AP6385-2014(44814)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP6385-2014  

Radicación N° 44814  

Aprobado acta No. 349.  

Bogotá, D.C., veintidós (22) octubre de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  los  artículos  205 y 212 de la Ley 600 de  2000,  examina  la  Corte  la  demanda  de  casación  presentada    por    el  defensor  de  DAVID ADOLFO GARCÍA ZAPATA,  en  contra  de  la  sentencia  de segundo grado proferida por la  Sala   Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla  (Atlántico),         el         26         de        mayo  de 2014,  mediante  la  cual confirmó  el   fallo   emitido   por  el  Juzgado  Séptimo  Penal del Circuito de la misma  ciudad,  el  12        de        diciembre        de       2013,            condenando  al  mencionado  procesado,  como  autor  de  la  conducta punible de estafa,  a  las  penas principales de 33  meses  de  prisión  y  multa  por el equivalente a 50 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  y  a la sanción accesoria de inhabilitación para ejercer  derechos    y    funciones   públicas   por   igual  lapso.   

HECHOS  

En  el  proveído  impugnado, el Tribunal los  sintetizó    de    la  siguiente                 manera:   

“Se desprende de  la  denuncia  instaurada  el 11 de agosto de 2008, por la doctora MARILUZ BARROS  GUZMÁN,  actuando  como  apoderada  judicial de los señores JOAQUÍN ANTONIO y  JAVIER  JOSÉ  DE  LA HOZ BOLAÑO, que el señor DAVID  GARCÍA   ZAPATA,  utilizó  maniobras  engañosas  para  causar  detrimento  al  patrimonio  de  los  citados  ciudadanos,  al haber éstos depositado la suma de  cincuenta  y  cinco  millones  doscientos  sesenta  mil  pesos  ($55’260.000.oo)   en  la  cuenta  de  la  empresa  de  transportes  SI INTEGRAL S.A.,  para  efectos  de ingresar como socios de la transportadora y a  la  vez  propietarios  de  determinadas  busetas de la entidad, sin que hasta el  momento  hayan  obtenido  alguna  utilidad o ganancia por dicha inversión”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por  los  hechos  anteriores,      la  Fiscalía     Décima  Local            de            Barranquilla        (Atlántico)       dispuso       la  práctica   de   investigación   previa, el 28 de agosto de 2008.   

El   11   de  septiembre  de  2009,  la  Fiscalía  49  Seccional  de  esa  ciudad  ordenó la  apertura  de  la  instrucción  y  la vinculación de  DAVID  ADOLFO  GARCÍA  ZAPATA, quien fue escuchado  en  diligencia  de  indagatoria  el  18   de   enero   de   20101.   

Clausurada  la  fase  instructiva el 12 de  mayo  de  ese  año,   la  Fiscalía  calificó  su  mérito      el      30      de     agosto  posterior,     profiriendo     resolución      de     acusación     en     contra     del             sindicado         por        el       delito       de      estafa,    tipificado    en   el    artículo    246   del Código Penal.   

La     providencia    calificatoria       fue       confirmada       por      la  Fiscalía  Octava delegada ante el Tribunal Superior  de  Barranquilla, el 31 de  octubre       de      2012.   

El conocimiento de la etapa de la causa fue  asumido     por     el    Juzgado    Séptimo          Penal    del    Circuito    de    esa  ciudad,   despacho  que  luego  de  realizar  las  audiencias          preparatoria       –el      11     de     julio    de    2013-    y  pública  de          juzgamiento         –en   sesiones  del  20  de  agosto y 3 de octubre             ulteriores-,  dictó  sentencia  el 12 de diciembre siguiente, declarando la responsabilidad penal del  incriminado  GARCÍA  ZAPATA en el cargo contenido en  el pliego acusatorio.   

Consecuente  con  su  determinación,  el  A  quo  le  impuso  las  sanciones  reseñadas en la parte inicial de este proveído, lo condenó a pagar  la       suma       de       $55’260.000.oo  por  concepto de perjuicios materiales, y le concedió  el  subrogado  penal  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la  pena.   

Apelado  el  fallo por el defensor    del    acusado    y    la    representante    de   los  ofendidos,  la Sala Penal  del    Tribunal   Superior   de   Barranquilla   lo  confirmó  íntegramente,  mediante  providencia del  26   de   mayo   de  2014,  en  contra de la cual interpuso oportunamente  el  recurso extraordinario de casación el primero de  los sujetos procesales mencionado.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Luego  de  detallar  el  decurso  procesal,  reseñar  los  fallos  de  las  instancias,  aludir  al  interés para recurrir,  comparar  los  requisitos  de  fundamentación  de la casación previstos en las  Leyes  600  de  2000  y 906 de 2004, y afirmar que en este evento procede por la  vía  excepcional,  cuya finalidad apunta a la efectividad del derecho material,  la  reparación de los agravios inferidos a los intervinientes y la unificación  de  la  jurisprudencia  “para  la garantía de los  principios  de  igualdad  y  seguridad jurídica”, el  defensor  de  DAVID  ADOLFO  GARCÍA  ZAPATA  se apoya en los artículos 207-3 y  306-2-3  del Código de Procedimiento Penal de 2000 para denunciar la violación  de  las  garantías  del  debido proceso y defensa, y postular así cuatro  reproches  por nulidad en contra de  la   sentencia   del   Tribunal,   los   cuales   desarrolla   de  la  siguiente  manera:   

Cargo   primero   (principal):   falta  de  motivación.   

Aunque  inicialmente el casacionista plantea  la  nulidad  por falta de motivación de los fallos y la resolución acusatoria,  en  últimas  sólo  fundamenta  el reparo respecto del proveído calificatorio,  haciendo especial énfasis en el de segunda instancia.   

En soporte de sus asertos, parte por reseñar  las  consideraciones  del  pliego  acusatorio de primer grado, destacando que lo  apeló  precisamente  por  su  indebida  motivación,  debido a que realizó una  lacónica  enunciación  y  valoración  de  los  medios de prueba, sin haberlos  contemplado  en  su  “dimensión jurídica, legal y  que  en  derecho  corresponda”, pues, se desatendió  que     el     hecho     no    configura    el    ilícito    de    estafa,   ya   que   se  trata  de  una  situación  propia  de  la  jurisdicción  civil.  Ello  lo  explica a partir de  consignar,   brevemente,   qué   debió   haber   concluido   el   fiscal   del  caso.   

Acto  seguido,  el  demandante acomete igual  análisis  respecto de la providencia calificatoria de segunda instancia, aunque  de  manera más exhaustiva, habida cuenta que dedica un extenso paginado a citar  algunos  fragmentos  de  dicha pieza y controvertir paulatinamente el fundamento  probatorio  allí  contenido,  a partir de su propia percepción de lo sucedido.  Es  así  como  señala de qué forma habría interpretado las probanzas, que en  su   sentir   asoman  “raquíticas”,  y a qué ciencias auxiliares del derecho y normas contables debió  acudirse en ese examen.   

Opina, por tanto, que el fiscal Ad  quem no respondió los argumentos de  la  defensa  apelante,  encaminados básicamente a denunciar las falencias en la  motivación  y  que no se demostró la obtención de un provecho ilícito. Así,  tras  disertar  sobre  el deber de motivar, citar precedente de la Sala referido  al  mismo  y sostener que la Fiscalía en segunda instancia debió haber anulado  la  resolución emitida por la primera, pide que se invalide la actuación desde  la clausura de la etapa sumarial.   

Cargo segundo (subsidiario): violación de la  investigación integral.   

Tras  referir auto de la Sala concerniente a  la  forma  de alegar en casación la garantía invocada, el memorialista enlista  los  medios  de  prueba  que considera dejados de practicar, consistentes en las  declaraciones  de  Julio Orozco López, Danilo Arrieta y Elías Antonio Restrepo  Tobón,  la ampliación de los testimonios de Joaquín Antonio de la Hoz Bolaño  y  Juan  Evangelista  Vaquero  Quinche,  los  balances  mensual  y general de la  empresa  Sistema  Integral  Operativo  de  Transporte, la verificación de si se  realizó  o  no  una  asamblea  general  de  la  misma  en  mayo  de  2008, y la  determinación  acerca  de  si  el  citado  de  la  Hoz Bolaño participó en la  administración de la compañía.   

En  orden a fundamentar su censura, ilustra,  según  su  criterio,  lo  que cada uno de esos elementos de convicción habría  aportado.   

En  efecto,  el impugnante afirma que Orozco  López  y  Arrieta,  como  contador  y revisor fiscal, respectivamente, habrían  precisado  el  destino  del  dinero  consignado por de la Hoz Bolaño, de cara a  acreditar  si  hubo  o  no un provecho ilícito. Con los balances, se pudo haber  demostrado  el  dicho  del sindicado y la atipicidad de la conducta, descartando  nuevamente  la  obtención  de  ese  provecho  ilícito. Con las ampliaciones de  Vaquero  Quinche  y  de  la  Hoz  Bolaño, se habrían corroborado varias de sus  manifestaciones,  sobre  todo  para  establecer  los  movimientos  financieros y  verificar  que  el  asunto  debió ventilarse por la vía civil; adicionalmente,  porque  el testificante Vaquero Quinche, como representante legal de la empresa,  es  “contradictorio, impreciso, ambiguo y amañado  a su propio interés”.   

Siguiendo con sus análisis, asevera que con  la  declaración  de  Restrepo Tobón, desechada por el juez de conocimiento, se  pretendía  constatar el documento contentivo del derrotero que deben seguir los  contratantes  en  el  negocio  jurídico  de creación de la sociedad. Y, con la  verificación  de  la  asamblea  en  mayo  de  2008, se habría comprobado si el  procesado   y   su  consanguíneo  endosarían  varias  acciones  a  la  empresa  representada por los denunciantes.   

Para  la  defensa,  las citadas probanzas se  tornaban  necesarias  “con  miras  a determinar la  atipicidad  de  la  conducta o la ausencia de antijuridicidad, o la inexistencia  de  culpabilidad”.  En esa medida, expone el alcance  de  los  conceptos  de  conducencia,  pertinencia y utilidad en la prueba, aquí  desconocidos  en  las  instancias,  para  terminar  solicitando  que se anule lo  actuado    desde    el    cierre    de   la   fase   instructiva,   “que  es  de carácter averiguatorio, de fijación de hechos, de  determinación    de    la    o    las    hipótesis   jurídicas”.   

Cargo   tercero   (subsidiario):  indebida  motivación.   

Según  el  recurrente,  en  la sentencia de  segundo  grado  nada  se dijo acerca de las razones expuestas por el defensor al  atacar   la   de  primera  instancia,  de  la  cual  destacó  los  defectos  de  motivación,  “como  quiera  que  hace inferencias  ilógicas,  inferencias  improbables, inadecuada interpretación de las pruebas,  y  presunciones  contrarias  a  la  ley”. Además, el  Ad quem violó el principio  de   limitación,   ya   que   pese   a   esas   deficiencias  del  A   quo,   lo   reemplazó   y  omitió  pronunciarse  sobre  la nulidad invocada, expuso unos hechos que no corresponden  a  la realidad “y consideró en confusa motivación  una petición de principio”.   

Hechas algunas precisiones sobre los defectos  en  la  motivación, acomete la tarea de analizar el fallo de primer grado, para  lo  cual  consigna un resumen de algunos de sus apartados, enuncia los puntos de  inconformidad  que  expresó  en la sustentación de la apelación y concluye la  violación   del   debido   proceso,   pues,  aunque  la  providencia  impugnada  “en   apariencia   se   encuentra   motivada,  la  argumentación  que  se  expresa  en  la  misma  no se compadece con la realidad  procesal”,  ni  con los requisitos que para condenar  demanda  el artículo 232 de la Ley 600 de 2000; es decir, concreta, se basó en  apreciaciones  personales  y subjetivas, se apoyó en una petición de principio  sin  sustento probatorio y “carece de motivación u  ostenta  una motivación anfibológica o sofística”,  en  tanto,  la  que se ofrece es “demasiada exigua,  genérica  y sin razonamientos de índole alguna, sino esbozada en forma etérea  o  gaseosa,  de  manera  que  así en lo que se traduce es que realmente no hubo  argumentación”.   

Diciendo  descender  al  caso  concreto,  el  censor  anuncia “determinar la prueba sobre la cual  recayó   el   error,   la  demostración  de  la  existencia  del  yerro  y  la  acreditación  de  su  trascendencia”. En esa medida,  parte  por  criticar  y controvertir la reseña fáctica del Tribunal, indicando  que  no  es  cierto  que su defendido haya realizado actos que generaran error o  engaño  en  la  víctima;  en  sustento  de  ello,  trae  a  colación  algunos  fragmentos  de  la  prueba  testimonial,  al  tiempo  que  consigna  sus propias  impresiones,  asegurando  que  las  declaraciones  de  los  ofendidos  de la Hoz  Bolaño fueron tergiversadas.   

Acto  seguido,  vuelve  a disertar sobre las  deficiencias  en  la  motivación  y su repercusión en las garantías de debido  proceso,  defensa  e  investigación integral, pues, además, no se confirmó lo  dicho  por  el  sindicado  en  la  indagatoria  y se dejaron de practicar varias  pruebas.  Todo  ello  lo refuerza con un extenso análisis probatorio, en el que  concluye  que  el  Ad  quem  desconoció  el  procedimiento  contable.  De  ahí  que  la decisión impugnada  “se muestra como una reproducción formal, carente  del aspecto sustancial”.   

En los párrafos subsiguientes, el libelista  repite  su  discurso sobre los defectos de motivación, insiste en los yerros en  la  apreciación  probatoria,  afirma –sin  explicar-  que  el  juzgador  incurrió  en  una  petición  de  principio,  consigna  otra  vez  cómo  debió interpretarse la prueba, cita las  normas  de  los  Códigos  Civil  y de Comercio que debió analizar el fallador,  trae  a  colación  precedentes de la Sala sobre el deber de motivar, y concluye  que  si  el  Tribunal no hubiese incurrido en tales errores, habría absuelto al  procesado.  Por  ello,  estima que la actuación debe invalidarse desde el fallo  de primer grado.   

Cargo  cuarto  (subsidiario):  omisión  de  respuesta.   

Por  tercera  vez  en  su  escrito, el actor  denuncia  que  frente  a  las  irregularidades  en  que incurrió el  A  quo, expresadas por la defensa en el  escrito   de   apelación,  el  Ad  quem  nada dijo, pues, “inauditamente no se  pronunció  acerca  de  las  circunstancias  propuestas  por la defensa técnica  referidas  a  que  no  se  comprobaron  las  citas hechas por el procesado en su  diligencia  de  indagatoria  y se dejaron de practicar pruebas de imprescindible  factura”.   

A  renglón seguido, transcribe la parte del  fallo  de  segundo  grado en que se responde a los argumentos de la alzada, para  repetir  que  no  fueron  valorados  en toda su extensión y que de esa forma se  infringieron  los  artículos  2°,  8°  y  170  de  la Ley 600 de 2000. Aquí,  recalca,  aunque  el  recurso fue debidamente sustentado, el juzgador de segunda  instancia  omitió  referirse  a  los apartados en que se acusa la violación de  los  principios de investigación integral e in dubio  pro reo, y la valoración de la prueba.   

En soporte de lo anotado, el defensor trae a  colación  un  amplio  segmento de su escrito de apelación, reitera que nada se  dijo  acerca  del  por qué no se comprobaron las citas hechas por el sindicado,  critica  otra  vez  el examen de las probanzas realizado por el fallador, repasa  el      desarrollo     de     la     audiencia     preparatoria     –para    ilustrar    su   despliegue  probatorio  y  criticar  que  en  la  misma  no  haya  intervenido  el apoderado  convencional-,  e  insiste  en  que  la  sentencia  se  fundamentó en elementos  suasorios        “raquíticos”.  Depreca,  por  tanto, que se anule desde el fallo demandado, para  emitir el de reemplazo que corresponda.   

En  un  acápite  final,  el  casacionista  menciona  nuevamente  los  fines  de  la casación, previo a abogar porque no se  desconozca  la  garantía  de  la  no  reformatio in  pejus,  y  a solicitar que, de ser procedente, se case  oficiosamente.   

INTERVENCIÓN DE LOS NO DEMANDANTES  

Dentro  del  término  de  traslado a los no  impugnantes,  la representante de las víctimas allegó escrito en el que pidió  que  se  inadmitiera  el  libelo  casacional,  habida  cuenta  que  más  que la  sustentación  del  recurso extraordinario, se presentó un alegato de instancia  con  argumentos  endebles,  sin  demostrar  errores ostensibles y relevantes que  requieran la intervención de la Corte.   

Así,   tras   citar   precedente   de  la  Corporación  acerca  de  la  técnica casacional, la memorialista afirma que la  nulidad  planteada  no  tiene  la  entidad  de  quebrantar  la  legalidad  de la  sentencia de segunda instancia.   

Ya  respecto de los cargos, dice ofrecer una  opinión  conjunta,  en  la  medida  en  que  la defensa se vale “de  los  mismos  fundamentos  fácticos  y probatorios”.   

En tales condiciones, descarta la violación  al  principio  de  investigación integral, debido a que las pruebas que echa de  menos  el recurrente no fueron pedidas en su oportunidad, como tampoco tendrían  la  virtud  de  variar  el  sentido del fallo. De todos modos, estima que con lo  aportado, quedó acreditada la responsabilidad del incriminado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

La  demanda presentada por el censor será rechazada, no solo porque  omite   pronunciarse  sobre  la  procedencia  de  la  casación  discrecional,  sino también porque nunca  demuestra  irregularidad  o  yerro  alguno  en  que  pudieron  haber incurrido  las instancias. En efecto,   

2.  Sobre  la  casación discrecional.   

Teniendo   en   cuenta  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  fue  interpuesto en contra de un fallo de segunda  instancia,  dictado  por  un  Tribunal Superior de Distrito Judicial, en proceso  adelantado  por  delito  cuya pena máxima es de ocho  (8)   años   (conducta  punible          de          estafa,  tipificada  en  el  artículo 246 del Código Penal),  es    absolutamente    claro   que   el  libelista  omitió  por completo atender las previsiones legales y jurisprudenciales que se  han  trazado  respecto de la casación discrecional, situación que por sí sola  es  suficiente para desestimar su escrito.   

Por  ello,  debe  una vez más reiterar la  Sala,  que  frente  a la casación excepcional, a más de las exigencias propias  de  este  mecanismo, se precisa de los mismos requisitos de procedibilidad de la  común u ordinaria.   

La  casación  discrecional,  conforme  a  lo establecido en el inciso 3º del artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  puede   proponerse  en  relación  con  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos por los Tribunales Superiores de Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal Militar en procesos adelantados por delitos que  tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo no exceda de ocho  (8)  años –lo  que  sucede  en  este  evento-,  o  contra  los  fallos de la misma naturaleza dictados por los Juzgados Penales del  Circuito  sin  importar  en  estos eventos el quantum  punitivo.   

En  ese orden de ideas, tales exigencias         y  presupuestos  dicen relación con su  interposición  dentro  de la oportunidad legal por sujeto procesal legitimado y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe enseñarle a la Corte la  necesidad  de su intervención, bien para el desarrollo de la jurisprudencia -ya  porque  no  exista  antecedentes  sobre  una  materia, ora porque existiendo hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque es necesario aclarar algún aspecto- o  para  la  garantía  de  los  derechos fundamentales, caso este en el cual ha de  especificarse  el  derecho  fundamental objeto de quebranto, señalando el medio  que  lo  garantiza, y la irregularidad en la cual se origina su desconocimiento,  atropello  o  vulneración;  valga  decir,  debe indicarse de manera concreta en  qué  consistió  la  violación  y su influencia nociva en la garantía, que no  permite  el  goce  o  libre  ejercicio del derecho fundamental, pues, como lo ha  sostenido       la       Sala      (entre  otros,  en CSJ AP,   25  sept.  1997,  Rad.  13401;  CSJ  AP,   21   sept.   2011,   Rad.  37324;  CSJ  AP, 11 sept. 2013, Rad. 42143; y  CSJ      AP5396/14,      10      sept.     2014,     Rad.     44515):   

«Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

Aunque  finalmente  todo  depende  de  la  discrecionalidad  reglada  de  la  Corte, lo cierto es que el peticionario ha de  exhibir  la  argumentación  autosuficiente  para  mostrar  la  necesidad  de un  desarrollo  jurisprudencial  o  de  la  protección  de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a partir del señalamiento concreto de  falencias  puede  el órgano decisor avanzar dialécticamente sobre temas que de  otra  manera  le  están  vedados  por  obra de la legalidad y el acierto que se  presumen      en      el      debate      de      las     instancias».   

Ninguno de los  anteriores   derroteros   cumple   el  actor,  porque si bien la impugnación  se  ejercitó  oportunamente  contra  sentencia de segundo grado diferente a las  mencionadas,  es  lo  cierto que la argumentación pertinente se halla huérfana  de  cualquier planteamiento serio que le indique a la  Corporación  la  necesidad  de  su intervención en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le  impone  una  cualquiera  de las  alternativas   posibles   que   tornan   viable  el  ejercicio  de  su  potestad  discrecional,   como   con   antelación  se  indicó,  y  del  mismo  modo,  la  acreditación   del  consecuente  agravio  que  para  la       parte  representada      contiene      la     sentencia  cuestionada.   

Una  fundamentación  de  tal  naturaleza  brilla  por su ausencia, pues, no puede entenderse   suplida  con    las   manifestaciones   genéricas   que   hace   el  defensor al comienzo de su demanda,  en  las  que  dice  abogar  por  la  efectividad del  derecho  material, la reparación de los agravios inferidos a los intervinientes  y  la  unificación  de  la jurisprudencia “para la  garantía  de  los  principios  de igualdad y seguridad jurídica”,  sin  ningún  tipo  de  desarrollo  argumentativo.   

Ya  en  lo  que  atañe  a  la  supuesta  vulneración           de          garantías          fundamentales,          postuladas  en cada reproche, a continuación  se  constatará  que  ello  parte  de  apreciaciones  subjetivas          y          amañadas      del     casacionista.   

3.   La  demanda.   

Como   con  acierto   lo  anotó  la  apoderada  especial  de  las  víctimas    en    su    memorial,  la  respuesta  a  las  cuatro  censuras  puede  hacerse  de manera  conjunta, en la medida en  que    el   demandante  se  vale “de los mismos  fundamentos fácticos y probatorios”.   

En efecto, en su innecesariamente extenso,  farragoso  y  repetitivo  libelo,  postula  cuatro  reparos  en  los que pide la  nulidad  de  la  actuación,  aduciendo  la  violación  del  deber  de  motivar  –en  tres  de  ellos:  primero,   tercero   y  cuarto-   y   el   quebrantamiento  del  principio  de  investigación  integral  –en  el  segundo-,   tópico   éste  que,  no  obstante  su  formulación  independiente, menciona igualmente en todos los cargos.   

Atendiendo   lo   anterior,   la  Corte  responderá   en   un   mismo   apartado   las   censuras   que  abogan  por  la  invalidación   de  la  actuación      por     los     defectos  en  la  motivación,  en  tanto,  pese  la  similitud en los  argumentos,  en  acápite  separado  se  referirá a  la   que   atañe  a  la  violación  de  la     garantía     de     la     investigación integral.   

3.1.   Cargos   primero  (principal)  y  tercero   y   cuarto  (subsidiarios): defectos en la motivación.   

En  cada uno de los citados reproches, el  memorialista  asevera  que se incurrió en defectos de motivación, los  cuales  discrimina de esta forma:  en   el   cargo   primero,  respecto  de  la  resolución  acusatoria,  haciendo  especial énfasis en la de segundo grado;  en  el  cargo tercero los predica de  los   fallos  de  las  instancias;  y  en  el  cargo  cuarto sostiene que el Tribunal omitió pronunciarse  sobre  los  planteamientos  que  la  defensa  apelante  expuso  en  contra de la  sentencia del juzgado de conocimiento.   

Ahora     bien,     frente        a        este        tipo       de       críticas,  la  Corte  ha identificado  cuatro  situaciones  que  implican  la  falta  de  motivación  de la sentencia,  tres  de  las  cuales  han  sido  consideradas como  errores      in      procedendo     generadores  de  nulidad  y por lo tanto atacables a través de la  causal    tercera,    a    saber:    (i)  cuando  hay  ausencia  absoluta  de  motivación,              (ii)  cuando  la motivación es      incompleta      o      deficiente,     y,     (iii)  cuando  la motivación es ambivalente o dilógica. La cuarta causa, generada por  la  llamada  motivación  falsa,  ha  sido  considerada  como un vicio de juicio  atacable  por  la vía de la causal primera, cuerpo segundo, en el sistema de la  Ley 600 de 2000.   

La  primera  causa,  ha dicho la Sala, se  presenta  cuando  el  fallador  no expone las razones de orden probatorio ni los  fundamentos  jurídicos  en los cuales sustenta su decisión; la segunda, cuando  omite  analizar  uno  de  los  aspectos  señalados  o  los motivos aducidos son  insuficientes  para  identificar  las  causas  en  las  que ella se sustenta; la  tercera,   cuando  las  contradicciones  que  contiene  la  motivación  impiden  desentrañar   su  verdadero  sentido  o  las  razones  expuestas  en  ella  son  contrarias  a  la  determinación  finalmente  adoptada  en la resolutiva; y, la  cuarta  cuando  la  motivación  del  fallo  se aparta abiertamente de la verdad  probada2.   

En  el  presente asunto, el impugnante no  tiene  claro  cuál  de  las citadas hipótesis es la que pretende denunciar, ya  que   con   absoluta   incoherencia   y  sin  ningún  hilo  conductor,  se refiere indistintamente a todas  ellas,  como  si  fueran  lo  mismo, aunque en últimas, como se verá, lo que  no  comparte  es la apreciación probatoria contenida en la acusación y los los  fallos de las instancias.   

En  efecto,  con relación a las  falencias  de fundamentación de la resolución acusatoria de  primer    grado,    alega   simultáneamente   la   falta   de   motivación   y  reprocha   que   haya  realizado     “una  lacónica  enunciación  y  valoración  de  los  medios  de  prueba”,  sin  haberlos  contemplado en su  “dimensión  jurídica,  legal  y  que  en derecho  corresponda”.   De   la   de  segunda  instancia,  cuestiona  que  haya  dejado  de  lado  esas     irregularidades    y    que   confirmase  una  acusación  con  base  en pruebas que tilda de “raquíticas”.   

En lo concerniente a las sentencias de los  juzgadores   A   quo  y  Ad  quem, al mismo tiempo  que  las acusa de “falta de motivación”,             “indebida  motivación”    y  “motivación    aparente,    anfibológica    y  sofística”,  les   censura   que   hayan  consignado     “inferencias    improbables,  inadecuada  interpretación  de  las  pruebas,  y  presunciones  contrarias a la  ley”,  que  hayan  violado el principio lógico de  petición    de   principio,   y   que   se   caracterice   por   ser “demasiada exigua, genérica y sin  razonamientos  de  índole  alguna, sino esbozada en forma etérea o gaseosa, de  manera   que   así   en   lo   que   se   traduce  es  que  realmente  no  hubo  argumentación”.   

Pero,    en    todo    caso,   deja   claro   que  lo  no  compartido  es  el   examen   probatorio  consignado  en  dichas   piezas   procesales,   habida  cuenta  que  anuncia  “determinar la  prueba  sobre  la  cual  recayó el error, la demostración de la existencia del  yerro     y     la     acreditación    de    su    trascendencia”,    para    lo   cual   parte   por  criticar  y controvertir  la  reseña fáctica del Tribunal y en el curso de su  discurso     señala     que     algunos     elementos     probatorios    fueron  tergiversados.   

Además,  incurre  en  el  desatino  de  explicar,     de     manera     innecesariamente  extensa  y  deshilvanada,  qué   normas  habría  analizado  y  cómo  habría  apreciado  el  aporte  probatorio,  con lo  cual  habría quedado demostrada la inocencia de su prohijado.   

Puede  apreciarse,  entonces,  que aunque  la  defensa no  tiene   le   menor   de   idea   de   a  cuál  de  las cuatro figuras de falta de motivación se refiere  en    concreto,    de    su    profusa  alegación  parece  desprenderse  que  alude  a  la  motivación  deficiente    y    a    errores   en   el   examen  probatorio,  ya que estima insuficiente e  inadecuado el análisis de  las  probanzas  realizado  por los  funcionarios judiciales.   

Así  las  cosas,  entratándose  de  la  fundamentación  de la motivación deficiente, debe precisarse que no es válida  la  afirmación  de  una  simple  inconformidad  con  la valoración hecha en la  providencia   o   del  descontento    con    los    argumentos    que   suministra   el   funcionario   judicial,   porque  se  estimen  equivocados  o  de la aspiración a que ellos  sean  presentados  de  una  determinada  manera,  sino  que  debe  encaminarse a  demostrar  con precisión que el juzgador ignoró uno de los aspectos señalados  o  que  los  motivos  aducidos  no  son  suficientes  para  resolver el problema  jurídico planteado.   

Como   si   fuera   poco,  el       censor      omitió  indicar  la  trascendencia  de  los yerros planteados, lo  cual  es  esencial  en  el  análisis  de  un  cargo  de  nulidad  por  falta de  motivación,  es  decir,  debió  referirse a la causación de un perjuicio y la  posibilidad  de  éxito  de  los  argumentos estudiados y resueltos deficientemente  por  el funcionarios  judiciales, con menoscabo  de  la  legalidad  del  proceso,  de  tal  manera  que  sólo reestableciendo la  actuación es posible repararla.   

De  esta  manera,  no  logra acreditar la  falta    de   motivación   que   aduce,   pues   a  más  de las deficiencias argumentativas destacadas,  es  claro  que  su  cuestionamiento  se enfila hacia la valoración probatoria, desconociendo que una cosa  es  que no se motive o ello se haga deficientemente, y otra muy diferente que no  se  compartan los argumentos de quien resuelve, que es precisamente lo que aquí  sucede.   

Sumado   a   lo   anterior,  la  Sala, en el estudio formal de la actuación, advierte que en  el  contexto argumentativo esbozado por los  fiscales  del caso y los  jueces    A   quo   y  Ad     quem,    se  abordan   los         tópicos          echados   de   menos  por  el  libelista,   lo   cual   alcanza   a  satisfacer  los  presupuestos  mínimos  de  argumentación  en  las  cuestiones  sustanciales objeto de debate.   

De   todos  modos,  vuelve  a  decirse,  es  absolutamente  improcedente  que  se valga de la  petición  de  nulidad  para  atacar  la valoración  probatoria  de  los  juzgadores,  pues, en tal forma  deja  en  evidencia  que lo buscado es descalificar  las  conclusiones  de  los  fiscales  acusadores   y   los  falladores,  pero  de  ninguna  manera  demuestra  una  falta  de  motivación o  motivación deficiente.   

Es    que,    si    el   propósito   del  actor  se   dirigía   a   controvertir   el  examen  probatorio  de  las  instancias,  denunciando  al  efecto  errores  en  el  estudio  de los medios de  convicción,  debió  tener en cuenta que desconocer las reglas de producción y  apreciación  alude  a  los errores de derecho que se manifiestan por los falsos  juicios      de     legalidad     –práctica  o  incorporación de las pruebas sin observancia de los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o, excepcionalmente por falso juicio de  convicción  –alusivo a  la  tarifa  probatoria-,  mientras que los errores de hecho surgen a través del  falso    juicio    de   identidad   –distorsión  o  alteración de la expresión fáctica del elemento  probatorio-,     del     falso     juicio     de     existencia     –declarar  un hecho probado con base  en  una  prueba  inexistente  u omitir la apreciación de una allegada de manera  válida   al   proceso-   y   del  falso  raciocinio  –fijación de premisas  ilógicas  o irrazonables por desconocimiento de las pautas de la sana crítica-  (entre  otros, CSJ AP, 14  abril 2010, Rad. 33500 y CSJ AP, 29 mayo 2013, Rad. 41160).   

Al  efecto,  no  era  suficiente  con que  consignara  su  particular  estudio  de  las pruebas, por demás sesgado, ni que  sugiriera  qué normas y procedimientos habría aplicado, con el fin de sostener  que   el   delito   no  existió,  dejando  de  lado  la  solidez  probatoria  tenida  en  cuenta  por  la  Fiscalía  y  los  juzgadores  de  cara  a  tener  por  plenamente demostrada la  responsabilidad penal del sindicado GARCÍA ZAPATA.   

Por  último,  en  cuanto a que no fueron  tenidos  en  cuenta  los  argumentos  que  expuso  en la apelación del fallo de  primer  grado,  el  defensor  parte  de  una falacia que él mismo se encarga de  desvirtuar,  en  la  medida  en  que consciente de que sus argumentos sí fueron  respondidos,   incluso  en  su  libelo  transcribe  un  vasto  apartado  de  las  disquisiciones  del  Tribunal,  como un recurso final  manifiesta  que  no  fueron  abordados  en  toda  su  dimensión,  para  seguidamente  ratificar que lo no  compartido  es  que  haya  valorado las pruebas de manera diferente a la que él  propone,  confirmado  así  una  declaratoria  de  responsabilidad que se apoyó  pruebas         “raquíticas”.   

Pero,  basta  revisar  el fallo de segundo  grado  para  verificar  que  el  Tribunal  descartó la violación de garantías  fundamentales  y  que  consignó  un profundo examen de las pruebas, con el fin,  precisamente,  de responder los planteamientos del apelante. Ahora, que en uno y  otro  caso no haya obtenido la respuesta esperada, simple y llanamente porque no  le  dio  la  razón,  no  significa  que  haya  incurrido  en deficiencias en la  motivación.   

En  suma,  no  habiéndose  presentado los yerros denunciados, los cargos primero, tercero y  cuarto serán rechazados.   

3.2.   Cargo   segundo   (subsidiario):  violación de la investigación integral.   

El demandante enuncia varios elementos de  prueba  que  dejaron  de  practicarse, considerando, por tanto, que se violó el  principio de investigación integral.   

Lo curioso del asunto es que siendo medios  suasorios      de      tan      “imprescindible  factura”,  no  haya abogado férreamente por ellos  en  el  curso  del  proceso,  teniendo  en  cuenta  que  quien  hoy  funge  como  casacionista,  representó  los  intereses  del  procesado  GARCÍA ZAPATA en el  desarrollo del mismo.   

Al   margen   de   ello,   se   tiene  que en casación no basta  con  advertir  de  manera  genérica  que  se  dejaron de practicar determinadas  pruebas  o  que  ellas  pudieron,  especulativamente,  haber afectado positiva o  negativamente  los  efectos  de otras o la credibilidad de los declarantes, dado  que  la  obligación  del  recurrente  implica  verificar,  en  primer lugar, la  pertinencia,  conducencia  e  importancia  de los elementos de juicio echados de  menos;  y  en segundo término, su trascendencia cuando menos abstracta, para lo  cual  es  necesario  advertir  lo que se demostraría con esas pruebas   y   cómo  ello,  dentro  de  un  análisis  conjunto  de  lo recogido en la foliatura, incide verticalmente en lo  decidido,  al  extremo,  para  lo  que  se  debate, de facultar la inocencia del  procesado       o       aminorar       su      compromiso      penal.   

Respecto  de tan precisas exigencias bien  poco  hizo el memorialista,   pues,   a  partir  de  sus  particulares          conclusiones  probatorias pretende  desestimar  las  de  los  juzgadores y dice echar  de  menos  las  pruebas  que,  supone, podrían demostrar  que  lo  que  se  presentó  en  este  evento  fue  un negocio jurídico y no la  comisión   de   un   delito  de  estafa,  ya  que  su  prohijado  nunca desplegó maniobras engañosas en  contra de las víctimas.   

Es decir, nuevamente se vale de la nulidad  y  de su propia interpretación de los elementos de convicción recaudados, para  vanamente      hacer      prevalecer,  como  si se tratase de una tercera instancia, su postura frente  a  los hechos y las pruebas, en un tema que fue suficientemente decantado en las  instancias.   

Es que no otra cosa puede decirse, cuando  de  manera  especulativa  y  amañada  asegura  que  dichos  elementos de juicio  confirmarían  su  tesis, como si no hubiesen sido aportados tantos otros que lo  contradicen.   

Además,  el impugnante parte de premisas  falsas,  lo  cual  deja  entrever  su  obrar  de  mala  fe,  pues, se aventura a  aseverar,   como   uno   de   los  aspectos  que  configuran  violación  de  la  investigación     integral,    el    que    no    se   haya   decretado  la      ampliación     del     testimonio     del     ofendido     Joaquín de la Hoz Bolaño, lo cual es  absolutamente  falso,  pues,  no  solo  se  hizo  oficiosamente  en la audiencia  preparatoria,  sino  que se le recepcionó en la primera sesión de la audiencia  pública   de   juzgamiento,   en   la  cual  intervino  el  hoy  recurrente  en  casación.   

De otro lado, constituye un desatino más,  que   para  cuestionar  que  no  se  haya  recepcionado  la  ampliación  de  la  testificación  de  Juan  Evangelista Vaquero Quinche  (la   cual   fue  denegada  en  la  audiencia  preparatoria  por  cuanto  sería  repetitiva),  simplemente  diga  que este testigo es  “contradictorio,  impreciso,  ambiguo y amañado a  su  propio  interés”, caso en el cual, en lugar de  asegurar  que  se  violó  el principio de investigación integral, debió haber  ejercido  la  crítica  probatoria e incluso atacar en casación la credibilidad  brindada,  desde luego demostrando alguno de los yerros de hecho o de derecho de  los    que    fueron  mencionados anteriormente.   

En tales condiciones, mal puede la defensa  aducir  violación  de  la citada garantía, cuando es lo cierto que asumió una  actitud  pasiva  frente  a  los  elementos de convicción que dice extrañar  y  que  de  todos modos sí se demostró un esfuerzo por  parte de la judicatura en el ejercicio del despliegue probatorio.   

Sobre   el  particular,  la    Sala   ha   sostenido3:   

«La Corte ha  reiterado   que   la   violación  del  principio  de  investigación  integral,  constituye  motivo  de  nulidad  cuando  se han omitido las pruebas conducentes,  pertinentes  y  útiles  al  dejarse  de  verificar  las citas hechas en el  proceso  o  porque  se  han negado las oportunamente solicitadas por los sujetos  procesales,  siempre  que  reúnan  las  mismas condiciones de las anteriormente  señaladas.   

No  obstante,  tales  actos  deben  ser  consecuencia  de  la  inadmisible  inactividad  de  los  funcionarios judiciales  –en cuanto que contando  con  los medios y las posibilidades para recaudar las pruebas no hicieron uso de  ellas-  o  bien  el  resultado  de  su  arbitrariedad,  cuando  a  pesar  de  su  conducencia,  pertinencia  y utilidad para el esclarecimiento de los hechos y el  establecimiento    de    la    verdad   es   negada   su   práctica».   

Ahora, en punto de trascendencia, resulta  bastante  precaria  la sustentación del   censor,  pues,  basado  en  el que  entiende  deficiente  estudio probatorio y análisis  normativo   de   las   instancias,  busca  derrumbar  sus  disquisiciones,  no  porque  de  antemano  tenga claro que esas pruebas no  practicadas         las        desechan   categóricamente,   sino   en  atención  a  que  estima necesaria la información o confirmación que de allí  se  deriva,  pasando por alto que en el sistema de libertad probatoria imperante  en   nuestro   país,  al  conocimiento  de  un  hecho  trascendente  para el objeto del proceso se puede  llegar  por  variadas vías, incluida la testimonial,  que  fue  la  tenida  en  cuenta  en  mayor  escala  en  este  asunto. Entonces,  huelga anotar, esta clase  de  elementos  de  convicción  por  sí  mismo posee  capacidad  suasoria,  una vez examinada su condición de validez y credibilidad,  resultando  extraña esa especie de prueba de la prueba que reclama allegar otro  u  otros  medios que certifiquen lo que de antemano se obtuvo con la atestación  de los declarantes.   

Por  último, la obligación de demostrar  la  trascendencia  de  los  medios suasorios dejados de allegar, no se suple con  sólo  advertir que las declaraciones de los testigos cuya credibilidad pretende  ratificarse   o   derrumbarse   con  esos  elementos  de  juicio,  fue  bastión  fundamental   del   fallo,  pues,  como  se  anotó  antes,  era  necesario  que  el  libelista abordase en  su  conjunto  las  pruebas  recogidas  y, entronizado allí lo que presuntamente  contiene  lo  omitido,  rehacer la evaluación lógico jurídica, para demostrar  que la decisión se modifica sustancialmente.   

Como  nada  de ello realizó el  actor,  pues,    se   limitó   a   consignar   sus   propias   conclusiones,  es  claro  que  su  pretensión  de  nulidad  parte  de simples  especulaciones  referidas  a  la  posibilidad  errática  de que allegando otras  pruebas,  de  las  cuales  se desconoce por completo su efecto demostrativo, sea  posible   desvirtuar   la   responsabilidad  de  su  representado.   

Así,  razona  la  Sala,  siempre  será  posible,  ad  infinitum,  argumentar  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral, solo  suponiendo   que   cualesquiera   medios   probatorios   diferentes  habrán  de  controvertir  eventualmente  lo  que  las pruebas legal, regular y oportunamente  allegadas ya certificaron como verdad procesal.   

El  cargo,  en  consecuencia, será inadmitido.   

4.          Decisión.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Sala  inadmitirá  la demanda de casación presentada  por   el  defensor  del  procesado  DAVID  ADOLFO GARCÍA ZAPATA,     no    sin    antes    advertir  que   revisada  la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia  de  alguna  de  las  hipótesis  que  le permitirían obrar de oficio de conformidad con el artículo  216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema     de     Justicia,     Sala     de     Casación     Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado DAVID ADOLFO  GARCÍA  ZAPATA,  en  seguimiento  de las motivaciones plasmadas en el cuerpo de  este proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 En  esa  diligencia, previamente en la versión libre rendida en la fase preliminar,  y  desde  entonces,  el  procesado  GARCÍA  ZAPATA  ha sido representado por el  abogado  Carlos Mario Marín Herrón, quien hoy funge igualmente como demandante  en casación.   

2  Entre  otros  pronunciamientos,  en CSJ SP, 12 dic. 2005, Rad. 24011; CSJ AP, 16  jun. 2010, Rad. 34161; y CSJ AP, 3 jul. 2013, Rad. 41383.   

3  Entre  otros  pronunciamientos, en CSJ S), 8 jul. 2004, Rad. 21624, y CSJ SP, 23  sept. 2009, Rad. 32569.     

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