SP10917-2015(45083)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia     

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

SP10917-2015  

Radicado 45.083  

          Aprobado mediante acta No. 283   

          Bogotá,   D.C,  diecinueve  (19)  de  agosto  de  dos  mil  quince  (2015).   

         La  Sala resuelve los recursos de apelación interpuestos contra la  sentencia  de  septiembre 29 de 2014, por medio de la cual una Sala de Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  condenó  a ROSA MARÍA MUÑOZ  RODRÍGUEZ  y  OSWALDO  DE  JESÚS GUERRERO OSPINO a las penas principales de 46  meses  de  prisión,  multa de 70 salarios mínimos mensuales legales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por 65  meses, como autores del delito de prevaricato por acción.   

HECHOS  

         En  la  resolución  de  acusación  se  reseña  que,  en  fecha que no se precisa, Araceli Ahumada Lozano y 56 personas  más,  a  través  de  apoderado,  presentaron  acción  de  tutela  en  la  que  reclamaron  la  protección  de  los  derechos fundamentales al trabajo, mínimo  vital,  igualdad y pago oportuno del salario, cuya vulneración le atribuyeron a  la  Alcaldía  Distrital  de  Barranquilla.               

         Los   accionantes   adujeron   que  habían  estado  prestando  los  servicios  en  cargos  de aseo y vigilancia, entre otros similares, en distintos  colegios  de  esa  ciudad,  sin haber recibido hasta entonces la correspondiente  remuneración salarial.   

         El conocimiento del asunto correspondió  al  Juzgado  7°  Penal Municipal de Barranquilla, del que para entonces fungía  como  encargada  ROSA  MARÍA  MUÑOZ  RODRÍGUEZ, quien mediante fallo de 13 de  abril  de  2007,  a juicio del ente acusador, concedió el amparo deprecado, sin  mayor  soporte  argumentativo,  aun  cuando  de  conformidad  con  la  Ley  y la  jurisprudencia  la  protección constitucional sólo procede ante la ausencia de  otros  mecanismos  judiciales  de defensa, salvo en el caso de que pueda ocurrir  un perjuicio irremediable, lo que no sucedía en el caso aludido.   

         En  el  pliego  de  cargos  se consigna  igualmente  que  con posterioridad a dicha sentencia, OSWALDO DE JESÚS GUERRERO  OSPINO,  titular  del  Juzgado  7°  Penal  Municipal  que  para entonces había  regresado  al  ejercicio  de  las  funciones, profirió el fallo aditivo de 9 de  mayo  de  2007,  por medio de la cual decidió, de una parte, que «el   reconocimiento   de   los  derechos  laborales»  tutelados  «deberá hacerse teniendo en  cuenta  su naturaleza de ciertos e indiscutibles»; de  otra,  hacer  extensivos  los  efectos  de  la  providencia a 30 personas que no  aparecían en el libelo.   

ANTECEDENTES  

1. El 3 de febrero  de  2010,  como  consecuencia del escrito anónimo de denuncia radicado el 24 de  diciembre  de 2009 ante la Fiscalía General de la Nación en el que se pusieron  en  conocimiento  de  esa  autoridad las supuestas irregularidades cometidas por  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  y  GUERRERO  OSPINO,  la  Fiscalía profirió resolución de  apertura  de  instrucción por el delito de prevaricato por acción en contra de  los nombrados (fs. 37 a 39, c.1).   

2. El 23 de febrero  de  2010 se presentó demanda de constitución de parte civil, admitida mediante  providencia del 3 de marzo de 2010.   

3. La vinculación  de  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  y  GUERRERO  OSPINO a la investigación se llevó a cabo  mediante  diligencia  de  indagatoria, rendida los días 4 y 5 de marzo de 2010,  respectivamente,  en  la que el funcionario instructor les atribuyó la autoría  del delito de prevaricato por acción (fs. 85 y siguientes).   

         Posteriormente,  los  días  21 y 22 de  abril  del  mismo  año, los sindicados ampliaron la indagatoria, oportunidad en  la  cual les fue atribuida también la comisión del delito de falsedad material  en  documento  público,  pues aparentemente el acta de reparto de la acción de  tutela  fue  confeccionada  para  hacer  parecer que el conocimiento de la misma  había  correspondido  al  Juzgado 7° Penal Municipal (fs. 132 y siguientes, c.  1).   

4. Mediante auto de  3  de  junio  de  2010,  la  Fiscalía  resolvió la situación jurídica de los  encartados  mediante  imposición  de medida de aseguramiento no privativa de la  libertad   consistente   en   el  sometimiento  a  un  mecanismo  de  vigilancia  electrónica,  prohibición  de  comunicarse  entre  sí  y  caución  prendaria  equivalente  a  4  salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes  (fs.  149 y  siguientes, c. 1).   

Esa   decisión  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  10°  Delegada  ante  esta  Corporación  mediante  auto  del  30  de  noviembre de 2010 (fs. 25 y siguientes, c. segunda instancia).   

          5.  El  6  de  junio  2012 se decretó el  cierre  parcial  de  la  investigación,  únicamente  respecto  del  delito  de  prevaricato por acción (f. 233, c. 3).   

         Recibidos  los  alegatos  pre  calificatorios  de  las  partes,  la  Fiscalía  profirió  la  resolución  de  24  de septiembre del mismo año, por  medio  de  la cual acusó a MUÑOZ RODRÍGUEZ y GUERRERO OSPINO como autores del  delito  de  prevaricato  por acción, definido en el artículo 413 de la Ley 599  de 2000.   

6.  El  26  de  junio      de      2013      se      celebró  audiencia  preparatoria, en la  que   se  decretaron  las  pruebas  pedidas por la defensa. La audiencia pública  de    juzgamiento,    por    su   parte,   se   llevó   a   cabo   en   varias  sesiones   que   tuvieron  lugar   los   días   6  de  agosto  y  22  de  octubre  de  2013  y  29 de enero,  28 de abril y 26 de mayo de 2014.   

         7.    El  29  de  septiembre de 2014,  luego  de  agotado  el debate probatorio, fue proferida la sentencia condenatoria impugnada.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

         1.   El  Tribunal  a quo partió por  examinar  el tipo objetivo de la conducta de prevaricato por acción, la cual se  perfecciona,  adujo,  cuando  i)  un servidor público ii) profiere un dictamen,  resolución   o   concepto   iii)   que   es   manifiestamente  contrario  a  la  Ley.   

         Indicó   que   los  dos  primeros  elementos  no  ofrecen  ninguna  controversia,  pues  es  claro  que los acusados tenían la condición de Jueces  para  la  fecha  de  los  hechos,  pero  además, que profirieron las sentencias  censuradas en el presente asunto.   

         A  efectos  de  constatar  la  contrariedad manifiesta entre dichas  providencias  y  la  Ley, señaló que el reproche efectuado contra MUÑOZ  RODRÍGUEZ  y  GUERRERO  OSPINO,  según se desprende de la  resolución  de  acusación, se circunscribe a tres situaciones concretas: i) la  acción  de  tutela concedida por la primera era abiertamente improcedente, pues  lo  que  se  discutía  era  materia  de la jurisdicción administrativa o de la  laboral;  ii) no se valoró la satisfacción del requisito de inmediatez, que de  igual   manera   determinaba   la  improcedencia  del  amparo,  y  iii)  no  era  jurídicamente  posible  adicionar  el  fallo  para,  por esa vía, extender sus  efectos  a  otras  personas  y  decidir  que  los  derechos tutelados tenían la  condición de ciertos e indiscutibles.   

         Efectuada  esa  precisión,  consideró  que,  de  acuerdo  con  la  Constitución,  la  Ley  y  la jurisprudencia, el amparo de tutela sólo procede  cuando  el  accionante  carece de otros medios de defensa judicial, o cuando los  tiene   pero   puede   sufrir   un   perjuicio  irremediable  que  justifica  la  intervención del Juez constitucional.   

         En  ese  orden,  la  acusada  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  estaba obligada a  valorar  la  existencia  de  un perjuicio de esa naturaleza a efectos de decidir  sobre  la tutela, lo que no sólo omitió, sino que se  abstuvo  de  exteriorizar  las  razones  por  las  que  consideró procedente la  protección, incluso, a modo definitivo y no provisional.   

         La  sindicada  tampoco  examinó  la satisfacción del principio de  inmediatez  en el caso sometido a su conocimiento; mismo que no tuvo en cuenta y  que,  aunque  no  es esencial para la concesión o negación del amparo, pues su  exigencia   se   modula   cuando   la  amenaza  o  violación  de  los  derechos  fundamentales  persiste  en  el tiempo, debía cuando menos estudiarlo en la providencia.   

         En  lo  que  tiene  que  ver con el fallo de adición proferido por  GUERRERO  OSPINO,  el  Tribunal  estimó  que  contravino  de  manera abierta lo  previsto  en el Decreto 2591 de 1991 y en el artículo 29 de la Carta Política,  pues  por  esa  vía  se  concedió  el  amparo a personas que no hacían  parte del proceso y, entonces, la  autoridad  accionada se vio  en  la  imposibilidad  de  defenderse de esos hechos.   

         Esa  determinación  fue  contraria,  además, al artículo 311 del  Código  de  Procedimiento Civil, aplicable al trámite de tutela de acuerdo con  el   artículo   4°   del  Decreto  306  de  1992,  que  limita  la  posibilidad  de  adicionar  a  aquellos  eventos   en   que   se   omite  la  resolución  de  algún  punto  sometido  a  controversia o sobre uno de  los extremos de la controversia.   

         Así  las  cosas,  el a quo concluyó que las decisiones censuradas  son  manifiestamente  contrarias  a  la  Ley y se subsumen, objetivamente, en el  delito de prevaricato por acción.   

         2. En punto al  elemento  subjetivo  de  la conducta, la Corporación consideró que el dolo con  que  actuaron  los acusados se hace evidente al constatarse que no motivaron, ni  precariamente,  sus  decisiones y, en todo caso, las normas que violaron tenían  que   ser   de   su   conocimiento,   pues  diariamente  se  veían  avocados  a  tramitar y resolver acciones de tutela.   

         En  ese  orden  y  luego  de disertar sobre la antijuridicidad y la  culpabilidad  de  las  conductas  investigadas, coligió que MUÑOZ RODRÍGUEZ y  GUERRERO    OSPINO    son    responsables    por   la   comisión   del   delito  imputado.   

         3.   En  el  propósito  de dosificar la pena imponible, partió de los límites previstos en  el  artículo  413 de la Ley 600 de 2000, de 36 a 96 meses de prisión, multa de  50  a 200 salarios mínimos mensuales legales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas de 60 a 96 meses.   

         Adujo  que  en  contra  de  los  sentenciados  no  fueron invocadas  circunstancias   de   mayor   ni   menor  punibilidad,  de  modo que cifró la sanción en el primer cuarto  de  movilidad  punitiva  y,  concretamente,  luego de aludir a la intensidad del  dolo  y  la  gravedad  de  la  conducta,  fijó la pena corporal en 46 meses, la  pecuniaria  en  70  salarios mínimos mensuales vigentes y la de inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas en 65 meses.   

        4.             Finalmente,   descartó   la  viabilidad  de  favorecer  a  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  y GUERRERO OSPINO con la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena,  pues  la  que  les  fue  impuesta  excede  de  3  años  de prisión.   

           

        No  obstante, halló satisfechos los requisitos establecidos en el  artículo  38  de  la Ley 599 de 2000 para concederles la prisión domiciliaria,  previa  constitución  de  caución  por valor de 10 salarios mínimos mensuales  legales vigentes.   

LAS IMPUGNACIONES  

          La  sentencia  de  primer  grado fue recurrida tanto por el acusado  OSWALDO  DE  JESÚS  GUERRERO OSPINO (fs. 388 y siguientes, c. de la causa) como  por  la  apoderada  judicial  de  ROSA  MARÍA  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  (fs.  444  y  siguientes, c. de la causa).   

1. El primero adujo  que  en  la  sentencia  de  adición  que  profirió  el  9  de  mayo de 2007 no  reconoció  ningún  derecho,  menos  aún  de naturaleza cierta e indiscutible,  sino  que  se  limitó  a  consignar  que,  de  llegar  a  ser reconocidas a los  accionantes  las acreencias laborales por parte de la administración Distrital,  tendrían que tener tal connotación.   

         Así  se  desprende  de  la  redacción del aparte resolutivo de la  providencia,  en  el  que  utilizó  «la  inflexión  verbal  del futuro imperfecto de modo indicativo», lo  que  significa  que  «la orden no es imperativa, sino  que   sujeta   (sic)   a   la  investigación  administrativa  que  adelante  la  alcaldía».   

          En  ese orden, agregó, la acusación proferida en su contra carece  de  sustento,  máxime  que la extensión de los efectos de la sentencia a otras  personas  fue  ajustada  a  derecho,  pues  aquéllas habían conferido poder al  abogado  que  tramitó  la  acción de tutela y aportaron las certificaciones en  las   que   consta  que  laboraban  en  distintos  planteles  educativos  de  la  ciudad.   

         Alegó  que  no  puede  reprochársele haber omitido la valoración  del  principio  de  inmediatez,  pues  para el momento de la presentación de la  acción  constitucional los libelistas seguían prestando los servicios para los  colegios,  tal  y  como  lo  manifestaron  varios  de ellos en las declaraciones  acopiadas.   

         Desde  otra  perspectiva, señaló que el fallo de condena encierra  una   contradicción,   en  concreto,  porque  el  mismo  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  en  sentencia  de  segunda  instancia proferida en el trámite de  tutela  promovido  por  Aracelis  Ahumada  Lozano  y  otros,  ordenó  abrir  el  incidente   de   desacato,  lo  cual  no  sería  admisible  si  el  fallo  cuyo  cumplimiento se perseguía fuera contrario a derecho.   

         Manifestó  que  el  a  quo  se  vio en la necesidad de realizar un  esfuerzo  argumentativo  excesivo para poder justificar la supuesta contrariedad  del  fallo  proferido con la Ley, pero además, que no hicieron ninguna alusión  a   la   supuesta  falsificación  del  acta  de  reparto,  básicamente  porque  «el  perito  grafo  técnico  dictamino (sic) que no  hubo tal falsificación».   

         Insistió  en  que  lo ordenado en la sentencia de tutela no fue el  pago  de prestación alguna, sino «una investigación  administrativa    para   determinar   si   a   estos   señores   les   asistía  derecho».   

         Señaló  que  la  acusación  de  la  Fiscalía  según la cual la  acción   constitucional   debió  ser  declarada  improcedente  constituye  una  apreciación  subjetiva  que  no  puede  sustentar  un cargo por prevaricato por  acción,  al  tiempo  que  no  había  lugar  a  conceder  el  amparo  de manera  transitoria  y  no  permanente,  pues  «ordenar  una  investigación administrativa tiene el carácter de perentorio».   

         Concluyó,  a  partir  de  lo  expuesto,  que  el fallo aditivo que  profirió  no  es  contrario a la Ley; en consecuencia, pidió que se revoque la  sentencia de primera instancia.   

         Finalmente,  aportó  varios documentos, cuya valoración pidió de  la    Sala    a    efectos   de   «soportar   estas  alegaciones».   

         2.   La  mandataria  judicial  de  MUÑOZ  RODRÍGUEZ,  luego  de  discurrir  sobre la estructura del delito de prevaricato  por  acción,  señaló  que  a efectos de establecer la ilegalidad del fallo de  tutela  proferido por aquélla, debe hacerse una lectura integral y conjunta, no  parcializada, del mismo.   

         En  ese  orden,  es  claro  que  dicha  providencia  no  carece  de  motivación,   fue   sustentada  de  manera  clara  y  suficiente,  incluso  con  invocación  expresa  de  los precedentes constitucionales aplicables al asunto,  pero   además,   que   la   orden   impartida   consistió   en  «legalizar  y  normalizar  la situación laboral de los accionantes,  de  modo  pues  que  se  garantice  el derecho a recibir el pago oportuno de sus  salarios  y  prestaciones sociales, si a ello hubiere  lugar».   

         

         Ese   condicionamiento  –     “si     a     ello     hubiere     lugar”     –  aparece  en la parte considerativa  de  la  sentencia, a la cual remite el acápite resolutivo, en el que se ordenó  a  la Alcaldía de Barranquilla proceder a «adelantar  las  acciones  pertinentes  y  eficaces  para  la legalización de la situación  laboral  de  los  accionantes…de conformidad con la  parte motiva de esta providencia».   

         Así  las  cosas, no es cierto que la providencia censurada carezca  de  motivación,  como  tampoco  lo  es  que  la  enjuiciada  haya  ordenado  el  reconocimiento  y  pago  de  prestaciones  laborales,  sino  únicamente  que se  realizaran  las  gestiones  tendientes  a esclarecer sus derechos laborales y su  cancelación, si a ello hubiere lugar.   

         Afirmó  que no puede reprocharse a la encartada el desconocimiento  del  principio  de  inmediatez  como  condición  para  la  procedibilidad de la  acción  de  tutela,  pues  la  situación  de hecho vulneradora de los derechos  persistía   al   momento   de  interposición  de  la  acción  constitucional.   

         Coligió  entonces que la sentencia proferida por MUÑOZ RODRÍGUEZ  no  es  manifiestamente  contraria  a  la Ley, de modo que la conducta que se le  atribuye es objetivamente atípica.   

         De  otro  lado,  arguyó  que  no  existen  elementos de prueba que  permitan  inferir  que  la  enjuiciada  actuó dolosamente; circunstancia que el  Tribunal  dedujo  de  la  supuesta ausencia de motivación de la providencia, lo  cual,  como  se  desprende  de  la  simple  lectura  de  la misma, no es cierto.   

         Afirmó,  por  último,  que  no  le  era exigible a la funcionaria  examinar  una  a  una  la  situación particular de cada uno de los accionantes,  pues  la  demanda se fundamentó en una situación fáctica y jurídica común a  todos      ellos.                        

         Pidió,  como  consecuencia  de  lo  expuesto,  que  se  revoque la  sentencia  de  primer  grado  y, en su lugar, se absuelva a MUÑOZ RODRÍGUEZ de  los cargos imputados.   

NO RECURRENTE  

El     Agente     del     Ministerio  Público   solicitó   la  revocatoria  de  la decisión pues, en su criterio, la Fiscalía no demostró ni  la  tipicidad objetiva de la conducta, ni que los sentenciados hayan actuado con  dolo (fs. 468 y siguientes, c. de la causa).   

Sostuvo  que los argumentos esgrimidos para  la  condena,  descansan  en una violación del principio de legalidad, cuando lo  cierto  es  que  el  juez  constitucional  debe  decidir  con  fundamento en una  ponderación de carácter constitucional.   

Adveró que a través de la decisión de los  acusados  en  ningún  momento  se  ordenó  pago  alguno,  sólo  legalizar  la  situación  de  los  trabajadores accionantes si a ello hubiere lugar, decisión  que no fue recurrida por la accionada.   

Argumentó  que los jueces no desconocieron  el  precedente  jurisprudencial,  al  punto que lo invocaron como soporte de sus  decisiones,  como  también  que  la  decisión de conceder o negar el amparo no  responde  a una fórmula objetiva que permita afirmar, en el presente asunto, la  contrariedad manifiesta entre lo decidido y la Ley.   

Agregó  que  en  el  fallo censurado no se  ordenó   ningún   pago,   sino  la  legalización  de  la  situación  de  los  accionantes,  si  a  ello hubiere lugar; resolución respecto de la cual se pudo  pedir  la aclaración por parte de la administración Distrital si es que no fue  comprendida correctamente.   

Señaló  que  de  todas  maneras  no  se  especificó  cuál  fue  el  precedente  jurisprudencial cuyo desconocimiento se  atribuyó  a  los sentenciados, como también que la posibilidad de extender los  efectos  de  un  fallo  de  tutela a todas las personas que se encuentren en una  misma   situación   de   hecho   ha   sido   admitida   por   la  propia  Corte  Constitucional.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

          Competencia.   

De acuerdo con el artículo 75, numeral 3º,  de  la  Ley  600  de 2000, la Sala de Casación Penal es competente para conocer  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la sentencia proferida por el  Tribunal Superior de Barranquilla.   

Contexto  fáctico y normativo de la acción  de la tutela presentada por Araceli Ahumada Lozano y otros.   

1. De la actuación  se   desprende   que  en  los  barrios  más  desfavorecidos  de  la  ciudad  de  Barranquilla,  durante  varios  años,  distintos  sectores  de  la comunidad se  organizaron  con  el  propósito  de  prestar  servicios de educación de manera  informal,  para lo cual algunos ciudadanos voluntariamente se desempeñaron como  docentes, vigilantes o personal de aseo, entre otras.   

A  efectos  de  regular  y  legalizar dicha  situación,  el  Concejo  de  esa ciudad profirió los Acuerdos 002 y 010 de los  días  8 y 10 de marzo de 1993; en el primero se decidió modificar el nombre de  las  Escuelas Oficiales por el de Centros de Educación Básica y se facultó al  Alcalde   para   ejecutar   esa   determinación   (fs.  94  y  95,  c.  a.  1),  así:   

«ARTÍCULO   PRIMERO:  Modifíquese  la  Nomenclatura  de  las  Escuelas Oficiales del Municipio de Barranquilla, quienes  (sic)  en  adelante  no  se  denominarán  Escuelas  sino  CENTROS DE EDUCACIÓN  BÁSICA;  cubriendo el servicio educativo desde el primero (1°) hasta el Noveno  (9°) Grado.   

(…)  

ARTÍCULO  TERCERO: Autorícese al Alcalde  Mayor  de  Barranquilla,  para  que  a  través  de  la Secretaría Municipal de  Educación,  Deporte  y  Cultura,  se adelanten todas las diligencias necesarias  con  el  fin  de  darle  cabal  cumplimiento  a  lo  establecido  en le presente  Acuerdo».   

Por su parte, en el Acuerdo 010 se resolvió  lo siguiente (fs. 96 y 97, c. a. 1):   

«ARTÍCULO  PRIMERO: Facúltase al señor  Alcalde  Mayor  de  Barranquilla  para  oficializar el servicio educativo de las  siguientes Instituciones Docentes:   

     

* Colegio  JORGE  ROBLEDO ORTIZ (Barrio 7 de Abril).   

* Escuela  PABLO  NERUDA (Barrio Conidec).   

* Escuela Comunitaria  (Villa del Carmen).   

* Escuela Salesiana  NIÑO DE JESÚS (Barrio Rebelo).   

* Colegio Cooperativo  de JUAN MINA.   

* Colegio Comunal del  SANTUARIO.   

* Escuela  12  de  Octubre de BELLA ARENA.   

* Instituto  LAS  MERCEDES (Barrio La Paz).     

ARTÍCULO  SEGUNDO:  Para  que  proceda la  oficialización  señalada  en  el  artículo anterior deberá cumplirse con los  siguientes requisitos previos:      

1. Solicitud  motivada por parte de la entidad interesada.   

2. Certificado  de   existencia   y   representación  legal  de  la  institución,  debidamente  actualizado (…).   

3. Estudio de  factibilidad.   

4. Los demás  requisitos de Ley.     

ARTÍCULO   TERCERO:   Para   el   cabal  cumplimiento  de  lo  establecido  en el artículo anterior, el Alcalde Mayor de  Barranquilla   celebrará   los   convenios   y/o  acuerdos  con  las  entidades  interesadas en el proceso.   

(…)  

ARTÍCULO  CUARTO: Las instituciones donde  se  oficialice  el  servicio  educativo,  según  este  Acuerdo, se denominarán  “CENTROS DE EDUCACIÓN BÁSICA” (…).   

ARTÍCULO  QUINTO:  Autorízase al Alcalde  Mayor  de  Barranquilla  para  que  realice los créditos y contracréditos, los  traslados  presupuestales  y  en  general  las  operaciones financieras que sean  necesarias para darle cumplimiento al presente Acuerdo».   

En   cumplimiento   de  lo  anterior,  el  mandatario  de esa ciudad profirió el Decreto 471 de 12 de marzo de 1994, en el  que  además de ejecutar el cambio nominativo aludido, ordenó lo siguiente (fs.  96 y siguientes, c. a. 1):   

«ARTÍCULO  TERCERO:  Los Centros de  Educación   Básica   conservaran  respectivamente,  las  mismas  instalaciones  físicas,  los  bienes  muebles  e  inmuebles  que  posean,  la misma ubicación  geográfica  con  sus  límites  y  linderos;  seguirán  con la misma planta de  personal  docente,  directiva  docente y administrativa que labora al momento de  la vigencia del presente decreto (…).   

ARTÍCULO   CUARTO:   Las  instituciones  educativas  oficializadas  o  creadas  por  iniciativa  de  las organizaciones o  miembros  de las comunidades tendrán como denominación centros Comunitarios de  Educación  Básica  y se regirán por lo preceptuado en la Ley y en el presente  decreto».   

Adicionalmente, esa autoridad administrativa  celebró  convenios  con  algunos  comités  comunitarios  y  juntas  de acción  comunal,  en  concreto,  Los  Laureles, Villa del Carmen y 12 de Octubre, en los  que  se  comprometió, entre otras, a «asumir el pago  y  sostenimiento  de  la  planta  de  personal administrativa docente, docente y  administrativa  con  base  a  la  disponibilidad  presupuestal y de los cargos y  plazas  existentes…para  nombrar y/o contratar servicios, dándole prioridad a  quienes  hayan  participado  en  la creación, construcción y sostenimiento del  proyecto   educativo   comunitario»   (fs.   105  y  siguientes, c. a. 1).   

Ese marco normativo comprometió entonces a  la   Alcaldía   respecto   del   personal  docente,  administrativo  docente  y  administrativo    de    los    planteles   involucrados   en   el   proceso   de  legalización.   

Mientras la definición de las dos primeras  categorías  aparece  contenida  en  la  Ley  115 de 1994, la comprensión de la  noción  de  personal  administrativo  puede  derivarse  del  artículo  4° del  Decreto  1569  de  1998, vigente para la fecha en que promulgaron los Acuerdos y  Decretos aludidos, que disponía lo siguiente:   

«Nivel  Administrativo. Comprende  los  empleos   cuyas   funciones  implican  el  ejercicio  de  actividades  de  orden  administrativo,   complementarias   de   las   tareas  propias  de  los  niveles  superiores».   

2.   Como  consecuencia  de  lo  anterior,  el 16 de marzo de 2007, a través de apoderado,  Aracelis  Ahumada  Lozano  y otros 56 ciudadanos incoaron acción de tutela, que  correspondió  al  Juzgado  7° Penal Municipal de Barranquilla, pues, adujeron,  para  ese  entonces  la  Alcaldía  continuaba  «sin  resolverle  (sic) su situación laboral», aun cuando  trabajaban  para  distintas  instituciones  educativas  de la ciudad (f. 9, c. a. 1).   

En   protección   de   los   derechos  fundamentales   al  mínimo  vital,  el  trabajo  y  la  igualdad,  pidieron  lo  siguiente:   

«1.1 (…)  se  ordene  al  Señor  Alcalde apropiar los recursos necesarios para cancelarle  los últimos tres (3) años de servicio.   

(…)  

2.1  Tutelar  el  Derecho  Fundamental  al  Trabajo,  decretando  la  vinculación laboral de los accionantes a la Planta de  Personal del Distrito de Barranquilla (…)».   

3. Pues bien, en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  situación de hecho en que se encontraban los  ciudadanos  que  promovieron  la  acción  de  tutela  contra  la  Alcaldía  de  Barranquilla, se tiene la siguiente información:   

Trabajador   

accionante            

Colegio             

Fecha   

ingreso            

Fecha   

Egreso            

Cargo             

Quién le pagaba             

Incluido en la tutela             

Incluido  sentencia   

Adición            

Folio  

Araceli  Ahumada   

Lozano            

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Febrero   

2003            

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

Si             

No             

258   

Anexo  

2  

Zully  Mercedes Martínez Almanza             

Institución  Distrital Comunitaria Los Laures             

Febrero   

1997            

No  indica             

Aseadora             

Asociación padres de familia             

No             

Si             

29   

Anexo  

1  

Marlene del Socorro  

Martínez Franco            

Colegio  Técnico Distrital de Rebolo             

Febrero   

1997            

No  indica             

Aseadora             

No indica             

No             

Si             

30   

Anexo  

1  

Aída  Luz  Méndez  Baldovino             

Colegio  Comunitari  Distrital Villa del Carmen             

Marzo  1994             

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

31   

Anexo  

1  

Carmen Eliza Mercado  Bossio             

Centro de Educación  Media y Básica No 132             

4   

Marzo 1985            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

No             

Si             

32 Anexo   

1  

Manuel  Gregorio  Mariño Mirana             

Colegio  Distrital  Buenos Aires “CODIBA”             

15   

julio  

2000            

No indica             

Portero             

No  indica             

No             

Si             

33 Anexo   

1  

Edgar Meza Blanco            

   

Colegio  Comunitario  Distrital  Villa del  Carmen             

   

5  

julio  

2003            

   

No indica            

   

Digitador            

   

No indica            

   

No            

   

Si            

   

34  

Anexo  

1  

Nayides  Elena Olivera Medina             

Instituto  educativo Distrital Miguel Ángel Builes             

23   

febrero 2003            

No  indica             

Secretaria             

Voluntaria             

No             

Si             

35  Anexo   

1  

Adriana Concepción  Ortiz Acosta             

Colegio  Técnico  Distrital de Rebolo             

2   

enero 2002            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

No             

Si             

36 Anexo   

1  

Betty  del  Carmen  Palacio Rojas             

Colegio  Técnico  Distrital de Rebolo             

Diciembre  2000             

No indica             

Bibliotecaria             

No  indica             

No             

Si             

37 Anexo   

1  

Miled Antonio Payares  Angarita             

Centro de Educación  Básica No 202             

2006             

No indica             

Aseador             

Voluntario             

No             

Si             

38 Anexo   

1  

Johan Raquel Pedraza  Pérez             

Instituto Educativo  Distrital Comunitario Octavio Paz             

2003             

No indica             

Auxiliar  servicios  generales             

Voluntario             

No             

Si             

39 Anexo   

1  

Mirley Judith Pérez  Polo             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

Abril   

1998            

No indica             

Bibliotecaria             

No  indica             

Si             

No             

40 Anexo   

1  

Emiliano  Francisco  Pérez Sarmiento             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

15   

enero 2002            

No indica             

Servicios  generales             

No  indica             

Si             

No             

41 Anexo   

1  

Jorge Ezequiel Pertuz  Altamar             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero   

2000            

No indica             

Vigilante             

Voluntario             

Si             

No             

42 Anexo   

1  

Lorena  Inés  Polo  Ortiz             

Centro de Educación  Básica 203             

16   

enero  

2004            

No indica             

Secretaria  General             

No  indica             

Si             

No             

43 Anexo   

1  

Ronald  Rafael Polo  Ruiz             

Centro de Educación  Básica No 122             

No indica             

No indica             

Aseador             

No  indica             

Si             

No             

44 Anexo   

1  

Ana Milena Quintero  Salgado             

Colegio Distrital de  Rebolo             

Febrero   

1998            

No indica             

Auxiliar  secretaria             

No  indica             

Si             

No             

45 Anexo   

1  

Eligio Tercero Quiroz  Brum             

Instituto Educativo  Distrital Comunitario Octavio Paz             

Septiembr2005             

No indica             

Digitador             

Voluntario             

Si             

No             

46 Anexo   

1  

Silvia Yaneth Quiroz  Taborda             

Centro  Educativo  Distrital No 130             

No indica             

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

Si             

No             

47 Anexo   

1  

Yalenis Isabel Ramos  Hoyos             

Instituto Educativo  Distrital Comunitario Octavio Paz             

2003             

No indica             

Auxiliar   de  aseo             

Voluntaria             

Si             

No             

48 Anexo   

1  

Aleydis Diana Ramos  Robles             

Centro de Educación  Básica No 122             

14   

junio 2004            

No indica             

Secretaria             

Voluntaria             

Si             

No             

49 Anexo   

1  

Olider  Omar  Ramos  Robles             

Institución  Educativa Rodolfo Llinas Riascos             

5   

febrero  

2002            

No indica             

Portero             

No  indica             

Si             

No             

50 Anexo   

1  

Olider  José Ramos  Sotelo             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

Enero  2002             

No indica             

Oficios  varios             

No  indica             

Si             

No             

51 Anexo   

1  

Digna  Rosa  Robles  Torres             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

Enero   

1997            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

52   

Anexo  

1  

Lisbeth  Rodríguez  Castillo             

Colegio Distrital San  Gabriel             

Enero   

1998            

No indica             

Secretaria             

Colegio             

Si             

No             

53 Anexo   

1  

Gloria   Elsi  Rodríguez Mejía             

Institución  Educativa Rodolfo Llinas Riascos             

5   

Febrero  

2003            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

54 Anexo   

1  

Leticia   Ruiz  Reyes             

Centro de Educación  Básica No 122             

1987             

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

55 Anexo   

1  

Ana  Cruz  Serna de  González             

Colegio  Distrital  Buenos Aires “CODIBA”             

15   

febrero 1995            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

56 Anexo   

1  

Edith Marina Camargo  Lara             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Enero   

2000            

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

Si             

No             

57 Anexo   

1  

Margarita   Caro  Parra             

Centro de Educación  Básica No 190             

2000             

No indica             

Aseadora             

No  indica             

SI             

No             

58 Anexo   

1  

Luisa Esther Carrillo  Madrid             

Institución  Distrital Comunitaria Los Laureles             

Enero   

1994            

No indica             

Aseadora             

Asociación  Padres de Familia             

Si             

No             

59 Anexo   

1  

Denis  Maria Castro  Arrieta             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero   

2000            

No indica             

Bibliotecaria             

Voluntaria             

Si             

No             

60 Anexo   

1  

Donelia   Castro  Cárdenas             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Julio   

2004            

No indica             

Bibliotecaria             

Voluntaria             

Si             

No             

61 Anexo   

1  

Alma Rosa Consuetra  Martínez             

Instituto Distrital  Castillo de la Alboraya             

Octubre  2000             

20   

Nov.  

2006            

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

62 Anexo   

1  

Henry   Antonio  Contreras Lidueña             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Julio   

2004            

No indica             

Celador             

Voluntario             

Si             

No             

63 Anexo   

1  

Edilsa Esther del Rio  Vizcaino             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero   

2000            

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

Si             

No             

64 Anexo   

1  

Andrea Estefany Duran  Torrecilla             

Centro  Educativo  Distrital No 130             

2005             

No indica             

No indica             

No  indica             

Si             

No             

65 Anexo   

1  

Marlene  Fernández  Gonzales             

Centro de Educación  Básica No 215             

2001             

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

66 Anexo   

1  

Virginia   Elena  García Pérez             

Centro  Educativo  Distrital No 130             

No indica             

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

Si             

No             

67 Anexo   

1  

Jesús   Enrique  García Romero             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Enero   

2004            

No    indica             

Portero             

Voluntario             

No             

Si             

68 Anexo   

1  

Lisbeth  Garrido  Pallares             

Colegio  Técnico  Distrital de Rebolo             

Febrero   

1997            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

No             

Si             

69 Anexo   

1  

Luis  Rafael  Gil  Salgado             

Centro de Educación  Básica No 202             

2006             

No indica             

Portero             

Voluntario             

No             

Si             

70 Anexo   

1  

Lilys  Josefina  González Lora             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

17   

Enero 2002            

No indica             

Secretaria             

No  indica             

No             

Si             

71 Anexo   

1  

Gerardo  Antonio  Guillen Sandoval             

Institución  Educativa Distrital Marco Fidel Suarez             

2000             

No indica             

Oficios  varios             

Fondo  de  Servicios Docentes             

No             

Si             

72 Anexo   

1  

Josefina  Eucaris  Gutiérrez de la Cruz             

Colegio Comunitarios  Distrital Pablo Neruda             

Enero  2000             

No indica             

Digitadora             

Voluntaria             

No             

Si             

74 Anexo   

1  

Álvaro  Alberto  Gutiérrez             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

2003             

No indica             

Auxiliar  Servicios Generales             

Voluntario             

No             

Si             

75 Anexo   

1  

Emilce  Hernández  Ballesteros             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

2003             

No indica             

Auxiliar de  aseo             

Voluntaria             

No             

Si             

76 Anexo   

1  

Elsa  Isabel  Joiro  Silva             

Instituto Distrital  Castillo de la Alboraya             

No indica             

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

No             

Si             

77 Anexo   

1  

Ana Rafaela Jiménez  Ortiz             

Institución  Educativa Distrital Marco Fidel Suarez             

1   

Julio  

1994            

No indica             

Aseadora             

Fondo  de  Servicios Docentes             

No             

Si             

78 Anexo   

1  

Guadalupe  Jiménez  Santander             

Institución  Educativa Rodolfo Llinas Riascos             

5   

febrero 2003            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

No             

Si             

80 Anexo   

1  

Evaristo Enrique Lara  Gutiérrez             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Julio   

2004            

No indica             

Celador             

Voluntario             

No             

Si             

81 Anexo   

1  

Cenides Maria Lasso  Redondo             

Centro de Educación  Básica 203             

16   

enero 2000            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

No             

Si             

82 Anexo   

1  

Viviana Judith Leiva  Ramírez             

Colegio  Distrital  Buenos Aires “CODIBA”             

13    Febrero  1998             

No indica             

Secretaria  General             

No  indica             

No             

Si             

83 Anexo   

1  

Doris   Machacon  Pacheco             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero  2002             

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

No             

Si             

84 Anexo   

1  

Luis Alberto Suarez  Llorente             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero  2002             

No indica             

Aseador             

Voluntario             

No             

Si             

85 Anexo   

1  

Fabián  Enrique  Suescun Aldana             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero  2002             

No indica             

Mantenimiento general             

Voluntario             

Si             

No             

86 Anexo   

1  

Clelia   Tavera  López             

Centro Comunitario de  Educación Básica No 176             

2003             

No indica             

No  indica             

Incentivo de  docentes             

Si             

No             

87 Anexo   

1  

Esneira  Tobías  Molina             

Centro  Educativo  Distrital No 130             

No indica             

No indica             

Aseadora             

Voluntaria             

Si             

No             

88 Anexo   

1  

Edilma   Torres  Torres             

Institución  Distrital Comunitaria Los Laureles             

Enero  2000             

No indica             

Aseadora             

Asociación  Padres de Familia             

Si             

No             

89 Anexo   

1  

Arneida Uribe Higuita             

Centro de Educación  Básica 203             

18   

febrero 1997            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

90 Anexo   

1  

Emilse Sofía Villa  Castellanos             

Centro  Educativo  Distrital Jesús Maestro             

No indica             

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

91 Anexo   

1  

Lisbeth del Rosario  Villa Ortiz             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

19   

enero 1993            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

92    Anexo  1  

Humberto  Enrique  Yance de la Hoz             

Colegio  Técnico  Distrital de Rebolo             

20   

enero 2000            

No indica             

Celador             

No  indica             

Si             

No             

93 Anexo   

1  

Gildardo  Manjarres  Antury             

Institución  Educativa Distrital Karl Parrish             

No Indica             

No indica             

Celador-Portero             

No  indica             

No             

Si             

249   

Anexo  

2  

Pablo Emiro Arrieta  González             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

15   

enero 2002            

No indica             

Portero             

No  indica             

Si             

No             

259 Anexo   

2  

Sisiana   Esther  Altamar Goenaga             

Centro de Educación  Básica No 215             

1   

enero 1998            

No indica             

Portera             

No  indica             

Si             

No             

260    Anexo   

2  

Yasmides  Barriosnuevos Morales             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

16 enero   

1992            

No indica             

Secretaria             

No  indica             

Si             

No             

261 Anexo   

2  

Zuleima   Esther  Barrios García             

Institución  Educativa Distrital Comunitaria Octavio Paz             

Enero  2003             

No indica             

Servicios  generales             

Voluntaria             

Si             

No             

267   

Anexo  

2  

Yennys Esther Barreto  Caro             

Colegio Comunitario  Distrital Villa del Carmen             

2   

febrero 1999            

No indica             

Aseadora             

No  indica             

Si             

No             

273 Anexo   

2  

Norelis Esther Arroyo  Yepes             

Colegio  Distrital  Buenos Aires “CODIBA”             

16  noviembre   

2001            

No indica             

Secretaria  digitadora             

No  indica             

Si             

No             

278 Anexo   

2  

Tomasa Isabel Barrios  del Rio             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Febrero   

2000            

No indica             

Secretaria             

Sin  remuneración por la Secretaria de Educación             

Si             

No             

288   

Anexo  

2  

Ayda Esther Barrios  Polo             

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Enero  1997             

No indica             

Secretaria             

Sin  remuneración por la Secretaria de Educación             

Si             

No             

290 Anexo   

2  

Mario   Augusto   

Barrios González            

Colegio Comunitario  Distrital Pablo Neruda             

Febrero  2000             

No indica             

Vigilante             

Sin  remuneración por la Secretaria de Educación             

Si             

No             

291 anexo   

2  

Con  relación  a  Hernando  Manuel Altamar  Franco,  Pedro  Barranco  Castro, Elkin Samid Barranco Villalobos, Josefina Brum  Martínez,  Luisa  Esther Carrillo Madrid, Marcos de Moya Charris, Liliana Paola  Díaz  Pérez,  Melisa  del  Carmen Solano Molinares y Jaime García Herrera, no  obra  en la foliatura constancia respecto de su actividad o vinculación con las  instituciones educativas objeto de legalización.   

4. A partir de lo  anterior,  es  posible extraer, en relación con el objeto de controversia en el  trámite  de  tutela  del  que se ocuparon los ahora enjuiciados, las siguientes  conclusiones preliminares:   

i)  Aunque  se  conoce  que algunos de los  ciudadanos  se  desempeñaban  en  funciones que permitirían clasificarlos como  personal      administrativo      –  secretariado  o  bibliotecología -, lo cierto es que la mayoría  de ellos lo hacían en trabajos que no tenían tal connotación.   

En  efecto,  el  artículo 4° del Decreto  1569  de  1998  precitado  definía  como  cargos  operativos, esto es, como una  categoría  laboral  distinta  a  la  administrativa,  aquéllos cuyas funciones  «implican  el ejercicio  de  labores  que  se  caracterizan  por  el predominio de actividades manuales o  tareas de simple ejecución».   

Claro, entonces, que quienes prestaban los  servicios  como  aseadores,  vigilantes  o porteros, esto es, la mayoría de los  accionantes,  no tenían la condición de personal administrativo sino operativo  y,  por  lo mismo, no estaban cobijados por los efectos del Decreto 471 de 1994,  proferido por la Alcaldía Distrital.   

ii)  Del  contenido  del artículo 3° del  aludido  Decreto se desprende con absoluta claridad que lo allí dispuesto sólo  era  aplicable a quienes estuvieran vinculados con las respectivas instituciones  educativas    para   el   momento   en   que   ese   acto   administrativo   fue  proferido.   

En esa situación sólo se encontraban seis  de  los  accionantes, esto es, Yasmides Barrionuevo Morales, Lisbeth del Rosario  Villa  Ortiz,  Ana Rafaela Jiménez Ortiz, Luisa Esther Carrillo Madrid, Leticia  Ruiz  Reyes, Carmen Eliza Mercado Bossio y Aída Luz Méndez Baldovino, pues los  restantes se vincularon con posterioridad a dicha fecha.   

iii) La legalización de las instituciones  educativas  informales,  según  se desprende del Acuerdo 010 proferido el 12 de  Marzo  de  1993 por el Concejo de Barranquilla, sólo comprendió 8 de ellas, en  concreto,  i)  Colegio  Jorge  Robledo  Ortiz;  ii)  Escuela  Pablo Neruda; iii)  Escuela  Comunitaria  (Villa del Carmen); iv) Escuela Salesiana Niño de Jesús;  v)  Colegio  Cooperativo  de  Juan Mina; vi) Colegio Comunal del Santuario; vii)  Escuela    12   de   Octubre   de   Bella   Arena   y;   viii)   Instituto   Las  Mercedes.   

Adicionalmente,  aunque  no hace parte del  Acuerdo,  el  24  de junio de 1994 la Alcaldía suscribió convenio con la Junta  Comunal  del  Barrio  Los  Laureles,  en  el que se comprometió, entre otras, a  asumir  el  pago  y sostenimiento de la planta de personal del Centro Oficial de  Educación Básica de ese sector (f. 106, c. a. 1).   

Veinticuatro de los libelistas acreditaron  trabajar  para  alguna  de las entidades objeto de formalización y sólo cuatro  de  ellos lo hacían para el momento en que se profirió el Decreto 471 de 1994.  Los  restantes  aportaron  constancias  o certificaciones expedidas por colegios  distintos,  que  no  fueron  objeto del mandato de legalización expedido por el  Concejo    ni    suscribieron   convenios   con   la   administración   de   la  ciudad.   

Respecto de estos últimos, entonces, nada  era exigible a la autoridad accionada.   

iv)  El  compromiso  de la Alcaldía en el  sentido  de  «asumir  el  pago y sostenimiento de la  planta   de   personal   administrativa  docente,  docente  y  administrativa»,  respecto   de   las  instituciones  con  las  cuales  suscribió  convenios,  estaba  condicionado  a  «la  disponibilidad  presupuestal»,  así  como  a  la de  «los cargos y plazas existentes».   

v)  Claro,  en suma, que la mayor parte de  quienes   acudieron   a   la   acción   constitucional   para  reclamar  de  la  administración  Distrital  la  legalización  de sus contratos y el pago de las  correspondientes prestaciones laborales no tenían derecho a ello.   

5. De acuerdo con  lo  expuesto  en  precedencia,  la  Sala  analizará  la  situación  de  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  y  GUERRERO  OSPINO,  a fin de establecer si reconocieron derechos y  ordenaron   pagos  a  favor  de  los  accionantes,  esto  es,  de  discernir  la  trascendencia    jurídica    que    en    el    ámbito    penal   tienen   sus  decisiones.   

El  fallo de tutela de 13 de abril de 2007,  suscrito por ROSA MARÍA MUÑOZ RODRÍGUEZ.   

1. No se discute  que   MUÑOZ   RODRÍGUEZ,   en  condición  de  Juez  7°  Penal  Municipal  de  Barranquilla,  profirió  la  sentencia  de 13 de abril de 2007, por medio de la  cual    concedió    amparo   a   Aracelis   Ahumada   Lozano   y   los   demás  accionantes.   

2.  Es  evidente  para  la Sala que la controversia en el caso en examen se centra en el verdadero  alcance  de lo ordenado por la encausada en el fallo de tutela de 13 de abril de  2007.   

         Dicha  providencia,  para  efectos de este proceso penal, ha tenido  dos  lecturas: de una parte, el entendimiento que se le ha dado en el escrito de  acusación  y  en  la sentencia de primera instancia proferido por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior de Barranquilla; de otra, el discernimiento que plantean  el Agente del Ministerio Público, los procesados y sus defensores.   

         En  el  primer  supuesto, de estar probado que lo decidido en dicha  providencia  fue  el  pago  de  las  acreencias  supuestamente  adeudadas  a los  accionantes,  ninguna  duda  suscitaría  su manifiesta contrariedad con la Ley,  pues  como quedó esbozado en precedencia, sólo cuatro de los cincuenta y siete  demandantes  estaban  vinculados a las entidades objeto de legalización para el  momento  en  que  se  profirió  el  Decreto  417 de 1994, que fue invocado como  sustento normativo para reclamar el amparo.   

         Respecto  de  los  restantes, ninguna obligación era exigible a la  Alcaldía  Distrital;  conclusión  que surge diáfana de la simple revisión de  los  documentos  allegados  como  soporte  de  la  acción  constitucional y que  determinaba,  desde  luego  y  sin  necesidad  de  mayores  consideraciones,  la  improcedencia del amparo.   

         

         Distinto  ocurriría,  haciendo  referencia a la segunda hipótesis  de  lectura,  si  el  fallo  hubiera  ordenado  a  la administración revisar la  situación  de  los accionantes para establecer cuáles de ellos tenían derecho  a  ser formalmente vinculados a las entidades educativas y, como consecuencia de  ello,  pagar  sus  derechos,  pues  en ese caso devendrían inanes los reproches  elevados  por  la  Fiscalía  y  mal  podría  afirmarse  la  ilegalidad  de  la  decisión.   

         De  admitirse  que la providencia censurada comportó el mandato de  pagar  las  sumas  de  dinero  supuestamente  adeudadas  como consecuencia de la  prestación  de  servicios  sin la correspondiente remuneración, la conclusión  no  podría  ser  distinta  a la de afirmar la tipicidad objetiva de la conducta  atribuida  a  MUÑOZ  RODRÍGUEZ,  pues  por  esa  vía  habría  desconocido el  ordenamiento jurídico.   

         En  efecto,  no  sólo  habría  ordenado,  con cargo al erario, la  cancelación  de  sumas  de  dinero  a  personas  que no tenían ningún tipo de  relación       laboral       con      la      administración      –  recuérdese que de la totalidad de  los  accionantes sólo cuatro de ellos estaban vinculados con escuelas objeto de  legalización  para  el  momento  en  que se profirió el Decreto 471 de 1994 -,  sino  que ello habría ocurrido con grosero desconocimiento de las disposiciones  normativas  que  regulan  la  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela  y del  precedente   constitucional   que  ha  precisado  su  correcta  interpretación.   

         Esto   último,   pues  la  posibilidad  de  reclamar  prestaciones  laborales  a  través  de la acción constitucional aludida, según se desprende  del   numeral  1°  del  artículo  6°  del  Decreto  2591  de  1991  y  de  la  jurisprudencia  de  la Corte Constitucional sobre la materia, sólo procede ante  la  posible ocurrencia de un perjuicio irremediable que justifique prescindir de  los  mecanismos  ordinarios de defensa judicial, lo cual, de ninguna manera, fue  acreditado por los accionantes ni valorado por la procesada.   

         5. A efectos de dilucidar la controversia  planteada,  constituye punto obligado de partida el contenido, en lo pertinente,  de  la  providencia  tildada  de  ser  contraria  a derecho y proferida por ROSA  MARÍA MUÑOZ RODRÍGUEZ:   

«En  primer  lugar  tenemos  que la parte accionante invoca el mecanismo constitucional de la  tutela,  como  quiera  que  considera  violados  sus derechos fundamentales a la  igualdad,  al pago oportuno de su salario y prestaciones sociales, al trabajo, a  la  seguridad  social  y  al  mínimo vital, por las acciones y omisiones en las  cuales  ha  incurrido  la Administración Distrital de Barranquilla, en cuanto a  la  legalización  de su situación laboral, como personal administrativo de los  centros  de educación oficializados por la Administración mediante acuerdo 010  de 1993.   

En  segundo  lugar,  para  este  despacho  judicial  está  debidamente acreditado que los accionantes han venido prestando  un  servicio  a  los  distintos  centro  (sic)  de  educación, para lo cual han  desplegado  su  fuerza de trabajo, sin que se les esté debidamente reconociendo  los derechos laborales y prestacionales que les debe asistir.   

En   tercer  lugar,  existe  constancia  probatoria  acerca  de  la voluntad administrativa del Distrito de Barranquilla,  mediante  acto  administrativo  contentivo  del  correspondiente  acuerdo,  para  oficializar  el  servicio  educativo  que  se  viene prestando en los centros de  Educación  Básica  a  que  se  contraen  los  hechos de la presente acción de  tutela.   

Así las cosas, surge la existencia de una  situación  fáctica  en  la cual a los accionantes se les viene incumpliendo el  pago  oportuno  de  la remuneración por el servicio que vienen prestando en los  distintos  centro (sic) de educación que fueron oficializados…lo cual a prima  facie  (sic)  desconoce  los principios que el constituyente de 1991 estableció  en  la  nueva  Constitución  Nacional,  respecto  al  derecho a la igualdad, al  trabajo,  al  pago  de  un  salario o remuneración oportuna, a la garantía del  mínimo  vital,  por  lo  que  para  este  despacho  judicial  nace imperante la  necesidad   de   entrar   a  impartir  las  órdenes  pertinentes,  para  que  se  normalice  la  situación  que desconoce, vulnera y  amenaza    los    derechos    fundamentales   de   los   accionantes.   

(…)  

Así las cosas, se tiene en cuenta que la  autoridad  pública…debe,  en  sana  lógica,  proceder  de  forma inmediata a  garantizar   los   derechos   fundamentales  de  los  accionantes…habida   cuenta   de  la  necesidad  de  la  legalización  de  su  situación laboral…   

La falta de pago del salario es, sin duda,  un  acto de violencia contra el empleado y los suyos, que no puede quedar impune  ante  el  Derecho  y  definitivamente  quien  padece  por  culpa  de la omisión  patronal  no  resulta  satisfecho en el plano de sus garantías constitucionales  por   las   excusas   de  orden  financiero  o  administrativo  que  invoque  el  empleador…   

Es  claro  que, en principio, mediante la  acción  de  tutela no ha de perseguirse el pago de acreencias laborales, ya que  tal  mecanismo  no  fue establecido para sustituir a la justicia ordinaria; pero  sí  se  protege  el  denominado mínimo vital que hace relación a los recursos  absolutamente   indispensables   para   cubrir   las   necesidades  básicas  de  alimentación,  vestuario,  educación  y  seguridad  social  que  permiten  una  existencia en condiciones de dignidad y decoro.   

En   suma  este  despacho  observa  con  meridiana  claridad  que  el  Distrito  de  Barranquilla,  en cabeza del Alcalde  Distrital,   tiene  la  potestad  de  adelantar  las  gestiones   pertinentes  y  eficaces  en  aras  de  legalizar  y  normalizar  la  situación  laboral  de los accionantes, de modo pues  que  se  les  garantice el derecho a recibir el pago  oportuno   de   sus   salarios  y  prestaciones  sociales,  si  a  ello  hubiere  lugar, así como la garantía de la seguridad social  en salud, pensión y riesgo de vejez, invalidez y muerte.   

Así las cosas, este juzgador procederá a  sentar  su  decisión  en  el  sentido  de  que prospera la tutela invocada, por  encontrar  en la situación planteada circunstancias constitutivas de violación  o  amenaza  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales,  por  lo  que se  concederá la acción invocada.   

(…)  

RESUELVE:  

PRIMERO: Conceder, como en efecto se hace,  la  acción  de  tutela  promovida por (aquí los nombres de los accionantes), a  través  de  apoderado  judicial,  contra  el Alcalde Distrital de Barranquilla,  conforme   a   las   consideraciones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  este  fallo.   

SEGUNDO: Ordenar, como en efecto se hace,  al  Señor Alcalde Distrital de Barranquilla, para que en un término de treinta  (30)    días…proceda,   si   aún   no   lo   ha  hecho,  a  adelantar las  acciones  pertinentes  y eficaces para la legalización de la situación laboral  de   los  accionantes,  procediendo  a  la   gestión   y   consecución   de   los   recursos,  acudiendo  ante  el  Ministerio  del  ramo  si es menester, y a  realizar  las apropiaciones presupuestales correspondientes para cumplir con las  obligaciones  que  le  asisten  en  cuanto  al  restablecimiento de los derechos  laborales  que  tienen  los accionantes, relacionados con sus salarios, y demás  prestaciones  sociales  y  el  cubrimiento  integral  de  la  seguridad  social,  de conformidad con lo establecido en la parte motiva  de esta providencia judicial».   

Para  lograr  la  mayor  claridad  en  la  comprensión  del  verdadero  sentido de lo decidido por MUÑOZ RODRÍGUEZ, debe  señalarse   que   las   providencias   judiciales   se  componen  de  secciones  fundamentales  – dejando  de  lado  las  correspondientes  a  los  antecedentes fácticos y procesales del  asunto -, en concreto, la motiva o considerativa y la resolutiva.   

Si  bien,  en  principio,  el  carácter  vinculante  de  la sentencia está referido de manera exclusiva a la segunda, lo  cierto  es  que  la  intelección  correcta de los fallos proviene de la lectura  conjunta  y  articulada  de su texto íntegro, como quiera que, de soslayarse el  cuerpo  argumentativo  que  sustenta  la decisión, puede ocurrir que el sentido  atribuido a lo ordenado surja inadecuado.    

Tan  inescindiblemente relacionados están  los  acápites  considerativo y resolutivo del fallo, que el artículo 285 de la  Ley  1564  de 2012 dispone, en términos idénticos al artículo 309 del Código  de  Procedimiento Civil, que la aclaración de la sentencia procede cuando ésta  «contenga  conceptos  o  frases  que  ofrezcan verdadero motivo de duda, siempre que estén contenidas en  la  parte  resolutiva  de  la sentencia o influyan en  ella».   

    

La  estrecha  relación existente entre la  motivación  del fallo y las resoluciones que allí se adoptan ha dado lugar, en  el  ámbito  de  las sentencias de constitucionalidad y de tutela proferidas por  la  Corte  Constitucional,  al  desarrollo  de la distinción entre obiter  dicta y  ratio  decidendi, ésta última, correspondiente a uno  o  más  apartes  de  la  sección considerativa que tienen fuerza vinculante, a  modo  de precedente, para los operadores jurídicos1,  al  punto  que,  como lo ha  reconocido  esta  Sala,  su  desconocimiento puede ser conducta constitutiva del  delito     de     prevaricato     por    acción2.   

En ese mismo sentido, esta Corporación ha  sostenido,  en  relación  con  la  resolución  de  acusación pero en criterio  aplicable    a    todas    las   providencias   judiciales,   que   «la   parte  conclusiva  depende  por  entero   de  la  motiva,  por  cuanto  argumentativamente  aquella  solo  es  su  “síntesis”»;   así,   aunque   «a  menudo  ésta  parte  recoge  por  entero  el  alcance  de lo  expresado   en  la  considerativa»,  lo  cierto  es  que     «en    forma   alguna   ni  el  sentido  de  la  providencia  se  agota  con  el exclusivo  contenido    de    la    conclusiva,   ni  ésta es el único referente a tener en cuenta para determinar  la       comprensión       de       la      decisión      judicial»3    (negrilla   fuera   del  texto).   

            6.  Aplicadas  las  consideraciones  precedentes al caso en examen, la Sala concluye  que  el  sentido de la sentencia proferida por MUÑOZ RODRÍGUEZ, valorada en su  integridad   y   no   de   manera  segmentada,  admite  varias  interpretaciones  razonables,  una de ellas, que lo ordenado por la funcionaria no fue, en efecto,  el  reconocimiento  y  pago de prestación alguna, sino el adelantamiento de las  gestiones  pertinentes  encaminadas  a discernir si los accionantes –  y  cuáles  de  ellos –  tenían  derecho  a ser vinculados  formalmente  a  la  administración,  para  legalizar  su  situación  laboral y  solamente  como  consecuencia de ello sobrevenía la afectación de los recursos  públicos para satisfacer sus derechos.   

Ciertamente,     en     el    aparte  resolutivo    de    la  providencia  se  ordena  «al Señor Alcalde Distrital  de  Barranquilla,  para  que en un término de treinta (30) días…proceda,  si  aún  no  lo  ha  hecho,  a  adelantar  las acciones  pertinentes  y  eficaces  para la legalización de la  situación  laboral de los accionantes, procediendo a  la  gestión y consecución de los recursos, acudiendo  ante  el  Ministerio  del  ramo  si  es menester, y a realizar las apropiaciones  presupuestales  correspondientes  para  cumplir  con  las  obligaciones  que  le  asisten  en  cuanto al restablecimiento de los derechos laborales que tienen los  accionantes,  relacionados con sus salarios, y demás prestaciones sociales y el  cubrimiento  integral  de  la  seguridad  social,  de  conformidad   con  lo  establecido  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia  judicial».   

Por su parte, en la sección considerativa  se  señala  que  «el  Distrito  de Barranquilla, en  cabeza  del  Alcalde  Distrital,  tiene  la  potestad de adelantar las gestiones  pertinentes  y  eficaces  en  aras  de  legalizar  y  normalizar  la  situación laboral de los accionantes,  de  modo  pues que se les garantice el derecho a recibir el pago oportuno de sus  salarios  y  prestaciones sociales, si a ello hubiere  lugar».   

Así    mismo,    que    «nace  imperante  la  necesidad  de entrar a impartir las órdenes  pertinentes,    para    que    se   normalice   la  situación  que  desconoce,  vulnera  y  amenaza  los  derechos fundamentales de los accionantes».   

En similar sentido, la encartada consignó  en  el  fallo  que  «el Distrito de Barranquilla, en  cabeza    del   Alcalde   Distrital,   tiene   la   potestad   de   adelantar   las  gestiones  pertinentes  y  eficaces  en  aras  de  legalizar  y  normalizar  la  situación  laboral de los accionantes,  de  modo pues que se les garantice el  derecho   a   recibir   el   pago   oportuno  de  sus  salarios  y  prestaciones  sociales».   

Nótese  que  este  último  aparte de las  consideraciones  que  sustentan el fallo permite entender que, en criterio de la  Juzgadora,   el  pago  de  los  salarios  y  prestaciones  sociales  debía  ser  consecuencia  de  la  legalización de la situación laboral de los accionantes,  no de lo ordenado en esa providencia.   

Si  lo  dispuesto  por la enjuiciada, como  puede  colegirse  razonablemente  a partir del texto integral de la providencia,  no  fue el reconocimiento de derechos ni el pago de acreencias, sino la apertura  de  un trámite dirigido a esclarecer, por parte de la Alcaldía, cuáles de los  accionantes  debían  ser  vinculados  y  a  quiénes  de  ellos  era procedente  reconocerles  y  pagarles prestaciones laborales, los reproches que dieron lugar  a la acusación pierden el sustento fáctico y jurídico.   

Esa  fue,  por  demás,  la  explicación  ofrecida   por  la  acusada  al  rendir  indagatoria,  oportunidad  en  la  cual  sostuvo:   

«…se  ordenó  conceder la tutela ordenándose al señor Alcalde que en un término de  30   días…adelantara  las  gestiones  pertinentes  en  aras  de  legalizar  y  normalizar  la  situación  laboral  de  los  accionantes  de  modo  que  se les  garantizara   el   derecho  a  recibir  el  pago  oportuno  de  sus  salarios  y  prestaciones  sociales  si  a  ello  hubiere lugar…la suscrita fue muy clara y  señaló…que   la   administración   Distrital   adelantara   las   gestiones  pertinentes  y  eficaces en aras de legalizar y normalizar la situación laboral  de  esas  personas…el despacho fue muy claro en su fallo cuando dispuso que la  Alcaldía  adelantara  las  gestiones  pertinentes…en  ningún  momento  le ha  impuesto  a  la Alcaldía que de plano solicite los recursos y pague, no, porque  es  que  primero  se tiene que legalizar la situación de ellos…y precisamente  la  suscrita  fue  clara  al  consignar  si  a ello hubiera lugar…» (fs. 99 y  siguientes, c. 1).   

En igual sentido, en la audiencia pública  de juzgamiento, la encausada explicó:   

«Conforme  lo  expuesto  en  la parte  considerativa  del fallo todo ello a razón de que es en cabeza del distrito del  barranquilla   (sic)  el  que  tiene  la  potestad  de  adelantar  esa  gestión  pertinente  en  aras  de  legalizar  la  situación de los accionantes para así  garantizar  esos  derechos  si  a  ello hubiere lugar es decir con este fallo la  administración  distrital  debía realizar ese trámite administrativo, recabar  toda  la  información  pertinente  para  determinar si a los accionantes s eles  debía  legalizar  o  no  esa  situación y allí mismo se dijo que buscaran los  recursos  para  el  pago  de  obligaciones laborales. Del contenido del fallo se  infiere  que  allí  no  se le está dando una orden a la alcaldía para que les  haga  nombramiento  a  los accionantes si no (sic) para que ella en ese trámite  que  se  le  ordenó  hacer  determinara…y  mucho menos de orden perentoria de  pago…» (f. 60, c. de la causa).   

         

Ciertamente,  en  dicha hipótesis resulta  penalmente  irrelevante  que  la funcionaria no haya valorado cuidadosamente los  elementos  de  conocimiento  que acompañan la demanda a efectos de discernir si  los   accionantes   tenían   vínculos   vigentes   con   la   administración,  precisamente,  porque  ordenó  adelantar  esa labor a la Alcaldía Distrital de  Barranquilla.   

Tampoco, por la razón acabada de expresar,  puede  censurarse  que  haya  suplantado  al  Juez laboral o administrativo como  consecuencia  de  haber  reconocido  derechos  y  prestaciones  que  debían ser  discutidos   y   demostrados  ante  la  jurisdicción  competente,  menos  aún,  entonces,   que   como   consecuencia  de  su  conducta  se  haya  suscitado  el  «despojo  de  una  considerable  suma  de dinero del  Distrito  de  Barranquilla»  (fs. 46 y siguientes, c.  4).   

Igualmente inocuo deviene en este supuesto  el  alegado  desconocimiento  del principio de inmediatez que rige la acción de  tutela,  pues  el amparo se habría proferido en relación con una situación de  hecho  que  persistía  al momento de interposición del amparo, en concreto, la  omitida  formalización de los vínculos laborales de algunos de los accionantes  con la administración.   

Para  la  Sala,  inferir  del  texto de la  sentencia  de  tutela  como única posibilidad ordenada por MUÑOZ RODRÍGUEZ el  pago  de  las  prestaciones supuestamente adeudadas a los libelistas, sería una  inferencia  que  no  corresponde  en  sentido  estricto  al contenido objetivo y  finalidad derivada de lo expresado en dicha providencia.   

         En  el  proveído se consigna que «surge  la  existencia  de  una  situación fáctica en la cual a los accionantes se les  viene  incumpliendo  el  pago  oportuno  de la remuneración por el servicio que  vienen  prestando  en  los  distintos  centro  (sic)  de  educación  que fueron  oficializados».   

         De   igual  manera,  que  «mediante  la  acción  de  tutela  no  ha de perseguirse el pago de  acreencias  laborales,  ya  que  tal mecanismo no fue  establecido    para    sustituir   a   la   justicia   ordinaria;   pero  sí  se  protege  el  denominado  mínimo  vital  que  hace  relación  a los recursos absolutamente indispensables  para  cubrir  las necesidades básicas de alimentación, vestuario, educación y  seguridad  social  que  permiten  una  existencia  en  condiciones de dignidad y  decoro».   

       

           Pero tales  premisas  no  pueden  asumirse aisladamente en la composición de los argumentos  traídos  en  la  decisión  judicial de marras, en la que siempre se plasmó la  intención   de   disponer   que  la  Alcaldía  debía  pronunciarse  sobre  la  legalización   de   la   situación   laboral   de   los  accionantes,  la  que  necesariamente  tenía que adoptarse conforme a la Ley 115 de 1994, los Decretos  1569 de 1998 y los Acuerdos 002 y 010 de 8 y 10 de marzo de 1993.   

         Y  esa  actuación,  por la naturaleza de los casos, tenía que ser  primero  en  el  tiempo  y  en  el  procedimiento,  así  no  se  haya  indicado  expresamente,  pues  es  el único entendimiento que puede derivarse en un orden  lógico  de  la  situación  examinada,  pues el pago siempre se presentó en un  segundo  plano de las premisas y por ende, como consecuencial a la verificación  de  los  supuestos  para  legalizar  la  relación  laboral  de los reclamantes.   

         

         En  el  aparte  resolutivo  de  la providencia no existe el mandato  expreso  de pagar una suma de dinero sin que previamente la Alcaldía verificara  si  había  lugar  a  ello,  por  el contrario, del tenor literal y obvio de esa  sección  del  fallo  se  observa que la orden impartida lo fue en el sentido de  «cumplir  con  las  obligaciones  que  le asisten en  cuanto  al restablecimiento del derecho de los derechos laborales que tienen los  accionantes»  si  surgía  como  consecuencia  de la  realización  de «las acciones pertinentes y eficaces  para la legalización de la situación laboral de aquéllos».   

         Tanto  es  así,  que  aunque  en la demanda de tutela el libelista  pidió    que    se    ordenara    a   la   entidad   accionada   «apropiar   los   recursos  necesarios  para  cancelarle  (sic)  los  últimos  tres  (3)  años  de  servicio»  y decretar  «la  vinculación  laboral  de  los accionantes a la  Planta  de Personal del Distrito de Barranquilla», lo  cierto es que la funcionaria no dispuso ni lo uno ni lo otro.   

         Adicionalmente,  la ahora incriminada condicionó de manera expresa  la  interpretación de lo ordenado en el numeral segundo del acápite resolutivo  de  la providencia a lo contenido «en la parte motiva  de  (esa)  providencia  judicial»,  en el cual, a su  vez,  supeditó  el  reconocimiento  de  los  derechos  laborales reclamados, de  acuerdo  con  las  gestiones  administrativas  que  adelantare  la Alcaldía, si  «a    ello    hubiere    lugar»,    lo   que   significa   que   los   accionantes   tuviesen  derecho.   

         Nótese  cómo,  por  demás,  la  comprensión  que  la  Alcaldía  Distrital  de  Barranquilla  tuvo  de  lo  resuelto  en el fallo de tutela no es  extraña  a  la  que  ahora propugna la recurrente, tanto así, que a efectos de  lograr  su  cumplimiento remitió a cada uno de los accionantes, por conducto de  la    Secretaría    de   Educación,   sendos   oficios   en   los   siguientes  términos:                             

«Referencia:      Actuación Administrativa.   

En su calidad de accionante…le comunico  que  el  señor  Alcalde  Distrital  requirió  a esta Secretaría con carácter  urgente   a   fin   de   que   abriera   Actuación  Administrativa  para  proceder  al  cumplimiento  del referido fallo.   

De  acuerdo  con lo anterior, mediante la  Resolución  No.  00903 del 15 de abril de 2008, esta  Secretaría  ordenó  abrir  actuación  administrativa  con el fin de allegar a  esta  actuación  los  documentos  que  se  consideren pertinentes y realizar la  práctica   de   pruebas   necesarias   para   el   cumplimiento   de  la  orden  judicial…»  (fs. 159 y  siguientes, c. a. 2).   

            

         Posteriormente    y    luego    de    adelantadas   las   gestiones  correspondientes,  la  Apoderada  Judicial  de la entidad remitió al Juzgado un  memorial en el que afirmó:   

«Del  estudio  preliminar  que  hasta ahora se ha hecho se desprende que…el Alcalde Distrital  oficializó  el  servicio  educativo  en estas escuelas contratando a docentes y  directivos  docentes…sin  embargo,  en  vista  de  la necesidad existente…ha  contratado  discrecionalmente  de  acuerdo  a  la  necesidad y disponibilidad de  recursos  a  algunas  de  las  personas  que han prestado sus servicios en estas  escuelas.   

Que  los  accionantes han venido prestando  sus  servicios  voluntariamente  en  los  Centros  educativos,  sin  existir una  vinculación  con  la administración, por lo que mal  podría  decirse  que  existe una obligación por parte del Distrito…»  (fs.  115  y  siguientes,  c.  a.  2).   

         En  suma,  la  Sala  concluye  que el fallo de tutela proferido por  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  ordenó  al  Alcalde  de  Barranquilla adelantar el trámite  administrativo  para  legalizar la vinculación laboral de los accionantes que a  ello  tuvieran  derecho  y  como  consecuencia  se dispusieran las apropiaciones  presupuestales,  el  pago  de  sus  prestaciones,  lo  que no es manifiestamente  contrario  a  derecho ni constituye un acto ilícito de la funcionaria judicial.   

         

         Así,  ante la constatada atipicidad de la conducta investigada, se  revocará  la sentencia confutada y, en su lugar, se absolverá a la nombrada de  los cargos que le fueron imputados.   

           El  fallo  aditivo  y aclarativo de 9 de mayo de 2007,  proferido por Oswaldo de Jesús Guerrero Ospino.   

          1. A modo de consideración inicial, debe  precisarse  que el sentenciado GUERRERO OSPINO aportó, como sustento probatorio  de   la   alzada,   varios   documentos   cuya   apreciación   reclama   de  la  Sala.   

         El  artículo  232 de la Ley 600 de 2000 dispone que «toda   providencia  debe  fundarse  en  pruebas  legal,  regular  y  oportunamente allegadas a la actuación».   

         El  momento  procesal  para  allegar  medios  de  conocimiento a la  actuación,  en  el esquema procesal de tendencia inquisitiva, no es otro que el  previsto  en  el  artículo  400  de  esa  codificación, luego del cual resulta  inadmisible  su  aporte,  pues  de lo contrario las demás partes intervinientes  quedarían desprovistas de la posibilidad de controvertirlos.   

         El  recurso  de  apelación  no  constituye un nuevo escenario para  incorporar  pruebas  a  la actuación, sino para controvertir argumentativamente  los  fundamentos  de la decisión cuya revocatoria se pretende, desde luego, con  fundamento  en  el  acervo  probatorio  acopiado  oportunamente  y sometido a la  contradicción de las partes.   

           

         Como  consecuencia de lo anterior, la Corporación se abstendrá de  tener  en cuenta y valorar las piezas documentales que acompañan la apelación,  pues  no fueron aportadas de manera oportuna a la actuación y, por lo mismo, no  pueden ser objeto de apreciación.   

2.  Precisado lo  anterior  y  a efectos de estudiar la alzada interpuesta por GUERRERO OSPINO, la  Sala  debe  partir  por  reseñar que, luego de proferida la sentencia de tutela  que  concedió  el  amparo  reclamado  por  Aracelis  Ahumada Lozano y otros, su  apoderado  judicial  presentó  ante  el  despacho  el escrito de 19 de abril de  2007,  por  medio del cual solicitó la aclaración del fallo, concretamente, en  el  sentido  de  «precisar el alcance temporal en el  cual  operaría  el  restablecimiento  de los derechos laborales que tiene (sic)  los accionantes» (f. 71, c. a. 2).   

Posteriormente,  el  20  de  abril  de esa  anualidad,  el  mismo  abogado  presentó  ante el Juzgado un memorial en el que  señaló  que  «los señores que se relacionan (aquí  el  nombre  de  veintiocho  personas)  otorgaron poder al suscrito y…por error  involuntario  no  se transcribió en la Tutela, y por lo tanto no se tuvieron en  cuenta   al   momento   de   proferir   el   respectivo   fallo»;  en  consecuencia,  pidió  «adicionar el  fallo  de tutela a los accionantes descritos ya que tienen igual derecho que los  beneficiarios» (f. 72, c. a. 2).   

En razón de lo anterior, GUERRERO OSPINO,  que  para  entonces  había  regresado  de  la  ausencia  en que se encontraba y  fungía  como  titular de Juzgado 7° Penal Municipal de Barranquilla, profirió  la  decisión  de  mayo  9  de  2007,  cuyo  contenido,  en lo pertinente, es el  siguiente:   

«…el  apoderado  judicial  de la parte accionante, mediante escrito calendado abril 19  y   20   de   abril   del   2007,   solicitó  la  aclaración  y  adición  del  fallo…   

Por lo tanto, el Juzgado del conocimiento  procede  a  aclarar  el  sentido del fallo de tutela proferido en el sentido que  (sic)  el  reconocimiento  de  los derechos laborales de los accionantes deberá  hacerse  teniendo en cuenta su naturaleza de ciertos e indiscutibles, además de  la prescripción y caducidad de los derechos y acciones laborales.   

Ahora  bien,  en cuanto a la solicitud de  adición del fallo de tutela   

(…).  

…el  despacho  observa que las personas  cuya  inclusión  como  beneficiarios  del fallo de tutela solicita el apoderado  judicial  de  la parte accionante le confirieron poder para que representada sus  intereses en la presente acción de tutela…   

Sin  embargo,  al no relacionarse a tales  personas  en  el  escrito inicial de la tutela, a causa de un error involuntario  señalado  por  el  apoderado judicial de los mismos en su solicitud de adición  del  fallo  de  tutela,  no  quiere  decir  que tal circunstancia constituya una  camisa  de  fuerza  para  este  despacho  judicial  que impida que se prolonguen  cuantitativamente  los  efectos  jurídicos  de un fallo en cuanto al número de  personas  beneficiarias del mismo, habida cuenta que para este despacho judicial  está  debidamente  demostrado  en  el  expediente el otorgamiento del poder por  parte  de las personas cuya inclusión en la lista de beneficiarios del fallo de  tutela se solicita…   

En tal sentido, el yerro o la imprecisión  en  la  transcripción  en  el  que  incurriera  el  apoderado  judicial  de los  accionantes  al  omitir  la relación del nombre de las personas cuya inclusión  como  beneficiarios del fallo de tutela solicita por vía de adición constituye  una  afirmación  en  la  cual  el  despacho  presume  el  principio de la buena  fe…   

Por lo tanto, después de un análisis de  los  elementos de juicio que existen en el expediente de tutela y en aplicación  del  principio  de  la  economía  procesal, para evitar la presentación de una  nueva  acción  de  tutela  por  los mismos hechos y las mismas pretensiones, se  procederá   a   acoger   la  solicitud  del  apoderado  judicial  de  la  parte  accionante…   

RESUELVE:  

PRIMERO: ACLARAR, como en efecto se hace,  el  segundo  punto  del fallo de tutela proferido por este juzgado en la acción  de  tutela  promovida  por  la  señora ARACELI AHUMADA LOZANO Y OTROS contra EL  ALCALDE  DISTRITAL  DE  BARRANQUILLA  en el sentido que el reconocimiento de los  derechos  laborales  de  los  accionantes  deberá hacerse teniendo en cuenta su  naturaleza  de  ciertos e indiscutibles, además de la prescripción y caducidad  de los derechos y acciones laborales.   

SEGUNDO:  ACCEDER  a  la  solicitud  de  adición del fallo de tutela…   

TERCERO:  ADICIONAR,  como  en  efecto se  hace,   el   numeral  primero  del  fallo  de  tutela  calendado  abril  13  del  2007…incluyendo  en  la  lista  de  beneficiarios del fallo a quienes de igual  forma  otorgaron poder al apoderado judicial de la parte accionante, tal como se  relaciona  a  continuación: (…)» (fs. 76 y 77, c.  a. 2).   

3.  A efectos de  discernir  si  dicho  proveído  puede  calificase  como  prevaricador, conviene  examinar  de  manera  separada  lo  que  tiene  que  ver,  de  una parte, con la  aclaración   del   fallo   y,   de   otra,   lo  atinente  a  la  adición  del  mismo.   

3.1. En relación  con  lo  primero,  la aclaración, la Sala considera que la conducta de GUERRERO  OSPINO  no  merece ningún reproche, concretamente, porque el sentido literal de  lo  dispuesto por aquél en el numeral 1° del aparte resolutivo de la sentencia  censurada,  no  permite  afirmar como lo hace la Fiscalía que por esa vía haya  ordenado  el  reconocimiento  de derechos y el pago de los mismos a favor de los  accionantes.   

Téngase  en cuenta que, tratándose de un  fallo  aclarativo,  su  contenido  carece  de  un  sentido normativo autónomo e  independiente;  en  consecuencia, su lectura ha de estar ligada necesariamente a  la del proveído adicionado.   

En  la  sentencia  proferida  por  MUÑOZ  RODRÍGUEZ  el  13  de  abril  de  2007  se  ordenó a la Alcaldía Distrital de  Barranquilla  realizar  las  gestiones  administrativas pertinentes a efectos de  establecer   cuáles  de  los  accionantes  tenían  derechos  que  debían  ser  reconocidos y pagados.   

          En ese orden, el sentido natural  y  obvio  de  lo  dispuesto por el acusado en la decisión aclarativa no es otro  que  el  de  precisar  que el eventual reconocimiento de derechos que hiciere la  Administración,  luego  de  agotados  los  trámites  pertinentes, tendría que  considerar   su   connotación   de   ciertos  e  indiscutibles,  así  como  la  prescripción    de    los    mismos    y   la   caducidad   de   las   acciones  laborales.   

Nótese  que, como lo alega el apelante, a  partir     de     la     construcción     de     la    oración    –   «el  reconocimiento  de  los  derechos  laborales  de  los  accionantes  deberá  hacerse  teniendo en cuenta su  naturaleza  de  ciertos  e indiscutibles» – es viable  sostener  de  modo razonable que lo allí dispuesto no fue una decisión directa  y  sustancial sobre los derechos de los libelistas, sino una precisión respecto  del  mandato  que  en  el  fallo  de  tutela se había dirigido previamente a la  autoridad accionada.   

Así,  es  claro  que  en  la  decisión  examinada  el  acusado  GUERRERO  OSPINO no profirió un mandato expreso de pago  contra  la Administración ni adjudicó derechos, de modo que la conducta que le  fue  atribuida,  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la aclaración del fallo, es  objetivamente atípica.   

3.2 Ahora bien, la  Sala  encuentra  probado  que  la  providencia  de  9 de mayo de 2007, en cuanto  dispuso  «ADICIONAR…  el numeral primero del fallo  de  tutela calendado abril 13 del 2007…incluyendo en la lista de beneficiarios  del  fallo  a quienes de igual forma otorgaron poder al apoderado judicial de la  parte  accionante», sí es manifiestamente contraria  a la Ley.   

El  artículo 4° del Decreto 306 de 1992,  «por  el  cual  se  reglamenta  el  Decreto  2591 de  1991»,       dispone      que      «para   la   interpretación  de  las  disposiciones  sobre  trámite  de la acción de tutela previstas por el Decreto  2591   de   1991   se   aplicarán  los  principios  generales  del  Código  de  Procedimiento Civil».   

Además  de ello, la Corte Constitucional  tiene  discernido  que «no  sólo  el  Decreto  2591  de  1991, el Decreto 306 de 1992 y el Decreto 1382 de  2000  rigen  la acción de tutela, sino de igual forma las normas del Código de  Procedimiento                Civil»4.   

En  ese  orden,  es  claro que, como lo ha  admitido  esa  Corporación,  el  procedimiento de adición y aclaración de los  fallos  proferidos  en  el trámite de tutela está regulado por lo dispuesto en  el     Código     de     Procedimiento    Civil5.   

El  artículo  311  de  esa codificación,  vigente   para   la   fecha   de   los   hechos,   preveía   que   «cuando   la  sentencia  omita   la  resolución  de  cualquiera  de  los  extremos  de  la  litis,  o  de  cualquier  otro   punto   que   de   conformidad   con   la   ley   debía  ser  objeto  de  pronunciamiento,  deberá  adicionarse  por medio de  sentencia  complementaria,  dentro  del  término  de  ejecutoria, de oficio o a  solicitud de parte presentada dentro del mismo término».   

Así,  es  evidente  que la posibilidad de  adicionar  la  sentencia  por  el  mismo juez que la dictó no está establecida  para  subsanar  la  inactividad  de  los  sujetos procesales, sino para enmendar  omisiones  precisas, referidas concretamente a la prescindida decisión respecto  de uno de los puntos a los que alude la disposición transcrita.   

En  consecuencia, la sentencia de adición  suscrita  por  GUERRERO  OSPINO  con el propósito de extender los efectos de lo  ordenado  en  la  sentencia de tutela a personas que no presentaron la solicitud  de  amparo,  como  se  le  reprocha  en la resolución de acusación, excede las  facultades  del  funcionario  judicial  para  reformar sus propias providencias,  entendidas  estas  bajo  un  concepto  institucional.            

No  pueden  aceptarse las afirmaciones del  funcionario  según  las  cuales  lo pretendido por esa vía fue otorgar efectos  inter  pares  a  lo decidido en la sentencia tutela, pues ello corresponde a una  facultad  exclusiva  de  la Corte Constitucional, en tanto órgano encargado por  el  constituyente  de  la  guarda  de  la  integridad  y supremacía de la Carta  Política.                          

             Al respecto, esa Corporación ha  sostenido inequívocamente lo siguiente:   

«…tratándose  de  una  sentencia  de  revisión  de  la  Corte  Constitucional,  la  situación es diferente porque la  Corporación,  como  guardiana  de  la  Constitución,  puede  ir más allá del  simple efecto inter partes…   

En uno de los casos que motiva la presente  sentencia,  se  quiso,  por  el juez de segunda instancia, en un pronunciamiento  cuestionable,  como  ya  se  indicó  antes,  darle efectos inter comunis a su  decisión.  La  Corte advierte que no corresponde al  ad-quem  tomar  esta  clase de decisiones. Puede ser atribución de la Corte, ya  que  ella  puede  señalar  el  alcance de sus sentencias y lo hará para evitar  proliferación    de    decisiones   encontradas,   o   equivocadas.   

(…)  

…sólo  la  Corte  Constitucional  puede  decretar efectos inter pares o inter comunis a los  fallos  de  tutela. En esa medida el Juez mencionado  extralimitó  sus  competencias  y, por tanto, su providencia deberá ser dejada  sin  efectos”6 (negrilla fuera del texto).   

Así las cosas, la conducta desplegada por  el  funcionario  se  adecúa objetivamente al delito de prevaricato por acción,  pues  la sentencia de 9 de mayo de 2007, en lo que hace al aspecto aditivo de la  misma, contraviene ostensiblemente el ordenamiento jurídico.   

Pero  la  Sala echa de menos la prueba que  permita  concluir  en  igual  grado  epistemológico  que GUERRERO OSPINO actuó  dolosamente,  esto  es,  con el propósito de decidir en contravía del derecho,  de  imponer  su  capricho sobre la Ley o de obrar corruptamente. Puesto en otros  términos,   que   su   conducta  sea  típica  también  desde  la  perspectiva  subjetiva.   

Se  advierte,  en  primer lugar, que no es  posible  deducir  el  dolo  y  el ingrediente subjetivo del tipo en el obrar del  indiciado  al  extender los efectos del fallo a personas que no fueron incluidas  inicialmente  en  la demanda de tutela, si esa providencia, como quedó dicho en  precedencia,  no comportó el reconocimiento de derechos ni ordenó pago alguno,  sino  que  se  limitó  a  disponer la realización de trámites administrativos  para esclarecer la situación de los accionantes.   

Existe  en  la  decisión  un  mínimo  de  argumentación  con  fundamento en la cual el acusado estimó procedente acceder  a  la  adición solicitada, que permite colegir que la misma no fue producto del  arbitrio  del  fallador,  sino  de  consideraciones  jurídicas  que,  aunque se  estimen  erradas,  no  pueden  vincularse,  al menos con fundamento en la prueba  practicada, con un acto de prevaricador del funcionario.   

Éste,  en efecto, aludió al principio de  buena   fe,   respecto  del  cual  disertó  con  fundamento  en  jurisprudencia  constitucional,   así  como  al  de  economía  procesal,  y  entendió  viable  adicionar  la  sentencia  al  encontrar que la situación de hecho de quienes no  fueron  incluidos  en  la  demanda  coincidía  con  la que aquéllos que sí lo  fueron  (fs.  74  y  siguientes,  c.  a.  2); sustentación que coincide con las  explicaciones ofrecidas por el acusado al rendir indagatoria.   

Se  observa,  de  otra  parte,  que  los  ciudadanos  respecto  de  los  cuales  GUERRERO  OSPINO  resolvió  extender los  efectos  de  la  decisión  otorgaron  poder,  desde los albores del trámite de  tutela,  al profesional del derecho que interpuso la acción constitucional (fs.  16  a  19,  c.  a.  1); situación permisiva de inferir que las motivaciones del  nombrado,  por equivocadas que se estimen, estuvieron sustentadas en la realidad  procesal,  en  la  documentación  allegada  al  expediente,  y  se dirigieron a  decidir correctamente.   

         No se trató, pues, de incluir en  el  fallo  de  tutela a personas que resultaban del todo ajenas al proceso, sino  de  individuos  cuya  identificación  ya  obraba  en  el asunto y que no fueron  relacionados  en  el  libelo  como  consecuencia  de  un  error de su mandatario  judicial.   

Nada, en suma, permite tener por demostrado  que  el  enjuiciado  actuó  con  el  propósito  deliberado  y  conscientemente  dirigido  de  fallar  en contravía del ordenamiento, de desacertar e imponer su  arbitrariedad sobre el derecho.   

Por  el  contrario,  se  evidencia  que  a  efectos  de  proferir  el  fallo  aditivo  examinó el expediente, contrastó la  situación  de  hecho  en  que  se  encontraban  quienes fueron soslayados de la  demanda  con la de quienes fueron incluidos en ella y concluyó la viabilidad de  acceder   a  lo  reclamado,  con  la  convicción  de  que  con  ello  acertaba,  garantizaba  los  principios  de  buena  fe  y economía procesal y realizaba la  justicia,  en  concreto,  al «evitar la presentación  de   una   nueva   acción  de  tutela  por  los  mismos  hechos  y  las  mismas  pretensiones» (f. 76, c. a. 2).   

Así  las cosas, echada de menos la prueba  que  permita  forjar  el  conocimiento  más  allá  de  toda duda sobre el tipo  subjetivo,  también en lo que tiene que ver con los cargos imputados a GUERRERO  OSPINO el fallo de primer grado será revocado.   

4. Desde luego, la  Sala  no  pierde  de  vista  que  posteriormente,  mediante providencia de 28 de  diciembre  de 2008 proferida en curso del incidente de desacato promovido por el  apoderado  judicial  de  los  accionantes  (fs.  312  y siguientes, c. a. 1), el  acusado  decidió  sancionar  al  Alcalde  de Barranquilla como consecuencia del  incumplimiento  de  lo  ordenado en la sentencia de tutela, no porque se hubiese  abstenido   de   iniciar   los  trámites  administrativos  ordenados,  de  cuya  realización    se   aportó   prueba   (fs.  119  a  121,  c. a. 2), sino porque no se había realizado el  pago de los derechos y prestaciones de los accionantes.   

En  esa  ocasión,  el enjuiciado sostuvo,  como fundamento de la decisión, lo siguiente:   

«…la  administración  Distrital  ordenó  la apertura de la actuación administrativa  en   mención…disponiendo  la  iniciación  de  la  misma,  con  el  objeto  de  dar  cumplimiento  al  fallo  de tutela…ante   lo   cual  la  Administración  Distrital…plantea  que  no  existe compromiso…con las personas que afirman  haber prestado sus servicios…   

(…)  

De esta forma, como se dijo en el fallo de  tutela,  los  accionantes  han prestado su fuerza de  trabajo  en  los  términos  y  condiciones  en  los  cuales han certificado los  rectores  de  las correspondientes instituciones educativas, lo cual en criterio  de  este despacho judicial implica que la Administración Distrital aceptó y se  benefició  de  la  prestación del servicio, la cual  fue   desplegada  de  buena  fe  por  parte  de  los  accionantes,  no    obstante    el   impago   de   emolumento   o   retribución  alguna;  situación esta  en   la   que  se  configura  la  vulneración  del  derecho  que  está  siendo  amparado…   

Así   las  cosas,  la  Administración  Distrital…mal  puede  ahora…manifestar  la  existencia  de  vínculo laboral  legalmente  constituido  para  excepcionar  el  pago  de  lo  que en derecho les  corresponde    a    los    actores»   (fs. 312 y siguientes, c. a. 2).   

         La  Alcaldía, entonces, llevó a cabo la actuación administrativa  en  razón  de  la  cual  concluyó que a los accionantes no se les podía hacer  reconocimiento  de  ningún  derecho  o  prestación.  Aunque  ello  implicó el  cumplimiento  de  la  orden  impartida  en  la sentencia de tutela, que a eso se  limitaba,  el  funcionario  tergiversó  el  mandato  allí  contenido,  dio por  probado   que   los   accionantes  prestaron  los  servicios  para  el  Distrito  –  aun  cuando ello fue  precisamente  lo  que  se  le  ordenó  discernir  a la autoridad administrativa  – y concluyó que no era  admisible  negar  el  pago  de «lo que en derecho les  corresponde  a  los  actores»,  por lo cual resolvió  sancionar por desacato al Alcalde.    

Aunque  lo  anterior  nada  dice  sobre la  legalidad  del  fallo  de 9 de mayo de 2007, en el que no se declararon derechos  ni  se  ordenaron  pagos,  sí  permite  inferir  la  necesidad de indagar si se  infringió  la  ley  penal  por  GUERRERO  OSPINO al sancionar al Alcalde por el  incumplimiento  de  una  orden judicial inexistente, pues tal supuesto no fue el  fundamento de la acusación en esta actuación.   

Como consecuencia de ello, se ordenará la  compulsación  de  copias de este expediente, con destino a la Fiscalía General  de  la  Nación,  para  lo  de su competencia, a fin de determinar si aún no se  investiga si la decisión de desacato infringió la ley penal.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

1.   REVOCAR  integralmente    la    decisión    recurrida.   En   su   lugar,   ABSOLVER  a ROSA MARÍA MUÑOZ RODRÍGUEZ  y  OSWALDO DE JESÚS GUERRERO OSPINO de los cargos que les fueron imputados como  autores  del  delito  de  prevaricato  por  acción, de conformidad con la parte  motiva  de  esta  providencia.              

2. En consecuencia  de   ello,   ORDENAR   la  cancelación  de  las  anotaciones  dispuestas,  así  como la devolución de la  caución   prendaria   constituida  por  los  indiciados.  Por  la  Secretaría,  líbrense las comunicaciones de rigor.   

3. ORDENAR que por  la  Secretaría de la Sala se compulsen copias de la actuación con destino a la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  de conformidad con la parte motiva de esta  providencia.   

4.  Contra  esta  providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO

Magistrado   

   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ

Magistrado   

FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO

Magistrado   

   

EUGENIO  FERNÁNDEZ CARLIER

Magistrado   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO                   FERNÁNDEZ

Magistrado   

EYDER     PATIÑO     CABRERA

Magistrado   

PATRICIA SALAZAR  CUÉLLAR

Magistrada   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO

Magistrado   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Entre  muchas  otras,  sentencia  T  – 292 de 2006.   

2 CSJ  SP, 10 abr. 2013, rad. 39.456.   

3 CSJ  SP, 10 oct. 2012, rad. 38.396.   

4  Auto 052 de 2006.   

5  Entre otros, auto 268 de 2012.   

6  Sentencia  SU  – 783 de  2003.     

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