AP7750-2014(44883)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

AP7750-2014  

Radicación N° 44.883  

(Aprobado Acta Nº428)  

Bogotá  D.C.,  diez (10) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor de CARLOS ANDRÉS GARCÍA  RAMÍREZ,  contra  la  sentencia  del 26 de junio de 2014, proferida por la Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales.   

I. HECHOS  

Entre  septiembre  y  octubre  de  2011,  el  dragoneante  CARLOS ANDRÉS GARCÍA RAMÍREZ, guardia de la cárcel La Blanca de  Manizales,  se  percató  de  que  los  reclusos  Juan  David Pérez Martínez y  Norberto  Ospina Osorio mantenían relaciones sexuales en la celda Nº 21. A fin  de  abstenerse  de  reportar  lo sucedido y cambiarlos de patio, el servidor del  INPEC,  por  intermedio  del  interno  Carlos  Corredor,  le exigió a aquéllos  $100.000. Juan David Pérez le pagó al dragoneante $80.000.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

Por los referidos hechos, en audiencia del 12  de  junio  de  2013,  ante  el  Juzgado  4º Penal del Circuito de Manizales, la  Fiscalía  acusó  a  CARLOS  ANDRÉS  GARCÍA RAMÍREZ como autor del delito de  concusión (art. 404 CP).   

El acusado optó por ejercer su derecho a ser  juzgado   públicamente.   Concluido  el  debate  y  emitido  sentido  de  fallo  condenatorio,  el juzgado dictó la sentencia el 14 de febrero de 2014. Habiendo  establecido  la  responsabilidad penal de aquél por el cargo arriba mencionado,  lo  condenó  a  100 meses de prisión. De otro lado, negó tanto la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena como la sustitución de la prisión  carcelaria por domiciliaria.   

El defensor interpuso el recurso de apelación  contra  el fallo de primer grado. En su criterio, la jueza efectuó una indebida  valoración  probatoria.  Por consiguiente, estimando incumplido el estándar de  convicción  previsto  en  el  art.  381  de  la  Ley  906/04 (CPP), demandó la  revocatoria  de  la  sentencia  y  la  consecuente  absolución  del  procesado.   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Manizales  confirmó en su integridad la decisión. A su  modo  de  ver,  los  testimonios  de  cargo,  contrario  a  lo  sostenido por el  apelante,  no se ofrecen contradictorios. Así, por considerar que la hipótesis  delictiva   se  acreditó  con  suficiencia,  desestimó  la  aplicabilidad  del  principio     in    dubio    pro    reo.   

Dentro  de  los términos de ley, el defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la respectiva  demanda, lo que motiva el conocimiento del proceso por la Corte.   

III. DEMANDA  

El  censor  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia.  A  título principal, denuncia la violación  indirecta   de   la   ley,  por  error  de  hecho  consistente  en  falsa  apreciación probatoria. De manera  subsidiaria    acusa    el    fallo   de   haber   incurrido   en   falta   de   aplicación,   aplicación   indebida   e  interpretación  errónea  del art. 32 de  la Ley 1142/07.   

La  esencia del cargo principal radica en que  los   testimonios   de   las   víctimas   no   fueron  sometidos  a  la  debida  “ponderación   probatoria”.   Dichas   pruebas,   precisa,  son  ilógicas,  incoherentes,  disímiles,  faltas  de  claridad e imprecisas, al tiempo que los  testigos  se  mostraron  inseguros.  Desde su perspectiva, dichas circunstancias  constituyen  indebida  valoración,  falsa  motivación  y falso raciocinio. Las  declaraciones,  resalta,  son  inverosímiles  por  desconocer  las reglas de la  ciencia, la lógica y la experiencia.   

De  otro lado, sostiene, se omitió un examen  integral  de  los demás elementos probatorios y se “desecharon” las pruebas  de   descargo.  La  responsabilidad  penal  del  acusado,  dice,  se  determinó  exclusivamente  con  los  testimonios de Juan David Martínez y Norberto Ospina:  la  Fiscalía  no  convocó  al  “testigo estrella” Carlos Alberto Corredor,  supuesto  intermediario  de  la  exigencia  dineraria,  mientras  los  jueces de  instancia  desconocieron  que,  según  el declarante Jorge Eliécer Arias, Juan  David  Martínez  se caracterizaba por presentar quejas infundadas. Las pruebas,  dice,  se examinaron aisladamente, sin que se hubiera detectado que constituían  un complot para perjudicar injustamente al procesado.   

Bajo  tales  premisas, estima incumplidos los  requisitos  previstos  en  los  arts. 7 y 381 del CPP. Tal actividad probatoria,  enfatiza,  “no  colma  las  expectativas de la defensa”, es confusa y genera  dudas.   Así,   concluye,  lo  procedente  es  una  sentencia  absolutoria,  en  aplicación   de   la   máxima  in  dubio  pro  reo.   

La censura subsidiaria estriba en la supuesta  “aplicación  analógica”  del  art.  32  de  la Ley 1142/07, para negar los  mecanismos  sustitutivos  de la pena privativa de la libertad. En soporte de tal  aserto  aduce  que,  según  la  sentencia  C-425/08,   las rebajas de pena  consagradas  en  los  arts.  356  y  367  del  CPP  no corresponden a beneficios  prohibidos  por  la  referida  norma. Por otra parte, destaca, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Manizales se “extralimitó” al confirmar la sentencia  de  primera  instancia, sin estar demostrada plenamente la hipótesis delictiva.   

En  tal  virtud,  solicita  que se conceda al  sentenciado  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena o la  prisión domiciliaria.   

  IV.  CONSIDERACIONES   

4.1             Acorde con el art. 183 del CPP, además  de  la  oportuna  interposición  del  recurso,  la  admisión  de la demanda de  casación  supone  su debida presentación. El censor está obligado a consignar  de  manera  precisa y concisa tanto las causales invocadas como sus fundamentos.  Ello  implica acreditar la afectación de derechos fundamentales y justificar la  necesidad  del fallo de casación de cara al cumplimiento de alguno de sus fines  (efectividad   del   derecho   material,   respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los agravios inferidos a éstos y unificación  de la jurisprudencia).   

   

Tal  propósito  no  se consigue de cualquier  manera.  A voces del art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el libelo cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda  de  señalar  la  causal o no  desarrolle                adecuadamente         los  cargos.  Tampoco, si se advierte la irrelevancia del fallo para  cumplir los propósitos del recurso.   

La  naturaleza  extraordinaria del recurso de  casación  está  enraizada en la presunción de acierto y legalidad inherente a  los  fallos  de  instancia.  A partir de tal presunción, se asigna al censor la  carga  de acreditar que con  la sentencia se causó un agravio, apoyándose  para  ello  en  las causales taxativamente consagradas en la ley, conforme a los  principios de lógica y debida sustentación.   

La   adecuada  sustentación  implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente, a fin de que el alcance de la impugnación se  evidencie  nítido.  Ello  es  presupuesto para que la Corte pueda dar respuesta  adecuada a los reproches planteados.   

La casación, entonces, no es un mecanismo de  libre  configuración,  pensado  para  prolongar  el debate fáctico o jurídico  culminado  en las instancias ni para insistir en la discusión de todos aquellos  aspectos   que   fueron   objeto   de  controversia,  con  miras  a  obtener  un  pronunciamiento     distinto     y     favorable    a    los    intereses    del  impugnante.   

De otro lado, en conexión con la exigencia de  acreditación  de  la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad   sustancial   de  la  demanda  significa  que sus cargos no sólo han de estar debidamente sustentados desde la  perspectiva     formal.     Los     reproches     deben     ser     fundados,  esto  es,  tener  aptitud  para  propiciar  la  infirmación  total  o  parcial de la  sentencia  o para suscitar una postura jurisprudencial  unificada   alrededor   del  tema  debatido,  en  cuanto  logren  evidenciar  la  violación de una norma sustancial o una garantía procesal.   

Si  la  demanda  incumple  con las exigencias  formales  mínimas  que la normatividad y la teoría de la casación exigen para  estudiarla  de  fondo, o porque, ab initio,  se  establece  su  falta  total  de  idoneidad para lograr el fin  propuesto,  la  decisión debe ser la inadmisión, en aras de la realización de  los principios de economía procesal y eficacia de la justicia.   

4.2                    A  voces  del  art.  181-3  del  CPP,  el  recurso extraordinario de  casación,  entendido  como  control  constitucional  y legal, procede cuando se  afecten  garantías  fundamentales  por  el  manifiesto  desconocimiento  de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la sentencia de segunda instancia.   

Los   errores  de  hecho  en  la  actividad  probatoria  implican  el desconocimiento de una situación fáctica, producto de  la  incursión  en  falsos  juicios  de  existencia,  identidad  o  falso raciocinio.   

Esta última modalidad, que fue la alegada por  el  censor,  surge  cuando  al  valorar  el  mérito  de  la  prueba  o realizar  inferencias  de  carácter  probatorio  el  juez  desconoce los principios de la  lógica,  las  máximas  de  la  experiencia  o los postulados de la ciencia que  deben  gobernar,  en  cada caso, el discurso argumentativo para que sea formal y  materialmente correcto.   

Bajo   tal   comprensión,  quien  pretenda  acreditar  su  configuración  ha  de señalar la prueba o inferencia en la cual  recayó  el  error. Posteriormente debe identificar el  principio  lógico,  la máxima de experiencia o el postulado científico que el  juzgador   desconoció  en  el  proceso  de  valoración  probatoria,  con  indicación clara y precisa de las razones por las cuales su  aplicación   resultaba   necesaria   para  la  corrección  de  la  conclusión  cuestionada en el caso concreto.   

Sobre  las aludidas exigencias tiene dicho la  Sala1:   

[El  falso raciocinio] tiene configuración  siempre  que la transgresión de las reglas de la sana crítica sea ostensible   y   manifiesta,  de  manera  tal que para reemplazar la  sentencia   sea   necesario  “comprobar  que  el  juez  abandonó  la  razón,  convirtió  su  arbitrio en escueta liberalidad, se alejó del diario discurrir,  de  la  lógica o de las directrices que, aun cuando eventualmente relativas, ha  signado   una  ciencia  o  una  disciplina.  Y,  a  renglón  seguido,  es   imprescindible  señalar  con  pruebas  cuál  ha  debido  ser  la  ‘razón      aplicable’,   la  lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia  a  las  que  se ha debido acudir en el caso concreto”2.   

Por tanto, no hay  lugar   a   predicar   falso  raciocinio  cuando  simplemente  se  presenta  una  apreciación  probatoria  que  no se comparte. La simple disparidad de criterios  en   ese   aspecto,   por   consiguiente,  no  habilita  acudir  al  recurso  de  casación.  Para  ello, es necesario demostrar que en  la  sentencia  se  desconocieron  ostensiblemente  los  parámetros  de  la sana  crítica3.   

En  la misma dirección, mediante auto del 16  de  junio de 2010 (rad. 33.697), la Sala puntualizó que la simple oposición de  apreciaciones  subjetivas contra los razonamientos probatorios efectuados por el  juez  o  la  postulación  de  críticas a la actividad valorativa, formuladas  con  la amplitud propia del ejercicio de contradicción  de   las   instancias   y   sin  el  debido  planteamiento  técnico, conduce a la inadmisión del recurso de casación.   

En  esto  último  consiste  la censura aquí  propuesta.  La  demanda  no  es  más que un mero alegato de instancia, del todo  inepto  para provocar un análisis de fondo en sede extraordinaria de casación.   

Efectivamente,       pretextando      una     falsa   apreciación  de  la  prueba,  el  demandante   se   limita   a   descalificar  las  bases  probatorias  del  fallo  condenatorio,   apelando  a  simples  apreciaciones  subjetivas,  soportadas  en  argumentaciones   carentes  de  solidez.  Las  refutaciones  planteadas  por  el  demandante  de  ninguna  manera  señalan  cual  principio  lógico,  máxima de  experiencia   o   postulado  científico  desconoció  el  Tribunal  al  otorgar  credibilidad  a los testimonios de Juan David Pérez Martínez y Norberto Ospina  Osorio.  En  suma,  el  libelista  convoca a la Corporación a efectuar un nuevo  análisis  de  los medios de conocimiento, determinada por su particular visión  de  los  hechos, haciendo abstracción del escrutinio probatorio y la estructura  argumentativa plasmados en las sentencias de instancia.   

Salta a la vista, entonces, que los reproches  por    falso    raciocinio    no   fueron   desarrollados   adecuadamente,   desatendiéndose  así  la  exigencia de debida fundamentación. Tan evidente es  el  incumplimiento  de los estándares mínimos de admisión que, contrastada la  demanda  con  el  memorial  de  sustentación  del recurso de apelación ante el  Tribunal,  aquélla  no  es más que una transcripción literal de lo alegado en  segunda                   instancia4.    

Adicionalmente,  al  atribuir  al Tribunal la  omisión  de  un examen integral de “los demás elementos probatorios” y una  “valoración  aislada  de  la  prueba”,  el  censor  desborda  los  linderos  argumentativos   del  falso  raciocinio.  Así,  vulnerando  los  principios  de  coherencia  y  no  contradicción,  acude  a  la  lógica  del  falso  juicio de  existencia,  lo  que  también  implica  el  incumplimiento de las exigencias de  claridad y precisión.   

En conclusión, ante el incumplimiento de las  exigencias de debida sustentación, el cargo debe inadmitirse.   

4.3             El  art.  181-1  del  CPP  estatuye  la  modalidad     de     infracción     directa     o  inmediata.  Ello  supone que el error denunciado ha de  contraerse  a  una  mera  oposición  entre la sentencia y la ley, sin que tenga  cabida  la  intermediación  de  aspectos probatorios, con base en los cuales el  juez fija la premisa fáctica del silogismo jurídico.   

Por  consiguiente,  al  escoger  esta vía de  impugnación,   el   recurrente  acepta  tanto  la  corrección  de  los  hechos  planteados  en  la  sentencia  como el correspondiente escrutinio probatorio. Al  respecto,  mediante  auto  del 25 de abril de 2007 (rad. 26.928), puntualizó la  Sala:   

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe  que cuando el censor elige […] la violación directa de la ley, se halla  en  el deber de aceptar los hechos, las pruebas y la valoración que de ellas se  hizo  en  las  instancias, y en tales circunstancias, no le es factible discutir  cuestiones  de  facto,  toda  vez  que  la  impugnación  es  de  estricto orden  jurídico   y  recae  sobre  la  ley  sustancial  por  una     de  estas  razones:  falta  de  aplicación  o exclusión evidente,  aplicación indebida o interpretación errónea.   

En  la  misma decisión, la Corte describió  las  particularidades  de  las  mencionadas  eventualidades  de  error,  en  los  siguientes términos:   

Dentro  de  esa división tripartita de los  sentidos  de  la  violación  directa,  la  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente  se  presenta,  por  regla  general,  cuando el juez yerra acerca de la  existencia  de  la  norma  y  por  eso  no  la aplica al caso específico que la  reclama.  Ignora  o desconoce la ley que regula la materia y por eso no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

Por su parte, en la aplicación indebida, el  juez  desatina  en la selección de la norma. El error se manifiesta en la falsa  adecuación  de  los  hechos probados a los supuestos que contempla el precepto,  ya  que  los  sucesos  procesalmente reconocidos no coinciden con las hipótesis  condicionantes del mismo.   

Finalmente, en la interpretación errónea,  el  juez  selecciona  bien  y  adecuadamente la norma que corresponde al caso en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al interpretarla le atribuye un  sentido  jurídico  que  no tiene, asignándole efectos distintos o contrarios a  los que le corresponden, o que no causa.   

A   la   luz  de  las  anteriores  premisas  jurisprudenciales,  salta  a  la  vista  la  indebida  sustentación  del  cargo  formulado  por  violación  directa.  El  incumplimiento  de los presupuestos de  coherencia y no contradicción es evidente.   

En  primer  lugar,  el  libelista  denuncia  conjuntamente  la incursión  en  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  e  interpretación   errónea.   Semejante  proposición  desconoce  las  mínimas  exigencias  lógicas  para analizar el cargo. Sobre un  mismo  precepto  normativo no pueden concurrir las tres eventualidades de error.   

En  segundo  término,  en  desarrollo  de la  censura  se  afirma que no se demostraron los  supuestos de hecho constitutivos de la descripción típica del  delito   de   concusión,   “porque   las  pruebas  allegadas  al  proceso  no  alcanzaron  la  seguridad  jurídica  para  determinar una sentencia condenatoria”. Tal reproche entraña  la  crítica  a  la  actividad  probatoria practicada en el juicio. Por ende, al  cuestionar  el  fundamento  fáctico  de  la decisión, también se desbordó la  unidad  lógica  del  reproche,  en  incumplimiento delas máximas de claridad y  precisión.   

Sin  perjuicio  de lo anterior, igualmente se  advierte  la  ineptitud  sustancial  del  ataque.  En  la  sentencia  de primera  instancia  no se acudió a la analogía para llenar ningún vacío normativo. La  suspensión  condicional de la ejecución de la pena se negó al amparo del art.  63  del  CP,  mientras que la prisión domiciliaria fue negada con fundamento en  los   arts.   38B   y   68A   ídem.   Estas   normas   contemplan  expresamente  los eventos de improcedencia  de  la  sustitución  de la ejecución de la pena, de donde surge incomprensible  la supuesta analogía aludida por el defensor.    

Ahora, la referencia a las rebajas de pena por  aceptación   de   cargos,   traída   a   colación   por   el  demandante,  es  manifiestamente  inatinente  frente  a  la discusión referente a los mecanismos  sustitutivos de la prisión.   

Fuerza  concluir,  entonces,  que el reproche  subsidiario es igualmente inadmisible.   

4.4            Comprobada  la indebida sustentación de  los cargos formulados, la demanda de casación será inadmitida.   

4.5           Contra la inadmisión únicamente procede  el  mecanismo  de  insistencia, en los términos señalados por la Corte en auto  del   12   de  diciembre  de  2005,  proferido  dentro  de  la  radicación  Nº  24.322.   

En   mérito  de  lo  expuesto,   la  SALA  DE  CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de CARLOS ANDRÉS GARCÍA RAMÍREZ.   

ADVERTIR que contra  esta   decisión   procede   el  mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  precisados   en   el   cuerpo   de  esta  decisión.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 AP 3  dic. 2009, rad. 27.264.   

2  C.S.J.   –   Sala   de  Casación Penal, sent. 19/07/06, rad. N° 23.191.   

3  C.S.J.   –   Sala   de  Casación Penal, sent. 16/05/07, rad. N°  22.224.   

4 Cfr.  fls. 158-166 y 198-207.     

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