AP881-2015(41116)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP  – 881-2015   

Radicación 41116  

(Aprobado Acta No. 77)  

Bogotá D.C., febrero veinticinco (25) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Sala si admite o no la demanda de casación presentada  por el defensor del procesado ANÍBAL GÓMEZ GUZMÁN.   

ANTECEDENTES:  

          1.  Los  hechos sucedieron hacia las 11:30  de  la  mañana  del 25 de enero de 2012 en el municipio de El Bordo (Cauca). La  madre  de  D.A.N.V.,  quien  cumpliría 15 años en el mes de mayo siguiente, le  pidió  hacer  una  compra  en  la plaza de mercado del lugar. Allí el menor se  encontró  con  ANÍBAL  GÓMEZ  GUZMÁN, lustrabotas de 37 años de edad. Este,  valiéndose  de engaños, condujo al adolescente hasta su residencia, ubicada en  el  Barrio  Popular  de la población, donde lo sometió mediante violencia y lo  accedió  carnalmente  vía  anal.  El menor consiguió huir en desarrollo de la  agresión  y  su  victimario  lo amenazó con matarlo si contaba. D.A.N.V. no le  hizo  caso.  Llegó  a  su  casa  llorando,  narró  a  su familia lo sucedido e  inmediatamente denunciaron lo sucedido.   

          2.  El 28 de febrero de 2012 se surtió la  diligencia  de  legalización  de  la  captura  de  ANÍBAL GÓMEZ GUZMÁN. Acto  seguido  la  Fiscalía  le  imputó  el  cargo  de  acceso  carnal  violento y a  solicitud  de  la  misma entidad se profirió en su contra detención preventiva  carcelaria. El procesado no se allanó a cargos.   

          3.  Tras  la  formulación de acusación y  las  audiencias  preparatoria y de juzgamiento, el Juzgado Penal del Circuito de  Patía  – El Bordo, mediante sentencia del 25 de septiembre de 2012, condenó al  sindicado  a  12 años y 8 meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término. No le concedió la  condena de ejecución condicional ni la prisión domiciliaria.   

         4.  El defensor apeló ese pronunciamiento  y  el Tribunal Superior de Popayán, por intermedio de la sentencia recurrida en  casación,   expedida   el   7   de   febrero   de  2013,  lo  confirmó  en  su  integridad.   

LA DEMANDA:  

Cargo único. Violación indirecta de la ley  sustancial originada en errores de hecho.   

         Se  refirió  el  defensor,  en  primer  lugar,  al  falso juicio de  identidad  en  el  que  habrían  incurrido  los  juzgadores  al  apreciar sólo  parcialmente  el examen médico legal practicado a la víctima a las 15:50 horas  del día de los hechos.   

          En  la sentencia impugnada, según el censor, se dejó de considerar  que    de    conformidad   con   el   reconocimiento   médico   “no   hubo   desgarros,  ni  sangrados,  ni  secreciones”,  lo  cual  hace  deducir,  contrariamente  a como se hizo en el  fallo,   que   ANÍBAL   GÓMEZ   GUZMÁN   no   accedió   carnalmente   a   la  víctima.   

          A   causa   del  cercenamiento  probatorio  advertido,  además,  el  juzgador   tergiversó   el   contenido   del  medio  de  prueba  al  considerar  “huellas  de  violencia”  las  escoriaciones  encontradas  en  el  menor,  cuando las mismas podían tener  orígenes distintos a la violencia sexual.   

          Se  dejó  de lado, adicionalmente, que el dictamen no aludió a las  huellas  físicas  que  debieron  quedar  tras  el  sometimiento a la fuerza del  menor.  Por  ejemplo,  en sus brazos, piernas y glúteos. El examen sólo habló  de  las escoriaciones, del “ano atónico”  y  del  estrés  que  presentaba  la  víctima. Y esto traduce, a  juicio  del casacionista, “que se cercenó la prueba  que debe ser íntegra”.    

          El  Tribunal,  en  segundo  lugar,  incurrió en falso raciocinio al  expresar   que   a   las   declaraciones   de  los  niños  o  menores  de  edad  “debe   otorgarse  total  credibilidad”  y citar como fundamento de la afirmación una jurisprudencia de  la  Corte  en  la  que  se  sostiene  que  puede resultar fácil “desviar  a un niño de 4 años en los detalles como el color de los  zapatos  u  ojos  de  alguien”,  pero  muy  difícil  hacerlo   “acerca   de   los  hechos  que  le  son  personalmente     significativos     tales    como    si    fue    golpeado    o  desvestido”.   

         

          Ese  argumento  vulnera “el principio de  la    lógica”    al   confundir   “la  forma  de  pensar  y  actuar  de  un  infante de 4 años con un  adolescente  de  14  años y 8 meses que era la edad”  de  D.A.N.V.  Y también quebranta los principios de la ciencia, por no tener en  cuenta  los aportes de la sicología en materia de testimonios de menores. Así,  entonces,  se  produjo  el  error  de  hecho  denunciado al creer el juzgador la  declaración  de  la  “presunta víctima”,  sin  atender  la  sana  crítica,  cuyos  postulados  rigen la  valoración  de  las declaraciones de los infantes, que además deben apreciarse  de  conjunto  con  los  demás  medios  de  prueba,  según  lo  ha sostenido la  jurisprudencia.   

          Para  el  demandante, en atención al criterio precedente, no podía  creerse  el  relato  del  menor.  A su juicio, contrario al del Tribunal, no fue  claro  ni  coherente.  Y  sí ilógico “ya que no es  posible  físicamente que una persona que normalmente la naturaleza la ha dotado  de  dos  extremidades  superiores  destinadas a coger, pueda en un mismo momento  taparle  la  boca,  cogerle  los  brazos  hacia  atrás, amarrarlos, bajarle los  pantalones  y  tirarlo  a  la cama y lo más curioso es que el menor no sabe con  qué  fue  que  lo amarró las manos, o sea si la cuerda era de cabuya, alambre,  plástico  o tela, todo esto es inverosímil por su falta de lógica común y de  lógica jurídica”.   

          El     “sentido    común”,  para el casacionista, señala “que  es  un  imposible  físico” la realización de todos  esos   actos  en  un  mismo  instante,  sin  que  queden,  además,  huellas  de  violencia.     Es    “increíble”  también  el pasaje del relato relacionado con la penetración.  Se  trata,  en  general,  de  un testimonio “oscuro,  confuso     e     incoherente”.    “Nada    de    lógico    tiene    que    el    menor   actúe   sin  defenderse”  de  la  fuerza empleada “por  el  presunto  agresor”, siendo que  contó  con  la  oportunidad de propinarle patadas, morderlo, de gritar para ser  socorrido por los vecinos.   

          En  error  de  hecho  por  falso  raciocinio incurrió igualmente el  ad  quem,  al afirmar que no  existe  ninguna  circunstancia  que  permita inferir animadversión anterior del  menor,    determinante    de    una    denuncia    falsa.   Es   “ilógica”      esa      reflexión  “porque  no  tiene  hechos demostrados y verdaderos  para  concluir  de  que  el  dicho  del  menor es cierto porque no existe ánimo  malintencionado   del  menor  o  animadversión  para  interponer  una  denuncia  falsa”.  Se trató, en realidad, de una “elucubración”.  Pudo  pasar  que en  verdad  no  había  enemistad pero que el menor, “al  pensar  que  lo  habían  descubierto en alguna actividad inmoral o pecaminosa o  anormal  inventó  ese  cuento para poder justificar el haberse encontrado en la  casa  de  ANÍBAL  GÓMEZ GUZMÁN”.    

         Le  solicitó  el  defensor  a la Corte, por último, casar el fallo  impugnado y, en su lugar, absolver a su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          1.  Para la Sala es claro que no hay lugar  a  la admisión de la demanda. Simplemente porque el censor no acreditó ninguno  de  los  errores  de hecho denunciados, determinantes a su juicio de la indebida  aplicación del artículo 205 del Código Penal.    

          2.  El  testimonio  del  menor, en el cual  expresó  que  el  acusado  lo  accedió  carnalmente vía anal, fue considerado  claro,  coherente,  sólido  y  creíble  por  el  ad  quem.   Sin  evidencia  que  conduzca  a  pensar  que  denunció  falsamente  el hecho, explicó satisfactoriamente cómo se produjo el  encuentro  con  el agresor, la razón para acompañarlo a su casa y los detalles  del abuso sexual.   

          A  continuación  el Tribunal citó una decisión de la Corte del 26  de  enero  de  2006,  según  la  cual  los  dichos  de  los  menores  adquieren  “gran   credibilidad”  cuando      son      víctimas      de      abusos     sexuales     —debido  a  la naturaleza del acto y al  impacto   que  genera  en  su  memoria—,   aclarando   la   corporación   judicial   que   “no  se  trata  de  tener como verdad indiscutible lo narrado por el  menor”  sino que a la misma se llega “como  resultado  del  análisis  tanto intrínseco como extrínseco  (comparado    con    las   restantes   probanzas)   del   testimonio”.   

          Las  demás  pruebas, para el juzgador, confirmaron la versión rica  en  detalles  de  la  víctima. Su progenitora y su hermano menor recordaron que  llegó  llorando  a  casa  aquel  25  de enero de 2012, cuando almorzaban, y les  contó  de  la  agresión  sexual  que  le  había  causado  GÓMEZ  GUZMÁN. La  descripción  que  D.A.N.V.  le  suministró a las autoridades momentos después  permitió   fácilmente   la  individualización  del  agresor,  conforme  a  la  declaración  de  Jorge  Arlex  Aguirre  Blandón,  el  policía  receptor de la  denuncia.   

          El  médico que examinó al adolescente, de otra parte, declaró que  el  menor,  quien  se  encontraba  “muy angustiado,  bastante  estresado”  (la  psicóloga del CTI que lo  atendió      expresó     que     “el     tinte  emocional”  de  su  narración  fue el propio de las  víctimas  de  atentados  sexuales), le contó del ataque sexual. Y en relación  con   los   hallazgos   físicos,   señaló   que   presentaba  “ano    atónico”   o   “laxo”            —en  condiciones  normales  debía  ser  “hipertónico”    o  “cerrado”—,    con    forma    “ovalada”          —debía     ser     “circular”—  y  “con  pequeñas  escoriaciones”,  todo ello compatible con  la  posibilidad  de  “maniobras  abusivas  a  nivel  anal”.   

          La   segunda   instancia,   finalmente,   sin   dejar   de  lado  la  manifestación  del  legista  relativa a la imposibilidad de afirmar con certeza  absoluta  “que  hubo penetración del miembro viril  del  procesado  por  el ano del menor”, concluyó con  fundamento  en  todas  las circunstancias del caso que el acceso carnal violento  ocurrió.  Y  lo  hizo  a pesar de que el profesional de la medicina indicó que  las   escoriaciones   pudieron  ser  causadas  “por  alergia    o    parásitos”,    argumentando   que  “cuando  un  menor  dice  haber  sufrido  un acceso  carnal  (penetración)  y su cuerpo evidencia las huellas de esa afirmación, el  Estado   debe   creerle   y  prodigarle  la  protección  que  busca”.  Lo  último  porque,  como  lo  dijo la Corte, “puede  ser  relativamente  fácil  desviar a un niño de 4 años en  los  detalles como el color de los zapatos u ojos de alguien, pero es mucho más  difícil  desviar  al  mismo niño acerca de los hechos que le son personalmente  significativos   tales   como   si   fue   golpeado   o   desvestido”.   

          3.  Resulta notable, conforme a la anterior  síntesis  del fallo recurrido en casación por la defensa, que no es cierto que  en      la      apreciación      del      dictamen     médico     —respecto  del cual las partes tuvieron  la   posibilidad   de   interrogar   en   el   juicio   al  profesional  que  lo  practicó—,   se   haya  incurrido  en  el  error de hecho por contemplación parcial del medio de prueba  denunciado por el censor.   

          El   juzgador,   eso   es   evidente,  dedujo  sus  conclusiones  de  “los hallazgos” médicos  y  eso  no  traduce  que  haya  omitido  la  conclusión  experta relativa a que  “no    hubo    desgarros,    ni   sangrados,   ni  secreciones”.   Simplemente,  con  sustento  en  el  aspecto     del     ano    (“atónico”      y      “ovalado”)  y en el testimonio de la víctima del abuso sexual, respaldado  en  otros  medios  de prueba, concluyó que las escoriaciones encontradas por el  legista  (las cuales son sólo perdida de piel y no producen sangrado ni lesión  muscular, aclara la Corte) provenían del acceso carnal violento.   

          Está  fuera de lugar, de otra parte, vincular el error de hecho por  falso    juicio    de    identidad   —derivado  de  omisión  parcial del contenido probatorio— a expresiones que no están presentes  en  el  medio  de  convicción.  Se equivocó el censor, entonces, al asociar un  yerro  de  esa  naturaleza  a  circunstancias  no  registradas  en  el dictamen,  relacionadas  con posibles huellas de violencia en otras partes del cuerpo de la  víctima.   

         4.    Los   dos   errores  de  hecho  restantes   formulados   en   la   censura,   se   recuerda,  fueron  por  falso  raciocinio.   

          En  los  sistemas de procedimiento penal vigentes (Ley 600 de 2000 y  Ley  906  de  2004), como lo ha señalado la Sala (CSJ  AP,  21  Ene  2015,  Rad.  079-20125),  las instancias  cuentan  con  soberanía en el examen de las pruebas, sólo limitada por la sana  crítica.  Eso  significa  que  en  casación,  que  no es tercera instancia del  proceso  sino  un escenario dispuesto para debatir la legalidad de la sentencia,  las  deducciones  probatorias  del juzgador sólo son susceptibles de discusión  ante   la   Corte   —en  desarrollo  del  recurso extraordinario—  si  el  demandante acredita que desconocen las leyes científicas,  los principios de la lógica o las reglas de la experiencia.   

          Es  carga  del  sujeto  procesal proponente de un error de hecho por  falso  raciocinio,  entonces,  precisarle  al Tribunal de Casación cuál fue el  juicio  incorrecto  del  fallador, por qué vulnera la sana crítica y acreditar  que  sin la equivocación denunciada otro habría sido el pronunciamiento de las  instancias.   

            En el presente caso el defensor no consiguió demostrar que algún  razonamiento  del  juzgador  sea  contrario  a  una  regla  de experiencia, a un  principio de lógica o a una ley de la ciencia.   

          No  es  cierto,  en  primer  lugar, que el Tribunal haya suscrito la  tesis  de  que  al  menor de edad siempre se le debe creer cuando es víctima de  delitos  sexuales.  Manifestó, por el contrario, con apoyo en jurisprudencia de  la     Sala     —aún  vigente—,     que  “no  se  trata” de tener  su  narración  como  verdad  indiscutible,  sino  que  a ésta se llega tras el  análisis  intrínseco  del testimonio —naturalmente  en  concordancia  con  los criterios fijados en la ley  para  su  apreciación,  entre  los  cuales  están  los  postulados  de la sana  crítica—  y  de conjunto  con los demás medios de prueba.   

          Carece  de  trascendencia,  en  segundo  lugar,  que el ad  quem, tras creer la versión del menor  después  del  riguroso  análisis  a  que  sometió  su  exposición,  el  cual  comprendió  las  demás  pruebas  allegadas  en  el  juicio,  hubiese traído a  colación  una jurisprudencia de la Sala en la que se aludió a la facilidad con  que  se puede “desviar” a  un  niño de 4 años en relación con detalles “como  el  color  de  los  zapatos  u  ojos de alguien” y la  dificultad  de  hacerlo  respecto de “los hechos que  le   son   personalmente   significativos   tales   como   si   fue  golpeado  o  desvestido”.    Claramente    no    demostró   el  casacionista,  de  cara  al  peso de ese criterio jurisprudencial en la condena,  por  qué el hecho de que el aquí agredido no tuviera esa edad cuando el abuso,  sino  un  poco menos de 15 años, configura el supuesto de una irregularidad del  juzgador  con capacidad de modificar el sentido de la sentencia. Y la verdad que  a la Sala no se le ocurre ninguno.   

          Todas  las  referencias  a  vulneraciones de la sana crítica que se  hacen  recaer  en  el  reproche  en  la apreciación del testimonio de D.A.N.V.,  asociadas    por    el    defensor   al   desconocimiento   de   “principios”  de  la  lógica  y  de  la  ciencia   (nunca  especificados),  o  del  “sentido  común”,  le  sirvieron  de  pretexto al profesional  para  decir  los  alcances que en su opinión debían darse al medio de prueba y  oponerlos  a  los  otorgados  por  el juzgador, que valga resaltarlo se perciben  serios y razonables.   

          Llegó  al  extremo  el  demandante  de  considerar  “elucubración”   la   conclusión  del  Tribunal  relativa  a la no existencia de una circunstancia que llevara a pensar  en  la  posibilidad  de una denuncia falsa de la víctima, motivada en enemistad  anterior,  y  a sugerir la posibilidad —esa  sí fruto de su imaginación pues nada en la actuación la hace  vislumbrar—  de  que  el  menor  se  hubiera  inventado  los  hechos  al pensar que lo habían descubierto  “en   alguna  actividad  inmoral  o  pecaminosa  o  anormal”.   

         Sumamente  sensato  inferir  de  la falta de prueba de algún motivo  para  mentir  por  parte  de  la  víctima,  la  confiabilidad de su testimonio,  además  respaldado  en  el  dictamen médico y en la totalidad de declaraciones  allegadas en el juicio.     

          5.  No hay lugar, en fin, a la admisión de  la  demanda.  Tampoco procede superar sus defectos para hacer uso de la facultad  oficiosa  contemplada  en  el  inciso  3º  del  artículo  184  del  Código de  Procedimiento Penal de 2004.   

Cabe   advertir  que  contra  la  presente  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  la  norma  acabada  de  mencionar  y con las reglas definidas por la Sala de  manera pacífica en pronunciamientos anteriores.   

         

          En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado ANÍBAL GÓMEZ  GUZMÁN.   

        Contra  esta  determinación procede el mecanismo de insistencia, en  los   términos   definidos   pacíficamente   por   la   jurisprudencia  de  la  Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

         

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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