AP6474-2014(43185)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP6474-2014  

Radicación N° 43.185  

(Aprobado Acta N°  349)   

Bogotá D.C., veintidós (22) de octubre de  dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases jurídicas y  lógicas  de la demanda de casación presentada por la defensora de confianza de  Melquisedec      Uni      Muñoz      contra  la  sentencia  proferida el 26 de septiembre de 2013 por la  Sala   Penal   del   Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  que  confirmó,  con  modificaciones1,  la  emitida  el 6 de mayo del año citado por el Juzgado Segundo  Promiscuo  del  Circuito de Leticia (Amazonas), que lo condenó por el delito de  homicidio culposo.    

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

El  2  de julio de 2006, en el municipio de  Leticia   –  Amazonas,  cuando  se  llevaba  a  cabo  una  celebración  a eso de las tres de la tarde o  cuatro  de la tarde mientras la comunidad presenciaba la festividad y el paso de  caravanas,   ocurrió   un   incidente  con  la  utilización  de  un  artefacto  pirotécnico  (volador)  el  cual  cayó  sobre  la  inerme  humanidad de varios  observadores  del evento, más concretamente, en la menor Sara Palomino Parra de  tan  solo  dos  años  de  edad  y  la  señora  Amanda  de las Mercedes Salazar  Ramírez.  El mencionado artefacto al parecer detonó en la cabeza de la primera  quien  falleció  posteriormente en el Centro Policlínico Olaya de la Ciudad de  Bogotá,  lugar  donde  fue  trasladada;  produciéndose  a  la segunda de estas  personas    lesión   en   el   conducto   auditivo   y   quemaduras2.   

2. Por estos hechos, cuatro días después,  Amanda    de    las    Mercedes   Salazar   Ramírez,   formuló   la   denuncia  correspondiente3.   

3.  El  7  de  julio de 2006, el Fiscal 326  Seccional  de Bogotá profirió resolución de apertura de instrucción previa y  ordenó    la   práctica   de   algunas   pruebas4.   

4.  El  17  del mismo mes y año, el Fiscal  Segundo  Local  (e)  de  Leticia,  Amazonas declaró abierta la investigación y  ordenó  celebrar  audiencia  de  conciliación que, de resultar fallida, debía  conducir    a    la    vinculación    mediante    indagatoria    del   presunto  responsable5.   

5. Por su parte, el 29 de septiembre de ese  año,  el  Fiscal  Seccional  Treinta  y  Dos  de  dicho  lugar, también abrió  instrucción  contra Melquisedec Uni Muñoz  y  dispuso  escucharlo  en  injurada6.   

6.  Como  quiera  que el Fiscal Segundo (e)  advirtió  que  a  su homólogo Treinta y Dos le había sido repartido idéntico  asunto,  el  12  de  igual  mes  ordenó  la  remisión  de  la actuación a ese  despacho7.   

7. El 18 de octubre siguiente se escuchó en  indagatoria    al    inculpado    Melquisedec    Uni  Muñoz8.   

8. El 29 de octubre de 2010 se llevó a cabo  audiencia  de  conciliación,  que  se  declaró  fracasada porque las partes no  llegaron        a        ningún       acuerdo9.   

9.  El  1  de marzo de 2011 se clausuró el  ciclo                   instructivo10.   

10. El mérito del sumario se calificó por  la  Fiscalía  Cuarta  Seccional de Descongestión de Leticia con resolución de  acusación  del  8  de julio de 2011 contra Melquisedec  Uni  Muñoz,  en calidad de presunto autor del delito  de  homicidio  culposo,  en  concurso  con  el  de  lesiones personales culposas  (artículos   109   y   120   del   Código  Penal)11.   

11.  Apelada esta decisión por el defensor  de  Uni Muñoz fue confirmada  el  26  de  octubre  siguiente  por la Fiscalía Sexta Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  en  relación  con el punible de homicidio culposo;  respecto   de   las   lesiones   declaró   la   prescripción   de  la  acción  penal12.   

12.  El  31  de  enero  de  2012 el Juzgado  Segundo  Promiscuo  del  Circuito de Leticia avocó el conocimiento del asunto y  en  el mismo auto ordenó correr el traslado de que trata el artículo 400 de la  Ley           600          de          200013.   

13. La audiencia preparatoria se celebró el  26         de         marzo         posterior14.   

14.  La  vista  pública  de juzgamiento se  llevó   a   cabo   el   31   de   enero   de  201315.   

15.  Mediante  sentencia  del  6 de mayo de  dicho  año  proferida por el Juzgado Segundo Promiscuo del Circuito de Leticia,  Melquisedec  Uni  Muñoz fue  declarado  penalmente  responsable,  en calidad de autor del delito de homicidio  culposo.   

En  consecuencia,  se  le  impuso  la  pena  principal  de  treinta  y  dos  (32)  meses de prisión, multa de 26.66 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso. Igualmente,  suspendió  a  favor  del  procesado la ejecución de la pena de prisión por un  período       de       dos      (2)      años16.   

16.  Inconformes  con  el  fallo de primera  instancia,  la  defensa  técnica del acusado y el Procurador 206 Judicial Penal  I,              lo              apelaron17.   

17.  En  proveído  del 26 de septiembre de  2013  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca confirmó  la  providencia impugnada, con la modificación consistente en fijar la sanción  de  prisión  en  veinticuatro  (24)  meses  y  la multa en 20 salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes,  con base en el principio de legalidad de la pena,  en  tanto  el  acusado había sido sentenciado con el aumento punitivo genérico  dispuesto  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 200418.   

18. Contra esta determinación la apoderada  de     Uni     Muñoz  interpuso19          y          sustentó20  el  recurso extraordinario  de  casación21.   

LA DEMANDA  

Previa  identificación  de  los  sujetos  procesales,  la  recurrente  sintetiza  los  hechos  y  la actuación procesal e  invoca  la  causal  de  casación  de  nulidad  descrita  en  el numeral 3º del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  y  en el canon 306, 3º ejusdem,      por      «violación  del  Derecho de Defensa»22.   

Explica  que el ataque lo formula porque en  instancias  se  negó  la  práctica  de  una  inspección  judicial. Para ello,  extracta  los  motivos aducidos por los falladores, en los que se hizo hincapié  en   la   extemporaneidad   del   medio  requerido  (después  de  la  audiencia  preparatoria)  y  en la carencia, si se quiere, de argumentos que demostraran su  conducencia y pertinencia.   

Así  mismo,  anuncia  que  el  Tribunal se  equivocó  cuando  dijo  que tampoco podría suponerse que la inspección es una  prueba  sobreviniente  porque  pasaron más de siete (7) años desde la fecha de  consumados   los   hechos  ilegales,  y  su  práctica,  ahora,  no  resultaría  útil.   

En  un nuevo título, la defensora advierte  sobre  la  conducencia y pertinencia del medio aludido. Con ese propósito, cita  una   decisión   de  esta  Sala  en  la  que  se  expuso  que  el  «Derecho    de   Defensa   no   tiene   limitaciones»  en  ninguna  de  las fases procesales23.   

A continuación, rememora los hechos objeto  de  juzgamiento  para  cuestionar  las versiones allegadas en la inspección del  cadáver  realizada  por  la  Fiscalía 326 Delegada ante los Jueces Penales del  Circuito  de  Bogotá,  debido a que  los familiares de las víctimas no se  individualizaron  o  identificaron,  ni  mucho menos se les preguntó si estaban  festejando el día de San Pedro en Leticia.   

Bajo   estas   circunstancias,   para  la  demandante      es      «irregular»24 lo expuesto  por  los  «familiares» de  la  víctima,  quienes  sindicaron  a  su  poderdante de la autoría material de  tales acontecimientos.   

Recuerda,  asimismo,  que con fundamento en  dichas  aseveraciones  se inició la investigación en contra de su representado  y  se  ordenó  la  inspección  judicial  de  oficio, en el auto de apertura de  instrucción del 7 de julio de 2006.       

Acto seguido, trae a sus consideraciones lo  declarado  por  Amanda  de  las  Mercedes  Salazar  Ramírez (abuela de la menor  fallecida  y  también  lesionada),  Luis  Ángel  Perdomo  Porras, Albino Rojas  Casagua,  Maira  Martínez Muñoz, Victoriano Patarroyo Homes, Elcar Raúl Silva  Valderrama y Rosa Rodríguez de Cotacio.   

En  oposición  a  los  argumentos  de  los  juzgadores,  la letrada advera que su prohijado se hallaba en un lugar diferente  al  sitio  donde  sucedieron  los  hechos,  que  había mucha gente «y  que  el uso de la pólvora era indiscriminado por las personas  que   acompañaban  las  diferentes  carrozas  (…)  circunstancia  que  hacía  imposible  determinar  quién  había  lanzado  el volador que hirió a la menor  fallecida  y  su  abuela,  salvo los testimonios de ella misma (la abuela) y sus  compañeras   de   trabajo   (eran   profesoras)»25,        quienes  responsabilizaron al aquí procesado del homicidio culposo  de la niña.         

A  juicio de la recurrente, el «contexto         probatorio»26  relacionado  enseña  que  «debe     prosperar     el    cargo»27, porque se  trata  de  un  medio  ordenado  de  oficio,  es  conducente, pertinente, útil y  favorable  a  su representado, «pues las fotografías  del   lugar   y   el  plano  correspondiente  ordenado  en  la  apertura  de  la  INVESTIGACIÓN  PREVIA  el siete (7) de julio de 2007, no podía ser suplida por  otros       medios       de       convicción»28;        máxime,  si  los  testimonios  en  contra de su asistido (abuela y  amigas    de    trabajo),   «resultan   exiguos   y  contradictorios»29.    

Estos  motivos  llevan  a  la  demandante a  insistir  en  la  práctica  de  la inspección porque para ella es «prueba  directa  del hecho que se pretende probar (…) [por] los  vestigios,   huellas   o   rastros   del   hecho»30   o   quizás  sirve  para  determinar  el  sitio  donde  estaba  el  procesado  al  momento  de  los  actos  ilícitos.   

Para el efecto, explica que el rechazo de la  práctica  de  la  inspección  refulge  en  una  clara violación al derecho de  defensa,  porque  la pertinencia, conducencia y utilidad de la misma se cumplió  como  lo  ordena  la ley, «de tal manera ‘la      inspección      a     la  escena’ cotejada con las  pruebas  recopiladas,  en  el plenario tenía la potencialidad de transformar la  verdad   procesal  y  por  ende  el  sentido  del  fallo,  razón  por  la  cual  consideramos  necesario  invalidar  la  actuación»31.    

Aclara la defensora que el medio aludido fue  ordenado  de  oficio,  sin que le sea oponible el tiempo transcurrido por cuanto  esa  era  una  carga  de  los  funcionarios  judiciales  que intervinieron en la  presente  actuación,  pues  «el yerro que reclamamos  no  se  suple  con  el  argumento  de  la  atemporalidad  de  la práctica de la  prueba»32.   

En  un nuevo título, sostiene la libelista  que  las instancias vulneraron el derecho de defensa de su procurado, sobre todo  si  se  considera  que  la  Corte  Constitucional,  en sentencia SU-087 de 1999,  expuso  que una vez ordenadas las pruebas no es admisible, de manera arbitraria,  su   rechazo,   porque  tal  decisión  contrae  un  derecho  para  los  sujetos  procesales.   

Como la aludida prueba no se practicó antes  del  cierre  del  ciclo  instructivo  ni después de la calificación el derecho  alegado  se infringió desde el inicio de la investigación previa, al tenor del  artículo  322  de  la  Ley  600  de 2000, esto, a pesar de la insistencia de la  defensa  técnica, como se puede ver en los recursos de reposición y apelación  que sobre el tema interpuso, sin que se le diera la razón.   

Precisa  la  recurrente  que a la audiencia  preparatoria  no comparecieron la defensa y el Ministerio Público; sin embargo,  el  despacho  relacionó  las  pruebas  que serían practicadas en la causa, sin  percatarse  de  que  la  inspección  podía  ser  evacuada en el desarrollo del  juicio,  incumpliéndose, por esa razón, la garantía de los derechos debidos a  su  representado,  además que, como era una decisión oficiosa, su práctica no  requería    argumentación    alguna    sobre    pertinencia,   conducencia   y  utilidad.   

Al  final, aduce que una vez recorridas las  etapas  procesales,  es  nítido  el yerro denunciado con el fin de que desde el  auto de apertura de instrucción se declare la nulidad planteada.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo 213 del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  los  presupuestos ni cumple con las exigencias mínimas previstas en  el artículo 212 del mismo Estatuto.   

1. Examen de admisibilidad sobre la casación  discrecional.   

        Según  lo  establece el artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal  del  2000,  la  casación  procede  contra  las  sentencias  «proferidas  en segunda instancia por los tribunales superiores de  distrito  judicial  (…)  en  los  procesos  que se hubieren adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de ocho años».   

        El   mérito   del   sumario  fue  calificado  con  resolución  de  acusación  por el delito de homicidio culposo, el cual se encuentra descrito en  el  artículo  109 de la Ley 599 de 2000, adecuación típica que fue acogida en  los fallos censurados.   

Este tipo penal establece como sanción una  pena  de  2  a  6 años de prisión, presupuesto objetivo que nítidamente torna  improcedente la casación ordinaria.   

        En  la  demanda,  la  defensora  en ningún momento se refiere a la  vía  de  la casación discrecional o excepcional, para determinar si reúne los  requisitos  normativos  exigidos por el inciso 2° del artículo 205 del Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es, que la Corte «lo  considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   o   la  garantía  de  los  derechos  fundamentales».   

        Sobre  el  particular, la Sala observa que la libelista no ofreció  análisis  alguno  que  permita determinar la necesidad de admitir la demanda en  procura  de  desarrollar  su jurisprudencia o proteger las garantías esenciales  del  procesado,  circunstancia  que impide a la Corte suponer tales aspectos, en  virtud   del   principio  de  limitación.   

        En  efecto,  es diáfano que la defensora no intenta siquiera hacer  alguna  propuesta  argumentativa dirigida a justificar la necesidad de avocar el  conocimiento  del  asunto  por  la  vía  excepcional  en procura de   actualizar,   unificar   o   elaborar  la  jurisprudencia  de esta  Corporación  frente  a  un  supuesto  aún  no  tratado,  o  que  apunte  a  la  demostración  de  la vulneración de alguna garantía fundamental, sino que, de  entrada,  se  limita  a  proponer  la  causal de casación que estima procedente  –cuando  la sentencia se  haya  dictado en un juicio viciado de nulidad-, ignorando que a la Sala le está  prohibido  tratar  de  desentrañar  el  sentido  de  la censura para llenar sus  vacíos,  o  interpretar  o  subsanar  sus yerros o corregir, complementar o, de  cualquier    manera,   suplantar   al   libelista   en   la   elaboración   del  disenso.   

        Realmente,  la  demanda  no  logra  comprobar  que  la casación es  trascendente  para  efectivizar  el  derecho  material  o  para  desarrollar  la  jurisprudencia.   

        Como  esta  Corporación desconoce los aspectos que, en criterio de  la  recurrente,  habilitarían  la revisión de fondo de la sentencia censurada,  pues   serían   sus   razonamientos  los  que  facultarían  a  la  Corte  para  pronunciarse  en orden a determinar su procedencia frente a los aludidos puntos,  se impone su rechazo.   

        Ahora  bien,  si  fuera  necesario se podría agregar que aunque el  carácter  expreso  y  nítido de esos requisitos puede ser obviado, siempre que  los  cargos,  desarrollados  adecuadamente,  apunten  a  la  demostración de la  vulneración  de alguna garantía fundamental, también entendido como fin de la  casación       discrecional,       este  no  es  el  caso,  pues  de  una  parte,  como  se explicará  adelante,  la  causal  invocada por la abogada no está llamada a prosperar y de  otra,  no  se  advierte la existencia de cualquier otra irregularidad sustancial  que haga viable la intervención oficiosa de la Corporación.   

2. Cargo único. Nulidad.  

        Como  si  fuese  un  discurso  de  libre valoración probatoria, la  demandante  acusa el fallo del Tribunal porque no declaró la nulidad de todo lo  actuado  con  el  objeto  de  reparar  –en  su opinión- la violación al derecho de defensa, presuntamente  conculcado  a  su  mandante  porque  no  se  practicó  una inspección judicial  ordenada  de oficio por el ente acusador en el sitio de los hechos, útil, en su  sentir,  para  detectar  algún  vestigio  material (huellas) sobre el homicidio  culposo  por  el  que  fue sentenciado su mandante o, en últimas, si se quiere,  para  determinar  que  él  no  se  encontraba  en  el lugar donde dicen algunos  testigos que estaba.   

Recuérdese que cuando se acude a la senda  de  la  nulidad  es deber del casacionista comprobar  de  manera   cierta  la  existencia  de  yerros  de  garantía  o  de  estructura  insalvables  que  hagan  que  la  actuación  y la  decisión  de  segunda  instancia pierdan toda validez formal y material, por lo  que  corresponde  al libelista expresar con claridad y precisión los motivos de  ataque,    señalar    conforme    al   principio   de   taxatividad33    la  irregularidad  sustancial  que  afecta  el  proceso,  determinar la forma en que  ellas  rompen  la estructura del proceso o afectan las garantías de los sujetos  procesales y la fase en la que se produjeron.   

Igualmente,  la fundamentación del ataque  se  debe  hacer  a  la  luz  de  los postulados que rigen la declaración de las  nulidades,   esto   es,   los   de   convalidación34,   protección35,  instrumentalidad       de       las      formas36,  trascendencia37    y  residualidad38,  pues  si se avizora que el defecto denunciado no afecta en grado  sumo  el  desarrollo  de  la  actuación,  ni  altera  lo  decidido  en el fallo  censurado, no hay lugar a decretarlo.   

Además,  si  son  varias  las  presuntas  anomalías,  la crítica se debe proponer en capítulos separados, estableciendo  cuál  de  ellas  se  invoca  como  principal y cuál(es) como subsidiario(s) en  tanto fueren excluyentes.   

        Si  el  vicio  denunciado  corresponde a una violación del proceso  debido,  es  necesario  que el actor identifique la falencia que alteró el rito  legal,  pero,  si  afecta  el  derecho  de defensa, debe especificar el acto que  lesionó  esa  garantía;  en  cada  hipótesis,  la  argumentación  debe estar  acompañada de la solución respectiva.   

En  su  escrito,  la  defensora, a más de  aducir  vulnerado el derecho a la defensa por cuenta de la falta de práctica de  una  inspección  judicial ordenada de oficio por la Fiscalía en los albores de  la  investigación  –tema  agotado  en las instancias-, lo que verdaderamente propone es una afrenta contra  la  apreciación  fáctica  del  juzgador  de  segundo  grado,  en  punto de las  declaraciones  de la denunciante y de dos testigos más que se encontraban en el  lugar  de  los hechos, con los que se fundó la decisión de condena, por cuanto  no  estaría  acreditada  la  autoría  de su prohijado porque en su indagatoria  negó  el  hecho  e indicó que estaba en otro lugar, como lo corroboraron otros  testigos.   

La  desatención de la técnica casacional  es  patente,  pues  el  reparo  frente  al  valor  suasorio  que el ad  quem  le dio a la prueba, debió ser  formulado  a través de la vía de la violación indirecta de la ley sustancial,  con  precisión  del  error  de  hecho o de derecho y del falso juicio ocurrido,  esto   es,  de  existencia,  identidad,  raciocinio,  legalidad  o  convicción.   

        Y   es  que,  contrario  a  lo  presumido  por  la  libelista,  los  juzgadores   encontraron  probado  a  partir  de  todos  los  medios  de  prueba  incorporados  a  la  actuación  que  la  conducta  del  procesado era típica y  antijurídica  y, en consecuencia, era merecedor de la sanción penal imponible,  fundamentalmente  porque la administración local de Leticia prohibió la venta,  distribución,   tenencia,   transporte   y  utilización  de  pólvora  en  ese  municipio.  Sin  embargo,  el aquí procesado «violó  la                   prohibición»39 y   

(…)  reconoció que utilizó pólvora en  la  celebración  de  San  Pedro,  de  la cual era él uno de los organizadores,  existiendo  además  testigos  que  lo  vieron haciéndolo como es el caso de la  misma   afectada  SALAZAR  RAMÍREZ  y  los  señores  MARTÍNEZ  MUÑOZ,  SILVA  VALDERRAMA  y RODRIGUEZ DE COTACIO quienes son testigos presenciales del hecho y  señalaron  al  enjuiciado  como  la  persona que lanzó el volador o cohete que  generó            el            accidente40.   

        Por  otro  lado,  la  demandante  no demuestra la trascendencia del  supuesto  yerro,  en la medida que sólo opone su particular modo de entender el  asunto,  restándole  importancia  al paso del tiempo (más de 7 años) después  de  acontecido  el accidente culposo donde falleció la pequeña de dos años de  edad,  pensando  que  con  la  inspección  judicial se puede, en la actualidad,  hallar  «prueba  directa  del hecho (…) [como] los  vestigios,   huellas   o   rastros   del   hecho»41  o,  también,  cuestionar  nuevamente  la precepción judicial sobre el sitio donde se hallaba el inculpado  al  momento  de  los  actos  ilícitos.  Pretendió así, la jurista, ocultar la  variedad  de  prueba incriminatoria contra su prohijado, so pretexto que tras el  mentado  período encontraría muestras (físicas o materiales) de la ocurrencia  de los hechos, lo cual es irrazonable e ilógico.   

        Es  innegable, así mismo, que la vía adecuada para desarrollar el  cargo  era  la  de  la nulidad por ruptura del  principio de investigación  integral.  No  obstante,  no  fue  esta  la ruta postulada y desarrollada por la  defensora para sustentar la censura.   

Con todo, es indispensable resaltar que tal  reproche  no  habría  tenido ninguna vocación de éxito, porque dicha crítica  no  satisface  el  principio  de  protección, habida cuenta que durante la fase  instructiva  la  defensa no se ocupó de reclamar la práctica de la inspección  judicial,  convalidando  de esta manera la incuria del ente acusador y, además,  tal  como  lo  hicieron ver los juzgadores, en su momento, es decir, en la etapa  del  juicio, la defensa tampoco demostró la pertinencia, conducencia y utilidad  del  medio  de convicción reclamado, atributos de la prueba que, contrario a lo  argüido  por la recurrente, sí debían ser acreditados en sede de juzgamiento,  ya  que,  justamente, se trataba de una nueva solicitud probatoria, en la medida  que  no  fue practicada por el funcionario instructor, pese a que se decretó de  oficio en la fase preliminar de la investigación.   

Y  es  que,  si  bien,  la  Sala  advierte  palmario  que,  distinto a lo considerado por los juzgadores, la petición de la  defensa   dirigida   a   que  se  practicara  la  inspección  judicial  no  fue  extemporánea  durante  el ciclo de la causa, habida cuenta que en el sistema de  enjuiciamiento  penal  regido  por  la  Ley  600  de  2000,  la oportunidad para  solicitar   y   practicar   pruebas  nace  en  el  traslado  del  artículo  400  ejusdem y se conserva hasta  antes  de  que  se  dé  inicio  a  las intervenciones de los sujetos procesales  durante  la  audiencia  pública  de juzgamiento y, en el caso de la especie, la  necesaria  verificación preliminar del expediente permite constatar que aquella  se  elevó una vez surtida la audiencia preparatoria aunque, en todo caso, antes  de  que  iniciara  el  debate oral, es lo cierto que, como quedó sentado, no se  definió  cuál  sería  la relevancia actual de una inspección al lugar de los  hechos,  cuando  han  transcurrido  muchos años desde la ocurrencia del delito,  sobre  todo,  si se considera que existe suficiente prueba testimonial, a partir  de  la  cual  fue posible establecer la materialidad de la conducta punible y la  responsabilidad    del   acusado   en   la   conducta   punible   de   homicidio  culposo.   

        Así  las  cosas,  nítido  resulta  concluir que no se cumplen los  requisitos  mínimos fijados en la ley para la aceptación de la demanda, por lo  que tendrá que ser inadmitida.   

        Finalmente,   como   se  anticipó  atrás,  de  la  revisión  del  expediente  se  puede  afirmar que no existen ostensibles causales de nulidad ni  patentes  violaciones  de  derechos fundamentales, razón por la cual la Sala no  se  ocupa  oficiosamente  de  tomar  decisiones  sobre  el  fondo  del  proceso.   

        Consecuente  con  lo  expuesto,  la  Sala  de Casación Penal de la  Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  Melquisedec   Uni   Muñoz   contra   la  sentencia  proferida  el 26 de septiembre de 2013 por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Cundinamarca.   

Segundo.  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En la  misma  decisión  le  disminuyó  al procesado el monto de las penas principales  impuestas, por vigencia del principio de legalidad de la pena.   

2 Cfr.  folio  2  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a  folio 7 del cuaderno del  Tribunal.   

3 Cfr.  folios 38-39 del cuaderno de instrucción.   

4 Cfr.  folio 1 ibidem.   

5 Cfr.  folio          44          ibidem.   

6 Cfr.  folio          36          ibidem.   

7 Cfr.  folio          46          ibidem.   

8 Cfr.  folios         48-50         ibidem.   

9 Cfr.  folio          77          ibidem.   

10 Cfr.  folio          86          ibidem.   

11  Cfr.      folios     90-103     ibidem.   

12  Cfr.   folios   2-12   del   cuaderno   original  de  segunda  instancia  de  la  Fiscalía.   

13  Cfr. folio 3 del cuaderno de la causa.   

14  Cfr. folio 11 ibidem.   

15  Cfr. folios 82-86 ibidem.   

16  Cfr.      folio      90-107     ibidem.   

17  Cfr.      folio     109-116     ibidem.   

18  Cfr. folios 6-23 del cuaderno del Tribunal.   

19  Cfr.       folio       37      ibidem.   

20  Cfr.      folios      41-59     ibidem.   

21  Cfr.      folios      37-59     ibidem.   

22  Cfr.      folios      45-46     ibidem.   

23  Cfr.       folio       47      ibidem.   

24  Cfr.       folio       48      ibidem.   

25  Cfr.       folio       51      ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Cfr.       folio       52      ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Cfr. folio 53 ibidem.   

33 Las  únicas  nulidades  objeto  de alegación son las expresamente consagradas en la  ley.   

34 Las  irregularidades  pueden convalidarse con el consentimiento expreso o tácito del  sujeto perjudicado.   

35 El  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  vicio,  es  el  único  que  lo  puede alegar, salvo que se trate de ausencia de  defensa técnica.   

36  Como  las  formas no son un fin en sí mismo, siempre que se cumpla con   el  propósito  que  la  regla  de  procedimiento  pretendía  proteger, no habrá lugar a la declaración de la nulidad.   

37 La  magnitud   del   defecto  debe  tener  incidencia  en  el  sentido  de  justicia  incorporado a la sentencia.   

38 La  declaratoria  de  nulidad  debe  ser  el único remedio procesal para superar el  yerro detectado.   

39  Cfr.  folio  10  de la sentencia de primera instancia a folio 99 del cuaderno de  la causa.   

40  Ibidem.   

41  Cfr.       folio       52      ibidem.     

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