AP7590-2014(44951)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

AP7590-2014  

Radicación 44951  

(Aprobado Acta No. 428).  

Bogotá D.C., diciembre diez (10) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

La  Corte emprende la constatación sobre el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y acreditación suficiente dispuestos  en  la  ley,  respecto  de  la demanda casacional presentada por la defensora de  ARMANDO  VELASCO  GARCÍA,  contra   el  fallo  de  segundo  grado  dictado  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el  8  de julio de 2014, confirmatorio del proferido por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Adjunto  de la misma ciudad el 27 de noviembre de  2012,  por medio del cual condenó al mencionado ciudadano como autor del delito  de concusión.   

HECHOS  

          Los   sucesos   que   dieron   lugar  a  este  averiguatorio  fueron  sintetizados  por  el  Tribunal  en  el fallo se segundo grado en los siguientes  términos:   

“El 29 de junio  de  2004  Armando Velasco García ejercía el cargo de profesional universitario  grado  5  en  la  Oficina  de  Planeación  de  la Alcaldía de Bucaramanga y le  exigió  a Flor María Alza Bello la suma de $500.000 y un encuentro indecoroso,  a  cambio  de  expedirle  la licencia de funcionamiento de un establecimiento de  comercio”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con   fundamento   en   la   denuncia  presentada  por  Flor  María  Alza  Bello,  la  Fiscalía  Seccional  de  Bucaramanga declaró abierta la instrucción, en curso de la cual  vinculó   mediante  indagatoria  a  ARMANDO  VELASCO  CAICEDO  y  una  vez  cerrada  la  etapa  instructiva,  calificó  el  mérito  del  sumario  el  3  de  mayo de 2006 con resolución de  acusación  en  su  contra,  como  probable  autor  del  delito  de  concusión,  providencia  que  al  ser  impugnada por la defensa, fue objeto de confirmación  por  parte  de  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bucaramanga  mediante decisión del 19 de junio de 2008.   

          El  ciclo  del  juicio  correspondió adelantarlo al Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  Adjunto  de la capital santandereana, despacho que una vez  realizada  la  audiencia pública dictó sentencia el 27 de noviembre de 2012, a  través    de    la    cual   condenó   a   VELASCO  GARCÍA  a  la  pena  principal  de  seis (6) años de  prisión,  multa  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5)  años,  como  autor  penalmente responsable del delito de concusión. En la  misma  providencia le fue negada tanto la condena de ejecución condicional como  la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          Impugnado  el  fallo del a quo  por  la  defensa,  fue  confirmado  por  el  Tribunal  Superior de  Bucaramanga  mediante  proveído del 8 de julio de 2014, el cual es ahora objeto  de  recurso extraordinario propuesto por el mismo sujeto procesal, quien allegó  la    correspondiente    demanda,   cuya   admisión   se   dilucida   en   este  auto.   

EL LIBELO  

Después de señalar los sujetos procesales,  identificar  el  fallo  atacado, sintetizar los hechos y la actuación procesal,  la   recurrente   precisa   que   el   propósito  del  recurso  se  orienta  al  restablecimiento  de  la  presunción  de  inocencia  de su asistido y procede a  transcribir  apartes  de los artículos 29 de la Carta Política y 7º de la Ley  600  de 2000, igualmente trae a colación fragmentos de doctrina extranjera y de  jurisprudencia  constitucional  sobre  el principio in  dubio pro reo y la referida presunción.   

          Acto  seguido  cita  normas  constitucionales  y  legales  sobre  el  derecho   de   defensa  en  el  ámbito  penal,  para  luego  citar  apartes  de  jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre el particular.   

          Más    adelante    manifiesta    que    si   bien   “los  hechos  que  dieron lugar a la condenación del señor ARMANDO  VELASCO  GARCÍA,  por  ese  atentado  contra  la  administración  pública, se  hicieron  consistir  en  una  supuesta solicitud de dineros, a cambio de aprobar  una  licencia  de  funcionamiento, a favor de una supuesta persona, que nunca se  hizo  presente  ante  cualquier  ente jurídico, a reafirmarse en los hechos que  originó  la  denuncia (…) hay un detalle que llama poderosamente la atención  en  las  sentencias  de  instancia:  Se  admitió  sin ambigüedades que en este  asunto    ‘no   están  (sic)     demostradas  (sic)  fehacientemente  la  responsabilidad  de  mi  asistido,  porque  la  denunciante  no  apareció y los  minicasetes  no  eran  aptos  para  realizar  confrontación e voces’”.   

          Luego  de  transcribir  apartes  de  los  fallos  de  instancia,  la  casacionista  afirma que a su procurado no le correspondía probar su inocencia,  que  si  fueron  desestimadas las grabaciones y las transcripciones aportadas no  se  acreditó  la  comisión  del  delito de concusión, y en apoyo de su aserto  cita  apartes  de  la  sentencia  del  Tribunal,  para colegir que no se tuvo en  cuenta   la  presunción  de  inocencia,  según  lo  ha  definido  la  doctrina  extranjera y la Corte Constitucional.   

          Más  adelante  propone  un  cargo  por violación directa de la ley  sustancial,  derivada  del  desconocimiento de la presunción de inocencia y del  principio     in    dubio    pro    reo.   

          Advierte   la   recurrente   que   no  cuestionará  “la     valoración    fáctico-probatoria    realizada    por    el  Tribunal”,     pero    indica:    “Lo   que   el   suscrito  defensor  (sic)  ataca son las consecuencias jurídicas extraídas por  el  Tribunal  de esa valoración fáctico-probatoria”  y  una  vez  más  trascribe  la  misma  doctrina foránea, así como apartes de  jurisprudencia  constitucional  sobre la presunción de inocencia y el principio  in  dubio  pro  reo,  para  después  concluir  que  su  asistido no debió ser condenado en aplicación del  referido  principio,  de  modo  que  se  violaron  los artículos 29 de la Carta  Política,  7º  del  Código  Penal,  y 232 de la Ley 600 de 2000, y se aplicó  indebidamente el artículo 404 de la Ley 599 de 2000.   

Con base en lo expuesto la defensora solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  impugnado  para  en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria    a    favor    de    ARMANDO   VELASCO  GARCÍA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene   dilucidado  la  Corporación  que  en  el  examen  sobre  la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde constatar que los  recurrentes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  pertinente  argumentación  definidas  por  el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Además,  de  acuerdo  con la preceptiva del  artículo  213  de la mencionada legislación “si el  demandante  carece  de interés o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá” (subrayas fuera de  texto).   

Puntualizado  lo  anterior,  encuentra  la  Colegiatura  que  la censora propone la violación directa de la ley sustancial,  la  cual  tiene  lugar  cuando a partir de la apreciación de los hechos legal y  oportunamente   acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  sentenciadores  omiten  aplicar  la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en  cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los  supuestos  que contempla el precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la  norma  un  sentido  que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su  contenido (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Desde luego, no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  cargo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se  observa,  que  pese  a  postular  la violación directa de la ley  sustancial,  la libelista se orienta a deplorar la ponderación de los medios de  convicción,   pues  reprocha  que  la  prueba  aportada  por  la  víctima  era  insuficiente  para  acreditar  la  materialidad  del  punible de concusión, sin  detenerse  a  constatar los asertos de los falladores en la evaluación conjunta  del suceso.   

Palmario  resulta  que invocar la violación  directa  de  la  ley sustancial, para acto seguido cuestionar la apreciación de  las  pruebas,  temática  propia  de  la  violación indirecta, corresponde a un  proceder  ambiguo e impreciso que se desentiende de lo exigido en el numeral 3º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  al  señalar que la demanda de  casación    debe    contener   “la   enunciación   de   la   causal   y  la  formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y  precisa   sus   fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante  estima  infringidas”  (subrayas fuera de  texto).   

          En  efecto,  sin dificultad se constata que la recurrente falta a su  deber  de  claridad  y  precisión,  pues simultáneamente postula la violación  directa  pero  critica la ponderación de los medios probatorios, sin percatarse  que  la  violación  directa y la indirecta corresponden a temáticas diversas y  que su objeto y demostración son también diferentes.   

Adicionalmente  encuentra la Colegiatura que  si  bien  cita una y otra vez los mismos extensos apartes de doctrina foránea y  jurisprudencia  nacional,  no se esfuerza por articularlos con el caso objeto de  estudio.   

Ahora, en cuanto atañe a la reclamación que  cifra  en  la  falta  de  aplicación del principio in  dubio  pro  reo,  era  imprescindible que señalara la  vía  de  su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o  indirecta.  Si  postulaba la primera, le correspondía demostrar que el fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o la responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia  de  condena con exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el  principio,   cuando   debía   en   consonancia  con  su  exposición  absolver,  circunstancia  que  no  tuvo lugar en el fallo impugnado, pues por el contrario,  puntualizó      el      ad      quem:   

“Es  cierto que  las  grabaciones y transcripciones arrimadas al trámite no fueron acopiadas con  apego  a  las  medidas  técnicas  idóneas  y,  por  tanto,  resultó imposible  determinar  concretamente las voces involucradas o, en últimas, si corresponden  al  procesado y la denunciante, acorde a lo plasmado en el informe sobre toma de  muestra de voz.   

“No  obstante,  dicha   circunstancia  no  conlleva  a  descartar  la  validez  de  la  denuncia  instaurada,   ni   los  indicios  derivados  del  irregular  comportamiento  del  encartado,  por  cuanto  la defensa no comprobó que tales medios de convicción  pudieran  ser  tachados  íntegramente  como  falsos,  elaborados  con malicia o  abiertamente  contrarios  a  la  realidad;  mejor  dicho,  la censura acertó en  deducir  que  no  podían  servir  como  válido  sustento para emitir sentencia  condenatoria,   pero  erró  al  considerar  que  tal  situación   implicaba   que  lo  demás  carecía  automáticamente  de  fuerza  suasoria,  especialmente  si  se  tiene  en  cuenta  la  innegable  relación de  causalidad  entre  las  conductas  reprochadas  y el reato endilgado,  aspecto  que no sufre afectación trascendente por las supuestas  incongruencias  que  puedan  surgir  del estudio de las mentadas transcripciones  donde  –  en  gracia  de  discusión  – se advierte  una  conversación  entre  dos  personas que guarda incuestionable similitud con  los  hechos objeto de juzgamiento” (subrayas fuera de  texto).   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          Puede   constatarse   que  la  impugnante  únicamente  dirigió  su  esfuerzo  a  deplorar  en  forma desordenada, confusa y sin un hilo conductor la  condena  de  su  asistido,  pero no atinó a señalar con precisión cuál es su  inconformidad,  y  lo  más  importante,  de  qué manera los falladores erraron  gravemente  en  la  aplicación  de  la  ley,  en  la apreciación de los medios  probatorios  o  en  la  guarda  de  la  legitimidad  del  trámite, olvidando la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra revestida la  sentencia objeto del recurso.   

De   acuerdo   con   las  consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal  elaboración,  su  presentación  con  base  en  apreciaciones    confusas    e   ininteligibles   de  la  defensora y  sin  atenerse  a  alguna  de  las reglas lógicas y argumentativas que gobiernan  este  medio  extraordinario de impugnación, impone la inadmisión de la demanda  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, porque  en  virtud del principio de limitación propio del trámite casacional, la Corte  no se encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

          Para   concluir   es   pertinente   indicar  que  no  se  advierte  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la sentencia  objeto  del  recurso,  violación  de  derechos o garantías del procesado, como  para  que ello determinara ejercer la facultad oficiosa que en punto de asegurar  su   protección   le  confiere  el  legislador  a  la  Colegiatura.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   la   defensora   de  ARMANDO  VELASCO GARCÍA, por las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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