AP6387-2014(44754)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP6387-2014  

Radicado N° 44754.  

Aprobado acta N° 349.  

Bogotá,  D.C., veintidós (22) de octubre de  dos mil catorce (2014).   

V I S T O S  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora de los procesados PABLO  ANTONIO  ORDUZ  y  ANA  VICTORIA  PUENTES  HERRERA,  contra  el fallo de segunda  instancia  que  profiriera  el Tribunal Superior de Bucaramanga, fechado el 3 de  junio  de  2014,  mediante  el  cual  confirmó  la  sentencia  emitida  el 7 de  noviembre  de 2012, por el Juzgado 2° Penal del Circuito Adjunto de esa ciudad,  condenando  al  primero, en calidad de autor del delito de fraude procesal, a la  pena  de  48  meses  de  prisión,  multa  en  cuantía de 200 salarios mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso de 5 años; y a la segunda, como autora de la conducta  punible  de  falso  testimonio, a la pena principal de 48 meses de prisión y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, por  igual término.   

Ambos  procesados fueron beneficiados con el  sustituto  de  prisión  domiciliaria.  A  su  vez, se confirmó la decisión de  primera  instancia  de  absolver  del  delito  de  falso testimonio a Fanny Meza  Ortiz.   

LOS HECHOS  

Fueron narrados en el escrito de acusación,  del siguiente tenor:   

“Se  origina  esta  investigación  en la  denuncia  que  ante  la  Fiscalía  General  de  la Nación presentó al señora  GLADYS  AMPARO  VILLAMIZAR  ORTIZ  a  través  de apoderado judicial, en la cual  refiere  que  durante más de 18 años conformó una unión marital de hecho con  el  señor  PABLO  ANTONIO  ORDUZ con quien procreó tres hijos, y al momento de  abandonarlos  para  casarse  con ANA VICTORIA PUENTES los dejó en posesión del  apartamento  ubicado en la Urbanización COLSEGUROS Norte, e identificado con el  número  503  del Bloque 25, pero tiempo después fue sorprendido con un proceso  de  restitución  de  inmueble  que  en  el  Juzgado  Sexto  Civil  Municipal de  Bucaramanga  le  inició  PABLO ANTONIO ORDUZ, por el supuesto incumplimiento de  las  obligaciones  en  un  inexistente  contrato de arrendamiento, cuya supuesta  existencia  probó  con declaraciones extraprocesales falsas, como fueron las de  ANA   VICTORIA   PUENTES  HERRERA  y  FANNY  MEZA  ORTIZ,  estimando  que  estas  incurrieron  en  el delito de FALSO TESTIMONIO y PABLO ANTONIO ORDUZ  en el  de Fraude Procesal.”.   

DECURSO PROCESAL  

La denuncia fue presentada por escrito y por  virtud  de lo allí consignado, la Fiscalía 21 Seccional de Bucaramanga, abrió  investigación previa el 19 de septiembre de 2005.   

Luego   de   acopiar   algunas   pruebas  testimoniales  y  documentales,  el  18  de  agosto  de 2006, fue abierta formal  instrucción  en la que se dispuso vincular mediante indagatoria a PABLO ANTONIO  ORDUZ, ANA VICTORIA PUENTES HERRERA y Fanny Meza Ortiz.   

Verificada  esa  diligencia  y  cubierto  el  término  de  instrucción,  con  fecha  del 28 de enero de 2010, fue cerrada la  etapa  instructiva.  Consecuentemente,  el  24 de marzo de 2010, se calificó el  mérito  del  sumario  con  resolución de acusación en contra de PABLO ANTONIO  ORDUZ,  ANA  VICTORIA PUENTES HERRERA y Fanny Meza Ortiz. El primero, en calidad  de  autor  del delito de fraude procesal, y las dos últimas, como autoras de la  conducta punible de falso testimonio.   

Apelada  la decisión por el defensor común  de   los   tres  procesados,  el  día  6  de  abril  de  2011,  fue  confirmada  integralmente    por    la    Fiscalía    Delegada    ante   el   Tribunal   de  Bucaramanga.   

Una  vez  ejecutoriada  la  resolución  de  acusación,  el  asunto  le fue repartido, para adelantar la fase del juicio, al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga, el 15 de abril de 2011,  aunque  después  asumió  conocimiento  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito  Adjunto, en depuración.   

La audiencia preparatoria tuvo lugar el 12 de  abril de 2012.   

Los  días 20 de abril y 20 de septiembre de  2012, se desarrolló la audiencia pública de juzgamiento.   

La sentencia de primera instancia,  fue  proferida el  7 de noviembre de 2012.   

En  contra  del  mismo  interpuso recurso de  apelación  el  defensor  de  ANA  VICTORIA  PUENTES  HERRERA  y  PABLO  ANTONIO  ORDUZ.    

En  consecuencia,  el  3 de junio de 2014 se  emitió  la  decisión  de segundo grado, en los términos consignados al inicio  de este proveído.    

     

Ello fue objeto del extraordinario recurso de  casación  interpuesto por la defensa común de ambos condenados y sustentado en  escrito   que   ahora   se   analiza  en  su  corrección  argumental  y  debida  fundamentación.    

LA DEMANDA  

        La  casacionista  formula  un solo cargo en contra del  fallo  de  segunda instancia, acudiendo a la causal primera del artículo 207 de  la  Ley  600 de 2000, en el cual  acusa al Tribunal de incurrir en un error  de  hecho  por falso raciocinio “POR IRRESPETO A LAS  REGLAS  DE LA LÓGICA Y DE LA SANA CRÍTICA, POR CUANTO EL TRIBUNAL LE DIO VALOR  A  UNA PRUEBA MENDAZ, Y DESCONOCIÓ PRUEBA MUCHO MÁS CLARA Y CIERTA”   

     A  efectos de soportar su  postura,   el  recurrente  parte  por  tomar  algunas  afirmaciones  probatorias  consignadas  en  el  fallo de segundo grado y a ellas opone, dentro del acápite  que   rotula   “Crítica   a  los  argumentos  del  Tribunal”, la particular concepción que posee de la  prueba,  a  través  de  manifestaciones  tales como que el Ad quem realizó una  apreciación   “muy  personal  y  subjetiva  de  la  prueba”,    o    que    resulta    “inconcebible  desde  la  lógica”,  que  algunas testigos dijeran inexistente el contrato de arrendamiento.   

    Después de ello la impugnante,  dentro  del  capítulo  titulado  “Violación de la  lógica  y  de los principios generales del derecho”,  advierte  que  la  valoración  probatoria  efectuada por el fallador de segundo  grado  “se realizó de espaldas a la sana crítica,  a  los principios de la lógica, a los postulados de la ciencia, a las reglas de  la   experiencia   y   a   los   principios  generales  del  derecho”.   

   Seguidamente, describe qué debe  entenderse  por  principio  de  razón  suficiente  o  cómo  se  construyen, en  general,  las reglas de la experiencia, para derivar de allí que el Tribunal no  tuvo en cuenta la sana crítica.   

   A continuación, la casacionista  se  ocupa de examinar cada uno de los testimonios de cargos y descargos, para de  ellos  extractar su muy particular visión, al punto que descarta los primeros y  asume completamente creíbles los segundos.   

   En  términos  de  trascendencia,  la  demandante  sostiene  que  de  no  haberse  presentado los yerros propuestos por  ella,  necesariamente  el Ad quem hubiese revocado la decisión de primer grado,  para absolver a los acusados.   

    En un acápite que denomina  de   “Contexto”,   la  impugnante  introduce  la  que entiende adecuada manera de examinar lo ocurrido,  para  de  allí  concluir,  a  renglón seguido, que se alza una duda insalvable  respecto  a  la  existencia  o  no  del contrato de arrendamiento que soporta la  tesis de la defensa.   

    Pide, en consecuencia, que  se  case  el  fallo  atacado  y  por  ocasión  de  ello  sea  emitida sentencia  absolutoria que cobije a los dos procesados.      

    

               CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

       

        En  primer  término  debe  hacerse  hincapié  en  cómo  la  Corte,  de manera pacífica y  reiterada  ha  advertido la necesidad de que la demanda de casación comporte un  mínimo  rigor  lógico jurídico y argumental, pues, no se trata de hacer valer  una  especie  de  tercera  instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada por los falladores de primero y segundo grados, en la  cual  se  pretende  anteponer el particular criterio o valoración probatoria, a  aquel  que  sirvió  de  soporte  a  la decisión de los jueces A quo y ad quem,  entre  otras  razones,  porque  a esta sede arriba la decisión judicial con una  doble connotación de acierto y legalidad.   

          Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que,  de  no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

        Contrariando  tan  claros  postulados,  en   la  demanda  que  se  examina   la   recurrente  pretende  entronizar  su  particular  visión  de  lo  que  los  medios  de  prueba  ofrecen, sin siquiera  delimitar  efectivo algún tipo de yerro, pues, la manifestación referida a que  se   trata,   lo  controvertido,  de  un  presunto  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  no supera la simple formulación retórica.   

    Cuando la Sala insiste en  la  necesidad  de plegarse a mínimos requisitos de fundamentación, acordes con  la  naturaleza  y finalidades de la causal aducida, no  está  incurriendo  en  innecesarios  formalismos  que  dentro  de  su rigorismo  impidan   hacer   conocer  violaciones     evidentes     de     derechos     o     injustas    evaluaciones  probatorias.   

    No. Precisamente la exigencia  de  adecuada  argumentación  se  nutre  de  la  necesidad de evitar discusiones  bizantinas  signadas  por  el  interés de las partes,  pues,  la  casación  no opera como último bastión de causas perdidas ni busca  satisfacciones meramente intelectuales.   

       Así   parezca  elemental,  debe decirlo la Sala, el escenario del recurso extraordinario opera,  si  se  quiere,  excepcional,  en  casos  límite en los cuales puede advertirse  patente  u ostensible la vulneración de los preceptos que gobiernan el trámite  procesal o el aporte y análisis probatorios.   

      Por  ello,  para  la  demostración  de  esas  circunstancias evidentes y trascendentes no se requiere  de   alambicadas   construcciones   retóricas,  ni  de  extenuantes  citaciones  jurisprudenciales  o  doctrinarias,  sino  apenas de claridad y precisión en la  exposición del tópico o tópicos problemáticos.   

      Pero,  si  no  se  cuenta  con  ese insumo medular y lo pretendido es únicamente seguir debatiendo  en  el  escenario  casacional  lo  que  ya  fue  objeto de adecuada y suficiente  respuesta  por  las  instancias, de nada vale acudir a  contextualizaciones    innecesarias    o   construir  capítulos  académicos  artificiosos,  en  tanto,  apenas  esconden la absoluta  falta de razón en lo planteado.    

       Lo  expuesto  en  precedencia,  para  significar  que  en  el  caso  examinado  la  casacionista  evade     argumentar  adecuadamente  en  casación, producto precisamente de  no  contar  con  una  irregularidad  trascendente  que  conduzca  a  soportar su  pretensión de derrumbar el fallo condenatorio.   

            En   aras   de  ofrecer  a  la demandante  suficientes  razones  para  que  entienda  por  qué  se  inadmite  su  escrito,  la  Sala  estima necesario  recordar  lo  que  de  manera  pacífica  y reiterada se ha dicho respecto de la  forma   de   demostrar   los   errores  de  hecho  y,  particularmente,   el  falso  raciocinio  propuesto1:   

“Los  errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de derecho, obligan a quien los  invoca  a  aceptar que la prueba respecto de la que los alega fue reconocida por  el  funcionario  como  legal,  regular y oportunamente allegada al proceso, toda  vez  que  lo  discutido  constituye  vicios fácticos que se desarrollan en tres  modalidades:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio de identidad y falso  raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

    Para  lo  que  ocupó  el  tema  de  discusión en la  demanda,  a la recurrente le era necesario determinar en concreto cuál regla de  la  experiencia,  postulado  de  la  lógica  o  principio  científico  fue  el  inadecuadamente  utilizado  por el Tribunal, cuál es el correcto y cómo incide  ello  en  el  examen  de  la  prueba,  para  cuyo  efecto,  en punto obligado de  trascendencia,  debió  también  realizar  un examen  conjunto   de  todos  los  medios  suasorios,  eliminado  el  yerro,  a  fin  de demostrar objetivamente que  sin este ya no se sostiene la condena.   

   En  lugar  de ello, la demandante,  asumiendo  el  típico  alegato  de instancia ajeno a la sede casacional, ocupó  amplio   espacio   en  pretender  entronizar  su  muy  interesado  análisis  de  credibilidad  de  lo  que  la prueba de cargos y descargos consigna –desde luego, no sorprende que en su  cometido  advirtiese  mendaz  o  contradictorio  el  testimonio  de  quienes acusan a los procesados, pero dotado de plena validez lo  dicho  por  quienes  defienden  su  tesis-,  sin  acertar  a definir siquiera de  soslayo algún error valorativo del Ad quem.   

    Por  lo  demás, si se tiene  claro  que  el  objeto  de  debate en el cargo propuesto lo es necesariamente la  valoración   probatoria  realizada  por  el  Tribunal,  esto  es,  el  sustento  del  fallo  de  segundo  grado, de ninguna manera la  recurrente  puede  cambiar  el  foco  de  discusión  hacia  los  testigos,  sus  manifestaciones   y   credibilidad,  dado  que  así  desnaturaliza por completo el recurso.   

     Así  mismo,  fuerza  aclarar  a la impugnante, conforme el amplio apartado jurisprudencial transcrito  en  precedencia,  que  incurre  ella  en  un defecto  argumentativo  lógico,  petición  de  principio,  cuando  sin  ningún soporte  fáctico  o  argumental,  advierte  que  el  análisis efectuado por el Tribunal  contraría,  en  general, las reglas de la experiencia, o principios lógicos, o  todos    en    conjunto,    sin    especificar    o    demostrar    cómo   ello  ocurrió.      

    En  ninguno de los apartados  del  cargo  se  precisa  la  materialización de alguno de los defectos en cita,  remitido  a  determinada  evaluación, argumentación o valoración atribuida al  Ad  quem,  limitando  su  crítica  la  casacionista  a  afirmaciones subjetivas  respecto de lo que debe o no creerse a los testigos.   

      Esa  forma  de  argumentar,  debe  reiterarse,  apenas representa un  intento  de confrontar la propia e interesada visión de lo ocurrido y de lo que  arrojan  las pruebas, con la más autorizada del Tribunal, pasando por alto que,  también  se  recalca, a esta sede arriba el fallo de segundo grado prevalido de  una  doble  connotación  de  acierto  y legalidad que lo blinda de este tipo de  ataques.   

    Lo evidente es que en el  esfuerzo       valorativo       de       la       impugnante,       ostensiblemente   sesgado   por   su  pretensión,  no  acierta  ella a evidenciar la existencia de un vicio propio de  la   casación,   de   tanto   calado,   que   obligue   revocar   la  decisión  condenatoria.    

     En  contrario,  la  Corte  verifica  que  ambas  instancias  examinaron  individualmente  y luego de manera  conjunta      todos      los      elementos      de      juicio     –pruebas  de  cargo  y  de descargo-  arrimados  al  expediente,  realizando respecto de ellos un juicioso y detallado  examen  que  de consuno los condujo a definir no solo materializados los delitos  por  los  cuales  se  acusó a los procesados, sino su responsabilidad dolosa en  los mismos.   

    En esa tarea, se agrega, los  sentenciadores   verificaron  la  credibilidad  intrínseca  y  extrínseca  que  comporta  lo  relatado  por  la  afectada,  hasta  concluir  que,  en efecto, el  apartamento  en  el  que  residía  había  sido entregado en comodato por PABLO  ANTONIO  ORDUZ,  a  manera de cuota alimentaria en favor de los hijos habidos en  común,  como así lo refirió él en el proceso por alimentos que se siguió en  su contra.   

    A  su  vez,  el  análisis  realizado  a  lo  referido  por  los  acusados y sus testigos de corroboración,  permitió  estimar  a los falladores que se trataba de manifestaciones mendaces,  desmentidas  por  la  prueba  en  contrario  arrimada a la foliatura.   

    Así,  entonces, concluyeron  los  jueces  unipersonal  y colegiado, que jamás había existido el contrato de  arrendamiento  reseñado  por ANA VICTORIA PUENTES HERRERA en su versión jurada  extra  juicio, que sirvió de prueba a PABLO ANTONIO ORDUZ, esposo de esta, para  adelantar  el  proceso  civil de restitución de inmueble arrendado.      

     En la tarea valorativa  de  los jueces no advierte  la  Corte,  ni  la  demandante  lo  perfila,  algún  tipo  de  error profundo o  trascendente que obligue dejar sin efectos lo resuelto.   

    

    En suma,  como la Sala no  observa,  del  examen realizado a los fallos y el trámite procesal, algún tipo  de  violación  de  garantías que reclame su intervención oficiosa, y evidente  se  observa la impropiedad de lo alegado por el recurrente, necesaria se alza la  inadmisión de la demanda.        

        En   mérito   de   lo   expuesto,   la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR         la    demanda    de   casación   presentada   por   la         defensora    de  los          procesados   ANA  VICTORIA PUENTES HERRERA y PABLO ANTONIO ORDUZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597     

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