AP7003-2016(48156)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

         

AP7003-2016  

Radicación No. 48156  

Aprobado Acta No. 317  

          Bogotá   D.C.   doce   (12)   de  octubre  de  dos  mil  dieciséis  (2016)   

ASUNTO  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de apelación  propuesto   por   el   apoderado   judicial   de   las   víctimas  Rosa  Rita  Ipuana  y/o  Jusarrina Ipuana y  otros,  contra  la  sentencia  del  27 de abril de 2016 proferida por la Sala de  Conocimiento  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior de Barranquilla, que  decidió   sobre   algunas  pretensiones  indemnizatorias  presentadas  por  las  víctimas  indirectas  de  Lorenzo  Antonio  Pushaina  Ipuana  dentro  de la actuación seguida en contra del  postulado  FERNEY  ALBERTO ARGUMEDO TORRES,  inicialmente  condenado  a  las  penas  de prisión de 480 meses,  multa  de 50.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes e interdicción de  derechos  y funciones públicas por el término de 240 meses, por los delitos de  concierto  para  delinquir  agravado,  homicidio  en persona protegida, tortura,  desaparición  forzada,  traslado  o  desplazamiento  forzado  de  la población  civil, hurto calificado y agravado, y otros.   

H E C H O S  

El  acontecer  fáctico que guarda relación  directa   con   la   presente   actuación   se   concreta   en  los  siguientes  términos1:   

“Ferney Alberto  Argumedo     Torres,  conocido  con  los  alias  de  “Andrés”,  “el  tigre”,  “21”,  “mata  tigre”  o  “Camilo”, el 4 de abril de 2002,  después  de haber pertenecido a la pandilla juvenil “La Guaca” de la ciudad  de  Barranquilla y prestado el servicio militar obligatorio como soldado regular  en  el  Batallón  Cartagena  de  Riohacha, ingresó al frente Contrainsurgencia  Wayuu   del   Bloque  Norte  de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  en  el  corregimiento  de Carraipía, municipio de Maicao, con el alias de Andrés, bajo  el   mando   de   José   Ángel   Culvejo,   alias   “09”  o  “Javier”,  específicamente   a  la  “contraguerrilla  escorpión”  en  donde  cumplió  funciones   de  control  de  las  trochas  por  donde  entraba  la  gasolina  de  contrabando,   carros   hurtados  y  armas,  procedentes  del  vecino  país  de  Venezuela.   

Dentro  de  la  organización  ilegal  el  postulado          desempeñó         funciones         de         patrullero  de  abril de 2002 a julio de  2002,  con  el  alias  de “Andrés”, comandante de  escuadra  de  junio  de 2002 a marzo de 2004, con los  alias  de  “mata  tigre”  o “21”, lapso durante el cual, en diciembre de  2003,  fue  segundo  comandante  de la contraguerrilla  buitre,  que tuvo influencia en los corregimientos de  Carraipía  y la Majayura del municipio de Maicao, Guajira; a partir de marzo de  2004  fue  trasladado  al  municipio de Mingueo, en el mismo departamento, donde  actuó     como    patrullero    urbano  hasta  el  mismo  mes  del  año siguiente; en abril de 2005, con  ocasión  del  homicidio del señor Juan Antonio Torres Teherán, fue trasladado  al  casco  urbano  de  Riohacha  con los alias de “Camilo” y “el tigre”,  hasta  el  5  de mayo de 2005, cuando fue capturado por el homicidio de Oliverio  Ríos  Benavides y por el homicidio en grado de tentativa del menor J.A.R.C. por  los  cuales  fue  condenado  por  el Juzgado Penal del Circuito Especializado de  Riohacha.   

El  26  de  julio  de  2007,  Ferney  Alberto Argumedo Torres solicitó  al  Alto  Comisionado  para  la  Paz  lo  postulara  para  ser  acreedor  de los  beneficios de la Ley 975 de 2005.”   

El postulado aceptó varios delitos cometidos  durante  su  permanencia  en  el  grupo  armado,  entre  ellos  los que aparecen  reseñados  como  hechos  No.  1  y  7,  específicamente,  que  se  refieren a:   

Hecho     No.     1.     Concierto  para delinquir agravado y uso de insignias y uniformes de  las fuerzas militares.   

Hecho     No.     7.     Tortura,           homicidio     y     desaparición     forzada     de    Lorenzo  Antonio  Pushaina Ipuana, por los  acontecimientos  del  29  de  enero  de 2004 en el corregimiento La Preciosa del  municipio  de  Albania  (Guajira), cuando fue retenido por integrantes del grupo  armado  autodefensas  unidas  de Colombia, siendo sometido a actos de violencia,  causándosele  la  muerte  mediante  “garrotazos”,  ignorándose  desde  esa  época su paradero.   

Consecuencia  de  estos hechos se produjo el  desplazamiento  de  su  familia,  entre  ellos,  su compañera permanente Rosita  González”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.El 27 de diciembre  de   2007,   el   Ministro   de   Interior   y   de  Justicia,  mediante  oficio  07-37657-GJP-0301,  remitió  al  Fiscal  General  de la Nación una lista de 96  postulados  ex  miembros  de  las autodefensas unidas de Colombia privados de la  libertad,  conforme  a  lo dispuesto en el parágrafo del artículo 10 de la Ley  975  de  2005,  dentro  de la cual se incluyó a Ferney  Alberto  Argumedo  Torres, quien también figura en la  relación  elaborada  por  la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, como uno  de  los acreditados por los miembros representantes de los grupos de autodefensa  desmovilizados.   

2. En versión libre  celebrada  los  días  4 y 5 de mayo, 18 de junio y 2 de diciembre de 2009, ante  la  Fiscal  3ª  Delegada  de  la  Unidad Nacional para la Justicia y la Paz, el  postulado  afirmó  su  voluntad  de acogerse a la Ley 975 de 2005 y confesó su  participación  en  once  hechos  que tuvieron relación con su pertenencia a la  organización  ilegal,  razón  por  la  cual,  el  30  de  noviembre de 2009 se  formuló  imputación,  y  el 1º de diciembre siguiente, se le impuso medida de  aseguramiento de detención preventiva.   

3. El 26 de julio de  2010,  la  Fiscalía  formuló  cargos a Ferney Alberto Argumedo Torres ante una  Magistrada  con  función  de control de garantías de la Sala de Justicia y Paz  del  Tribunal  Superior de Barranquilla, actuación que fue asignada en la etapa  de  juzgamiento  a  la  Sala  de  Conocimiento  de  Justicia  y Paz del Tribunal  Superior de la misma ciudad.   

4. Durante los días  13,  14,  15  y 21 de julio de 2015 la Sala de Conocimiento dio lectura al fallo  condenatorio,  recurrido  por  los  apoderados  de  las  víctimas a través del  recurso  de apelación, impugnaciones decididas por la Sala Penal de la Corte el  10 de diciembre de 2015, adoptando diferentes decisiones.   

Con  relación  a las reclamaciones elevadas  por   el   apoderado  judicial  de  las  víctimas  indirectas  de  Lorenzo  Antonio  Pushaina  Ipuna, la Sala  decretó la nulidad parcial  del  fallo  por  haberse  omitido  un pronunciamiento  concreto   respecto   de   la   solicitud  de  reparación  por  algunos  daños  materiales.2   

5. El 4 de abril  de  2016  la  Sala  de  Conocimiento  de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla  asumió  nuevamente  el  conocimiento  de la actuación y el 27 de  abril siguiente dio lectura al fallo respectivo.   

6.  Contra  esta  decisión,  adversa a los intereses de las víctimas, se interpuso el recurso de  apelación  por  el  apoderado  judicial  de Rosa Rita o Jusarrina Ipuana, José  Pushaina  y María Epieyu Pushaina, concedido por el a  quo mediante auto del 13 de mayo de 2016.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

La Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del  Tribunal   Superior   de  Barranquilla  negó  la  reparación  que  por  daños  materiales  se  causaron  por  la  pérdida  de  varios  semovientes  y  aves de  corral3   de   propiedad  del  afectado  Lorenzo  Antonio  Pushaina,  y la suma  de  $2.500.000,  indexada,  que se invirtieron en la búsqueda del desaparecido.  La decisión se sustentó en las siguientes afirmaciones:   

i-  La reparación  que  se  reclama  por el daño emergente derivado de la pérdida de parte de los  bienes    del    desaparecido    Lorenzo    Antonio  Pushaina  fue reconocida en la sentencia emitida el 13  de  julio  de  2015,  a  través  de la indemnización “consolidada” que por  lucro cesante se fijó en $128.293.600.   

ii- Como en el fallo  de  13  de  julio  de  2015  el  Tribunal  se  pronunció sobre las pretensiones  conforme  fueron  presentadas  por  el  apoderado  judicial  en  el incidente de  reparación  integral,  resulta  contrario a derecho atender nuevamente la misma  petición,  pues, se afectarían derechos de las demás víctimas y se causaría  desequilibro  financiero  de  los  rubros  destinados  por  el  Estado  para  su  reparación.   

iii – Con relación  a  los $2.500.000 en que incurrió Isabel María Pushaina Ipuana en la búsqueda  de  su  hermano  Lorenzo Antonio Pushaina,   no   se   demostró  el  daño,  puesto  que  las  declaraciones  presentadas  como  prueba  del  perjuicio no tienen la suficiente capacidad para  acreditarlo ni para despejar cualquier duda sobre los perjuicios.   

DEL RECURSO DE APELACIÓN  

    

1. Sustentación.     

El  apoderado  de las víctimas recurrió el  fallo   reclamando  la  revocatoria  del  mismo,  para  que  se  reconozcan  las  indemnizaciones    por    daño   emergente   en   cuantía   de   $37.497.958.58,   a   favor  de  Jusarrina  Ipuana,  por  la  pérdida  de  20  vacas, 10 gallinas y 1 burro de propiedad de  Lorenzo  Antonio  Pushaina,  extraviados  con ocasión a la desaparición forzada de  Lorenzo       Antonio,       y       $3.816.492.82,   correspondientes  a  los  $2.500.000,  indexados,  que se invirtieron en la búsqueda de su consanguíneo,  a favor de Isabel María Pushaina Ipuana, hermana del ofendido.   

Sustentó   la  alzada  a  partir  de  las  siguientes consideraciones:   

i- El a   quo   quebrantó  el  debido  proceso  probatorio  al  no  aceptar  las  declaraciones  extraprocesales  aportadas para  acreditar  el  daño  emergente, desconociendo los artículos 39 del Decreto Ley  4633 de 2011, 277 del C. de P. C y 262 del C. G. P.   

ii- El Tribunal se  equivocó  al  sostener que la pretensión reclamada fue presentada en términos  disímiles,  pues  la  suma  solicitada  corresponde al valor actualizado de los  bienes,  para lo cual se utilizó el modelo baremo usado por la Corte Suprema de  Justicia en sentencia del 25 de abril de 2011, radicado 34547.   

iii-  Ignoró  la  existencia  de  la  declaración rendida por Evangelisto Epieyu del 9 de mayo de  2012,  visible  al folio 8 de la carpeta registrada a nombre de Rosa Rita Ipuana  o  Jusarrina  Ipuana,  prueba  fundamental  para  establecer la posesión de los  animales perdidos y corrobora otros medios de prueba aportados.   

iv-   También  desconoció  la  prueba  documental  de  identificación  de  afectaciones  y el  registro  de  hechos  atribuibles  a  grupos organizados al margen de la Ley que  obra  en  la  carpeta de Isabel María Pushaina Ipuana, y el registro que de los  hechos  presentó  Gladys  Pushaina  Ipuana, los cuales acreditan el pago de los  $2.500.000.   

iv-  El  Tribunal  desacertó  al  señalar  que  de  accederse  a  las pretensiones en mención se  afectaría  los  intereses  y  derechos  del  resto de víctimas al repararse el  mismo  daño dos veces ya que “en ninguna parte de la  sentencia  calendada  13  de  julio  de 2015” se hizo  reconocimiento por estos daños.   

LOS NO RECURRENTES  

El  Representante  del  Ministerio  Público  solicitó  la  confirmación  del fallo impugnado, reiterando los planteamientos  esbozados por el Tribunal para negar las pretensiones.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Corte  es  competente  para  conocer  el  recurso  de  apelación  propuesto  contra  de la  sentencia  proferida  por  la  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla  conforme lo establece el parágrafo 1º del artículo 26 de la Ley  975  de  2005,  modificado  por  el  artículo  27 de la Ley 1592 de 2012, y los  artículos  68  ibídem y 32-3  de la Ley 906 de 2004.   

2. Cabe  recordar que la Corte dispuso la nulidad  parcial  de  la  sentencia  emitida  el  13  de julio de 2015 al advertir que el  Tribunal  no  se  había  pronunciado  de  manera  expresa  y concreta sobre las  pretensiones   elevadas   por  el  apoderado  de  las  víctimas  indirectas  de  Lorenzo   Antonio   Pushaina   Ipuana,  con   relación  a  la  indemnización  por  los  daños  materiales  derivados  de  la  pérdida de parte de sus bienes (21  semovientes  y  10  aves  de  corral)  y  el  pago  de  $2.500.000   en   procura   de  obtener  información  sobre  la  ubicación  de  Lorenzo Antonio.   

3.  La  Sala  de  Conocimiento  de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla al rehacer  la  actuación, emitió la sentencia que ahora se examina por virtud del recurso  de   apelación,   negando   las   solicitudes   de   reparación   presentadas,  fundamentalmente,  porque  en su entender los perjuicios materiales por el daño  emergente  reclamado  sí  fueron  objeto  de  decisión  judicial en pretérita  oportunidad.   

La Corte anticipa su decisión de decretar la  nulidad   de   la   providencia   confutada  al  advertir  que  el  a   quo  de  nuevo  omitió  resolver  las  demandas  presentadas  por  la  víctima, desconociendo el pronunciamiento de la  Sala  de 10 de diciembre de 2015 que dispuso la invalidación de parte del fallo  revisado  y  ordenó  al  Tribunal  que  decidiera  sobre  las  reclamaciones no  resueltas en la sentencia del 13 de julio de 2015.   

Ignorando lo decidido por esta Corporación,  el  Tribunal  se  limitó  a  controvertir lo decidido, afirmando que la Sala de  Conocimiento   de   Justicia   y   Paz   sí   se  pronunció  respecto  de  las  indemnizaciones  reclamadas  por daño emergente, afirmación que ciertamente no  corresponde   a   la   realidad   por   las   razones  que  a  continuación  se  señalan:    

3.1 Con relación a  los  perjuicios  por  daño  emergente  seguido  de  la  pérdida  de los bienes  denunciados,  adujo  el  Tribunal  que  esa  indemnización fue reconocida en la  primera   sentencia,   específicamente   en   el   rubro   de   “lucro  cesante consolidado en el hecho”,  resarcimiento que ascendió a $128.293.600.   

3.2 Confrontada esta  aseveración  con  la  sentencia  de  13 de julio de 2015, se advierte que en el  acápite  de  “MEDIDAS  DE REPARACIÓN INTEGRAL”4   se   destinó  un  apartado  específico   para   liquidar   los   perjuicios   derivados   del  HECHO           No.           75,         (“HOMICIDIO   EN   PERSONA   PROTEGIDA,  DESAPARICIÓN  FORZADA  Y  DESPLAZAMIENTO   FORZADO.  VICTIMA  DIRECTA:  LORENZO  ANTONIO  PUSHAINA IPUANA”),  tanto los materiales como morales.   

Con  relación  a los primeros (materiales),  inicialmente se liquidó el  lucro     cesante     pasado     o    consolidado, respecto del cual afirmó el  Tribunal  que  “sería lo correspondiente a la ayuda  económica    que   la   victima   (sic)  directa  le  proporcionaría a cada uno de ellos desde el momento  de    los    hechos    hasta    la    fecha    de   esta   sentencia”6,  reconociendo  a  los  ascendientes $32.560.701, y a María Epieyu  Pushaina,  sobrina  de  Lorenzo  Antonio, $27.909.172.   

Seguidamente,  se procedió en similar forma  con  el  lucro cesante futuro o anticipado,  “que sería  la  ayuda  económica  que  le  proporcionaría  su hijo hasta el límite de sus  expectativas      de      vidas     probables”7,  reconociendo  a  Rosa  Rita  Ipuana  o  Jusarrina  Ipuana  $19.328.295 y a José  Pushaina   $15.934.792,   en  tanto  que  a  María  Epieyu  Pushaina  le  negó  reparación por este concepto al haber superado la mayor edad.   

Y  con  relación  a  las compensaciones por  daño  emergente solicitadas  por  el  apoderado  a favor de Rosa Rita Ipuana e Isabel María Pushaina Ipuana,  señaló,                  vagamente8,  que  no las reconocería por  la insuficiencia probatoria de los elementos materiales.   

Luego   se   ocupó   de   los  perjuicios  inmateriales,  para  culminar el capítulo dedicado al hecho No. 7, presentando,  a  manera  de  compendio, en una gráfica visible  al folio 581, las indemnizaciones a reconocer a cada uno de  los  afectados,  confrontándolas  con  los valores pretendidos por el apoderado  judicial.   

En   la   casilla   nominada  daño   emergente  se  consignó  que  lo  solicitado  por  el  apoderado  judicial fue $41.294.453 en total, de los cuales  $37.497.960  se  reclamaban  a  favor  de  Rosa Rita Jusarrina y $3.816.493 para  Isabel María Pushaina.   

En  el  mismo encasillado, pero del apartado  “INDEMNIZACIONES  RECONOCIDAS”,  se  consagró  que  no  se  concede ningún  valor,   leyéndose   en   la  sección  de  “Total  General”    la    suma  “$0”9.   

Ahora,  examinada  la parte resolutiva de la  sentencia10,  se  constató  que no se hizo mención alguna con relación a las  reclamaciones  que  en  concreto hizo el apoderado judicial a favor de Rosa Rita  Ipuana  o  Jusarrina Ipuana e Isabel María Pushaina Ipuana por daño emergente,  omisión  que  motivó la decisión de la Corte al resolver las impugnaciones en  el  fallo  de  10  de diciembre de 2015 de anular parcialmente la sentencia para  que  el  Tribunal  se  pronunciara  de  manera  clara  y  concreta  frente a las  reclamaciones en discusión.   

Ciertamente    en   aquella   decisión  (de  13  de  julio de 2015),  ningún  pronunciamiento  hizo  el  Tribunal  en  la  parte  resolutiva sobre el  reconocimiento  o  negación  de las pretensiones del demandante con relación a  los  perjuicios  materiales  en referencia, conclusión a la que se llegó luego  de  revisar  cada  uno  de  los  23  literales  que  componen la resolución del  fallo.   

En  estas  condiciones, totalmente errónea  deviene   la   afirmación   del   a  quo   al   señalar   ahora  que  en  el  fallo  del  13  de  julio  de  201511  se  reconocieron  las indemnizaciones conforme a lo solicitado por  el  demandante,  de tal forma que “referidos a estos  conceptos  sí hubo pronunciamiento, siendo que por concepto de lucro cesante se  otorgó  un  consolidado  en  el hecho por valor de $128.293.660 m/l”.  (Negritas fuera del texto original), pues lo que se discute no  son  las  reparaciones  por  el  lucro  cesante  presente o futuro sino el daño  emergente   producto   de   la   pérdida   de   parte   de   los   bienes   del  afectado.   

Ahora,  no  cabe duda que las reclamaciones  presentadas  por  la  víctima  al Tribunal lo fueron por cada uno de los daños  sufridos,  materiales  e  inmateriales,  y  para cada una de las víctimas, y la  liquidación  que hizo el Tribunal fue por separado atendiendo a cada una de las  modalidades   de  daño  (folios  576  a  581  de  la  sentencia  del  13  de  julio  de  2015),  razones que  confirman  lo contradictorio de las afirmaciones del Tribunal al sostener que el  daño    emergente   fue  reconocido  al  liquidarse el lucro cesante     otorgando    por    este    concepto    un    consolidado    de  $128.293.660.   

El  yerro del Tribunal se hace más notorio  al   asimilar  los  conceptos  de  daño  emergente12  y lucro cesante13   

, no obstante haber distinguido cada uno de  ellos en el fallo respectivo.   

En  estas  condiciones  resulta  patente el  dislate   del   a   quo  al  sostener,  contra  toda evidencia, que la reclamación en discusión había sido  reconocida  por  esa  Corporación, llegando incluso a afirmar que lo pretendido  por  el  recurrente  era  obtener  doble  indemnización  por el mismo concepto,  expresando  la pretensión de manera diferente o “en  otros  términos,  disímiles  a  los  elevados en su momento en el incidente de  reparación”14   

Este  último  aserto se muestra igualmente  contradictorio  y  carente de desarrollo además, pues el Tribunal, previamente,  trascribió  los apartes relacionados con la reclamación elevada por el abogado  de  las  víctimas  durante  el  incidente  de reparación, dejando claro que lo  pretendido  en  aquél momento concordaba con la reclamación actual, pues desde  ese  momento  se  solicitaron  indemnizaciones  por  lucro  cesante  y por daño  emergente  precisándose  los hechos generadores de cada uno de los daños y los  montos reclamados.   

En estas circunstancias, razón le asiste al  recurrente  cuando  señala  que  las reparaciones por la pérdida de los bienes  del  desaparecido  y  posteriormente  muerto,  Lorenzo  Antonio  Pushaina,  (animales  domésticos  varias veces reseñados), no fueron objeto  de   decisión  por  el  Tribunal  como  tozudamente  lo  quiere  hacer  ver  el  a  quo, negándose a decidir  en concreto sobre estas pretensiones.   

Por  todo  lo  anterior, la Sala reitera la  decisión  de  decretar la nulidad de la decisión recurrida por trasgresión al  debido  proceso  en aspectos sustanciales, sin que pueda la Corporación decidir  de  fondo  la  alzada,  pues  como  se  ha  decantacado  por  la  doctrina de la  Sala,    reconocer   las  pretensiones   desconocidas   en   primera   instancia  “vulneraría  el  principio  y  derecho fundamental constitucional de la doble  instancia,  porque  lo censurado no es una decisión en uno u otro sentido, sino  precisamente   la  ausencia  de  pronunciamiento”15;         por  eso  en  dicha oportunidad la Corte aclaró que “el  Tribunal estaba, y está, obligado a valorar las pretensiones de  los  intervinientes  y  pronunciarse  negativa o positivamente sobre ellas, para  garantizar   el   derecho   al   debido  proceso”16.   

3.3. Con       relación      al      daño  emergente  generado  por  la  entrega  de $2.500.000 a  integrantes  de  las  autodefensas  unidas  de  Colombia  para que informaran el  destino  de  Lorenzo Antonio,  el   Tribunal   negó   la   indemnización   demandada  porque  “al  analizar  los elementos materiales de prueba nos encontramos en  la  misma  circunstancia  de  insuficiencia  probatoria,  en el entendido que no  resultan  las  declaraciones presentadas con suficiente capacidad para acreditar  dicho  daño material a título de daño emergente y permitan despejar cualquier  duda    sobre    tales    perjuicios.”17   

Sin  embargo,  previamente,  en  la  misma  decisión18  el  juez  colegiado, luego de trascribir el relato ofrecido por la  víctima  Isabel María Pushaina Ipuana ante la Fiscalía General de la Nación,  recogido  en  el  formato del Registro de Hechos Atribuibles a grupos armados al  margen   de  la  Ley,  afirmó  que  “Lo  anterior,  demuestra  que  de  los bienes del señor Lorenzo Pushaina no fueron encontrados  los  animales  antes  descritos y que hubo un pago por  una  suma  de  dinero  a unos miembros de las AUC a cambio de la entrega de esta  persona  desaparecida.”, expresiones que sugieren el  reconocimiento del daño.   

Inexplicablemente,  pues  la providencia no  ofrece  ninguna  argumentación  al respecto, en contravía de las aseveraciones  previas,  el Tribunal denegó lo pedido por la víctima exponiendo vagamente que  los    elementos    materiales    de    prueba    no   tenían   “suficiente  capacidad  para demostrar” el  daño o para despejar cualquier duda al respecto.   

Sumado a lo anterior, remató la motivación  insistiendo  en  que  el  Tribunal  ya  había  resuelto  lo  peticionado  en la  providencia  del 13 de julio de 2015, además que la pretensión “carece         de         suficiencia         probatoria”.   

La Sala declarará igualmente la nulidad de  la  decisión  en  este punto, pues no obstante que en la parte motiva del fallo  se  consignaron  algunas manifestaciones encaminadas a sustentar lo resuelto, lo  cierto  es  que las mismas no contienen ni desarrollan argumentos serios, claros  y  objetivos  que  respalden las conclusiones que le permita a la parte afectada  presentar   una   análisis   coherente   en   orden   a  debatir  la  decisión  judicial.   

En   efecto,  el  Tribunal  respaldó  su  decisión  señalando  que  existía deficiencia probatoria del daño, ya que en  su  entender,  los  elementos  materiales  probatorios  no  tenían la capacidad  demostrativa  suficiente para acreditar su ocurrencia ni para despejar cualquier  duda al respecto.   

Sin embargo, el argumento no trascendió de  la  simple  enunciación,  toda  vez  que ningún esfuerzo hizo el juzgador para  desarrollar  la  tesis  enarbolada,  indicando,  como  le correspondía, cuáles  fueron  los  medios  de  prueba  analizados para ese propósito de todos los que  obran  en  las  12  carpetas  presentadas  por  la  Fiscalía y la víctima para  sustentar  su  pedido,  cuáles  de  ellos  no aportaban nada probatoriamente al  caso,  y  por  qué  motivos,  así  como  que omitió señalar las dudas que le  surgían en este punto concreto.   

En  fin,  la  providencia  no  proporciona  ningún  análisis  probatorio  serio  en  orden  a desvirtuar la existencia del  daño,   o   lo   que   es   lo   mismo,   no   contiene   una   “Fundamentación  fáctica, probatoria y jurídica con indicación de  los  motivos  de  estimación  y  desestimación  de  las  pruebas  válidamente  admitidas…”  como lo impone el artículo 162 de la  ley  906  de  2004  para las sentencias y autos, norma aplicable a esta clase de  actuaciones  en  virtud  del  principio  de  complementariedad  señalado  en el  artículo 62 de la Ley 975 2005.     

4. Finalmente, la  Corte  llama  la atención a los integrantes de la Sala de Decisión de Justicia  y  Paz  del Tribunal Superior de Barraquilla para que acaten lo decidido en esta  instancia,  emitiendo la correspondiente sentencia resolviendo de manera clara y  concreta  sobre  las pretensiones elevada por el apoderado de las víctimas Rosa  Rita  o  Jusarrina  Ipuana,  José  Pushaina  e  Isabel  María Pushaina Ipuana.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E  

PRIMERO: DECLARAR  LA  NULIDAD  de la sentencia recurrida por las razones  señaladas en la motivación que antecede.   

SEGUNDO:  Notificada  esta decisión se remitirá  la   actuación,   inmediatamente,  al  Tribunal  de  origen  para  que  se  dé  cumplimiento a lo ordenado.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Así  fueron  compendiados  por  esta Corporación en  decisión   de   segunda  instancia  del  10  de  diciembre  de  2015,  radicado  46672.   

2  Cfr.  Literal 8º de la parte resolutiva del fallo de  segundo grado.   

3  Se  afirmó  por  la  víctima  que se extraviaron 20  vacas, un burro y 10 gallinas.   

4  Folio    387    de    la    motivación    de    la  decisión.   

5  Cfr. Folios 576 a 581.   

6  Cfr. Folio 577.   

7  Cfr. Folio 579.   

8  Cfr. Folio 580.   

9  Cfr. Folio 581.   

10  Acorde  al  inciso  2º del artículo 280 del Código  General   del   Proceso,   aplicable  al  proceso  penal  por  el  principio  de  integración  contenido en el artículo 25 de la Ley 906 de 2004, y 62 de la Ley  975   de   2005,   la   parte   resolutiva   de   la  sentencia  “deberá  contener  decisión  expresa y clara sobre cada una de las  pretensiones  de  la  demanda,  las  excepciones  cuando  proceda resolver sobre  ellas,  las costas y perjuicios a cargo de las partes y sus apoderados, y demás  asuntos   que   correspondan   decidir  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en  este  Código.”   

11  Si bien en el fallo se afirma que la sentencia es del  15 de julio de 2015, la fecha correcta es 13 de julio.   

12  “El  daño emergente, es el perjuicio sufrido en el  patrimonio   económico  de  la  víctima,  derivado  de  ponderar  el    valor    de    los    bienes    perdidos   o   su   deterioro  respectivo,  las  expensas  asumidas para superar las  consecuencias  del  suceso  lesivo”. CSJ SP, 17 Abr  2013, Rad. 40559.   

13  “(…)      atañe     a     la     utilidad,   ganancia   o   beneficio  dejado  de  percibir  por  el  perjudicado,   esto   es,   el  probable  incremento  patrimonial   que   habría  generado  de  no  haberse  presentado  la  conducta  dañosa.”   CSJ  SP,  17  Abr  2013,  Rad.  40559.   

14  Cfr.  Folio  23  de  la  sentencia  de 27 de abril de  2016.   

15  Corte  Suprema de Justicia radicado No 35508  de  6 de junio de 2012, M.P. Dr. José Luis Barceló Camacho.   

16  Corte  Suprema  de  Justicia radicado No 35508  de 6 de junio de 2012, M.P.  Dr. José Luis Barceló Camacho.   

17  Cfr. Folio 22 de la sentencia confutada.   

18  Cfr. Folio 20 ibídem.     

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