AP6890-2015(46163)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ   CAMACHO   

Magistrado ponente  

AP6890-2015  

Radicación n° 46163  

(Aprobado  Acta No.  424)   

Bogotá D.C., veinticinco (25) de noviembre de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

Examina la Sala lo relativo a los presupuestos  de  lógica  y debida sustentación de la demanda de casación presentada por la  defensora  de  JOSUÉ  TAMAYO  MOSQUERA  contra  la  sentencia  del  6 de marzo de 2015, a través de la  cual  el  Tribunal  Superior de Bucaramanga revocó parcialmente la proferida el  14  de  enero  del  mismo  año  por  el  Juzgado  Décimo Penal del Circuito de  idéntica   sede,  para  condenar  al  procesado  no  sólo  por  el  delito  de  constreñimiento  ilegal sino también por los punibles de porte ilegal de armas  y  acto  sexual  violento,  por  cuya  virtud  le  impuso,  finalmente,  la pena  principal  de  158  meses  de prisión y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual término.   

HECHOS  

El  Tribunal  los  relató  de  la siguiente  forma:   

“Conforme  a  los  hechos  narrados en el  escrito  de  acusación, la víctima Mayerling Camargo Rangel interpuso denuncia  en  contra  de Josué Tamayo Mosquera, como quiera que a partir del mes de marzo  de  2009 –fecha en la cual  terminó  su  relación sentimental con el acusado- éste desplegó una serie de  actos   persecutorios   e  intimidatorios  en  contra  de  ella  y  su  familia,  haciéndose  pasar  por  miembro de una organización armada ilegal, enviándole  cartas  con  amenazas  y abordándola en diferentes partes de la ciudad, ante lo  cual  tuvo que trasladarse primero al municipio de Fundación, Magdalena y luego  a Bogotá.   

Además,  refirió que en dos oportunidades  Tamayo  Mosquera  la  abordó en sitios públicos, intimidándola con un arma de  fuego  y  diciéndole  que  la  iba  a  matar  si no volvía con él, señalando  incluso  que  en  uno  de  estos  episodios, en el mes de septiembre de 2011, el  acusado le tocó los senos y le puso el pene en la pierna”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Concretada  la  captura  de JOSUÉ  TAMAYO MOSQUERA, el 14 de marzo de  2012  el Juzgado Veinte Penal Municipal de Bucaramanga, con funciones de control  de  garantías,  realizó  audiencia  preliminar,  en  cuyo desarrollo avaló la  legalidad  de  la  aprensión.  En la misma diligencia, la Fiscalía le formuló  imputación  por los delitos de acto sexual violento agravado, porte de armas de  fuego  y  constreñimiento  ilegal.  Acto  seguido,  el juez le impuso medida de  aseguramiento de detención preventiva.   

2.  Oportunamente,  el  ente  investigador  presentó  el  respectivo escrito de acusación, con fundamento en el cual el 11  de  mayo del precitado año el Juzgado Décimo Penal del Circuito de Bucaramanga  llevó a cabo la consiguiente audiencia de formulación.   

3.  Realizadas las audiencias preparatoria y  de  juicio  oral,  el  juez  de  primer  grado  anunció  el  sentido del fallo,  advirtiendo   que   sería   de   carácter   condenatorio  para  el  delito  de  constreñimiento  ilegal,  en  tanto absolutorio para los demás punibles objeto  de acusación.   

4.  El fallo anunciado lo profirió el 14 de  enero  de  2015, contra el cual se alzó en apelación la Fiscalía, recurso con  ocasión  del  cual  el  Tribunal  Superior  el  6  de  marzo  siguiente revocó  parcialmente  la  sentencia  para condenar al procesado también por los delitos  de porte ilegal de armas y acto sexual violento.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda   instancia,   la   defensa   acudió   al   recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

          La   impugnante  formula  cuatro  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  los  dos  primeros  al amparo de la causal primera de casación de la  Ley  906  de  2004  y  los dos restantes con apoyo en la causal tercera ibídem.   

          En     el    primer    cargo   denuncia   la   violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  206  del  Código  Penal,  que  llevó al  Tribunal  a  condenar  al  procesado  por  el delito de acto sexual violento y a  inaplicar los artículos 12 y 22 ibídem.   

          Al  respecto,  señala  que la conducta desplegada por el acusado no  se  adecua  en  el  tipo  penal  en  mención, pues éste actuó sin dolo cuando  “tocó los senos y le restregó el miembro viril en  una  pierna”  a  la  víctima.  En  su criterio, esa  situación  fáctica,  por  lo  demás,  se  acomoda en realidad a la hipótesis  descriptiva del delito de constreñimiento ilegal.   

          Considera  que  de  no  haberse  aplicado  indebidamente  el  citado  artículo  206,  se  habría  confirmado  la  absolución pronunciada en primera  instancia   

             

          En    el   segundo   cargo   acusa   también   al   Tribunal  por  violar  directamente  la  ley  sustancial,  esta  vez  por  falta  de aplicación de los artículos 12 y 22 del  estatuto    punitivo,    que    definen    la    culpabilidad    y    el   dolo,  respectivamente.   

          Según  la  demandante,  de  haber  observado  el  contenido  de las  mencionadas  disposiciones,  el  ad quem habría  concluido que el propósito del procesado no era satisfacer  su  líbido,  sino  que  su  conducta  era  propia  de las recriminaciones y, en  general,  de  la  pelea  del momento suscitada entre él y la víctima. Sobre el  particular,  resalta  cómo los hechos ocurrieron en lugar público, exactamente  en  la  parte  céntrica  de  Bucaramanga  con la concurrencia de espectadores y  transeúntes,  lo  cual  daría  lugar  a  pensar que se trató más bien de una  “injuria de hecho”.   

          Considera  que  la mera afirmación de la ex amante del acusado, que  se  constituye  así en testigo único, no es suficiente para inferir más allá  de toda duda la lujuria del acto.   

          Insiste,  de esa manera, en que el juzgador de segundo grado aplicó  indebidamente  el  artículo 206 del Código Penal y, consecuentemente, dejó de  aplicar los artículos 12 y 22 ibídem.   

          En    el    tercer   cargo   predica  la  violación  indirecta de la ley sustancial, derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

          Lo   anterior,   precisa   la   censora,   por  cuanto  el  Tribunal  desobedeció  “las  reglas de la libre persuasión,  la  lógica  del  razonamiento y la sana crítica” al  valorar  el  testimonio  de  la víctima del constreñimiento ilegal, en el cual  “no  se  asoma un tinte de connotación sexual dado  el  contexto  de  la  discusión  de  pareja”. De lo  contrario,  dice, se hubiera buscado un sitio despoblado y sin testigos, mas no,  como    ocurrió    aquí,    un    lugar    céntrico,   con   transeúntes   y  espectadores.   

          En  su  criterio,  la lógica y las reglas de la experiencia indican  que  “cuando  una  persona  quiere  tener  actos de  connotación  sexual  trata  de  no ser vista y por ello los delitos sexuales no  suelen  cometerse  a  la vista pública y el agresor se cuida que otras personas  observen o detecten sus actos”.   

          Estima  que  el error del Tribunal llevó a calificar la conducta de  JOSUÉ  TAMAYO MOSQUERA como  acto  sexual  violento,  cuando  su  pretensión estaba encaminada únicamente a  obligar a la afectada a reanudar la relación sentimental.   

          En    el    cuarto   cargo   aduce,  igualmente,  la  violación  indirecta  de la ley sustancial  proveniente  de  error  de hecho por falso raciocinio, dada la violación de los  principios  de la lógica y la experiencia en lo que respecta al delito de porte  ilegal de armas.   

          Sustenta  el reproche recordando cómo el fallador, con ocasión del  contenido  de  un  oficio, declaró probado que el procesado carecía de permiso  para  portar  armas.  En  su  opinión,  empero,  esa circunstancia no prueba la  comisión  del  delito,  pues  aquél no fue capturado en flagrancia ni portando  arma   alguna.   En   ese   sentido,  considera  que  el  juzgador  “le  hace  decir  a  la  prueba  lo  que  no  dice”.   

          Para  la  impugnante,  de  otra parte, el testimonio de Mayerling  Camargo  no sirve “para   configurar   la   responsabilidad  penal”  del  procesado, porque aun cuando la prenombrada identificó el arma  con  el  cual  el  procesado  la  constriñó,  precisando que se trataba de una  pistola  color  negro, lo cierto es que se trata de una mujer de apenas 23 años  y  quien  tiene  como oficio el de promotora dermatológica. Al respecto, estima  que,  de  acuerdo  con  la lógica y la experiencia, quienes conocen de armas de  fuego  son  los  expertos  en  balística,  mas  no  alguien  como  Camargo  Rangel, máxime cuando al momento  de  los  hechos  estaba  siendo  acosada  sexualmente y además amenazada con un  artefacto de esa naturaleza.   

          Adicionalmente,   cuestiona   al   Tribunal   por   distorsionar  el  testimonio  de  la  misma  Mayerling  Camargo  Rangel  cuando  edificó en contra del acusado, con fundamento  en  esa  prueba,  el  indicio  de  capacidad  para delinquir por el hecho de ser  miembro  retirado  de  la  Policía Nacional, lo cual le brindaba disposición y  conocimiento en el manejo de armas.   

          Finalmente,  le  reprocha  incurrir en falso juicio de existencia al  omitir   apreciar   el   testimonio   de   Luz  Dary  Rivera,  quien  manifestó en forma contundente que su  esposo,  el aquí procesado, nunca había llevado artefactos bélicos a su casa,  y  mientras  perteneció a la Policía Nacional siempre los dejó en el trabajo,  porque    además    “no    le    gustaban    las  armas”.   

          Estima   trascendente   el   yerro,   porque   de  haberse  valorado  correctamente  la prueba, sin alterarse o distorsionarse su contenido objetivo y  con  sujeción  a  las  reglas  de la experiencia y de la lógica, no se hubiera  concluido    en   la   responsabilidad   de   TAMAYO  MOSQUERA.   

          Como  consecuencia  de  los  cuatro  cargos  formulados,  la  actora  solicita  casar  la sentencia impugnada para, en su lugar, absolver al procesado  respecto   de   los   delitos   de  acto  sexual  violento  y  porte  ilegal  de  armas.   

                                    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

          En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que el libelista no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En   efecto,   en   los   cargos  primero  y   segundo   la  demandante  acusa  al  Tribunal  de  violar  directamente la ley  sustancial  por  aplicar en forma indebida el artículo 206 del Código Penal y,  consecuentemente,  por  inaplicar  los  artículos  12  y 22 ibídem1.   

          Conforme  lo  tiene  decantado  la  Corte,  cuando  se  acude  a  la  violación  directa de la ley sustancial corresponde al actor aceptar los hechos  tal  como  los  declaró probados el fallador, sin que le sea dable controvertir  el  mérito  asignado  por  éste  a los medios de convicción incorporados a la  actuación.  Su  labor  debe  estar dirigida a plantear una discusión netamente  jurídica,  en  orden  a  demostrar  la  falta  de  aplicación,  la aplicación  indebida o la interpretación errónea de una norma sustancial.   

          Tal  presupuesto de sustentación no lo satisfizo la libelista, pues  se  dedicó  a  predicar  la  no  demostración  del  propósito  libidinoso del  procesado,  al  punto  de  afirmar  que  el  testimonio  de  la  víctima  no es  suficiente  para  inferir  más  allá de toda duda la lujuria del acto. Ello, a  pesar  de  que  el ad quem, a  partir   de   los   medios   probatorios   recaudados,   arribó  a  conclusión  distinta.   

          Ciertamente,  para  confeccionar  adecuadamente  reproches  como los  examinados,  le  era  necesario  a  la  impugnante acreditar que el sentenciador  reconoció  la  falta  de  dolo  en  el  proceder del acusado, pese a lo cual lo  fulminó con fallo condenatorio.   

          Como  no  cumplió esa carga argumentativa sino que, conforme quedó  visto,  se  limitó  a  controvertir  las conclusiones probatorias del juzgador,  imperioso  resulta  inadmitir  los cargos objeto de análisis, y así procederá  la Corte.   

          En    el    tercer   cargo   denuncia   la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  como  consecuencia de incurrirse en error de hecho por falso raciocinio.   

          En  concreto,  aduce  el  quebranto de los postulados lógicos y las  reglas     de    la    experiencia    porque,    según    dice,    “cuando  una  persona  quiere  tener actos de connotación sexual  trata  de  no ser vista y por ello los delitos sexuales no suelen cometerse a la  vista  pública y el agresor se cuida que otras personas observen o detecten sus  actos”.   

          Lo  primero a destacar es la falta de claridad en el ataque, pues la  demandante  alude a los postulados de la lógica y las reglas de la experiencia,  como  si  se  trataran de conceptos similares, cuando en realidad no lo son. Los  postulados  lógicos,  en  efecto, «son proposiciones  que  responden  al  principio  de  conocimiento y que, por lo tanto, representan  adecuadamente  la  realidad  y  la  verdad  a  partir de la verificación de las  alternativas  posibles  de  inferencia racional». (CSJ  SP, 5 Jun 2013 rad, 34134).   

          Por  su  parte,  las  reglas  de  la  experiencia son todas aquellas  “generalizaciones   que  se  hacen  a  partir  del  cumplimiento   establece   e   histórico   de  ciertas  conductas  similares”  (CSJ SP, 19 de nov. de 2003, rad. 18787).   

          Ahora  bien,  como  lo  ha expresado esta Corporación, “la   sola  elaboración  de  máximas  a  partir  de  hechos  no  admitidos  por  las  instancias  carece de idoneidad para desvirtuar el valor de  verdad   de   las   conclusiones   fácticas   de   los  fallos”  (CSJ SP, 12 de sept. de 2012, rad.36824).   

          Tal  situación  es  lo  que  acontece  en este caso, pues la actora  construye  la  máxima  cuya  violación  aduce,  argumentando  que  los  hechos  ocurrieron  a plena vista pública “con transeúntes  y espectadores”.   

Sin  embargo, pasa por alto que el Tribunal  arribó  a  la  conclusión  según  la  cual  el  comportamiento  libidinoso lo  realizó  el  procesado  de  manera  sigilosa al punto de pasar inadvertido, sin  que,  además,  exista  en  el proceso prueba demostrativa de que en ese momento  transitara   “por  el  lugar  un  buen  número  de  personas”2.   

         Baste  lo  anterior, por tanto, para que la Sala anuncie la también  inadmisión del tercer reproche.   

         En    el    cuarto   cargo   atribuye  al  sentenciador, así mismo, violar indirectamente la ley  sustancial  por  error de hecho derivado de falso raciocinio, esta vez en razón  al  desconocimiento  de  los principios de la lógica y la experiencia en lo que  respecta al delito de porte ilegal de armas.   

         Al  desarrollar  la  censura,  empero,  quebranta en forma palmar el  principio  de  autonomía que gobierna el recurso de casación, conforme al cual  el  sustento  del  ataque  se debe corresponder con su enunciación. Ello porque  desvía  la  postulación hacia los terrenos del error de hecho por falso juicio  de  identidad,  al  cuestionar  al  Tribunal por dar por probada la ausencia del  permiso  para  portar  armas con fundamento en un oficio que, en su criterio, no  prueba ese hecho.   

Recuérdese que el falso juicio de identidad  se  estructura  cuando  el  juzgador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona su  contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que  ella  no  expresa,  bien por  agregarle  aspectos  ajenos  a  la misma o por suprimirlos. Se trata, como lo ha  dicho  la  jurisprudencia,  de  un yerro de contemplación objetiva de la prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su expresión material con lo que consigna el  sentenciador acerca de ella.   

De todas maneras, la censora omite sustentar  el  mencionado yerro, pues no precisa el contenido de la prueba, como tampoco el  que  le  atribuyó  el sentenciador, carga argumentativa que corresponde cumplir  cuando se acude a la citada senda casacional.   

         Es  ya  posteriormente  cuando la libelista sostiene que, de acuerdo  con  la  lógica  y  la  experiencia,  quienes conocen de armas de fuego son los  expertos  en  balística,  mas no alguien como Camargo  Rangel, que cuenta con apenas 23 años de edad y tiene  como  oficio el de promotora dermatológica, máxime si al momento de los hechos  estaba  siendo  acosada  sexualmente y además amenazada con un artefacto de esa  naturaleza.   

         Una   vez  más  incurre  en  la  inconsistencia  de  confundir  los  principios  de  la lógica con las reglas de la experiencia. Ahora bien, como se  consignó  en  precedencia,  estas  últimas  son todas aquellas “generalizaciones  que  se hacen a partir del cumplimiento establece  e  histórico  de  ciertas  conductas  similares”, de  modo  que  para que ofrezca fiabilidad una premisa elaborada a partir de un dato  o  regla de la experiencia ha de ser expuesta, a modo de operador lógico, así:  siempre  o  casi  siempre  que se da A, entonces sucede B (CSJ SP, 21 de nov. de  2002, radicación 16472).   

         En  el  caso  materia de análisis, no resulta apropiado afirmar que  esa  pretensión  de  universalidad  se  concrete  en  la regla expresada por la  censora,  pues  no  aparece  verificado que solamente los expertos en balística  tienen  la capacidad de determinar el color de un arma, así como su naturaleza,  concretamente,  si  se  trata  de  una pistola o un revólver. Es claro que esos  datos,  con un mínimo de observación y conocimiento sobre esos artefactos, los  puede determinar cualquier persona.   

         Como  si  lo  anterior  fuera  poco,  al  terminar el sustento de la  censura  la actora nuevamente vulnera el principio de autonomía, al endilgar al  juzgador  la  distorsión  del testimonio de Mayerling  Camargo  Rangel  por dar por demostrado con esa prueba  el  indicio  de  capacidad  para delinquir. De esa manera, plantea nuevamente un  falso  juicio  de identidad, a cuya postulación suma luego otro error de hecho,  esta  vez  por falso juicio de existencia, en cuanto le reprocha omitir apreciar  el   testimonio   de   Luz  Dary  Rivera.   

         Pero,  igualmente,  tampoco  sustenta  adecuadamente esos inopinados  yerros,  pues,  de  una parte, no identifica el aparte de la prueba objeto de la  tergiversación  aducida,  ni  explica su trascendencia, desacierto este último  que,  así  mismo,  caracteriza  el  falso  juicio  de existencia adicionalmente  denunciado.   

Atendidas,   por   tanto,  las  falencias  advertidas  en  los  cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto de  examen,  considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora de  garantías  fundamentales  que  imponga  superar  los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

           

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  JOSUÉ TAMAYO MOSQUERA.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En el  segundo  cargo,  aun  cuando  con  algunas  variantes  argumentativas, la actora  propone, en últimas, similar ataque al expuesto en el primero.   

2  Página 19 del fallo de segunda instancia.     

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