AP2296-2015(43861)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP2296-2015  

Radicación N°43861  

(Aprobado   Acta  No.148)   

Bogotá D.C., veintinueve (29) de abril de dos  mil quince (2015).   

Se     pronuncia    la    Sala  sobre la  admisión    de    la  demanda  de  casación  presentada  por  el     defensor     de    HERNANDO  HURTADO  CARABALÍ  contra  la  sentencia   dictada   por  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  el  14  de enero de  2014,   mediante  la  cual    confirmó   con  modificaciones  la proferida  por  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de Guapi con  funciones  de  conocimiento  el   17   de   abril   de   2013,   que  condenó       al      procesado  por  los delitos contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales y prevaricato por omisión, y lo absolvió  del  delito  de  peculado  por  aplicación oficial diferente.    

Hechos    

          El  6  de abril de 2006, HERNANDO HURTADO  CARABALÍ, en condición de  Alcalde  Municipal  de  Timbiquí  (Cauca), suscribió  con  el  consorcio ACUEDUCTO YEGE, representado por el  ingeniero MARTÍN ALONSO REALES MARTÍNEZ,     el  contrato    de    obra  No.061,   “para  la construcción del acueducto inter veredal de YEGE             y         la         estructuración,  vinculación  y  puesta  en  marcha  de  un  esquema  de organización para la  prestación  de  los  servicios de acueducto, alcantarillado y aseo en      el     Municipio      de     Timbiquí”,  por  valor  de  $2.578’326.390,   de   los   cuales   le   fueron   entregados  al  contratista,  a  título  de  anticipo,  el  21  de  abril de  2006,              $1.192’476.195,       quien  a  30  de junio de 2007 había retirado  de       la       cuenta       $1.142.390.434, sin  haber   realizado   obra  alguna.  La  investigación  estableció  que  el  Alcalde,  mediante  resolución  050  de abril 19 de 2006,  designó  como interventor al Secretario de Planeación Municipal FELIPE NÚÑEZ  GRANJA,  no  obstante  que  la  misma correspondía a FONADE, y que en los meses  siguientes  al  desembolso  no realizó gestión alguna orientada a verificar    el    cumplimiento    del  contrato.   

          Actuación procesal relevante   

         La   fiscalía   vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria  a  HERNANDO  HURTADO  CARABALÍ  y  MARTÍN ALONSO REALES  MARTÍNEZ,  y  el  15  de  septiembre  de 2009 calificó el mérito del sumario,  así:  Respecto  del  primero  con  resolución de acusación por los delitos de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  peculado  por aplicación  oficial  diferente  y  prevaricato por omisión, y con preclusión por el delito  de  peculado  por  apropiación.  Y  en  relación  con el segundo, con  acusación  por  los  delitos  de peculado por apropiación y  falsedad       en      documento      privado.1    

          2.  Contra  esta  providencia  el  defensor de MARTÍN ALONSO REALES  MARTÍNEZ  interpuso  reposición  y  en  subsidio  apelación, y el defensor de  HERNANDO  HURTADO  CARABALÍ  apelación.  El  fiscal  negó  la  reposición  y  concedió  la  apelación  subsidiaria,  pero  este  recurso,  al  igual  que el  interpuesto  por  la  defensa  de HURTADO CARABALÍ, fueron declarados desiertos  por  haber  sido  sustentados  en  forma  extemporánea,  causando la acusación  ejecutoria    el    18    de   enero   de   2010.2   

          3.  En la audiencia preparatoria, sesión de 20 de abril de 2010, el  Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  Guapi  decretó  la nulidad de lo actuado en  relación  con  el  procesado MARTÍN ALONSO REALES MARTÍNEZ, a partir del auto  que    definió    su    situación    jurídica,3  y  el  17  de  abril de 2013,  agotado   el   juicio,  condenó  a  HERNANDO  HURTADO  CARABALÍ  a  las  penas  principales  de  70  meses de prisión, 70 s.m.l.m.v. de multa e inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el término de 82 meses,  como   autor  responsable  de  los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  prevaricato  por  omisión,  y  lo  absolvió  por el de  peculado   por   aplicación   oficial  diferente.4   

          4.  Apelado este fallo por la defensa, para pedir la absolución del  procesado,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán, mediante el  suyo  de  14  de  enero  de  2014, que ahora el mismo sujeto procesal recurre en  casación,  modificó las penas de prisión y multa, para fijarlas en 54 meses y  53  s.m.l.m.v.,  respectivamente,  y lo confirmó en todo lo demás.5    

          La demanda   

          Contiene  un  cargo por desconocimiento de las reglas de producción  y  apreciación  de  la  prueba,  al  amparo de la causal prevista en el numeral  tercero  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, y dos con fundamento en la  causal  primera  ejusdem,  por  aplicación  indebida  y  falta  de aplicación,  respectivamente, de una norma legal.   

          Errores de apreciación probatoria   

          Sostiene,  después  de  reflexionar brevemente sobre los contenidos  conceptuales  del  debido  proceso,  que  la  fiscalía   para acreditar la  imputación  por  el  delito  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales  recaudó  varias  pruebas  de  índole documental, entre las que se encuentra el  contrato  061 de abril 6 de 2006, para la construcción del acueducto veredal de  YEGE en el Municipio de Timbiquí.     

          En  la  sentencia,  sin  embargo,  el  tribunal  se  sustrajo  a dar  cumplimiento  a  lo  preceptuado  en el artículo 432 de la Ley 906 de 2004, que  establece  los  criterios  a  seguir  en  la   apreciación  de  la  prueba  documental,  por  cuanto  lo que se sigue del estudio del contrato es que reúne  los  requisitos  exigidos  por  la  Ley  80  de  1993,  y  si ello es así, debe  concluirse  que  el  tribunal  dejó  de  sopesar y valorar en debida forma este  documento, con vulneración del debido proceso.   

            Asegura  que  el  contrato  estatal,  cuando comprende  obras  civiles,  debe cumplir, de acuerdo con lo dispuesto en la Ley 80 de 1993, cuatro  etapas,   la   preparatoria,   la  precontractual,  la  contractual  y  la  post  contractual,  las cuales fueron satisfechas a plenitud en el caso analizado, tal  como   lo   demostró   el   implicado   en   cada   una   de   las  actuaciones  surtidas.   

          Ante  esta  realidad,  el  cargo  por  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales es inexistente, no puede prosperar, porque  el   contrato  061  de  2006  fue  concebido  con  apego  a  las  normas  de  la  contratación  pública,  y  mal  puede  declararse  penalmente  responsable  al  procesado por una conducta que no ejecutó.   

          El  fallo  contiene  una confusión, por cuanto pretende hacer notar  que  la designación del interventor por el procesado hace parte intrínseca del  contrato  061,  lo  cual es desacertado, porque una cosa es el contrato que debe  celebrarse,  cumpliendo  las  exigencias  de  la  ley  contractual,  y  otra muy  distinta  es  la designación del interventor de la obra, donde no interviene el  contratista encargado del desarrollo del contrato.   

          Aunque  es cierto que el procesado designó el interventor, y que de  acuerdo  con  el  convenio  suscrito entre el Ministerio de Ambiente, Vivienda y  Desarrollo  Territorial  (MAVDT), el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo  (FONADE)  y  el  Municipio  de  Timbiquí,  para  la construcción del acueducto  Interveredal  de  YEGE,  este  nombramiento  debía  realizarlo  FONADE, ninguna  ilegalidad  se  presenta, porque esta designación no hacía parte del contrato.   

          Siendo  así, el procesado no podía incurrir, por este hecho, en el  delito  de  contrato  sin  el  cumplimiento  de  requisitos  legales  que  se le  atribuye,  sino,  a  lo sumo, en el  punible de abuso de función pública,  previsto  en  el  artículo 428 del Código Penal, que establece que el servidor  público  que  abusando  de su cargo realice funciones públicas diversas de las  que  legalmente  le  corresponden,  incurrirá  en  prisión  de  1  a 2 años e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por 5  años.   

          Argumenta  que  si  el  tribunal  hubiera  valorado y sopesado, como  correspondía,  la  prueba  documental, específicamente el contrato de obra 061  de  6  de  abril  de  2006,  en armonía con lo dispuesto en el Ley 80 de 1993 y  disposiciones  que  la  complementan, habría llegado al pleno convencimiento de  que  el  contrato  se  elaboró  y  perfeccionó  con  apego  a  la normatividad  contractual  pública,  pero  como  no  lo  hizo,  desconoció  el contenido del  artículo 432 de la Ley 906 de 2004.   

          Insiste  en  los  contenidos de la garantía del debido proceso para  afirmar  que  este  principio  constitucional fue  desconocido a lo largo y  ancho  de  toda  la  actuación  procesal,  y en la sentencia, donde se dejó de  valorar  en  debida forma la prueba documental y de interpretar adecuadamente la  Ley  80  de  1993.  Como  normas  violadas, cita los artículos 4, 13 y 29 de la  Constitución  Nacional,  432  de la Ley 906 de 2004, y 380, 404,425, 429, 431 y  433 ejusdem.   

          Aplicación  indebida  de una norma legal   

          Asegura  que  la  sentencia  condenó  al procesado por el delito de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales,  previsto en el artículo  410  del  Código  Penal,  pero  que esta conducta no ha sido ejecutada por él,  porque  la designación del interventor, como ya lo indicó, no hacía parte del  contrato,  sino que constituía una actuación administrativa independiente, que  daría  lugar  a configurar el delito de abuso de función pública, previsto en  el  artículo  428  del  Código Penal, del que cita sus elementos estructurales  apoyado en jurisprudencia de esta Sala.       

         

         

Falta   de   aplicación   de  una  norma  legal   

         

          Manifiesta  que la sentencia condenó también a su representado por  el  delito  de  prevaricato  por  omisión,  que  tipifica  el artículo 414 del  Código  Penal,  por no haber ejercido control sobre los dineros entregados para  la  construcción  de  la  obra,  ni  sobre su ejecución, y haber permitido que  buena parte de aquéllos se perdieran.   

          Pero  sostiene  que  el tribunal dejó de valorar, “el antecedente  documental  obrante  en la causa de marras donde se suspende la ejecución de la  misma,  lo  que hacía, que los dineros depositados, no se podía (sic) disponer  de  ellos  hasta  nueva orden esto es hasta tanto no se levantara la suspensión  de la ejecución del contrato de obras”.   

          Y  agrega  que en el proceso se encuentra debidamente acreditado que  el  apoderamiento  de los dineros por parte del ingeniero MARTÍN ROSALES no fue  producto  de la complacencia del procesado, o de que éste le hubiese sugerido a  la  persona  encargada  de ejercer la interventoría, que hiciera caso omiso del  cumplimiento de los  deberes legales que el cargo le imponía.   

          Afirma  también, después de citar una decisión de esta Sala donde  se  estudian los elementos constitutivos del delito de prevaricato por omisión,  que  de  su  contenido  y  del contexto del haz probatorio se puede sostener que  este  ilícito no fue ejecutado por su representado, porque no eran atribuciones  exclusivas  de  su  cargo  ejercer  la  interventoría  sobre la custodia de los  recursos  económicos  entregados,  y que la fiscalía desvió la investigación  al  dejar  de  vincular  al  funcionario  encargado  de  dicha  vigilancia, para  involucrar  al  alcalde  y  hacerlo responsable de una conducta que no cometió.   

          Recuerda  que  para el momento que el contratista se apoderó de los  recursos,  la  ejecución  del  contrato  no solamente se encontraba suspendida,  sino  que  FONADE  ya  había contratado la interventoría para el control de la  obra  y  el irrestricto manejo de los recursos que se invertirían, y que fue en  ese momento que el contratista se apoderó de parte del dinero.   

          Sustentado  en  estos  argumentos,  solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia impugnada y proferir la que deba reemplazarla.   

          SE CONSIDERA   

         

La  Sala inadmitirá la demanda de casación  que  se  estudia  por  no  reunir  los  requerimientos  mínimos de orden formal  exigidos  para  su  estudio de fondo, ni satisfacer los presupuestos básicos de  idoneidad  sustancial, necesarios para la realización de los fines del recurso.   

Por separado, la Corte analizará cada uno de  los  cargos  propuestos,  no  sin  precisar,  previamente,  que  los fundamentos  normativos  de  las  causales  de  casación  que  el casacionista invoca, y las  normas   adjetivas   que  relaciona  como  violadas,  resultan  en  su  mayoría  impertinentes,  por  corresponder  a  la  Ley  906 de 2004, y no a la Ley 600 de  2000, estatuto bajo el cual se rituó el proceso.    

Errores      de      apreciación  probatoria   

La  Sala  ha sido insistente en sostener que  cuando   se  plantean  en  casación  errores  de  apreciación  probatoria  con  fundamento  en  la  causal  prevista  en el numeral primero, cuerpo segundo, del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, o  con apoyo en el numeral tercero  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, es carga del demandante precisar la  clase de error cometido y acreditar su existencia.   

Esto  implica  tener  que  precisar  si la  violación  de  la ley sustancial proviene de un error de hecho por falso juicio  de  existencia,  falso juicio de identidad, o falso raciocinio, o de un error de  derecho  por falso juicio de legalidad o falso juicio de convicción, y explicar  por  qué en el caso específico se presenta el error invocado y qué incidencia  tuvo en las conclusiones probatorias de la decisión.   

Esta  obligación  es desatendida totalmente  por  el  libelista,  pues  en  sus alegaciones, como se dejó visto, se limita a  sostener  que el tribunal omitió valorar el contrato 061 frente a los criterios  de  apreciación  establecidos  en  el  artículo 432 de la Ley 600 de 2004, sin  identificar  la  clase de error cometido, ni ocuparse de su demostración, y sin  tener  en  cuenta  que esta disposición no hace parte del estatuto bajo el cual  se rituó el proceso.   

Sostiene  también  que la actuación violó  del   debido   proceso,  con  lo  cual  pareciera  estar  simultáneamente   planteando  un  error  in  procedendo, o de actividad, que no concreta, y que de  haberlo  hecho  debía  ser  propuesto  al  amparo  de  la causal prevista en el  numeral  tercero  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, que permite acudir en  casación  cuando  la sentencia ha sido dictada en un juicio viciado de nulidad.   

Da a entender igualmente que la calificación  jurídica  de  la  conducta  es  equivocada, porque cuando más, daría pie para  imputar  el  delito  de  abuso de función pública previsto en el artículo 428  del  Código Penal, pero no precisa si el error provino de la apreciación de la  prueba,  o  de un equivocado razonamiento jurídico, ni hace esfuerzo alguno por  probar  su  existencia,  ni se refiere a las implicaciones que el error tendría  en la validez de la sentencia y del proceso.      

Dicha forma de alegar resulta inadmisible en  esta  sede,  porque la casación no es un recurso de fundamentación libre, sino  de  crítica vinculada, que exige el cumplimiento de unos requisitos mínimos de  orden  formal y sustancial para su admisión a trámite, como la enunciación de  la  causal  propuesta,  la  identificación  del  error,  la acreditación de su  existencia  y  la  demostración  de  su  trascendencia,  y  una  argumentación  respetuosa  de los principios de no contradicción, autonomía de las causales y  razón suficiente, que el demandante inobserva.     

Sumado  a  esto,  el  argumento  en  el cual  descansa  la  pretensión  casacional,  consistente  en  que  el contrato 061 no  desconoce  los  requerimientos  de  la  Ley 80 de 1993,  carece de sentido,  porque   la   designación   del   Secretario   de  Planeación  Municipal  como  interventor,  no  solo  contraviene  las cláusulas décima el convenio de apoyo  financiero  y  la   tercera   del  contrato,  sino el artículo 32 del  referido  estatuto  legal, numeral primero, inciso segundo, que exige que en los  contratos  de  obra  celebrados  como  resultado  de un proceso de licitación o  concurso   públicos   la   interventoría   se   pacte   con  una  persona  independiente  de  la  entidad contratante y del contratista, aspectos todos que  fueron       ampliamente       examinados       en       los      fallos      de  instancia.        

También  es  verdad  irrebatible  que  la  designación   del   Secretario   de  Planeación  Municipal  como  interventor,  desplazando  a  FONADE  en  la potestad que le asistía de hacerlo, sin aviso de  ninguna  clase,  se  hizo  con el propósito de que su subalterno suscribiera el  acta  de  iniciación de la obra para poder obtener el desembolso de los dineros  correspondientes  al  crédito  otorgado por el Banco de Colombia, y disponer de  ellos  sin  control  alguno,  como finalmente aconteció, después de haber sido  trasladados  a  la  cuenta  corriente  abierta  a nombre del contratista MARTÍN  ALONSO REALES/ Acueducto YEGE.        

Aplicación   indebida   de   una  norma  legal   

Este  cargo no constituye realmente un nuevo  ataque,    sino   la   síntesis  y  reiteración  del  anterior,  pues  el  recurrente   insiste  en  que  el  artículo  410  del  Código  Penal, que  describe  el  delito  de contrato sin requisitos legales, no podía ser aplicado  al  caso  porque la designación del interventor no hacía parte del contrato, y  que  la  actuación  del  procesado solo daría lugar a estructurar el delito de  abuso  de  función  pública, sin añadir nuevos argumentos, razón por la cual  la Sala se remite a lo dicho en el capítulo anterior.    

Falta   de   aplicación  de  una  norma  legal   

La causal primera del artículo 181 de la Ley  906  de  2004, que el casacionista invoca como fundamento legal de esta censura,  consagra  como causal de casación la llamada  violación directa de la ley  sustancial,  que  se presenta cuando el juzgador acierta en la valoración de la  prueba  y  la concreción de los hechos, pero se equivoca en la declaración del  derecho,  porque  aplica al caso una norma sustantiva que no corresponde, o deja  de  aplicar  la llamada a regularlo, o le otorga a la correctamente seleccionada  un sentido o alcance que no tiene.   

De  esta  definición  conceptual surge la  regla   técnica   consistente  en  que  cuando  se  plantea  en  casación  violación  directa de la ley sustancial, la demanda debe aceptar los hechos que  los  fallos  declararon  probados  y la valoración que hicieron de la prueba, y  circunscribir  el  debate  al  campo  del  raciocinio  puramente  jurídico, sin  cuestionar  la  prueba,  porque  si  lo  hace,  la  censura deriva en un alegato  intrínsecamente contradictorio.    

Esta  exigencia argumentativa es desatendida  por  el  casacionista,  pues  no  obstante  invocar violación directa de la ley  sustancial,  que exige, como ya se indicó, circunscribir el ataque a cuestiones  estrictamente  jurídicas,  arremete  contra  la  valoración que los juzgadores  hicieron  de la prueba, por considerar que omitieron valorar elementos de juicio  que  acreditaban  que  la pérdida de los dineros no sobrevino como resultado de  una  actividad  directa  o  complaciente  del procesado.       

Siendo  este  el  contenido  del  cargo, era  imperativo  para el libelista invocar violación indirecta de la ley sustancial,  que  se  materializa  cuando  el  juzgador  incurre  en  errores de apreciación  probatoria   que   lo  llevan  a  equivocarse  en  la  aplicación  del  derecho  sustancial,  y  desarrollarlo  siguiendo  los  lineamientos  argumentativos  que  impone  la  lógica  de  la  causal,  es  decir, con  indicación del error  cometido,  su  naturaleza, la prueba en la cual se presentó, su acreditación y  la   demostración   de   su  trascendencia,  labor  que  tampoco  cumple.    

Sus alegaciones se reducen a dos afirmaciones  de  carácter  general,  (i)  que  la investigación no acreditó que el acusado  hubiese  contribuido  con su conducta a la pérdida de los dineros, y  (ii)  que  no  eran atribuciones de su cargo ejercer la vigilancia de la ejecución de  la  obra  ni  de los  recursos entregados, pero no dice,  en concreto,  qué   prueba  o  pruebas  los  juzgadores  dejaron  de  apreciar  o  apreciaron  equivocadamente,  qué  hechos  demostraban  estas  pruebas, qué clase de error  cometieron,  ni  qué  trascendencia  tuvo el desacierto en las conclusiones del  fallo.      

Sumado a esto, el ataque se revela infundado,  pues  no  se  advierte que las afirmaciones del fallo, consistentes en que el ex  Alcalde  HURTADO  CARABALÍ  omitió  cumplir  el  deber  legal  de supervisión  consagrado  en  el artículo 4° de la Ley 80 de 1993, contraríen la legalidad,  ni  que  los  hechos  en  que  se  sustenta  la decisión de condena desatiendan  la  realidad procesal.    

Contrario a lo insinuado por el casacionista,  la  investigación demostró que 14 meses después de la entrega del anticipo al  contratista,   por  valor  de  $1.192’476.195,   solo  quedaba  un remanente de  $43’876.177,  sin  haberse realizado obra  alguna,  y  que durante todo ese tiempo fungió como Alcalde el procesado, quien  nada hizo para evitar que el dinero se desapareciera.    

Decisión       

Visto, entonces, que la demanda estudiada no  cumple  las  condiciones mínimas de orden formal ni sustancial exigidas para su  estudio  de fondo, se la inadmitirá a trámite, en cumplimiento de lo dispuesto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, y se ordenará devolver el proceso a  la  oficina de origen, no advirtiendo violaciones a garantías fundamentales que  la Corte esté en el deber de proteger de manera oficiosa.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

          RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  HERNANDO       HURTADO      CARABALÍ.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

                FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios  1189-1200  del cuaderno original No.4A y 1201-1207 del cuaderno original  No.5.   

2  Folios   1297-1299,   1337-1352,   1355-1356   y   1363  del  cuaderno  original  No.5.   

3  Folios 1510-1514 del cuaderno original No.6.   

4  Folios 1918-1974 del cuaderno original No.7.   

5  Folios 6-44 del cuaderno del tribunal.     

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