para el delito endilgado, pero en  ningún caso será inferior a 5 años, ni excederá de 20.   

         Precepto  reproducido  por  el  artículo  83 de la Ley 599 de 2000  que,  valga  destacar, es el estatuto sustantivo que los juzgadores de instancia  aplicaron al caso concreto.   

         A  su  vez,  conforme lo estipula el artículo 84 del Código Penal  de  1980,  que  corresponde  al  canon  86 de la Ley 599 de 2000, en la fase del  juzgamiento  tal  lapso  se cuenta nuevamente a partir de la ejecutoria del auto  de  proceder,  equivalente a la resolución acusatoria, por un tiempo igual a la  mitad  del  máximo de la pena fijada por el legislador para el delito imputado,  sin que tampoco pueda ser menor a 5 años, ni exceder de 10.   

         Ahora,   como   quiera  que  en  el  sub  judice  la  sentencia absolutoria contra el procesado  Castro   Cuello   se   emitió   por   la   conducta   punible  de  estafa,  descrita en el artículo 246 de  la  Ley  599  de 2000, que para efectos prescriptivos resulta ser más favorable  que  la  prevista  en  el  artículo  356  del Decreto-Ley 100 de 1980, dado que  mientras  en  la  primera  codificación  la pena máxima es de 8 años, en esta  última  asciende  a  10 años; la Sala se ocupará de evidenciar que en el caso  concreto  ha  operado  el  fenómeno jurídico de la prescripción de la acción  penal.   

         Asimismo,   conviene   recordar   que   de   conformidad   con   la  jurisprudencia  de  la  Corte,  con  el  propósito de realizar los cómputos de  prescripción  de  la acción penal, se debe tener en cuenta la calificación de  la   conducta   punible   consignada  en  la  sentencia,  pues  al  respecto  ha  expresado:   

Ahora bien, tiene definido la jurisprudencia  de  la  Sala,  que  la  calificación  asumida  en  la sentencia, aun no estando  ejecutoriada,  tiene  calidad  definitoria,  para  todos  los  efectos  legales,  incluida la prescripción:   

«La  ley  penal  colombiana  vincula,  inexorablemente,  casi  todas  sus instituciones al cuadro  normativo  previsto  para  los  hechos que se regulan en ella. Sin embargo dicho  cuadro  normativo  va  adquiriendo  su perfil definitivo a través del juicio de  valor  que  sobre  los  hechos  y  sobre el derecho se lleva a cabo progresiva y  provisionalmente a través del trámite y las etapas procesales.   

De  allí  se  deriva, entonces, como lo ha  sostenido  la  Corte,  que  las  variaciones  a la calificación jurídica de la  conducta  imputada,  introducidas a través del proceso, deben considerarse para  los  cómputos  propios  de  la  prescripción  y produciendo efectos que se han  asimilado  a  los  de la retroactividad. (Confrontar sentencias de marzo 24/81 y  noviembre  16/93, por ejemplo). Esto no puede ser sino así, si se repara en que  la  acción  penal  que  prescribe es la generada por el delito respectivo y que  éste  por  su  parte, adquiere su identificación plena y definitiva en el acto  de sentencia.   

De   este   modo,   mientras  el  sistema  prescriptivo  esté  diseñado con referencia a la identificación jurídica del  hecho  punible, pues que allí se constata la duración de su pena y por ende el  término  de  prescripción,  tendrán que admitirse las repercusiones que sobre  el  fenómeno extintivo de la acción tenga la calificación definitiva, sea que  se  afecten con ello fases superadas del proceso o que, como acá, se influya la  sentencia misma impidiendo su ejecutoria.   

No se trata de plantear acá la conveniencia  o   inconveniencia   de  que  un  sistema  como  el  indicado  produzca  en  las  calificaciones  jurídicas que se formulan durante el trámite, actos jurídicos  inestables  o  inseguros,  sino  de  que mientras el sistema de prescripción se  sostenga  sobre  este  modelo  y  estas  regulaciones  de  derecho  positivo, es  inevitable  que  el  fenómeno  prescriptivo  esté  sujeto  al  vaivén  de  la  calificación  definitiva  hecha  en  la  sentencia  y que ella produzca efectos  sustanciales  y  procesales  sobre todas las consecuencias jurídicas derivables  de la misma.   

Si no fuese así el asunto, prevalecería en  el  proceso lo formal sobre lo sustancial, sobre la justicia material, e incluso  podrían  llegarse  a patrocinar formas de deslealtad procesal. Piénsese si no,  en  que  por  otra vía hermenéutica como la sostenida por la Corte hasta abril  de  1977, el sujeto de la función acusadora podría impedir la prescripción de  un  delito deduciendo agravantes inexistentes en la resolución de acusación en  desmedro  del  derecho  del  imputado  a  su  declaratoria, puesto que se daría  carácter  de  inmutable  a  lo que no lo tiene por naturaleza, es decir al acto  calificatorio,  cuya misión al interior del proceso es netamente funcional pues  no  tiene  por  objeto  decidir  la  litis  sino  el  ámbito dentro del cual se  desenvolverán   la   acusación   y  la  defensa»10.   

En otros pronunciamientos posteriores sobre  la misma temática se dijo:   

“«La calificación sumarial impartida en  la  resolución  de  acusación no obstante su carácter provisorio se convierte  en  ley  del  proceso,  pues  es el hito fundamental a partir del cual el Estado  garantiza  al  acusado  el  derecho  de  defensa  y  se  desarrolla la actividad  defensiva  durante  el  debate  del  juicio,  pero  a  la vez está sujeta a las  resultas    de    éste,    materializadas    en    la    sentencia    de    las  instancias.   

Esta, cuando es condenatoria y se pronuncia  bajo  los  parámetros  del  debido  proceso  y  concordantes con la resolución  acusatoria,  es  el  único pronunciamiento judicial dentro de la fase ordinaria  del  proceso con categoría de definitividad en la imputación penal, sea que la  mantenga  en  los  mismos  términos de la acusación fiscal o que le introduzca  variaciones  de  menor compromiso penal, de donde se colige que es el tipo penal  contemplado  en  el  fallo de las instancias con las circunstancias específicas  declaradas,  el  que  establece  el  término  de la prescripción de la acción  penal»11.12   

         En  esa  medida,  se  tiene que el artículo 246 del Código Penal,  sin  el  incremento  del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, inaplicable al caso  concreto  debido  a que no se hallaba vigente para el momento de comisión de la  conducta  juzgada y teniendo en cuenta que el presente trámite se adelantó por  el  procedimiento reglado en la Ley 600 de 2000, establece una pena de dos (2) a  ocho (8) años de prisión   

         De  acuerdo  con  los  hechos  en  que  su  sustenta la imputación  jurídica  de  la acusación, éstos sucedieron en el año 1997, en razón de la  omisión  del  procesado de inscribir el título por cuyo medio enajenó el bien  a  su  hermana Esther María Castro de Guzmán, y aun cuando ésta no indica con  precisión  la  fecha  de  su ocurrencia, sí refiere que fue con ocasión de la  suscripción  de  la  escritura  pública No. 2110 del 11 de agosto de la citada  anualidad.   

         De     manera     que    como    el    delito    de    estafa  es  de  aquellos  denominados de  ejecución  instantánea, el cual se entiende consumado cuando el agente obtiene  el  provecho  ilícito  como  resultado de los artificios y engaños13, que en el  caso  concreto se cifra en el momento en que se suscribió el documento público  citado  ut supra, por tanto,  a  partir  de  esa  data  se  impone contar el término prescriptivo conforme lo  establece  el  artículo  80  del  Código  Penal  de  1980,  que corresponde al  artículo  83  de  la Ley 599 de 2000, valga decir, el máximo de la pena fijada  en  la  ley,  que  para  el  ilícito  en  mención  es de 8 años, plazo que se  cumplió  en el mes de agosto de 2005, mucho antes de que se denunciara el hecho  y de que, obviamente, quedara en firme la resolución acusatoria.   

         Con   ese  propósito  resulta  oportuno  mencionar  que  sobre  la  solución  que  debe  adoptarse  frente  a la prescripción de la acción penal,  dependiendo  del  momento  procesal  en  el  cual  se  presente  dicho fenómeno  extintivo, la Sala tiene dicho:   

1. Cuando la prescripción opera después de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  se  debe  decretar  directamente y cesar  procedimiento  con  independencia  del contenido de la demanda (se prescinde del  juicio  de  admisibilidad),  por  haberse  dictado el fallo en forma válida, en  cuanto se hallaba vigente la facultad sancionadora del Estado.   

2. Cuando la prescripción ocurre antes de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  es  necesario distinguir dos hipótesis:   

a)  Si  el  error  ha sido planteado en la  demanda,  se  debe  admitir  el  libelo  y  definir  el  cargo mediante fallo de  casación,   con   prescindencia   de   los   restantes   ataques  si  han  sido  planteados.   

b)  Si  el  recurrente  no  formuló  el  reproche,  le  corresponde  a  la  Corte  analizar  la  ocurrencia del fenómeno  extintivo,  casar  de  oficio para anular el fallo y, como consecuencia de ello,  inadmitir  la  demanda  por  ausencia  de  objeto,  sin  que  resulte, entonces,  procedente,  por  innecesario  y  en virtud del principio de economía procesal,  agotar  el  juicio de admisibilidad de los cargos contenidos en el libelo. Desde  luego,  añádase ahora, en caso de haberse admitido la demanda, no habrá lugar  a emitir pronunciamiento sobre los cargos allí formulados.   

3. Cuando  la  prescripción  se  produce  con  ocasión  del fallo de  casación  (tal situación puede presentarse, por ejemplo, si la Corte varía la  calificación   jurídica  para  degradar  la  imputación):  En  ese  caso,  la  decisión  de  la  Sala  dependerá  del  momento  en  el  cual  haya operado la  prescripción.  Si  ocurrió antes de la sentencia de segunda instancia, deberá  casarla.  Si  ocurrió  después,  decretará  directamente  la  prescripción y  cesará,   en   consecuencia,   el   procedimiento14.15   

         

         En   ese   orden,   de   acuerdo  con  las  reglas  interpretativas  trascritas,  la  Corte  procederá a casar de oficio la sentencia recurrida, por  lo  que  decretará  la  nulidad  de  lo  actuado por  vulneración   del   debido   proceso   a  partir del 20 de agosto de 2008, fecha  en    que   la   Fiscalía   dispuso   abrir   instrucción,   y   declarará  la  extinción  de  la  acción  penal  por razón de la  prescripción,   así  que  ordenará  cesar  todo  procedimiento  a  favor  del  procesado    Gabriel    Castro    Cuello   por   el   delito   de   estafa.   

         Con  relación  a  de  la  acción  civil  derivada  de la conducta  punible,  habida  cuenta  que la misma fue ejercida al interior de este proceso,  también  se  declarará  su  extinción  por  haber  operado el fenómeno de la  prescripción,  al  tenor  del  artículo 108 del Código Penal de 1980 (art. 98  Ley 599 de 2000).   

         Es  oportuno  señalar  que  será  del resorte del juez de primera  instancia  proceder  a  la  cancelación  de  las  anotaciones  que  registre el  inculpado en razón de esta actuación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.   CASAR   de   oficio   la  sentencia  adiada  8 de abril de 2015 proferida por el Tribunal  Superior  de  Barranquilla, en consecuencia, decretar la nulidad de lo actuado a  partir  del  20  de  agosto  de    2008.   

          2.  DECLARAR prescritas las acciones penal  y    civil    derivadas    de    la    conducta    punible    de    estafa,   atribuida  a  Gabriel  Castro  Cuello, por ende, cesar el procedimiento a su favor.   

         3.  INADMITIR, por carencia de objeto, la  demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  representada por Esther María Castro de Guzmán.   

4.  ORDENAR  que  por  conducto  del  juez de  primera  instancia  se  cancele  todo  requerimiento y  pendiente  que  el  mencionado  ciudadano  tenga  por  razón  exclusiva de este  proceso penal.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Notifíquese  y  cúmplase  y devuélvase el proceso al Tribunal de  origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  83 y ss C.O. No. 1.   

2 Folio  92 y ss C.O. No. 1.   

3 Folio  64 y ss C.O. Parte Civil.   

4 Folio  111 y ss C.O. No. 1.   

5 Folio  116 vto. ídem.   

6  Folios 149 y ss ídem.   

7 Folio  63 ídem.   

8  Según  lo  dispuesto  en  el  Acuerdo  No.  000072 de 2014, emitido por la Sala  Administrativa   del   Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de  Barranquilla.   

9 En el  mismo  sentido,  CSJ  AP,  26  sep. 2007, rad. 28067; CSJ AP, 10 oct. 2007, rad.  26973;  CSJ  AP,  21  en. 2008, rad. 22660; CSJ AP, 9 abr. 2008, rad. 29452; CSJ  AP, 27 may. 2009, rad. 27494, entre otros.   

10  «Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia   del   5   de   marzo   de  1996,  radicación  No.  8336».   

11  «Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto  del 9 de abril de 1999, radicación No. 13165. En igual sentido, decisión  del    24   de   septiembre   de   2002,   radicación   No.   12951».   

12 CSJ  AP,  28  abr. 2004, rad. 22058. En igual sentido, providencias del 21 de enero y  27  de  octubre  de  2008,  20  de  mayo  de  2009  y  29 de septiembre de 2010,  radicaciones  números  22660,  30641,  31171  y  34613,  respectivamente, entre  otras.   

13 CSJ  SP, 4 jun. 2014, rad. 36649.   

14  «Cfr.  Auto  del  21  de agosto de 2013, radicación  40587».   

15 CSJ  SP, 5 nov. 2013, rad. 40034.     

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