AP6473-2014(43805)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP6473-2014  

Radicación N° 43805  

(Aprobado Acta N° 349)  

Bogotá, D.C., veintidós (22) de octubre de  dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  examina  las  bases  jurídicas,  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora     de     Esteban    Enrique    Sánchez  Rodríguez  contra la sentencia del 20 de noviembre de  2013,  en  virtud  de  la cual el Tribunal Superior de Barranquilla confirmó la  dictada  el 26 de abril de 2012 por el Juzgado 6° Penal del Circuito Adjunto de  esa   ciudad  y  condenó  al  acusado  por  el  delito  de  homicidio  culposo.   

HECHOS  

Fueron  así  narrados  por  el ad     quem     en    la    providencia  impugnada:   

Dan cuenta los autos que el día 14 de junio  de  2.005,  a la altura de la calle 38 C carrera 21, aproximadamente a las 18:00  horas  en  momento  en  que  la  señora  VIRGINIA  MARÍA  GONZÁLEZ NORIEGA se  disponía  a  terminar  de  atravesar  la  carrera,  fue embestida por el bus de  placas   UVV   –  894,  afiliado   a  la  empresa  Trasalfa,  conducido  por  ESTEBAN  ENRIQUE  SÁNCHEZ  RODRÍGUEZ,  que  la  lanzó  contra  un  taxi que venía circulando, cayendo al  pavimento  y posteriormente fue arrollada por otro bus de la misma empresa antes  mencionada,  falleciendo  en  el  centro  hospitalario  donde  fue  remitida,  a  consecuencias  (sic) de las  múltiples lesiones sufridas.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. La Fiscalía 8ª Delegada ante los Jueces  Penales  del  Circuito,  Unidad  de  Reacción  Inmediata  de  Turno, de Barranquilla, ordenó, el 15 de junio  de  2005,  apertura  de instrucción, así como la vinculación de Víctor Julio  Rojano    Atencia    y    Alexander    Enrique   Viaña   Colmenares1.   

Al  día  siguiente,  luego  de que aquellos  fueran  escuchados, rindió indagatoria Esteban Enrique  Sánchez                  Rodríguez2.   

2. El 2 de febrero de 2007 se cerró el ciclo  instructivo  y, el 30 de marzo  de  esa  anualidad,  la  Fiscalía 32 Seccional calificó el mérito del sumario  con     resolución    de    acusación    contra   Esteban   Enrique   Sánchez  Rodríguez,   por    el    delito    de    homicidio   culposo,   y   preclusión  de investigación en favor de  Víctor  Julio  Rojano Atencia y Alexander Enrique Viaña Colmenares3.   

La  determinación  fue  confirmada  el 8 de  abril  de  2010  por  la Fiscalía 3ª Delegada ante el Tribunal Superior de ese  distrito                   judicial4.   

3.  Finalizada  la  audiencia  pública  de  juzgamiento,   el  Juzgado  6°  Penal  del  Circuito  Adjunto  de  Barranquilla  profirió  sentencia  el  26  de  abril  de  2012, en la que declaró penalmente  responsable    a    Sánchez   Rodríguez  por  el punible endilgado. En consecuencia, lo condenó a 30 meses  de  prisión,  multa  equivalente  a  20  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes   (s.m.l.m.v.),   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por término igual a la privativa de libertad y suspensión  del derecho a conducir vehículos automotores por 36 meses.   

Le concedió la suspensión condicional de la  ejecución  de la pena y lo condenó a pagar perjuicios materiales y morales por  el   equivalente,   cada   uno,   a  25  s.m.l.m.v.5   

4.  Apelado  el  fallo  por  la defensa, fue  confirmado  el  20  de  noviembre  de  2013 por el Tribunal Superior6.   

LA DEMANDA  

La abogada asegura que su pretensión es que  la  Corte case la sentencia condenatoria y,  en  su  lugar,  absuelva    a    su    representado,    previo   reconocimiento   de   la   duda  razonable.   

Identifica  la  decisión  impugnada,  los  sujetos  intervinientes,  la  situación  fáctica  y  la actuación procesal, y  afirma  que  le  asiste  interés  para  recurrir porque de manera manifiesta se  violaron  las  garantías fundamentales de su protegido, entre ellas,  el  derecho  a  la  defensa  técnica y  material,  toda vez que se desconoció el principio de investigación integral y  el debido proceso probatorio.   

Propone   tres   cargos   que   sustenta  así:   

Primero (principal)  – causal tercera.   

La  sentencia se dictó en un juicio viciado  de  nulidad,  por  afectación de garantías, pues la Fiscalía no adelantó las  labores   investigativas  encaminadas  a  llevar  la  verdad,  en  especial,  la  declaración  del  agente de tránsito David Ávila Ruiz, quien fue el encargado  de  inspeccionar  el  lugar de los hechos, recién ocurridos ellos, y rindió el  informe técnico correspondiente.   

La infracción indirecta tuvo lugar por falta  de  aplicación  de  los  artículos 20 y 250 de la Constitución Política; 20,  306,  314  y  234 del Código de Procedimiento Penal; y por indebida aplicación  de los preceptos 29, 60, 61 y 109 del Código Penal.   

El   testimonio   aludido   es  importante  porque,  según  el  croquis  signado  por Ávila Ruiz, la víctima perdió la vida en un accidente ocasionado  por  dos  vehículos:  un  bus  de  la empresa Trasalfa, conducido por Alexander  Viaña  Colmenares,  y  otro  automóvil  taxi, manejado por Víctor Rojano Atencia, sin que allí aparezca el  nombre  de su prohijado y menos la existencia de otro automotor. Solamente en la  noche,  cuando  se  escuchó  en indagatoria a los antes mencionados,   salió   a   relucir   su   cliente.   

La  declaración  del  policial  se  torna  necesaria   para   aclarar  esa  dicotomía.  Adicionalmente,  es  pertinente  y  conducente,  en  cuanto tuvo  lugar  en  el  sitio  del  suceso  y  conlleva  a  verificar  lo que en realidad  pasó.   

Alexander  Viaña  Colmenares  no  vio  el  accidente  y  tampoco  hizo un señalamiento directo contra su asistido. Si bien  es  cierto  Víctor Rojano Atencia adujo haber advertido la situación, su dicho  no encuentra respaldo en otro medio probatorio.   

Es  más,  lo  contado  por  el  primero fue  desmentido  con  lo  relatado  por el acusado y con el contenido del informe del  accidente de tránsito.   

La  omisión  del ente acusador mancilló el  derecho    a   la   defensa   porque   cercenó   al   enjuiciado   «el  acceso debido a la recursividad investigativa que proporciona  el   Estado»7,  y  le negó su derecho a la verdad. La  sanción  impuesta,  por  un  delito    que    no    cometió,    trasgrede    las    normas    referidas   en  precedencia.   

Solicita  a  la  Corte  declarar  fundada la  causal  de  nulidad y retrotraer la actuación hasta el cierre de investigación  para  que se continúe con la indagación sobre lo favorable y lo desfavorable a  los   intereses   de   su   representado,   de   cuyos  resultados  «debe     surgir,     la     acreditación     de    su    alegada  inocencia»8.   

Segundo         (subsidiario) – causal tercera.   

El  fallo  se  profirió dentro de un juicio  viciado  de  nulidad  por  afectación  del  debido  proceso, lo que ocurrió al  momento  de  evaluar la indagatoria rendida por Víctor Rojano Atencia, toda vez  que  no  se  hizo  en conjunto con el resto de elementos probatorios.   

En  forma indirecta se vulneraron, por falta  de  aplicación,  los  artículos  29  de  la Constitución y 238, 277 y 306 del  Código   de   Procedimiento   Penal;   y,  por  indebida  aplicación,  los  cánones  29,  109,  60 y 61 del  estatuto sustantivo.   

Luego  de  recordar  apartes de la injurada,  así  como  de  la  sentencia  de primera instancia, asegura que el a  quo  le  dio  total  credibilidad a lo  dicho  por Rojano Atencia, sin confrontarlo con lo expuesto por su prohijado, ni  con  el  informe  de  tránsito,  cuando  estas  últimas pruebas lo desmienten.   

Aunque  el Tribunal intentó hacer una mejor  apreciación  del  elemento,  no  alcanzó a superar la regla según la cual las  pruebas deben examinarse en conjunto.   

El error descrito condujo a los falladores a  conclusiones equívocas y a condenar a su prohijado.   

Pide  a  la  Sala  declarar la nulidad de lo  actuado  a  partir  de  la decisión de primer grado9  y, en su lugar, emitir la que  en  derecho corresponda, acorde con las normas propias del procedimiento penal y  las  reglas  de  valoración  de  la prueba, atendiendo la sana crítica, con la  «seguridad  que,  de efectuarse un examen probatorio  en    esos    términos,   la   decisión   de   fondo   ha   de   ser   la   de  absolución»10.   

Tercero         (subsidiario)        – causal primera, cuerpo segundo.   

El   fallo   es   violatorio,    en    forma   indirecta, de la ley sustancial, por error de hecho  proveniente  de  un  falso  juicio de identidad, el que tuvo lugar al valorar la  indagatoria  rendida  por  su  protegido, puesto que se cercenó y se excluyeron  los   apartes   que   encierran   su   manifestación  de  inocencia.   

Se       infringieron,  por  falta de aplicación, los cánones  29  de  la  Constitución Política, 7 –inciso   2-,   238   y  277  del  Código  de  Procedimiento  Penal;  y, por indebida aplicación,  el 29, 60 y 61 del Código Penal.   

Después  de  citar segmentos de la referida  injurada  y  de  la  providencia  de primera instancia, asegura que, mientras el  a   quo  no  examinó  las  pruebas  y  no  indicó  cuál era el mérito probatorio asignado a cada una, el  ad  quem  lo hizo de manera  fragmentaria,  dejando  de  apreciar  las  frases  en  las  que  su defendido se  exculpó  de  toda responsabilidad penal y en las que desmintió lo dicho por el  conductor Rojano Atencia.   

Pretende   que  la  Corporación  case  la  sentencia  impugnada y, en su reemplazo, profiera otra en la que se reconozca la  duda ante las reducidas pruebas obrantes, y se absuelva al acusado.   

CONSIDERACIONES  

La  Sala  inadmitirá  la  demanda porque no  cumple  con  los  requisitos  formales y sustanciales exigidos para darle curso.  Estos son los motivos:   

1.  En  primer  término,  surge evidente el  descuido  de  la  censora  en  cuanto a la viabilidad de la casación ordinaria,  toda   vez   que,   por   el   quantum  de  la  pena  prevista  para  el  delito  de  homicidio  culposo, lo  correcto  era  encaminar  la  demanda  por  la vía de la casación excepcional.   

Según  lo  previsto  en  el inciso 1º del  artículo   205   del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  el  recurso  extraordinario  procede  contra  las  sentencias proferidas en segunda instancia  por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial y por el Tribunal Penal  Militar  cuando  se  trate  de delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad     cuyo    máximo    exceda    de    ocho    (8)    años.   

Si  el fallo no cumple con los presupuestos  descritos,  el  legislador  facultó a la Corte para que, de manera excepcional,  admita  las  demandas  que  se  ajusten  a  los  requisitos  legales,  siempre que lo considere necesario para  el    desarrollo    de    la   jurisprudencia   o   para   garantizar   derechos  fundamentales.   

En  esos  casos, el actor tiene la carga de  exponer  los  motivos  por  los cuales considera que la decisión que reclama de  esta  Corporación  es  indispensable para cumplir con alguna de las finalidades  descritas y, obviamente, para solucionar el asunto propuesto.   

La  defensora  olvidó  por completo que en  esta  ocasión era imprescindible acudir a esa modalidad de impugnación, ya que  el     artículo     109    de    la    Ley    599    de    2000    –norma  aplicable  por  razón  de  la  fecha  en que se cometió el ilícito y tenida en cuenta por el Juez–, sanciona la  conducta  punible  por  la  que  se  acusó  a Sánchez  Rodríguez   con   pena   de   prisión   de  2  a  6  años.   

Ninguna  mención  expresa  hizo la letrada  sobre  ese  aspecto  y, aun de admitir como tal la afirmación, según la cual a  su  representado  se  le  violaron  garantías  fundamentales,  entre  ellas, la  defensa  técnica  y  el  debido  proceso  y  se  desconoció  el  principio  de  investigación  integral,  lo  cierto  es  que  no  concretó  cómo ocurrió el  quebranto, por lo que su aserción quedó sin desarrollo.   

Es  que,  si  buscaba  asegurar la efectiva  protección  de derechos fundamentales, ha debido señalar no solo los preceptos  superiores  respectivos,  sino  demostrar  cómo fueron infringidos por el fallo  recurrido,  sin  olvidar  que  sus razones deben guardar correspondencia con los  cargos que proponga.   

Y,  de querer habilitar la vía para lograr  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  tenía  la  obligación  de exponer los  motivos    por    los    cuales    la    Corte    debe    intervenir,  ya  sea para proveer un pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de un tema jurídico especial, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, o para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  «con  el  deber de  indicar  de qué manera la decisión solicitada tiene la utilidad simultánea de  brindar  solución  al  asunto  y  a  la  par  servir  de  guía  a la actividad  judicial»  (Cfr. CSJ AP, 26 sep. 2007, rad. 28184).   

2.  Adicional  a  la falencia descrita, los  varios  desatinos  advertidos  en  la  postulación de las censuras, impiden dar  curso a la demanda. Obsérvese:   

2.1.  La  pretensión inicial de la letrada  resulta  contradictoria  con  los  cargos que por nulidad formula, pues mientras  con  éstos  propende  retrotraer  la  actuación  a  un  estadio  anterior, con  aquélla   busca   que   la   Corte   dicte  fallo  de  reemplazo  de  carácter  absolutorio.   

2.2. En cada uno de los reparos propuestos,  la  defensora  enlistó  las  normas  que  a su juicio fueron violentadas por el  Tribunal,  no  obstante,  olvidó  sustentar  con suficiencia cómo acaeció esa  vulneración.   

No  es  la  diversidad de las disposiciones  señaladas  como  desconocidas  las  que dan soporte jurídico a una demanda, es  preciso  demostrar  puntualmente  la  forma  en  que  ello  ocurrió,  cómo  guardan íntima relación con la  crítica  expuesta  y  cuál es su trascendencia en el caso concreto.   

2.3.     En     el     primer cargo, apoyado en la causal tercera  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000, la jurista  reclamó  nulidad  por  afectación  del  principio  de investigación integral.   

Si  bien  para controvertir un fallo por el  referido  motivo  de  casación  no  se  requiere  un  riguroso estudio técnico  jurídico,  al  libelista  le  corresponde  identificar  la clase de nulidad que  invoca;  exhibir  con  precisión  y  coherencia  sus  fundamentos; demostrar el  perjuicio  que  por  esa  anomalía  sufrió  el  procesado  y la manera como se  afectaron  sus  garantías  o  las  bases fundamentales de la instrucción o del  juzgamiento;  explicar  su  trascendencia y señalar desde qué momento debería  retrotraerse  la  actuación  (CSJ  SP, 29 ago. 2000,  rad. 15338).   

No  puede  olvidar  que  para  que opere la  nulidad  se  requiere  la  producción de un daño, por lo que tiene la carga de  explicar  cuál  fue éste, así como la ventaja que obtendría el procesado con  su declaratoria.   

Si  el  ataque  se encamina por lesión del  principio  de  investigación  integral, debe indicar si ello afectó garantías  (cuáles)  o si quebró la estructura del proceso (cómo). Y, si discute que tal  desconocimiento  incidió  en  el  derecho  de  defensa  de  su representado, le  corresponde  «abordar  con  la  técnica  debida  la  determinación  de la prueba no practicada, señalar racionalmente su contenido,  pertinencia,  petición,  decreto  y  no  evacuación  en  el proceso, así como  también  establecer  la  posibilidad  de  su  práctica y hacer el ejercicio de  valorarla   y   confrontarla  con  la  totalidad  de  los  elementos  de  juicio  recaudados,   para   precisar  la  trascendencia,  en  este  caso  y  de  manera  específica,  determinando  si  conducía  a la exclusión de la responsabilidad  penal.»  (Cfr.  CSJ  AP  29  sep.  2005,  rad.  22590).   

Según  la  actora,  la  Fiscalía dejó de  practicar  todas  las  pruebas dirigidas a esclarecer los hechos, concretamente,  omitió  llevar  al  proceso  la  declaración  de David Ávila Ruiz, agente que  suscribió  el  informe  de  tránsito.  A su juicio, como en el aludido reporte  solo  se  relacionaron  dos automotores que no corresponden al de su prohijado y  se  consignaron  dos  nombres  de  conductores  distintos  al de su cliente, era  imperioso llamar al policial para que esclareciera la situación.   

Aunque  la  demandante intentó cumplir con  algunos  de  los  presupuestos  descritos  en precedencia, esto es, demostrar la  pertinencia,     conducencia    y    necesidad    de    la    prueba,  el  esfuerzo  fue exiguo y no logró su  cometido.  No exhibió cómo  Ávila  Ruiz habría podido suministrar datos adicionales a los contenidos en el  informe  de  tránsito  por  él  signado,  en  el cual, según se extrae de los  fallos   de   instancia,   no   aparece   el   vehículo   ni   el   nombre  del  acusado.   

No enseñó la abogada cómo aquél, a pesar  de  no haber llegado a la escena en el momento de ocurrencia de los hechos, sino  después,  habría  podido  apoyar  la  tesis  exculpativa de la defensa y menos  rebatir  lo narrado por las personas que sí se percataron del instante mismo en  que  la  víctima  cruzaba  la  calle,  esto  es,  los  dos  conductores,  cuyos  automotores sí figuran en el croquis, y el pasajero del taxi.   

Falló así la actora en hacer el ejercicio  valorativo  y  de  confrontación  frente  al  resto del material probatorio. No  reveló  cómo  lo  depuesto  por Ávila Ruiz tendría la fuerza suficiente para  desvirtuar  el relato de Alexander Enrique Viaña Colmenraes, quien –según      surge      de     las  sentencias-  observó  el  bus  que  manejaba el ahora  acusado  pasar  adelante  de él instantes antes del atropello; de Víctor Julio  Rojano  y de Pedro Manuel Arrieta Pérez, que avistaron a la víctima cuando fue  golpeada  por ese mismo automotor justo cuando intentaba atravesar la calle y se  quedó en el centro de la vía.   

Pasó por alto la libelista que Ávila Ruiz  no  presenció  directamente  el  choque, sino que, como se dejó plasmado en la  demanda,  arribó al lugar recién acaecidos los hechos, esto es, una vez pasado  el accidente y el hoy procesado había desaparecido de la escena.   

Lo  anterior  pone  en  evidencia  que  era  bastante  improbable  que  en  el  mentado croquis se relacionara a Sánchez  Rodríguez  y  a  su  vehículo,  máxime   cuando   –así  emerge   de   la   demanda  y  de  las  sentencias  condenatorias-  el  procesado  no se detuvo al impactar el cuerpo de Virginia María  González Noriega, sino que siguió su camino.   

Por consiguiente, sus argumentos no son solo  especulativos,   sino  que  carecen  de  fuerza  suficiente  para  demostrar  la  imperiosa  necesidad  de la prueba que echa de menos y cómo, de haber ingresado  al  plenario, el sentido de la  decisión   sería   totalmente   contrario   y  favorable  a  su  representado.   

2.4.     En     el     segundo   cargo,  es  ostensible  que  la  impugnante  equivocó el camino de ataque porque, bajo el ropaje de una supuesta  causal     de    nulidad,    lo    que    hace    es    rechazar    –sin      argumentos- la valoración probatoria hecha por el fallador.   

Cuando   en  casación  se  cuestiona  la  sentencia  por  equívocos  al  momento  de apreciar los elementos de prueba, es  preciso  hacerlo  por  el  motivo  primero,  cuerpo  segundo,  del numeral 1 del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  es decir, por  violación  indirecta de la ley sustancial, precisando si ello tuvo lugar por un  error de hecho o uno de derecho.   

Como  la  libelista  se  queja  porque  las  conclusiones  a  las  que  arribó  el  sentenciador  son  equívocas, ha debido  proponer  el  ataque por falso raciocinio (error de hecho), y demostrar cómo el  juzgador  desatendió  las  reglas  de la sana crítica. Evento éste, en el que  tendría  que  indicar  cuáles  fueron  las  máximas  de la experiencia, de la  lógica   o   los   postulados  de  la  ciencia  desconocidos,  lo  que  tampoco  hizo.   

La  abogada únicamente se quejó porque el  ad quem dejó de examinar la  injurada    de    Rojano   Atencia   –favorecido  con  preclusión- en conjunto  con  el  resto  de  elementos,  pero  su  discurso  es  ambiguo,  vago y genérico. Ignoró por completo toda la  fundamentación  contenida  en  el  fallo,  en donde se examinaron los elementos  probatorios   y  de  allí  se  concluyó  la  responsabilidad  de  Sánchez Rodríguez.   

2.5.     En     el     tercer  cargo  denunció  la impugnante un  falso  juicio  de identidad, el que, según dijo, acaeció al momento de valorar  la     indagatoria     rendida     por     Sánchez  Rodríguez,    en    la    medida    en    que   fue  cercenada.   

Cuando  se  acusa un error de este tipo, al  actor  le  corresponde  identificar el elemento sobre el que recayó,  explicar cuál es la falta de identidad  que  le  imputa  al  juez  y  enseñar,  con  exactitud,  qué  fue lo parcelado  (CSJ   AP  23  feb.  2006,  rad.  24101).   

Si  reprueba que el elemento mutilado es la  injurada,  es  desacertado, para demostrar el error, traer aquellos segmentos en  los  que  el  procesado  negó  cualquier  tipo  de  responsabilidad,  si  en la  sentencia  se  ha  consignado  justamente  que  tales  exculpaciones  no  fueron  creíbles   por   contrariar   la  verdad  que  revela  el  resto  del  material  probatorio.   

Una  mirada  a  la  providencia  objeto  de  disenso,  permite  concluir  que  la  versión  rendida  por  el  acusado no fue  aceptada  por  la  colegiatura  por carecer de respaldo, mientras que si otorgó  credibilidad  a  la  rendida por los otros testigos, tras considerar sus relatos  claros,       coherentes       y       precisos11.   

Vale  la  pena  acotar  que de ese fallo se  extrae  que  el  ad  quem no  solo  tuvo  en  cuenta  los argumentos defensivos expuestos por el acusado en su  injurada,  sino  que  los  utilizó  para recriminarle su actitud el día de los  hechos,  en  tanto  le resultó extraño que si «como  él  mismo  lo  admite,  tuvo conocimiento del tráfico hecho porque sus propios  pasajeros  le  gritaban  que  si no había visto lo sucedido (refiriéndose a la  autoría  por parte de los otros vehículos involucrados), por qué no se detuvo  a  prestar la ayuda que en estos casos se requiere y más aún tratándose de un  compañero  de  trabajo y por el contrario continuó su marcha, porque él no la  había   tocado,   guardó   su   carro   en   la  empresa  y  se  fue  para  su  casa»12.   

Las múltiples falencias advertidas conducen  a  no  dar  curso al libelo, y la Sala ha revisado íntegramente la actuación y  no  ha  encontrado  causales  de  nulidad  ni flagrantes violaciones de derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede  penetrar  al  fondo del asunto  oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Esteban        Enrique        Sánchez        Rodríguez.   

En     consecuencia,     DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 2 y 3 del cuaderno del Juzgado.   

2  Folios 92 a 96 Id.   

3  Folios 214 a 221 Id.   

4  Folios 7 a 16 del cuaderno de la Fiscalía de segunda instancia.   

5  Folios 286 a 294 del cuaderno del Juzgado.   

6  Folios 6 a 18 del cuaderno del Tribunal.   

7 Folio  36 del cuaderno del Tribunal.   

8 Folio  37 Id.   

9 Folio  41 Id.   

10  Id.   

11  Folio 10 del fallo de segunda instancia.   

12  Folio 12 Id.     

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