AP931-2016(46618)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP931-2016  

Radicación     n°     46618   

(Aprobado Acta No.  046)   

         Bogotá, D.C.,  veinticuatro   (24)   de  febrero de dos mil dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S   

         Decide  la  Sala  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados  Javier  Alexander  Maldonado  Quintero,  Edwar  Harvey  Flórez Vergara, Jorge Yair Montejo Hernández y Duvan  Enrique  López  Melo,  el  primero subintendente y los demás patrulleros de la  Policía  Nacional,  contra  la  sentencia dictada el 28 de abril de 2015 por el  Tribunal  Superior  Militar,  por  cuyo  medio  se  confirmó  integralmente  la  proferida  por  el  Juzgado de Primera Instancia de la Policía Metropolitana de  Cúcuta,  que  los  condenó  por el delito de abandono del puesto, mientras que  por   dicha   conducta   absolvió   al   patrullero   Byron  Francisco  Velasco  Ávila.    

HECHOS  

         En  el  fallo  de  primer grado fueron sintetizados de la siguiente  manera:   

Se tiene que el día 18 de febrero de 2013,  cuando  el señor MY. HENRY ALEXANDER PERALTA ROJAS, en su condición de oficial  de  supervisión  de  la  Policía  Metropolitana  de  Cúcuta, siendo las 04:00  horas,  llegó  a  pasar  revista  al  CAI  “NIÑA CECI”, y como no [le] fue  posible  ubicar  al  policial  que  se  encontraba  de servicio, se acercó a la  puerta  del  mismo,  la cual se encontraba cerrada, y observó desde el exterior  que  dentro  del  CAI  se  levantaban del piso unas personas y una de las cuales  abrió  la  puerta;  siendo identificadas como el SI. JAVIER ALEXANDER MALDONADO  QUINTERO  y los patrulleros EDWAR [HARVEY] FLÓREZ VERGARA, [JORGE] YAIR MONTEJO  HERNÁNDEZ,   DUVAN   [ENRIQUE]   LÓPEZ   MELO   Y  BYRON  [FRANCISCO]  VELASCO  ÁVILA.    

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Por razón de  los  anteriores  hechos,  el  20  de febrero de 20131,    el   Juzgado   171   de  Instrucción  Penal  Militar  dispuso la apertura de investigación respecto del  subintendente  Javier  Alexander  Maldonado  Quintero y de los patrulleros Edwar  Harvey  Flórez  Vergara,  Jorge  Yair  Montejo Hernández, Duvan Enrique López  Melo  y Byron Francisco Velasco Ávila, miembros de la Policía Nacional, contra  quienes  libró  orden  de  captura  con  el  propósito de vincularlos mediante  indagatoria   por   el   delito   de   abandono  del  puesto,  cumplido lo cual les resolvió su situación  jurídica  mediante  proveído  del  7  de  marzo  siguiente,  absteniéndose de  imponerles  medida  de aseguramiento en consideración a que no se cumplían los  fines    de    la    detención    preventiva    y   disponiendo   su   libertad  inmediata2.   

2.  Asumida  la  actuación   por   la   Fiscalía  146  Penal  Militar  y  clausurado  el  ciclo  instructivo,  el 3 de julio de 2014 calificó el mérito del sumario profiriendo  acusación   en   contra  de  los  procesados  por  el  delito  de  abandono    del   puesto   –art.   105   de   la   Ley  1407  de  2010–3;   decisión   que   cobró  ejecutoria  el día 30 del mismo mes y año4.   

         3.  Remitida  la actuación al Juzgado de  Primera  Instancia  de  la  Policía  Metropolitana  de  Cúcuta,  y cumplida la  audiencia  de  acusación  y aceptación de cargos donde los incriminados Javier  Alexander  Maldonado  Quintero, Edwar Harvey Flórez Vergara, Jorge Yair Montejo  Hernández,  Duvan  Enrique  López  Melo  y  Byron  Francisco Velasco Ávila se  declararon inocentes, se dio inicio a la corte marcial.   

         Concluido  el debate procesal, el 4 de febrero de 2015 se profirió  sentencia  en  la  que  se  condenó  a  los  cuatro  primeros en cita a la pena  principal  de  un  (1)  año de prisión como autores del delito de abandono  del  puesto,  mientras  que al  último de los supranombrados se lo absolvió de dicha conducta.   

         Así  mismo,  le  negó a los sentenciados el mecanismo sustitutivo  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena por tratarse de un  delito  contra  el  servicio  y,  en  consecuencia,  ordenó  su captura para el  cumplimiento de la sanción.   

         4.  Apelado  el  fallo por el defensor de  los  acusados,  en  sentencia  adiada  28 de abril de 2015, el Tribunal Superior  Militar lo confirmó integralmente.   

          5.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado  que  representa  los  intereses  de los condenados interpuso recurso de  casación,  siendo  el  estudio  del  libelo  respectivo  el objeto del presente  pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         El  demandante postula un cargo contra la sentencia de Tribunal, de  conformidad  con lo «ordenado en la Ley 1407 de 2010,  en  su  artículo 334… numeral 3º», por violación  indirecta  de la ley sustancial, originada en error de hecho por falso juicio de  identidad   por  tergiversación  de  «un  grupo  de  pruebas   (testimoniales)»,   practicadas   en   el  proceso.   

         Luego  de  referir  apartes  de  los  testimonios  del  mayor Henry  Alexander   Peralta   Rojas,   oficial   de   supervisión   que  denunció  las  irregularidades  advertidas  cuando la madrugada del 18 de febrero de 2013 pasó  revista    al    CAI    «Niña    Ceci»  de  la  ciudad  de  Cúcuta;  del  patrullero Bernabé Cáceres  Carreño,  conductor  del  mencionado oficial; del intendente Alex Germán Ulloa  Atencia,  secretario  de  dicha  unidad  policial; y del particular Luis Alfredo  Bonilla,  vendedor  de tintos en las inmediaciones del mentado CAI; hace algunas  citas  que  al parecer corresponden al fallo de segundo grado, donde se concluye  la   responsabilidad   de   los   acusados   en   el   delito  de  abandono  del  puesto.   

         Señala  que  el  ad  quem  confirmó  la decisión de primer grado  apoyado  en el informe suscrito por el mayor Henry Alexander Peralta Rojas, así  como  en  las  anotaciones  efectuadas  por  éste en la minuta que llevaba como  oficial  de  supervisión y en los libros de revista y de guardia que se tenían  en  el  CAI,  como  también  en  el testimonio del patrullero Bernabé Cáceres  Carreño;  sin  embargo,  anota,  en  la labor de valoración de tales medios de  convicción   no   fue   fiel   a   su   contenido   material,   sino   que  los  tergiversó.      

         Aduce  que  frente  al  testimonio  del  oficial  Peralta Rojas tal  distorsión  se  patentiza  en  el  hecho  de  que  el mencionado «no   es   preciso   en   el   informe  de  argumentar  (sic)  cómo  presuntamente  vio  a  los  uniformados  que se encontraban dentro del CAI Niña  Ceci,  toda  vez  que en las anotaciones [realizadas en los libros] escribe unos  hechos  totalmente  diferentes a los escritos en el informe, a las declaraciones  que  rinde  posteriormente  y  al  reporte  que  da  por  radio  a la central de  comunicaciones  del  CAD  de  la  Policía  Metropolitana de Cúcuta».   

         Así,   destaca,   que   mientras   en  la  minuta  el  oficial  de  supervisión   consignó   haber   hallado   a  los  uniformados  «acostados    en    el    piso    del    CAI   durmiendo»,  y  en  el  libro  de  revista  de  dicha  unidad policial hizo  anotación  similar  sobre que encontró a «los cinco  policiales  asignados  para  el  servicio  durmiendo  acostados  en  el piso del  CAI»;  en  el  informe  del  18  de febrero de 2013,  «extrañamente   no  menciona  que  mis  defendidos  estuvieran  acostados  y dormidos dentro del CAI», lo  cual  atribuye  a que los hechos que registró inicialmente no eran ciertos, por  lo  que  al  elaborar  el  informe  que,  afirma, se entiende presentado bajo la  gravedad  del juramento, cambió su versión; aun cuando, dice, en el testimonio  que   posteriormente  rindió,  insistió  en  haber  visto  a  los  uniformados  «acostados    sobre    el    suelo    en    forma  horizontal».   

         Concluye  el demandante que el oficial en mención aporta versiones  contradictorias  en  torno  a  los  hechos juzgados, no obstante lo cual el juez  colegiado  «desestima  las  pruebas  [presentadas] a  favor  de  mi[s] defendido[s], dando valor únicamente a los documentos y [a] lo  mencionado  por el MY Henry Alexander Peralta Rojas»,  pero      sin      realizar     un     «análisis  minucioso»  de  tales  medios  de  convicción,  los  cuales,   insiste,   no   son  congruentes  entre  sí,  lo  que  «hace  dudar  desde  todo  punto  de  vista  si  es  cierto  o no lo  manifestado               por               el               oficial».                   

         Asimismo,  destaca  el  recurrente,  los  juzgadores  de  instancia  tergiversaron  las  declaraciones del intendente Alex German Ulloa Atencia y del  patrullero  Byron Francisco Velasco Ávila, quienes dan cuenta del motivo por el  cual  los  policías acusados se encontraban a esa hora en el CAI «Niña  Ceci» y no en los cuadrantes que  tenían  asignados,  que  no  era  otro  que  el  deber  de llenar unos formatos  relacionados  con  el  seguro  de  vida;  empero, afirma, fueron desechadas como  consecuencia  de  un  «análisis  de  las pruebas en  forma  caprichosa,  sin  dar un valor probatorio a cada una de ellas»,  desconociendo,  además,  que  «los  policiales  estaban  en  la  jurisdicción del cuadrante, dentro del CAI, por lo  tanto nunca hay abandono del puesto».   

         En   consecuencia,   estima  el  libelista  que  como  el  Tribunal  tergiversó  la  prueba  testimonial,  incurriendo  en  el  vicio  denunciado y,  adicionalmente,  los  hechos  juzgados  no  configuran el delito de abandono  del  cargo, siendo atípica la  conducta  de sus representados, solicita a la Corte casar la sentencia impugnada  y,         en         su        lugar,        absolverlos        de        dicho  ilícito.           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1. Procedibilidad del recurso   

         En  el  caso concreto, los hechos materia de juzgamiento ocurrieron  el  18  de  febrero  de 2013, fecha para la cual ya se encontraba vigente la Ley  1407  de  2010,  pues  de  conformidad con lo señalado en su artículo 628 y lo  ordenado  en la sentencia C-444 de 2011 de la Corte Constitucional, aquella rige  únicamente  para  los  sucesos  acaecidos  a  partir  del  17  de agosto de esa  anualidad,  por  lo  que  en  principio  esa  es la norma llamada a regular este  trámite.   

         Sin  embargo,  para  la  época  en cuestión, el Gobierno Nacional  aún  no había implementado en el Departamento de Norte de Santander el sistema  procesal  que  dicha normativa consagra, según se desprende del Decreto 314 del  18  de  febrero  de  2014,  en  el  cual  se indica que el mismo iniciará en la  mencionada  región  del  país a partir del año 2017, de donde se sigue que es  la Ley 522 de 1999 la que resulta aplicable al presente asunto.   

         Tal  aserto  cobra  relevancia en relación con dos aspectos, de un  lado,  en  lo  atinente  a  los términos que tuvo en cuenta el Tribunal para la  interposición  del  recurso  de casación, pues apoyado en los artículos 343 y  siguientes  de la Ley 1407 de 2010, en la parte resolutiva del fallo advirtió a  los  sujetos  procesales  que  contaban  con sesenta (60) días para tal efecto,  plazo  al  que  se  sujetó el defensor del acusado no obstante ser errado, pero  esa  equivocación  resulta  intrascendente en punto de la extemporaneidad de la  impugnación,  en  razón  del  principio  de  confianza  legítima  ampliamente  reconocido         por         la        Sala5,  oponible  a  esa  clase  de  yerros cometidos por los funcionarios en los procesos judiciales.   

         Por  otra  parte,  la procedencia del recurso de casación debe ser  examinada  acorde  con  lo normado en el artículo 368 de la Ley 522 de 1999, el  cual  establece  como  regla  general que la impugnación extraordinaria procede  contra  sentencias  de  segunda instancia, por delitos que tengan señalada pena  privativa de la libertad cuyo máximo sea o exceda de 6 años.   

         Ahora,   el   delito   de  abandono  del  puesto  por  el  que  se  acusó  y  condenó  a  los  procesados,  descrito  en  el  artículo 105 de la Ley 1407 de 2010, prevé como  pena  máxima tres (3) años de prisión, luego en el asunto de la especie, para  acceder  al  recurso  de  casación,  el  impugnante  debió  optar  por la vía  excepcional,  por  lo  que le correspondía la carga de evidenciar a la Corte la  necesidad  de  admitir la demanda y revisar la legalidad del fallo atacado, bien  porque  se requiere desarrollar la jurisprudencia, ora porque lo que se pretende  es la garantía de derechos fundamentales.   

         La                 Sala6  tiene  dicho  que  cuando se  invoca   el   primero   de   tales  aspectos,  esto  es,  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  compete  al  casacionista  señalar  si  lo  que  busca  con la  impugnación  del  fallo  de  segundo grado es que la Corporación intervenga ya  sea  para  referirse  a  un  tema  jurídico  en  particular, bien para unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, con el deber de precisar de  qué  manera  la  decisión  solicitada  tiene  la  doble  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto concreto y simultáneamente servir de guía a la actividad  judicial.   

         Y  en cuanto al amparo de los derechos fundamentales, el demandante  tiene  la  carga  de  demostrar  en  forma  clara y precisa la violación de una  garantía  por  quebrantamiento  de  la  estructura  básica  del  proceso o por  trasgresión   de   un  derecho  fundamental,  con  indicación  de  las  normas  constitucionales  o legales que protegen el derecho invocado y cómo el fallo lo  conculca.   

         Asimismo,  las  razones aducidas por el censor en orden a revelar a  la  Corte  la  necesidad  de admitir discrecionalmente la demanda, deben guardar  perfecta  armonía  con  los  reproches  que  formule  contra  el  fallo, lo que  significa  que  el  fundamento de la casación excepcional debe avenirse con los  cargos, tanto en su postulación como en su desarrollo.   

         En  el  asunto  que  ocupa  la  atención  de  la Sala, el actor no  satisface  las  anteriores  exigencias, puesto que ni siquiera hace referencia a  la     casación     excepcional,     dejando    in  albis  a  la Corporación sobre cuál de los anotados  fines  es  el  que  persigue  con la impugnación extraordinaria y por qué debe  examinarse de fondo la demanda.   

         La  anotada falencia, por sí sola, basta para inadmitir el libelo,  por  cuanto no se muestra, ni la Sala advierte, la necesidad de que se le admita  de    manera   discrecional   en   orden   a   intervenir   como   Tribunal   de  Casación.     

         2. Del recurso extraordinario de casación   

2.1   Conviene  recordar  que  dado  el  carácter  extraordinario  del recurso de casación, al  recurrente   compete   elaborar   la  demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados   en   la   ley   y   decantados   por   la  jurisprudencia  de  la  Corte.   

Por  tanto,  no  basta  con  afirmar que se  cometió    un    error   in   iudicando     o    in    procedendo,  pues debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente al contenido del fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual se  revisa  la  legalidad  de  la  sentencia. De ahí que el libelo deba cumplir las  formalidades  estatuidas  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, normativa  que  resulta  aplicable a los procesos tramitados ante la Justicia Penal Militar  por  expresa remisión del respectivo código, principalmente enunciar la causal  y  formular  el  cargo  con  el  cual  se  pretende  la  infirmación del fallo,  señalando  de  manera clara y precisa sus fundamentos y las normas infringidas,  igualmente,   evidenciando   cómo   el   vicio   in  iudicando     o    in  procedendo  conduce  a  resquebrajar  la  providencia  impugnada.   

Ahora bien, sin desconocer la facultad legal  de  la  Corte  para  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma  transgrede   las   garantías   fundamentales   de   las   partes   –art.   216   de   la   Ley   600  de  2000–,  la  impugnación  extraordinaria  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

Por  ende, el recurso de casación no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para debatir aspectos que ya fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso, ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición; por  el  contrario,  dado  el  carácter  extraordinario  y rogado del recurso, está  ligado  a  causales  taxativas que tienen contenidos propios, referidas a vicios  sustanciales o procesales.   

Además, en el desarrollo de cada uno de los  reparos  formulados  se  deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos de lógica y  adecuada  fundamentación,  cuyo desconocimiento conlleva a la inadmisión de la  demanda,  como  lo establece el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

Así,  no  resulta  atinado  limitarse  a  denunciar  la  presencia  del  error  que  se  invoca, sino que al impugnante le  incumbe  demostrar  su  existencia  y  cómo  el  mismo  tiene  la trascendencia  suficiente  para romper la doble presunción de acierto y legalidad que cobija a  la  sentencia  de  segundo  grado  y, por lo mismo, la necesidad de que la Corte  intervenga  como  Tribunal  de Casación en procura de hacer efectivo el derecho  material  y las garantías debidas a quienes intervienen en la actuación penal,  reparar  los  agravios  ocasionados  a  las  partes con la decisión confutada o  unificar la jurisprudencia.   

2.2  Atendiendo a  los  anteriores  parámetros, la Corte anuncia desde ya que el libelo presentado  en  nombre  de  los  acusados  Javier Alexander Maldonado Quintero, Edwar Harvey  Flórez  Vergara,  Jorge  Yair Montejo Hernández y Duvan Enrique López Melo se  inadmitirá,   pues   el   casacionista   incurre  en  graves  desatinos  en  la  postulación  y  desarrollo  del  cargo formulado contra la sentencia de segundo  grado, como a continuación se explica.   

         Manifiesta   el   demandante   que  el  Tribunal  incurrió  en  la  violación  indirecta  de  la  norma sustancial, originada en error de hecho por  falso   juicio  de  identidad  por  tergiversación  de  la  prueba  testimonial  practicada  en  el  proceso,  desatino  que  afirma  condujo  a  que se le diera  credibilidad  al  relato  del  mayor  de  la  Policía  Nacional Henry Alexander  Peralta  Rojas, así como a las anotaciones que éste consignó en la minuta que  llevaba  el  mencionado  en  su condición de oficial de supervisión y aquellas  que  realizó  en  los  libros  de  revista  y de guardia del CAI «Niña  Ceci», lo que a su vez sirvió de  sustento a la condena proferida en contra de sus defendidos.   

         Sin   embargo,   hasta  ahí  llega  la  labor  del  censor  en  la  demostración  del  reparo  al  que  acude,  incumpliendo  con  la exigencias de  lógica  y  debida  fundamentación  que  respecto  del  mismo  tiene fijadas la  jurisprudencia        de        la        Sala7,  puesto  que en vez de citar  los  apartes  de  los  testimonios  que  dice  distorsionados  o tergiversados y  confrontarlos  con  lo  que de ellos consideró el fallador de segundo grado, en  orden  a  evidenciar  que éste los puso a decir algo que no expresan o menos de  lo  que  encierran,  concentra  su  discurso en lanzar críticas personales a la  estimación  probatoria  que  los  juzgadores de instancia hicieron respecto del  testimonio del mayor Henry Alexander Peralta Rojas.   

         En  efecto,  según  el recurrente, el mencionado oficial incurrió  en  múltiples  contradicciones  en  las  diversas  oportunidades  en las que se  refirió  a  los  hechos juzgados, que se presentan entre lo que consignó en el  registro  que  llevaba como oficial de supervisión y en los libros de revista y  de   guardia   del   CAI   «Niña  Ceci»,  y lo que reseñó en el informe del 18 de febrero de 2013, por  cuyo  medio  denunció  el  abandono del puesto que se endilga a los procesados,  las  que  a  su  juicio  dejan  sin credibilidad a su testimonio, contrario a lo  considerado por  los falladores de instancia.   

         Empero,  el  aspecto que se destaca nada tiene que ver con el vicio  de  contemplación  objetiva  que  denuncia el actor, sino con el error de hecho  por  falso raciocinio, que se presenta cuando la prueba legalmente incorporada a  la  actuación  y  apreciada  en  su  exacta  dimensión  material,  es valorada  desconociendo  los  postulados de la sana crítica, valga decir, la reglas de la  experiencia,    los   principios   de   la   lógica   y   las   leyes   de   la  ciencia.   

         Además,  de manera conveniente el libelista guarda silencio frente  a  los  razonamientos del ad quem sobre las supuestas discordancias en el relato  que  hizo  el mayor Peralta Rojas sobre los hechos juzgados, concretamente entre  lo  que  declaró  en el proceso, las anotaciones que realizó en las diferentes  minutas  de  control  y  el  informe  rendido  a  sus  superiores, sobre lo cual  concluyó  que se referían a aspectos intrascendentes como, por ejemplo, acerca  de  si  los  uniformados  acusados  al ser sorprendidos en el CAI «Niña  Ceci» estaban acostados durmiendo  o  no,  cuando  lo  penalmente relevante es que aquellos no se encontraban en su  sitio  de  servicio  o  facción,  valga decir, en el respectivo cuadrante donde  prestaban  turno,  el  cual  habían  abandonado  para  dirigirse  a  la aludida  ubicación.   

         Con  el propósito de evidenciar lo dicho, conviene citar lo que al  respecto expresó el ad quem:   

Sobre  este  punto el señor defensor adujo  diferencia  en  las  anotaciones hechas por el mayor PERALTA ROJAS en dos libros  de  minutas,  y  en  el  reporte  que  hiciera  a la central de radio, lo que no  corresponde a su vez al testimonio rendido por el mismo.   

(…)  

Las  anteriores  citas… son para concluir  que  de  los  relatos  que hace el mayor PERALTA ROJAS en sus exposiciones y con  anterioridad  en  el informe escrito del 18 de febrero de 2013, el oficial narra  que  en  búsqueda  del  policía de turno dio dos vueltas al CAI y se devolvió  llegando  a  la  puerta  de  acceso, para luego acercarse al vidrio o ventana, y  cubriéndose  de  la luz con sus manos, miró hacia adentro logrando ver [a] una  persona  acostada,  como  lo  expresó  en su primera exposición, o unos bultos  sobre  el  piso,  acostados  en el piso, o que simplemente se estaban levantando  del  piso  unas  personas, como lo adujo en el informe inicial, lo que significa  que  tuvo  alguna  percepción  del  interior  del CAI, a pesar de que la luz no  estaba  encendida,  y si bien es cierto [que] en sus relatos no es exacto en una  o  en  otra  exposición,  lo  que  es  relevante  es  el haber visto una o unas  personas  o  bultos  en  el  piso, levantándose, de tal forma que no se observa  ninguna  contradicción  en  las  circunstancias  relevantes  de  su testimonio,  máxime  [que]  cuando  en efecto una vez ingresó al CAI encontró ahí a cinco  personas  y  que  la  luz no estaba encendida… circunstancia también expuesta  por los procesados.   

(…)  

Téngase  en  cuenta  una  vez más, que la  modalidad  de  abandono  del  puesto  por  la que fueron acusados y juzgados los  procesados,   hace  relación  a  la  dejación  de  su  rol  como  patrulla  de  vigilancia,  y en ningún momento por la modalidad de dormirse, de tal forma que  la  verificación  con base del (sic) testimonio del señor mayor PERALTA ROJAS,  es  en el sentido de que dentro de las instalaciones del CAI [Niña Ceci]… [se  dio]  el  sorprendimiento  de…  los uniformados… [quienes] abandon[aron] los  deberes    como    unidades    policiales    integrantes    de    patrulla    de  vigilancia.   

         Es  evidente  entonces,  que en punto de la demostración del falso  juicio  de  identidad  denunciado,  resulta  intrascendente  alegar yerros en la  apreciación  probatoria  y,  por  el  contrario,  esa entremezcla de argumentos  constituye  un  desatino  que  además  de  desconocer  el principio de crítica  vinculante  que  gobierna  el  recurso de casación, según el cual es carga del  impugnante  observar  los  requisitos  de  forma  y  contenido de cada reproche,  también  quebranta  los  postulados de autonomía y coherencia que debe cumplir  el  libelo,  los  cuales imponen la postulación independiente de cada censura y  que  entre  el  motivo  casacional  escogido  y  las premisas en que se sustenta  exista una relación lógica.    

         Similar  equivocación se advierte en punto de la distorsión en la  que,  según  el  casacionista, incurrió el ad quem al apreciar los testimonios  del  intendente  Alex  German  Ulloa  Atencia  y  del patrullero Byron Francisco  Velasco   Ávila,  pues  en  últimas  su  inconformidad  se  reduce  a  que  la  explicación  que  éstos  dieron  sobre  la presencia de los acusados en el CAI  «Niña   Ceci»,  valga  decir,  diligenciar  unos  formatos  relacionado  con  el seguro de vida, no fue  atendida   por   el  juez  colegiado  como  consecuencia  de  un  «análisis  de  las  pruebas  en  forma caprichosa, sin dar un valor  probatorio a cada una de ellas».   

         Un   discurso  de  ese  jaez,  propio  de  las  instancias,  emerge  refractario  al  recurso de casación, por cuanto la construcción argumentativa  del  demandante  no acata las exigencias dialécticas de la censura que postula,  con  lo cual resigna demostrar la supuesta tergiversación de los testimonios en  cita,  pero  tampoco  acredita que en la labor de valoración de tales medios de  convicción  el  juzgador de segundo grado desconoció los postulados de la sana  crítica,  que  ni  siquiera  se  ocupa  de  enunciar,  limitándose a oponer su  criterio  sobre  la  apreciación  probatoria,  frente  al del fallador, lo cual  resulta  inane  en  sede  extraordinaria  para  quebrar  la doble presunción de  legalidad   y   acierto   que   cobija   a  la  sentencia  opugnada.     

         

         Y  aun cuando, en gracia de discusión, se admitiera que la demanda  evidencia  el error de hecho por falso juicio de identidad que se le atribuye al  Tribunal  en la apreciación probatoria, ello tampoco sería suficiente para que  en  este caso la Corte admitiera el cargo en orden a examinarlo de fondo, puesto  que  el  censor  omite indicar cómo ese dislate trascendió el fallo impugnado,  lo  que  le  imponía  realizar  un  análisis  de  la  totalidad  de la prueba,  incluyendo  aquella  supuestamente  distorsionada,  con el propósito de mostrar  que  de  no  haberse  incurrido  en  el yerro alegado, la sentencia habría sido  favorable  a los intereses de sus representados; nada de lo cual se cumple en el  libelo,  pues allí solo se afirma que la conducta de los procesados es atípica  frente  al  delito  de abandono del puesto, pero tampoco se expone el sustento de tal aserto.   

         En  síntesis,  las  protuberantes  falencias de lógica y adecuada  fundamentación  advertidas  en  la  demanda  presentada  por el defensor de los  acusados  Javier  Alexander  Maldonado  Quintero,  Edwar Harvey Flórez Vergara,  Jorge  Yair  Montejo  Hernández  y  Duvan  Enrique  López  Melo, conducen a su  inadmisión.   

         3.  Resta  señalar  que  no se vislumbra  vulneración  de  garantías  que  imponga  superar  los  defectos de la demanda  presentada  a nombre de los procesados, en orden a intervenir oficiosamente para  asegurar  su  protección,  conforme lo prevé el artículo 216 de la Ley 600 de  2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de Javier Alexander Maldonado  Quintero,  Edwar  Harvey  Flórez Vergara, Jorge Yair Montejo Hernández y Duvan  Enrique López Melo.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Notifíquese  y  cúmplase  y devuélvase el proceso al Tribunal de  origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  21 C.O. 1.   

2  Folios 147 y ss C.O. 1.   

3  Folios 418 y ss C.O. 3.   

4 Folio  465 ídem.   

5 CSJ  AP,  23  mar. 2010, rad. 32792; CSJ AP, 23 feb. 2011, rad. 35792; CSJ AP, 2 may.  2011,   rad.   35807;   CSJ   AP,   30   abr.  2013,  rad.  37785;  CSJ  AP,  11  dic.  2013,  rad.  42106 y CSJ AP, 28 may. 2014, rad.  42871; entre otros.   

6 CSJ  AP,  18  abr.  2007,  rad.  26916  y  CSJ  AP,  27  feb. 2012, rad. 38100; entre  otros.    

7 CSJ  AP,  17  jun.  2015,  rad.  45937; CSJ AP, 27 feb. 2013, rad. 40469 y CSJ AP, 17  oct. 2012, rad. 36187; entre otros.     

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