SP1079-2015(43309)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

SP1079-2015  

Radicación 43309  

(Aprobado Acta No. 044).  

Bogotá  D.C.,  febrero once (11) de dos mil  quince (2015)   

VISTOS  

Una vez realizada la diligencia de audiencia  de   alegatos   prevista   en   el  inciso  7º  del  artículo    195   de   la   Ley  906  de  2004,  la  Corte  se pronuncia de  fondo  sobre la demanda de revisión presentada por el  defensor     del     sentenciado     ARLEY   ESTEBAN   ZAPATA  OSORIO  contra  el     fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal Superior de  Medellín  el  7  de  marzo de 2013, confirmatorio del  dictado  el  30  de  noviembre de 2012 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad, a través del  cual  condenó  al  mencionado  ciudadano,  junto con  Diego    Alejandro    Quiroz    Cardona,        como        coautor   del   delito   de   secuestro  extorsivo   agravado   en   la   niña  NNN1.   

HECHOS  

Aproximadamente  a las nueve de la noche del  (…)  de  (…)  de  (…),  en  la  calle  (…)  del municipio de (…), tres  individuos  armados  interceptaron  el  automóvil  en  el cual se desplazaba la  menor  NNN  junto con otros  familiares  [quien  para la  fecha  de  los  hechos  tenía  trece (13) años y siete (7) meses de edad, pues  nació  el 27 de octubre de 1997], y la obligaron a subir a otro vehículo, para  luego  conducirla  a  la  parcelación  Villa  Roca del municipio de Copacabana.  Después       procedieron       a       comunicarse       con      JJJC,  padre de la víctima, exigiendo la  suma  de  diez  millones  de  pesos  a  cambio  de su liberación; adelantado el  respectivo  operativo  por  parte de la Policía Nacional, el 8 de junio de 2011  se  consiguió  rescatar  a  la  niña y capturar a los plagiarios, entre ellos,  ARLEY  ESTEBAN ZAPATA OSORIO  y      Diego     Alejandro     Quiroz.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencias  realizadas  el 8 de junio de  2011  se  impartió  legalidad a la captura, de ZAPATA  OSORIO     y    Quiroz  Cardona,  oportunidad  en  la  cual  la  Fiscalía les  imputó  la  comisión del delito de secuestro extorsivo agravado [artículo 170  numerales  1º  (Conducta  en  persona  menor  de 18 años), 2º (se somete a la  víctima  a  tortura  física  o moral o a violencia sexual), 4º (se ejecuta la  conducta  respecto  de  pariente hasta el cuarto grado de consanguinidad, cuarto  de   afinidad  o  primero  civil,  sobre  cónyuge  o  compañera  o  compañero  permanente)  y  6º (Cuando se presione la entrega o verificación de lo exigido  con  amenaza  de muerte o lesión) del Código Penal], a la cual se allanaron, y  les   fue   impuesta   medida   de   aseguramiento   de   detención  preventiva  intramural.   

El 12 de septiembre de la referida anualidad  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín  dictó  sentencia,  a  través  de  la  cual  condenó a ARLEY  ESTEBAN   ZAPATA  y  Diego  Alejandro    Quiroz,   como   coautores   penalmente  responsables del delito cuya comisión aceptaron.   

          Impugnado  el  fallo  por  la  defensa, mediante proveído del 23 de  enero  de  2012  el  Tribunal  Superior  de  Medellín decretó la nulidad de la  sentencia  del a quo. Rehecha  la  actuación,  30  de noviembre de 2012 el despacho de primer grado condenó a  ZAPATA   y   Quiroz  a  la pena principal de 448 meses  de  prisión  y  multa  de  6.666  salarios  mínimos  legales mensuales, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  veinte  (20)  años,  como  coautores  del  delito  de secuestro  extorsivo agravado.   

En la misma providencia les fue negada tanto  la  condena  de ejecución condicional como la prisión domiciliaria sustitutiva  de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Medellín  la confirmó mediante fallo del 7 de marzo de  2013, el cual cobró ejecutoria el 7 de junio siguiente.   

Contra la sentencia condenatoria el defensor  de   ARLEY  ZAPATA  OSORIO  promovió  acción  de revisión, la cual fue admitida mediante proveído del 25  de  marzo  de 2014, oportunidad en la cual se solicitó el proceso adelantado en  su  contra, y ulteriormente se realizó la audiencia de alegación reglada en el  artículo 195 de la Ley 906 de 2004.   

LA DEMANDA  

Con   fundamento  en  la  causal  séptima  establecida  en  el  artículo 192 de la Ley 906 de 2004, el actor afirma que en  varias  decisiones, entre ellas la sentencia del 27 de febrero de 2013 (radicado  33254),  esta Colegiatura ha señalado que “a partir  de  la  aplicación  del  principio  de  proporcionalidad y la verificación del  querer  del  legislador  al expedir la Ley 890 de 2004, los delitos a los cuales  cobija  la  prohibición de rebajas o beneficios del artículo 26 de la Ley 1121  de  2006,  entre  ellos la conducta punible de secuestro extorsivo, no  les es aplicable el incremento generalizado de pena establecido  en   el   artículo   14   de  la  primera  normatividad  mencionada” (subrayas fuera de texto).   

Destaca  que “el  criterio  de  la  Corte  en cuanto a la aplicación de los incrementos punitivos  establecidos  por  la  Ley  890  de  2004,  varió para aquellos casos en que el  procesado  se  haya  allanado a los cargos o haya llegado a un preacuerdo con la  Fiscalía.  En  el  caso  que nos ocupa el señor ARLEY ESTEBAN ZAPATA OSORIO se  allanó  a  los  cargos  que le fueran imputados por la Fiscalía, por lo que de  acuerdo  con  la  posición de la Corte tiene derecho a que se le redosifique la  pena por este concepto”.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el demandante solicita “se  emita sentencia de reemplazo en donde se redosifiquen las penas  principales   impuestas,   tanto   de   prisión  como  de  multa,  sin  el  incremento  precitado  del  artículo  14 de la Ley 890 de  2004  y  respetando,  en lo demás, los criterios que  tuvo   el   fallador   para   imponer   las   penas,  esto  es,  en  su  límite  mínimo” (subrayas fuera de texto).   

AUDIENCIA DE ALEGACIONES  

1.           Intervención del demandante   

          Insiste  en  los  planteamientos  contenidos en la demanda y refiere  que  en  el  fallo  anticipado no se tuvo en cuenta el cambio de jurisprudencia,  pues  se  incrementó  la pena de conformidad con lo establecido en el artículo  14 de la Ley 890 de 2004.   

Señala   que   son  dos  pronunciamientos  favorables  de  la  Corte: El primero, del 27 de febrero de 2013 (Rad. 33254) en  el  cual  se  afirma  que  debe  racionalizarse  la  justicia  premial, y en tal  sentido,  tratándose  del  punible  de  secuestro extorsivo debe inaplicarse el  aumento  punitivo  del articulo 14 Ley 890, pues precisamente fue dispuesto para  facilitar preacuerdos y allanamientos.   

El  segundo,  el  proveído de junio de 2013  (Rad.  39719),  en el que la Sala reitera que los parámetros establecidos en el  artículo  14  de  la Ley 890 no deben tenerse en cuenta para delitos enlistados  en  el  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2007, pues el aumento se dispuso para  otorgar   un   margen   de  maniobra  a  los  fiscales  en  la  negociación  de  penas.   

A  partir de lo anterior depreca marginar de  la  pena  impuesta  a ARLEY ESTEBAN ZAPATA  el  incremento  de pena derivado del artículo 14 de la Ley 890 de  2004.   

Agrega  que  como  el  delito  de  secuestro  recayó  en  una  menor,  debe  entenderse  que  si  no  se tienen en cuenta los  aumentos  de  la  Ley  890  de  2014,  también  el incremento establecido en el  artículo  199  de la Ley 1098 de 2006 queda cobijado con el mismo planteamiento  de la Sala, aplicable a este caso por ser jurisprudencia favorable.   

Precisa  que  lo definido por la Colegiatura  respecto  de  las  prohibiciones  regladas  en  la  Ley 1121 de 2006, debe tener  también  alcance a las prohibiciones establecidas en el artículo 199 de la Ley  1098  de  2006,  en  el  entendido  que  estas últimas guardan relación con la  justicia  premial,  como  igual ocurre con aquellas, pues en ambas el legislador  consideró que se trataba de delitos graves.   

2.               Intervención    del    Ministerio  Público   

          La  Procuradora  Tercera  Delegada ante esta Corporación manifiesta  que  si  bien  pareciera que el demandante tiene la razón, lo cierto es que una  visión    sistemática   del   secuestro   extorsivo   impone   una   solución  diversa.   

Destaca que el principal argumento del fallo  con  radicado  33254  de 2013 para inaplicar el incremento de la Ley 890 de 2004  en  sentencias  por  aceptación  anticipada  de  responsabilidad,  es  el de la  proporcionalidad  de  las  sanciones, en orden a evitar incrementos desmesurados  que  no  consulten  su  tasación  acorde  con la efectiva protección de bienes  jurídicos  y  la  gravedad  de  la  lesión  a  ellos infligida por la conducta  punible,  amén  de que el incremento del artículo 14 de dicha legislación fue  meramente  instrumental  referido  al nuevo esquema procesal, en el marco de las  negociaciones   y  aceptaciones  de  cargos,  como  expresión  de  la  justicia  premial.   

Advera  que dicha argumentación no opera de  igual  manera  respecto  de  la  actual  punibilidad  del  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado  (artículo  170  Código  Penal),  el  cual  debe tener una  sanción   más   grave   que   el  tipo  básico  (artículo  169  ídem),  pues  resultaría  arbitrario  e  injusto  una pena menor para el tipo agravado y una mayor para el tipo simple en  sus  extremos  máximos,  situación  a  la  que  nos conduciría la aplicación  automática    de    la    jurisprudencia    reclamada    en   la   demanda   de  revisión.   

Entonces,  refiere  que  la  Ley 733 de 2002  dispone  para  el secuestro extorsivo una pena de 240 a 336 meses de prisión, y  para  el  agravado 336 a 480 meses, pero la sanción de aquel fue modificada por  la  Ley 1200 de 2008 dada la presión de la colectividad ante la gravedad de tal  comportamiento,  estableciéndola  en 320 a 504 meses de prisión, sin modificar  la  sanción  del secuestro extorsivo agravado, extremos punitivos iguales a los  resultantes  de  incrementar  la pena de la legislación del 2002 con base en el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

          Colige  que el único lapso de movilidad del juez para tasar la pena  en  casos  de  secuestro  extorsivo es de 320 a 504 meses de prisión, inclusive  cuando  medie  aceptación  anticipada  de responsabilidad, dada la prohibición  contenida  en  el  artículo  26  de la Ley 1121 de 2006, que impide otorgar las  rebajas  por sentencia antelada o allanamiento, máxime si la pena fue tasada en  una norma posterior a la Ley 890 de 2004.   

          Indica  que  el  legislador del 2008 incrementó únicamente la pena  del  tipo  básico  sin señalar nada frente a las circunstancias de agravación  punitiva  del  artículo  170,  olvidando  que  desde  la  Ley  733  de 2002 fue  señalado  de  manera  autónoma  el  monto  de  las  penas, de manera que en la  práctica  hay  una  desproporción  si  se  pretende  inaplicar por la Corte el  incremento  de  la Ley 890 de 2004 al secuestro extorsivo agravado y regresar al  quantum punitivo de la Ley 733 de 2002 vigente antes del 2004.   

Como   colofón   advera:  “Lo  que  el legislador del  1200/2008 hizo fue retomar la pena  resultante  de  aplicar  a  los  topes  establecidos  en  el artículo 4º de la  890/2004  a  la  pena  de  la  ley  733/2002 y señalar estos como los márgenes  punitivos,  por  ello habremos de indicar que, para el  caso  del  secuestro  extorsivo  agravado  la proporcionalidad nos conduciría a  utilizar  la  misma   lógica empleada por el legislador que no es otra que  establecer  la  pena  para  el secuestro extorsivo agravado de la misma manera a  saber   la   resultante  del  incremento  del  2004”  (subrayas fuera de texto).   

A   partir   de   lo  anterior  manifiesta  “que  si  interpretamos el querer del legislador en  este  caso  habremos  de  manifestar,  que  él  encontró  al  proyectar la ley  1200/2008,  ajustado a la valoración del daño al bien jurídico de la libertad  una  pena igual a la resultante del incremento señalado para activar el sistema  acusatorio.  Y  si  así lo hizo frente al tipo básico simple, no existe razón  para  considerar  que  resulta  entonces  desproporcionado usar esos parámetros  para  el  tipo  agravado”, y por ello,  depreca  “modular   la   jurisprudencia   sentada   en   la  providencia  33254/2013  cuya  aplicación se demanda, en el sentido de precisar  que  con  posterioridad  a  la expedición de la ley 1200/2008 las sub reglas en  ella  fijadas  para  establecer  los  márgenes  punitivos  en  los casos de los  delitos  contemplados  en  el  artículo  26  de  la  ley  1121  de  2006 no son  aplicables  para el secuestro extorsivo agravado”, es  decir, declarar infundada la causal de revisión propuesta.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Como  la defensa postula la causal contenida  en  el  numeral  7º  del  artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004,  esto es,  “cuando mediante pronunciamiento judicial, la Corte  haya  cambiado  favorablemente  el criterio jurídico que sirvió para sustentar  la  sentencia  condenatoria,  tanto  respecto  de  la responsabilidad como de la  punibilidad”,  resulta  imprescindible  que el actor  demuestre,   en  primer  término,  que  con  posterioridad  al  proveído  cuya  remoción  procura,  su  fundamento  jurídico  haya  sido  entendido  por  esta  Colegiatura  de  manera  diversa,  o bien, que con anterioridad al mismo la Sala  haya  variado  su  postura, sin que fuera oportunamente conocida y replicada por  los  funcionarios  judiciales  al  proferir  su  decisión (Cfr. CSJ SP, 20 ago.  2014. Rad. 43624).   

En segundo lugar, que existe identidad entre  los  supuestos  que  dieron  pábulo  al  cambio  de  jurisprudencia, y aquellos  contenidos  en  la  sentencia  cuestionada,  y finalmente, que los efectos de la  nueva  inteligencia de la norma o instituto jurídico, resultan favorables a los  intereses     del     sentenciado     “respecto de la responsabilidad como de  la  punibilidad”,  de modo que el criterio planteado  en la providencia objeto de la acción resulta injusto.   

Impera  señalar  que  para  tal cometido es  insuficiente  invocar  en forma abstracta la existencia de un pronunciamiento de  la  Corte,  o señalar una providencia concreta pero que no guarda relación con  el  asunto  debatido en la sentencia cuya revisión se depreca, pues se reitera,  es  indeclinable  acreditar que de haber sido conocida por los sentenciadores la  nueva  y  favorable  posición  jurisprudencial,  otro  sería  el sentido de la  decisión.   

          Ahora,  como  fundamentalmente la acción aquí promovida se orienta  a  conseguir  que se margine el aumento de pena reglado en el artículo 14 de la  Ley  890  de  2004  en  la  sentencia  de  condena proferida contra ARLEY    ESTEBAN   ZAPATA   como   autor  penalmente   responsable   del   delito   de  secuestro  agravado  en  la  niña  XXX  de trece años de edad,  impera rememorar los alcances de dicho precepto.   

           En  tal  cometido  se  tiene  que  tal  disposición  está  orientada  a  armonizar el estatuto punitivo con el sistema  penal  acusatorio reglado en la Ley 906 de 2004, como en efecto fue señalado en  la  exposición  de  motivos del proyecto de ley al destacar que “El  artículo  cuarto  transitorio  del Acto Legislativo 03 de 2002  facultó  a  la  Comisión  Constitucional  Redactora  para expedir, modificar o  adicionar   el   Código   Penal   en   aquello   relacionado   con   el   nuevo  sistema”2.   

En  efecto,  mediante  la  Ley 906 del 31 de  agosto  de 2004 se implementó el sistema penal acusatorio, vigente gradualmente  a  partir  del  1º  de  enero  de  2005; el 7 de julio de la misma anualidad se  sancionó  la  Ley  890 a través de la cual, básicamente, se incrementaron las  sanciones  establecidas  en  la Ley 599 de 2000, con el propósito de otorgar un  margen  de  maniobra  a  la  Fiscalía  General de la Nación en la negociación  de  las penas en procura de  conseguir  acuerdos  y  allanamientos con los procesados, según se constata sin  dificultad  en las exposiciones y debates que en el Congreso de la República se  libraron sobre tal normatividad, como sigue:   

i)            “Atendiendo  los  fundamentos  del  sistema acusatorio, que prevé  mecanismos  de  negociación  y  preacuerdos, en claro  beneficio  para  la  administración  de  justicia  y los acusados, se  modifican  las  penas…”3 (subrayas fuera de texto).   

ii)              “La  razón  que  sustenta  tales  incrementos  (de las penas establecidas en la Ley 599  de  2000,  se  aclara) está  ligada  con  la  adopción de un sistema de rebaja de penas, materia regulada en  el  Código  de  Procedimiento  Penal, que surge como  resultado    de    la    implementación    de    mecanismos   de   ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones en contra de grupos de delincuencia  organizada   y,   al   mismo   tiempo,  aseguren  la  imposición  de  sanciones  proporcionales  a  la  naturaleza  de  los  delitos  que se castigan”4 (subrayas fuera de texto).   

iii)          “El  primer  grupo  de normas (aquellas relativas a la dosificación  de   la   pena,   se  aclara),  está  ligado  a  las  disposiciones  del  estatuto procesal penal (Ley 906 de  2004,  se precisa) de rebaja  de  penas y colaboración con la justicia, que le permitan un adecuado margen de  maniobra  a  la  Fiscalía, de modo que las sanciones que finalmente se impongan  guarden  proporción  con la gravedad de los hechos, y a la articulación de las  normas  sustantivas  con  la  nueva  estructura  del  proceso  penal”5 (subrayas fuera de texto).   

iv)           “Teniendo en  cuenta   que   se   hace   necesario   ajustar   las  disposiciones  del Código Penal a los requerimientos que implica la adopción y  puesta  en  marcha del sistema acusatorio, solicitamos  a  la Plenaria de la Cámara de Representantes dar segundo debate al proyecto de  ley   número   251   de   2004   Cámara,   01   de   2003   Senado”6 (subrayas fuera de texto).   

v)            “El  actual  proyecto   de   ley,   insisto   hasta   la   saciedad,  únicamente  tiene  una  justificación  y  una explicación: permitir poner en  funcionamiento  el Código de Procedimiento Penal, que  se   convertirá   en  ley  de  la  república  y  que  fue  expedido  por  esta  Corporación”7    (subrayas    fuera    de  texto).   

vi)           “Lo que hay  que  modificar  son algunos artículos del Código, en razón a que como  entra a operar el sistema acusatorio será necesario aumentar  algunas  penas  para  que haya margen de negociación,  porque  de  lo  contrario  la sociedad se vería burlada con base en las rebajas  que    pueda    hacer    el    fiscal”8.   

En  punto  del  aumento  en  el monto de las  sanciones,  se  indicó que el mismo correspondía a la inserción de mecanismos  como  los  preacuerdos y negociaciones, propios de los sistemas acusatorios o de  corte acusatorio. Veamos:   

“Atendiendo los  fundamentos  del  sistema acusatorio que prevé los mecanismos de negociación y  preacuerdos,  en  claro  beneficio  para  la  administración  de justicia y los  acusados,  se modificaron las penas y se dejó como límite la duración máxima  de  sesenta años de prisión, excepcionalmente para los casos de concurso, y en  general     de     cincuenta    años”.   

         Y en la ponencia para primer debate en el  Senado,  sobre  el  incremento  de  las  penas,  el  mismo  se  justificó en la  siguiente argumentación:   

“El proyecto que  se  presenta  está  conformado, en primer lugar, por una serie de disposiciones  que  establecen  los  topes  máximos de la pena de prisión que puede imponerse  como  resultado  de  la  comisión  de un delito y en los eventos de concurso de  conductas  delictivas que en ningún caso podrá exceder de 60 años (artículos  1º  y  2º del pliego). Del mismo modo,  se propone una serie de cambios a  las  penas de prisión señaladas en el Código respecto de delitos específicos  de gran impacto social (artículos 9º y 14 del pliego).   

“La  razón que  sustenta  tales incrementos está ligada con la adopción  de un sistema de  rebaja  de penas  (materia regulada en el Código  de  Procedimiento  Penal)  que  surge  como  resultado  de la implementación de  mecanismos          de         ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permiten  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia  organizada y al mismo  tiempo  aseguren  la  imposición de sanciones proporcionales a la naturaleza de  los    delitos    que    se   castigan” (Subrayas fuera de texto).   

          Como  se  observa,  fueron  razones  de  política  criminal las que  llevaron  a que el legislador estableciera un aumento de pena para las conductas  delictivas,  con  el  fin  de evitar que por razón de las reducciones punitivas  como  consecuencia de la implementación de instrumentos de colaboración con la  justicia  los  infractores  se  hicieran merecedores a sanciones muy bajas que a  juicio  del  constituyente  derivado,  no  se  compadecían  con la ofensa a los  bienes jurídicos que tutelan los tipos penales.   

          A  partir  de  tal  interpretación  la  Corte  recogió  la  línea  interpretativa  que  se  venía  implementado  hasta  ese  momento en torno a la  aplicación  en  el  tiempo  del  artículo 14 de la Ley 890 de 2004, para casos  reglados  por  la  Ley  600  de  2000  (CSJ,  SP  Enero  18 2012, Rad. 36784), y  “reafirmó  el  criterio  de que la ley 890 de 2004  tiene  una  causa  común y está ligada en su origen y discurrir con la ley 906  de  2004,  por  manera  que  el incremento punitivo de su artículo 14, sólo se  justifica  en  cuanto  se  trate  de  un  sistema  procesal  premial  que prevé  instituciones   propias   como   el  principio  de  oportunidad,  negociaciones,  preacuerdos  y  las  reducciones  de penas por allanamiento a cargos”.   

          No   obstante,   la  preocupación  porque  algunos  comportamientos  podrían  tener  penas  no  condignas  con   su  gravedad, condujo a que se  expidiera  la  Ley 1121 de 2006, en cuyo artículo 26 se excluyen las rebajas de  pena  por  sentencia  anticipada  y  confesión, subrogados penales o mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  condena  de ejecución  condicional,   libertad   condicional,   o   prisión   domiciliaria  “Cuando se  trate  de  delitos  de  terrorismo,  financiación  de  terrorismo, secuestro   extorsivo,   extorsión   y  conexos” (subrayas fuera de texto).   

          En  providencia  CSJ  SP,  27  feb. 2013, Rad. 33254, puntualizó la  Sala:   

“Habiendo  decaído la justificación del  aumento  de  penas  del  art.  14  de  la  Ley 890 de 2004, en relación con los  delitos   incluidos  en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006  –  para los que no proceden rebajas de  pena  por  allanamiento  o  preacuerdo –  tal  incremento punitivo, además de resultar injusto y contrario  a  la  dignidad humana, queda carente de fundamentación, conculcándose de esta  manera la garantía de proporcionalidad de la pena.   

“En lo sucesivo,  una  hermenéutica  constitucional  apunta  a  afirmar  que los aumentos de pena  previstos  en  el  art.  14  de la Ley 890 de 2004 son inaplicables frente a los  delitos  reseñados  en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de 2006 (…) frente a  sentencias  condenatorias  por  aceptación  de  cargos,  la  menor punibilidad,  precisamente,  sería  la  consecuencia  de  haberse  acudido  a  ese  margen de  negociación,  actualmente  inaccesible a los delitos referidos en el art. 26 de  la Ley 1121 de 2006”.   

          La  jurisprudencia  trascrita  ha sido reiterada en otras decisiones  casacionales  de  la  Corte,  por ejemplo, CSJ SP, 19 jun. 2013, Rad. 39719; CSJ  AP,  11  nov 2013, Rad. 36400), y en sede de la acción de revisión (CSJ SP, 12  dic.  2013,  Rad.  41152;  CSJ  SP,  11  dic  2013  Rad.  42041), por vía de la  remoción   de   la   cosa   juzgada   a  fin  de  efectuar  la  correspondiente  redosificación  punitiva  con  marginamiento  del artículo 14 de la Ley 890 de  2004   cuando   se   trate  de  preacuerdos,  negociaciones  o  allanamientos  a  cargos.   

          Por  su  parte, en la exposición de motivos del Código de Infancia  y Adolescencia (Ley 1098 de 2006) se afirma:   

“Por  ello  el  país  tiene  una  deuda  con  los  niños y las niñas que son víctimas de los  vejámenes  más  atroces, lo que hace necesario promover normas persuasivas que  impongan sanciones severas contra los adultos que los  maltraten y que cometan delitos contra ellos y ellas.   

“En  aras de la  prevalencia  de los derechos de los niños se hace imperativo aumentar las penas  de  los  delitos  en  los  que  haya  una  víctima  menor de edad, así  como  negar  los beneficios jurídicos establecidos en la ley  penal,  salvo  los  de orden constitucional, para quienes cometan delitos contra  los  niños y las niñas”9.   

          En   razón   de   ello,   en   el  artículo  199  numeral  7º  se  dispuso:   

“Cuando se trate  de  los  delitos  de  homicidio  o  lesiones  personales  bajo modalidad dolosa,  delitos  contra  la  libertad,  integridad  y  formación sexuales, o secuestro,  cometidos  contra  niños,  niñas  y adolescentes, se aplicarán las siguientes  reglas:  (7)  No  procederán  las  rebajas de pena con base en los ‘preacuerdos  y negociaciones entre la  fiscalía  y  el  imputado  o  acusado’,  previstos  en  los  artículos  348  a  351  de  la  Ley  906 de  2004”.   

          Sobre  el alcance de dicho precepto puntualizó la Sala (CSJ SP5197,  30 abr. 2014, Rad. 41157):   

“El criterio que  ha  venido  desarrollando  la Corte desde la casación 33254 de 27 de febrero de  2013,  resulta  también  aplicable en asuntos en los  que  se trate de delitos de secuestro y homicidio doloso contra niños, niñas y  adolescentes  y  el  acusado preacuerda con la Fiscalía General de la Nación o  se  allana  a  los  cargos  y  sin que reciba ninguna  compensación  por  acudir  a  alguna de estas formas de terminación anticipada  del  proceso;  no  así  en  los  casos  de lesiones personales dolosas, y todos  aquellos  delitos  que  conforman  el  capítulo  de  las  conductas  contra  la  libertad,  integridad  y formación sexuales, toda vez que en los mismos la pena  no  se  incrementa  con  motivo del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, sino por  razones  de  política  criminal  que buscan una mejor protección de dicho bien  jurídico     cuando     su     titular    es    menor    de    edad”,  de manera  que    “en    los    delitos    de   secuestro  y  homicidio doloso cuando el  ofendido  es menor de edad,  como  ocurre  en  este  evento, es posible desechar el  aumento  que  impone  el  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004, pero solo si el  llamado  a  responder opta por aceptar su culpabilidad por vía del preacuerdo o  el    allanamiento”10    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Y  en  proveído  SP10994-2014,  20  ago. 2014. Rad. 43624 en cuanto  atañe al objeto de debate en este asunto, indicó la Colegiatura:   

“Cabe  precisar  que  la  jurisprudencia  señalada (fallo 33.254 del 27  de   febrero   de   2013,  se  aclara)  alude  a  las  prohibiciones   del   artículo  26  de  la  Ley  1121  del  2006,  lo  cual  no  obsta  para que sus lineamientos sean admisibles, con  las  mismas  consecuencias, en lo que respecta al artículo 199.7 del Código de  la  Infancia  y  la  Adolescencia,  Ley  1098  del  2006,  como que este ha sido  redactado  en  idénticos términos, con fundamentos y consecuencias iguales, de  donde  deriva  que  a  una  misma  situación  de  hecho  corresponde  idéntica  solución en el derecho.   

Así las cosas, el  criterio  que  ha  venido desarrollando la Corte desde la casación 33.254 de 27  de  febrero  de  2013, resulta también aplicable en asuntos en los que se trate  de  delitos de secuestro y homicidio doloso contra niños, niñas y adolescentes  y  el  acusado  preacuerda  con la Fiscalía General de la Nación o se allana a  los  cargos  y sin que reciba ninguna compensación por acudir a alguna de estas  formas  de  terminación  anticipada  del  proceso; no  así  en  los casos de lesiones personales dolosas, y todos aquellos delitos que  conforman  el  capítulo  de  las  conductas  contra  la  libertad, integridad y  formación  sexuales,  toda  vez  que en los mismos la pena no se incrementa con  motivo  del  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, sino por razones de política  criminal  que  buscan  una  mejor  protección de dicho bien jurídico cuando su  titular   es  menor  de  edad”  (subrayas  fuera  de  texto).   

El caso concreto  

          1.        En  la  tasación  de  la  pena privativa de libertad los juzgadores  aplicaron   la  mínima  establecida  para  el  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado,  partiendo  de 28 años (336 meses) reglados en el artículo 3º de la  Ley  733  de  2002,  modificatorio  del  artículo  170  de  la Ley 599 de 2000,  incrementados  en  una  tercera parte, esto es, en 112 meses, de conformidad con  lo  dispuesto  en  el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004, para un total de 448  meses.   

Dado  que  en  el  caso de la especie medió  allanamiento  a  los  cargos  formulados  en  la audiencia de imputación por el  delito  de secuestro extorsivo agravado, es claro que,  según  se  dijo,  prospera  la  causal  de variación  favorable  de  la  jurisprudencia,  y  en  consecuencia  habrá de marginarse el  referido  incremento, para entonces redosificar la pena  de prisión en 336 meses (28 años).   

          2.        Como  en la cuantificación de la multa los sentenciadores partieron  de  la  mínima  de  5000  salarios  mínimos  legales mensuales dispuesta en el  artículo  3º  de  la Ley 733 de 2002, que modificó el artículo 170 de la Ley  599  de  2000, incrementados en una tercera parte, esto es, en 1666 salarios, de  conformidad  con  lo  reglado  en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, para un  total  de 6.666 salarios mínimos legales mensuales vigentes, se impone a partir  de  la  prosperidad  de  la causal de revisión invocada por la defensa, retirar  dicho  incremento,  para  tasar  la pena pecuniaria en  5000     salarios     mínimos     legales     mensuales    vigentes.   

Como en la audiencia de alegación normada en  el  artículo 195 de la Ley 906 de 2004, la señora Procuradora Tercera Delegada  ante  esta  Corporación  solicita modular el fallo de casación invocado por el  demandante  como  soporte del cambio de jurisprudencia favorable, por considerar  que  “Lo  que  el legislador del 1200/2008 hizo fue  retomar  la  pena resultante de aplicar a los topes establecidos en el artículo  14  de  la 890/2004 a la pena  de la ley 733/2002 y señalar estos como los  márgenes  punitivos,  por  ello  habremos  de  indicar  que,  para  el caso del  secuestro  extorsivo  agravado la proporcionalidad nos conduciría a utilizar la  misma  lógica  empleada por el legislador que no es otra que establecer la pena  para  el  secuestro  extorsivo agravado de la misma manera a saber la resultante  del  incremento  del  2004”, encuentra la Sala que su  planteamiento no debe ser acogido, por las siguientes razones:   

          La  Delegada sustenta su petición en una interpretación del querer  del  legislador  con  la  expedición  de  la  Ley 1200 de 2008 que modificó la  sanción  para  el  secuestro extorsivo; sobre ello es pertinente indicar que en  la  exposición  de motivos del Proyecto de Ley 132 de 2006 Senado, que culminó  en la referida normatividad se aduce:   

Dado el “problema  de    inseguridad    ciudadana   generado   por   el   denominado   ‘paseo      millonario’”,  tratado  en algunas ocasiones en  la   jurisprudencia  como  un  concurso  de  delitos  entre  hurto  y  secuestro  extorsivo,  “es oportuno resaltar que debido a la no  existencia       de       una      disposición      jurídico      –  penal  directamente  aplicable  al  ilícito,  se han presentado infinidad de casos en los cuales se ha interpretado  por  parte  del  operador  jurídico  que  el delito a tipificar es el de hurto,  hecho  este que ha generado no sólo inseguridad jurídica sino más grave aún,  impunidad  y  de  contera  temor  por  parte  de la comunidad que ve truncada la  posibilidad  de  que  se  le  garantice  de  forma  eficaz  el  derecho  a libre  locomoción,    al    interior    de    las    ciudades,   en   condiciones   de  seguridad”.   

          A  partir  de  lo  anterior,  los  ponentes  incluyeron un inciso al  artículo 2º de la Ley 733 de 2002, cuyo texto era el siguiente:   

“Igual  pena  (20  a 28 años de prisión y multa de dos mil a  5000  salarios  mínimos,  se precisa) se aplicará en  el   evento  en  que  la  retención  se  realice  temporalmente,  en  medio  de  transporte,    bajo   amenaza,   con   el   propósito   de   obtener   provecho  económico”.   

          En  la  ponencia  para  primer  debate  del  citado  Proyecto de Ley  manifestaron los ponentes:   

“El fundamento de  la   propuesta   radica   en   las   divergencias  de  interpretación  que  se  han  generado  por  parte  de  los  jueces,  toda  vez que dicha conducta se ha tipificado en algunos eventos  como  hurto  calificado  (cuya pena es de 48 a 144 meses) y otros como secuestro  extorsivo  (cuya  pena es de 320 a 504 meses), lo cual hace necesario establecer  claridad  normativa sobre el tema” (subrayas fuera de  texto).   

“Teniendo  en  cuenta  que a través de la Ley 890 de 2004 se aumentaron las penas de los tipos  penales  previstos  en  la  parte  especial  del  Código  Penal, y que el texto  presentado   en  el  proyecto  no  refleja  dicha  modificación  normativa,  la  adición  de  un  segundo inciso al artículo 169 del  Código  Penal  modificado  por el Ley 733 de 2002, se  efectuará   frente   al   texto   vigente  con  los  incrementos  de  penas  ya  mencionados  (prisión  de  trescientos  veinte  (320)  a  quinientos  cuatro (504) meses y multa de dos mil  seiscientos  sesenta  y  seis punto sesenta y seis (2.666.66) a seis mil (6.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes. Igual  pena  se  aplicará  cuando  la  conducta  se  realice temporalmente en medio de  transporte   con   el   propósito   de   obtener   provecho   económico   bajo  amenaza)” (subrayas fuera de texto).   

          Como  viene  de  verse,  encuentra la Sala que en ningún momento el  interés  del  legislador  dentro de su libertad de configuración normativa fue  el  de  aumentar  en  forma  sincrónica  y  proporcional las sanciones para los  delitos   de   secuestro  simple,  secuestro  extorsivo,  o  en  razón  de  las  agravaciones  de  éste  último,  sino  únicamente  incrementar  la  pena  del  secuestro  extorsivo,  amén  de  incorporar  un  inciso para incluir allí, con  vocación    de   precisión   y   claridad,   el   denominado   “paseo millonario”.   

          En  consecuencia,  no  tiene  cabida  la  propuesta  de  la  señora  Procuradora,   pues   de   procederse  en  el  sentido  solicitado  se  estaría  quebrantando  el principio de legalidad de las penas, al asumir que el secuestro  extorsivo  agravado  tiene  conforme  a la preceptiva de la Ley 1200 de 2008 una  sanción  equivalente  a la dispuesta en el artículo 170 de la Ley 733 de 2002,  esto  es, “veintiocho (28)  a  cuarenta  (40)  años  y  la multa será de cinco mil (5.000) a cincuenta mil  (50.000)    salarios    mínimos    legales    mensuales    vigentes”,     aumentada     “en   la   tercera  parte  en  el  mínimo  y  en  la  mitad  en  el  máximo”  según  el  artículo  14 de la Ley 890 de  2004,  para  un  resultado final de 37 años y 10 meses a 60 años de prisión y  multa  de  6.666,66  a  66.666,66 salarios mínimos legales mensuales, cuando lo  cierto  es  que  no  hay  elemento  de juicio en el proceso legislativo que así  permita deducirlo con nitidez.   

          Adicional  a  lo  anterior se tiene que la pena mínima de 320 meses  señalada  para  el  punible  de secuestro extorsivo en la Ley 1200 de 2008, sí  resulta  inferior  a  la  de  336  meses de prisión dispuesta para el secuestro  extorsivo agravado en la Ley 733 de 2002.   

         Cuestión final   

Como el artículo 198 de la Ley 906 de 2004,  normativa    que   gobernó   este   trámite,   dispone   que   “los   efectos  del  fallo  rescindente  se  extenderán  a  los  no  accionantes”,  salvo cuando se trata de las causales  4ª  y  5ª, se impone extender las consecuencias de esta sentencia de revisión  a   Diego   Alejandro   Quiroz   Cardona,  condenado  a iguales penas de prisión y pecuniaria, como coautor  del  mismo  comportamiento,  y  por  tanto, su pena también será tasada en 336  meses  de  prisión  y  multa  de  5.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  coautor  del  delito de secuestro extorsivo agravado por el que  cual fue sentenciado.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.              DECLARAR    FUNDADA    la  causal  de  revisión  invocada  por el defensor del sentenciado  ARLEY ESTEBAN ZAPATA OSORIO,  según las consideraciones plasmadas en este proveído.   

2.   DECLARAR   PARCIALMENTE  sin  valor  el  fallo  de  segundo grado proferido por el Tribunal  Superior  de Medellín el 7 de marzo de 2013, confirmatorio del dictado el 30 de  noviembre  de  2012  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado con  funciones  de  conocimiento  de  la misma ciudad, únicamente en cuanto comporta  redosificar    la    pena    impuesta    a    ZAPATA  OSORIO  en  336  meses  de  prisión  y multa de 5.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  coautor  del  delito de  secuestro extorsivo agravado por el que fue condenado.   

3.            EXTENDER  las  consecuencias    del    fallo   de   revisión   al   sentenciado   Diego   Alejandro  Quiroz  Cardona,  cuya  sanción  también  es tasada en 336 meses de prisión y multa de 5.000 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  coautor  del punible de secuestro  extorsivo agravado objeto de sanción.   

En todo lo demás, la sentencia permanecerá  incólume.   

         Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

         Como  ya  lo  he  expuesto  en  otras  oportunidades, con el respeto  debido  hacia  las  opiniones  y  el  criterio  ajenos,  procedo a consignar las  razones  que  me  llevaron  a  aclarar  el  voto  en  relación con la decisión  adoptada por la Sala dentro de este proceso.   

El motivo de mi discrepancia se circunscribe  a   la   posición  de  la  Sala  mayoritaria,  según  la  cual  el  incremento  generalizado  de  penas  consagrado  en  el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004  resulta  inaplicable  tanto en las conductas enlistadas en el artículo 26 de la  Ley  1121  de  2006,  como  frente a los delitos de secuestro y homicidio doloso  cuando  el ofendido es menor de edad (artículo 199 de la Ley 1098 de 2006), con  el  fin de permitir un margen de maniobra a la Fiscalía en procura de conseguir  fallos  anticipados  por  vía  de  los acuerdos y allanamientos, porque con tal  aumento    se    violaría    el    principio    de   proporcionalidad   de   la  sanción.   

Al  respecto,  debo  manifestar que si bien  corresponde  a  los  funcionarios  judiciales  interpretar  la legislación y no  limitarse   a   ser  únicamente  la  “boca  de  la  ley”  mediante  el  escueto  proceso  de subsunción  derivado  del  “silogismo de la justicia”,  en  el  cual  la  premisa mayor era el texto legal, la premisa  menor  el  caso  y  de allí se extraía, sin más, la  consecuencia,  como  en  su momento lo postuló Cesare  Beccaría,  uno  de  los  adalides  del  Estado  de  derecho, también considero  ineludible  recordar  que en virtud del artículo 230 de la Carta Política, los  jueces  estamos  sometidos al imperio de la ley, y en virtud de ello, no resulta  viable  que  invocando el principio de proporcionalidad de la pena, se desborden  los   precisos  lineamientos  dispuestos  por  el  legislador  en  punto  de  la  imposición  de  las  sanciones,  pues  ello  no  solamente  comporta desorden e  inclusive   arbitrariedad,   sino  que  rompe  con  el  principio  de  seguridad  jurídica,  amén  del principio de legalidad tan caro a los sistemas jurídicos  democráticos de derecho.   

Olvida la Sala mayoritaria que el principio  de  proporcionalidad  de  la pena se encuentra limitado por los precisos baremos  dispuestos  en la ley, dentro de los cuales se encuentra el ámbito de movilidad  punitiva  del  sentenciador, pues de no haber sido tal el querer del legislador,  habría  señalado que la tasación de la pena fuera establecida prudencialmente  por  el  juzgador  conforme  a  ciertos  criterios,  sin  establecer  mínimos y  máximos.   

Tan cierto será lo anterior, que fue con la  Ley   599  de  2000  que  el  legislador  delimitó  aún  más  el  ámbito  de  discrecionalidad   de  los  jueces  en  la  cuantificación  de  las  penas,  al  incorporar  el  sistema  de  cuartos,  circunstancia  a  partir de la cual puede  colegirse  que,  contrario a la tesis mayoritaria, se ha pretendido conseguir la  interdicción  de  la  arbitrariedad,  en  procura  de  honrar  el  principio de  legalidad.   

Para una mejor comprensión de mi desacuerdo  con la referida decisión, me permito rememorar que:   

1.           Mediante  la Ley 906 del 31 de agosto de  2004  se  implementó el sistema penal acusatorio, vigente gradualmente a partir  del 1º de enero de 2005.   

2.           El  7  de julio de la misma anualidad se  sancionó  la  Ley  890 a través de la cual, fundamentalmente, se incrementaron  las  sanciones  establecidas en la Ley 599 de 2000, con el propósito de otorgar  un  margen  de  maniobra a la Fiscalía General de la Nación en la negociación  de  las penas en procura de  conseguir  acuerdos  y  allanamientos con los procesados, según se constata sin  dificultad  en las exposiciones y debates que en el Congreso de la República se  libraron sobre tal normatividad.   

De  modo  que el objetivo perseguido por el  legislador  con  la  implementación  de  la Ley 890 de 2004 no riñe con el del  artículo  26  de  la  Ley  1121 de 2006 ni con las normas que prohíben otorgar  beneficios  y  descuentos  punitivos  en los casos de los delitos de secuestro y  homicidio  doloso  cometidos  en  perjuicio  de menores (artículo 199 de la Ley  1098  de  2006),  porque  dichas  disposiciones  se  limitan   a establecer  exclusiones  de  esa  naturaleza, luego no resulta atinado aducir que en aras de  preservar  el  principio  de  proporcionalidad de la sanción, sea viable asumir  que  al  negarse  las  rebajas  de  pena por sentencias anticipadas derivadas de  acuerdos  o  allanamientos, no es procedente el incremento punitivo dispuesto en  la Ley 890 de 2004 para los condenados por tales punibles.   

3.  De otro lado, he de hacer hincapié que  mi  punto  de  vista disidente frente a esta posición también se robustece con  las  razones  de  política  criminal  y  de  protección de los derechos de las  víctimas que llevaron a consagrar las referidas prohibiciones.   

         En  efecto,  al  consultar la exposición de motivos que llevaron al  legislador  a introducir dicho precepto, se logra establecer que su finalidad no  fue  otra  a  la  de  responder  con  dureza  punitiva  a  la comisión de tales  punibles,  sin  permitir,  se reitera, las rebajas de penas o el otorgamiento de  subrogados.   

         Esto  último  como  respuesta  necesaria  y   proporcional del  legislador  al  clamor  de  una sociedad inerme que ve cómo se han incrementado  desorbitadamente esas modalidades delictivas.   

          Es  por  eso  que  a  través  de  la  jurisprudencia  no  se  puede  desconocer  el  propósito exteriorizado del constituyente derivado de erradicar  o,  por  lo  menos,  atemperar  esa  realidad  criminal, mediante el instrumento  legítimo  que  hace  parte  de  su  libertad  de  configuración legislativa en  materia  penal,  de  negar  todo beneficio o subrogado a quienes sean condenados  por   tales  delincuencias,  sin  que  ello  pueda  aparejar,  desde  luego,  la  imposibilidad  de  aplicar el incremento de penas contemplado en el artículo 14  de  la  Ley  890  de  2004  a  quienes  se  encuentren  en  las  referidas   hipótesis,  pues  de  procederse  en sentido contrario haría ello nugatoria la  pretensión  perseguida  por  el  legislador  de  dispensar un mayor tratamiento  punitivo a tales personas.   

Con toda atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

Fecha ut supra.    

1 No se  registra  el  nombre de la menor en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.   

2  Gaceta del Congreso 345, julio 23 de 2003, pag. 11   

3  Exposición  de  motivos  del Proyecto de ley por el cual se modifica la Ley 599  de 2000.   

4  Ponencia  para  primer  debate  al  Proyecto  de  ley  01 de 2003 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Senado.   

5  Informe  de  ponencia  para  primer debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

6  Informe  de  ponencia  para segundo debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

7  Intervención  del  Vicefiscal  General  de  la  Nación en el segundo debate al  Proyecto  de ley 251 de 2004 por el cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara  de Representantes.   

8  Discusión  en  segundo  debate  del  Proyecto de ley 251 de 2004 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

9  Gaceta del Congreso 551 de 23 de agosto de 2005, pag. 31   

10 CSJ  SP5197-2014, 30 nov. 2014. Rad. 41157.     

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