AP7591-2014(44565)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 7591-2014  

Radicación N° 44565  

(Aprobado  Acta No.  428)   

Bogotá  D.C., diciembre diez (10) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Verifica  la  Sala  el  cumplimiento  de  los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el  defensor  de  la  procesada  MARÍA  SOLANGEL MURILLO  LEYES   contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  el 1° de julio del año en  curso,  por  cuyo  medio  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado Primero Penal  Municipal  del  mismo lugar el 23 de agosto de 2012 que condenó a la mencionada  como autora del delito de lesiones personales culposas.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   primeros   se  compendiaron  por  el  ad    quem, de la siguiente forma:   

De acuerdo a lo consignado en el escrito de  acusación,  la  señora  Sandra  Milena  Pulgarín de 27 años de edad, puso en  conocimiento   de   la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  mediante  denuncia  interpuesta  en  la  Sala  de Atención al Usuario (de  Pereira,   se   aclara),  que  al  haber  presentado  problemas   de   salud   en   el   área  genital,  procedió  a  consultar  con la médica Melba Arboleda,  quien  le  envió  una citología y como había sido informada de que la señora  Pulgarín  Pulgarín nunca había sostenido relaciones sexuales, le señaló que  enterara    de    esa    situación   a   la   enfermera   que   practicara   el  procedimiento.   

Informa el documento, que el 31 de agosto de  2007,  la  ofendida  acudió  al  centro  de  salud de San Nicolás, en donde la  auxiliar   de   enfermería  MARÍA  SOLANGEL  MURILLO  LEYES  le  practicó  la  citología,  a quien previamente la paciente le informó que no había sostenido  relaciones  sexuales  con  anterioridad  y  que  por  ello  debía  realizar  el  procedimiento  con sumo cuidado. Sin embargo, la enfermera le indicó que debía  realizar  el  procedimiento  con  un  espéculo  y cuando realizó el examen, la  denunciante  sintió  ‘que  la  abrió completamente’,  sintiendo  luego  un dolor muy intenso, señalando que la procesada se asombró,  porque  su  paciente  se  encontraba  sangrando  mucho,  por lo cual le pasó un  pedazo  de  papel  para  que se limpiara. Según el mismo documento al salir del  puesto  de  salud, Sandra Milena Pulgarín Pulgarín no podía caminar debido al  dolor  y  una  vez llegó a su residencia, encontró que su ropa interior estaba  ensangrentada.   

El  dictamen  médico  legal indicó que la  víctima  presentó al momento del examen un himen festoneado no íntegro con un  desgarro  en  el  meridiano  de  las  6, con bordes erimatosos y con leve edema,  ocasionado   con   mecanismo  contundente,  lo  que  le  dejó  una  incapacidad  definitiva de 10 días sin secuelas.   

El  5  de  julio  de  2011  se llevó a cabo  audiencia  preliminar  ante  el  Juzgado  Quinto Penal Municipal con Función de  Control  de  Garantías  de  Pereira,  en  cuyo desarrollo la Fiscalía formuló  imputación   a   MARÍA   SOLANGEL   MURILLO  LEYES  por  el  ilícito  de lesiones personales culposas, el  cual no aceptó.   

El  4  de  agosto  siguiente, el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación en contra de la mencionada como presunta autora  del  mismo  comportamiento  delictivo (arts. 111 y 112 del Código Penal), cargo  que  ratificó  en  desarrollo  de  la  audiencia  celebrada  el 6 de septiembre  ulterior ante el Juzgado Primero Penal Municipal de igual sede.   

El  mismo  despacho  judicial  realizó  las  audiencias  preparatoria y de juicio oral, a cuyo término profirió fallo el 23  de  agosto  de  2012, mediante el cual condenó a la acusada a la pena principal  de  tres  (3)  meses  y  seis  (6)  días  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  al  encontrarla  responsable  del  delito por el cual fue convocada a  juicio,  concediéndole  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

En  desacuerdo  con  lo decidido, la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  el  cual  desató  el  Tribunal Superior de  Pereira  el  primero  de julio de la anualidad en curso en sentido de impartirle  confirmación.   

Contra esta última determinación, la misma  parte,  en  forma  exclusiva,  impetró  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  libelo  allegado  oportunamente,  de  cuya  admisibilidad  se ocupa la  Sala.   

LA DEMANDA  

Formula una censura con sustento en la causal  tercera  del artículo 181 del estatuto procesal penal, por violación indirecta  de  la ley sustancial derivada de falso juicio de identidad en la valoración de  la   declaración  del  perito  José  William  León  Avellaneda,   que  condujo  a  aplicar  indebidamente  los artículos 23 (culpa), 25 (posición de garante),  111  (lesiones),  112  (incapacidad  para trabajar o enfermedad) y 120 (lesiones  culposas)  del  Código  Penal  y  los  artículos  16, 372 y 381 del Código de  Procedimiento  Penal  (prueba  para  dictar sentencia condenatoria) y a dejar de  aplicar  los  artículos 7 del mismo estatuto y 29 de la Constitución Política  (presunción de inocencia).   

Con  el objeto de sustentar su pretensión,  el  libelista  comienza  por  transcribir  la  valoración  que de esta probanza  efectuó  el  Tribunal,  tras  lo  cual señala que no tuvo en cuenta apartes de  ella  donde  el  perito  aseveró  “que no   resultaba   posible   afirmar   que  el  desgarro  se  hubiera  producido  por la práctica  de   la   citología  que  fue  ordenada  a  la  paciente  siguiendo      protocolos     nacionales     e  internacionales,    precisando    que    no   podía  informar  si  la  acusada había practicado de manera  adecuada  la  toma  de  las  muestras”.   

De   esa   forma,  dice,  se  sesgó  esta  declaración  al  tomarse  sólo  aquellos  segmentos  convenientes  a  la  finalidad  de  confirmar  el fallo, pero desechando los que  desvirtuaban  la  existencia  de  la  conducta punible endilgada a su prohijada.   

Lo  anterior,  insiste,  al  no  tenerse en  cuenta  la  afirmación  del  referido  galeno  en el juicio oral según la cual  no  resultaba  posible  concluir  que  el desgarro se  hubiera  producido  por  la práctica de la citología ordenada a la paciente en  tanto  pudo  haber  sobrevenido  por  otra  causa,  ante  lo  cual  no   encontró   una   relación  directa  entre  el  procedimiento  efectuado   por   la   procesada   y   la   pérdida   de   la   virginidad   de  aquella.   

Este   aspecto,   señala,  a  su  juicio  eminentemente  técnico  así  como  fuente  de  la  experiencia  y conocimiento  directo  en  estos  casos concretos por parte del testigo perito, dejaba sentada  la  duda  respecto  a  la  manera  como  Sandra Milena  Pulgarín, perdió su virginidad.   

Acto  seguido,  advierte que si el Tribunal  hubiese  valorado  y tomado en cuenta dicha prueba testimonial en su integridad,  el  resultado  hubiese  sido distinto, pues se habría absuelto a su patrocinada  en   aplicación  del  principio  del  in  dubio  pro  reo,     desconocido     por    parte    de    los  falladores,   “y   que   conforme   a  desarrollos  jurisprudenciales,  en  este  caso,  vulneró  por vía indirecta tal principio,  cuando  el fallador erradamente concluyó que los medios de prueba daban certeza  requerida  para  condenar  a la señora MARÍA SOLANGEL MURILLO LEYES, sin tener  en  cuenta  que  se  estaba  ante  una  situación  de  incertidumbre que debía  resolverse   a   favor   de   MARÍA   SOLANGEL   MURILLO   LEYES”.   

Por lo expuesto, depreca casar el fallo y, en  su lugar absolver a su representada.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Ha sido insistente esta Sala en pregonar que  si  bien  la  Ley  906  de  2004 amplió la cobertura para acceder al recurso de  casación,  pues  a  diferencia  de  los  ordenamientos procesales anteriores es  viable  contra  todo  tipo  de  sentencias  de  segunda  instancia  “en   los   procesos   adelantados   por   delitos”,  sin que obre  restricción  en  relación  con  la  autoridad  que la profiere y eliminarse la  exigencia  del  quantum  de  pena  del  delito, ello por manera alguna significa que quien acuda a este medio  de  impugnación  esté  exento  de  satisfacer una serie de requisitos técnico  jurídicos,   básicamente  de  orden  argumentativo,  encaminados  a  la  cabal  comprensión de la propuesta.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la necesidad del fallo de casación en aras de materializar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo ellos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          Por  consiguiente,  en  la  demanda,  también  se  ha  reiterado en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental, en tanto la propuesta debe ser concisa, suficiente, clara  y   trascendente,   pues  no  le  corresponde  a  la  Sala,  dado  el  carácter  eminentemente   rogado  del  recurso,  ocuparse  de  confusos,  contradictorios,  ininteligibles o inocuos planteamientos.   

Dentro  de  ese  contexto,  se  advierte una  primera  falencia  del  único reparo contenido en el libelo en cuanto no arroja  la  necesaria  claridad  en torno al aspecto sustancial que deviene del yerro de  valoración  probatoria  propuesto  sobre  el cual se proyecta el estado de duda  que plantea.   

En  efecto,  el  reparo  no  ofrece claridad  acerca  de si lo pretendido es desvirtuar la tipicidad objetiva de la conducta o  la  subjetiva  a título de culpa, como consecuencia de la aludida incertidumbre  probatoria.   

Ello, porque si bien en la fundamentación de  la  censura  reiteradamente  se  pregona  que  la tergiversación del testimonio  rendido   por  el  facultativo  José  William  León  Avellaneda  se  verificó  por  el  cercenamiento  del  aparte  en donde manifestó la posibilidad de que la lesión producida a la zona  vaginal  de  la  víctima y su coetánea pérdida de la virginidad -dicho sea de  paso  de  inconmensurable  valor  para  ella  en  atención  a  sus convicciones  religiosas-  pudo  tener  origen  en  un curso causal distinto al proceder de la  procesada  cuando  practicó la citología, aspecto que sin lugar a dudas incide  en    la    tipicidad   objetiva   en   cuanto   al   ingrediente   “causar   daño   en   el   cuerpo   o   la  salud”,  al  mismo  tiempo  subraya  la supresión del apartado en el cual  expresó  que no existían protocolos nacionales o foráneos para realizar dicho  procedimiento  con  distinción  de  si  la  mujer había tenido o no relaciones  sexuales  previas,  punto  que se orienta a determinar el cumplimiento del deber  objetivo   de   cuidado   a   partir   de   la   lex  artis,  elemento  integrante  de  la  responsabilidad  culposa del tipo imprudente, es decir, del tipo subjetivo.   

La  contrariedad  denotada  se  acentúa  al  referir,  en  la  parte  inicial  de  la  censura,  a los preceptos sustanciales  quebrantados  a  consecuencia del yerro de valoración probatoria. Así, alude a  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  23 del  Código  Penal  (referente a la conducta culposa) y al 25 del mismo ordenamiento  (posición   de   garante),  aspecto  este  último  que,  por  cierto,  no  desarrolla  en  la  censura, cuya proyección apunta a la tipicidad subjetiva de  la  conducta  (ausencia  de  culpa),  desdiciendo  de  ese  modo  al ataque a su  materialidad.   

Al  respecto  se ha de recordar que para la  demostración  de  la  violación  indirecta  por  errores  en  la  apreciación  probatoria  no  sólo debe emanar claridad en relación con el defecto invocado,  sino,  igualmente,  en  derredor  de  la  incidencia  que  éste  ostenta  en la  normatividad  sustancial,  pues,  de no ser así, la propuesta queda inconclusa,  lo  cual erige un defecto de argumentación, por insuficiencia, que por sí solo  determina la inadmisión del reparo.   

Además,  una  propuesta  en  los términos  referidos   desconoce   principios  basilares  de  la  actividad   casacional  orientados  a  conseguir  demandas  que  satisfagan  las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

          Pero  aún  si  con  excesiva  laxitud  se  admitiera que la censura  cuestiona  exclusivamente  la  tipicidad  objetiva  de  la  conducta en tanto el  fragmento  según  el actor cercenado de la declaración del galeno José  William León Avellaneda desvirtúa  el  elemento  de  la  conducta referido a haber la sujeto agente causado daño a  Sandra   Milena   Pulgarín   Pulgarín en su cuerpo, resulta ostensible su intrascendencia.   

          En  primer  lugar,  porque la declaración del facultativo sobre ese  particular  al  señalar  que  la  lesión  se hubiera  podido  producir  por  una  causa  distinta  a la práctica de la citología, es  meramente  hipotética  y  no  concluyente  y,  en  segundo orden, todavía más  contundente,  en  cuanto  no  se  controvierten, y ni siquiera se mencionan, los  diversos  elementos  de  juicio  a partir de los cuales el sentenciador infirió  que  la  lesión  se  produjo  por  el  proceder  de  la  implicada MARÍA  SOLANGEL  MURILLO  LEYES,  punto  sobre   el   cual   explayó   el  a  quo:   

La  certeza  exigida  normativamente  en el  canon  381  del  código  procesal  penal, para el proferimiento de sentencia de  condena,  deviene  del  estudio detallado, armónico e integral de las probanzas  arrimadas  al  juicio,  siendo  precisamente  esta  situación  la  que se puede  deducir  de  las  pruebas  practicadas  en  la  vista pública y de la cual solo  emerge  la certeza diáfana, tanto de la existencia de  la  conducta punible enrostrada a la señora MARÍA SOLANGEL MURILLO,   como   de   su   responsabilidad   en  el  actuar  contrario  a  derecho.   

Respecto   del  primer  ítem,  es  decir,  la  existencia  de  la  conducta, son múltiples las  probanzas    que    dan   fe   de   ello,   pero   en   especial,   aquella  que  fue  introducida al juicio mediante la perito Adriana  López  Castro:  el  dictamen  médico  legal  que  registra  una  lesión en la  humanidad  de  Sandra  Milena  Pulgarín,  y  por  la  cual le fue entregada una  incapacidad de 10 días.   

Ese  informe,  debidamente sustentado en la  vista  pública,  da  cuenta de que entre los últimos días del mes de agosto y  los  primeros  de  septiembre  de 2007, Sandra Milena sufrió una lesión en sus  partes   íntimas,   descrita   como  ‘himen  festoneado  no  íntegro con desgarro en el meridiano de las  6,     con     bordes     eritematosos     y    con    leve    edema’.   Conforme   la  explicación  que  ofreció  en  la  audiencia  la  citada  profesional,  la presencia de estas dos  últimas  características,  bordes  eritematosos  y edema, llevan a deducir que  la  lesión  no era mayor a diez días contados hacia  atrás  a  partir  del  momento  de la realización del examen, por lo que si la  revisión   médica   se   efectuó  el  3  de  septiembre,  la  lesión  debió  presentarse,  a más tardar, el 25 de agosto anterior.  Este  primer  punto  señala,  en  atención  a la existencia de la conducta, la  demostración  de  una lesión en la humanidad de la víctima, que como viene de  reseñarse, le produjo una incapacidad médico legal de diez días.   

Ahora  bien,  la  prueba  testimonial arrimada al juicio, esto es, la declaración de la víctima,  así   como   de   Doris  Eugenia  Soto  y  Diana  Patricia  Quiceno,  dan  cuenta  que el 31 de agosto de 2007 Sandra Milena Pulgarín  asistió  al  puesto  de salud del barrio San Nicolás con el fin de practicarse  una  citología,  en  razón a una molestia vaginal que presentaba días atrás,  siendo  claras  y  enfáticas  en  aseverar  que hasta  antes  de  que  la  paciente  ingresara  al  sitio  donde  se le practicaría la  citología,  no tenía molestia diferente a aquella por la cual consultaba, pero  que  una  vez  salió de allí, presentaba un fuerte dolor dada la manipulación  de  que  fue  objeto  por  parte  de  la  auxiliar  MARÍA  SOLANGEL MURILLO, al  introducir   el   espéculo   en   su   vagina   para  obtener  la  muestra  que  necesitaba.   

El  momento  exacto  en que se presentó el  examen,  solo fue presenciado por dos personas: MARÍA SOLANGEL y Sandra Milena,  razón  por  la  cual  la  declaración  de Doris Eugenia y Diana Patricia tiene  valor,  únicamente por el hecho de que refrendan la situación fáctica narrada  por  la  víctima,  de  haber  salido  llorando  de la consulta por el dolor que  sentía  como  consecuencia de la manipulación que hiciera la hoy acusada en su  intimidad.   

De  la declaración de las dos personas que  directamente  conocieron  el  hecho, se reitera, víctima y acusada, también se  llega   a   la   conclusión   inequívoca   que   la   conducta  endilgada  sí  existió.  Nótese  cómo ambas coinciden en asegurar  que  para  la  fecha  y  hora  referida  por  Sandra  Milena, MARÍA SOLANGEL la  atendió  para  practicarle  una  citología;  cómo  en efecto Sandra Milena se  recostó  en  la  camilla  que para tal fin se encuentra dispuesta en el sitio y  cómo  MARÍA  SOLANGEL introdujo en su cuerpo el espéculo, con el fin de tomar  dos  muestras, según su versión de los hechos, y en una de ellas, sin recordar  cuál,  la  paciente presentó un pequeño sangrado, razón por la cual le pasó  una servilleta para que se limpiara.   

Ambas  declarantes coinciden en afirmar que  antes  de la introducción del espéculo Sandra Milena no estaba sangrando, sino  que  posterior  a  dicha  acción  fue que se presentó el mismo, explicando con  posterioridad  MARÍA  SOLANGEL  que  ello era normal, puesto que incluso en una  relación  sexual,  ello  podía  suceder.  El  punto es, entonces, que hasta el  momento  en  que  Sandra  Milena  ingresó al consultorio donde fue atendida por  MARÍA  SOLANGEL,  no  presentaba sangrado alguno, situación que claramente fue  expuesta  por  la  víctima  y  corroborada  por  el dicho de la acusada, cuando  renunció a su derecho a guardar silencio.   

Así las cosas, el  dictamen  pericial,  las declaraciones de la víctima y la acusada, así como de  las  dos  testigos  aportadas  por la fiscalía, dan cuenta que en efecto, y sin  lugar  a  dubitación alguna, el 31 de agosto de 2007, Sandra Milena sufrió una  lesión  en  su  humanidad,  pues  hasta ANTES de que llegara al puesto de salud  ello  no  había  ocurrido,  situación  corroborada por la misma acusada cuando  aseguró  que  en  uno de los dos exámenes que le practicó, la paciente había  sangrado un poco.   

Queda   así  debidamente  demostrada  la  existencia  de  la  conducta,  pues  no  se  allegó al trámite del juicio oral  elemento  diferente  del  cual  pueda  deducirse,  tal como lo expone el abogado  defensor,   que  la  lesión  se  haya  verificado  en  otro  momento  y  lugar,  afirmación   insular  que  carece  de  sustento  probatorio  alguno1 (subrayas fura de texto).   

Pues bien, en la censura no se involucra la  anterior  valoración  probatoria  que  condujo al sentenciador a colegir que la  lesión   se   produjo   por   el   accionar   de   la   implicada  MARÍA   SOLANGEL   MURILLO  y  no  como  consecuencia  de  un  curso casual distinto; de ese modo, nada se dice frente al  testimonio   de   la  perito  Adriana  López  Castro  y  el  dictamen  de  reconocimiento  de lesiones a la  víctima  suscrito  por  ella que por su intermedio se introdujo al juicio oral,  de  los  cuales  se  infirió  que  la fecha del procedimiento de citología fue  realizado  dentro  del  escaso  rango temporal establecido    (10  días),  a  cuya  certeza  se  arriba  por  el  dicho  de la misma víctima, sus  acompañantes  el  día  en  que  tuvo  lugar  (Doris  Eugenia   Soto   y  Diana  Patricia  Quintero)  e,  incluso,  del vertido por la  procesada  al  renunciar  a  su  derecho  a  guardar  silencio, en los términos  vistos.     

Corolario  de  las falencias advertidas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Corte  en  virtud del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario  de  impugnación, deviene  forzosa  la  inadmisión del libelo, en atención a lo  normado  en  los citados artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el      artículo      180     ibídem,  o  que  haga  imprescindible activar la casación oficiosa.    

Por  último, en tanto contra esta decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  último  artículo  referido,  impera  precisar  que  como dicha legislación no  regula  el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido instituto procesal,  habrán  de  acatarse  las reglas fijadas por la Sala en tal sentido2.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de  la procesada MARÍA  SOLANGEL  MURILLO  LEYES,  en  virtud  de  las razones  consignadas en la anterior motivación.   

         

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Págs. 6 a 8 de la decisión aludida.    

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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